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Agnosticismo

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Agnosticismo
TipoPostura filosófica y epistemológica
Término acuñado porThomas Henry Huxley, 1869
EtimologíaDel griego antiguo α- (a-, “sin”) y γνῶσις (gnōsis, “conocimiento”)
Posturas relacionadasAteísmo, teísmo, escepticismo filosófico, apateísmo
Tipos principalesFuerte, débil, ateo, teísta, apático o pragmático
Diferencia claveNo es un credo, sino una postura acerca del conocimiento

El agnosticismo es la postura filosófica que considera que la veracidad de ciertas afirmaciones —especialmente las referidas a la existencia o inexistencia de Dios, además de otras afirmaciones religiosas y metafísicas— es desconocida o, en su forma más radical, inherentemente incognoscible.[1] En el uso popular, un agnóstico suele describirse como alguien que ni cree ni descree en la existencia de Dios, a diferencia del teísta, que cree, y del ateo, que descree.[2]

Aunque las actitudes agnósticas pueden rastrearse en tradiciones muy antiguas de India, Grecia y otras culturas, el término “agnóstico” fue acuñado en 1869 por el biólogo británico Thomas Henry Huxley. Huxley lo presentó como una actitud metodológica: no afirmar como cierto aquello que no ha sido demostrado ni es demostrable, sobre todo en materia de religión y metafísica.[3]

El agnosticismo no debe confundirse con el gnosticismo, movimiento religioso antiguo. Huxley tomó la palabra griega gnōsis (“conocimiento”) precisamente para marcar distancia tanto del gnóstico que afirmaba saber mucho sobre lo divino como del ateo o del teísta que declaraban certeza sobre lo que, según él, no la admitía.[4]

1. Definición y alcance[editar]

En sentido estricto, de acuerdo con el filósofo estadounidense William L. Rowe, el agnosticismo es la postura según la cual la razón humana carece de fundamentos suficientes para justificar racionalmente tanto la creencia “Dios existe” como la creencia “Dios no existe”. En el sentido popular, en cambio, un agnóstico es simplemente alguien que no se pronuncia sobre la existencia de Dios.[2:1]

El filósofo George H. Smith rechazó que el agnosticismo sea una tercera alternativa entre teísmo y ateísmo, y propuso distinguir dos ejes distintos: el de la creencia y el del conocimiento. Según esta clasificación, una persona puede ser a la vez:

  • atea y agnóstica, si no cree en ninguna deidad pero tampoco afirma saber que ninguna existe;
  • teísta y agnóstica, si cree en una deidad pero no afirma conocer su existencia.

En esa línea, términos como “ateísmo agnóstico” y “teísmo agnóstico” buscan aclarar qué se cree y qué se dice saber, en lugar de tratar el agnosticismo como una posición intermedia.[5]

1.1 Etimología[editar]

El vocablo agnóstico proviene del griego antiguo: el prefijo privativo α- (a-, “sin”) y el sustantivo γνῶσις (gnōsis, “conocimiento”). Huxley lo utilizó en 1869 durante una intervención ante la Sociedad Metafísica de Londres para describir una filosofía que rechazaba las declaraciones de conocimiento espiritual o místico.[6]

El escritor y divulgador Thomas Henry Huxley explicó más tarde que eligió el nombre “agnóstico” como un antónimo deliberado del “gnóstico” de la historia de la Iglesia, es decir, de quien afirmaba poseer un conocimiento especial de lo divino. Añadió que, para su satisfacción, el término fue aceptado y se extendió.[4:1]

En la literatura reciente, sobre todo en neurociencia y psicología, la palabra pasó a usarse con el sentido de “no cognoscible”. En el lenguaje técnico y de mercadotecnia, “agnóstico” puede significar independencia de ciertos parámetros: por ejemplo, software agnóstico o hardware agnóstico, para referirse a sistemas que no están atados a una plataforma concreta.[7]

1.2 Agnosticismo condicionado[editar]

El filósofo escocés David Hume sostuvo que las afirmaciones con sentido sobre el mundo siempre están condicionadas por algún grado de duda. Para Hume, la falibilidad de los seres humanos implica que solo se puede alcanzar certeza absoluta en casos triviales, como las tautologías del tipo “ningún soltero está casado” o “todos los triángulos tienen tres vértices”.[8] Esa actitud ante la certeza influyó en la que más tarde Huxley y otros autores llamaron agnosticismo.

1.3 Tipos de agnosticismo[editar]

La bibliografía reciente suele dividir el agnosticismo en varias categorías, más que tratarlo como una única posición monolítica:

  • Ateísmo agnóstico: posición de quien no cree en la existencia de ninguna deidad, pero tampoco afirma saber que ninguna existe.[5:1]
  • Teísmo agnóstico: posición de quien no afirma conocer la existencia de una deidad, pero aun así cree en ella.[5:2]
  • Agnosticismo apático o pragmático: posición según la cual no hay pruebas concluyentes de la existencia o inexistencia de una deidad, pero, dado que cualquier deidad que pudiera existir parece indiferente al universo o al bienestar humano, la pregunta resulta esencialmente académica.[9]
  • Agnosticismo fuerte: también llamado estricto, cerrado o permanente. Sostiene que la existencia o inexistencia de una deidad y la naturaleza última de la realidad son incognoscibles; el agnóstico fuerte diría: “No puedo saber si una deidad existe o no, y tú tampoco”.[10]
  • Agnosticismo débil: también llamado empírico, abierto o temporal. Sostiene que la existencia o inexistencia de una deidad está actualmente más allá del conocimiento, pero no es necesariamente incognoscible; el agnóstico débil suspende el juicio hasta que, si existe, aparezca evidencia.[10:1]

2. Huxley y la formulación moderna[editar]

Aunque las opiniones agnósticas son tan antiguas como el escepticismo filosófico, los términos agnóstico y agnosticismo fueron creados por Thomas Henry Huxley para sintetizar su posición frente a los debates metafísicos de su época, en particular lo “incondicionado” de William Hamilton y lo “incognoscible” de Herbert Spencer.[11]

Huxley empezó a usar el término en 1869, pero sus ideas ya habían tomado forma años antes. En una carta del 23 de septiembre de 1860 al clérigo y escritor Charles Kingsley, expuso su actitud con claridad:

“Yo ni afirmo ni niego la inmortalidad del hombre. No veo razón para creer en ella, pero, por otro lado, no tengo medios para refutarla. […] Dadme evidencia igual a la que justificaría creer en cualquier otra cosa, y creeré en ella. […] Mi personalidad es la cosa más segura que sé que puede ser cierta. Pero el intento de concebir qué es me conduce a meras sutilezas verbales. He vencido a todo ese relleno sobre el ego y el no-ego, el noúmeno y el fenómeno […] demasiado a menudo para ignorar que aun al intentar pensar en estas cuestiones, el intelecto humano se tropieza enseguida fuera de sus profundidades.”

En otra carta al mismo destinatario, fechada el 6 de mayo de 1863, aclaró que nunca había tenido simpatía por las razones a priori contra la ortodoxia, y que por temperamento sentía antipatía por las escuelas ateas e infieles; sin embargo, reconocía que un cristiano podía llamarlo, con justicia, ateo e infiel, porque no veía evidencia de que la gran incógnita que subyace a los fenómenos fuera un Padre amoroso como el del cristianismo.[12]

Sobre la acuñación del nombre, Huxley escribió:

“Cuando alcancé la madurez intelectual y empecé a preguntarme a mí mismo si era ateo, teísta o panteísta; materialista o idealista; cristiano o librepensador, descubrí que cuanto más aprendía y reflexionaba, más alejada estaba la respuesta; hasta que, al final, llegué a la conclusión de que no tenía arte ni parte con ninguna de esas denominaciones, salvo la última. […] Hasta que, por fin, me vino a la cabeza un título apropiado: ‘agnóstico’. Era provocativamente antitético del ‘gnóstico’ de la historia de la Iglesia, que declaraba saber mucho sobre las mismas cosas de las que yo era ignorante. […] Para mi gran satisfacción el término fue aceptado.”

Para Huxley, el agnosticismo no era un credo, sino un método: “en cuestiones del intelecto, sigue a tu razón tan lejos como ella te lleve, sin tener en cuenta ninguna otra consideración. Y negativamente: en cuestiones del intelecto no pretendas que sean ciertas las conclusiones que no han sido demostradas o no sean demostrables”.[3:1]

3. Antecedentes antiguos[editar]

3.1 Tradición hinduista[editar]

La tradición filosófica de la India contiene una larga línea de especulación y escepticismo acerca de los dioses y del origen del mundo. El Rigveda, uno de los textos sagrados más antiguos que se conocen, adopta en el Nasadiya-sukta —también llamado “Himno de la creación”— una postura abiertamente agnóstica sobre el origen del universo. El himno pregunta quién lo sabe con certeza, de dónde vino la creación, y si los dioses son posteriores a la formación del mundo; concluye diciendo que solo el que contempla desde lo más alto lo sabe, “o quizás, Él no lo sabe”.[13]

En el ámbito de los maestros de la antigua India, Sanyaia Belatthaputta Sanyaia Belatthaputta, filósofo del siglo V a. C., sostuvo una posición escéptica y elusiva respecto de si existe otra forma de vida después de la muerte. Ante preguntas sobre el más allá, respondía con una serie de negaciones y suspensión del juicio, sin afirmar ni negar de manera definitiva.[14] Esa actitud suele considerarse uno de los primeros ejemplos documentados de agnosticismo estricto.

3.2 Filosofía griega[editar]

El pensamiento agnóstico, en forma de escepticismo, surgió en la antigua Grecia como una corriente filosófica formal. El sofista Protágoras, del siglo V a. C., abrió su escrito sobre los dioses con una de las declaraciones agnósticas más citadas de la Antigüedad:

“Con respecto a los dioses, no tengo medios para saber si existen o no o qué clase de seres pueden ser. Muchas cosas lo impiden, incluida la oscuridad del tema y la brevedad de la vida humana.”

Protágoras no negaba a los dioses: señalaba la imposibilidad práctica de conocerlos con certeza, una distinción que se volvería central en el agnosticismo moderno.[15]

La tradición escéptica griega posterior incluyó a Pirrón, quien sostenía que debíamos abstenernos de emitir juicios porque nunca podemos estar seguros de la realidad verdadera; a Carnéades, que propuso una teoría de la probabilidad pero consideró la certeza inalcanzable; y a Sexto Empírico, cuyas Hipotiposis pirrónicas constituyen una fuente clásica del escepticismo antiguo.[16] En algún grado, Sócrates también contribuyó a la tradición escéptica al estudiar la epistemología desde un enfoque interrogativo y no dogmático.[17]

4. Hume, Kant y Kierkegaard[editar]

Aristóteles, Anselmo de Canterbury, Tomás de Aquino y Descartes, entre otros, elaboraron argumentos para intentar probar racionalmente la existencia de Dios. Sin embargo, el empirismo escéptico de David Hume, la antinomia de Immanuel Kant y la filosofía existencialista de Søren Kierkegaard convencieron a muchos filósofos posteriores de abandonar ese propósito, al considerar imposible construir una prueba irrefutable de la existencia o inexistencia de un dios.[18]

En su libro Migajas filosóficas Migajas filosóficas (1844), Kierkegaard argumentó que querer demostrar la existencia de Dios es, en el fondo, un movimiento circular: si Dios no existe, es imposible demostrarlo, y si existe, es un despropósito querer demostrarlo, ya que la demostración parte de una suposición previa. Para Kierkegaard, “desarrollar una determinación conceptual” no equivale a demostrar una existencia.[19]

Esta crítica racional a las pruebas de la existencia de Dios abrió espacio para que, a mediados del siglo XIX, Huxley pudiera presentar el agnosticismo como una postura que evita tanto el dogmatismo teísta como lo que él veía como pretensiones de certeza de algunos ateos.

5. Otros autores del siglo XIX y XX[editar]

5.1 William Stewart Ross[editar]

El escritor y editor escocés William Stewart Ross, que publicaba con el seudónimo de Saladin, defendió el agnosticismo en oposición al ateísmo militante de Charles Bradlaugh. En Why I am an Agnostic (hacia 1889), sostuvo que el agnosticismo es el “opuesto mismo del ateísmo”, entendiéndolo como una búsqueda espiritual no concluyente.[20]

5.2 Robert G. Ingersoll[editar]

Robert G. Ingersoll, abogado y político de Illinois, se convirtió en uno de los oradores más célebres de Estados Unidos en el siglo XIX y fue conocido como “el Gran Agnóstico” (the Great Agnostic). En su conferencia de 1896 Why I Am An Agnostic explicó:

“¿Existe un poder sobrenatural, una mente arbitraria, un Dios entronado, una voluntad suprema que mueve las olas y corrientes del mundo […]? No lo niego. No lo sé, pero no lo creo. […] Creo que con sus infinitos brazos la Naturaleza lo abraza todo, que no hay interferencia, no casualidad, que detrás de cada evento están las necesarias e incontables causas y que más allá de cada evento existirán y debe existir los necesarios e incontables efectos. […] ¿Existe un Dios? No lo sé. ¿El hombre es inmortal? No lo sé. Existe una cosa que sé, y esa es que ni la esperanza, ni el miedo, creencia ni negación pueden cambiar la realidad. Es como es y será como debe ser.”

Concluyó: “Podemos ser honestos a la vez que ignorantes. Si lo somos, cuando se nos pregunte qué hay más allá del horizonte de lo conocido, debemos decir que no lo sabemos”.[21]

5.3 Bertrand Russell[editar]

Bertrand Russell, filósofo, lógico y matemático británico, dio al agnosticismo una de sus formulaciones más influyentes. Su ensayo Why I Am Not a Christian (“Por qué no soy cristiano”), basado en una conferencia de 1927 y posteriormente incluido en un libro homónimo, es considerado una exposición clásica del agnosticismo y de la crítica a la religión organizada.[22]

Russell mostró a lo largo de su vida una postura matizada sobre cómo llamarse. En 1939 escribió tener una posición negativa respecto de la existencia de un Dios creador, lo que lo aproximaba al ateísmo. Pero en 1947, en Am I An Atheist or an Agnostic? A Plea For Tolerance In The Face Of New Dogmas, distinguió entre el registro filosófico y el registro público:

“Como filósofo, si estuviera dirigiéndome a una audiencia estrictamente filosófica, debería decir que tengo la obligación de describirme a mí mismo como agnóstico, porque no creo que haya un argumento concluyente con el cual uno demuestre que no existe un Dios. Por otra parte, si voy a comunicar la idea correcta al hombre común de a pie, pienso que tendría que decir que soy un ateo, porque cuando digo que no puedo probar que no existe un Dios, debería agregar que igualmente no puedo probar que no existen los dioses homéricos.”

En What Is An Agnostic? (1953), Russell resumió la posición agnóstica diciendo que un agnóstico piensa que es imposible conocer la verdad en asuntos como Dios o la vida próxima, o al menos imposible en el presente; añadió que podía imaginar evidencia que lo convencería, pero que hasta donde sabía esa evidencia no existía.[23]

5.4 Leslie Weatherhead[editar]

En 1965 el teólogo cristiano británico Leslie Weatherhead publicó The Christian Agnostic (“El cristiano agnóstico”), en el que defendió un agnosticismo situado dentro del cristianismo. Weatherhead argumentó que muchos agnósticos declarados están más cerca de la creencia en el verdadero Dios que numerosos feligreses convencionales. Al mismo tiempo, suavizó el agnosticismo de Huxley al afirmar, por ejemplo, que no podía creer que nadie rechazara finalmente a Dios. La obra fue considerada radical y rechazada por buena parte de la teología convencional.[24]

5.5 Charles Darwin[editar]

Charles Darwin creció en un ambiente religioso y estudió para convertirse en pastor anglicano. Con el tiempo dudó de partes de su fe, pero aun así colaboró en asuntos parroquiales y evitó asistir a misa. En 1879, reticente respecto de sus opiniones religiosas, escribió: “Nunca he sido un ateo en el sentido de negar la existencia de un Dios. Pienso que mayormente […] agnóstico sería la descripción más correcta de mi mentalidad”.[25]

6. Agnosticismo, ateísmo y teísmo[editar]

El agnosticismo suele compararse con el ateísmo, pero las dos categorías no se sitúan en el mismo plano. En la formulación de George H. Smith, el ateísmo y el teísmo se refieren a la presencia o ausencia de creencia en un dios, mientras que el agnosticismo se refiere a la posibilidad o imposibilidad de conocimiento sobre un dios o lo sobrenatural. Por ello, según esta lectura, el agnosticismo no es una tercera alternativa entre teísmo y ateísmo, sino una posición sobre un aspecto distinto del debate.[5:3]

La distinción popular sigue siendo, no obstante, más simple: el teísta cree, el ateo descree y el agnóstico ni cree ni descree.[2:2] Esta descripción es útil como primera aproximación, pero oculta combinaciones como el ateo agnóstico o el teísta agnóstico, que la bibliografía especializada contempla explícitamente.

7. Demografía[editar]

Los servicios demográficos no siempre distinguen entre los diversos tipos de participantes no religiosos; con frecuencia clasifican a los agnósticos junto con los ateos y otras personas sin religión.[26] Aun así, varias encuestas permiten estimar la proporción de agnósticos, aunque los resultados varían mucho según la manera de preguntar. Cuando se ofrecen opciones como “no estoy seguro si creo en Dios o en un poder superior”, se obtienen cifras específicas de agnosticismo; cuando se pregunta solo por afiliación religiosa, los agnósticos quedan agrupados dentro de los “sin religión”.

7.1 Encuestas globales[editar]

Una encuesta de WIN/GIA de 2012 preguntó: “Independientemente de si asistes a un lugar de culto o no, ¿dirías que eres una persona religiosa, no religiosa o atea convencida?”. El 59 % de la población mundial se identificó como religiosa, el 23 % como no religiosa y el 13 % se declaró atea convencida.[27]

Una estimación publicada en 2010 por la Encyclopædia Britannica situó a las personas no religiosas o agnósticas en el 9,6 % de la población mundial.[28] Por su parte, un estudio del Pew Research Center de 2010 calculó que cerca del 16 % de la población mundial no tenía afiliación religiosa, el tercer grupo más grande después del cristianismo y el islam.[29]

[ Desplegar / Plegar: Porcentaje de agnósticos por país según IPSOS (2023) ]

La encuesta IPSOS Global Religion 2023 midió el porcentaje de personas que estaban de acuerdo con la afirmación: “No estoy seguro si creo en Dios o en un poder —espíritu— superior”. Entre los 26 países cubiertos, los resultados fueron los siguientes:[30]

Puesto País % agnósticos
1.ºJapón34 %
2.ºTailandia24 %
3.ºCorea del Sur19 %
4.ºEspaña17 %
5.ºSuecia16 %
6.ºReino Unido16 %
7.ºBélgica15 %
8.ºFrancia15 %
9.ºPolonia15 %
10.ºSingapur15 %
11.ºAlemania14 %
12.ºHungría14 %
13.ºItalia14 %
14.ºPaíses Bajos12 %
15.ºAustralia12 %
16.ºCanadá12 %
17.ºIndia11 %
18.ºEstados Unidos10 %
19.ºArgentina8 %
20.ºChile5 %
21.ºTurquía5 %
22.ºMéxico4 %
23.ºSudáfrica4 %
24.ºBrasil4 %
25.ºPerú3 %
26.ºColombia3 %

7.2 Europa, América y otras regiones[editar]

Una encuesta de finales de 2006 publicada por el Financial Times y Harris Interactive comparó a Estados Unidos con cinco naciones europeas: la tasa de agnosticismo en Estados Unidos fue de 14 %, mientras que en Italia fue de 20 %, en España 30 %, en Gran Bretaña 35 %, en Alemania 25 % y en Francia 32 %.[31] Debe advertirse que esos porcentajes dependen de la definición de agnosticismo usada en cada encuesta y no son directamente comparables con los de IPSOS 2023.

Según el Eurobarómetro de 2010, el 51 % de los ciudadanos de la Unión Europea creía en Dios, el 26 % creía en una clase de espíritu o fuerza suprema, el 20 % no creía en ninguna de las dos y el 3 % restante no estaba seguro.[32]

En Estados Unidos, un estudio de Pew Research Center de 2012 calculó que los agnósticos representaban el 3,3 % de los adultos. En ese país, la categoría “agnóstico” tiene matices: en la U.S. Religious Landscape Survey de Pew Research Center, el 55 % de quienes se identificaron como agnósticos expresaron “una creencia en Dios o un espíritu universal”, y un 41 % declaró sentir tensión entre su no religiosidad y una sociedad mayoritariamente religiosa.[33]

En Australia, los datos de la Oficina Australiana de Estadística de 2011 indicaron que el 22 % de los australianos no tenía religión, categoría que incluye a los agnósticos.[34] En Japón, entre el 64 y el 65 % de la población se identifica como atea, agnóstica o no creyente en un dios; en Vietnam, el porcentaje llega a alrededor del 81 %.[35]

8. Críticas[editar]

8.1 Críticas teístas[editar]

Desde posiciones religiosas se critica al agnosticismo por considerar que restringe la capacidad humana de conocer la realidad al plano material o verificable. Algunos pensadores teístas afirman que “no poder ver o tomar ciertas cosas no significa necesariamente negar su existencia”, y usan la gravedad, la entropía, la razón o el pensamiento como ejemplos de realidades que no se perciben directamente pero que dan forma a la experiencia.[36]

Otra crítica, más práctica, sostiene que el agnosticismo sería imposible en la práctica: se viviría, en el fondo, como si Dios no existiera (etsi deus non daretur) o como si Dios existiera (etsi deus daretur); la vida cotidiana exigiría una elección que la mera suspensión del juicio no resuelve.[36:1]

8.2 Críticas ateas[editar]

Algunos ateos critican el uso del término agnosticismo por considerarlo funcionalmente indistinguible del ateísmo. En esta línea se le reprocha a ciertos agnósticos adoptar la etiqueta para evitar el estigma de “ateo”. El filósofo y físico argentino Mario Bunge lo expresó con dureza en su Diccionario de filosofía: “Es probable que un agnóstico sea un ateo avergonzado, temeroso de estar equivocado, de ser acusado de dogmatismo o discriminado”.[37] Bunge no rechazaba toda forma de agnosticismo filosófico, pero consideraba que, en muchos contextos, la palabra funcionaba como una etiqueta social más que como una posición epistémica definida.

A esta crítica se opone el argumento de que el agnosticismo y el ateísmo responden a preguntas distintas: una cosa es afirmar que no se cree en un dios y otra muy distinta afirmar que no se puede conocer si existe. En esa idea insisten autores como George H. Smith, para quienes el agnosticismo puede combinarse tanto con el ateísmo como con el teísmo sin confundirse con ellos.[5:4]

9. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

En el mundo hispanohablante, el agnosticismo ha tenido una presencia desigual y a menudo matizada por el peso cultural del catolicismo. Las encuestas recientes lo muestran como una posición minoritaria, aunque no insignificante, en América Latina. En la medición IPSOS de 2023 ya citada, España aparece en el cuarto lugar mundial con un 17 % de agnósticos, la proporción más alta entre los países de habla hispana. Entre los países latinoamericanos incluidos, Argentina registra 8 %; Chile, 5 %; México, 4 %; Brasil, 4 %; Perú, 3 %; y Colombia, 3 %.[30:1]

Estos números son coherentes con un rasgo señalado en la literatura: en América Latina la disminución de la afiliación religiosa no siempre significa una caída de la creencia en Dios o en un poder superior. En el caso de México, por ejemplo, la proporción de personas que se declaran sin afiliación religiosa creció durante las últimas décadas, pero muchas siguen teniendo creencias espirituales, lo que hace difícil separar nítidamente “agnóstico”, “sin religión” y “creyente no afiliado”.[sin verificar]

9.1 Traducciones y pensamiento crítico en español[editar]

El pensamiento agnóstico y escéptico llegó al lector de habla hispana por dos vías principales: las traducciones de los clásicos modernos y la obra de filósofos y ensayistas locales.

Entre las traducciones relevantes están las de Bertrand Russell, incluidas versiones en español de Why I Am Not a Christian Por qué no soy cristiano, y los ensayos de Huxley recogidos en ediciones de divulgación. La obra de Kierkegaard citada en este artículo fue traducida al español por Rafael Larrañeta, con el título Migajas filosóficas.[19:1]

En el ámbito de la filosofía hispanoamericana, Mario Bunge —nacido en Buenos Aires en 1919 y fallecido en 2020— alcanzó proyección internacional con una obra que combinaba realismo científico, materialismo y una crítica abierta tanto al dogmatismo religioso como a las etiquetas ambiguas. Su entrada sobre el agnosticismo en el Diccionario de filosofía (2001) es una de las definiciones críticas más citadas en español.[37:1]

El agnosticismo también ha sido discutido por teólogos y filósofos iberoamericanos en el marco más amplio de la secularización. En países con fuerte tradición católica, los debates suelen girar menos en torno a las pruebas de la existencia de Dios y más en torno a la relación entre creencia, pertenencia institucional y moral. En ese contexto, el término “agnóstico” funciona con frecuencia como una categoría intermedia: quienes no asisten a la iglesia ni se reconocen en una doctrina, pero tampoco se declaran ateos, suelen ser descritos —o describirse— como agnósticos.

9.2 Organizaciones y difusión[editar]

No existe en el mundo hispanohablante una organización agnóstica comparable a las asociaciones ateas o librepensadoras de mayor visibilidad. Las principales asociaciones de no creyentes de la región, como las de Argentina, Chile o España, tienden a usar la palabra “ateos” o “librepensadores” en su nombre, aunque muchas incluyen explícitamente a los agnósticos entre sus destinatarios y defienden la libertad de conciencia por encima de las etiquetas teológicas.[sin verificar]

En el ámbito editorial y de Internet, el agnosticismo circula sobre todo a través de la recepción de autores anglosajones —Huxley, Russell, Carl Sagan, Christopher Hitchens, Richard Dawkins— y de ensayistas españoles y latinoamericanos que abordan la crítica de la religión. En muchas comunidades de habla hispana, la distinción popular entre “ateo” y “agnóstico” sigue estando cargada de matices culturales, y no faltan debates sobre si el agnóstico es un “ateo que no se atreve a usar la palabra” o una posición coherente y diferenciada.

10. Legado y usos del término[editar]

Fuera de la filosofía de la religión, el vocablo agnóstico conserva una vigencia notable. En informática y en la industria tecnológica se habla de productos o plataformas “agnósticos” para indicar que no dependen de una tecnología, proveedor o estándar concreto. La palabra conserva allí la idea huxleyana de una suspensión de la afirmación ante lo no conocido o lo no definido, aplicada a dominios que nada tienen que ver con la teología.[7:1]

En el lenguaje político y cultural, “agnóstico” se usa a veces de manera figurada para describir a quien no se compromete con una doctrina o a quien es escéptico ante una afirmación de certeza. Ese uso, aunque alejado del sentido técnico, conserva la connotación central del término: la negativa a otorgar certeza absoluta cuando la evidencia no la respalda.

El agnosticismo permanece, en suma, como una de las posiciones definitorias del debate contemporáneo sobre la religión y el conocimiento. Su historia muestra que no nació como una simple confesión de ignorancia, sino como una disciplina intelectual: no aceptar sin pruebas lo que se presenta como conocimiento, aunque tampoco negar aquello que no se puede refutar. Esa doble cautela, expresada ya por Protágoras en la Grecia antigua y sistematizada por Huxley en el siglo XIX, continúa alimentando las discusiones sobre los límites del conocimiento humano y el lugar de la creencia en las sociedades secularizadas.

Notas[editar]


  1. La definición más general la resume Hepburn en la Encyclopedia of Philosophy: “In the most general use of the term, agnosticism is the view that we do not know whether there is a God or not”. ↩︎

  2. William L. Rowe, en la Routledge Encyclopedia of Philosophy, distingue entre el sentido popular y el sentido estricto. En el sentido estricto, el agnosticismo sostiene que la razón humana no puede dar fundamentos racionales suficientes para justificar ni la creencia de que Dios existe ni la creencia de que no existe. ↩︎ ↩︎ ↩︎

  3. Thomas Henry Huxley, “Agnosticism”, The Popular Science Monthly, vol. 34, abril de 1889, p. 768. ↩︎ ↩︎

  4. Huxley relata la acuñación del nombre en Collected Essays, vol. V: Science and Christian Tradition, pp. 237–239. ↩︎ ↩︎

  5. George H. Smith, Atheism: The Case Against God, 1979, pp. 10–11, donde sostiene que “agnosticism is not a third alternative to theism and atheism because it is concerned with a different aspect of religious belief”. ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎

  6. Thomas Dixon, Science and Religion: A Very Short Introduction, Oxford University Press, 2008, p. 63, contextualiza la acuñación del término en el discurso de Huxley ante la Sociedad Metafísica. ↩︎

  7. En la literatura técnica se documentan expresiones como “platform agnostic” o “hardware agnostic”, con el sentido de independencia respecto de una plataforma o componente concreto. ↩︎ ↩︎

  8. David Hume, An Enquiry Concerning Human Understanding, 1748, base de la idea de que toda afirmación sobre el mundo está condicionada por la falibilidad humana. ↩︎

  9. La formulación del agnosticismo apático se encuentra, por ejemplo, en John Tyrrell, “Commentary on the Articles of Faith”, 1996, y en la literatura sobre apateísmo recopilada por Ontario Consultants on Religious Tolerance. ↩︎

  10. La distinción entre agnosticismo fuerte y débil aparece desarrollada en Graham Oppy, Arguing about Gods, 2006, y en Robin Le Poidevin, Agnosticism: A Very Short Introduction, 2010. ↩︎ ↩︎

  11. El vínculo entre el agnosticismo de Huxley y las nociones de lo incondicionado (William Hamilton) y lo incognoscible (Herbert Spencer) aparece en las cartas y ensayos recogidos en The Major Prose of Thomas Henry Huxley. ↩︎

  12. Cartas de Thomas Henry Huxley a Charles Kingsley, 23 de septiembre de 1860 y 6 de mayo de 1863, recogidas en Leonard Huxley (ed.), Life and Letters of Thomas Henry Huxley. ↩︎

  13. El Nasadiya-sukta forma parte del décimo libro del Rigveda. Las fechas de composición del texto suelen situarse entre 1500 y 1200 a. C., aunque las estimaciones varían: se trata de una datación aproximada, no de un consenso cerrado. ↩︎

  14. El Samaññaphala Sutta, parte del Digha Nikaya, presenta las respuestas evasivas de Sanyaia Belatthaputta. Traducción al inglés de Thanissaro Bhikkhu, 1997. ↩︎

  15. The Internet Encyclopedia of Philosophy, entrada “Protagoras (c. 490 – c. 420 BCE)”, cita el inicio del tratado de Protágoras sobre los dioses. ↩︎

  16. Sobre Pirrón, Carnéades y Sexto Empírico, véanse la Internet Encyclopedia of Philosophy y las fuentes clásicas del escepticismo antiguo. ↩︎

  17. Sobre el enfoque socrático de la epistemología, véase la literatura erudita sobre el escepticismo en la antigua Grecia. ↩︎

  18. William L. Rowe, “Agnosticism”, Routledge Encyclopedia of Philosophy, Taylor & Francis, 1998, sobre la influencia de Hume, Kant y Kierkegaard en el abandono de las pruebas racionales de Dios. ↩︎

  19. Søren Kierkegaard, Migajas filosóficas, cap. 3. Traducción del danés por Rafael Larrañeta. ISBN 84-8164-146-4. La cita de Huxley es independiente de Kierkegaard; el título exacto de la traducción debe verificarse en la edición citada. ↩︎ ↩︎

  20. William Stewart Ross [Saladin], Why I Am an Agnostic: Being a Manual of Agnosticism, hacia 1889. ↩︎

  21. Robert G. Ingersoll, Why I Am An Agnostic, conferencia de 1896, reproducida por Infidels.org. ↩︎

  22. Bertrand Russell, Why I Am Not a Christian, ensayo basado en una conferencia de 1927, luego incluido en el libro homónimo publicado por Routledge. ↩︎

  23. Bertrand Russell, What Is An Agnostic?, 1953. ↩︎

  24. Leslie D. Weatherhead, The Christian Agnostic, Abingdon Press, 1965. ↩︎

  25. Carta de Charles Darwin a John Fordyce, 7 de mayo de 1879, Darwin Correspondence Project. ↩︎

  26. Los servicios demográficos, como los usados por Adherents.com, a menudo no diferencian entre agnósticos, ateos y personas sin religión. ↩︎

  27. WIN/GIA, Religiosity and Atheism Index, 27 de julio de 2012, Zúrich. ↩︎

  28. Encyclopædia Britannica, “Religion: Year in Review 2010: Worldwide Adherents of All Religions”. ↩︎

  29. Informe del Pew Research Center basado en un estudio de 2010, citado por The New York Times el 18 de diciembre de 2012. ↩︎

  30. IPSOS, Global Religion 2023 Report, encuesta realizada en 26 países. ↩︎ ↩︎

  31. Financial Times / Harris Interactive, “Religious Views and Beliefs Vary Greatly by Country”, 20 de diciembre de 2006. ↩︎

  32. Social values, Science and Technology, Directorate General Research, European Union, 2010, p. 207. ↩︎

  33. Cary Funk y Greg Smith, “Nones” on the Rise: One-in-Five Adults Have No Religious Affiliation, Pew Research Center, 2012. ↩︎

  34. Australian Bureau of Statistics, Cultural Diversity In Australia, 2011, usado por medio del informe de 2012. ↩︎

  35. La estimación sobre Japón aparece en Zuckerman, The Cambridge Companion to Atheism, 2007; la de Vietnam procede del estudio de Lynn, Harvey y Nyborg, “Average intelligence predicts atheism rates across 137 nations”, 2008. ↩︎

  36. Las críticas teístas citadas aparecen resumidas en las fuentes contemporáneas sobre agnosticismo, incluida la literatura de divulgación de Donald E. Smith y otras obras citadas en la entrada de referencia. ↩︎ ↩︎

  37. Mario Bunge, Diccionario de filosofía, Siglo XXI, 2001, entrada “agnosticismo”. Bunge nació en Buenos Aires en 1919 y falleció en 2020; su nacionalidad era argentina y su obra se publicó en español e inglés. ↩︎ ↩︎