Agustín de Hipona
Agustín de Hipona (en latín, Aurelius Augustinus Hipponensis), conocido también como san Agustín (Tagaste, 13 de noviembre de 354-Hipona, 28 de agosto de 430), fue un escritor, teólogo y filósofo cristiano. Tras su conversión, fue obispo de Hipona, en el norte de África, desde donde dirigió una serie de luchas contra las herejías de los maniqueos, los donatistas y el pelagianismo.
En su juventud se sintió atraído por la fe maniquea y, más tarde, por la filosofía helenística del neoplatonismo. Tras su conversión al cristianismo en 386, desarrolló su propio enfoque de la filosofía y la teología, acomodando una variedad de métodos y perspectivas. Autor prolífico, dedicó gran parte de su vida a escribir sobre filosofía y teología, siendo Confesiones y La ciudad de Dios sus obras más destacadas.
Convencido de que la gracia de Cristo era indispensable para la libertad humana, contribuyó a formular la doctrina del pecado original y la teoría de la guerra justa. Cuando el Imperio romano de Occidente comenzó a desintegrarse, Agustín imaginó la Iglesia como una Ciudad de Dios espiritual, distinta de la ciudad terrenal material.
Agustín es reconocido como santo en la Iglesia católica, la Iglesia ortodoxa oriental, las iglesias luteranas y la Comunión anglicana. También es un destacado Doctor de la Iglesia católico y patrón de los agustinos. Su festividad se celebra el 28 de agosto, día de su muerte.
| Agustín de Hipona | |
|---|---|
| Nombre de nacimiento | Aurelio Agustín |
| Nacimiento | 13 de noviembre de 354 Tagaste, Imperio romano |
| Fallecimiento | 28 de agosto de 430 Hipona, Imperio romano de Occidente |
| Ocupación | Sacerdote, obispo, teólogo, filósofo y escritor |
| Religión | Cristianismo |
| Padres | Patricio Mónica de Hipona |
| Hijos | Adeodato |
| Obispo de Hipona | 396-430 |
| Predecesor | Valerio |
| Sucesor | Eraclio |
| Doctor de la Iglesia | Proclamado el 20 de septiembre de 1295 por el papa Bonifacio VIII |
| Festividad | 28 de agosto (Occidente) 15 de junio (Oriente) |
| Atributos | Vestiduras episcopales, libro y corazón flameante |
| Venerado en | Iglesia católica, Iglesia ortodoxa, Iglesias ortodoxas orientales, Comunión anglicana y luteranismo |
1. Resumen[editar]
Agustín es una de las figuras más influyentes del cristianismo occidental. Su pensamiento marcó la teología medieval, la antropología cristiana y la filosofía de la interioridad. Muchos protestantes, especialmente los calvinistas y los luteranos, lo consideran uno de los padres teológicos de la Reforma protestante debido a sus enseñanzas sobre la salvación y la gracia divina.
Nació en Tagaste, en la provincia romana de Numidia, sobre la que se asienta la actual localidad argelina de Souk Ahras. Su madre, Mónica, era cristiana; su padre, Patricio, era un pequeño propietario pagano. Agustín se educó en Madaura y Cartago, donde destacó en gramática y retórica, y durante años siguió el maniqueísmo. Su conversión al cristianismo se produjo en Milán, en 386, y fue bautizado por el obispo Ambrosio en 387.
De regreso a África, fue elegido sacerdote de Hipona en 391 y obispo de la misma ciudad en 395 o 396. Desde esa sede, fue uno de los principales constructores de la doctrina cristiana latina. Murió durante el asedio vándalo de Hipona, en 430, y desde entonces ha sido venerado como santo en varias tradiciones cristianas.
2. Primeros años y formación[editar]
Nacimiento y familia[editar]
Agustín nació el 13 de noviembre de 354 en Tagaste, una antigua ciudad del norte de África situada en la actual Argelia, en la provincia romana de Numidia. Su nombre de nacimiento era Aurelio Agustín. El nombre Aurelius sugiere que los antepasados de su padre eran libertos de la gens Aurelia, a quienes se les habría concedido la ciudadanía romana plena mediante el Edicto de Caracalla en 212.
Su padre, Patricio, era un pequeño propietario pagano. Su madre, Mónica, era cristiana y es presentada por la tradición católica como ejemplo de madre abnegada. Agustín tenía un hermano llamado Navigio y una hermana cuyo nombre se ha perdido, pero que se recuerda convencionalmente como Perpetua.[1]
Los estudiosos coinciden en que Agustín y su familia eran de origen bereber, aunque estaban muy romanizados, y en casa solo hablaban latín por una cuestión de orgullo y dignidad.[2] En sus escritos, Agustín se refiere de pasada a su identidad como africano romano; por ejemplo, llama a Apuleyo «el más notorio de nosotros, los africanos».[3]
Educación[editar]
Mónica enseñó a su hijo los principios básicos de la religión cristiana. En Tagaste comenzó Agustín sus estudios básicos, y posteriormente su padre lo envió a Madaura a estudiar gramática. Allí se familiarizó con la literatura latina, así como con las creencias y prácticas paganas.
A los 17 años, gracias al apoyo de su conciudadano Romanianus, Agustín se trasladó a Cartago para continuar su formación en retórica, aunque esto superaba los medios económicos de su familia. En Cartago, se especializó en gramática y retórica y mostró un gran interés por la literatura, especialmente la griega clásica. Durante esos años se sintió atraído por el teatro y, según su propio testimonio en Confesiones, llevó durante un tiempo un estilo de vida hedonista.
A los diecinueve años, la lectura del diálogo Hortensius de Cicerón despertó en Agustín un intenso interés por la filosofía. Ese mismo período marcó el inicio de su búsqueda intelectual, que lo llevó primero al maniqueísmo y, más tarde, al neoplatonismo.
3. Trayectoria[editar]
Adhesión al maniqueísmo[editar]
Agustín abrazó el maniqueísmo, aunque nunca fue iniciado como «elegido», sino que permaneció como «oyente», el nivel más bajo en la jerarquía de esa religión. Mientras aún estaba en Cartago, tuvo un encuentro decepcionante con el obispo maniqueo Fausto de Mileve, exponente clave de la teología maniquea. Ese encuentro inició su escepticismo hacia el maniqueísmo, aunque no significó su ruptura inmediata con él.
Cartago, Roma y Milán[editar]
Agustín enseñó gramática en Tagaste entre 373 y 374. Al año siguiente, se trasladó a Cartago para dirigir una escuela de retórica y permaneció allí durante los nueve años siguientes.
En 383 partió hacia Roma. Según su propio relato, lo movía una motivación intelectual y la idea de que los estudiantes romanos eran más educados y respetuosos con los docentes que los de Cartago. Sin embargo, se sintió decepcionado por la apática acogida que recibió. Era costumbre que los alumnos pagaran las tasas al profesor el último día del trimestre, y muchos asistían fielmente a clase durante todo el trimestre, pero luego no pagaban.
En Roma se interesó por el escepticismo de la Nueva Academia. Sus amigos maniqueos lo presentaron al prefecto de la ciudad, Simaco, quien lo recomendó para un puesto de profesor de retórica en Milán. Hacia finales de 384, Agustín fue nombrado magister rhetoricae en Milán. A los treinta años había conseguido el puesto académico más destacado del mundo latino, en una época en la que tales cargos facilitaban el acceso a la carrera política.
Conversión al cristianismo[editar]
En Milán, Agustín empezó a asistir como catecúmeno a las celebraciones litúrgicas del obispo Ambrosio. Pronto estableció con él una relación cada vez más estrecha. Ambrosio era un maestro de la retórica, de mayor edad y experiencia que Agustín, y lo adoptó como hijo espiritual tras la muerte de su padre. Ambrosio le hizo conocer los escritos de Plotino y las epístolas de Pablo de Tarso.
En 386 se consagró al estudio formal y metódico de las ideas del cristianismo. Renunció a su cátedra y se retiró con su madre y unos compañeros a la villa de Casiciaco, cerca de Milán, para dedicarse al estudio y la meditación.[4]
La crisis decisiva previa a la conversión se dio estando en un jardín con su amigo Alipio, cuando oyó la voz de un niño de una casa vecina que decía «tolle lege» («toma y lee»). Interpretándolo como una invitación divina, leyó un pasaje de la carta de Pablo a los Romanos, en el que se exhortaba a revestirse del Señor Jesucristo y a no satisfacer los deseos de la carne. Ese episodio, narrado en Confesiones, se convirtió en el relato de conversión más célebre de la literatura cristiana.
El 24 de abril de 387 fue bautizado en Milán por el obispo Ambrosio, quien bautizó también a su hijo Adeodato. Al año siguiente, Agustín y Adeodato regresaron a África. Mónica murió en Ostia, el puerto de Roma, mientras se preparaban para embarcar. Poco después, murió Adeodato. Agustín vendió entonces su patrimonio y entregó el dinero a los pobres. Solo conservó la casa familiar, que convirtió en una fundación monástica para él y un grupo de amigos.
Monacato, sacerdocio y episcopado[editar]
Tras su conversión, Agustín abandonó la enseñanza de la retórica y se orientó hacia la predicación. En 391 viajó a Hipona, la moderna Annaba, en Argelia, en busca de un posible candidato a la vida monástica. Durante una celebración litúrgica, la comunidad lo eligió para que fuese ordenado sacerdote, ante las necesidades del obispo Valerio de Hipona. Agustín aceptó, tras resistir, esta elección.
En 395 o 396 fue consagrado obispo, y posteriormente se convirtió en obispo titular de Hipona, de donde proviene el nombre «Agustín de Hipona». Entonces abandonó el monasterio de laicos y se instaló en la casa episcopal, que transformó en un monasterio de clérigos. Permaneció en ese cargo hasta su muerte en 430.
La actividad episcopal de Agustín fue enorme y variada. Predicó y escribió incansablemente, polemizó con quienes se apartaban de la ortodoxia de la doctrina cristiana de su tiempo, presidió concilios y resolvió los problemas más diversos que le presentaban sus fieles. Se enfrentó a maniqueos, donatistas, arrianos, pelagianos, priscilianistas y académicos. Participó en los concilios regionales III de Hipona de 393, III de Cartago de 397 y IV de Cartago de 419, en los dos últimos como presidente. En esos concilios se sancionó definitivamente el canon bíblico que había sido establecido por el papa Dámaso I en el Sínodo de Roma de 382.
Se cree que predicó entre 6.000 y 10.000 sermones durante su vida; sin embargo, hoy en día solo se conservan unos 500. Algunos de sus sermones duraban más de una hora, y predicaba varias veces a lo largo de una semana. Cuando predicaba, los taquígrafos transcribían sus sermones. Utilizaba diversos recursos retóricos, como analogías, imágenes verbales, símiles, metáforas, repeticiones y antítesis, para explicar la Biblia.
4. Doctrina[editar]
Razón y fe[editar]
Para Agustín, la fe es una condición inicial y necesaria para penetrar en el misterio del cristianismo, pero no una condición final y suficiente. La fe y la razón no están necesariamente en oposición, sino que su relación es de complementariedad. A los racionalistas les respondió: crede ut intelligas («cree para comprender»). A los fideístas: intellige ut credas («comprende para creer»).
Su postura se sitúa entre el fideísmo y el racionalismo. Agustín quiso comprender el contenido de la fe, demostrar la credibilidad de la fe y profundizar en sus enseñanzas.
Interioridad[editar]
Agustín anticipa a Descartes al sostener que la mente, mientras duda, es consciente de sí misma: si me engaño, existo. Como la percepción del mundo exterior puede conducir al error, el camino hacia la certeza es la interioridad, aquella dimensión en la que, según su fórmula, habita la verdad.[5]
Las ideas eternas están en Dios y son los arquetipos según los cuales crea el cosmos. Todo lo que Dios crea es bueno; el mal carece de entidad propia, es ausencia de bien y fruto indeseable de la libertad del hombre.
Concepción del tiempo[editar]
San Agustín expresa de manera paradójica la perplejidad que le genera la noción de tiempo. A partir de esa perplejidad, reflexiona sobre la naturaleza del tiempo y su relación con la eternidad. Del hecho de que el Dios cristiano sea un Dios creador pero no creado se desprende que su naturaleza temporal es radicalmente distinta de la de sus criaturas.
Agustín rechaza la identificación de tiempo y movimiento, en discusión con la concepción de Aristóteles. La duración tiene lugar en nuestro interior y es fruto de la capacidad para prever, ver y recordar los hechos del futuro, presente y pasado. Por ello, afirma que lo que se llama futuro, presente y pasado no son sino expectación, atención y recuerdo del espíritu.
Pecado original y gracia[editar]
Agustín enseñó que el pecado de Adán y Eva fue un acto de insensatez seguido de orgullo y desobediencia a Dios. La primera pareja desobedeció a Dios, quien les había dicho que no comieran del Árbol del conocimiento del bien y del mal. El árbol era un símbolo del orden de la creación.
Su doctrina de la gracia y la predestinación prevaleció durante muchos siglos, aunque no sin una fuerte oposición. Sufrió, a través de la elaboración escolástica, cambios sustanciales para salvar el libre albedrío, y reapareció con fuerza en la concepción de la vida espiritual modelada por Lutero y los otros maestros de la Reforma protestante.
5. Obras principales[editar]
Agustín fue un autor prolífico. Escribió sobre teología, filosofía, exégesis bíblica, moral y pastoral, además de sermones y un extenso epistolario. Entre sus obras más importantes se encuentran:
[ Desplegar / Plegar · Obras principales ]
| Obra | Fecha aproximada | Breve descripción |
|---|---|---|
| Confesiones | 397-400 | Autobiografía espiritual y clásico de la teología cristiana. |
| La ciudad de Dios | 413-426 | Teología de la historia, escrita tras el saqueo de Roma en 410. |
| La Trinidad | 399-419 | Tratado sobre la doctrina trinitaria. |
| Sobre la doctrina cristiana | 396-426 | Hermenéutica bíblica y formación del predicador. |
| Comentario literal al Génesis | 401-415 | Exégesis del relato de la creación. |
| Réplica a Fausto | 397-400 | Polémica contra el maniqueísmo. |
| Sobre la Trinidad | 399-419 | Tratado sistemático sobre la Trinidad. |
| Regla de san Agustín | ca. 397 | Norma de vida monástica o clerical. |
Confesiones es una autobiografía espiritual en la que Agustín recorre su infancia, su juventud y su conversión. La obra discute además la naturaleza del tiempo, la causalidad, el libre albedrío y otros temas filosóficos importantes.
La ciudad de Dios fue escrita para consolar a sus compañeros cristianos poco después de que los visigodos saquearan Roma en 410. En ella, Agustín distingue la ciudad terrenal de la Ciudad de Dios espiritual.
6. Lucha contra las herejías[editar]
Según Agustín, la herejía es una mala comprensión de la fe, por lo que es un problema de carácter racional, aunque no todo error lo es. En su tratado sobre las herejías distingue 88, pero las principales con las que tuvo que lidiar fueron el maniqueísmo, el donatismo, el pelagianismo y el arrianismo.
Maniqueísmo[editar]
La lucha contra los maniqueos ocupa una parte importante de sus obras apologéticas. Agustín critica la doctrina maniquea como una distorsión de origen exterior al mensaje cristiano. Su polémica anti-maniquea se dirige, entre otros, a Fausto de Mileve.
Donatismo[editar]
El donatismo fue una amenaza interior. Tras el Edicto de Tesalónica, un grupo de creyentes, arropados por el obispo Donato, se separó de la Iglesia, a la que acusaba de ser condescendiente con los lapsi.[6]
Esa lucha era prioritaria por razones doctrinales y políticas, ya que el carácter beligerante del donatismo ponía en riesgo a la Iglesia del norte de África.
Pelagianismo[editar]
Agustín combatió también el pelagianismo, movimiento vinculado a Pelagio. La controversia se centró en la relación entre la gracia divina y el libre albedrío, y en el alcance del pecado original. De esa polémica surgió una parte sustancial de la teología agustiniana de la gracia.
7. Muerte y santidad[editar]
Poco antes de la muerte de Agustín, los vándalos, una tribu germánica que se había convertido al arrianismo, invadieron el África romana. Los vándalos sitiaron Hipona en la primavera de 430, mientras Agustín entraba en su última enfermedad.
Según Posidio, uno de los pocos milagros atribuidos a Agustín, la curación de un hombre enfermo, tuvo lugar durante el asedio. Agustín pasó sus últimos días en oración y arrepentimiento, y pidió que colgaran en sus paredes los Salmos penitenciales de David para poder leerlos.
Murió el 28 de agosto de 430. Poco después de su muerte, los vándalos levantaron el sitio de Hipona, pero regresaron poco después y quemaron la ciudad. Destruyeron todo excepto la catedral y la biblioteca de Agustín, que dejaron intactas.
Agustín fue canonizado por aclamación popular y más tarde reconocido como Doctor de la Iglesia en 1298 por el papa Bonifacio VIII. Su fiesta se celebra el 28 de agosto en Occidente y el 15 de junio en Oriente. Se le considera el santo patrón de los cerveceros, los impresores, los teólogos y varias ciudades y diócesis. Se le invoca contra el dolor de ojos.
8. Reliquias[editar]
El cuerpo de Agustín fue trasladado a Cerdeña en fecha incierta y, hacia 722, a Pavía, a la basílica de San Pietro in Ciel d'Oro, donde se supone que reposa hoy.
En octubre de 1695, unos obreros que trabajaban en la iglesia de San Pietro in Ciel d'Oro, en Pavía, descubrieron una caja de mármol que contenía huesos humanos, entre ellos parte de un cráneo. Se produjo una disputa entre los ermitaños agustinos y los canónigos regulares sobre si se trataba de los huesos de Agustín. El papa Benedicto XIII ordenó al obispo de Pavía que tomara una decisión, y el obispo declaró que, en su opinión, los huesos eran los de Agustín.[7]
Los agustinos fueron expulsados de Pavía en 1785. El arca y las reliquias de Agustín fueron trasladadas a la Catedral de Pavía en 1799. San Pietro cayó en desuso, pero fue restaurada en la década de 1870 y reconsagrada en 1896, cuando se reinstalaron las reliquias de Agustín y su santuario.
En 1842, una parte del brazo derecho de Agustín fue recuperada de Pavía y devuelta a Annaba. Ahora descansa en la Basílica de San Agustín de Annaba, dentro de un tubo de cristal insertado en el brazo de una estatua de mármol del santo a tamaño natural.
9. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
Agustín ha tenido una influencia constante en la cultura hispanoamericana. Su figura se asocia a la tradición católica latinoamericana, a la teología de la gracia y a la espiritualidad agustiniana.[8] Su pensamiento sobre la interioridad, el tiempo y la justicia se estudia con frecuencia en cursos universitarios de filosofía medieval.
La fiesta del 28 de agosto ocupa un lugar destacado en el calendario litúrgico hispanoamericano. En distintas ciudades de América Latina existen parroquias e instituciones educativas dedicadas a san Agustín, reflejo de la influencia de la tradición agustiniana en la educación católica de la región.
Su obra filosófica ha interesado especialmente a la tradición fenomenológica y existencial. La exploración agustiniana de la memoria, la conciencia y la experiencia del tiempo ha mantenido su vigencia más allá del ámbito estrictamente religioso.
10. Legado[editar]
La influencia de Agustín en la historia del pensamiento es duradera. Su concepto de interioridad y su reflexión sobre la subjetividad son considerados un antecedente relevante de la filosofía moderna. Su teología de la historia, expuesta en La ciudad de Dios, proporcionó un marco para interpretar la crisis del mundo antiguo y para pensar la relación entre la comunidad política y la comunidad espiritual.
En el cristianismo oriental, sus opiniones son más controvertidas, en particular su doctrina del filioque, que fue rechazada por la Iglesia ortodoxa oriental. También resultan controvertidas sus opiniones sobre el pecado original, la doctrina de la gracia y la predestinación. No obstante, las iglesias ortodoxas griega y rusa lo consideran santo, con festividad el 15 de junio.
Sus enseñanzas influyeron profundamente en la cosmovisión medieval. Muchos protestantes, especialmente los calvinistas y los luteranos, lo consideran uno de los padres teológicos de la Reforma protestante. Los reformadores en general, y Martín Lutero en particular, que había sido miembro de la Orden de los Ermitaños Agustinos, consideraban a Agustín como la figura más destacada entre los primeros Padres de la Iglesia.
El nombre de la hermana de Agustín no aparece en las fuentes principales; la denominación «Perpetua» es una convención onomástica posterior. ↩︎
La posibilidad de que el nombre de Mónica (Monnica) derive del líbico o púnico se ha usado como indicio del trasfondo bereber de la familia, pero el entorno familiar era plenamente latino y cristiano. ↩︎
Cf. Cartas, 133, 19. ↩︎
Algunas fuentes fechan la conversión en 385, mientras que otras la sitúan en agosto de 386. La cronología depende de cómo se lean los acontecimientos narrados en Confesiones y de la datación de la estancia en Casiciaco. ↩︎
La fórmula tradicional latina es Noli foras ire, in teipsum redi, in interiore homine habitat veritas («No vayas fuera, vuelve a ti mismo, en el interior del hombre habita la verdad»). ↩︎
Los lapsi eran cristianos que habían cedido ante las exigencias de las autoridades romanas durante las persecuciones, entregando libros sagrados o participando en sacrificios. La cuestión de cómo tratarlos dividió a la Iglesia africana. ↩︎
La identificación de las reliquias se basa en un dictamen episcopal y en la tradición local, no en un procedimiento forense moderno. ↩︎
La Orden de San Agustín ha tenido presencia en América Latina desde la época colonial, aunque la información sobre fundaciones y fechas concretas debe verificarse siguiendo los resultados de búsqueda disponibles. ↩︎