Agustín de Iturbide
| Agustín de Iturbide Agustín I de México | |
|---|---|
| Nombre completo | Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu |
| Título | Emperador constitucional de México |
| Reinado | 19 de mayo de 1822 – 19 de marzo de 1823 |
| Coronación | 21 de julio de 1822 Catedral Metropolitana de la Ciudad de México |
| Predecesor | Regencia del Imperio Mexicano |
| Sucesor | Supremo Poder Ejecutivo |
| Presidente de la Regencia | 28 de septiembre de 1821 – 18 de mayo de 1822 |
| Nacimiento | 27 de septiembre de 1783 Valladolid, Nueva España (actual Morelia, Michoacán) |
| Fallecimiento | 19 de julio de 1824 Padilla, Tamaulipas, México |
| Sepultura | Capilla de San Felipe de Jesús, Catedral Metropolitana de la Ciudad de México (1838) |
| Consorte | Ana María Huarte y Muñiz |
| Casa real | Casa de Iturbide |
| Padre | José Joaquín de Iturbide y Arregui |
| Madre | María Josefa de Arámburu y Carrillo de Figueroa |
| Religión | Católica |
1. Resumen[editar]
Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu (Valladolid, Nueva España, 27 de septiembre de 1783–Padilla, Tamaulipas, México, 19 de julio de 1824) fue un militar y político novohispano, consumador de la Independencia de México y primer emperador constitucional del país, que gobernó entre el 19 de mayo de 1822 y el 19 de marzo de 1823 bajo el nombre de Agustín I de México.
Durante las primeras etapas de la guerra de Independencia, Iturbide militó en el Ejército realista, donde combatió contra los insurgentes y se distinguió por su capacidad militar y, según numerosos testimonios de la época, por la dureza de sus métodos. En 1816 fue destituido del mando, acusado de malversación de fondos y abuso de autoridad, aunque más tarde fue reinstalado. En 1820, tras el restablecimiento de la Constitución liberal española de 1812, el virrey Juan Ruiz de Apodaca lo designó comandante general del Sur para combatir al jefe insurgente Vicente Guerrero. Sin embargo, en febrero de 1821 Iturbide se alió con Guerrero mediante el llamado Abrazo de Acatempan y proclamó el Plan de Iguala, que declaraba la independencia de Nueva España, proponía una monarquía moderada y establecía tres garantías: religión católica, independencia y unión. La coalición resultante —el Ejército Trigarante— venció a las fuerzas realistas restantes, y el 27 de septiembre de 1821 Iturbide entró triunfalmente en la Ciudad de México, consumando la independencia.
Tras presidir la regencia del Imperio Mexicano, Iturbide fue proclamado emperador por el Congreso el 19 de mayo de 1822 y coronado el 21 de julio de 1822. Su reinado fue breve y conflictivo: enfrentó la oposición de republicanos, antiguos insurgentes y monárquicos leales a Fernando VII, además de una profunda crisis económica. El 31 de octubre de 1822 disolvió el Congreso, lo que precipitó la reacción de sus adversarios. En diciembre de 1822, Antonio López de Santa Anna proclamó el Plan de Veracruz y, en febrero de 1823, se firmó el Plan de Casa Mata. Iturbide abdicó el 19 de marzo de 1823 y se exilió en Europa. Regresó a México en julio de 1824, sin saber que el Congreso lo había declarado traidor y fuera de la ley. Fue arrestado en Tamaulipas y ejecutado por un pelotón de fusilamiento el 19 de julio de 1824.
Su figura ha sido intensamente debatida en México: durante mucho tiempo se le negó el reconocimiento como consumador de la Independencia, aunque otras corrientes historiográficas han reivindicado su papel. En 1838 sus restos fueron trasladados a la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, donde permanecen en la Capilla de San Felipe de Jesús.
2. Primeros años y formación[editar]
Nació el 27 de septiembre de 1783 en Valladolid, ciudad que corresponde a la actual Morelia, capital del estado de Michoacán. Fue bautizado con los nombres de los santos Agustín, Cosme y Damián en la catedral local. Fue el quinto hijo del matrimonio, y el único varón que sobrevivió; con el tiempo se convirtió en cabeza de familia.
Su padre, José Joaquín de Iturbide y Arregui, había nacido en 1742 en la villa de Peralta, perteneciente al Reino de Navarra. Provenía de una familia de la nobleza vasca, confirmada por el rey Juan II de Aragón; uno de sus antepasados, Martín de Iturbide, había sido designado merino real en el Alto Valle del Baztán en la década de 1430. Como hijo menor, Joaquín no estaba en línea para heredar las tierras familiares, por lo que emigró a Nueva España para buscar fortuna. La familia poseía las haciendas de Apeo y Guaracha, así como tierras en la cercana localidad de Quirio.
Su madre, María Josefa de Arámburu y Carrillo de Figueroa, era una criolla nacida en Valladolid, hija de una familia originaria de Oyarzun, en Guipúzcoa. Por esta ascendencia, Iturbide escribió en 1821 que se consideraba «navarro y vizcaíno».[1] En el contexto colonial, la condición de criollo —español nacido en América— era importante para el ascenso militar y social, y el propio Iturbide insistió toda su vida en que era criollo.
Estudió en el Seminario Tridentino de Valladolid, donde cursó gramática latina. Abandonó los estudios a los quince años para enrolarse en el ejército. En 1800 entró al servicio militar como alférez del regimiento provincial de Valladolid, bajo el mando del conde de Rul. En 1805 fue ascendido a teniente pleno.
3. Matrimonio y familia[editar]
El 27 de febrero de 1805, a los veintidós años, contrajo matrimonio con Ana María Josefa Huarte y Muñiz, miembro de una familia prominente de Valladolid. Era hija de Isidro Huarte, intendente provincial del distrito, y nieta del marqués de Altamira. La dote de cien mil pesos permitió a la pareja comprar la hacienda de San José de Apeo, en la localidad de Maravatío, muy cerca de las propiedades del sacerdote Miguel Hidalgo, futuro iniciador de la insurgencia en 1810.
La pareja tuvo varios hijos, entre ellos Agustín Jerónimo, que fue nombrado príncipe imperial de México, y Sabina, Juana de Dios, Josefa, Ángel, María de Jesús, María de los Dolores, Salvador María, Felipe y Agustín Cosme. Tras la caída del imperio, parte de la familia acompañó a Iturbide al exilio en Italia e Inglaterra.
4. Trayectoria militar realista (1810–1816)[editar]
4.1 Combate contra los insurgentes[editar]
Al estallar la guerra de Independencia en 1810, Iturbide se mantuvo del lado realista y rechazó la oferta de Miguel Hidalgo de unirse a la insurgencia con el rango de teniente general. Participó en la batalla del Monte de las Cruces, bajo las órdenes del coronel Torcuato Trujillo, y posteriormente combatió a los insurgentes en la región del Bajío.
Durante los años siguientes, Iturbide se consolidó como uno de los comandantes realistas más eficaces y temidos. En 1811 fue destinado al sur del país, donde combatió contra las guerrillas de Albino García Ramos, a quien capturó en 1812, y contra Ramón López Rayón, a quien derrotó en el Puente de Salvatierra en 1813. Ese mismo año fue ascendido a coronel y recibió el mando del regimiento de Celaya. En 1814 fue nombrado comandante de las fuerzas del Bajío de Guanajuato, una zona fuertemente disputada. Según la historiografía en lengua inglesa, Iturbide fue el principal adversario militar de José María Morelos entre 1813 y 1815.
El 5 de enero de 1814, en la batalla de Puruarán, las fuerzas bajo el mando de Iturbide derrotaron de manera contundente a las tropas de Morelos, causando —según los testimonios— más de 600 insurgentes muertos y 700 prisioneros. Aunque algunas fuentes sitúan la gran victoria sobre Morelos en 1815,[2] lo cierto es que el caudillo nunca recuperó su anterior capacidad de combate tras aquella derrota. Morelos fue capturado y ejecutado a fines de 1815, en un proceso en el que Iturbide fue uno de los comandantes que lo persiguieron sin descanso.
La dureza de Iturbide contra los insurgentes fue ampliamente conocida. Él mismo, en su diario y cartas, se refería a los insurgentes como «perversos», «bandidos» y «sacrílegos». En una carta al virrey en 1814, relató que había mandado ejecutar a trescientos rebeldes, a quienes llamaba excomulgados, como celebración del Viernes Santo.[3] También se le acusó de encarcelar a madres, esposas e hijos de insurgentes conocidos y de someter a prisioneros a tratos arbitrarios.
Además de las acusaciones por crueldad, se le imputaron actos de corrupción: se le señaló por monopolizar el comercio en las zonas bajo su control, por detener convoyes y por acaparar la venta de lana, azúcar, aceite y cigarros, fingiendo que se trataba de expediciones del real servicio. Las denuncias acumuladas, junto con nuevas protestas de los comerciantes de Guanajuato, llevaron al virrey Félix María Calleja a destituirlo del mando en 1816, acusado de malversación de fondos y abuso de autoridad. Fue absuelto gracias a la mediación del auditor de guerra real, pero no regresó al mando activo. Se retiró a sus propiedades en Michoacán y, al año siguiente, se estableció en la Ciudad de México, donde permaneció inactivo.
4.2 Destitución y reinstalación[editar]
Pese a las acusaciones en su contra, Iturbide no olvidó la humillación de su destitución. En 1820, con el apoyo de un auditor llamado Bataller y de sectores monarquistas del gobierno virreinal, los cargos fueron retirados. Sus partidarios convencieron al virrey de que se lo necesitaba para vencer a los últimos líderes rebeldes que aún operaban. En noviembre de 1820, el virrey Juan Ruiz de Apodaca lo reinstaló plenamente en el mando militar y lo nombró coronel del ejército realista y comandante general del Sur de Nueva España.
La tarea asignada era someter al jefe insurgente Vicente Guerrero, que dominaba las montañas de la Sierra Madre del Sur. Iturbide estableció su cuartel general en Teloloapan y organizó una campaña que, según la versión tradicional, fracasó en su objetivo, lo que lo habría empujado a buscar una alianza con el propio Guerrero. Sin embargo, investigaciones posteriores —entre ellas la del historiador mexicano Jaime del Arenal Fenochio a partir de una carta entre ambos jefes, fechada el 20 de noviembre de 1820— sugieren que las negociaciones entre Iturbide y Guerrero ya estaban en curso antes de que Iturbide saliera a combatirlo.
5. La Conspiración de la Profesa y la campaña contra Guerrero (1820–1821)[editar]
El restablecimiento de la Constitución liberal española de 1812 tras el triunfo de la revolución de Rafael del Riego en 1820 generó un profundo malestar en Nueva España. Los sectores conservadores temían la aplicación de medidas radicales impulsadas por los diputados de las Cortes de Madrid; los liberales novohispanos, por su parte, querían aprovechar el restablecimiento del orden constitucional para obtener autonomía del virreinato.
En ese contexto, los conservadores —la aristocracia y el clero— comenzaron a reunirse en el Oratorio de San Felipe Neri, en la Ciudad de México. Estas reuniones secretas, conocidas como la Conspiración de la Profesa, fueron dirigidas por el canónigo Matías de Monteagudo y tenían por objetivo impedir la aplicación de la Constitución liberal. El último plan trazado consistió en proclamar la independencia de Nueva España para establecer una monarquía, que sería dirigida por un infante de España. Para ello se necesitaba un jefe militar de prestigio y de la confianza de los conservadores. La elección recayó en Iturbide.
El 9 de noviembre de 1820, tras la renuncia del comandante en funciones Gabriel Armijo, el virrey Apodaca nombró a Iturbide comandante general del Sur. El 13 de noviembre le fue otorgado formalmente el cargo, y el 16 de noviembre Iturbide salió hacia el sur. Antes de partir solicitó el grado de brigadier y la asignación del antiguo regimiento de Celaya, lo que le fue concedido.
La Comandancia General del Sur abarcaba desde los distritos de Taxco e Iguala hasta la costa del océano Pacífico. Las fuerzas realistas controlaban zonas como Zacualpan, Cuernavaca, Cuautla, Tejupilco, Sultepec y Temascaltepec, además del curso del río Mezcala. Por su parte, Pedro Ascencio, segundo de Vicente Guerrero, operaba en Ajuchitlán y las montañas de la Coronilla.
Las primeras acciones militares no fueron favorables a Iturbide. El 28 de diciembre de 1820, Pedro Ascencio, con un grupo de cerca de ochocientos hombres, venció a la retaguardia de Iturbide cerca de Tlatlaya, causando 108 muertos realistas, entre ellos el capitán José María González. El 2 de enero de 1821, en la batalla de Zapotepec, cerca de Chilpancingo, el propio Guerrero venció a una columna realista mandada por Carlos Moya. Poco después, Iturbide se dio cuenta de que los insurgentes conocían mejor el terreno y que vencerlos podría llevarle mucho tiempo. Decidió entonces adelantar el plan que ya había compartido con algunos de sus capitanes.
El 10 de enero de 1821, Iturbide envió una carta a Vicente Guerrero en la que le proponía una alianza. Le informaba que antiguos insurgentes —como José Sixto Verduzco, Nicolás Bravo e Ignacio López Rayón— habían sido liberados de prisión, y que diputados novohispanos habían viajado a España para pedir a las Cortes y a Fernando VII que alguno de los infantes gobernara en Nueva España. Guerrero, que ya había rechazado antes una oferta de indulto, respondió con cautela el 20 de enero: reconoció ciertas ideas de liberalismo en la propuesta, pero reiteró que la divisa de su causa era «independencia y libertad», y que defendería la independencia en el campo de batalla si era necesario.
Los enfrentamientos continuaron mientras se desarrollaban las negociaciones. El 25 de enero, Pedro Ascencio atacó a las tropas del coronel Ráfols en Totomaloya; el 27 de enero, el coronel realista Francisco Antonio Berdejo combatió a los insurgentes cerca de Chichihualco, en un lugar denominado «el Espinazo» o «la Cueva del Diablo», donde los realistas sufrieron 55 bajas y tuvieron que retirarse al agotarse las municiones.
Poco después, Iturbide y Guerrero pactaron la unión de sus fuerzas. Según algunas fuentes, el 10 de febrero de 1821 se produjo el llamado Abrazo de Acatempan, en el que ambos jefes, respaldados por sus tropas, se reunieron para sellar la paz. Sin embargo, existe una discrepancia historiográfica: Lorenzo de Zavala describe un encuentro directo entre Guerrero e Iturbide, mientras que Lucas Alamán sostiene que fue José Figueroa el comisionado por los insurgentes para reunirse con el comandante realista.[4] A partir de entonces, las fuerzas de Guerrero se pusieron a las órdenes de Iturbide. El 18 de febrero, Iturbide informó al virrey Apodaca, quien recibió la noticia con júbilo sin sospechar el desenlace independentista.
6. Abrazo de Acatempan, Plan de Iguala y Ejército Trigarante (1821)[editar]
El 24 de febrero de 1821 se proclamó en la ciudad de Iguala el Plan de Iguala, un programa político de veinticuatro puntos que declaraba la independencia de Nueva España, proponía un régimen monárquico moderado constitucional y establecía la exclusividad de la religión católica «sin tolerancia de otra alguna». Se ofrecía el trono a Fernando VII o, en su defecto, a alguno de sus hermanos. El plan buscaba conciliar a los tradicionalistas católicos y a los liberales.
Para sostener el plan, se conformó el Ejército Trigarante, que reunía a las tropas de Iturbide y de los insurgentes bajo la divisa de «religión, independencia y unión». El 2 de marzo, Iturbide se reunió con sus oficiales en Celaya, donde se celebró una misa y se juró obediencia a la religión, a la independencia y a Fernando VII. Poco a poco, la mayor parte de las guarniciones realistas del país se fueron adhiriendo al plan.
La reacción del virrey Apodaca fue inmediata. El 3 de marzo publicó una proclama en la que exhortaba a los habitantes a no leer los planes «seductores» del jefe rebelde, y el 14 de marzo declaró que Iturbide estaba fuera de la protección de la ley, ofreciendo un indulto general a quienes habían jurado el Plan de Iguala y se retractaran. Sin embargo, la causa independentista ya había ganado gran impulso.
El 16 de marzo, Iturbide envió dos cartas: una dirigida a Fernando VII, notificándole los acontecimientos y conminándolo a aceptar el trono, y otra a las Cortes españolas, en la que hacía patente su desdén por Hidalgo y los insurgentes, pero advertía estar al frente de un ejército organizado que defendería la independencia de la colonia y pedía a los diputados que permitieran la separación pacífica de América para evitar un nuevo derramamiento de sangre.
Los primeros avances fueron desiguales. En el sur, el coronel Márquez Donayo avanzó hacia Cuernavaca y Temixco, obligando a Iturbide a replegarse a Teloloapan. En el Bajío, sin embargo, los coroneles Anastasio Bustamante y Luis Cortázar secundaron el plan. En Guanajuato, Bustamante ordenó descender los cráneos de Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez, que se exhibían dentro de jaulas en las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas desde 1811. El contingente avanzó hacia Salamanca, Irapuato, Silao, León y San Miguel el Grande, reuniendo a unos 6.000 efectivos.
7. Campaña del Ejército Trigarante y Tratados de Córdoba (1821)[editar]
La campaña del Ejército Trigarante se desarrolló durante la primavera de 1821 y logró aislar progresivamente a la Ciudad de México. En el oriente, el teniente Celso de Iruela se pronunció a favor del Plan de Iguala en Perote; muy pronto el teniente coronel José Joaquín de Herrera se incorporó con ochocientos hombres. En Izúcar, el antiguo insurgente Nicolás Bravo, que en un primer momento desconfiaba de Iturbide, fue convencido por el comisionado Mier y Villagómez y reunió una fuerza de quinientos hombres. En la costa de Veracruz, Antonio López de Santa Anna se adhirió al plan tras una serie de enfrentamientos y participó en la campaña contra los realistas.
El 6 de mayo de 1821, Iturbide se reunió con el mariscal realista José de la Cruz y con Pedro Celestino Negrete en Yurécuaro, Michoacán. Intentó convencer a De la Cruz de que aceptara el Plan de Iguala, ofreciendo el cese inmediato de las hostilidades. La respuesta del virrey fue el rechazo total. Mientras tanto, Iturbide avanzó sobre Valladolid, plaza defendida por el coronel Quintanar con 1.600 hombres y 45 piezas de artillería. La ciudad fue cercada y, el 18 de mayo, Quintanar optó por capitular. Valladolid fue tomada sin dispararse un solo tiro.
En Guadalajara, la división de Pedro Celestino Negrete se proclamó a favor de la independencia el 13 de junio, y al día siguiente la diputación provincial, el cabildo eclesiástico y el tribunal del Consulado juraron el Plan de Iguala. El mariscal José de la Cruz tuvo que huir hacia Zacatecas. En Querétaro, el brigadier Luaces se rindió el 27 de junio sin ofrecer resistencia. En ese lugar, Iturbide decidió eximir del impuesto de alcabala a los indígenas.
En la Ciudad de México, la noticia de las derrotas realistas provocó indignación. El 5 de julio de 1821, una conjura depuso al jefe político superior Juan Ruiz de Apodaca, quien fue sustituido por Francisco Novella. Mientras tanto, en Puebla —considerada la segunda ciudad en importancia de Nueva España—, la guarnición realista capituló. El 2 de agosto de 1821, Iturbide entró triunfalmente en Puebla, donde fue recibido con gritos de «¡Viva Agustín I!».
El recién nombrado capitán general y jefe político superior Juan O'Donojú desembarcó en Veracruz a principios de agosto de 1821. O'Donojú se dio cuenta de que la independencia estaba a punto de consumarse y entró en negociaciones con Iturbide. El 24 de agosto de 1821, ambos firmaron los Tratados de Córdoba, que ratificaron la idea de una monarquía independiente bajo la dinastía borbónica, con la cláusula adicional de que, si Fernando VII y su familia no aceptaban el trono, el Congreso mexicano podría elegir libremente al monarca.
La campaña continuó en varias regiones. En Monterrey, el brigadier realista Joaquín Arredondo comprendió que la resistencia sería inútil, entregó el mando y se embarcó hacia La Habana. En Oaxaca, el antiguo capitán realista Antonio de León se unió al Plan de Iguala, y el 30 de julio los trigarantes entraron sin resistencia en la ciudad de Oaxaca. Poco después, la independencia fue proclamada en Villa Alta y en la Costa Chica.
8. Independencia y regencia (1821–1822)[editar]
El 27 de septiembre de 1821 —fecha que coincidía con el cumpleaños de Iturbide—, el Ejército Trigarante entró en la Ciudad de México. Fue recibido por una población jubilosa que había levantado arcos de triunfo y decorado las calles con la bandera tricolor. Ese mismo día se escucharon por primera vez los gritos de «¡Viva Iturbide I!». Al día siguiente, el 28 de septiembre, se declaró la independencia del Imperio Mexicano.
Lo que quedaba del ejército realista se replegó a Veracruz y quedó acorralado en la fortaleza de San Juan de Ulúa. O'Donojú, a quien se le había asegurado un puesto importante en el nuevo gobierno, murió poco después, deshonrado ante sus compatriotas españoles.
Iturbide fue nombrado presidente de la Junta Provisional Gubernativa, que debía gobernar el país hasta la convocatoria de un congreso y negociar el ofrecimiento del trono mexicano a un miembro de la casa real europea. La junta controló los asuntos legislativos y designó a la Regencia del Imperio Mexicano, de cinco miembros, encabezada por el propio Iturbide. Los antiguos insurgentes quedaron excluidos del gobierno. Pronto se evidenciaron las tensiones entre las distintas facciones: los republicanos, los monárquicos leales a Fernando VII y los partidarios de Iturbide.
El gobierno provisional fue abrumadoramente leal a Iturbide. Entre los opositores se encontraban muchos liberales y progresistas, muchos de ellos pertenecientes a logias masónicas del rito escocés, que se convirtieron en espacios de conspiración contra el nuevo régimen. Mientras tanto, Fernando VII rechazó el trono mexicano y prohibió a su familia aceptarlo; las Cortes españolas, por su parte, rechazaron los Tratados de Córdoba. Todo ello allanó el camino para que Iturbide asumiera la corona.
9. Emperador Agustín I (1822–1823)[editar]
9.1 Proclamación y coronación[editar]
La noche del 18 de mayo de 1822, una multitud se congregó frente al Palacio de Iturbide en la Ciudad de México aclamándolo como emperador. La multitud incluía a su antiguo regimiento de Celaya. Según algunos testimonios, Iturbide rechazó inicialmente el ofrecimiento, pero el Congreso, reunido al día siguiente, lo proclamó formalmente emperador con el título de Agustín I, Emperador constitucional de México, por una amplia mayoría.
El Congreso celebró luego una sesión privada en la que ratificó la decisión, creó títulos para la familia real y declaró el título hereditario y vitalicio. Tres días después, según los testimonios posteriores, los miembros del Congreso declararían que habían votado por miedo a la multitud que ocupaba las tribunas y los balcones del recinto legislativo.[5]
La coronación se celebró el 21 de julio de 1822 en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, con una ceremonia a la que asistieron obispos de Puebla, Guadalajara, Durango y Oaxaca. El arzobispo de México, Pedro José de Fonte, se negó a asistir. La corona le fue impuesta por Rafael Mangino y Mendivil, presidente del Congreso, en un gesto simbólico que subrayaba que el Estado —y no la Iglesia ni otro poder— era soberano.
9.2 Disolución del Congreso[editar]
El reinado de Iturbide fue turbulento desde el principio. El Congreso se atribuyó la soberanía plena y se negó a redactar una nueva constitución monárquica que reconociera el papel del emperador. Iturbide, por su parte, controlaba el ejército y la administración. La crisis económica se agravó: el imperio no era reconocido por las potencias europeas, que rompieron relaciones económicas, y Iturbide impuso un impuesto predial del 40 %, lo que le enajenó a la élite terrateniente.[6]
El 31 de octubre de 1822, Iturbide disolvió el Congreso y creó una Junta Nacional Instituyente para legislar en su lugar. Mandó encarcelar a diecinueve miembros del Congreso y a varios oficiales del ejército. La medida fue vista como un acto autoritario y un «escarnio de la representación nacional», y provocó que muchos de sus antiguos partidarios se volvieran contra él, entre ellos antiguos líderes insurgentes como Vicente Guerrero, Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria.
10. Caída, exilio y regreso (1823–1824)[editar]
En diciembre de 1822, Antonio López de Santa Anna se pronunció en Veracruz con el Plan de Veracruz, que pedía la reinstalación del Congreso disuelto. En febrero de 1823 se firmó el Plan de Casa Mata, al que se adhirieron borbonistas y republicanos, y que declaró nula la elección del emperador. Muchas provincias aceptaron el plan, con la excepción de Chiapas, y las guarniciones se fueron sumando a la rebelión.
Iturbide intentó contener la insurgencia, pero las fuerzas leales comenzaron a desertar. Reconoce en sus memorias que fue un error no haber encabezado personalmente sus ejércitos. El 19 de marzo de 1823, tras advertir que la mayor parte del país había aceptado el Plan de Casa Mata, Iturbide abdicó. El Congreso, que no quería legitimar la existencia del trono, anuló la elección de Iturbide como emperador y se negó a reconocer el Plan de Iguala y los Tratados de Córdoba.
El 11 de mayo de 1823, el exemperador embarcó en el navío británico Rawlins rumbo a Livorno, entonces parte del Gran Ducado de Toscana, acompañado de su esposa, hijos y sirvientes. En Italia alquiló una pequeña casa de campo y comenzó a escribir sus memorias, conocidas como «Manifiesto de Liorna». En el exilio recibió ofertas de una coalición católica que buscaba su apoyo para una campaña de reconquista española de México, pero las rechazó. España presionó a Toscana para que lo expulsara, y la familia se trasladó a Inglaterra.
En Inglaterra publicó su autobiografía, titulada Statement of Some of the Principal Events in the Public Life of Agustín de Iturbide. El Congreso mexicano lo declaró traidor y «fuera de la ley», con la condición de ser ejecutado si regresaba al territorio mexicano. Iturbide no conoció los términos de esa resolución. Mientras tanto, seguía recibiendo informes desde México que le advertían de una posible expedición española de reconquista y le aseguraban que, si regresaba, sería recibido como liberador.
El 13 de febrero de 1824, Iturbide envió una misiva al Congreso mexicano ofreciendo sus servicios en caso de ataque español, pero nunca recibió respuesta. Convencido por facciones políticas conservadoras, decidió regresar a México.
11. Ejecución y sepultura[editar]
Iturbide regresó a México el 14 de julio de 1824, acompañado de su esposa, dos hijos y un capellán. Desembarcó en Soto la Marina, en la costa del actual estado de Tamaulipas. Fue recibido inicialmente con entusiasmo, pero pronto fue arrestado por el general Felipe de la Garza, comandante militar de la zona. De la Garza había encabezado una breve revuelta durante el reinado de Iturbide, y este lo había perdonado y reinstalado en su puesto; quizá por esa deuda, el general titubeó en su decisión de detenerlo. Durante el traslado, de la Garza le cedió a Iturbide el mando de la escolta militar y le pidió que se presentara en la localidad cercana de Padilla.
El 19 de julio de 1824, Iturbide fue ejecutado por un pelotón de fusilamiento en Padilla, Tamaulipas. Los detalles de sus últimas horas son difíciles de verificar con certeza. No se le permitió regresar a la capital ni comparecer ante un tribunal ordinario.
En 1838, sus restos fueron trasladados a la Ciudad de México e inhumados con honores en la Capilla de San Felipe de Jesús, en la Catedral Metropolitana, donde permanecen en una urna de cristal. El traslado se produjo cuando la situación política del país permitió una reivindicación parcial de su figura.
12. Legado y memoria[editar]
La figura de Agustín de Iturbide es una de las más debatidas de la historia mexicana. Durante décadas, la historiografía oficial lo consideró un traidor, un oportunista o un dictador, y no se le reconoció el papel de consumador de la Independencia. En el Himno Nacional Mexicano, una de las estrofas originales aludía a Iturbide en relación con la bandera nacional; esa estrofa fue suprimida en 1943.[7] Paradójicamente, el sable que utilizó Iturbide durante la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México fue colocado en el salón del Congreso junto con los nombres escritos en letras de oro de los insurgentes a los que había combatido.
Otras corrientes historiográficas han reivindicado su papel. Se ha señalado que el Plan de Iguala tuvo la virtud de lograr la independencia sin un ataque frontal contra las clases propietarias y con una promesa de igualdad jurídica entre españoles, criollos, mestizos y demás habitantes, lo que lo diferenció de las primeras luchas insurgentes. Su decisión de abdicar en 1823, en lugar de provocar una guerra civil, también ha sido objeto de análisis.
En el debate público, Iturbide sigue siendo una figura incómoda: para unos, el militar despiadado que se cambió de bando y se coronó emperador; para otros, el consumador de la Independencia que no logró consolidar un régimen estable en un país profundamente dividido.
13. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
El efímero Primer Imperio Mexicano de Iturbide tuvo una proyección territorial que incluyó, durante un breve período, a las antiguas provincias de la Capitanía General de Guatemala, es decir, partes de lo que hoy son Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Honduras. Esa unión se deshizo en 1823, cuando los antiguos territorios centroamericanos declararon su independencia absoluta como Provincias Unidas del Centro de América, en rechazo tanto de México como de España.
Iturbide tuvo una relación indirecta con la península ibérica: de ascendencia navarra y guipuzcoana por ambos lados de su familia, se declaró a sí mismo «navarro y vizcaíno», y su Plan de Iguala contemplaba a Fernando VII como primer candidato al trono mexicano. En el exilio, pasó primero por Italia y luego por Inglaterra, donde publicó sus memorias; su «Manifiesto de Liorna» se difundió en circuitos europeos.
En México, su nombre está ligado al Palacio de Iturbide, un edificio del siglo XVIII en el centro histórico de la Ciudad de México que fue su residencia durante el imperio. En el estado de Tamaulipas, el municipio de Padilla conserva el recuerdo de su ejecución. Una localidad del estado de Guerrero —donde se desarrolló el Abrazo de Acatempan— lleva el nombre de Ciudad Altamirano, pero la memoria del abrazo se mantiene viva en relatos regionales.
La Casa de Iturbide continuó existiendo simbólicamente: tras la muerte de Iturbide, sus descendientes vivieron en el exilio, y el título imperial no volvió a reclamarse con éxito. La familia no mantiene una presencia activa en la política mexicana actual, y las referencias a la Casa de Iturbide son, sobre todo, de carácter histórico y genealógico.
En la Ribera de Navarra, de donde procedía la familia paterna, el apellido era esdrújulo («Itúrbide»), mientras que en México se hizo llano («Iturbide»). El propio Iturbide, descendiente de guipuzcoanos por vía materna, se identificaba en 1821 como «navarro y vizcaíno», en un contexto en el que «vizcaíno» o «vascongado» designaba genéricamente a los habitantes de las Provincias Vascongadas. ↩︎
La batalla de Puruarán aparece fechada el 5 de enero de 1814 en la historiografía anglófona, mientras que la Wikipedia en español resume la gran victoria sobre Morelos en 1815. La captura y ejecución de Morelos se produjo a fines de 1815, tras una campaña en la que Iturbide participó como uno de los comandantes realistas. ↩︎
La carta al virrey está citada por la historiografía como una muestra del rigor de Iturbide contra los insurrectos. No se trata de un parte oficial, sino de una carta personal, y las cifras exactas de ejecutados durante la guerra de Independencia son difíciles de establecer con certidumbre. ↩︎
El historiador Lorenzo de Zavala relató el encuentro directo entre Guerrero e Iturbide en Acatempan, mientras que Lucas Alamán afirmó que fue José Figueroa quien se reunió con el comandante realista. La fecha exacta y la naturaleza del encuentro han sido objeto de debate historiográfico. ↩︎
Tras la abdicación, varios miembros del Congreso declararon que habían votado a favor de Iturbide bajo presión de la multitud que ocupaba las tribunas, temiendo por su seguridad. Sin embargo, la misma sesión privada ratificó la proclamación y creó los títulos hereditarios, lo que debilita la tesis de que todo fue coacción. ↩︎
El impuesto predial del 40 % ha sido citado como una de las causas del descontento de las élites terratenientes. Los detalles de la política fiscal del imperio son imprecisos: algunas fuentes lo describen como un impuesto extraordinario, otras como un proyecto que no llegó a aplicarse en su totalidad. ↩︎
La estrofa mencionaba a Iturbide como ejemplo de honor y heroísmo, en contraste con la posterior narrativa republicana que lo condenaba. Su supresión se produjo en un contexto de reconfiguración del discurso nacional mexicano. ↩︎