Batalla de Lepanto
| Batalla de Lepanto | |
|---|---|
| Fecha | 7 de octubre de 1571 |
| Lugar | Golfo de Patras, mar Jónico (actual Grecia) |
| Resultado | Victoria decisiva de la Liga Santa |
| Beligerantes | Liga Santa: Imperio español, Estados Pontificios, República de Venecia, República de Génova, Orden de Malta, Ducado de Saboya, Orden de San Lázaro, Orden de San Esteban Imperio otomano |
| Comandantes | Liga Santa: Juan de Austria, Álvaro de Bazán, Alejandro Farnesio, Luis de Requesens, Sebastiano Venier, Agostino Barbarigo †, Gianandrea Doria, Marco Antonio Colonna, Pietro Giustiniani, Mathurin Romegas Imperio otomano: Müezzinzade Ali Pasha †, Mehmed Siroco †, Uluj Alí |
| Fuerzas | Liga Santa: 85 900 hombres, 227 galeras, 6 galeazas, 1 815 cañones[sin verificar] Otomanos: 88 000 hombres, 211 galeras, 63 galeotas, 750 cañones[sin verificar] |
| Bajas | Liga Santa: 7 566 muertos, 7 800 heridos, 13 galeras perdidas (aunque luego la cifra ascendió a 40 por los daños) Otomanos: entre 25 000 y 40 000 muertos, 8 000 prisioneros, 200 galeras hundidas, quemadas o capturadas; 12 000 cautivos cristianos liberados |
1. Resumen[editar]
La batalla de Lepanto (en italiano, Battaglia di Lepanto; en turco, İnebahtı deniz muharebesi, "batalla naval de İnebahtı") fue un combate naval de gran escala librado el 7 de octubre de 1571 en el golfo de Patras, cerca de la ciudad griega de Naupacto, entonces conocida como Lepanto. Enfrentó a la flota del Imperio otomano contra la coalición católica organizada por el papa Pío V, llamada Liga Santa, integrada principalmente por el Imperio español, los Estados Pontificios, la República de Venecia, la República de Génova, la Orden de Malta, el Ducado de Saboya, la Orden de San Lázaro y la Orden de San Esteban.
La flota de la Liga Santa, comandada por Juan de Austria, logró una victoria decisiva frente a la armada otomana encabezada por Müezzinzade Ali Pasha. Se trató de la mayor batalla naval de la historia occidental desde la antigüedad clásica, con más de 400 barcos de guerra, y marcó el último gran enfrentamiento librado casi íntegramente entre naves de remo, específicamente galeras y galeazas.[1] Aunque el Imperio otomano reconstruyó rápidamente su flota, la pérdida de tripulaciones experimentadas debilitó su iniciativa naval en las décadas siguientes.
La victoria tuvo un enorme significado simbólico y político en la Europa desgarrada por las guerras de religión. El papa Pío V instituyó la fiesta de Nuestra Señora de la Victoria, luego conocida como Nuestra Señora del Rosario, y Felipe II de España utilizó el triunfo para reforzar su posición como defensor de la cristiandad. En la batalla participó Miguel de Cervantes, quien resultó herido y perdió la movilidad de la mano izquierda, lo que le valió el sobrenombre de "manco de Lepanto".
2. Contexto histórico[editar]
Expansión otomana y situación europea[editar]
Durante el siglo XVI, el Imperio otomano había conquistado territorios que antes formaron parte del Imperio bizantino y seguía expandiéndose en el Mediterráneo. La Europa protestante, en cierta medida, llegó a ver a los otomanos como un aliado útil frente a la Contrarreforma católica.[2] Francia, por su parte, se encontraba atrapada entre la dinastía Habsburgo que gobernaba en Austria y la que regía en España y los Países Bajos. El Imperio otomano disponía de la base de Tolón, cedida por Francisco I de Francia, y estaba en condiciones de amenazar tanto a España como a Malta.
En el combate naval, los otomanos habían aprendido mucho de los bizantinos, sobre todo en navegación fluvial. Sus principales bases eran Estambul (Constantinopla) y Edirne (Adrianópolis). Los diferentes Estados de Italia solían aliarse con potencias extranjeras, incluidos los propios otomanos, más a menudo que entre ellos mismos. Las deficientes comunicaciones terrestres de la península itálica contribuían a una fragmentación crónica. Venecia consideraba a Chipre y a sus posesiones isleñas como antemurale frente a la amenaza otomana, es decir, escudos capaces de mantener al enemigo a cierta distancia.
El Tratado de Cateau-Cambrésis de 1559 dio a Felipe II una libertad de acción en el Mediterráneo de la que no había gozado su padre, el emperador Carlos V. Los antemurale de Felipe II eran sus fortalezas norteafricanas al sur, y Apulia, Calabria y Sicilia en el Mediterráneo central.
La rivalidad hispano-otomana[editar]
En 1510, una expedición de 16 000 soldados dirigidos por García de Toledo invadió la isla de Yerba, en Túnez, pero fue derrotada por fuerzas musulmanas. Diez años después, Hugo de Moncada desembarcó unos 15 000 soldados en Yerba, logró la sumisión del jeque local y se retiró. Sin embargo, el corsario Dragut se instaló en la isla y atacó Italia, llegando incluso a tomar las localidades napolitanas de Pozzuoli y Castellammare. Dragut capturó después la ciudad africana de Mahdia, que fue recuperada por una expedición de Andrea Doria. El sultán Solimán el Magnífico interpretó aquella expedición como una declaración de guerra y en 1551 envió una flota que, junto con la de Dragut, recuperó Mahdia, atacó Malta y la isla de Gozo y arrebató Trípoli a los Caballeros de San Juan. Trípoli se convirtió así en un principado corsario subsumido por el Imperio otomano, mientras Yerba permaneció en manos de corsarios aliados del imperio.
Los otomanos debían zarpar desde Grecia, lo que exponía sus líneas de comunicación marítimas a los Caballeros de Malta. En aguas situadas entre Zante y Cefalonia, el caballero Mathurin Romegas capturó un barco mercante musulmán. Los turcos aprovecharon el incidente para intentar acabar con aquel enclave católico, lo que condujo al fallido asedio de Malta de 1565.
3. Antecedentes[editar]
La conquista otomana de Chipre[editar]
Chipre, en manos venecianas, era el último de los Estados Cruzados que permanecía bajo control latino, y el sultán Selim II, como pretendido rey de Jerusalén, reclamaba jurisdicción sobre la isla. El nuevo gobernador veneciano, Astorre Baglione, llegó el 1 de mayo de 1570 con 2 000 hombres reclutados en Perugia y decidió concentrar la defensa en la ciudad portuaria de Famagusta, dejando a Niccolò Dandolo a cargo de Nicosia.
Entre 1567 y 1570, Nicosia había sido completamente fortificada según el modelo de trace italienne, con once bastiones distribuidos en un perímetro circular de cinco kilómetros. Al inicio del asedio otomano contaba con 56 550 personas, de las cuales solo 12 000 resultaban aptas para combatir. Para resistir se requerían unos 20 000 hombres, y se esperaba el apoyo de los campesinos chipriotas, que finalmente no se materializó. El 26 de julio los otomanos pusieron cerco a Nicosia, y durante 46 días la fuerza de asedio creció con refuerzos de Asia Menor y Siria hasta alcanzar los 100 000 hombres. La ciudad cayó el 9 de septiembre. Posteriormente, muchos jenízaros y cipayos se retiraron, lo que redujo la calidad de las tropas otomanas y dio ciertas posibilidades a Baglione en Famagusta. Para defender un perímetro tres veces menor que el de Nicosia, Baglione contaba con 1 000 italianos, 3 000 chipriotas, 100 estradiotes y los estradiotes que habían logrado escapar de la caída de Nicosia. El 19 de mayo de 1571 comenzó el cerco de Famagusta, que levantó bandera blanca tras 64 días de bombardeos con unos 100 cañones.
La Liga Santa[editar]
Ante el avance otomano, los países católicos formaron una armada que se reunió en el puerto de Suda, en la isla de Creta. Venecia aportó 136 galeras, 11 galeazas y 14 naves al mando de Girolamo Zanne, Antonio de Canale y Jacobo Celsi. Las fuerzas pontificias sumaron 12 galeras comandadas por Marco Antonio Colonna, y Felipe II envió 50 galeras dirigidas por Giovanni Andrea Doria, sobrino del fallecido Andrea Doria, que debían ponerse a las órdenes de Colonna. En total se reunieron 198 galeras, 11 galeazas, un galeón y siete naves más, con 1 300 cañones y 48 000 hombres, de los que solo 16 000 eran gente de guerra.
La gran flota veneciana, lanzada al mar para impresionar a Selim II, quedó mermada por el tifus en Zara, que además estaba amenazada por corsarios otomanos y obligó a dejar soldados allí. La campaña de 1570 terminó desmoralizada y muy mermada, sin posibilidad real de auxiliar Chipre. Giovanni Andrea Doria, al ver que no había acuerdo posible entre las fuerzas cristianas, decidió regresar a Sicilia el 5 de octubre. En el retorno, las fuerzas venecianas y pontificias sufrieron un temporal en el que se perdieron 14 galeras venecianas. El papa y Venecia culparon al almirante español del fracaso de la operación, mientras Doria justificó su decisión por la previsible llegada de mal tiempo y el mal estado de las dotaciones y del armamento veneciano.
Tras el fracaso, Pío V reunió a plenipotenciarios reales y venecianos para adoptar medidas efectivas contra la expansión turca. Las discusiones se centraron en las misiones de la Liga y la duración de la concentración de fuerzas. Venecia quería restringir el ámbito al Mediterráneo oriental, mientras España deseaba incluir las costas del norte de África.
El acuerdo para la creación de la Liga Santa se anunció el 25 de mayo de 1571. Había sido rubricado el 20 de mayo en presencia de Pío V por representantes del papa, de Felipe II, de las repúblicas de Venecia y Génova, del gran duque Cosme de Toscana, del duque Manuel Filiberto de Saboya, del duque Francesco Maria della Rovere de Urbino, del duque Octavio Farnesio de Parma y de los caballeros de Malta. Los términos principales fueron:
- Serviría tanto para atacar a Turquía como las plazas otomanas del norte de África, con el objetivo primordial de tomar Chipre y Tierra Santa.
- La armada estaría formada por 200 galeras, 100 naves, 50 000 soldados de infantería españoles, alemanes e italianos y 4 500 jinetes, además de un número adecuado de cañones y suministros. La Santa Sede se comprometió a aportar 12 galeras, 3 000 infantes, 270 soldados de caballería ligera y a pagar una sexta parte del costo total.
- España sufragaría tres sextos de los gastos, Venecia dos sextos y la Santa Sede el sexto restante. Si la parte del papado resultaba insuficiente, el déficit sería cubierto por Venecia y España a partes iguales.
- Cada año, a más tardar en abril, las partes debían reunirse en el Mediterráneo oriental para llevar a cabo las operaciones acordadas.
- El generalísimo de la Liga sería Juan de Austria, y cada nación aportaría un capitán general. Los tres capitanes generales, reunidos en consejo, acordarían el plan anual de operaciones.
- Ninguna parte podría pactar tregua o paz con el enemigo sin acuerdo de las otras dos.
- El generalísimo no llevaría estandarte propio ni de su nación, sino el especial de la Liga.
El papa intentó sin éxito que Portugal, Francia y Austria se sumaran a la alianza. Francia incluso pactó con los turcos. Mientras tanto, los otomanos continuaron la conquista de Chipre y formaron una escuadra de 250 velas y 80 000 hombres para devastar y saquear puertos venecianos del Adriático. El 4 de agosto, por falta de vituallas, cayó Famagusta, con lo que se completó la conquista turca de la isla.
Reunión de la flota cristiana[editar]
Escogido el puerto de Mesina como punto de reunión, comenzaron a llegar las diferentes escuadras. Los venecianos arribaron el 23 de julio con 48 galeras y cinco galeazas. Poco después llegaron las 12 galeras del papa al mando de Colonna. Juan de Austria y Sancho de Leiva partieron de Barcelona el 20 de julio con las galeras del rey, recogieron tropas alemanas e italianas en La Spezia y llegaron a Nápoles el 9 de agosto. Allí, el 14, Juan de Austria recibió el estandarte y las insignias de la Liga Santa diseñados por el papa. El 23 de agosto arribaron a Mesina. Todavía faltaban por llegar las escuadras de Álvaro de Bazán, Giovanni Andrea Doria, Juan de Cardona y 60 galeras venecianas. A primeros de septiembre la flota estuvo completa.
[ Desplegar / Plegar: Embarcaciones enviadas por la Liga Santa ]
| Embarcaciones enviadas | Procedencia | Galeras | Fragatas | Galeazas | Otras |
|---|---|---|---|---|---|
| Por Felipe II | España | 14 | — | — | ? |
| Reino de Nápoles | 30 | — | — | — | |
| República de Génova | 3 | — | — | — | |
| Reino de Sicilia | 10 | — | — | — | |
| Ducado de Saboya | 6 | — | — | — | |
| Malta | 3 | — | — | — | |
| Por Venecia | República de Venecia | 106 | 20 | 6 | 14 |
| Estados Pontificios | Estados Pontificios | 12 | 6 | — | — |
| Por Giovanni Andrea Doria | — | 11 | — | — | — |
| Armadores particulares (Grimaldi, Negroni, Sauli, Lomelín, Mari, etc.) | 90 | — | — | — | |
Las galeazas eran los navíos más potentes gracias a su gran aporte artillero. Las galeras eran impulsadas por remeros profesionales o por "chusma", personas condenadas por algún delito a aquel duro trabajo. Toda la escuadra contaba con 1 250 piezas de artillería. Pese a la gran cantidad de navíos reunidos, Juan de Austria se mostraba preocupado por el mal estado de muchos de ellos: numerosas galeras italianas se habían construido precipitadamente y otras tenían los espolones desgastados o podridos por las largas esperas en puerto. Aun así, se decidió que podrían resistir.
Además de las galeras y galeazas, la flota cristiana disponía de una escuadra de galeones compuesta por 24 españoles y dos venecianos al mando de César de Ávalos, que no pudieron seguir el ritmo de las naves de remo y quedaron fuera de la batalla. Había también 76 embarcaciones menores, entre galeotas y fustas, 50 españolas, 20 venecianas y seis papales, destinadas a funciones auxiliares y de enlace.
La Liga Santa reunió en total 91 000 soldados, marineros y remeros: 34 000 soldados, 13 000 tripulantes y 45 000 galeotes. Por parte española había 20 231 soldados, de los cuales solo 8 160 eran nativos de la península ibérica, 5 000 italianos y 4 987 alemanes. Se sumaron además 1 876 caballeros y aventureros. A causa de la escasez de gente en las galeras venecianas, Juan de Austria decidió embarcar en ellas 4 000 infantes españoles y 500 arcabuceros españoles en cada galeaza.
La batalla reflejó el esfuerzo por aprender de los errores de la batalla de Préveza de 1538, donde una Liga Santa anterior había sido forzada a huir por una flota otomana inferior. Entre otros cambios, el virrey García de Toledo aconsejó a Juan de Austria adoptar la misma formación en alas amplias que los turcos habían usado en Préveza. Además, don Juan dispuso que la flota no navegara en bloques nacionales, sino en escuadrones que mezclaran galeras y hombres de todas las nacionalidades, para impedir huidas y favorecer la cohesión. Giovanni Andrea Doria recomendó asimismo serrar los adornos de las proas de las galeras para poder disparar los cañones en ángulo más bajo.
El 15 de septiembre zarparon las naves de Ávalos con rumbo al golfo de Tarento. El 16 salió el resto de la flota cristiana. En vanguardia iban ocho galeras exploradoras al mando de Juan de Cardona, general de la escuadra de Sicilia, con órdenes de navegar ocho millas por delante del grueso. La fuerza principal se dividió en cuatro cuerpos:
- Cuerpo derecho, al mando de Giovanni Andrea Doria, con 54 galeras y grímpolas verdes.
- Centro, al mando de Juan de Austria, con 64 galeras y grímpolas azules.
- Cuerpo izquierdo, al mando de Agostino Barbarigo, con 53 galeras y grímpolas amarillas.
- Escuadra de socorro o reserva, al mando de Álvaro de Bazán, con 30 galeras y grímpolas blancas.
Cada cuerpo llevaba dos galeazas que, en caso de combate, debían situarse por delante de la formación principal. Los cuerpos se formaron sin tener en cuenta la procedencia de los buques, intercalando naves venecianas, reales y pontificias. El mal tiempo y los vientos contrarios impidieron pasar Otranto hasta el 24 de septiembre, y las galeras dejaron atrás a las naves de vela. El explorador Gil de Andrade informó de que la flota turca se encontraba en el golfo de Lepanto, al resguardo de sus castillos. Juan de Austria decidió dirigirse a Corfú y convocó un consejo de guerra: sin las naves de vela no disponían de medios de sitio para atacar los fuertes de Lepanto. Decidieron embarcar seis piezas gruesas de artillería de la defensa de Corfú y se hicieron a la mar el 30 de septiembre.
Surgió un conflicto de competencias entre don Juan y los venecianos por un incidente en una galera veneciana. El almirante veneciano Veniero hizo ahorcar al capitán de los soldados embarcados por don Juan, lo que llevó a este a convocar un consejo de guerra excluyendo a Veniero y llamando en su lugar a Barbarigo. Doria se mostró partidario de volver a España y dejar solos a los venecianos, a quienes consideraba poco fiables. Bazán discrepó, argumentando que un error de Veniero no justificaba abandonar el esfuerzo conjunto. Finalmente don Juan cerró el debate diciendo: «Adelante, sigamos el parecer del marqués». Se decidió salir temprano, formar una línea de combate a 15 millas de las bocas de Lepanto, esperar dos horas y, si el enemigo no salía, disparar los cañones y regresar.
4. La batalla[editar]
Preparativos de la Liga Santa[editar]
La orden general de navegación y combate dada por Juan de Austria en el puerto de Leguminizi el 9 de septiembre de 1571 establecía que los comandantes debían «mantener vivo en sus gentes el espíritu religioso, a tal que Dios nuestro Señor nos ayude en la santa y justa empresa que llevamos». También ordenaba que la flota llevara una avanzadilla de 20 a 30 millas a cargo de fray Pietro Giustiniani, prior de Mesina y capitán general de las galeras de San Juan de Jerusalén, con seis galeras y dos galeotas.
La cuarta escuadra, llamada El Socorro, compuesta por 29 galeras y capitaneada por Juan de Cardona, debía ir en retaguardia recogiendo a las galeras rezagadas. Las galeras de El Socorro llevaban un gallardete de tafetán blanco con un asta de pica, cuatro brazas encima del fanal.
Según la misma orden, las galeazas se distribuirían antes de la batalla de la siguiente manera: la galeaza Capitana y la de Andrea de Pessaro, con la escuadra de batalla, debían ser remolcadas y en el momento preciso colocarse delante de la escuadra, a la altura de La Real, a tiro de cañón. Las dos del duque de Florencia, Capitana y Patrona, lucharían a la derecha e izquierda de La Real, respectivamente. Las galeazas de Ambrosio Bragadini y Jacobo Gozo irían con el cuerpo derecho a cargo del marqués de Santa Cruz, y las de Antonio Ragadini y Vicencio Quirini con el cuerpo izquierdo a cargo del proveedor Soranzo.
El 30 de septiembre la Armada partió de los molinos, cerca de Corfú, y arribó a Leguminizi, en Albania, un puerto con abundantes suministros. Una fragata enviada por Gil de Andrade avisó de que los turcos se encontraban en el puerto de Lepanto y habían enviado 60 navíos de remo y dos naves a Corn con enfermos. La Armada permaneció en Leguminizi por el mal tiempo y salió el miércoles 3 de octubre al amanecer, aunque se preparaban para la batalla desde el día 1. Al llegar ese día a las nueve de la mañana al cabo Blanco, cerca de Cefalonia, Juan de Austria ordenó preparar a toda la Armada para el combate. Navegaron toda la noche y llegaron al puerto de Fiscardo, al norte de Cefalonia. Ese mismo día supieron por un barco procedente de Creta que Famagusta había caído en manos otomanas y que todos sus defensores habían sido degollados.
Durante los días siguientes se aproximaron al puerto de Lepanto mientras Juan de Austria enviaba vigías por mar y tierra. El domingo, los vigías avistaron primero una vela latina y, poco después, a toda la armada turca. Juan de Austria ordenó subir a los calces y contar los navíos enemigos. Poco antes de la batalla, se arrodilló y oró pidiendo la victoria, y lo mismo hicieron los hombres de la galera Real y del resto de la Armada. Luego recibieron la absolución de jesuitas y capuchinos enviados por el papa con el jubileo. Don Juan relató que en aquel momento «fue el mar aquietado de tanta bonanza, cuanta se pudo desear», lo que permitió a la flota cristiana organizarse, y que el buque insignia otomano disparó una pieza pidiendo batalla, a lo que él respondió aceptando. A la vista de la cantidad de velas, algunos propusieron reunir consejo de guerra, a lo que respondió: «Señores, ya no es hora de deliberaciones, sino de combatir».
Preparativos del Imperio otomano[editar]
Cuando avistaron a la flota cristiana, Alí Bajá ordenó una leva por todo el Peloponeso y llamó a sus almirantes para concentrar fuerzas en Lepanto. El último en llegar fue Mahomet, bey de Negroponte, con 60 galeras y 3 000 soldados. En total reunieron 210 galeras, 87 galeotas y 120 000 combatientes, de los cuales 50 000 eran soldados, 15 000 tripulantes y 55 000 galeotes. La chusma estaba compuesta por prisioneros cristianos capturados en distintas batallas o asedios. Las piezas de artillería ascendían a 750, menos que las cristianas, aunque los arqueros llevaban flechas envenenadas y fueron de gran utilidad en los abordajes. Al igual que la flota cristiana, estaban divididos en cuatro cuerpos con formación en media luna:
- Cuerpo derecho, al mando de Mehmed Siroco, gobernador de Alejandría, con 54 galeras y dos galeotas.
- Centro, al mando de Alí Bajá, general en jefe, con 87 galeras y 32 galeotas.
- Cuerpo izquierdo, al mando del corsario Cara Hodja, con 61 galeras y 32 galeotas.
- Escuadra de reserva, al mando de Murat Dragut, con ocho galeras y 21 galeotas y fustas.
Siroco y Pertev Bajá recomendaron evitar la batalla y ponerse bajo la protección de los castillos de Lepanto, donde podrían resistir indefinidamente y esperar a que el clima otoñal hiciera fracasar la campaña cristiana. Sin embargo, Uluj Alí y Hasán Bajá, hijo de Barbarroja, encabezaron a los oficiales partidarios de luchar, convencidos de una victoria rápida y fácil. Contribuyó a ello el saber que la escuadra de Ávalos no se había reunido con la flota católica, lo que dejaba a los cristianos sin la artillería de sus grandes galeones. Otro factor, aunque equivocado, fue que los exploradores musulmanes no vieron a la flota enemiga al completo y subestimaron su tamaño. Al final, recordando las órdenes terminantes del sultán Selim II de combatir a los cristianos donde los encontraran, Alí Bajá ordenó pelear.
El combate[editar]
La flota de la Liga Santa, en formación de combate, emergió por la brecha entre las islas de Kouhtsilaris y Oxía, con el ala derecha, que daba al mar abierto, al mando de Giovanni Andrea Doria, y el ala izquierda, más próxima a la costa, al mando de Barbarigo. La división de reserva, dirigida por el marqués de Santa Cruz, aún no había alcanzado las islas y probablemente rebasó Oxía por el oeste. Al llegar, el marqués felicitó a Juan de Austria por haber encontrado al enemigo, aunque Doria creía que habían sido los otomanos quienes los localizaron primero.
Antes del choque se administraron los sacramentos a todos los miembros de la flota y se izó el estandarte de la Liga Santa. Juan de Austria recorrió las naves arengando a los hombres. Luego regresó al buque insignia y salió al castillo de proa, donde, para motivar a la Liga, bailó una gallarda española al son de las flautas con otros dos caballeros.
Cuando las fuerzas avanzaban, el viento cambió y comenzó a soplar desde el oeste, lo que benefició a la flota católica. Los sacerdotes de las galeras cristianas —jesuitas en las de los Habsburgo y franciscanos en las venecianas— lo interpretaron como una intervención divina.
En un primer momento, el contingente dirigido por Mehmed Siroco y Caur Alí rodeó por el flanco izquierdo a la flota cristiana. Barbarigo los interceptó y combatió con las primeras galeras disponibles, apoyado luego por el grupo napolitano-veneciano de Canal y por diez galeras de Padilla. El grupo de galeras de Creta, Dalmacia y Cefalonia logró derrotar a las galeras de Estambul que tenía al frente. El grupo del papa y de la República de Génova se introdujo en la brecha abierta por la galeaza de Ambrosio Bragadino y consiguió rodear a los otomanos y atacar por la espalda a las galeras de Rodas. En ese grupo estaba la galera Marquesa, a bordo de la cual combatía Miguel de Cervantes.
La galeaza de Antonio Bragadino desordenó las galeras de Siria y Anatolia, lo que permitió a las venecianas y de las islas, al mando de Giovanni Contarini, derrotarlas. Las galeras de Nápoles y Venecia comandadas por Marco Quirini, junto con las naves del papado y Génova al mando de Orsino, derrotaron al frente de Rodas. Las galeazas de Andrea di Pesaro y Francesco Duodo rompieron después la línea otomana, y las unidades más potentes se concentraron en torno a las naves capitanas: La Real, de Juan de Austria, y La Sultana, de Alí Bajá.
En cuanto las atestadas galeras de fanal se agolparon en el centro, no hubo espacio para maniobras tácticas elaboradas. La Sultana se estrelló contra el costado de babor de La Real. Los jenízaros asaltaron la proa, pero fueron barridos por la artillería cristiana. Durante aproximadamente una hora se sucedieron los ataques y contraataques sobre la cubierta de la galera otomana, mientras las galeras de apoyo suministraban refuerzos a las dos grandes naves mediante escaleras situadas en las popas.
El ala derecha cristiana, defendida por galeras maltesas, se enfrentó al ala izquierda otomana. Los otomanos derrotaron allí a las aisladas galeras de fanal de Saboya (Moreto) y Niccolò Doria (Polidoro). El grupo de Cardona, aunque llegó tarde, consiguió cargar en la brecha entre la línea de batalla de la Liga Santa y el ala derecha. El escuadrón izquierdo de Venecia fue atacado duramente por galeras de Anatolia y galeotas argelinas. El escuadrón exterior veneciano del lado derecho fue casi aniquilado por las galeras de Estambul y Negroponte y por las galeotas argelinas dirigidas por Uluj Alí y su hijo Kara Bey.
La confusión del combate quedó descrita por Luis Cabrera de Córdoba, quien relató los gritos, los tiros, el fuego, el humo y los lamentos, así como la crueldad de la victoria, en la que muchos turcos que nadaban hacia las galeras para salvar la vida fueron rematados o mutilados por los cristianos.
5. Resultados y bajas[editar]
En la isla de Petala los cristianos efectuaron el recuento de bajas. Se contabilizó la pérdida de 12 galeras cristianas, cifra que después ascendió a 40 por los graves daños sufridos, así como 7 600 muertos, de los cuales 2 000 eran españoles, 880 de la escuadra del papa y 4 800 venecianos. Hubo 14 000 heridos. Se apresaron 170 galeras y 20 galeotas de más de 12 bancos a los turcos, de las que solo 130 quedaron útiles; las otras 60 fueron quemadas. Se hicieron 5 000 prisioneros y se liberó a 12 000 cautivos cristianos. Las estimaciones de muertos otomanos oscilan entre 25 000 y 30 000, aunque otras fuentes elevan la cifra a 40 000.[3]
Pese a que los turcos tenían más hombres y naves que los cristianos, las galeotas no podían oponerse eficazmente a las galeras. Además, en las galeras turcas, salvo en 40 o 50 galeras reales, había menos hombres de guerra que en las cristianas, gracias a la previsión de Juan de Austria de embarcar tropas españolas en las galeras venecianas. Los cristianos usaban arcabuces, mientras que los turcos preferían las flechas: consideraban que, en el tiempo de cargar un arcabuz, un arquero podía disparar seis flechas. Sin embargo, ni los daños, ni el alcance, ni la puntería de las flechas eran comparables a los del arcabuz. En Mesina, don Juan había ordenado rebajar los espolones de las galeras y serrar las esculturas de adorno de proa, con lo que los cañones ganaron campo de tiro. La potencia artillera de las galeazas no tuvo casi influencia directa en el combate, pero sirvió para desbaratar la formación otomana al adelantarse su cuerno derecho.
La victoria fue atribuida a la Virgen del Rosario por haberse librado el primer domingo de octubre, fecha en la que las cofradías del Rosario, fundadas por la Orden de Predicadores a la que pertenecía el papa Pío V, celebraban su devoción. El papa, que organizó un rosario público en la basílica de Santa María la Mayor el día de la batalla, estableció la fiesta de la Virgen de las Victorias el primer domingo de octubre. Poco después, en 1573, Gregorio XIII la denominó fiesta de la Virgen del Rosario y la trasladó al 7 de octubre.
6. Consecuencias[editar]
Operaciones posteriores y fin de la Liga[editar]
La batalla fue una derrota significativa para los otomanos, que no habían perdido una gran batalla naval desde el siglo XV. El imperio reconstruyó su flota al año siguiente, poniendo 200 galeras al mando de su almirante superviviente, Uluj Alí, pero ya no mostró la misma iniciativa naval. Cuando Uluj Alí se enfrentó nuevamente a una flota de la Liga Santa, poco más de 160 velas comandadas por Marco Antonio Colonna ante la costa de Cerigo, rehuyó el combate pese a su superioridad numérica, sin encontrar una brecha en la formación cristiana ni desear exponerse a la artillería de galeones y galeazas. Lo mismo sucedió en el cabo Matapán, desde donde se retiró a Modón. La llegada de una escuadra española de 55 naves abrió la posibilidad de un golpe decisivo, pero las fricciones entre los líderes cristianos y las reticencias de don Juan desperdiciaron la oportunidad.
Pío V murió el 1 de mayo de 1572. Los intereses divergentes de los miembros de la Liga se hicieron evidentes y la alianza acabó por romperse. En 1573 la Liga Santa fracasó en su intento de tomar Navarino. En su lugar, don Juan atacó y tomó Túnez, que fue reconquistada por los otomanos en 1574. Venecia, temerosa de perder sus posesiones en Dalmacia y deseosa de retomar el comercio con los otomanos, inició unilateralmente negociaciones con la Sublime Puerta.
La Liga Santa se dio por deshecha con el tratado de paz del 7 de marzo de 1573, que puso fin a la guerra veneciano-otomana. Venecia se vio obligada a aceptar términos propios de un perdedor pese a la victoria en Lepanto: Chipre fue cedida formalmente al Imperio otomano y Venecia acordó pagar una indemnización de 300 000 ducados.
Significado religioso y político[editar]
Más que una victoria militar, Lepanto fue una victoria moral. Durante décadas, los otomanos habían aterrorizado a Europa, y las conquistas de Solimán el Magnífico habían generado honda preocupación en la cristiandad. La derrota otomana en Lepanto puso de manifiesto el deterioro del poder otomano bajo Selim II y alentó a la Europa cristiana. La mística del poder turco quedó significativamente dañada.
El papa Pío V instituyó la fiesta de Nuestra Señora de la Victoria, y Felipe II utilizó el triunfo para reforzar su papel de "Rey Católico" y defensor de la cristiandad frente a la expansión musulmana. La victoria también tuvo una enorme importancia simbólica en una Europa desgarrada por las guerras de religión tras la Reforma protestante. Historiadores como Paul K. Davis subrayan que, más que una victoria militar, Lepanto fue una victoria moral que devolvió la confianza a la Europa cristiana y empañó la mística del poder otomano.
7. Legado en el mundo hispanohablante[editar]
Miguel de Cervantes[editar]
En la batalla participó Miguel de Cervantes, que resultó herido y perdió la movilidad de la mano izquierda, lo que le valió el sobrenombre de "manco de Lepanto". El escritor, muy orgulloso de haber combatido allí, calificó la batalla como «la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros».[4] También llevó la historia al Quijote a través de la narración del cautivo, en el capítulo XXXIX, como una típica obra de literatura de frontera. Cervantes se convirtió así en el vínculo más perdurable entre la batalla y la memoria literaria del mundo hispanohablante.
La pintura de Juan Luna[editar]
El pintor filipino Juan Luna, una de las primeras figuras de Filipinas en alcanzar reconocimiento internacional en las artes, realizó en 1887 el gran lienzo titulado La batalla de Lepanto. La obra, de 350 × 550 cm, muestra a Juan de Austria en la proa de un barco durante el combate. Fue encargada por el Senado español por influencia del rey Alfonso XII, con la intención de colgarla junto a La rendición de Granada, de Francisco Pradilla Ortiz. El lienzo fue develado en noviembre de 1887 en el Salón del Senado de Madrid por la regente María Cristina de Austria. En 1888 obtuvo medalla de oro en la Exposición de Bellas Artes de Barcelona. La obra permanece expuesta en el Salón del Senado de Madrid y constituye una de las representaciones pictóricas más conocidas de la batalla en el ámbito hispánico. En 1887, durante la celebración del triunfo de los artistas filipinos en Madrid, José Rizal elogió a Luna y a Félix Resurrección Hidalgo por su maestría y su nacionalismo, en un discurso que reforzó la conexión entre la batalla de Lepanto y la identidad hispánica de Filipinas.
Memoria y conmemoraciones[editar]
La data del 7 de octubre quedó ligada en el calendario católico a la Virgen del Rosario, celebración arraigada en numerosos países hispanohablantes. Aunque no se trata de una conmemoración bélica masiva, la batalla sigue siendo un episodio de referencia en la cultura católica y en la memoria de la expansión mediterránea del Imperio español. La victoria de Lepanto también es recordada en la literatura, la pintura y la historiografía del mundo hispanohablante como uno de los momentos culminantes de la Monarquía Hispánica en el Mediterráneo.
La importancia de la batalla como hito militar, religioso y cultural se ha mantenido a lo largo de los siglos, y su eco en la lengua española se conserva en expresiones como "manco de Lepanto" para referirse a Cervantes, así como en las numerosas obras históricas y literarias que han tratado del enfrentamiento desde el siglo XVI hasta la actualidad.
Hanson, Victor Davis. Carnage and Culture: Landmark Battles in the Rise of Western Power. 2010. La cita se refiere al último gran enfrentamiento entre naves de remo. ↩︎
Bicheno, Hugh. Crescent and Cross: The Battle of Lepanto 1571. 2003. Las referencias internas de la obra corresponden a la edición utilizada por la Wikipedia en español. ↩︎
La cifra de 40 000 muertos otomanos aparece en Nolan (2006) y en publicaciones católicas contemporáneas; historiadores modernos suelen dar un rango inferior, entre 25 000 y 30 000. ↩︎
Palabras atribuidas a Cervantes en el prólogo de sus Novelas ejemplares. ↩︎