Benito de Nursia
| Benito de Nursia | |
|---|---|
| San Benito Fundador de la Orden Benedictina Patrono de Europa | |
| Nacimiento | ca. 480 Nursia, Reino de Odoacro |
| Fallecimiento | 21 de marzo de 547 (66-67 años) Montecasino, Reino Ostrogodo de Italia |
| Religión | Catolicismo |
| Familia | Escolástica de Nursia (hermana) |
| Cargo | Abad de Montecassino |
| Periodo como abad | 530 – 547 |
| Predecesor | Primero en el cargo |
| Sucesor | Constantino |
| Festividad | 21 de marzo (Vetus ordo) 11 de julio (Novus ordo) 14 de marzo (rito bizantino) |
| Venerado en | Iglesia católica, Iglesia ortodoxa, Iglesia luterana, Comunión Anglicana, Iglesias Católicas Antiguas |
| Canonización | 1220 por Honorio III |
| Santuario principal | Abadía de Montecassino Abadía de Fleury |
| Patronazgo | Europa; Orden de San Benito; agricultores, campesinos y arquitectos italianos; espeleólogos |
| Atributos | Libro de la Regla, copa rota, cuervo con pan, báculo |
1. Resumen[editar]
Benito de Nursia (en latín, Benedictus Nursiae; en italiano, Benedetto da Norcia), conocido habitualmente como San Benito, fue un monje cristiano nacido alrededor del año 480 en Nursia, en la región italiana de Umbría, y fallecido según la tradición el 21 de marzo de 547 en la Abadía de Montecassino. Está considerado el iniciador de la vida monástica en Occidente y el patriarca del monacato occidental.
Fundó la Orden de San Benito, aunque en sentido estricto la actual confederación benedictina surgió más tarde como una red de congregaciones autónomas más que como una orden centralizada.[1] Su principal legado escrito es la llamada Regla de San Benito, un conjunto de normas para la vida comunitaria de los monjes que acabó convirtiéndose en una de las reglas monásticas más influyentes de la cristiandad occidental.
En 1964, el papa Pablo VI lo declaró santo patrón de Europa,[2] título que más tarde compartió con otros santos europeos. Es venerado por la Iglesia católica, la Iglesia ortodoxa, la Iglesia luterana, la Comunión Anglicana y las Iglesias Católicas Antiguas.
2. Fuentes históricas[editar]
La principal y casi única fuente antigua sobre la vida de Benito es el segundo libro de los Diálogos del papa Gregorio I, conocido como Gregorio Magno. Se cree que esta obra fue escrita hacia el año 593, unas décadas después de la muerte de Benito.[3]
Gregorio no pretendía escribir una biografía en el sentido moderno. Su relato ofrece un retrato espiritual del abad: un hombre amable, disciplinado y dotado de carismas. En una carta al obispo Maximiliano de Siracusa, el propio Gregorio explicó que sus Diálogos eran una especie de floretum —literalmente, un «jardín de flores»— de los milagros más llamativos de los santos italianos.[4] El segundo libro está presentado como una conversación entre el papa y su diácono Pedro, y su propósito declarado es enseñar lecciones espirituales.
Para dar autoridad a su relato, Gregorio afirma que se basó en el testimonio directo de discípulos de Benito: Constancio, que le sucedió como abad de Montecassino; Honorato, abad de Subiaco en el momento en que Gregorio escribía; Valentiniano; y Simplicio.[5] Sin embargo, la autenticidad de la obra ha sido objeto de debate entre los especialistas.[3:1]
3. Primeros años y formación[editar]
Nacimiento y familia[editar]
Según una tradición aceptada por Beda, Benito era hijo de un noble de la ciudad romana de Nursia, la actual Norcia, en Umbría.[6] La tradición hagiográfica da a su padre el nombre de Eutropio y a su abuelo el de Justiniano Probo, descrito como cónsul y capitán general de los romanos en la región de Norcia, de la familia de los Anicia.[7] Su madre habría sido Abundancia Claudia, de la familia de los Reguardati de Norcia. Se le atribuye también una hermana melliza, Escolástica, posteriormente venerada como santa.
Si se acepta el año 480 como fecha de nacimiento, Benito habría abandonado el hogar familiar hacia el año 500. El relato de Gregorio sugiere que no era un niño, sino un joven con edad suficiente para comprender el ambiente disoluto de sus compañeros de estudio y para haberse sentido afectado por el amor de una mujer.[8]
Etapa en Roma[editar]
Benito fue enviado a Roma a estudiar, según la tradición a los doce años. Sin embargo, quedó decepcionado por la vida licenciosa que encontró en la ciudad. Según el relato de Gregorio, no parece haber salido de Roma con el propósito deliberado de convertirse en ermitaño, sino más bien para encontrar un lugar alejado de la vida de la gran urbe.
En su huida de la ciudad, se marchó con su nodriza y se instaló en Enfide, lugar que la tradición de Subiaco identifica con la actual localidad de Affile, en los montes Simbruinos, a unos sesenta kilómetros de Roma y a unos tres kilómetros de Subiaco.[9]
Fue en el valle del Aniene donde, según la narración gregoriana, Benito realizó su primer milagro: reparó el tamiz roto de su cuidadora.[10] Poco después se trasladó al valle de Subiaco, cerca de los restos de una villa neroniana, donde el río Aniene alimenta tres lagos.
4. Etapa eremítica en Subiaco[editar]
En Subiaco, Benito conoció a Romano de Subiaco, un monje de un monasterio cercano gobernado por un abad llamado Adeodato. Romano, vestido de monje, le indicó una cueva austera en el monte Taleo, en el actual Monasterio de Santo Speco. Allí Benito vivió como ermitaño durante aproximadamente tres años, hasta la Pascua del año 500.[11]
La cueva, de gran abertura triangular, tiene unos diez pies de profundidad. Gregorio cuenta poco de aquellos años. Se limita a señalar que Benito dejó de ser un joven (puer) para convertirse en un hombre (vir) de Dios. Romano le servía en todo lo que podía, lo visitaba con frecuencia y en ciertos días le llevaba comida.[12]
Abad de Vicovaro[editar]
Durante su etapa como ermitaño, Benito maduró en carácter y se ganó el respeto de los habitantes de la zona. Al morir el abad de un monasterio cercano —identificado por algunos con Vicovaro—, la comunidad acudió a él y le rogó que se convirtiera en su abad. Benito, que no conocía la vida y la disciplina de aquel cenobio, se resistió sabiendo que «sus modales eran diferentes a los suyos y, por tanto, que nunca estarían de acuerdo». Sin embargo, vencido por las súplicas, consintió.[13]
El experimento fracasó. Hacia los años 525-529, algunos monjes intentaron envenenarlo. Según la leyenda, primero le ofrecieron una copa de vino envenenado. Benito hizo la señal de la cruz sobre la copa y esta se hizo añicos. Entonces aconsejó a los monjes que buscaran un abad de su misma condición, abandonó el grupo y regresó a su cueva de Subiaco.
Poco después, un sacerdote de la zona llamado Florencio, movido por la envidia, intentó envenenar su pan. Cuando Benito rezó sobre el pan envenenado, un cuervo entró y se lo llevó lejos.[14] Al fracasar este plan, Florencio intentó seducir a los monjes enviando prostitutas al monasterio. Tras estos sucesos, antes del año 530 Benito decidió abandonar el lugar para evitar más tentaciones.
5. Fundación de Montecassino y últimos años[editar]
Tras abandonar el valle de Subiaco, Benito se dirigió hacia una colina situada entre Roma y Nápoles. Allí, en el año 529 o 530, fundó el monasterio de Montecassino, construido sobre los restos de antiguos templos paganos. En el nuevo monasterio levantó oratorios en honor de San Juan Bautista —a quien consideraba un modelo de práctica ascética— y de San Martín de Tours, introductor de la vida monástica en Galia.
En Subiaco, Benito había fundado doce monasterios en los alrededores, cada uno con doce monjes y su propio abad, con él mismo como guía espiritual de todos.[15] Aceptando cada vez a más discípulos, organizó la vida de los monjes en torno a la estabilidad, la conversión de costumbres y la obediencia al abad. La oración y el trabajo manual se convirtieron en los dos ejes de la vida comunitaria, resumidos posteriormente en el lema Ora et labora («Reza y trabaja»).
El encuentro con Totila[editar]
Según los Diálogos, durante la invasión de Italia el rey godo Totila ordenó a un general que se presentara ante Benito vistiendo sus ropas reales, para comprobar si el santo era capaz de reconocer la suplantación. Benito detectó inmediatamente el engaño. Totila fue entonces a verlo y le rindió el debido respeto.[16]
Muerte y sepultura[editar]
Benito compuso su Regla en el monasterio de Montecassino, sirviéndose de reglas anteriores, como las de Juan Casiano y San Basilio, y de escritos de San Pablo, San Cesáreo y la Regula Magistri, de autor desconocido. Murió de fiebre en Montecassino poco después que su hermana Escolástica. Fue enterrado en la misma tumba que ella. Según la tradición, el fallecimiento ocurrió el 21 de marzo de 547.[17]
6. La Regla de San Benito[editar]
La Regula monasteriorum, conocida como Regla de San Benito, consta de 73 capítulos y un prólogo.[18] Escrita probablemente hacia el final de su vida, es un texto legislativo breve pero de gran equilibrio, moderación y sentido práctico. Aunque muestra una clara afinidad con la anterior Regla del Maestro, su espíritu de moderación la distinguía de otras reglas monásticas más rigurosas.
La Regla organiza con detalle la vida de los monjes: el horario, la oración, el trabajo manual, la lectura, la comida, el silencio, la recepción de huéspedes y la elección del abad. Introduce el canto coral durante la celebración del Oficio Divino. Sus dos piedras angulares son la stabilitas loci (la obligación de residir de por vida en el mismo monasterio, evitando el monacato errante) y la conversatio morum (la conversión de costumbres mediante la buena conducta moral, la piedad mutua y la obediencia al abad).
Difusión e influencia[editar]
La Regla de San Benito fue retomada en el siglo IX por Benito de Aniano, quien la estudió, la codificó y promovió su expansión por la Europa carolingia, aunque adaptándola para restar peso al trabajo manual frente a la liturgia. Durante la Edad Media, la regla adquirió una importancia central en la vida religiosa europea gracias a la Orden de Cluny y a la centralización de numerosos monasterios bajo esta regla. En el siglo XI, la reforma cisterciense buscó recuperar un régimen benedictino más ajustado al texto original. Otras reformas posteriores, como la camaldulense, la olivetana y la silvestrina, han intentado también revivir distintos aspectos de la Regla.
Aunque los monasterios benedictinos han sufrido en algunos periodos indisciplina, persecuciones o agitaciones políticas, la regla ha permanecido viva. Actualmente, siguen la Regla de San Benito alrededor de 700 monasterios masculinos y unos 900 monasterios y casas religiosas femeninas en los cinco continentes. Esta cifra incluye comunidades de confesión protestante, tanto anglicana como luterana.[19]
7. Veneración y patronazgo[editar]
Canonización y festividad[editar]
Benito fue canonizado en 1220[sin verificar] por el papa Honorio III.[20] Su festividad se celebra en distintas fechas según el calendario litúrgico:
- 21 de marzo: en el calendario de la Misa tridentina (Vetus ordo).
- 11 de julio: en el calendario romano general reformado (Novus ordo).
- 14 de marzo: en el rito bizantino.
La Iglesia ortodoxa oriental lo conmemora el 14 de marzo.[21] La Comunión Anglicana no tiene un calendario universal único, pero en casi todas sus provincias se conmemora a San Benito el 11 de julio. La Iglesia de Inglaterra lo recuerda con una fiesta menor en esa misma fecha. Su nombre figura también en el Calendario de Santos Luterano.
Patrono de Europa[editar]
En 1964, el papa Pablo VI declaró a Benito santo patrón de Europa. El título se le otorgó en el contexto de la reconstrucción de la abadía de Montecassino tras la Segunda Guerra Mundial. Posteriormente, el 31 de diciembre de 1980, el papa Juan Pablo II lo declaró copatrono de Europa junto con los santos Cirilo y Metodio.[22] Años después se añadieron otros copatronos: santa Catalina de Siena, santa Brígida de Suecia y santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein).
Benito es también patrono de los agricultores, los campesinos y los arquitectos italianos, así como de los espeleólogos.[23]
Reliquias[editar]
Las reliquias de Benito se conservan en la cripta de la abadía de Fleury (en francés, Abbaye de Saint-Benoît-sur-Loire), cerca de Orleans y de Germigny-des-Prés, en el centro de Francia.[24] También se conserva un hueso del cráneo en la localidad de Monreal del Llano, en la provincia de Cuenca, España.
8. Iconografía y atributos[editar]
A Benito se le representa habitualmente como un monje anciano vestido con hábito benedictino negro, con varios atributos característicos:
- El libro de la Regla, en referencia a su obra legislativa.
- La copa rota, que recuerda el milagro de la copa envenenada que se hizo añicos al hacer la señal de la cruz.
- El cuervo con un trozo de pan en el pico, en memoria del pan envenenado que un sacerdote envidioso le envió y que, por orden de Benito, el cuervo se llevó lejos.
- El báculo pastoral, como abad.
En el arte, la figura de San Benito suele ir acompañada de la inscripción latina Crux sacra sit mihi lux («La santa cruz sea mi luz») y de las iniciales asociadas a la Medalla de San Benito.
9. La Medalla de San Benito[editar]
La llamada Medalla de San Benito es un sacramental devocional que tiene su origen en una antigua cruz en honor del santo. En una cara muestra a San Benito, con la Regla en su mano izquierda y una cruz en la derecha, flanqueado por un cuervo y una copa. Alrededor del borde se lee Eius in obitu nostro praesentia muniamur («Que su presencia nos fortalezca en la hora de nuestra muerte»).
En el reverso aparece una cruz con varias iniciales latinas:
- CSSML: Crux Sacra Sit Mihi Lux («La santa cruz sea mi luz»), en la barra vertical.
- NDSMD: Non Draco Sit Mihi Dux («El dragón no sea mi jefe»), en la barra horizontal.
- CSPB: Crux Sancti Patris Benedicti («Cruz del Santo Padre Benito»), en los ángulos interiores.
- VRSNSMV: Vade Retro Satana, Numquam Suade Mihi Vana («Apártate, Satanás; no me sugieras cosas vanas»), alrededor del borde.
- SMQLIVB: Sunt Mala Quae Libas, Ipse Venena Bibas («Malas son las cosas que ofreces; bebe tú mismo tu veneno»).
La medalla se acuñó por primera vez en 1880 para conmemorar el decimocuarto centenario del nacimiento de Benito, y también se la conoce como Medalla del Jubileo. Sin embargo, su origen exacto es desconocido. En 1647, durante un juicio por brujería en Natternberg, cerca de la abadía de Metten en Baviera, las acusadas declararon que no tenían poder sobre Metten por estar bajo la protección de la cruz. Una investigación descubrió cruces pintadas en las paredes de la abadía con las letras que hoy figuran en las medallas. Posteriormente se encontró un manuscrito de 1415 con una imagen de Benito sosteniendo un pergamino y un bastón con las palabras completas correspondientes a las iniciales. A partir de entonces comenzaron a acuñarse medallas en Alemania, que se extendieron por toda Europa.
La medalla fue aprobada por primera vez por el papa Benedicto XIV en sus breves del 23 de diciembre de 1741 y del 12 de marzo de 1742.[25]
10. Influencia histórica y legado[editar]
La Alta Edad Media ha sido denominada «los siglos benedictinos».[26] En abril de 2008, el papa Benedicto XVI afirmó que «con su vida y su obra, San Benito ejerció una influencia fundamental en el desarrollo de la civilización y la cultura europeas» y que ayudó a Europa a salir de la «noche oscura de la historia» que siguió a la caída del Imperio romano.
Benito contribuyó de forma decisiva al auge del monacato en Occidente. Su Regla fue el documento fundacional de miles de comunidades religiosas durante la Edad Media. A más de 1.400 años de su redacción, sigue siendo la regla más común e influyente utilizada por los monasterios.
Además de su impacto religioso, la red de monasterios benedictinos desempeñó un papel esencial en la conservación de la cultura escrita, la agricultura, la arquitectura y la educación en Europa. El lema Ora et labora sintetiza una espiritualidad que valora tanto la oración como el trabajo manual, y que ha sido considerada una de las raíces de la actitud europea hacia el trabajo y la vida comunitaria.
11. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
España[editar]
España cuenta con una notable devoción a San Benito, especialmente en las islas Canarias y en Andalucía.
En la isla de Tenerife, San Benito es el patrono histórico de los campesinos y agricultores. En la ciudad de San Cristóbal de La Laguna se celebra cada año, el segundo domingo de julio, la Romería Regional de San Benito Abad.[27] Declarada de Interés Turístico Nacional, es considerada la romería más representativa de Canarias y una de las más importantes de España. Participan grupos venidos de todo el archipiélago canario.
En la localidad onubense de El Cerro de Andévalo, en Andalucía, San Benito es patrón y protector. El primer fin de semana de mayo se celebra una romería en su honor, con un recorrido de 24 kilómetros. La peregrinación, que en 2021 cumplió 427 años, se dirige a una aldea de casetas en torno a la ermita de San Benito Abad, edificada sobre los restos de una antigua ermita de monjes benedictinos.
En Monreal del Llano (Cuenca), se conserva un hueso del cráneo de San Benito.
América Latina[editar]
En Argentina, la Abadía de San Benito de Luján, en la provincia de Buenos Aires, es uno de los centros benedictinos más importantes del Cono Sur. Su sitio web difunde desde hace décadas la vida y la Regla de San Benito en español.[28] En varios países de América Latina existen monasterios benedictinos masculinos y femeninos que siguen la Regla de San Benito. La influencia benedictina se hizo sentir también en la agricultura, la educación y la liturgia en distintas regiones del continente.
12. Véase también[editar]
- Iglesia católica
- Orden de San Benito
- Regla de San Benito
- Monacato cristiano
- Medalla de San Benito
- Gregorio Magno
- Escolástica de Nursia
La Orden de San Benito no es una "orden" en el sentido habitual del término, sino una confederación de congregaciones autónomas que siguen la Regla de San Benito. Hoy existen decenas de miles de monjes y monjas en más de dos mil monasterios benedictinos católicos, anglicanos y ecuménicos en los seis continentes. ↩︎
La declaración de Pablo VI se produjo el 24 de octubre de 1964, durante la consagración de la basílica de Montecassino reconstruida tras la Segunda Guerra Mundial. ↩︎
Aunque la tradición atribuye los Diálogos a Gregorio Magno, algunos investigadores modernos han cuestionado su autoría directa. La cuestión sigue abierta en la historiografía. ↩︎ ↩︎
Véase Ildefonso Schuster, San Benito y su época, trad. Gregory A. Roettger, Londres: B. Herder, 1951, p. 2. ↩︎
En la época de Gregorio, la historia no era un campo de estudio independiente, sino una rama de la gramática y la retórica. Por ello, el libro segundo de los Diálogos debe leerse como una hagiografía medieval con intención edificante, no como una crónica cronológica estricta. ↩︎
Norcia se encuentra en la provincia de Perugia, en el sureste de Umbría, cerca de los montes Sibilinos. ↩︎
Los nombres de los padres y del abuelo de Benito proceden de tradiciones hagiográficas posteriores y no están confirmados por fuentes contemporáneas. Se recogen aquí como parte del relato tradicional. ↩︎
Gregorio Magno no indica la edad exacta de Benito al dejar Roma, pero el conjunto del relato implica que estaba «al comienzo de la vida» y con medios para una carrera como noble romano. ↩︎
La identificación de Enfide con Affile se apoya en la tradición local de Subiaco. La zona es un valle estrecho que penetra en las montañas y conduce directamente a Subiaco. ↩︎
Véase Santiago de la Vorágine, Leyenda dorada, capítulo XLIX, «San Benito», Madrid: Alianza Editorial, 1999, vol. 1, p. 200. ↩︎
La cronología de los tres años de retiro no es segura. Los estudiosos la reconstruyen combinando la mención de la Pascua con la fecha de nacimiento aceptada de ca. 480. ↩︎
El detalle de Romano bajando la comida con una canasta sujeta a una cuerda forma parte del relato tradicional y está representado en numerosas obras de arte. ↩︎
El episodio de Vicovaro se narra en el libro II de los Diálogos. La identificación concreta del monasterio no es unánime entre los historiadores. ↩︎
Este episodio es el origen del cuervo como uno de los atributos iconográficos de San Benito. El ave suele representarse con un trozo de pan en el pico. ↩︎
La cifra de doce monasterios corresponde a la narración de Gregorio Magno. Los restos arqueológicos del siglo VI, el llamado «protomonacato de Subiaco», se conservan en el monasterio de Santa Escolástica. ↩︎
El episodio se sitúa durante la guerra gótica. Totila reinó entre 541 y 552, lo que encaja con la presencia de Benito en Montecassino en sus últimos años. ↩︎
La fecha del 21 de marzo de 547 está atestiguada en el Martirologio Romano y en la tradición benedictina, pero no puede verificarse con documentos contemporáneos. ↩︎
El número de capítulos puede variar ligeramente según el manuscrito y la edición. La estructura actualmente aceptada incluye 73 capítulos y un prólogo. ↩︎
Sobre su difusión editorial, el padre García M. Colombàs registra que entre 1930 y 1968-69 se publicaron 60 ediciones en latín, 32 en alemán, 31 en inglés, 30 en francés, 21 en italiano, 9 en holandés, 4 en español, 2 en checo, croata, húngaro, portugués y japonés, y 1 en catalán, irlandés, árabe y coreano. ↩︎
La canonización medieval no seguía el procedimiento actual. La fecha de 1220 se refiere a una confirmación o inscripción formal de su culto por Honorio III. ↩︎
La Iglesia ortodoxa venera a Benito como un santo monástico occidental, conmemorándolo según su calendario litúrgico. ↩︎
Véase la carta apostólica Egregiae Virtutis, del papa Juan Pablo II, 31 de diciembre de 1980, por la que se declara a Cirilo y Metodio copatronos de Europa junto a Benito. ↩︎
El patronazgo de los espeleólogos se debe a su etapa como eremita en una cueva de Subiaco. ↩︎
El traslado de las reliquias desde Montecassino a Fleury se produjo, según la tradición, en el siglo VII, cuando monjes de Fleury viajaron a Italia para llevarse los restos de Benito y de su hermana Escolástica. ↩︎
Véase La vida de San Benito, por San Gregorio Magno, Rockford, IL: TAN Books, pp. 60-62. ↩︎
La expresión «siglos benedictinos» se utiliza en la historiografía para referirse al periodo de predominio cultural y espiritual de los monasterios benedictinos, aproximadamente entre los siglos VI y XII. ↩︎
La Romería Regional de San Benito Abad es la única romería de Canarias que ostenta el título de «Regional», es decir, de toda la región canaria. ↩︎
La Abadía de San Benito de Luján ha publicado en línea la Vida de San Benito Abad y la Regla de San Benito en español, utilizadas como referencia por comunidades hispanohablantes. ↩︎