Carlos III de España
| Carlos III de España | |
|---|---|
| Carlos III retratado hacia 1765 por Anton Raphael Mengs (1728-1779). Museo del Prado. | |
| Nombre completo | Carlos Sebastián de Borbón y Farnesio |
| Nacimiento | 20 de enero de 1716, Madrid, España |
| Fallecimiento | 14 de diciembre de 1788, Madrid, España |
| Sepultura | Cripta Real del Monasterio de El Escorial |
| Casa real | Casa de Borbón |
| Padre | Felipe V de España |
| Madre | Isabel Farnesio |
| Consorte | María Amalia de Sajonia (matr. 1738; fallecida 1760) |
| Religión | Católica |
| Rey de España | |
| Reinado | 10 de agosto de 1759 – 14 de diciembre de 1788 |
| Predecesor | Fernando VI |
| Sucesor | Carlos IV |
| Duque de Parma y Plasencia (como Carlos I) | |
| Mandato | 26 de febrero de 1731 – 11 de diciembre de 1736 |
| Rey de Nápoles (como Carlos VII) | |
| Reinado | 10 de mayo de 1734 – 6 de octubre de 1759 |
| Rey de Sicilia (como Carlos V o Carlos III) | |
| Reinado | 2 de septiembre de 1734 – 6 de octubre de 1759 |
| Sucesor | Fernando I de las Dos Sicilias |
1. Resumen[editar]
Carlos III de España, llamado «el Político»[1] y también conocido como «el Mejor Alcalde de Madrid», fue rey de España desde el 10 de agosto de 1759 hasta su muerte el 14 de diciembre de 1788. Antes de ceñir la corona española había gobernado los territorios italianos de la dinastía: fue duque de Parma y Plasencia —como Carlos I— entre 1731 y 1735 o 1736, y rey de Nápoles —como Carlos VII— y de Sicilia —como Carlos V o, según la tradición siciliana, Carlos III— entre 1734 y 1759.
Nacido en Madrid el 20 de enero de 1716, era el cuarto hijo varón de Felipe V y el primero que este tuvo con su segunda esposa, Isabel Farnesio. Por delante de él en la línea sucesoria se encontraban tres hermanastros mayores: Luis I, el infante Felipe Pedro y Fernando VI. La muerte sin descendencia de Fernando VI en 1759 convirtió a Carlos en el heredero natural del trono español.
Su reinado en España se considera la expresión más acabada del despotismo ilustrado o reformismo borbónico. Con un equipo de ministros entre los que destacaron el marqués de Esquilache, el conde de Aranda, Pedro Rodríguez de Campomanes, el conde de Floridablanca, Ricardo Wall y Jerónimo Grimaldi, impulsó reformas económicas, militares, científicas, educativas y religiosas. Entre sus decisiones de mayor proyección figuran la expulsión de los jesuitas de la Monarquía Hispánica (1767), la creación del Virreinato del Río de la Plata (1776-1777) y la liberalización del comercio con América (1778). También se le debe la adopción de la bandera rojigualda y la consolidación de la Marcha Real como himno oficial.
El hispanista Stanley G. Payne lo consideró "probablemente el gobernante europeo más exitoso de su generación",[2] mientras que John Lynch escribió que "los españoles debieron esperar medio siglo antes de ser rescatados por Carlos III".[3] Muerto en 1788, su proyecto reformista se cerró en lo esencial con la Revolución francesa; su hijo y sucesor, Carlos IV, gobernó en un contexto mucho más conservador.
2. Primeros años y formación[editar]
Carlos nació el 20 de enero de 1716, cerca de las cuatro de la madrugada, en el Real Alcázar de Madrid.[4] Fue bautizado solemnemente el 25 de agosto de 1716, festividad de San Luis, en la iglesia del Monasterio de San Jerónimo el Real de Madrid, junto con sus hermanos mayores Felipe y Fernando. Fueron sus padrinos Mariana de Neoburgo, reina viuda de España, y su tío abuelo Francisco Farnesio, duque de Parma. La primera encargada de su cuidado fue María Antonia de Salcedo; después, un grupo de hombres bajo la autoridad de Francisco María Spínola y Spínola, duque de San Pedro.
Su posición en la sucesión era inicialmente secundaria. El 15 de enero de 1724, su hermanastro mayor, Luis I, heredó el trono por la abdicación de Felipe V; murió en agosto de ese año y el padre retomó la corona. La muerte del infante Felipe Pedro en 1719 había dejado a Carlos en tercer lugar de la línea sucesoria, tras Luis y Fernando.
La política exterior de sus padres giró en buena medida en torno al destino italiano de Carlos. Isabel Farnesio, de origen parmesano, trabajó para asegurarle un trono en Italia, ya que no se esperaba que llegara a ser rey de España. En 1729 la familia se trasladó a Sevilla. Desde allí, Felipe V firmó con Inglaterra y Francia el Tratado de Sevilla (1729), una de cuyas consecuencias fue asegurar la sucesión del joven infante en el ducado de Parma y Plasencia. El emperador Carlos VI, sin embargo, invadió los territorios ducales a la muerte del duque Antonio Farnesio, y España reaccionó con amenazas y negociaciones.
3. Gobernante en Italia (1731-1759)[editar]
Duque de Parma y Plasencia[editar]
El 26 de febrero de 1731 murió Antonio Farnesio, duque de Parma y Plasencia, sin dejar heredero directo. La solución reconocida por el Segundo Tratado de Viena fue nombrar a Carlos, de quince años, como duque, con el nombre de Carlos I. Su abuela materna, Dorotea Sofía de Neoburgo, quedó como regente.
Tras una ceremonia en Sevilla en la que su padre le entregó una espada de oro recibida de Luis XIV, Carlos partió de España el 20 de octubre de 1731[sin verificar]. Viajó por tierra hasta Antibes, navegó hasta Livorno, donde arribó el 27 de diciembre de 1731, y durante el camino hacia Florencia enfermó de viruela. Hizo su entrada solemne en la capital toscana el 9 de marzo de 1732 con un séquito de unas 250 personas y se alojó en el palacio Pitti. En junio, durante las fiestas de San Juan Bautista, el gran duque Gian Gastone de Médici lo nombró su heredero y le otorgó el título de príncipe hereditario de Toscana. En octubre de 1732 pasó a Parma. En la fachada del palacio ducal se escribió la inscripción "Parma Resurget" (Parma resurgirá).
La conquista de Nápoles y Sicilia[editar]
En 1733, la muerte del rey Augusto II de Polonia desató la Guerra de Sucesión polaca. España firmó el primer Pacto de Familia con Francia y entró en el conflicto contra el Sacro Imperio Romano Germánico. La intención de Felipe V e Isabel Farnesio era recuperar los reinos de Nápoles y Sicilia, perdidos por la Monarquía Hispánica en la Paz de Utrecht (1713-1715), y convertirlos en un reino para Carlos. El joven infante fue nombrado comandante superior de las tropas españolas en Italia, si bien compartió la dirección militar con el duque de Montemar.
El 20 de enero de 1734, al cumplir dieciocho años, Carlos fue declarado mayor de edad. Las tropas españolas, tras pasar por los Estados Pontificios, tomaron las islas de Procida e Ischia en marzo y derrotaron a las fuerzas austriacas en el mar. El 10 de mayo de 1734, Carlos hizo su entrada triunfal en Nápoles por la puerta de Capuana. Los cronistas de la época describen la conquista como relativamente poco cruenta y acompañada de un clima de cortesía entre los ejércitos. Quedaron, sin embargo, varios castillos en manos austríacas: el Castel dell'Ovo cayó el 4 de mayo y el Castel Nuovo el 6 de mayo. En el sur, la batalla de Bitonto, ganada por el conde de Montemar el 25 de mayo de 1734, fue decisiva para asegurar el reino. La plaza de Gaeta cayó en agosto y Capua resistió hasta el 24 de noviembre de 1734.
En el caso de Sicilia, las tropas españolas entraron en Palermo el 2 de septiembre de 1734. La isla quedó incorporada al nuevo dominio borbónico a comienzos de 1735. Aunque en los títulos españoles la fecha de inicio del reinado napolitano suele fijarse en la proclamación de mayo de 1734, en la tradición europea la coronación formal tuvo lugar el 3 de julio de 1735 en la catedral de Palermo, donde Carlos fue ungido como rey de las Dos Sicilias.[5]
La guerra terminó con la cesión formal de Parma y Toscana al Sacro Imperio a cambio del reconocimiento de Carlos como rey de Nápoles y Sicilia. El intercambio quedó confirmado en el Tratado de Viena de 1738. Antes de abandonar Parma, el nuevo rey ordenó trasladar a Nápoles la valiosa colección artística de los Farnesio.
Gobierno en Nápoles y Sicilia[editar]
Carlos tomó con seriedad su papel de soberano napolitano. A diferencia de virreyes anteriores, residió en el reino y trató de construir una monarquía autónoma. Su principal colaborador fue el jurista toscano Bernardo Tanucci, primero ministro de Justicia y después de Asuntos Exteriores, que quedó como miembro del Consejo de Regencia cuando Carlos partió a España.
En los primeros años el nuevo gobierno sostuvo un conflicto con la Santa Sede. El papa Clemente XII no reconocía a Carlos como soberano legítimo de Nápoles y prefirió recibir el tradicional tributo feudal —la hacanea blanca— de manos del emperador Carlos VI. La tensión escaló en 1735 cuando se descubrió que en el palacio Farnesio de Roma, propiedad personal del rey, se reclutaba por la fuerza a romanos para el ejército napolitano. Una multitud del Trastévere asaltó el palacio; los disturbios se extendieron y las tropas borbónicas ocuparon parcialmente los Estados Pontificios. La reconciliación definitiva se alcanzó en mayo de 1738.[6]
El 9 de mayo de 1738 se celebró en el palacio de Dresde la boda por poderes con María Amalia de Sajonia, hija de Federico Augusto II, duque de Sajonia y rey de Polonia. El matrimonio se repitió en Nápoles el 9 de junio de ese mismo año. La reina tenía entonces catorce años y fue una consorte valorada por su cultura. Al poco tiempo, el 3 de julio de 1738, Carlos fundó la Insigne y Real Orden de San Jenaro, de la que fue primer gran maestre.
Su acción de gobierno combinó la afirmación de la autoridad real con medidas de modernización. En 1740 uno de sus consejeros permitió el regreso de los judíos al reino, del que habían sido expulsados por Carlos I; la decisión encontró la oposición de la iglesia y del pueblo, y fue derogada poco después. Ese mismo año, el 3 de febrero de 1740, Carlos publicó una proclama de 37 artículos en la que invitaba formalmente a los judíos a regresar a Sicilia, de donde habían sido expulsados en 1492. La medida tuvo escaso efecto práctico y la mayor parte de los judíos que volvieron se marcharon poco después, pero constituyó un gesto simbólico de rechazo a la anterior política de intolerancia religiosa.[7]
En 1744, durante la Guerra de Sucesión austríaca, Carlos se vio arrastrado al conflicto por la presión de su padre y de Francia. El 11 de agosto de 1744 dirigió junto con el duque de Castropignano y el conde de Gages la batalla de Velletri, en la que las tropas napolitanas y españolas derrotaron a las austríacas del príncipe Lobkowicz. La conducta de Carlos le valió el reconocimiento incluso de su enemigo, el rey de Cerdeña.
En el terreno cultural y urbanístico, su reinado en Nápoles dejó una huella profunda. Carlos promovió el acondicionamiento del palacio real napolitano, la construcción del gran Palacio Real de Caserta —uno de los mayores palacios reales de Europa, diseñado por Luigi Vanvitelli—, el Teatro de San Carlos y los palacios de Portici y Capodimonte. La primera piedra de Caserta se colocó el 20 de enero de 1752, día de su cumpleaños número treinta y seis. También fundó la fábrica de porcelana de Capodimonte.
Su interés por la antigüedad lo llevó a ordenar excavaciones sistemáticas en las ciudades sepultadas por la erupción del Vesubio del año 79: Herculano (1738), Pompeya (1748) y más tarde Estabia y Oplontis. En 1752, al construir un camino hacia el sur, salieron a la luz los restos de Paestum, con sus tres templos griegos en buen estado. El rey se mantuvo informado de los hallazgos incluso después de marchar a España.
4. Rey de España (1759-1788)[editar]
Ascenso al trono[editar]
En 1758, Fernando VI, ya viudo y sumido en una profunda melancolía, nombró a Carlos heredero presunto. Fernando murió el 10 de agosto de 1759 en Villaviciosa de Odón, y Carlos fue proclamado rey de España como Carlos III. Por los tratados vigentes, no podía unir las coronas de Nápoles y Sicilia a la española, de modo que el 6 de octubre de 1759 abdicó en favor de su tercer hijo varón, Fernando, que tenía ocho años. El gobierno de Nápoles y Sicilia quedó en manos de un consejo de regencia presidido en la práctica por Bernardo Tanucci.
Carlos y María Amalia llegaron a Barcelona el 7 de octubre de 1759 y el rey entró en Madrid el 9 de diciembre. Traía consigo una larga experiencia de gobierno en los territorios italianos y una idea clara de la monarquía como instrumento reformador.
El equipo de gobierno[editar]
Carlos III se apoyó en una generación de ministros ilustrados. En la secretaría de Hacienda colocó a Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache; en la de Guerra y Marina, a reformadores como el marqués de la Ensenada y después al conde de Aranda. El conde de Floridablanca, Pedro Rodríguez de Campomanes, Ricardo Wall y el genovés Jerónimo Grimaldi completaron el círculo de colaboradores. No siempre hubo acuerdo entre ellos: Aranda y Floridablanca, en particular, representaron sensibilidades distintas del reformismo.
La política económica y fiscal[editar]
El programa de reformas exigía saneamiento financiero. Se incorporaron señoríos a la Corona, se reorganizaron las Fuerzas Armadas y se creó la Lotería Nacional. En 1765, el decreto de libre comercio de granos liberalizó la circulación de cereales y dio inicio a un ciclo liberalizador que culminó en 1778 con el Reglamento de libre comercio con América, que puso fin al monopolio del puerto de Cádiz y autorizó el tráfico directo desde varios puertos peninsulares a los virreinatos.
En 1782 se fundó el Banco Nacional de San Carlos, antecedente del sistema financiero español. Se impulsó la agricultura por medio de las Sociedades Económicas de Amigos del País, y se acometió el proyecto de repoblación de Sierra Morena y Andalucía, con la fundación de Nuevas Poblaciones como La Carolina, La Carlota, Arquillos o La Luisiana. Las colonias se poblaron con inmigrantes centroeuropeos, principalmente alemanes y flamencos católicos, bajo la supervisión de Pablo de Olavide.
El motín de Esquilache (1766)[editar]
La primera gran crisis del reinado estalló en marzo de 1766 en Madrid. Su origen inmediato fue la orden de sustituir la capa larga y el sombrero de ala ancha por la capa corta y el sombrero de tres picos, una medida de saneamiento y racionalización urbana que los madrileños vivieron como una imposición extranjera. El malestar se mezcló con la carestía del pan y con la impopularidad del marqués de Esquilache, de origen siciliano.
La multitud se concentró ante el Palacio Real de Madrid y chocó con la Guardia Valona. Carlos III, escuchando el consejo del conde de Revilla Gigedo, se negó a ordenar disparar contra la muchedumbre. La revuelta se extendió a Zaragoza, Barcelona, Cádiz, Cartagena, Cuenca, La Coruña, Oviedo, Santander, Bilbao y otras ciudades. El monarca destituyó a Esquilache y nombró en su lugar al conde de Aranda. Se aceleró la importación de cereales y se reformaron los gobiernos municipales para dar cabida a representantes del estado llano.
Expulsión de los jesuitas y política religiosa[editar]
Tras el motín, el partido reformista dirigió las sospechas hacia la Compañía de Jesús. Campomanes, fiscal del Consejo de Castilla, preparó un informe en el que atribuía a los jesuitas responsabilidad en la agitación. Se les acusaba, además, de controlar nombramientos, de obedecer al papa antes que al rey y de acumular riquezas. El 27 de febrero de 1767, Carlos III decretó la expulsión de los jesuitas de España y de todos sus dominios, y la confiscación de sus bienes.
La expulsión fue una de las medidas más controvertidas del reinado. Por una parte, porque desmanteló una red educativa poderosa y, según algunos historiadores, produjo una crisis en el sistema académico. Por otra, porque la venta de sus bienes financió la creación de escuelas, hospitales y hospicios. La política regalista de Carlos III limitó a lo largo de su reinado la inmunidad judicial y fiscal del clero, sin romper empero con la Iglesia católica, de la que el rey se declaraba devoto.
Reformas educativas, militares y administrativas[editar]
En el ámbito educativo, Carlos III creó en 1770 los Reales Estudios de San Isidro como centro moderno de enseñanza media y la Escuela de Artes y Oficios. Las universidades quedaron sometidas al patronazgo regio. En 1768 se aprobaron las Reales Ordenanzas para el ejército, vigentes en lo básico durante décadas. En América, la reforma administrativa se plasmó con la creación del Virreinato del Río de la Plata: provisionalmente en 1776 y de manera definitiva en 1777. Se introdujeron asimismo las intendencias, se fortificaron los puertos y se reorganizó la defensa de los territorios ultramarinos.
La sociedad en tiempos de Carlos III[editar]
La nobleza representaba aproximadamente el 4 % de la población, pero su peso económico crecía por las alianzas matrimoniales y la acumulación patrimonial. Un decreto de 1783 les autorizó el trabajo manual, que hasta entonces había sido considerado deshonroso. Se crearon la Orden de Carlos III, las Reales Maestranzas y el Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid. Al mismo tiempo se limitaron los mayorazgos y los señoríos, aunque estos no desaparecieron.
El clero, que según el Catastro de Ensenada era propietario de cerca de la séptima parte de las tierras de labor de Castilla, perdió potestad jurisdiccional y fiscal durante el reinado, en virtud de la política regalista. El estado llano, integrado por campesinos, jornaleros, artesanos y una incipiente burguesía urbana, fue el destinatario de las políticas de repoblación y fomento económico. Los artesanos, según el mismo catastro, representaban el 15 % de los asalariados.
El reinado también conoció una legislación dura sobre los gitanos. La Real Pragmática de 19 de septiembre de 1783 prohibió el uso de las denominaciones "gitano" o "castellano nuevo", consideradas injuriosas, y concedió libertad de residencia y de oficios, pero al mismo tiempo prohibió sus vestimentas tradicionales y la lengua caló, impuso la obligación de asentarse y fijó penas graves —incluida la marcación con hierro candente y, en caso de reincidencia, la pena capital— para quienes desobedecieran. Los menores de dieciséis años debían ser separados de sus familias y educados por las Juntas de caridad. La ley tuvo un contenido asimilador y utilitarista, y su aplicación práctica ha sido objeto de debate historiográfico.
5. Política exterior[editar]
La Guerra de los Siete Años (1756-1763)[editar]
El primer asunto que atendió Carlos III fue la Guerra de los Siete Años. La ocupación británica de Honduras y la pérdida francesa de Quebec llevaron a España a participar para frenar la expansión británica en América. En 1761 se firmó el Tercer Pacto de Familia con Francia, y en 1762 España entró formalmente en la guerra. Los resultados fueron adversos: una escuadra inglesa tomó La Habana, y poco después cayó Manila. Las milicias criollas de Filipinas, dirigidas por Simón de Anda, impidieron que el dominio británico se extendiera al archipiélago.
La Paz de París de 1763 puso fin al conflicto. España cedió a Gran Bretaña la Florida y territorios del golfo de México, a cambio de recuperar La Habana y Manila. Recibió en compensación la Luisiana francesa, que quedó bajo control español. Portugal, aliada de los británicos, recuperó la colonia del Sacramento. La facilidad de las conquistas británicas convenció a la corona de la necesidad de crear ejércitos permanentes y milicias en puntos clave de Hispanoamérica.
La guerra de Independencia de Estados Unidos (1776-1783)[editar]
La rebelión de las Trece Colonias contra la Gran Bretaña abrió la ocasión del desquite. Carlos III intentó en un inicio actuar como mediador y consideró incluso apoyar secretamente a los dos bandos, pero la presión francesa y el deterioro de la situación lo empujaron a intervenir. Desde la Declaración de Independencia de 1776, los insurgentes recibieron ayuda española de forma solapada. En 1779 España rompió relaciones con Gran Bretaña y entró de lleno en la guerra junto a Francia y Holanda.
El asedio de Gibraltar, iniciado en 1779, fracasó pese a los esfuerzos invertidos; en cambio, en 1782 las tropas españolas recuperaron Menorca. Bernardo de Gálvez, gobernador de la Luisiana, ocupó la Florida. El Tratado de París de 1783 reconoció la devolución de Menorca, la Florida y la costa de Honduras, aunque no la de Gibraltar. España contribuyó de ese modo a la independencia de los Estados Unidos y, con ello, creó un precedente que no pasó inadvertido en sus propias colonias. Ministros como José Ábalos y el conde de Aranda propusieron planes para la independencia controlada de los reinos hispanoamericanos, concebidos como una serie de monarquías aliadas que previnieran sediciones violentas; ninguno llegó a ejecutarse.
Mediterráneo y norte de África[editar]
Carlos III vio en el corso berberisco una amenaza permanente para la navegación y las costas españolas. Tras derrotar temporalmente al sultanato de Marruecos en 1774-1775, inició la guerra hispano-argelina contra la Regencia de Argel, vasalla otomana. El proyecto se interrumpió en parte por la guerra contra Gran Bretaña y conoció un serio revés: la invasión de Argel de 1775, ordenada por Carlos para demostrar el poderío militar español, fue una derrota costosa e ineficaz. No obstante, la presión militar y diplomática dio resultado años después. En 1782 se obtuvo un tratado con el Imperio otomano por medio del embajador Juan Bouligny, y en 1786 Argel firmó la paz y se comprometió al cese de la piratería. Túnez y Trípolí suscribieron tratados semejantes, lográndose un respiro generacional.
El Pacífico[editar]
En el océano Pacífico, el reinado de Carlos III impulsó la expansión y consolidación del dominio español. En la vertiente norte, el Virreinato de la Nueva España realizó expediciones a la costa de Oregón y Alaska, con navegantes como Bruno de Heceta, Bodega y Quadra y López de Haro. En el Pacífico sur, el virrey del Perú Manuel de Amat y Junyent ordenó dos expediciones notables: la primera, comandada por Felipe González de Haedo, descubrió la isla de Pascua en 1770 y tomó posesión de ella en nombre de Carlos III. La segunda, capitaneada por Domingo de Bonechea en 1772, llegó al archipiélago de Tuamotu y a las islas de la Sociedad; los jefes de las principales aldeas de Tahití aceptaron la soberanía de España. El proceso de ocupación de la Polinesia, sin embargo, fue abandonado a finales de 1775 por falta de apoyo en la corte y por los problemas religiosos del reino.
6. Símbolos nacionales y transformación de Madrid[editar]
Carlos III dio pasos importantes en la construcción de España como Estado-nación. El 3 de septiembre de 1770 declaró que la Marcha Real debía usarse en las ceremonias oficiales, consolidándola como himno. El 28 de mayo de 1785 eligió los colores de la actual bandera de España: dos franjas rojas, arriba y abajo, y una franja central amarilla de doble anchura, con las armas de Castilla y León. Hasta entonces, los buques españoles utilizaban el pabellón blanco borbónico, demasiado parecido al de otras naciones.
La capital también fue objeto de una ambiciosa política de embellecimiento. Bajo su impulso se levantaron o completaron la Puerta de Alcalá, la fuente de Cibeles, la de Neptuno, la fuente de la Alcachofa, el Real Jardín Botánico —trasladado al paseo del Prado en 1781—, el hospital de San Carlos (hoy Museo Reina Sofía) y el edificio del Museo del Prado, destinado originalmente a Gabinete de Historia Natural. En 1764 se inauguró el Palacio Real, cuya construcción había iniciado Felipe V. Se reorganizó el servicio de correos, se pavimentaron calles, se instaló alumbrado público y se construyó una red radial de caminos con centro en Madrid. Por todo ello, el apelativo de «Mejor Alcalde de Madrid» acabó unido a su figura.
7. Relación con la masonería[editar]
La relación de Carlos III con la masonería es materia de controversia. La masonería llegó a España hacia 1726; para 1748, Cádiz contaba ya con unos 800 miembros. Durante el reinado, muchas de las personalidades del reformismo —Campomanes, Esquilache, Wall, Aranda, Jovellanos, Roda, entre otros— fueron señaladas como cercanas a las logias. La historiografía masónica ha llegado a sostener que la influencia de la orden en las cortes de Carlos III y Carlos IV fue casi omnipresente en los ámbitos nobiliario, literario y militar.
Sin embargo, Carlos III fue un católico devoto y adoptó actitudes represivas contra la masonería. En 1751, siendo rey de Nápoles, publicó un edicto prohibiendo las sociedades masónicas, a las que consideraba perturbadoras de la tranquilidad pública. Ya en España, siguió las indicaciones de la bula antimasónica Providas Romanorum Pontificum de Benedicto XIV y se ganó fama, según algunos registros epistolares, de ser uno de los monarcas europeos más destacados en reprimir la francmasonería. Autores como José Antonio Ferrer Benimeli niegan que la masonería tuviera una influencia decisiva en la Ilustración española. Otros, como Miguel Morayta, han sostenido que Carlos III pudo ser masón y que sus políticas persecutorias fueron aparentes o dictadas por la dependencia extranjera de la orden. En cualquier caso, está fuera de discusión que la masonería se desarrolló en España durante su reinado, como lo hizo en las casas reales y nobiliarias de Alemania, Francia e Inglaterra.
8. Matrimonio e hijos[editar]
Carlos III contrajo matrimonio en 1738 con María Amalia de Sajonia (1724-1760), hija de Federico Augusto II. Tuvieron trece hijos, de los cuales, según las fuentes, siete u ocho llegaron a la edad adulta.[8] La cifra exacta de los supervivientes varía según se cuente al infante Francisco Javier o se considere la edad alcanzada.
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- María Isabel Antonia, princesa de Nápoles y Sicilia. Nacida el 6 de septiembre de 1740 y fallecida el 31 de octubre de 1742.
- María Josefa Antonia, princesa de Nápoles y Sicilia. Nacida el 20 de enero de 1742 y fallecida el 3 de abril de 1742.
- María Isabel Ana, princesa de Nápoles y Sicilia. Nacida el 30 de abril de 1743 y fallecida el 5 de marzo de 1749.
- María Josefa Carmela, infanta de España. Nacida el 6 de julio de 1744 y fallecida el 8 de diciembre de 1801. Murió sin descendencia y figura en el cuadro de Goya "La familia de Carlos IV".
- María Luisa, infanta de España. Nacida el 24 de noviembre de 1745 y fallecida el 15 de mayo de 1792. Casada con Leopoldo II de Austria, emperador del Sacro Imperio; con descendencia.
- Felipe Antonio, infante de España y duque de Calabria. Nacido en 1747 y fallecido en 1777. Quedó descartado de la sucesión por dificultades de aprendizaje.
- Carlos IV de España. Nacido en 1748 y fallecido en 1819. Sucesor de su padre en el trono español.
- María Teresa, infanta de España. Nacida en 1749 y fallecida en 1750.
- Fernando I de las Dos Sicilias. Nacido en 1751 y fallecido en 1825. Sucesor de su padre en Nápoles y Sicilia.
- Gabriel de Borbón, infante de España. Nacido en 1752 y fallecido en 1788.
- María Ana, infanta de España. Nacida en 1754 y fallecida en 1755.
- Antonio Pascual de Borbón, infante de España. Nacido en 1755 y fallecido en 1817.
- Francisco Javier de Borbón, infante de España. Nacido en 1757 y fallecido en 1771.
9. Muerte y proyección[editar]
Carlos III murió en Madrid el 14 de diciembre de 1788 y fue sepultado en la Cripta Real del Monasterio de El Escorial. Un año antes, en 1787, Campomanes había elaborado el proyecto de repoblación de las zonas despobladas de Sierra Morena y del valle medio del Guadalquivir, si bien la fundación de las Nuevas Poblaciones de Andalucía y Sierra Morena se venía desarrollando desde años atrás.[9]
Con su muerte se cerró en lo esencial el ciclo del reformismo ilustrado español. La Revolución francesa de 1789 provocó en la corte de Carlos IV una reacción conservadora y convirtió el periodo siguiente en un tiempo de repliegue. La invasión napoleónica y las guerras de independencia hispanoamericanas marcaron las décadas posteriores, sin dejar espacio para continuar el reformismo sereno que había caracterizado al reinado.
10. Presencia en el mundo hispanohablante y legado[editar]
El legado de Carlos III en la América hispana fue ambivalente. Por una parte, sus reformas reforzaron la autoridad de la corona y elevaron la presión fiscal y administrativa sobre los virreinatos. La creación del Virreinato del Río de la Plata, la introducción de las intendencias y la preferencia por funcionarios peninsulares en los más altos cargos civiles y eclesiásticos generaron tensiones con los criollos, cuya presencia en la burocracia colonial quedó marginada. La expulsión de los jesuitas desarticuló misiones y redes educativas, con consecuencias muy sentidas en regiones como las del Paraguay, donde las reducciones guaraníes se vieron afectadas. La independencia de los Estados Unidos, a la que España contribuyó, fue observada con atención en las élites criollas y se convirtió en un referente para los procesos emancipadores del siglo XIX.
Por otra parte, el reglamento de libre comercio de 1778 abrió nuevas rutas y puertos, y benefició a regiones rioplatenses y caribeñas. La formación de milicias permitió una experiencia militar a los americanos que luego abundó en los ejércitos independentistas. La política pacífica y los tratados con el norte de África dieron un respiro a la navegación comercial hacia América.
En la memoria urbana, la huella de Carlos III es visible en las toponimias: numerosas localidades hispanoamericanas recuerdan con el nombre de "Carlota" o "Carlos" las fundaciones y los homenajes al monarca, aunque la atribución de cada caso debe verificarse localmente. Su figura sigue siendo objeto de estudio en las historiografías española e hispanoamericana como el gran reformador borbónico del siglo XVIII.
Se atribuye la expresión a Próspero Bofarull, en Los condes de Barcelona vindicados, citado por Ferrer del Río (1856). ↩︎
Payne, Stanley G., History of Spain and Portugal, 1973, 2:371. ↩︎
Lynch, John, Bourbon Spain, 1700-1808, 1989, p. 2. ↩︎
Según la Gaceta de Madrid, nº 3, de 21 de enero de 1716, p. 12. ↩︎
La fecha de inicio del reinado napolitano varía según la fuente: la tradición española fija el 10 de mayo de 1734 (entrada en Nápoles), mientras que la historiografía europea reconoce la coronación de Palermo del 3 de julio de 1735. Para Sicilia, las fuentes españolas usan el 2 de septiembre de 1734 (entrada en Palermo). La cronología final que se adopte depende del criterio jurídico e historiográfico. ↩︎
Tras varios años de tensión, el acuerdo se firmó el 12 de mayo de 1738. En 1741, ya bajo el papa Benedicto XIV, se estableció un concordato que permitió gravar ciertos bienes del clero y limitar sus inmunidades mediante un tribunal mixto. ↩︎
La expulsión de los judíos de Sicilia en 1492 derivó del mismo decreto de la Alhambra aplicado en la corona de Castilla y Aragón; en España, ese decreto no fue revocado formalmente hasta muchísimo más tarde. ↩︎
La Wikipedia en español habla de siete hijos llegados a la edad adulta; la Wikipedia en inglés, en cambio, cifra en ocho los que alcanzaron la adultez. La divergencia se debe, entre otras cosas, al modo de contar a los infantes fallecidos en la juventud. ↩︎
La cronología del proyecto de repoblación de Sierra Morena está disputada en las fuentes: algunas lo sitúan ya en 1767, bajo la supervisión de Pablo de Olavide, y otras lo vinculan a documentos de Campomanes de 1787. Las Nuevas Poblaciones se fueron fundando en el tercer cuarto del siglo XVIII. ↩︎