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Cinturón de Fuego del Pacífico

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Cinturón de Fuego del Pacífico
TipoCinturón tectónico y volcánico
UbicaciónBordes del océano Pacífico
Extensión40 000 km (25 000 millas)
FormaHerradura
Volcanes452 volcanes, más del 75 % de los volcanes activos e inactivos del mundo
Actividad sísmicaAlrededor del 90 % de los sismos del mundo y 80 % de los sismos más grandes
Principales placasPacífica, Norteamericana, Juan de Fuca, de Cocos, del Caribe, de Nazca, Sudamericana, Filipina, Euroasiática, Australiana
Países y territoriosMás de 30, entre ellos Chile, Perú, México, Estados Unidos, Canadá, Japón, Filipinas, Indonesia y Nueva Zelanda

1. Resumen[editar]

El Cinturón de Fuego del Pacífico, también llamado Anillo de Fuego del Pacífico, es una de las zonas de subducción más importantes y activas del mundo. Se extiende a lo largo de las costas del océano Pacífico en forma de herradura, desde el sur de Sudamérica hasta Nueva Zelanda, y concentra una parte desproporcionada de la actividad sísmica y volcánica del planeta.

Esta enorme franja recibe su nombre porque en ella se ubican numerosos volcanes y se produce una actividad geológica intensa y continua. Aunque el término evoca la idea de un anillo uniforme de fuego, en la práctica se trata de un sistema complejo de límites de placas, arcos volcánicos y zonas de subducción que no es idéntico en todos sus segmentos.

De acuerdo con las cifras más citadas, el cinturón tiene una longitud cercana a los 40 000 km, reúne 452 volcanes y concentra más del 75 % de los volcanes activos e inactivos del mundo. En cuanto a sismicidad, se estima que en él se origina alrededor del 90 % de los terremotos del planeta y el 80 % de los terremotos de mayor magnitud.[1]

El cinturón no es un simple contorno costero: incluye cadenas montañosas, fosas oceánicas, arcos insulares, volcanes continentales y algunos de los supervolcanes más conocidos del planeta. Su actividad afecta de forma directa a países de América, Asia y Oceanía, y de manera transversal a todo el mundo por su capacidad de generar tsunamis y erupciones con efectos globales.

2. Historia del concepto y origen del nombre[editar]

La asociación entre volcanes y fuego es antigua. Desde la Antigua Grecia y Roma hasta finales del siglo XVIII, los volcanes se relacionaron con incendios internos de la Tierra, una creencia que persistió incluso cuando la vulcanología comenzó a establecerse como disciplina. Ese vínculo histórico se conserva en el nombre "Cinturón de Fuego", pese a que hoy se sabe que los volcanes no queman la Tierra mediante fuego.

La existencia de un arco de volcanes alrededor del Pacífico fue descrita al menos desde comienzos del siglo XIX. En 1825, el pionero británico George Julius Poulett Scrope escribió sobre las cadenas de volcanes del borde del Pacífico en su libro Considerations on Volcanos. Décadas más tarde, en 1852–1854, la expedición del comodoro Matthew C. Perry a Japón ya se refería a las islas japonesas como parte de un "inmenso círculo de desarrollo volcánico que rodea las costas del Pacífico desde Tierra del Fuego hasta las Molucas".[2]

La expresión "Anillo de Fuego" aparece en fuentes de finales del siglo XIX y comienzos del XX. En 1878, la revista Scientific American publicó un artículo titulado "The Ring of Fire, and the Volcanic Peaks of the West Coast of the United States", que describía la actividad volcánica en las costas del Pacífico norteamericano. En 1906, el libro de Alexander P. Livingstone sobre el terremoto e incendio de San Francisco habló del "gran anillo de fuego que rodea toda la superficie del océano Pacífico".

En 1912, el geólogo inglés Patrick Marshall introdujo el concepto de "línea de andesita", un límite petrográfico que separa los tipos de volcanes y lavas del Pacífico suroccidental. La línea de andesita coincide en gran medida con la extensión del cinturón y ayudó a delimitar, desde la geología, el contorno del Anillo de Fuego.

La consolidación de la tectónica de placas a partir de la década de 1960 dio por primera vez una explicación unificada del fenómeno. Desde entonces, el Cinturón de Fuego se entiende como el resultado de la interacción de placas litosféricas en los bordes del Pacífico, y no como una franja casual de volcanes.

3. Geología y tectónica de placas[editar]

3.1. Subducción y límites de placas[editar]

El Cinturón de Fuego es consecuencia directa de la tectónica de placas. La litosfera del océano Pacífico está formada por varias placas que se mueven y chocan entre sí. Cuando una placa oceánica densa se hunde bajo otra placa, en un proceso denominado subducción, se liberan tensiones y se forman fosas oceánicas, arcos volcánicos y cadenas montañosas.[3]

En la sección oriental del cinturón, la placa de Nazca y la placa de Cocos se subducen bajo la placa Sudamericana. La placa de Cocos también se hunde bajo la placa del Caribe en Centroamérica. Más al norte, una porción de la placa del Pacífico y la pequeña placa de Juan de Fuca se subducen bajo la placa Norteamericana.

En la porción norte, la placa del Pacífico se desplaza hacia el noroeste y se introduce bajo el arco de las islas Aleutianas. Hacia el oeste, la misma placa se subduce a lo largo de los arcos de la península de Kamchatka y más al sur hasta Japón.

La parte suroccidental es más compleja. En ella interactúan varias placas menores con la placa del Pacífico y con las placas euroasiática, india y australiana. Esto explica los arcos de las islas Marianas, Filipinas, Bougainville, Tonga y Nueva Zelanda, así como la actividad de Indonesia y Papua Nueva Guinea.

3.2. Bordes convergentes, transformantes y puntos calientes[editar]

La mayor parte del cinturón corresponde a bordes convergentes, donde una placa subduce bajo otra. Sin embargo, existen también segmentos de borde transformante, como el sistema de la falla de San Andrés en California, donde las placas se deslizan horizontalmente.

No toda la actividad volcánica del Pacífico pertenece al cinturón de subducción. Las islas Hawái, por ejemplo, se formaron por un punto caliente, una zona de ascenso de magma profundo que no coincide con el choque de placas. Por ello, aunque Hawái tiene volcanes muy activos, su origen geológico es distinto al de los volcanes del Anillo de Fuego.

3.3. La línea de andesita[editar]

La línea de andesita, propuesta por Patrick Marshall, separa los volcanes con magmas andesíticos y dacíticos del Pacífico occidental de los volcanes basálticos del interior oceánico. Su trazado se aproxima al contorno del Cinturón de Fuego y es útil para delimitar los arcos volcánicos de subducción. La coincidencia no es exacta en todos los puntos, pero ha sido un concepto relevante para la geología regional.[4]

4. Volcanes[editar]

El cinturón concentra la gran mayoría de los volcanes activos e inactivos del planeta. La cifra de 452 volcanes se repite en numerosas fuentes de divulgación, aunque el número exacto depende de los criterios para clasificar un volcán como activo o histórico. Se estima que más del 75 % de los volcanes activos e inactivos del mundo están en esta zona.

Los volcanes del cinturón son predominantemente estratovolcanes, es decir, conos compuestos por capas alternadas de lava, ceniza y piroclastos. Estos volcanes suelen tener erupciones explosivas, en especial cuando sus magmas son andesíticos o dacíticos y retienen gases.

Además de los estratovolcanes, el cinturón incluye domos de lava, conos de ceniza, calderas y campos volcánicos. Algunos de sus volcanes, como el Villarrica en Chile o el Popocatépetl en México, tienen historial eruptivo prolongado y se encuentran entre los más activos del mundo.

4.1. Volcanes de Sudamérica[editar]

En Sudamérica, el cinturón se expresa como el cinturón volcánico de los Andes. Este arco se divide en varias zonas según la presencia o ausencia de volcanes activos: la Zona Volcánica Norte, la Zona Volcánica Central y la Zona Volcánica Sur, separadas por segmentos sin actividad volcánica activa.

Entre los volcanes más relevantes de Sudamérica están:

  • Nevado Sajama: estratovolcán de Bolivia, el pico más alto del país, con 6542 m s. n. m.[sin verificar]. Se lo considera extinto, aunque no se conoce con certeza la fecha de su última erupción.
  • Licancabur: estratovolcán en la frontera entre Bolivia y Chile, junto a la laguna Verde. Su última erupción ocurrió en el Holoceno.
  • Ollagüe: volcán activo en la frontera entre Bolivia y Chile, con una altura de 5870 m s. n. m.
  • Villarrica: en Chile, considerado el volcán más activo de Sudamérica. Ha tenido numerosos episodios eruptivos, incluida una erupción importante en 2015.
  • Quizapú: volcán chileno cuya erupción de 1932 fue una de las más grandes de la historia de Chile y del siglo XX, con Índice de Explosividad Volcánica de 6.
  • Ubinas: estratovolcán del sur del Perú, considerado el volcán más activo del país. Se eleva a 5672 m s. n. m.
  • Misti: estratovolcán peruano ubicado junto a Arequipa, uno de los símbolos de esa ciudad. Su última actividad relevante fue en 1870.
  • Huaynaputina: estratovolcán del sur del Perú cuya erupción de 1600 es considerada la mayor explosión registrada en la historia de Sudamérica.
  • Nevado del Ruiz: en Colombia, conocido por la erupción de 1985 y la posterior avalancha lahárica que sepultó la población de Armero.
  • Galeras: en el sur de Colombia, cerca de San Juan de Pasto, uno de los volcanes más activos del país y con numerosos reportes históricos.

4.2. Volcanes de Centroamérica y México[editar]

El Arco Volcánico Centroamericano es una cadena de unos 1500 km que se extiende desde Guatemala hasta Panamá. Se formó por la subducción de la placa de Cocos bajo la placa del Caribe.

Entre sus volcanes destacan:

  • Pacaya: en Guatemala, activo y de fácil acceso, con erupciones frecuentes.
  • Santa María y Santiaguito: en Guatemala. La erupción de 1902 del Santa María fue una de las mayores del siglo XX. En 1922 se formó el Santiaguito en su cráter, uno de los casos más conocidos de nacimiento de un volcán en tiempos históricos.
  • Arenal: en Costa Rica, cuyo último período de actividad comenzó en 29 de julio de 1968.
  • Turrialba: en Costa Rica, segundo volcán más alto del país. Ha tenido actividad repetida en el siglo XXI.
  • Barú: en Panamá, la elevación más alta del país y el volcán más alto del sur de América Central, con 3475 m s. n. m.

En México, el Popocatépetl es un estratovolcán activo situado en el centro del país, a unos 72 km al sureste de la Ciudad de México. Su altitud se cita generalmente entre 5400 y 5500 metros, dependiendo de la fuente y del momento de medición.[5] Ha estado en actividad importante desde la década de 1990, con explosiones, emisiones de ceniza y episodios eruptivos que afectan a Puebla, Morelos y el Estado de México.

4.3. Volcanes de América del Norte[editar]

En Estados Unidos, el arco volcánico de las Cascadas forma parte del cinturón. Incluye volcanes como el monte Santa Helena, el monte Rainier y el monte Shasta. El monte Santa Helena es famoso por su erupción de 1980, una de las más estudiadas y violentas del siglo XX en Norteamérica. El monte Rainier, cerca de Seattle, es considerado uno de los más peligrosos del país por su cercanía a zonas urbanas y su capacidad de generar lahares.

En Alaska, el arco de las Aleutianas prolonga el cinturón hacia el noroeste. Allí se formó en 1912 el volcán Novarupta, cuya erupción fue la más grande del siglo XX a nivel mundial.[6]

4.4. Volcanes del Pacífico occidental[editar]

En el borde asiático y oceánico destacan los arcos de Kamchatka, Japón, Filipinas, Indonesia y Nueva Zelanda. Algunos de los volcanes más conocidos del mundo se encuentran en esta parte del cinturón:

  • Krakatoa y Tambora, en Indonesia, con erupciones históricas de alcance global.
  • Monte Merapi, en Indonesia, uno de los más activos y cercanos a zonas densamente pobladas.
  • Monte Fuji, en Japón, un símbolo nacional y estratovolcán activo.
  • Pinatubo, en Filipinas, cuya erupción de 1991 fue una de las mayores del siglo XX.
  • Taal y Mayón, en Filipinas, con frecuente actividad volcánica.
  • Ruapehu y White Island, en Nueva Zelanda, con erupciones históricas y turismo activo.

En esta parte del cinturón, los arcos volcánicos suelen tener forma insular y se asocian a fosas oceánicas profundas, como la fosa de las Marianas.

5. Sismicidad[editar]

El Cinturón de Fuego es la región del planeta donde se producen más sismos. Aproximadamente el 90 % de los terremotos del mundo se genera a lo largo de sus límites de placas. Además, el 80 % de los terremotos más grandes registrados ocurre en esta zona. La segunda región con mayor actividad, el cinturón alpino, produce entre el 5 % y el 6 % de los sismos y el 17 % de los mayores. La tercera es la dorsal mesoatlántica.[7]

En el cinturón, los sismos se concentran en las zonas de subducción a lo largo de las costas, así como en fallas transformantes como la de San Andrés. Los terremotos más grandes suelen ocurrir en las zonas de contacto entre placas oceánicas y continentales, como ocurre en Chile, Alaska, Japón y Sumatra. Muchos de ellos generan tsunamis, que pueden viajar miles de kilómetros y afectar a todo el borde del Pacífico.

5.1. Terremotos históricos en el cinturón[editar]

Entre los terremotos más relevantes del cinturón se incluyen:

  • Terremoto de Valdivia de 1960, en Chile: magnitud 9,5 Mw, el mayor registrado instrumentalmente desde que existen sismógrafos. Su epicentro se localizó en la provincia de Malleco y dejó 1655 fallecidos.
  • Terremoto del Maule de 2010, en Chile: magnitud 8,8 Mw, en la región del Maule, con tsunami y extensos daños.
  • Terremoto de Japón de 2011: magnitud 9,0–9,1 Mw[sin verificar], con tsunami devastador y accidente nuclear de Fukushima Daiichi.
  • Terremoto de Ecuador de 2016: magnitud 7,8 Mw, ocurrido el 16 de abril, con más de 900 muertos.
  • Terremoto de Iquique de 2014, en Chile: magnitud 8,2 Mw, en la región de Tarapacá.
  • Terremoto de Coquimbo de 2015, en Chile: magnitud 8,4 Mw.

Las magnitudes pueden variar ligeramente entre agencias sismológicas, por lo que las cifras no deben leerse como valores únicos e inmutables. Los catálogos del Servicio Geológico de Estados Unidos y de los institutos nacionales pueden diferir en décimas de magnitud y en el recuento de víctimas.

6. El cinturón por regiones[editar]

6.1. Sudamérica[editar]

En Sudamérica, el cinturón abarca la cadena andina y las costas del Pacífico. Los países directamente afectados son Chile, Perú, Ecuador y Colombia, además de Bolivia y Argentina por sus volcanes andinos.[8]

Chile es uno de los países más sísmicos y volcánicos del mundo. El Servicio Nacional de Geología y Minería de Chile (SERNAGEOMIN) monitorea los volcanes chilenos y algunos argentinos. Se estima que en Chile hay más de 2000 volcanes, de los cuales alrededor de 500 han sido clasificados como potencialmente activos.

Perú concentra su actividad volcánica en la Zona Volcánica Central de los Andes. El Instituto Geofísico del Perú (IGP) vigila de cerca el volcán Ubinas, el más activo del país, así como otros volcanes como Misti, Sabancaya y Huaynaputina.

Ecuador monitorea los volcanes de los Andes ecuatorianos y de las islas Galápagos a través del Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional (IGEPN). Entre ellos están Tungurahua, Cotopaxi, Reventador y Wolf. La actividad volcánica de Galápagos no se debe a subducción clásica, pero se considera parte del entorno del Pacífico.

Colombia, por su parte, tiene en el Nevado del Ruiz, el Huila y Galeras sus volcanes más vigilados. La tragedia de Armero de 1985 convirtió al Ruiz en un caso de referencia mundial en gestión del riesgo volcánico.

6.2. Centroamérica y México[editar]

El Arco Volcánico Centroamericano atraviesa Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Incluye cientos de formaciones volcánicas, desde grandes estratovolcanes hasta domos y conos de ceniza. La erupción del volcán Santa María en Guatemala en 1902, con Índice de Explosividad Volcánica 6, es una de las más grandes de los últimos cientos de años.

Los volcanes más activos de la región incluyen Rincón de la Vieja, Arenal, Turrialba, Irazú y Poás en Costa Rica; Cerro Negro, San Cristóbal, Telica, Masaya, Momotombo y Concepción en Nicaragua; San Salvador, San Miguel, Santa Ana e Izalco en El Salvador; y Santa María/Santiaguito, Pacaya y Fuego en Guatemala.

México forma parte del borde norteamericano del cinturón. Su eje volcánico transversal incluye volcanes como el Popocatépetl, el Iztaccíhuatl, el Citlaltépetl y el volcán de Colima, considerado uno de los más activos del país.

6.3. América del Norte[editar]

En Estados Unidos y Canadá, el cinturón sigue la costa oeste y el arco de las Cascadas. Incluye volcanes en Washington, Oregón y California, así como el sistema de fallas de San Andrés. En Alaska, el cinturón se curva a la altura de las islas Aleutianas y continúa hacia el oeste. El arco de las Aleutianas es una zona de subducción pura donde la placa del Pacífico se introduce bajo la placa Norteamericana.

La caldera de Yellowstone, en el estado de Wyoming, se asocia a un punto caliente y no a un borde de placa. Sin embargo, por su importancia vulcanológica, muchas descripciones del Cinturón de Fuego incluyen a Yellowstone como parte de los grandes sistemas volcánicos del continente.[9]

6.4. Pacífico noroccidental y Asia[editar]

El borde ruso de Kamchatka forma el extremo noroccidental del cinturón. Kamchatka posee una de las concentraciones de volcanes más altas del mundo. De allí, el arco continúa por las islas Kuriles hasta Japón.

Japón es uno de los países más volcánicos y sísmicos del planeta, con decenas de volcanes activos y una infraestructura avanzada de monitoreo y prevención de desastres. Taiwán, Filipinas e Indonesia prolongan el cinturón hacia el sur. Indonesia se encuentra en una posición particular: su extremo nororiental pertenece al cinturón del Pacífico, mientras que el sur y el oeste de Sumatra, Java, Bali, Flores y Timor corresponden al cinturón alpino. Esto convierte a Indonesia en una de las regiones geológicamente más complejas del mundo.

6.5. Pacífico suroccidental y Oceanía[editar]

Más al sur, el cinturón pasa por Papua Nueva Guinea, las Islas Salomón, Tonga, Samoa, Tuvalu y Nueva Zelanda. Los arcos insulares de proveniencia volcánica y las fosas oceánicas son frecuentes en esta zona. Nueva Zelanda combina vulcanismo activo, campos geotérmicos y sismicidad notable. La interacción entre la placa australiana y la placa del Pacífico genera terremotos y volcanes en la isla Norte.

Aunque algunos países y territorios como Malasia, Brunéi y Singapur no albergan volcanes, sí se ven incluidos en descripciones geográficas amplias del cinturón por su posición en el margen del Pacífico occidental. La actividad volcánica directa, sin embargo, está dominada por Indonesia y Filipinas.

7. Supervolcanes y erupciones de alcance global[editar]

El Cinturón de Fuego alberga la mayoría de los supervolcanes del planeta. El término supervolcán se aplica a sistemas volcánicos capaces de producir erupciones de Índice de Explosividad Volcánica 8 (IEV 8), las de mayor magnitud en la escala. Tales erupciones no solo afectan la región donde se producen, sino que pueden modificar el clima global durante años y, en el pasado geológico, se han asociado a extinciones masivas de especies.[10]

Entre las erupciones históricas relevantes del cinturón se destacan:

  • Huaynaputina, 1600, en Perú: la mayor explosión registrada en la historia de Sudamérica.
  • Krakatoa, 1883, en Indonesia: erupción catastrófica que destruyó gran parte de la isla y generó tsunamis.
  • Santa María, 1902, en Guatemala: una de las mayores erupciones del siglo XX.
  • Novarupta, 1912, en Alaska: la mayor erupción del siglo XX en volumen de material emitido.
  • Monte Santa Helena, 1980, en Estados Unidos: erupción lateral que produjo un enorme derrumbe y una columna de ceniza extendida por varios estados.
  • Pinatubo, 1991, en Filipinas: una de las mayores erupciones del siglo XX, con enfriamiento global temporal.

Estas erupciones son ejemplos de la capacidad del cinturón para producir fenómenos con consecuencias mucho más allá de sus bordes.

8. Monitoreo, preparación y riesgos[editar]

La vigilancia del Cinturón de Fuego es responsabilidad de los institutos geológicos, vulcanológicos y de defensa civil de cada país. En general, la tendencia moderna es monitorear sismos, deformación del terreno, emisiones de gases y cambios térmicos en los volcanes mediante instrumentación permanente.

Algunas entidades relevantes son:

  • SERNAGEOMIN, en Chile: supervisa los volcanes chilenos y algunos argentinos.
  • IGP, en Perú: vigila los volcanes del sur peruano y la actividad sísmica.
  • IGEPN, en Ecuador: monitorea los volcanes de los Andes y Galápagos.
  • CENAPRED y Servicio Sismológico Nacional, en México: coordinan la vigilancia del Popocatépetl y la actividad sísmica.
  • USGS, en Estados Unidos: mantiene observatorios vulcanológicos y monitorea Alaska, Cascade, Yellowstone y Hawaii.

La preparación ante sismos y erupciones difiere mucho entre países. Japón, Chile y Estados Unidos han desarrollado normas sísmicas estrictas, simulacros y planes de evacuación, lo que reduce la mortalidad pese a la magnitud de los eventos. En otras regiones del cinturón, la combinación de pobreza, urbanización no planificada y menor acceso a sistemas de alerta aumenta el riesgo frente a tsunamis y lahares.

El riesgo más insidioso en zonas volcánicas no siempre es la lava, sino los flujos piroclásticos, las avalanchas de escombros, los lahares y las caídas de ceniza. La erupción del Nevado del Ruiz en 1985 mostró cómo un evento moderado puede tener efectos catastróficos si la población no está adecuadamente alertada.

9. El Cinturón de Fuego y el mundo hispanohablante[editar]

Gran parte del Cinturón de Fuego está formada por países hispanohablantes o por regiones con estrecha relación cultural con el mundo hispánico. Desde México hasta Chile, la actividad sísmica y volcánica ha marcado la historia, la cultura popular y la gestión de desastres de numerosas ciudades latinoamericanas.

En México, el Popocatépetl forma parte del paisaje cultural del valle central y de la historia prehispánica y colonial. En Guatemala, los volcanes de Fuego y Pacaya son referencias del turismo y la tradición local. En Costa Rica, el volcán Arenal se convirtió en uno de los destinos turísticos más visitados del país.

En Sudamérica, el Misti domina el horizonte de Arequipa, en Perú; el Cotopaxi es un símbolo nacional ecuatoriano; y en Chile, la actividad del Villarrica y del Llaima forma parte del paisaje mapuche y de la identidad de la Araucanía. En Colombia, la tragedia de Armero es estudiada como un antes y un después en la gestión del riesgo volcánico en América Latina.

En el mundo hispano, el término "Cinturón de Fuego del Pacífico" es de uso común en medios de comunicación y en instituciones educativas. En países como Chile, Perú y México, los simulacros de sismo y las alertas volcánicas forman parte de la vida cotidiana, y los institutos geofísicos publican información en español para la población.

La ubicación de tantos países hispanohablantes sobre la misma zona de subducción facilita la cooperación regional en monitoreo y prevención. Redes universitarias y servicios geológicos de América Latina comparten datos y protocolos, aunque la integración sigue siendo desigual.

10. Notas finales[editar]

El Cinturón de Fuego del Pacífico no es un anillo uniforme, sino un sistema dinámico de límites entre placas, arcos volcánicos y fallas activas. Su nombre evoca fuego y destrucción, pero también designa uno de los motores geológicos que han configurado continentes, islas y montañas a lo largo de millones de años.

La actividad del cinturón no puede predecirse con exactitud. La ciencia puede identificar zonas de riesgo, calcular probabilidades y emitir alertas tempranas, pero el momento exacto de un gran terremoto o de una erupción sigue estando fuera del alcance actual. Por ello, la preparación de la población y la reducción de la vulnerabilidad son tan importantes como el conocimiento geológico.

El estudio del cinturón combina la sismología, la vulcanología, la geofísica y la gestión del riesgo. A medida que crece la urbanización en algunas de sus zonas más expuestas, también crece la necesidad de planificar ciudades ante un entorno geológico que seguirá activo durante miles de años. En ese sentido, el Cinturón de Fuego es a la vez una frontera geológica y un desafío permanente para las sociedades que habitan el borde del Pacífico.


  1. La segunda región sísmica del mundo, el llamado cinturón alpino o Alpide, comprende desde Java y Sumatra, a través del Himalaya y el Mediterráneo, hasta el Atlántico. Se le atribuye entre 5 % y 6 % de los sismos globales y cerca del 17 % de los grandes terremotos. ↩︎

  2. La cita proviene del relato Narrative of the Expedition of an American Squadron to the China Seas and Japan, publicado en 1856. ↩︎

  3. El lecho del océano Pacífico reposa sobre varias placas en fricción permanente. La tensión acumulada se libera en forma de sismos, mientras que la fusión parcial del material subducido alimenta el vulcanismo. ↩︎

  4. La línea de andesita fue definida originalmente para el suroeste del Pacífico y luego extendida a otras partes del océano Pacífico. ↩︎

  5. Existe discrepancia entre fuentes mexicanas: algunas indican 5400 m y otras 5500 m. El cambio puede deberse a la altura máxima del borde del cráter y a los ajustes topográficos. La medición oficial mexicana suele citarse en torno a 5400 m s. n. m. ↩︎

  6. La erupción de Novarupta-Katmai de 1912 emitió un volumen enorme de piroclastos y formó el Valle de las Diez Mil Fumarolas. Aunque a veces se asocia con el monte Katmai, el conducto principal fue Novarupta. ↩︎

  7. Estas cifras provienen de los catálogos y preguntas frecuentes del Servicio Geológico de Estados Unidos, que es una de las fuentes más utilizadas para divulgación. ↩︎

  8. Bolivia no tiene costa sobre el Pacífico, pero se incluye en el cinturón por los volcanes andinos de su frontera con Chile, como el Sajama, el Licancabur y el Ollagüe, que pertenecen al mismo sistema de subducción. ↩︎

  9. Yellowstone no se ubica sobre una zona de subducción, por lo que técnicamente no está en el Anillo de Fuego. Se lo menciona aquí por su cercanía conceptual al conjunto de volcanes y calderas del oeste de Norteamérica y por su capacidad de generar erupciones de gran magnitud. ↩︎

  10. El Índice de Explosividad Volcánica (IEV o VEI) es una escala logarítmica de 0 a 8 que mide el volumen de material expulsado, la altura de la columna eruptiva y la duración. Una erupción IEV 8 expulsa más de 1000 km³ de material. ↩︎