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COVID-19

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COVID-19
Enfermedad COVID-19
Otros nombres Enfermedad por coronavirus de 2019, covid, covid-19
Especialidad Infectología
Causa SARS-CoV-2
Síntomas Fiebre, tos, fatiga, disnea, vómito, pérdida del olfato o del gusto; casos asintomáticos
Complicaciones Neumonía, síndrome de dificultad respiratoria aguda, sepsis, insuficiencia renal, COVID-19 persistente
Período de incubación 2 a 14 días, promedio 5 días
Transmisión Inhalación de gotas y aerosoles, contacto con mucosas, superficies contaminadas
Diagnóstico RT-PCR, prueba rápida de antígenos, tomografía computarizada
Prevención Vacunación, mascarillas, distanciamiento físico, ventilación, lavado de manos
Tratamiento Sintomático y de soporte; antivirales en pacientes con riesgo de enfermedad grave
Casos confirmados reportados 701.413.950[sin verificar]
Fallecidos reportados 6.881.955
Letalidad 1,02 % promedio; IFR de 0,04 % a 28,3 % según edad
Dosis de vacunas administradas 13.338.833.198

La enfermedad por coronavirus de 2019, más conocida como COVID-19, es una enfermedad infecciosa causada por el coronavirus SARS-CoV-2. Los primeros casos se identificaron en Wuhan, China, en diciembre de 2019. La rápida propagación del virus llevó a que la Organización Mundial de la Salud declarara el brote como emergencia sanitaria de preocupación internacional el 30 de enero de 2020 y, posteriormente, como pandemia el 11 de marzo de 2020. La emergencia sanitaria mundial se dio por concluida en mayo de 2023[sin verificar].

La enfermedad produce síntomas como fiebre, tos, fatiga, dificultad respiratoria y, en una proporción de casos, pérdida del olfato o del gusto. La mayoría de las personas presenta cuadros leves o moderados, pero una minoría desarrolla neumonía, síndrome de dificultad respiratoria aguda, sepsis y fallo multiorgánico. La transmisión ocurre principalmente por inhalación de gotas respiratorias y aerosoles; también puede producirse al tocar superficies contaminadas y luego llevarse las manos a la boca, la nariz o los ojos. Las estrategias de prevención incluyen vacunación, uso de mascarillas, distanciamiento físico, ventilación de interiores e higiene de manos.

1. Resumen[editar]

La COVID-19 es una infección respiratoria aguda causada por el virus SARS-CoV-2. El período de incubación va de dos a catorce días, con un promedio de cinco. Al menos un tercio de las personas infectadas no desarrolla síntomas perceptibles. Entre quienes desarrollan síntomas clasificables como pacientes, la mayor parte presenta cuadros leves a moderados; aproximadamente 14 % desarrolla enfermedad grave y cerca de 5 % evoluciona a un estado crítico con insuficiencia respiratoria, choque o disfunción multiorgánica.

El total de fallecidos reportados hasta 2024 era de 6.881.955. Se han administrado 13.338.833.198 dosis de vacunas contra la COVID-19. La letalidad promedio se ha estimado en torno a 1,02 %, aunque el riesgo varía de manera importante con la edad y las comorbilidades.

2. Nombre y nomenclatura[editar]

El 12 de enero de 2020, la Organización Mundial de la Salud recibió el genoma secuenciado del nuevo virus y lo denominó provisionalmente 2019-nCoV, abreviatura de 2019 novel coronavirus. Durante las primeras semanas, los medios utilizaron nombres como «neumonía de Wuhan», «coronavirus de Wuhan» o «gripe de Wu», en referencia a la ciudad china donde se detectó el brote inicial.

El 11 de febrero de 2020, la OMS anunció que COVID-19 sería el nombre oficial de la enfermedad. Se trata de un acrónimo del inglés coronavirus disease 2019, es decir, «enfermedad por coronavirus de 2019». La decisión buscó evitar denominaciones que estigmatizaran a personas, lugares, animales, alimentos, industrias o grupos culturales, siguiendo las recomendaciones internacionales para nombrar enfermedades infecciosas.[1]

En español, el género del nombre ha sido objeto de debate. La Fundéu BBVA y la Real Academia Española consideran preferible el femenino, «la COVID-19», porque enfermedad —el núcleo del acrónimo— es un sustantivo femenino. Sin embargo, la RAE también reconoce como válido el uso masculino, «el COVID-19», que se volvió frecuente por influencia de «coronavirus» y de otras enfermedades víricas como el dengue, el MERS o el SARS.[2]

La Fundéu BBVA recomienda, además, escribir el nombre lexicalizado en minúsculas, «covid-19», cuando se usa como sustantivo común en textos generales. También señala que es posible usar la forma acortada «covid». En cuanto a la acentuación, la pronunciación mayoritaria en español es aguda: /koˈβið/, es decir, «co-VID-die-cinueve»;[3] una minoría la pronuncia como palabra llana, con influencia del inglés.

3. Historia[editar]

3.1 Descubrimiento[editar]

En diciembre de 2019 apareció un brote epidémico de neumonía de causa desconocida en Wuhan, provincia de Hubei, China. Los primeros casos estuvieron vinculados al Mercado Mayorista de Mariscos del Sur de China, aunque más tarde se comprobó que no todos los pacientes tenían relación directa con el mercado.

El 31 de diciembre de 2019, el Comité de Salud Municipal de Wuhan informó a la OMS que 27 personas habían sido diagnosticadas con neumonía de causa desconocida, de las cuales 7 estaban en estado crítico. La mayoría eran trabajadores del mencionado mercado. Para el 1 de enero de 2020, el mercado había sido cerrado y se había descartado que la enfermedad fuera causada por SARS, MERS, gripe, gripe aviaria u otras infecciones respiratorias comunes.

El 7 de enero de 2020, científicos chinos aislaron el virus causante y realizaron la secuenciación de su genoma. Esa secuencia estuvo disponible para la OMS el 12 de enero de 2020, lo que permitió a laboratorios de distintos países diseñar pruebas diagnósticas basadas en PCR. Para el 12 de enero, las autoridades chinas habían confirmado 41 personas infectadas, con síntomas que comenzaron entre el 8 de diciembre de 2019 y el 2 de enero de 2020.

3.2 Propagación y pandemia[editar]

Tras el brote inicial de Wuhan, la ciudad dejó de reportar casos durante un período y el 19 de enero de 2020 confirmó 17 casos adicionales. Para entonces ya se habían comunicado los primeros casos fuera de China: dos en Tailandia y uno en Japón.

El 30 de enero de 2020, la OMS declaró el brote como emergencia sanitaria de preocupación internacional. En ese momento, la enfermedad se había detectado en todas las provincias de China continental y en otros 15 países. El 11 de marzo de 2020, la OMS reconoció a la COVID-19 como pandemia. Los casos confirmados continuaron creciendo; el 26 de marzo de 2020 se alcanzaron 500.000 contagios en todo el mundo.

Para contener la transmisión, los gobiernos impusieron restricciones de viaje, cuarentenas, confinamientos, cancelación de eventos y cierre de establecimientos no esenciales. La pandemia tuvo un efecto socioeconómico disruptivo, con compras de pánico, desinformación, teorías conspirativas e incidentes de xenofobia y racismo contra personas chinas y de otros países de Asia oriental y sudoriental.

4. Epidemiología[editar]

4.1 Transmisión[editar]

La transmisión de persona a persona se produce por inhalación de gotas y aerosoles liberados al hablar, toser, estornudar, respirar, gritar o cantar. Las partículas más pequeñas pueden permanecer suspendidas en el aire y desplazarse distancias mayores, especialmente en interiores mal ventilados. También se describe la transmisión por contacto de las manos con superficies contaminadas y posterior contacto con las mucosas orales, nasales u oculares. La transmisión por fómites, es decir, por objetos contaminados, no contribuye de manera sustancial a las nuevas infecciones según la evidencia acumulada.

Las personas infectadas pueden transmitir el virus incluso si no presentan síntomas. Existe evidencia limitada de que el contagio puede producirse uno o dos días antes del inicio de los síntomas, ya que la viremia alcanza un pico al final del período de incubación. Las personas vacunadas todavía pueden transmitir la enfermedad, aunque la carga viral suele ser menor y la probabilidad de transmisión se reduce.

4.2 Persistencia en superficies[editar]

De acuerdo con estudios publicados en 2020, la persistencia del virus en diferentes superficies es limitada:[4]

  • Papel y pañuelos de papel: 3 horas
  • Cobre: 4 horas
  • Cartón: 24 horas
  • Madera: 2 días
  • Tela: 2 días
  • Acero inoxidable: 2 a 3 días
  • Plástico de polipropileno: 3 días
  • Cristal: 4 días
  • Billetes: 4 días
  • Exterior de una mascarilla: 7 días

La OMS recomienda desinfectar superficies, especialmente en entornos sanitarios, pero considera que el papel de los fómites es menos relevante que el contacto estrecho con una persona infectada.

4.3 Transmisión vertical y lactancia[editar]

Los estudios sobre la posible transmisión vertical de la COVID-19, de la madre al feto, no han encontrado SARS-CoV-2 en el líquido amniótico, en la sangre del cordón umbilical ni en la leche materna. Sin embargo, se han hallado anticuerpos en recién nacidos de madres portadoras, lo que sugiere que la cuestión no está completamente resuelta. No se contraindica la lactancia materna en pacientes infectadas, siempre que se mantengan las medidas de higiene, como el lavado de manos y el uso correcto de mascarilla.[5]

4.4 Número reproductivo básico[editar]

El número reproductivo básico, R₀, representa el promedio de contagios generados por una persona infectada. La Academia China de las Ciencias estimó en febrero de 2020 un R₀ de aproximadamente 4, mientras que el Imperial College de Londres calculó un rango de 1,5 a 3,5.[6] Estas diferencias reflejan la incertidumbre sobre los parámetros epidemiológicos iniciales y las variaciones en las medidas de control.

5. Causa y virología[editar]

La COVID-19 está causada por el coronavirus SARS-CoV-2, del género Betacoronavirus, subgénero Sarbecovirus. El virus está estrechamente relacionado con el SARS-CoV que causó la epidemia de SARS de 2002-2003. Los análisis genéticos muestran que es 96 % idéntico, a nivel de genoma completo, a coronavirus de murciélago denominados RaTG13. Esto respalda la hipótesis de un origen zoonótico, probablemente con tránsito desde murciélagos a humanos, posiblemente a través de un huésped intermediario.

El SARS-CoV-2 utiliza la proteína de superficie denominada espiga para unirse al receptor de la enzima convertidora de angiotensina 2, conocida como ACE2. Ese receptor es abundante en las células alveolares de tipo II de los pulmones, lo que explica el tropismo respiratorio del virus, aunque también se encuentra en otros tejidos.

6. Signos y síntomas[editar]

Los síntomas más frecuentes de la COVID-19 incluyen fiebre, tos, fatiga y dificultad para respirar. También pueden aparecer mialgias, vómito, pérdida del olfato y pérdida del gusto. Algunos casos cursan sin síntomas. Los síntomas suelen aparecer entre dos y catorce días después de la exposición, con un promedio de cinco días.

Entre las personas que desarrollan enfermedad sintomática, la mayoría tiene cuadros leves a moderados. Según la clasificación de los CDC de Estados Unidos, cerca del 81 % presenta enfermedad leve a moderada, aproximadamente 14 % desarrolla síntomas graves como disnea o hipoxia, y alrededor del 5 % evoluciona a enfermedad crítica con insuficiencia respiratoria, choque o disfunción multiorgánica. Las personas mayores y quienes tienen comorbilidades tienen mayor riesgo de presentar formas graves y de morir.

Un estudio con 2.143 pacientes pediátricos en China sugirió que los niños podían ser un factor importante en la rápida propagación comunitaria.[7]

7. Complicaciones[editar]

Las complicaciones de la COVID-19 pueden incluir neumonía, síndrome de dificultad respiratoria aguda, fallo multiorgánico, choque séptico y muerte. El choque séptico es la forma más frecuente de choque, pero también puede producirse choque obstructivo por embolia pulmonar.

Las complicaciones cardiovasculares incluyen insuficiencia cardíaca, arritmias como fibrilación auricular, miocarditis, trombosis y tromboembolismo venoso. Aproximadamente 12 % de los infectados hospitalizados en Wuhan presentó lesión cardíaca aguda. En pacientes ingresados en unidades de cuidados intensivos se observa una incidencia alta de trombosis y tromboembolismo venoso, con implicaciones pronósticas.

Las manifestaciones neurológicas incluyen convulsiones, ictus, encefalitis y síndrome de Guillain-Barré. En niños, después de la infección puede desarrollarse el síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico, con manifestaciones similares a la enfermedad de Kawasaki. También se han documentado infecciones fúngicas en personas en recuperación, como aspergilosis, candidiasis, criptococosis y mucormicosis.

En embarazadas, la infección aumenta el riesgo de enfermedad grave y de complicaciones respiratorias y obstétricas, incluido el aborto espontáneo, el parto prematuro y la restricción del crecimiento intrauterino.

8. Fisiopatología[editar]

El SARS-CoV-2 accede a las células huésped mediante el receptor ACE2. En el aparato respiratorio infecta el epitelio ciliado de la nasofaringe y las vías aéreas superiores, y puede progresar a los pulmones. Las autopsias de personas fallecidas muestran daño alveolar difuso e infiltrados inflamatorios con linfocitos. En las tomografías computarizadas se observan opacidades en vidrio esmerilado, que corresponden a zonas de inflamación y ocupación alveolar.

El virus también puede afectar al sistema nervioso. La pérdida del olfato se relaciona con la infección de las células de soporte del epitelio olfatorio y el daño posterior de las neuronas olfatorias. Se ha notificado afectación del sistema nervioso central y periférico, aunque el virus no se detecta en el sistema nervioso central de la mayoría de los pacientes con síntomas neurológicos.

En el aparato gastrointestinal, la abundante expresión de ACE2 en las células glandulares gástricas, duodenales y rectales explica los síntomas digestivos. En el sistema cardiovascular, la disfunción endotelial y el estado de hipercoagulabilidad contribuyen a la trombosis y a los eventos isquémicos.

Investigaciones con resonancia magnética han sugerido que incluso cuadros leves pueden asociarse a una reducción de entre 0,2 % y 2 % del tejido cerebral en regiones vinculadas al olfato, con un efecto promedio comparable al de al menos un año de envejecimiento cerebral. No se sabe con certeza si ese daño es temporal o permanente.

9. Diagnóstico[editar]

Las dos pruebas habituales para detectar una infección por SARS-CoV-2 son:

  • Prueba rápida de antígenos: puede realizarse en casa. Un resultado positivo indica infección activa, pero un resultado negativo no siempre es confiable, especialmente en personas asintomáticas.
  • RT-PCR: es más precisa y suele analizarse en laboratorio. Es la prueba de referencia para confirmar la infección.

La tomografía computarizada de tórax puede apoyar el diagnóstico al mostrar opacidades en vidrio esmerilado, aunque no es una prueba específica para la COVID-19.

10. Prevención y tratamiento[editar]

La prevención combina medidas individuales y comunitarias: vacunación, uso de mascarillas en espacios cerrados y aglomerados, distanciamiento físico, cuarentena de casos y contactos, ventilación de interiores e higiene frecuente de manos.

Al inicio de la pandemia, la OMS desaconsejó el uso generalizado de mascarillas quirúrgicas por parte de la población sana. Más tarde aceptó su uso como medida aceptable en determinados países, y los CDC de Estados Unidos recomendaron mascarillas de tela no médicas. Con el tiempo, las mascarillas se consolidaron como una herramienta habitual para reducir la transmisión.[8]

Se han autorizado varios antivirales para pacientes con enfermedad leve a moderada y factores de riesgo de evolución grave. Entre ellos se encuentran el nirmatrelvir-ritonavir, conocido como Paxlovid, el remdesivir y el molnupiravir. El tratamiento general sigue siendo sintomático y de soporte, con manejo de la fiebre, oxigenoterapia cuando es necesaria y soporte intensivo para los casos graves.

11. Variantes[editar]

El SARS-CoV-2 ha evolucionado continuamente desde el inicio de la pandemia. Cuando una cepa acumula un número importante de mutaciones, se clasifica como variante. Las variantes de preocupación recibieron nombres del alfabeto griego: Alfa, Beta, Gamma, Delta y Ómicron fueron las principales. Después de denominar Ómicron en noviembre de 2021, la OMS dejó de asignar nombres griegos a las nuevas variantes de preocupación. El sistema Pango permite identificar linajes más específicos, como JN.1, activo en 2024, y XFG[sin verificar] en 2025.

La variante Alfa, linaje B.1.1.7, apareció en otoño de 2020. A finales de 2020 surgieron Gamma, linaje P.1, detectada por primera vez en Brasil, y Beta, linaje B.1.351, identificada en Sudáfrica. Delta, linaje B.1.617.2, apareció en India y dominó globalmente durante 2021. Ómicron emergió a finales de 2021 con un gran número de mutaciones y se volvió dominante. En un lapso de aproximadamente siete semanas, pasó del 1 % al 95 % de los casos globales, hacia enero de 2022.

Las variantes difieren en transmisibilidad, capacidad para evadir la protección vacunal, gravedad y probabilidad de provocar COVID-19 persistente.

12. COVID-19 persistente[editar]

Una parte de las personas infectadas presenta síntomas persistentes durante meses o incluso años después de la infección aguda. El cuadro, denominado COVID-19 persistente o long COVID, incluye fatiga, alteraciones cognitivas y dificultad para respirar. También se ha observado daño orgánico en un subconjunto de pacientes.

Se ha documentado que todos los linajes estudiados, incluido Ómicron, pueden producir muerte de células cerebrales, aunque el tipo de células afectadas varía según la variante. No se ha determinado si las secuelas son temporales o permanentes.

13. Impacto social y presencia en el mundo hispanohablante[editar]

Las cuarentenas, restricciones de movilidad y aislamientos tuvieron efectos psicológicos negativos. A finales de enero de 2020, la Comisión Nacional de Salud de China publicó una guía para el manejo de crisis psicológicas, dirigida a pacientes, contactos, personas confinadas, personal sanitario y público general.

Estudios de 2020 señalaron que la pandemia afectó de manera desproporcionada la salud mental de las mujeres. Entre las razones se mencionaron el aumento de la violencia de género, la precariedad económica, la sobrerrepresentación de las mujeres en los sectores de hostelería y turismo, y su papel como cuidadoras principales de personas enfermas, niños y personas mayores.[9]

En el mundo hispanohablante, la cobertura informativa fue intensa y el nombre de la enfermedad generó discusiones lingüísticas recogidas por la RAE y la Fundéu BBVA, como se describe más arriba. En América Latina y el Caribe, así como en España, los gobiernos aplicaron restricciones de circulación, cierres de fronteras y campañas de vacunación masivas. Aunque las medidas variaron en intensidad y duración según el país, la experiencia de confinamiento, uso de mascarilla y distanciamiento se generalizó en la región. En distintos países hispanohablantes se popularizaron denominaciones locales para los elementos de protección; por ejemplo, el término «cubrebocas», común en México, convive con «tapabocas» —frecuente en varios países sudamericanos— y con «mascarilla», habitual en España y en contextos formales.

La pandemia también puso en evidencia desigualdades estructurales en la región, como el acceso desigual a servicios de salud, la informalidad laboral y la dificultad para mantener el distanciamiento en viviendas con alta densidad de ocupación. Las campañas de vacunación en América Latina dependieron en buena medida de acuerdos internacionales y de la disponibilidad global de dosis. No obstante, el desarrollo detallado de la pandemia en cada país hispanohablante corresponde a los artículos nacionales y no se trata aquí.

14. Tratamiento autorizado y manejo clínico[editar]

El manejo clínico de la COVID-19 se adapta a la gravedad del cuadro. En la enfermedad leve o moderada, el tratamiento suele ser sintomático: reposo, hidratación y control de la fiebre. En pacientes con riesgo de progresión a enfermedad grave, pueden emplearse antivirales. En los casos graves, se requiere hospitalización, oxigenoterapia y, en los más críticos, ventilación mecánica, soporte hemodinámico y manejo de complicaciones como sepsis, embolia pulmonar, arritmias o sobreinfecciones.

La evidencia sobre el remdesivir es aún incierta respecto a su efecto sobre la mortalidad y la necesidad de ventilación mecánica invasiva, según revisiones sistemáticas. Por ello, las decisiones terapéuticas se basan en el cuadro clínico, el tiempo de evolución y los factores de riesgo individuales.

15. Notas y referencias[editar]


  1. La OMS siguió las mejores prácticas de 2015 para evitar nombres que estigmaticen lugares, grupos étnicos, animales o industrias. ↩︎

  2. La Real Academia Española explicó que el femenino «la COVID-19» está justificado por el núcleo del acrónimo, enfermedad, pero reconoció que el uso mayoritario en masculino —«el COVID-19»— es válido. La Fundéu BBVA prefiere el femenino y recomienda la escritura lexicalizada «covid-19». ↩︎

  3. La forma aguda /koˈβið/ es la predominante en el español hablado; la acentuación llana /ˈkoβið/ es minoritaria y se atribuye a la influencia del inglés. ↩︎

  4. Las cifras corresponden a condiciones de laboratorio de temperatura y humedad controladas; a mayor temperatura y humedad, el virus tiende a inactivarse antes. ↩︎

  5. Al no evidenciarse presencia del virus en la leche materna, la lactancia no está contraindicada, siempre con medidas de higiene. ↩︎

  6. La variación en las estimaciones del R₀ refleja diferencias en los supuestos estadísticos, las poblaciones estudiadas y la intensidad de las intervenciones no farmacológicas. ↩︎

  7. El estudio, publicado en 2020, incluyó a 2.143 pacientes pediátricos y sugirió un papel relevante de los niños en la propagación. ↩︎

  8. En marzo de 2020 la OMS desaconsejaba el uso de mascarillas quirúrgicas en población sana; en abril consideró que podía ser una medida aceptable en algunos países. Los CDC recomendaron después mascarillas de tela para la población. ↩︎

  9. Las mujeres se vieron afectadas de manera desproporcionada por el aumento de la violencia de género, la precariedad económica y las cargas de cuidado. ↩︎