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El principito

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Autor Antoine de Saint-Exupéry
Título original Le Petit Prince
País original Francia
Idioma original Francés
Género Novela corta, novela filosófica, literatura infantil
Editorial original Reynal & Hitchcock (Estados Unidos)
Éditions Gallimard (Francia)
Fecha de publicación original Abril de 1943 (Estados Unidos, en inglés y francés); 1945[sin verificar] (Francia, según la primera impresión de Gallimard; la editorial consigna 1946)
Ilustrador original Antoine de Saint-Exupéry
Traductor al español Bonifacio del Carril
Editorial en español Emecé Editores (Argentina)
Fecha de la primera edición en español Septiembre de 1951

El principito (en francés, Le Petit Prince) es una novela corta escrita e ilustrada por el aviador y escritor francés Antoine de Saint-Exupéry. Publicada por primera vez en abril de 1943 en Estados Unidos, tanto en inglés como en francés, por la editorial Reynal & Hitchcock, la obra no pudo imprimirse oficialmente en Francia sino hasta después de la liberación del país, a cargo de Éditions Gallimard. Se trata de uno de los libros más leídos, más traducidos y más vendidos de la literatura universal. Su historia combina una aparente sencillez infantil con una reflexión sobre la vida adulta, la soledad, la amistad, el amor y la pérdida.

1. Resumen[editar]

El principito narra el encuentro entre un aviador que ha sufrido una avería en el desierto del Sahara y un niño llegado de un pequeño asteroide, el B-612, quien le pide que le dibuje un cordero. A lo largo de varios días, mientras el piloto intenta reparar su avión, el pequeño príncipe le cuenta sus viajes por distintos planetas habitados por adultos de mentalidad estrecha y su posterior llegada a la Tierra. La obra está acompañada por acuarelas del propio Saint-Exupéry y se caracteriza por su tono poético y por una crítica sostenida a la manera en que las personas adultas dan por hecho lo importante y olvidan lo esencial.

Aunque suele clasificarse como libro infantil por la forma en que está escrito, El principito contiene observaciones profundas sobre la naturaleza humana. La frase más citada del libro —«No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos»— resume el mensaje que el zorro transmite al protagonista y se ha convertido en uno de los aforismos más conocidos de la literatura del siglo XX.[1]

2. Argumento[editar]

La historia comienza con el narrador recordando un dibujo que hizo cuando tenía seis años: una boa constrictor que digería a un elefante. Los adultos, sin embargo, interpretaban el dibujo como un sombrero y le aconsejaban dejar de lado los dibujos para dedicarse a algo más productivo. Aquella incomprensión lo marcó y, ya adulto, decidió no hablar de asuntos imaginativos con las personas mayores, limitándose a los temas que consideraban razonables.

El narrador se convierte en piloto de avión. Un día su aeronave sufre una avería en el desierto del Sahara, lejos de la civilización, y debe repararla antes de que se agote su provisión de agua. Allí aparece de pronto un niño, a quien llama «el principito», que le pide que le dibuje un cordero. Después de varios intentos fallidos, el aviador dibuja una caja y le explica que el cordero está dentro. El niño acepta encantado ese dibujo, porque puede imaginar al animal.

Con el paso de los días, el principito cuenta su historia. Vivía en un asteroide poco más grande que una casa, el B-612, con tres volcanes diminutos —uno de ellos inactivo— y diversas plantas. El pequeño limpiaba los volcanes y arrancaba las semillas de los árboles baobabs, que amenazaban con invadir su planeta. Quería un cordero para que se comiera esas plantas; pero el aviador le advierte que un cordero también podría comerse una rosa con espinas. El principito habla entonces de su rosa, una flor vanidosa y orgullosa que cuidaba con un biombo y una cúpula de cristal. Aunque la quería, llegó a sentir que la rosa se aprovechaba de él y decidió abandonar su planeta para explorar el universo.

Durante su viaje visitó seis planetas, cada uno habitado por un adulto de mentalidad limitada. En el primero encontró a un rey sin súbditos; en el segundo, a un vanidoso que se creía la persona más admirable; en el tercero, a un bebedor que bebía para olvidar la vergüenza de beber; en el cuarto, a un hombre de negocios que contaba estrellas y afirmaba poseerlas; en el quinto, a un farolero que encendía y apagaba su farol cada minuto, y en el sexto, a un geógrafo que nunca había explorado el mundo que decía conocer. Aquel geógrafo le recomendó visitar la Tierra.

Al llegar a la Tierra, el principito aterrizó en el desierto y creyó que el planeta estaba deshabitado. Conoció entonces a una serpiente amarilla que le dijo tener el poder de regresar a las personas al lugar de donde vinieron. Después se encontró con una flor, subió la montaña más alta que había visto y solo halló un paisaje desolado; su eco le respondió y pensó que se trataba de otras personas burlándose de él. Más adelante llegó a un jardín lleno de rosas y se sintió desgraciado al descubrir que su rosa no era única en el universo. Comenzó a llorar, pero entonces apareció un zorro que quiso ser domesticado. El zorro le enseñó que su rosa era especial porque él la había domesticado y porque le había dedicado tiempo: «Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante». También le dijo: «Te haces responsable para siempre de lo que has domesticado».[2]

Tras despedirse del zorro, el principito conoció a un guardagujas y a un vendedor de píldoras que eliminaban la sed; ambos encuentros reforzaron la idea de que las personas adultas viajan sin saber lo que buscan. Ocho días después de la avería, el aviador y el principito se quedan sin agua y emprenden una caminata por el desierto. Al amanecer encuentran un pozo. El agua les sabe a regalo, y el principito recuerda que lo esencial no se ve con los ojos.

El principito le pide al aviador que le dibuje un bozal para su cordero y le cuenta que al día siguiente cumple un año desde que llegó a la Tierra. El piloto descubre que el niño habla con una serpiente sobre su regreso a casa. El principito se despide del aviador y le explica que, si parece que ha muerto, es solo porque su cuerpo es demasiado pesado para llevarlo consigo. Le pide que mire las estrellas y recuerde su risa. Luego permite que la serpiente lo muerda y cae al suelo sin hacer ruido.

A la mañana siguiente, el aviador no encuentra el cuerpo del principito. La historia concluye con un dibujo del paisaje y una petición del narrador: si alguien se encuentra con un niño de cabello dorado que no responde a las preguntas, que le escriban lo antes posible.

3. Personajes[editar]

El principito es el protagonista. Se trata de un niño que viaja de planeta en planeta y hace preguntas que los adultos suelen dar por obvias. Vive en un pequeño asteroide que puede entenderse como su propia vida; los demás planetas que visita representan, en ese sentido, las vidas de otras personas que conoce. Su inocencia y su mirada extrañada ante el mundo adulto estructuran el relato.

El aviador es el coprotagonista y narrador. Es un adulto que intenta razonar y actuar como un niño, pero sabe que ha perdido esa condición. Representa al lector dentro de la historia: es quien aprende a ver las cosas de otra manera y quien transmite la crítica a la adultez. Por sus características, se lo identifica con el propio autor.

El cordero es un personaje aparentemente menor, pero de gran significado. Simboliza a un amigo que puede ayudar al principito a librarse de sus problemas, aunque también puede volverse en su contra. La caja en la que supuestamente vive el cordero es una alusión a la imaginación, que los adultos ya no suelen usar.

La rosa encarna el amor del principito. Es espléndida y magnífica, pero también frágil, orgullosa, vanidosa y mentirosa. Aun así, es su flor, única entre todas. Representa la inocencia y la inexperiencia del protagonista, y es responsable de su huida por la confusión que le genera su manera de actuar.

El zorro es un personaje medular. Enseña al principito el sentido de la amistad, el valor del tiempo dedicado a otro y la idea de que lo esencial es invisible a los ojos. Su deseo de ser domesticado introduce el concepto de los lazos afectivos y de la responsabilidad.

El rey, el vanidoso, el bebedor, el hombre de negocios, el farolero y el geógrafo representan, cada uno, una faceta de la vida adulta: el deseo de poder, la vanidad, la evasión, la posesión, el trabajo mecánico y el conocimiento desligado de la experiencia. Son figuras solitarias que viven atrapadas en sus propias lógicas.

La serpiente es un personaje ambivalente. Dice tener el poder de regresar a las personas al lugar de donde vinieron y, al final, facilita el regreso del principito a su planeta.

Los baobabs simbolizan los malos hábitos, los pensamientos y los problemas que deben solucionarse antes de que crezcan demasiado. Los volcanes representan las emociones y tareas cotidianas que hay que atender con disciplina.

4. Posibles inspiraciones[editar]

Dado que Saint-Exupéry desapareció en 1944, antes de ver el fruto pleno de su obra, no pudo explicar en qué se inspiró para crear El principito. Sin embargo, investigadores y críticos han señalado episodios de su autobiografía y otras fuentes posibles.

4.1 Acontecimientos y personajes[editar]

La escena del aviador varado en el desierto se inspira probablemente en una experiencia real del propio Saint-Exupéry, descrita en su obra autobiográfica Tierra de hombres (Terre des hommes). El 30 de diciembre de 1935, a las 2:45 de la madrugada, después de 19 horas y 44 minutos en el aire, Saint-Exupéry y su copiloto André Prévot se estrellaron en el desierto del Sahara. Intentaban batir el récord de velocidad en un vuelo de París a Saigón, en un Caudron C-630 Simoun, por un premio de 150.000 francos.[3] Sobrevivieron al accidente, pero tuvieron que afrontar una rápida deshidratación. Con mapas antiguos, deambularon por las dunas con uvas, un termo de café, una naranja y un poco de vino; solo tenían líquido para un día. Comenzaron a ver espejismos y alucinaciones. Al cuarto día, un beduino los encontró y les administró un tratamiento de rehidratación que les salvó la vida.

Durante su servicio como piloto de correo en cabo Juby, Saint-Exupéry vio un feneco —un zorro del desierto—, lo que probablemente inspiró al zorro del libro. También se cree que este personaje está basado en Silvia Hamilton Reinhardt, una amiga íntima neoyorquina del autor, y que la frase «Lo esencial es invisible a los ojos» surgió de su relación con ella.[4]

Muchos investigadores creen que la rosa vanidosa y petulante está inspirada en la esposa salvadoreña de Saint-Exupéry, Consuelo Suncín. El pequeño asteroide B-612 estaría basado en El Salvador, conocido como «la tierra de los volcanes» por el gran número de ellos en su territorio. A pesar de un matrimonio tormentoso, Consuelo fue muy importante para Antoine, y la protección que el principito brinda a su rosa con una pantalla contra el viento y una cúpula de cristal reflejaría ese vínculo. Las infidelidades del autor y las dudas de su matrimonio aparecerían representadas en el campo de rosas que el principito encuentra en la Tierra.[5]

Algunos especialistas consideran que los temibles baobabs representan al nazismo que intentaba destruir el planeta. El consuelo que el principito da al piloto antes de regresar —«[mi cuerpo] será como una corteza abandonada»— se asemeja a las últimas palabras del hermano menor de Antoine, Francis, quien en su lecho de muerte le dijo: «No te preocupes. Estoy bien. No puedo evitarlo. Es mi cuerpo».

4.2 El principito[editar]

Saint-Exupéry pudo haberse inspirado en sí mismo de joven para crear al personaje, ya que en su infancia sus amigos y familiares lo llamaban «le Roi-Soleil» —«el rey sol»— por su rizado cabello dorado. En 1942, durante su estancia en Quebec con la familia del filósofo Charles De Koninck, conoció a Thomas, un niño de ocho años de cabello rubio y rizado, que también pudo haber influido en el personaje. Otra posible inspiración fue Land Morrow Lindbergh, el hijo de cabello dorado del pionero de la aviación estadounidense Charles Lindbergh y Anne Morrow, a quien Saint-Exupéry conoció durante una visita a Long Island.[6]

Una de las primeras referencias literarias de Saint-Exupéry sobre un pequeño príncipe se encuentra en la segunda crónica que envió desde Moscú, fechada el 14 de mayo de 1935. Como corresponsal especial de Paris-Soir, describió a un niño que dormía entre una pareja de campesinos polacos en un vagón de tercera clase, y escribió que aquel niño era como un Mozart condenado a ser formado por la maquinaria social. Ese pasaje anticipa la figura del pequeño príncipe y varios temas de sus escritos filosóficos.

5. Creación de la obra[editar]

5.1 Contexto y redacción[editar]

Al estallar la Segunda Guerra Mundial, Saint-Exupéry voló inicialmente en un escuadrón de reconocimiento de la Armée de l'air. Tras la derrota de Francia en 1940, huyó del país ocupado junto a su esposa Consuelo y llegó a América del Norte a fines de diciembre de 1940. Su intención era convencer al gobierno de Estados Unidos de que entrara en guerra contra Alemania y las fuerzas del Eje.

Entre enero de 1941 y abril de 1943, los Saint-Exupéry vivieron en dos áticos en Central Park South, en Manhattan, luego en Bevin House, una mansión victoriana en Asharoken, Long Island, y más tarde en una casa alquilada en Beekman Place, en la ciudad de Nueva York. Durante su estancia en Long Island, el autor conoció a Land Morrow Lindbergh. La pareja también se hospedó en Quebec durante cinco semanas en la primavera de 1942, donde vivieron con la familia De Koninck.

A su regreso a Estados Unidos, Elizabeth Reynal, esposa de uno de sus editores en Reynal & Hitchcock, lo animó a trabajar en un libro infantil. Había observado su estrés y su deteriorada salud, y pensó que una historia para niños le haría bien.[7] Saint-Exupéry escribió e ilustró El principito en Nueva York y Asharoken durante la segunda mitad de 1942; completó el manuscrito en octubre de ese año.

Aunque comenzó el libro en su ático de Central Park South, el verano sofocante y el ruido de Nueva York le resultaron incómodos. Consuelo buscó un alojamiento mejor y, tras una breve estancia en Connecticut, se instalaron en Bevin House, una mansión de veintidós habitaciones en Asharoken con vista al Long Island Sound. El autor al principio se quejó: «Yo quería una choza y esto es el Palacio de Versalles». Sin embargo, con el paso de las semanas la casa se convirtió para él en «un refugio para escribir, el mejor lugar en el que he estado en mi vida». Se entregó al libro en turnos diurnos y nocturnos, alimentado por raciones de muffins ingleses con huevos revueltos, gin tonics, Coca-Colas y cigarrillos, y revisado por amigos y expatriados franceses. Entre los revisores estaba Denis de Rougemont, escritor suizo y amante de Consuelo, quien incluso sirvió de modelo para algunas ilustraciones.

5.2 Manuscrito e ilustraciones[editar]

El manuscrito original de 140 páginas, junto con varios borradores y dibujos de prueba, fue adquirido en 1968 por el curador Herbert Cahoon de la Biblioteca Pierpont Morgan —hoy Biblioteca y Museo Morgan— en Manhattan, a partir de Silvia Hamilton, amiga cercana del autor. Es el único borrador manuscrito completo que se conserva. Sus páginas incluyen una gran cantidad de prosa tachada que no se publicó en la primera edición. El museo también conserva varias acuarelas que no formaron parte de aquella primera edición.

El aforismo central de la obra, «On ne voit bien qu'avec le cœur. L'essentiel est invisible pour les yeux» («No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos»), fue reelaborado y reescrito unas quince veces antes de alcanzar su redacción definitiva.[8] Saint-Exupéry también usó una máquina Dictaphone para dictar borradores orales a su mecanógrafa. Su manuscrito inicial de unas 30.000 palabras quedó reducido a menos de la mitad mediante prolongadas sesiones de edición. El autor solía escribir de noche, a menudo a partir de las once de la noche, acompañado de una bandeja de café negro fuerte, y decía que en ese horario se sentía libre y podía concentrarse durante horas sin cansancio.

Muchas páginas e ilustraciones fueron eliminadas de la obra final para mantener la ambigüedad del tema. Entre los fragmentos suprimidos del capítulo 17 había referencias a lugares de Nueva York como el Rockefeller Center y Long Island. Otros pasajes eliminados describían la dieta vegetariana del príncipe y un jardín en su asteroide. También se eliminó un epílogo sombrío en el que el narrador lamentaba que en una estrella alguien había perdido a un amigo, en otra alguien estaba enfermo y en otra alguien estaba en guerra.

En abril de 2012, una casa de subastas parisina anunció el hallazgo de dos páginas manuscritas desconocidas que contenían texto nuevo. En ese material, el príncipe se encontraba con un «ambajador del espíritu humano» que buscaba una palabra de seis letras que empezara por G y significara «hacer gárgaras». Los expertos creen que la palabra podría ser «guerre» (guerra), lo que daría al pasaje un tono más político y antibélico.[9]

5.3 Dedicatoria[editar]

Saint-Exupéry conoció a Léon Werth, escritor y crítico de arte, en 1931. Werth era anarquista, simpatizante de izquierda, de origen judío y veintidós años mayor que el autor. Se convirtió en su amigo más cercano fuera del ámbito de Aéropostale. Saint-Exupéry le dedicó Le Petit Prince y Lettre à un otage. Al inicio de la Segunda Guerra Mundial, mientras escribía el libro en Nueva York, Werth vivía en Saint-Amour, en el Jura, una región montañosa cercana a Suiza, donde pasaba frío y hambre.

La dedicatoria de El principito dice, en síntesis, que Saint-Exupéry pide perdón a los niños por dedicar el libro a una persona mayor. Ofrece como excusas que ese adulto es su mejor amigo, que puede entender incluso los libros para niños y que vive en Francia, donde tiene hambre y frío. Finalmente corrige la dedicatoria y la dedica al niño que ese adulto fue una vez: «Todas las personas mayores fueron niños antes. Pero pocas lo recuerdan».

5.4 Después de la publicación[editar]

Solo semanas después de la primera publicación, en abril de 1943, y sin haber recibido regalías —nunca las recibiría—, Saint-Exupéry se incorporó a las Fuerzas Francesas Libres. Se sentía enormemente orgulloso de El principito y casi siempre llevaba consigo una copia, que solía leer a otros durante la guerra. Viajó a África del Norte, se reincorporó a su escuadrón y retomó su trabajo como piloto de reconocimiento. Sus amigos trataron de impedir que siguiera volando, pero no lo lograron. Durante una misión de espionaje en julio de 1944, que partió de Córcega hacia el continente europeo para preparar la invasión aliada de la Francia ocupada, desapareció en acción, tres semanas antes de la liberación de París.

La biógrafa Stacy Schiff escribió que raramente un autor y un personaje han estado tan íntimamente unidos como Antoine de Saint-Exupéry y su principito, y que ambos permanecen enredados entre sí, como inocentes gemelos caídos del cielo.

6. Estilo y tono[editar]

El principito está narrado en un tono sobrio y medido por el piloto-narrador, como un homenaje al pequeño amigo y al tiempo que compartieron. Aunque contiene elementos fantásticos —un niño que viaja entre planetas, una flor que habla, una serpiente que devuelve a las personas a su origen—, su lógica se sostiene sobre la imaginación infantil más que sobre el realismo adulto.

Saint-Exupéry era un perfeccionista literario. Produjo versiones de páginas cubiertas de líneas finas de escritura, a menudo tachadas con esmero, y redujo borradores originales hasta en dos tercios. Trabajaba con intensidad y solía empezar a escribir alrededor de las once de la noche, acompañado de café negro. Según su profesor de inglés, Adèle Breaux, a esa hora se sentía libre y capaz de concentrarse durante horas sin cansancio, hasta quedarse dormido de pronto. El autor contó que una vez empezado un proyecto, este se convertía en una obsesión.

El estilo de la obra alterna la sencillez del lenguaje con máximas de gran densidad filosófica. Las ilustraciones en acuarela no son ornamentales: forman parte del relato y refuerzan la idea de que lo esencial no siempre puede expresarse con palabras.

7. Ediciones impresas y traducciones[editar]

7.1 Primera edición en Estados Unidos y Francia[editar]

La primera publicación impresa de El principito fue en inglés, realizada por Reynal & Hitchcock en abril de 1943 en Estados Unidos; la versión original en francés apareció una semana después por la misma editorial. La primera traducción inglesa fue de Katherine Woods. Su versión tenía algunos errores, pero muchos lectores la consideraron casi poética y admirada por conservar el espíritu y el encanto de la narración, si bien no su precisión literal.[10]

En Francia, el libro no pudo publicarse oficialmente hasta después de la liberación del régimen de Vichy. Éditions Gallimard se encargó de la publicación en 1946 según su propio catálogo; no obstante, otras fuentes registran una primera impresión de 12.250 ejemplares el 30 de noviembre de 1945.[11] Algunas obras de Saint-Exupéry circularon de manera clandestina antes de la liberación, como ocurrió en febrero de 1943 con cerca de mil ejemplares de Pilote de guerre impresos en Lyon.

El principito se ha convertido en el libro escrito en francés más leído y más traducido de todos los tiempos. Para 2012 había sido traducido a más de doscientos cincuenta idiomas y dialectos, incluido el sistema braille y lenguas como el sardo. Es uno de los pocos libros modernos traducidos al latín. En abril de 2017 se informó que la obra se había convertido en el libro no religioso más traducido del mundo, con traducciones a 300 lenguas; en noviembre de 2024 la cifra anunciada ascendió a 600[sin verificar] idiomas y dialectos.[12] Solo la Biblia lo supera en número de traducciones.

7.2 Traducción al español[editar]

La primera traducción al castellano fue realizada por Bonifacio del Carril y publicada por la editorial argentina Emecé Editores en septiembre de 1951. Desde entonces, numerosos traductores y editoriales han hecho sus propias versiones. En 1956, la editorial mexicana Diana publicó El pequeño príncipe, con traducción de José María Francés. En España circularon asimismo ediciones tituladas El pequeño príncipe. La variedad de títulos —El principito en Argentina y otros países hispanoamericanos, El pequeño príncipe en México y España— responde a tradiciones editoriales distintas, pero ambas denominaciones refieren a la misma obra.

La traducción de Del Carril fijó en gran parte de América Latina el nombre «El principito», que es hoy el más extendido en la región.

7.3 Otras traducciones y lenguas indígenas[editar]

El libro ha sido traducido también a lenguas indígenas americanas. En 2005 se publicó la traducción al toba, lengua indígena del norte de Argentina, con el título So Shiyaxauolec Nta'a. Fue el primer libro traducido a ese idioma desde el Nuevo Testamento. En 2018, el Centro Francés de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (CEMCA) publicó la traducción al totonaco bajo el título Xa´púku’ a’ktsú qa´wa´sa. En Bolivia, la Editorial del Estado Plurinacional tradujo la obra al aimara en 2023, con el título Warawar wawa, y en 2024 al quechua, con el título Apu wawa’, y al guaraní, con el título Mburuvicharaɨ. Las traducciones forman parte de la línea editorial «Obras universales en idiomas originarios de Bolivia».[13]

La multiplicidad de ediciones es enorme. Para 2009 existían aproximadamente trescientas cincuenta ediciones diferentes de El principito en coreano, y unas cincuenta traducciones al chino en China y Taiwán. El estudio de las elecciones léxicas y de los errores permite a los lingüistas identificar si las versiones derivan del francés original, de la traducción inglesa de Katherine Woods o de una adaptación.

8. Recepción y legado[editar]

Muchos de los primeros reseñistas quedaron desconcertados por la trama en capas y sus moralejas. Algunos esperaban una obra más convencional de uno de los principales escritores de Francia. El libro no encajaba del todo ni en la literatura infantil ni en la de adultos. Poco antes de su publicación, un crítico de The New York Times se preguntó si se podía llenar una narración de paradojas e ironía y aun así mantener el interés de niños de seis a diez años, y concluyó que, pese a su dualidad, buena parte del relato capturaría la imaginación de cualquier niño. P. L. Travers, autora de Mary Poppins, escribió en una reseña que El principito brillaría sobre los niños con un destello lateral y que los tocaría en un lugar que no es la mente.

La obra disfrutó de un éxito inicial modesto: permaneció solo dos semanas en la lista de best sellers de The New York Times, a diferencia de la traducción inglesa de Wind, Sand and Stars, que se mantuvo casi cinco meses. Con el tiempo se convirtió en un icono cultural y en uno de los libros más vendidos de todos los tiempos, con más de 140 millones de ejemplares vendidos en el mundo y más de un millón de ventas al año.[14] La Fundación Antoine de Saint-Exupéry ha estimado un adicional de 80 millones de copias vendidas a nivel global en formatos de audio y video.

El periodista británico Neil Clark señaló en 2009 que la obra ofrece «una vista aérea de la humanidad» y que no se limita a expresar desprecio por el egoísmo y el materialismo, sino que muestra cómo debería vivirse la vida.

9. Adaptaciones y presencia en el mundo hispanohablante[editar]

Desde su primera publicación, El principito ha dado lugar a numerosas adaptaciones: grabaciones de audio, obras de teatro, películas, ballets, óperas e incluso una serie animada y un anime. La obra se ha representado con frecuencia en teatros de Europa y América Latina, y sus frases se reproducen en carteles, murales y textos escolares de toda la región.

En Colombia existe un mural dedicado a El principito —referido ya en la ficha original del artículo en español—, uno de los muchos homenajes visuales que la obra ha inspirado en el espacio público latinoamericano. El libro forma parte de las lecturas escolares habituales en varios países de habla hispana y ha sido objeto de ediciones comentadas, versiones bilingües y material didáctico.

La obra también ha estado ligada a la identidad editorial argentina por la traducción de Bonifacio del Carril. Su difusión en América Latina debe mucho a aquella edición temprana de Emecé, que fijó el título El principito y lo incorporó al canon leído por varias generaciones.

10. Elementos mitológicos[editar]

La aparente muerte del protagonista y su regreso a su planeta admiten lecturas mitológicas. El narrador descubre la partida del principito al verlo hablar con una serpiente; el niño le advierte que parecerá que ha muerto, pero que no es verdad, y que su cuerpo es demasiado pesado para llevarlo consigo. A la mañana siguiente, el aviador no encuentra el cuerpo.

En la mitología griega, las serpientes eran a menudo animales oraculares; la mordedura de una serpiente o el veneno de una serpiente pone fin a la vida de varios personajes mitológicos y religiosos, en su mayoría reyes primitivos, como Orestes, Múnito o Mopso. Esas mordeduras se producían con frecuencia en el talón y eran una de las formas en que los reyes sagrados morían para resucitar después y reclamar su trono o alcanzar la divinidad. La metáfora del cuerpo como una corteza vieja que se abandona se asemeja a la purificación con fuego de Heracles en el monte Eta, donde el héroe se despojó de su cuerpo terrenal antes de su apoteosis y su ascenso al Olimpo. En esa clave, la corteza vieja adquiere una connotación similar a la purificación que permite ascender, como una serpiente que muda de piel.[15]

El principito es mordido por la serpiente después de pasar un año en la Tierra, período que coincide con el que gobernaban los reyes sagrados antes de su muerte ritual. Las permanentes alusiones a las estrellas previas a su partida conservan un paralelismo con la incorporación de guerreros como Orión o Heracles a las constelaciones. Estas lecturas no son las únicas posibles, pero muestran la densidad simbólica de la obra más allá de su apariencia infantil.

11. Importancia cultural y vigencia[editar]

El principito es hoy una de las obras literarias del siglo XX con mayor presencia global. Su combinación de relato poético, crítica a la adultez y reflexión sobre los vínculos afectivos la ha convertido en una referencia tanto para la literatura infantil como para la filosofía cotidiana. Frases como «No se ve bien sino con el corazón» y «Lo esencial es invisible a los ojos» se han integrado en el habla común y en la cultura visual de los países hispanohablantes.

La obra también ha sido utilizada como texto introductorio para el aprendizaje del francés y de otros idiomas, y existen numerosas ediciones bilingües y trilingües. Su condición de libro más traducido del mundo después de la Biblia y sus decenas de millones de ejemplares vendidos confirman su universalidad. A más de ochenta años de su publicación, el pequeño príncipe, su rosa, el zorro y el aviador siguen funcionando como personajes capaces de explicar la experiencia del amor, la soledad y la responsabilidad.


  1. La frase aparece en el capítulo XXI, en el diálogo entre el zorro y el principito. La redacción final francesa fue reelaborada unas quince veces, según los documentos conservados en la Biblioteca y Museo Morgan de Nueva York. ↩︎

  2. Las traducciones de estas frases varían según la edición. En la versión de Bonifacio del Carril, la frase sobre el tiempo dedicado a la rosa se expresa con la idea de que ese tiempo es lo que la hace importante. ↩︎

  3. La aeronave era un Caudron C-630 Simoun, con número de serie 7042 y matrícula francesa F-ANRY. Algunas fuentes sitúan el lugar del accidente cerca del valle de Wadi Natrun, por el delta del Nilo. ↩︎

  4. Según la biografía de Stacy Schiff y otras fuentes periodísticas, Reinhardt fue una confidente cercana de Saint-Exupéry en Nueva York y se ha asociado su figura al zorro y a la frase central del libro. ↩︎

  5. Consuelo Suncín publicó después de la desaparición de Saint-Exupéry una autobiografía titulada Mémoires de la rose, en la que relató la relación entre ambos. No fue publicada mientras ella vivió. ↩︎

  6. El encuentro con Lindbergh se produjo en 1939, durante una visita a la casa de los Lindbergh en Long Island. Charles Lindbergh, sin embargo, tenía posturas opuestas a las de Saint-Exupéry sobre la intervención estadounidense en la guerra. ↩︎

  7. Otra fuente señala que fue el coeditor Curtice Hitchcock quien, al ver los bocetos del autor, sugirió la idea de un libro infantil. También se ha dicho que la editorial quería tener un libro para niños para la Navidad de 1942. ↩︎

  8. La Biblioteca y Museo Morgan conserva el manuscrito, en el que se observan las correcciones sucesivas de la frase. ↩︎

  9. El hallazgo fue anunciado por una casa de subastas parisina en abril de 2012. El texto no dice explícitamente cuál es la palabra buscada, pero los especialistas consideran probable que sea «guerre», lo que reforzaría el mensaje antibélico de la obra. ↩︎

  10. Además de la traducción de Katherine Woods, existen al menos otras siete traducciones inglesas posteriores, entre ellas las de T.V.F. Cuffe, Irene Testot-Ferry, Richard Howard, Michael Morpurgo y otras. ↩︎

  11. La discrepancia proviene de la práctica editorial de Gallimard, que consigna 1946 por razones legales de derechos de autor, aunque la primera impresión comercial se habría producido el 30 de noviembre de 1945. ↩︎

  12. La cifra de 600 traducciones fue anunciada por el sitio oficial de la obra en noviembre de 2024. En 2017, la misma fuente informó de 300 lenguas. La variación refleja la inclusión de dialectos y lenguas con pocos hablantes. ↩︎

  13. Los traductores de la edición boliviana fueron Rubén Hilari Quispe y Martín Canaviri Mamani para el aimara; Elías Caurey y Benjamín Cuéllar Fernández para el guaraní; y Francisco Quispe Chambi para el quechua. ↩︎

  14. La cifra de 140 millones de ejemplares es una estimación difundida por la prensa y por la fundación del autor. Algunas fuentes manejan cifras superiores si se incluyen los formatos de audio y video. ↩︎

  15. Esta lectura proviene de comparaciones entre el final de El principito y los mitos griegos de Orestes, Heracles y los reyes sagrados. No es una interpretación unánime de la crítica, pero está documentada en estudios mitológicos. ↩︎