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Escila

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Escila
Nombre griegoΣκύλλα
Nombre latinoScylla
TipoMonstruo marino femenino; originalmente ninfa
MoradaLado calabrés del estrecho de Mesina
ContraparteCaribdis
PadresVarias versiones: Cratéis con Trieno, Forco o Tritón; Hécate y Forcis; Poseidón y Cratéis; Tifón y Equidna; Palante y Estigia
Aparición principalOdisea, canto XII
Transformada en monstruo porCirce o Anfitrite, según la versión

1. Resumen[editar]

Escila (en griego: Σκύλλα; en latín: Scylla) es un monstruo marino femenino de la mitología griega, conocido principalmente por su aparición en la Odisea. En las fuentes más antiguas se la describe como una criatura voraz de naturaleza mixta entre mujer y fiera, mientras que en la tradición literaria tardía se la imaginó originalmente como una bella ninfa transformada en monstruo por una maldición.[1]

Su morada estaba situada en el lado calabrés del paso marítimo que separa Regio de Sicilia, el actual estrecho de Mesina. En el lado siciliano del mismo canal habitaba Caribdis, otro monstruo marino. La cercanía entre ambos peligros —los lados del canal estaban dentro del alcance de una flecha— obligaba a los navegantes a elegir entre acercarse a uno o a otro: si evitaban a Caribdis, debían aproximarse a Escila, y viceversa.[2]

Con el tiempo, la tradición sostuvo que los dioses transformaron a Escila en una roca que representaba graves peligros para los navegantes. De su nombre deriva el municipio epónimo de Scilla, en Calabria, Italia.

2. Nombre y etimología[editar]

El nombre griego Σκύλλα (Skýlla) ha sido relacionado desde la Antigüedad con σκύλαξ (skýlax, «cachorro de perro»), en un juego de palabras que ya aparece en Homero, quien compara el grito de Escila con el de un cachorro tierno.[3] Esta asociación es coherente con la representación del monstruo como una criatura dotada de cabezas de perro —o acompañada por perros— en diversas versiones del mito.

En latín se la llamó Scylla, forma de la que procede directamente el nombre del municipio calabrés de Scilla, emplazado frente al estrecho de Mesina. La forma castellana tradicional es «Escila», usada tanto en las traducciones de la Odisea como en la literatura mitológica hispanoamericana.

Conviene no confundir a esta Escila marina con Escila de Megara, hija del rey Niso, cuya otra versión mitológica —ligada al sitio de Megara y al cabello purpúreo de su padre— pertenece a un ciclo narrativo distinto.

3. Naturaleza y apariencia[editar]

Monstruo voraz[editar]

Escila es recordada especialmente por el canto XII de la Odisea. En él, la hechicera Circe aconseja a Odiseo que navegue más cerca de Escila que de Caribdis, pues Escila devoraría a seis de sus hombres, mientras que Caribdis succionaría la nave entera. Circe advierte a Odiseo que Escila no es mortal, sino «una plaga sin muerte, un azote tremendo, agobiante, feroz e invencible», y que no hay fuerza capaz contra ella: la mejor opción es la huida. Le recomienda remar aprisa y llamar en socorro a Cratéis, madre de Escila, «que trajo a los hombres esa plaga», pues solo ella podría contener sus ataques.[4]

Odiseo logró navegar entre Escila y Caribdis, aunque las seis cabezas de la primera devoraron a seis miembros de su tripulación.

Apariencia física[editar]

La descripción más antigua y pormenorizada de Escila se encuentra en el canto XII de la Odisea. Homero la presenta como un monstruo de cueva tenebrosa, orientada hacia las sombras del ocaso y el Érebo. Ningún arquero, ni aun el más hábil, podría alcanzar desde su barco la oquedad en que Escila habita. Su grito, dice Homero, se asemeja al de un cachorro tierno, pero su cuerpo es el de un monstruo maligno, «al que nadie gozaría de mirar aunque fuese algún dios quien lo hallara a su paso». Tiene doce patas, todas pequeñas y deformes, y seis larguísimos cuellos con horribles cabezas; sus bocas abiertas muestran tres filas de dientes apretados y espesos, «henchidos de muerte sombría». La mitad de su cuerpo se esconde en la cóncava gruta, mientras que las cabezas, fuera del báratro horrible, exploran la presa: delfines, perros de mar o algún cetáceo enorme.[5]

La versión homérica fue modificada por autores romanos. Higino, por ejemplo, dice que Escila tenía la parte superior del cuerpo de mujer y la inferior, desde la ingle, de pez, y que de ella nacían seis perros.[6] Virgilio, en cambio, describe que su parte superior tiene hasta las caderas forma humana con el pecho de una hermosa muchacha, mientras que la inferior es de pez, con un cuerpo monstruoso de dragón marino que remata su vientre de lobo en colas de delfines.[7]

El autor bizantino Tzetzes, más tardío, escribe que cada una de las seis cabezas era de una bestia distinta: una de monstruo marino, otra de león, otra de perro, otra de gorgona, otra de ballena y una sexta de humano.[8]

4. Ascendencia[editar]

Desde Homero, Escila ha sido imaginada como hija de una tal Cratéis o Crateide (Κραταιίς, nombre que sugiere «de las rocas»), sin que se mencione consorte alguno.[9] Poco se sabe de esta misteriosa figura; Higino se limita a decir que Cratéis era un río.[10]

Las fuentes posteriores multiplicaron las versiones sobre su filiación. Apolodoro dice que Escila nació de Cratéis y Trieno o Forco (Forcis); algunos leen «Tritón» en lugar de «Trieno».[11] El escoliasta de Platón, acaso refiriéndose a la misma versión, atribuye su paternidad a Tirreno o Forco.[12] Eustacio de Tesalónica, por su parte, sostiene que Escila nació de Tritón o bien que sus padres fueron Poseidón y Cratéis.[13]

Otras versiones vinculan a Escila con Hécate. Acusilao dice que sus padres fueron Hécate y Forcis.[14] En las Grandes Eeas, Escila es hija de Hécate y de un tal Forbas o Forbante, nombre que algunos leen como «Forcis».[15] Semos de Delos afirma que la propia Cratéis es hija de Hécate y Tritón, y que fue madre de Escila en su unión con Deimos.[16] Estesícoro opina que Lamia, acaso la hija de Poseidón, es la madre de Escila.[17]

Higino tampoco se decide: Escila habría nacido de Tifón y Equidna, como otros monstruos legendarios, o bien de la unión entre el gigante Palante y Estigia.[18]

La multiplicidad de genealogías refleja, por un lado, la tendencia de la mitografía antigua a conectar a los monstruos marinos con las fuerzas primordiales del mar y del mundo ctónico; y por otro, la circulación de variantes locales en torno al estrecho de Mesina y sus peligros.

5. Metamorfosis de Escila en monstruo[editar]

En las fuentes tardías, la transformación de Escila en monstruo se explicó mediante dos relatos principales que la presentan como víctima de una maldición o de unos brebajes maléficos.

Metamorfosis por obra de Circe[editar]

La versión más difundida es la que recoge Ovidio en las Metamorfosis. Según ella, Escila fue en su origen una hermosa ninfa. El dios marino Glauco, anteriormente un pescador, se enamoró de ella, pero la joven huyó de él hacia tierra firme, donde el dios no podía alcanzarla. Desesperado, Glauco acudió a la isla de la hechicera Circe para pedirle una poción de amor que derritiera el corazón de Escila. Circe, que estaba secretamente enamorada de Glauco, intentó cortejarlo con dulces palabras y miradas, recomendándole que dedicara su amor a alguien más digno; pero el dios la rechazó. Enfurecida con Escila —no con Glauco—, Circe fingió ayudarlo entregándole un frasco y le recomendó que lo vertiera en la charca donde Escila solía bañarse. Glauco siguió las instrucciones; tan pronto como la ninfa entró en el agua, se transformó en un horrible monstruo de seis cabezas perrunas. Glauco, que observaba la escena desde lejos, perdió su interés por ella y se marchó llorando amargamente.[19]

Metamorfosis por obra de Anfitrite[editar]

Otra versión transmitida por los escolios y comentaristas antiguos sitúa la transformación en el contexto de los viajes de Heracles. Según esta variante, Heracles, conduciendo el ganado de Gerión desde Eritea, llegó hasta el estrecho entre Italia y Sicilia. Allí, una muchacha nativa y voraz llamada Escila se atrevió a apoderarse de algunos de los toros para comérselos, por lo que fue muerta por el héroe. Su padre Forcis, que poseía conocimientos mágicos, usó antorchas ardientes sobre el cuerpo y de este modo le devolvió la vida.

La misma versión agrega que, antes de estos hechos, Escila era una mujer hermosa que compartía el lecho con Poseidón. Anfitrite, celosa, habría arrojado unos brebajes al manantial donde la joven solía bañarse, convirtiéndola en una bestia con múltiples cabezas informes.[20][21]

Ambas narraciones comparten un esquema común: una figura femenina de gran belleza es transformada por los celos o la rivalidad de una diosa, mediante agentes químicos vertidos en el agua de su baño. La versión ovidiana responsabiliza a Circe; la versión serviana, a Anfitrite.

6. Versiones racionalizantes[editar]

La Antigüedad desarrolló también interpretaciones racionalizantes del mito, que buscaban explicar el relato como una deformación poética de realidades geográficas. Según una de estas versiones, Escila no sería un monstruo, sino el nombre de un cabo cercano a Regio, mientras que Caribdis serían las aguas turbulentas próximas a Mesina. Ambos peligros, el cabo y el remolino, se enfrentan en el estrecho.

En esta lectura, Forcis no es otro que el mar mismo. El cabo Escila se adentra en las aguas; bajo él hay grandes rocas con huecos y cuevas habitadas por criaturas marinas. Los barcos se estrellaban contra esas rocas arrastrados por la corriente de Caribdis, y los tripulantes caídos al agua eran engullidos por la marea. La versión añade que Heracles, al navegar por esos parajes con el ganado de Gerión, perdió allí algunas reses que cayeron al mar; el mar, es decir Forcis, con el paso del tiempo habría limpiado aquel estropicio con sus mareas constantes.[22]

Esta interpretación euhemerista o geográfica era común en la mitografía antigua para explicar monstruos y episodios fantásticos asociados a accidentes geográficos reales, especialmente en regiones de navegación peligrosa como el estrecho de Mesina.

7. Escila en la Odisea[editar]

El episodio de Escila y Caribdis constituye uno de los pasajes más célebres del Odisea y uno de los últimos grandes obstáculos que Odiseo debe superar antes de llegar a la isla de Trinacia, donde pastan las vacas del Sol.

En el canto XII, Circe advierte a Odiseo sobre los dos escollos del estrecho. Le instruye que navegue más cerca de Escila, sacrificando a seis hombres, antes que arriesgarse a que Caribdis succione la nave entera. La diosa describe a Escila como un mal inmortal e invencible, y le recomienda llamar en socorro a Cratéis, la madre del monstruo.

Siguiendo el consejo de Circe, Odiseo y su tripulación atraviesan el estrecho. Mientras los hombres concentran su atención en el remolino de Caribdis, Escila arrebata del barco a seis remeros —los de brazos más fuertes, dice Homero— y los devora en la entrada de su cueva. Odiseo describe esa pérdida como la visión más lamentable que contemplaron sus ojos en todos sus trabajos en el mar.

El episodio refuerza la caracterización de Escila como una fuerza ciega e inevitable del medio marino: no puede combatirse, solo puede gestionarse mediante una elección trágica entre pérdidas menores y la destrucción total. Esta lógica —elegir el mal menor— es la que la tradición posterior convirtió en expresión proverbial.

8. La expresión «estar entre Escila y Caribdis»[editar]

Del relato de la Odisea surge la expresión «estar entre Escila y Caribdis», equivalente a «estar entre la espada y la pared»: hallarse ante un dilema de difícil o imposible solución, en el que cualquier salida entraña un daño.

La frase, con equivalentes en numerosas lenguas, se usa tanto en contextos cultos como en el habla cotidiana para describir situaciones en las que no existe una opción segura. En español, aunque la expresión clásica se mantiene, es frecuente también la variante «estar entre la espada y la pared», que traduce la misma idea con una imagen más doméstica.

El trasfondo geográfico del mito —el estrecho entre Calabria y Sicilia— explica la fuerza de la metáfora: no se trata de una amenaza aislada, sino de dos peligros opuestos y simultáneos, entre los cuales debe pasar inevitablemente quien navegue por ese paso.

9. Presencia en la cultura[editar]

Escila, junto con Caribdis, ha tenido una prolongada presencia en la literatura, las artes visuales y la cultura popular. En la pintura, destaca el lienzo de Johann Heinrich Füssli Odiseo ante Escila y Caribdis, que representa el momento de la travesía fatídica. En la cerámica griega antigua se conservan representaciones de Escila, entre ellas un detalle fechado entre 450 y 425 a. C. que hoy se encuentra en el Museo del Louvre (inventario CA 1341).

En la literatura moderna, el mito de Escila ha sido retomado por autores como James Joyce (cuyo episodio «Escila y Caribdis» de Ulises alude al dilema homérico) y, en el ámbito hispanoamericano, por Jorge Luis Borges, quien la incluyó en su Libro de los seres imaginarios con un breve repaso de las fuentes clásicas: Homero, Ovidio y Pausanias.[1:1]

El nombre de Escila también ha llegado a la astronomía: el asteroide (155) Scylla, perteneciente al cinturón principal, lleva su denominación. Asimismo, la localidad de Scilla, en la provincia de Regio de Calabria, conserva el topónimo del monstruo y se asoma al mismo estrecho donde la tradición situaba su morada.

En la lengua española, la expresión «estar entre Escila y Caribdis» se ha mantenido como fórmula culta, especialmente en la prosa ensayística y periodística, para describir disyuntivas políticas, económicas o diplomáticas en las que no cabe una solución limpia. La pareja de monstruos sigue funcionando como una imagen duradera del dilema trágico y de los peligros de la navegación —literal y metafórica— en aguas traicioneras.

10. Escila y Caribdis como pareja mítica[editar]

Aunque los documentos antiguos no presentan a Escila y Caribdis como hermanas en sentido genealógico, la tradición las asocia de manera inseparable. Ambas comparten un mismo espacio geográfico, el estrecho de Mesina; ambas representan peligros marinos de naturaleza opuesta: una devora activamente mediante sus mandíbulas, la otra succiona pasivamente mediante su remolino. En términos narrativos, forman un par antitético que obliga al héroe a una elección dolorosa.

Esta dualidad ha dado pie a lecturas simbólicas que ven en Escila el riesgo visible y agresivo, y en Caribdis el peligro oculto y envolvente. Frente a ambas, la sabiduría práctica de Circe consiste en recomendar la pérdida limitada e inevitable: seis hombres, no la nave entera. El episodio homérico inaugura así un motivo recurrente en la literatura universal: el héroe que, ante males inevitables, debe optar por el menor.

11. Fuentes antiguas sobre Escila[editar]

[ Desplegar / Plegar — Fuentes antiguas ]

Las principales fuentes antiguas que mencionan o describen a Escila son las siguientes:

Homero, Odisea, canto XII, versos 80–97 (descripción del monstruo) y 115–125 (consejo de Circe a Odiseo). Es el testimonio más antiguo y la base de las descripciones posteriores.

Ovidio, Metamorfosis, libro XIII, versos 730–739 (metamorfosis de Escila por obra de Circe). Texto de referencia para la versión de Escila como ninfa transformada.

Higino, Fábulas, fábula CXXV (La Odisea): describe la parte superior del cuerpo de Escila como mujer y la inferior como pez, con seis perros que nacían de ella. También la fábula 199 (La otra Escila) menciona a Cratéis como un río.

Virgilio, Eneida, libro III, versos 419–431: descripción de Escila con busto de muchacha, cuerpo de pez y cola de delfín.

Apolodoro, Biblioteca mitológica, Epítome 7, 20: hace a Escila hija de Cratéis y Trieno o Forco.

Tzetzes, sobre Licofrón, § 650: atribuye a Escila seis cabezas de bestias distintas (monstruo marino, león, perro, gorgona, ballena y humano).

Servio, sobre la Eneida, III, 420: relata la metamorfosis por obra de Anfitrite y la muerte de Escila a manos de Heracles.

Eustacio de Tesalónica, sobre Homero, Odisea 12, 85: presenta a Tritón, o bien a Poseidón y Cratéis, como padre o padres de Escila.

Acusilao, fragmento 42: hace a Escila hija de Hécate y Forcis.

Estesícoro, fragmento 220 PMG: señala a Lamia como madre de Escila.

Escolio a Apolonio de Rodas, IV 828: registra la variante de las Grandes Eeas, según la cual Escila es hija de Hécate y Forbas (o Forcis).

Semos de Delos (FGrH 396 F 22): hace a Cratéis hija de Hécate y Tritón, y madre de Escila con Deimos.

Referencias[editar]


  1. Jorge Luis Borges, El libro de los seres imaginarios, entrada sobre Escila. Según Borges, los dioses la convirtieron en roca, y remite a las versiones de Ovidio y Pausanias. ↩︎ ↩︎

  2. Tucídides, Historia de la guerra del Peloponeso, IV, 24, 5. ↩︎

  3. Homero, Odisea, XII, 80–97. El texto griego juega con σκύλαξ (skýlax, «cachorro de perro») y Σκύλλα (Skýlla). ↩︎

  4. Homero, Odisea, XII, 115–125 (traducción de la cita en el cuerpo del artículo). ↩︎

  5. Homero, Odisea, XII, 80–97 (traducción de la descripción física). ↩︎

  6. Higino, Fábulas, CXXV (La Odisea). ↩︎

  7. Virgilio, Eneida, III, 419–431. ↩︎

  8. Tzetzes, sobre Licofrón, § 650. ↩︎

  9. Homero, Odisea, XII, 124–125. ↩︎

  10. Higino, Fábulas, 199. ↩︎

  11. Apolodoro, Biblioteca mitológica, Epítome 7, 20. ↩︎

  12. Robert L. Fowler, Early Greek Mythography, volumen 2, p. 32; escoliasta de Platón. ↩︎

  13. Eustacio de Tesalónica, sobre Homero, Odisea, 12, 85. ↩︎

  14. Escolio a Homero, Odisea, 12, 85; Acusilao, fr. 42 (Fowler). ↩︎

  15. Escolio a Apolonio de Rodas, IV, 828. ↩︎

  16. FGrH 396 F 22. ↩︎

  17. Estesícoro, F220 PMG (Campbell, pp. 132–133). ↩︎

  18. Higino, Fábulas, prefacio 17 (hija de Palante y Estigia) y 39 (hija de Tifón y Equidna). ↩︎

  19. Ovidio, Metamorfosis, XIII, 730–739. ↩︎

  20. Servio, sobre la Eneida de Virgilio, III, 420. ↩︎

  21. Tzetzes, sobre Licofrón, § 46. ↩︎

  22. Servio, sobre la Eneida de Virgilio, III, 420; Tzetzes, sobre Licofrón, § 46. La interpretación racionalizante se transmite en estos escolios y en la tradición exegética antigua. ↩︎