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Esclerosis lateral amiotrófica

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Ficha rápida
Otros nombresELA; enfermedad de Lou Gehrig; enfermedad de Charcot; enfermedad de la neurona motora
EspecialidadNeurología
Síntomas frecuentesDebilidad muscular progresiva, calambres, fasciculaciones, dificultad para hablar, tragar y respirar
CausasDesconocidas en la mayoría de los casos; entre 5 y 10 % hereditarios
Edad típicaEntre 40 y 70 años; pico entre 60 y 69
DiagnósticoClínico; electromiografía, resonancia magnética, análisis de sangre y líquido cefalorraquídeo
TratamientoManejo sintomático, riluzol, ventilación no invasiva, fisioterapia, logopedia
PronósticoSupervivencia media de 2 a 4[sin verificar] años desde el diagnóstico
FrecuenciaEn Europa, 2,6[sin verificar] casos por 100 000; prevalencia aproximada de 1 por 10 000
CIE-10G12.2

1. Resumen[editar]

La esclerosis lateral amiotrófica (ELA) es una enfermedad neurodegenerativa de tipo neuromuscular que afecta principalmente a las neuronas motoras, es decir, las células nerviosas encargadas de transmitir las órdenes de movimiento desde el cerebro, la médula espinal y el tronco encefálico hasta los músculos voluntarios. Con la progresión de la enfermedad, esas neuronas dejan de funcionar y mueren, lo que provoca debilidad muscular progresiva, atrofia y, finalmente, parálisis.[1]

El nombre de la enfermedad describe dos de sus rasgos centrales. Por un lado, la esclerosis lateral alude a la pérdida de fibras nerviosas en los cordones laterales de la médula espinal, donde se produce una cicatrización glial o endurecimiento. Por otro, el término amiotrófica se refiere a la atrofia muscular derivada de la falta de estimulación nerviosa: el músculo, al no recibir señales, pierde actividad y masa.[2]

Una característica importante de la ELA es que la parálisis no suele acompañarse de pérdida de la sensibilidad, de la función intelectual ni de la percepción de los sentidos en la mayoría de los pacientes. Además, los músculos extrínsecos de los ojos y, por lo general, los esfínteres tienden a preservarse durante buena parte del curso clínico.[3]

Hasta la fecha de cierre de este texto no existe cura para la ELA. El tratamiento se centra en aliviar los síntomas, mantener la capacidad funcional y ofrecer soporte respiratorio y nutricional.[4]

En los Estados Unidos la condición es conocida popularmente como enfermedad de Lou Gehrig, por el beisbolista estadounidense que se retiró del deporte en 1939 tras ser diagnosticado. En Francia se la llama enfermedad de Charcot, en homenaje al neurólogo Jean-Martin Charcot, a quien se atribuye la introducción temprana del término en 1874.[5]

2. Denominaciones e historia[editar]

La asociación entre los hallazgos clínicos de debilidad y atrofia muscular con los hallazgos anatomopatológicos de endurecimiento de los cordones laterales de la médula espinal se describió durante el siglo XIX. Jean-Martin Charcot, en la escuela neurológica francesa, suele ser reconocido como una figura clave en la delimitación de la entidad y en la acuñación del término esclerosis lateral amiotrófica.[5:1]

El epónimo estadounidense enfermedad de Lou Gehrig se popularizó después de que Henry Louis Gehrig, primera base de los New York Yankees, dejara el béisbol en 1939 por una enfermedad neurológica progresiva. Su fallecimiento en 1941 contribuyó a que la opinión pública de Estados Unidos asociara el nombre del jugador a la condición.[6]

En el ámbito médico también se habla de enfermedad de la neurona motora, aunque ese término es más amplio e incluye otras afecciones del sistema motor, como la esclerosis lateral primaria o la atrofia muscular progresiva. La ELA, no obstante, es la forma más frecuente y grave de este grupo.[7]

3. Epidemiología[editar]

La ELA suele aparecer en la edad adulta. La mayor parte de los diagnósticos se realiza entre los 40 y los 70 años, con una mayor incidencia en varones y un pico aproximado entre los 60 y los 69 años. Se considera una enfermedad poco frecuente, pero no excepcional: su incidencia en poblaciones de origen europeo se estima en torno a

  • 2,6[sin verificar] casos nuevos por cada 100 000 habitantes al año,
  • con una prevalencia que en España se ha estimado en alrededor de 1 caso por cada 10 000 habitantes.[8]

Esa prevalencia supone, según las mismas estimaciones, aproximadamente 4 000 a 4 400 personas conviviendo con la enfermedad en España. En ese país se calculan unos 900 diagnósticos nuevos cada año, lo que equivale a una media de dos o tres casos diarios.[8:1]

En América Latina la disponibilidad de registros nacionales es más irregular. La enfermedad se diagnostica en toda la región, pero la ausencia de sistemas de vigilancia epidemiológica uniformes dificulta precisar con fiabilidad las tasas locales. En general se asume un comportamiento demográfico similar al observado en otros países, aunque con diferencias atribuibles al acceso al diagnóstico neurológico especializado.[9]

4. Causas y mecanismos[editar]

4.1. Formas esporádicas y familiares[editar]

La ELA se clasifica habitualmente en dos grandes tipos:

  • ELA esporádica: es la forma más frecuente. Aparece sin que se identifique un antecedente familiar claro y representa la mayoría de los casos.
  • ELA familiar: se hereda, por lo general, con un patrón autosómico dominante. Se estima que corresponde a entre 5 y 10 % del total.[10]

En los casos familiares se han identificado variantes en varios genes. La fuente clásica más citada es el gen SOD1 (superóxido dismutasa 1), aunque posteriormente se han sumado otras alteraciones genéticas. En 2011, un grupo encabezado por el neurólogo Teepu Siddique publicó en la revista Nature que mutaciones en el gen UBQLN2, implicado en el reciclaje de proteínas, podían explicar una parte de los casos familiares y sugerir un mecanismo común de agregación proteica.[11]

El hecho de que exista una forma familiar no significa que toda la enfermedad sea hereditaria. Un paciente sin antecedentes familiares se clasifica como esporádico, y sus familiares cercanos no presentan necesariamente un riesgo mayor que la población general.[10:1]

4.2. Mecanismos propuestos[editar]

No se conoce con certeza por qué mueren específicamente las neuronas motoras. Las principales hipótesis implican:

  • excitotoxicidad por glutamato: un exceso del neurotransmisor glutamato en el espacio extracelular resulta tóxico para las neuronas;
  • estrés oxidativo: daño celular mediado por radicales libres;
  • alteración mitocondrial: fallos en la producción de energía celular;
  • acumulación anómala de proteínas: neurofilamentos hiperfosforilados y otros agregados;
  • neuroinflamación: activación persistente de microglía y astrocitos que contribuye al daño neuronal;
  • alteraciones del transporte axonal y del metabolismo del ARN.

El fármaco riluzol actúa, al menos en parte, limitando la excitotoxicidad por glutamato, lo que respalda indirectamente la relevancia de ese mecanismo.[12]

4.3. Factores ambientales y discusión sobre infecciones[editar]

Se han estudiado posibles factores ambientales, como la exposición laboral a pesticidas, ciertos metales y sustancias tóxicas. Algunos estudios epidemiológicos han encontrado asociaciones, pero no establecen por sí solos una relación causal firme.[13]

Un equipo español planteó la hipótesis de que ciertas infecciones por hongos podrían participar en la génesis de la ELA. Los investigadores describieron la presencia de estructuras fúngicas y material genético de hongos en muestras cerebrales y de líquido cefalorraquídeo de pacientes fallecidos. Esta hipótesis, sin embargo, no ha sido aceptada de forma generalizada por la comunidad neurológica, y se han señalado limitaciones como el posible origen post mortem de los hallazgos o la contaminación en pacientes con tratamientos invasivos.[14]

5. Cuadro clínico[editar]

El inicio de la ELA suele ser asimétrico, es decir, los primeros síntomas pueden aparecer en una mano, un brazo, una pierna o en la musculatura del habla, dependiendo de la región afectada. Los síntomas iniciales más frecuentes son:[1:1]

  • debilidad en las manos o en las piernas;
  • torpeza y caída de objetos;
  • tropiezos o marcha inestable;
  • calambres musculares;
  • fasciculaciones o contracciones musculares visibles e involuntarias;
  • fatiga inusual en extremidades;
  • dificultad progresiva para hablar (disartria);
  • dificultad para tragar (disfagia).

Con el tiempo, la debilidad se extiende al tronco y a otros grupos musculares. La afectación de la musculatura respiratoria es la principal complicación terminal. Antes de esa etapa, es frecuente que aparezcan:

  • disfagia, que favorece la desnutrición y la aspiración;
  • sialorrea o dificultad para manejar la saliva;
  • insuficiencia respiratoria progresiva;
  • neumonía por aspiración;
  • espasticidad y reflejos exaltados por afectación de la neurona motora superior.

La enfermedad cursa generalmente sin dolor neuropático, aunque los calambres, la inmovilidad y las contracturas pueden producir malestar. En una proporción de pacientes aparecen episodios de llanto o risa inapropiados, denominados labilidad emocional, que no implican un trastorno psiquiátrico primario.[15]

Aunque clásicamente se ha descrito que las funciones intelectuales se conservan, hoy se sabe que un subgrupo de pacientes puede presentar alteraciones cognitivas o incluso una demencia frontotemporal asociada. Por lo tanto, la dicotomía entre ELA y demencia no es absoluta.[16]

6. Diagnóstico[editar]

El diagnóstico de ELA es fundamentalmente clínico. No existe una prueba única que confirme la enfermedad en todos los casos. El proceso suele incluir:

  • historia clínica y exploración neurológica, con búsqueda de signos de neurona motora superior e inferior;
  • electromiografía, que permite detectar denervación y fasciculaciones en territorios musculares;
  • resonancia magnética cerebral y de columna cervical, para descartar lesiones estructurales;
  • análisis de sangre y, en algunos casos, del líquido cefalorraquídeo, para excluir otras causas;
  • estudios genéticos en pacientes con antecedentes familiares o formas de inicio temprano, cuando el contexto clínico lo justifica.

El diagnóstico puede demorarse varios meses, ya que algunos cuadros imitan la ELA. La observación evolutiva y la repetición de estudios ayudan a aumentar la certeza diagnóstica.[17]

7. Tratamiento y manejo[editar]

No existe cura para la ELA. El abordaje actual es multidisciplinario y se orienta a prolongar la supervivencia, aliviar los síntomas y preservar la calidad de vida. Entre los componentes principales se encuentran:

  • ventilación no invasiva, indicada cuando aparece insuficiencia respiratoria;
  • asistencia nutricional, a menudo mediante gastrostomía cuando la deglución se vuelve insegura;
  • fisioterapia y terapia ocupacional, para mantener la movilidad y la independencia;
  • logopedia, para la comunicación y el manejo de la disfagia;
  • tratamiento sintomático de calambres, espasticidad, sialorrea, alteraciones del sueño y secreciones.

7.1. Fármacos modificadores de la enfermedad[editar]

El riluzol fue aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) en 1995 y es uno de los medicamentos más utilizados en la ELA. Prolonga la supervivencia de forma modesta, en el orden de 2 a 3 meses según los ensayos disponibles, por lo que se considera un tratamiento modificador, aunque no curativo.[12:1]

El edaravone fue aprobado por la FDA en 2017 como segundo medicamento específico. Se trata de un antioxidante desarrollado originalmente en Japón. Sin embargo, su eficacia real sigue siendo objeto de debate: la directriz de 2024 de la Academia Europea de Neurología señala que, con la evidencia disponible, no recomienda su uso intravenoso u oral fuera del contexto de ensayos clínicos.[18]

El tofersen se ha indicado en pacientes con ELA causada por mutaciones patogénicas en SOD1. Se trata de una terapia dirigida a un subgrupo genético muy concreto, por lo que no es aplicable a la mayoría de los pacientes.[19]

7.2. Cuidados paliativos y soporte[editar]

El soporte paliativo no se reserva para la fase final: se integra desde etapas tempranas y busca evitar complicaciones evitables. El control de la disnea, la reducción de la ansiedad asociada, el manejo de las secreciones y el acompañamiento psicológico forman parte del cuidado estándar.[4:1]

La traqueostomía con ventilación mecánica invasiva puede prolongar la vida, pero implica decisiones complejas que deben tomarse con información anticipada y respetando los valores del paciente. Muchos pacientes optan por medidas no invasivas y cuidados de confort.

8. Pronóstico[editar]

La ELA es una enfermedad progresiva y mortal. La supervivencia media desde el diagnóstico se sitúa, según las series actuales, entre 2 y 4[sin verificar] años, aunque existe gran variabilidad.[4:2]

La principal causa de muerte es la insuficiencia respiratoria, con frecuencia agravada por infecciones respiratorias. Algunas formas de inicio bulbar, que afectan tempranamente el habla y la deglución, suelen tener una evolución más rápida.

Se han descrito supervivencias mucho más prolongadas. El caso más citado es el físico Stephen Hawking, diagnosticado en 1963 y fallecido en 2018, 55 años después, una evolución absolutamente excepcional.[20] Generalmente se acepta que un porcentaje minoritario de pacientes puede vivir más de 10 años, sobre todo cuando se preserva la función respiratoria y se aplican medidas de soporte.[21]

9. Casos notables[editar]

La ELA ha alcanzado visibilidad pública por la trayectoria de varias personalidades del deporte, la ciencia y la cultura. Este apartado solo recoge casos de personas fallecidas, con lo que se evita especular sobre el estado de salud de figuras vivas.

  • Stephen Hawking (1942-2018): físico teórico británico, diagnosticado con ELA en 1963 y fallecido en 2018. Su supervivencia de 55 años constituye uno de los casos más atípicos documentados.[20:1]
  • Stephen Hillenburg (1961-2018): creador de la serie animada Bob Esponja, falleció a los 57 años por complicaciones de la enfermedad.[22]
  • Carlos Matallanas (1982-2021): futbolista y periodista español, falleció en 2021 a los 39 años.[23]
  • Peter Rock (1945-2016): cantante austro-chileno, figura de la Nueva Ola en Chile, falleció en Viña del Mar en 2016 a los 70[sin verificar] años.[24]
  • Hal Finney (1956-2014): programador estadounidense, pionero de Bitcoin y receptor de la primera transacción de esa red, falleció en 2014 por complicaciones de la ELA.[25]

En el mundo hispanohablante, estos episodios contribuyeron a difundir el nombre de la enfermedad y a visibilizar la necesidad de investigación y de cuidados especializados. En Chile, el caso de Peter Rock tuvo amplia cobertura; en España, la trayectoria pública de Carlos Matallanas y de otros deportistas mantuvo el tema en el debate mediático.

10. Investigación y perspectivas[editar]

La investigación actual se dirige en varias direcciones simultáneas:

  • identificación de biomarcadores que permitan un diagnóstico más temprano;
  • terapias génicas dirigidas a subgrupos genéticos, como SOD1 y otras dianas;
  • fármacos neuroprotectores, antiinflamatorios y moduladores del metabolismo del glutamato;
  • tratamiento con células madre como posible vía neuroprotectora, con resultados aún experimentales;
  • ensayos clínicos multicéntricos para evaluar moléculas con potencial modificador.

Las expectativas deben manejarse con cautela: en neurología, los resultados positivos en fases tempranas no siempre se confirman en estudios más amplios. La directriz europea de 2024 insistió en que varios tratamientos con notoriedad pública, como el edaravone, no se recomiendan fuera de ensayos clínicos con la evidencia actual.[18:1]

En el ámbito latinoamericano, la investigación clínica ha aportado caracterizaciones de variantes como el síndrome de Vulpian-Bernhardt, una forma rara de inicio focal en los brazos asociada a una supervivencia relativamente más larga. Un estudio de un centro de tercer nivel en México analizó su frecuencia y sus características electrofisiológicas.[26]

11. Recursos en español[editar]

Existen asociaciones de pacientes y fundaciones que ofrecen información y acompañamiento en países de habla hispana. Entre las más visibles se encuentran:

  • Asociación Española de ELA (adELA), España.
  • Fundación Española para el Fomento de la Investigación de la ELA (Fundela), España.
  • Asociación ELA Argentina, Argentina.
  • Fyademac, Asociación Mexicana de ELA, México.
  • ElaAndalucía, España.
  • Fundación Miquel Valls contra la ELA, Cataluña, España.

Las organizaciones locales suelen proporcionar guías de cuidados, orientación sobre ayudas técnicas y acompañamiento a familias. Dado que los recursos varían según el país y el sistema de salud, se recomienda consultar directamente a la asociación correspondiente.[27]


  1. La descripción sintomática puede consultarse en la hoja informativa sobre ELA del National Institute of Neurological Disorders and Stroke de Estados Unidos, citada en la entrada de referencia. ↩︎ ↩︎

  2. La etimología de los términos «esclerosis lateral» y «amiotrófica» proviene del griego y describe, respectivamente, el endurecimiento glial lateral de la médula y la atrofia muscular por falta de señal nerviosa. ↩︎

  3. La preservación relativa de la motilidad ocular y de los esfínteres es un rasgo clásico. No debe interpretarse como una regla absoluta para todos los pacientes ni para todas las fases. ↩︎

  4. Hobson EV, McDermott CJ. Supportive and symptomatic management of amyotrophic lateral sclerosis. Nature Reviews Neurology, 2016; 12(9):526-538. Allí se sintetizan el manejo sintomático y las cifras de supervivencia. ↩︎ ↩︎ ↩︎

  5. Rowland LP. How Amyotrophic Lateral Sclerosis Got Its Name: The Clinical-Pathologic Genius of Jean-Martin Charcot. Archives of Neurology, 2001; 58(3):512-515. El nombre fue introducido en la tradición neurológica en torno a 1874, aunque el papel exacto de Charcot en la acuñación ha sido matizado por algunos historiadores. ↩︎ ↩︎

  6. Lou Gehrig se retiró del béisbol en 1939 y falleció en 1941. El nombre popular «enfermedad de Lou Gehrig» quedó instalado en la cultura pública de Estados Unidos. ↩︎

  7. La enfermedad de la neurona motora es un paraguas clínico. La ELA es su forma más conocida, pero no la única: existen la esclerosis lateral primaria, la atrofia muscular progresiva y otras variantes. ↩︎

  8. Las cifras españolas proceden de estimaciones difundidas por el CIBER-ISCIII. La incidencia anual se ha estimado en unos 2 casos por cada 100 000 habitantes y la prevalencia en torno a 1 por 10 000. Las cifras redondeadas deben entenderse como aproximaciones. ↩︎ ↩︎

  9. No se incluyen cifras regionales exactas porque los registros latinoamericanos son heterogéneos. La afirmación sobre la irregularidad de los sistemas de vigilancia es de carácter general; conviene verificar con fuentes nacionales de cada país. ↩︎

  10. Entre el 5 y el 10 % de los casos se asocian a formas familiares. La ausencia de antecedentes familiares no elimina por completo la posibilidad de una base genética, pero en la práctica clínica el caso se clasifica como esporádico. ↩︎ ↩︎

  11. Siddique T. et al. Mutations in UBQLN2 cause dominant X-linked juvenile and adult-onset ALS and ALS/dementia. Nature, 2011. El artículo se presentó como un hallazgo hacia un mecanismo común de la enfermedad. ↩︎

  12. Miller RG, Mitchell JD, Moore DH. Riluzole for amyotrophic lateral sclerosis (ALS)/motor neuron disease (MND). Cochrane Database of Systematic Reviews, 2012. La revisión concluye que riluzol es razonablemente seguro y probablemente prolonga la supervivencia media unos 2 a 3 meses. ↩︎ ↩︎

  13. Se han publicado estudios epidemiológicos que asocian la exposición a pesticidas con mayor riesgo de ELA, pero se trata de asociaciones estadísticas, no de pruebas de causalidad. ↩︎

  14. La hipótesis fúngica fue planteada por un grupo español en 2015 y reafirmada por biólogos de la Universidad Autónoma de Madrid en 2017, con detractores que destacan posibles confundidores y la falta de reproducción por otros laboratorios. No es una hipótesis de consenso. ↩︎

  15. La labilidad emocional es un fenómeno conocido en la ELA. El término médico actual suele denominarse afecto pseudobulbar. ↩︎

  16. Hasta una parte minoritaria de pacientes puede desarrollar deterioro cognitivo o demencia frontotemporal. Por eso se prefiere hoy evitar la afirmación categórica de que las funciones intelectuales permanecen intactas en todos los casos. ↩︎

  17. No existe una única prueba confirmatoria. El diagnóstico se basa en la suma de datos clínicos y de laboratorio, y en la exclusión de otras enfermedades. ↩︎

  18. Van Damme P. et al. European Academy of Neurology guideline on the management of amyotrophic lateral sclerosis. European Journal of Neurology, 2024; 31(6):e16264. La directriz recomienda no usar edaravone intravenoso u oral fuera de ensayos clínicos con la evidencia disponible. ↩︎ ↩︎

  19. El tofersen está indicado específicamente para formas de ELA asociadas a mutaciones patogénicas en SOD1. Se trata de un subgrupo pequeño del total de pacientes. ↩︎

  20. Stephen Hawking fue diagnosticado en 1963 y falleció en 2018. La supervivencia de 55 años es una anomalía dentro de la historia natural de la enfermedad. ↩︎ ↩︎

  21. La afirmación de que una minoría sobrevive más de 10 años es de carácter general y depende de series clínicas. Conviene contrastar con registros nacionales actualizados. ↩︎

  22. Hillenburg falleció el 26 de noviembre de 2018. La noticia fue ampliamente difundida por medios internacionales. ↩︎

  23. Carlos Matallanas reveló su diagnóstico en 2013 y falleció el 9 de marzo de 2021, según la cobertura periodística de su caso. ↩︎

  24. Peter Rock falleció el 16 de abril de 2016 en Viña del Mar, Chile, según informaciones de prensa chilena. ↩︎

  25. Hal Finney fue diagnosticado con ELA en agosto de 2009 y falleció el 28 de agosto de 2014. ↩︎

  26. López-Hernández JC et al. Síndrome de Vulpian-Bernhardt. Frecuencia, características clínicas y electrofisiológicas en un centro de atención de tercer nivel en México. Revista de Neurología, 2021. Se trata de un estudio mexicano sobre una variante infrecuente. ↩︎

  27. Los nombres de las asociaciones corresponden a organizaciones citadas en la bibliografía de referencia. La vigencia de sus denominaciones y sedes debe confirmarse con cada entidad. ↩︎