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Estoicismo

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Estoicismo
TipoEscuela filosófica
FundadorZenón de Citio
OrigenAtenas, antigua Grecia
InicioComienzos del siglo III a. C. hacia 301 a. C.
Nombre originalPrimero «zenonismo», luego «estoicismo» por la Stoa Poikile
ÉnfasisÉtica personal, virtud, razón, dominio de las pasiones, vida conforme a la naturaleza
Figuras principalesZenón de Citio, Cleantes, Crisipo de Solos, Panecio de Rodas, Posidonio, Séneca, Epicteto, Marco Aurelio
Periodo de mayor influenciaSiglo III a. C. – finales del siglo II d. C.

1. Resumen[editar]

El estoicismo es una escuela filosófica helenística fundada en Atenas por Zenón de Citio a comienzos del siglo III a. C. Se trata de una filosofía de ética personal construida sobre una lógica y una concepción del mundo natural. Su nombre proviene de la Stoa Poikile, el «pórtico pintado» situado en el lado norte del ágora de Atenas, donde Zenón y sus discípulos se reunían a debatir.

El pensamiento estoico sostiene que el universo opera según una ley de causa y efecto que le da una estructura racional. Para los estoicos, las personas no pueden controlar lo que ocurre a su alrededor, pero sí pueden controlar lo que piensan sobre esos acontecimientos. Por eso su propuesta ética se apoya en el dominio de los hechos, las cosas y las pasiones que perturban la vida, mediante la valentía y la razón. Como seres racionales, su objetivo era alcanzar la eudaimonía, es decir, la felicidad o el bienestar entendido como sabiduría, tolerancia y autocontrol para aceptar el momento tal como se presenta.

Los estoicos son especialmente conocidos por enseñar que «la virtud es el único bien» para los seres humanos y que los bienes externos —la salud, la riqueza o el placer— no son buenos ni malos en sí mismos, sino «indiferentes» que adquieren valor como material para que la virtud actúe. Junto con la ética aristotélica, la tradición estoica es uno de los principales enfoques fundacionales de la ética de las virtudes.[1]

También sostenían que ciertas emociones destructivas nacen de errores de juicio y que la mejor muestra de la filosofía de una persona no es lo que dice, sino cómo se comporta. Para vivir bien, según los estoicos, hay que comprender las reglas del orden natural.[2]

Durante el período helenístico el estoicismo ganó difusión e importancia por todo el mundo grecorromano, sobre todo entre las élites romanas. Su etapa de preeminencia va del siglo III a. C. hasta finales del siglo II d. C. Entre sus seguidores contó con el emperador Marco Aurelio. Luego entró en decadencia, coincidiendo con la crisis del alto Imperio romano y el auge del cristianismo. Desde entonces ha tenido reavivamientos, especialmente en el Renacimiento, con el neoestoicismo, y en la época contemporánea, con el llamado estoicismo moderno.[3]

2. Etimología y uso del término[editar]

En sus orígenes el estoicismo se conoció como «zenonismo», en honor a su fundador, Zenón de Citio. El nombre se abandonó pronto, probablemente porque los estoicos no consideraban que sus fundadores fueran perfectamente sabios y querían evitar que la filosofía se convirtiera en un culto a la personalidad.[4]

El término «estoicismo» deriva del griego Stoa Poikile (ἡ ποικίλη στοά), «pórtico pintado», una columnata decorada con escenas de batallas míticas e históricas. El lugar estaba en el lado norte del ágora de Atenas y allí Zenón reunía a sus seguidores para discutir sus ideas.[5]

En el uso moderno, «estoico» suele referirse a una persona que se muestra indiferente ante el dolor, el placer, la pena o la alegría. El sentido de «persona que reprime los sentimientos o aguanta con paciencia» se registró por primera vez en 1579 como sustantivo y en 1596 como adjetivo.[6] El Diccionario de la lengua española define «estoico» como «fuerte, ecuánime ante la desgracia» y «estoicismo» como «fortaleza o dominio sobre la propia sensibilidad».[7][8]

En castellano se usa también el término «estoicista», que como sustantivo alude sin ambigüedad a la persona que propugna o practica el estoicismo.[9]

3. Perspectiva histórica[editar]

La historia del estoicismo se divide tradicionalmente en tres grandes períodos: la Stoa antigua, la Stoa media y la Stoa nueva o estoicismo romano. Las doctrinas del epicureísmo quedaron fijadas por su fundador, Epicuro, pero el estoicismo tuvo un desarrollo largo y colectivo.[10]

3.1 Orígenes y estoicismo antiguo[editar]

Zenón de Citio, el fundador, vivió aproximadamente entre 333 y 262 a. C. Era de origen chipriota y posiblemente de ascendencia mixta griega y oriental.[11] Se trasladó a Atenas en el año 311 a. C. tras una vida agitada. Por entonces Atenas era el centro cultural del mundo griego y allí convergían las principales escuelas de filosofía. Zenón tomó contacto con la filosofía socrática, en especial con la escuela cínica y con la escuela megárica. Según Diógenes Laercio, se inclinó inicialmente por el cinismo y fue cercano a Crates de Tebas, pero pronto abandonó esa escuela al rechazar sus «exageraciones», que no le ofrecían un programa de vida válido. Después estudió con filósofos de la Academia platónica, de la escuela aristotélica y de la megárica, pero insatisfecho con ellas creó su propia escuela, combinando aspectos cínicos con elementos de otros filósofos como Heráclito.[12]

Desde la antigüedad se discutió la posible influencia de doctrinas semíticas, como el judaísmo o las filosofías de Oriente Medio, sobre Zenón. El parecido entre el estoicismo y el cristianismo en ética y cosmología llevó a autores cristianos como Quintiliano y Tertuliano a suponer que Zenón estaba familiarizado con el judaísmo por su origen semita.[13]

Zenón comenzó a dar lecciones hacia el año 301 a. C. en la Stoa Poikile, el «pórtico pintado» del ágora de Atenas. Pronto atrajo a numerosos seguidores. La escuela cínica ejerció una influencia clara sobre la Stoa: Zenón estudió con el cínico Crates y estoicos tardíos como Epicteto identificaban al cínico Diógenes de Sinope como modelo de hombre sabio.

El corpus doctrinal del primer estoicismo se basaba en los escritos de Zenón, hoy perdidos. Se sabe que escribió obras como De la vida conforme a la naturaleza, De los universales, Argumentos dialécticos y De las pasiones. Cuando Zenón murió, hacia 261 a. C., se hicieron cargo de la escuela Cleantes y Crisipo de Solos. Diógenes Laercio atribuye a Crisipo la supervivencia del estoicismo: «Sin Crisipo no habría habido la Stoá». Crisipo dirigió la Stoa desde 232 a. C. hasta su muerte en 208 a. C., fijó el canon de la escuela, perfeccionó la lógica y sistematizó las enseñanzas de Zenón. De su obra solo sobreviven fragmentos y referencias de otros autores, por lo que es difícil distinguir qué elementos del ideario se deben a Zenón, a Cleantes o a Crisipo. En general, apenas se conservan fragmentos de los textos estoicos más antiguos.[12:1]

El estoicismo fue la última gran escuela de filosofía del mundo griego en ser fundada. La tradición formal concluyó en 529 d. C., cuando el emperador Justiniano clausuró la Escuela de Atenas, que agrupaba al Liceo, la Academia y la Stoa.

3.2 Estoicismo medio[editar]

La muerte de Crisipo cerró la primera fase, conocida como Estoicismo antiguo. Esa etapa se caracterizó por el establecimiento formal de la doctrina. Tras Crisipo, dirigieron la escuela Diógenes de Babilonia y Antípatro de Tarso, y comenzó la época llamada Estoicismo medio.

En esta etapa el estoicismo se expandió por todo el mundo mediterráneo, aprovechando el impulso del mundo helenístico y las redes comerciales surgidas con el auge de Roma. Sus figuras principales fueron Panecio de Rodas (185–109 a. C.) y, sobre todo, Posidonio de Apamea, para quien se manejan fechas como ca. 135–51 a. C.[sin verificar].

El hecho más destacado del período fue la introducción del estoicismo entre las élites romanas. La aristocracia romana de los siglos II y I a. C. valoraba la sencillez y la sobriedad de los siglos anteriores, y miraba con desconfianza los lujos y las costumbres más sofisticadas que llegaban conforme la República ganaba preeminencia. La doctrina estoica, afín a esos valores, se introdujo con éxito y ganó adeptos como Catón el Viejo, Escipión el Africano y Catón el Joven. La fama de estos hombres favoreció al estoicismo, que pronto se convirtió en la escuela filosófica más admirada por los romanos. De los escritos del período medio apenas se conservan, de nuevo, unos pocos textos fragmentados.

3.3 Estoicismo nuevo o romano[editar]

La última etapa, llamada Estoicismo nuevo o Estoicismo romano, suele situarse después de la muerte de Catón el Joven y de las guerras civiles que condujeron al establecimiento del Imperio romano. Los filósofos de este período son mucho más conocidos que los estoicos antiguos y sus obras se conservan en mayor número. Ellos consolidaron el estoicismo como la principal doctrina de las élites romanas.

El estoicismo romano se distingue por su carácter eminentemente práctico. Las consideraciones lógicas, metafísicas o físicas del estoicismo antiguo pasan a un segundo plano para desarrollar sobre todo la vertiente ética de la escuela. Los exponentes más importantes de esta etapa, y probablemente los estoicos más famosos, fueron:

  • Lucio Anneo Séneca (4 a. C.–65 d. C.), escritor romano y quizá el estoico más conocido.
  • Epicteto (50–130 d. C.), nacido esclavo.
  • El emperador Marco Aurelio (121–180 d. C.).

Las obras de Séneca, Marco Aurelio y Epicteto permiten acercarse de manera sencilla y didáctica a los principales aspectos del estoicismo, aunque no introdujeron elementos esencialmente originales en la doctrina.

3.4 Decadencia y cierre[editar]

Tras la muerte de Marco Aurelio, el estoicismo entró en decadencia. Las crisis políticas, económicas y militares que asolaron el Imperio romano durante el siglo III d. C. provocaron una revalorización de la espiritualidad que el estoicismo no pudo afrontar. Surgió entonces el neoplatonismo, que a partir de 250 d. C. desplazó al estoicismo como principal doctrina de las élites. El cambio cultural de la época hizo que el plan de vida estoico pasara a ser considerado de forma negativa, y en ese contexto el estoicismo ganó fama de rígido y envarado.

El auge del cristianismo también afectó a las escuelas filosóficas helenísticas, al ser rechazadas muchas de sus enseñanzas por considerarlas contrarias a la doctrina cristiana. Hacia el año 300, la única escuela capaz de discutir con el cristianismo era el neoplatonismo. El triunfo de este sepultó definitivamente al movimiento helenista, que formalmente concluyó en 529 d. C. con el cierre de las escuelas filosóficas de Atenas por orden de Justiniano.

4. Doctrinas filosóficas[editar]

4.1 Las tres partes de la filosofía[editar]

Los estoicos antiguos dividieron la filosofía en tres partes: la lógica, la física y la ética. La lógica era la teoría del conocimiento y de la ciencia, e incluía la retórica y la dialéctica. La física era la ciencia sobre el mundo y sobre las cosas. La ética era la ciencia de la conducta. Según Diógenes Laercio (VII, 41), estas tres partes se refieren a aspectos de una misma realidad: el universo en su conjunto y el conocimiento sobre él. Ese universo puede ser explicado y comprendido globalmente porque es una estructura organizada racionalmente de la que el hombre mismo forma parte, y la faceta más importante es la ética.

Los estoicos basaban su ética en cuatro virtudes cardinales, derivadas de la enseñanza de Platón:

  1. Sabiduría práctica (del griego phronesis o sophia; en latín prudentia o sapientia): la habilidad de manejar situaciones complejas con una mente tranquila.
  2. Templanza (sophrosyne; en latín temperantia): la capacidad de restringir y moderar la atracción de los placeres y los bienes mundanos.
  3. Justicia (dikaiosyne; en latín iustitia): ser justo con los demás, incluso cuando han cometido un error o nos han faltado al respeto.
  4. Coraje (andreia; en latín fortitudo): no solo en situaciones extremas, sino también en la vida cotidiana con claridad e integridad.

Epicteto resumió el propósito práctico de la filosofía estoica con una analogía artesanal: del mismo modo que el material del carpintero es la madera y el del escultor es el bronce, el objeto del arte de vivir es la propia vida de cada cual.[14]

4.2 Lógica[editar]

Para los estoicos, la lógica no era solo lo que hoy entendemos por tal, sino que incluía la epistemología, la retórica y la gramática. En ese campo desarrollaron la lógica inductiva y dividieron la lógica en retórica, ciencia del correcto decir, y dialéctica.

Lógica proposicional

Diodoro Cronos, uno de los maestros de Zenón, es considerado el filósofo que introdujo y desarrolló por primera vez un enfoque de la lógica conocido hoy como lógica proposicional. Ese enfoque se basa en enunciados o proposiciones, no en términos, lo que lo diferencia notablemente de la lógica de Aristóteles.

Más tarde Crisipo desarrolló un sistema llamado lógica estoica, que incluía un sistema deductivo, la silogística estoica, considerado rival de la silogística de Aristóteles. El interés moderno por la lógica estoica renació en el siglo XX, cuando importantes desarrollos de la lógica se apoyaron en la lógica proposicional. La filósofa Susanne Bobzien escribió que «las muchas similitudes cercanas entre la lógica filosófica de Crisipo y la de Gottlob Frege son especialmente sorprendentes».[15]

Según Bobzien, Crisipo escribió más de 300 libros sobre lógica y abordó prácticamente todos los temas que interesan a la lógica actual, incluidos la teoría de los actos de habla, el análisis de oraciones, las expresiones singulares y plurales, los tipos de predicados, los índices, las proposiciones existenciales, los conectores oracionales, las negaciones, las disyunciones, los condicionales, la consecuencia lógica, las formas válidas de argumento, la teoría de la deducción, la lógica proposicional, la lógica modal, la lógica temporal, la lógica epistémica, la teoría de la suposición, la lógica de los imperativos, la ambigüedad y las paradojas lógicas.[15:1]

Categorías y epistemología

Los estoicos propusieron que el conocimiento se puede obtener mediante el uso de la razón. La verdad se puede distinguir de la falsedad, aunque en la práctica solo sea posible una aproximación. Según su teoría, los sentidos reciben constantemente sensaciones: pulsaciones que pasan de los objetos a través de los sentidos hacia la mente, donde dejan una impresión en la imaginación. Los términos griegos usados eran phantasiai, para la impresión, y phantasma, para una impresión surgida de la mente.[16]

La mente tiene la capacidad de juzgar —aprobar o rechazar— una impresión, operación que llamaban synkatathesis. Eso le permite distinguir una representación verdadera de la realidad de una falsa. Algunas impresiones se pueden aceptar de inmediato, pero otras solo alcanzan grados de aprobación vacilante que se etiquetaban como creencia u opinión, doxa. Solo mediante la razón se obtienen una comprensión y una convicción claras, katalepsis. El conocimiento cierto y verdadero, episteme, alcanzable para el sabio estoico, solo se logra verificando la convicción con la experiencia de los semejantes y el juicio colectivo de la humanidad.

Frente al escepticismo, muy influyente a partir del siglo II a. C., los estoicos defendieron que se llega a la virtud por el saber. Por eso necesitaban un criterio de verdad firme. Consideraban que la percepción deja la impresión de lo externo en el alma, que al nacer sería como una tabla de cera en la que el exterior imprime sus signos. Las representaciones generales se deben al enlace entre impresiones o a su permanencia. No existen, pues, ni ideas platónicas separadas ni una energía externa que produzca conceptos. El argumento principal de los estoicos para afirmar un criterio de verdad era que las impresiones son iguales para todos los individuos, y que el consenso humano sobre las representaciones puede servir como punto de partida de la demostración.

En el estoicismo tardío hubo cambios. Para Cicerón no se trataba del consenso entre individuos, sino de representaciones innatas presentes desde el nacimiento: el hombre nace con principios morales, con la creencia en Dios y con otras nociones básicas. Respecto a las percepciones, los estoicos consideraban que el criterio del conocimiento verdadero es la evidencia de la percepción o experiencia sensible, en una postura descrita como sensualista.

4.3 Física[editar]

En física, los estoicos retornaron a la filosofía de Heráclito: todo está sometido al cambio y al movimiento. La física estoica estudia la naturaleza tanto del mundo físico en su totalidad como de cada uno de los seres que lo componen, incluidos los seres divinos, humanos y animales. Es una doctrina fundamentalmente especulativa, en deuda con Parménides de Elea y Heráclito, que concibe la naturaleza como «un fuego artístico en camino de crear».

Según los estoicos, el Universo es una sustancia material dotada de razón, el logos, conocida como Dios o Naturaleza. Esa sustancia se divide en dos principios: lo activo y lo pasivo. La sustancia pasiva es la materia, que permanece inactiva y lista para cualquier uso, pero que quedaría sin empleo si nadie la pusiera en movimiento. La sustancia activa, llamada Destino o Razón Universal, es un éter inteligente o fuego primordial que actúa sobre la materia pasiva.[17][18]

Crisipo, citado por Cicerón en De natura deorum, describía al universo mismo como Dios y la efusión universal de su alma, principio rector que opera en la mente y la razón, junto con la naturaleza común de las cosas y la totalidad que abarca toda la existencia; incluye el poder preordenado y la necesidad del futuro, el fuego, el principio del éter, los elementos cuyo estado natural es de flujo y transición —agua, tierra, aire—, el sol, la luna, las estrellas y la existencia universal que las contiene.

El universo es un todo armonioso y causalmente relacionado, regido por un principio activo, el logos cósmico y universal del que el hombre participa. Ese logos, siempre idéntico a sí mismo, recibe también los nombres de pneuma (‘soplo’, spiritus en latín), aliento ígneo, ley natural, naturaleza, necesidad y destino —fatum—. Todos estos nombres designan un poder que crea, unifica y mantiene unidas todas las cosas, y no se trata de un simple poder físico: el pneuma o logos universal es una entidad fundamentalmente racional. Es Dios, en un sentido panteísta; un alma del mundo o mente rectora de cuya ley nada ni nadie puede sustraerse. Inmanente al mundo, el logos es corpóreo, penetra y actúa sobre la materia, principio pasivo, inerte y eterno que en virtud del pneuma o logos produce todo ser y acontecer. Todo en la naturaleza es mezcla de estos dos principios corpóreos, en una postura materialista.

Todo está sujeto a las leyes del Destino, porque el Universo actúa de acuerdo con su propia naturaleza y con la naturaleza de la materia pasiva que gobierna. Las almas de los seres humanos y de los animales son emanaciones de este fuego primordial y también están sujetas al Destino. Marco Aurelio describió el cosmos como un ser vivo con una sustancia y un alma, donde todas las cosas tienen referencia a una sola percepción, actúan con un solo movimiento y son causas cooperantes de todo lo que existe.[19]

Aunque la naturaleza es plenamente racional, no rige de la misma forma a todos los seres:

  • Los seres humanos nacen con un alma comparable a una «tabla rasa», pero al adquirir madurez pueden, mediante una «fantasía», aceptar o rechazar las impresiones que los «iconos» desprendidos por las cosas fijan en el alma como conceptos. Cuando el ser humano maduro ejerce una «fantasía cataléptica», puede comprender la verdad de los conceptos y elaborar juicios y razonamientos verdaderos.
  • Los animales irracionales tienen un alma sensible que percibe pero no conoce.
  • Las plantas viven mediante un alma vegetal.
  • El mundo inerte se rige por el movimiento local de los átomos, bajo el dominio del destino.

Las almas individuales son perecederas por naturaleza y pueden transmutarse y difundirse, asumiendo una naturaleza ardiente al ser recibidas en la «razón seminal» —logos spermatikos— del Universo. Dado que la razón correcta es el fundamento tanto de la humanidad como del universo, el objetivo de la vida es vivir de acuerdo con la razón, es decir, vivir una vida conforme a la naturaleza.[20]

La teología estoica es panteísta, fatalista y naturalista: Dios nunca es completamente trascendente, sino siempre inmanente e identificado con la Naturaleza. El mundo en su totalidad es divino, lo que justifica que la creencia en los dioses, pese a su diversidad, sea universal. Las religiones abrahámicas personalizan a Dios como entidad creadora del mundo, pero el estoicismo equipara a Dios con la totalidad del universo.

Esta concepción de un cosmos con un principio rector inteligente desemboca en una visión determinista: nada azaroso puede ocurrir, porque todo está gobernado por una ley racional inmanente y necesaria. El destino es la cadena estricta de los acontecimientos, causas ligadas entre sí. El azar no existe; es solo el desconocimiento de las conexiones causales. Si la mente pudiera captar la trabazón completa de las causas, podría entender el pasado, conocer el presente y predecir el futuro. Este mundo es el mejor de los posibles y la existencia de cada persona contribuye al proyecto universal; por eso, según los estoicos, no hay que temer al destino, sino aceptarlo.

Según la cosmología estoica, no hay un inicio absoluto del tiempo, que se considera infinito y cíclico.[21] El espacio y el Universo no tienen principio ni fin, sino que son cíclicos. El universo actual es una fase de un ciclo, precedido por un número infinito de universos, condenado a ser destruido por la conflagración —ekpyrosis— y recreado de nuevo, seguido por otra infinidad de universos. El mundo se desenvuelve en grandes ciclos cósmicos (aión, año cósmico) de duración determinada, al final de los cuales todo vuelve a comenzar, incluso nosotros mismos. El estoicismo concibe toda la existencia como cíclica, con un cosmos eternamente autocreado y autodestructor, en una idea afín al eterno retorno.

Los primeros filósofos que describieron explícitamente argumentos nominalistas fueron los estoicos, especialmente Crisipo.[22][23]

4.4 Ética: la moral estoica[editar]

Como todos los acontecimientos del mundo están determinados y el ser humano forma parte del logos universal, la libertad solo puede consistir en la aceptación del propio destino. Ese destino radica fundamentalmente en vivir conforme a la naturaleza. Para lograrlo, el hombre debe conocer qué hechos son verdaderos y en qué se apoya su verdad.

El bien y la virtud consisten en vivir de acuerdo con la razón, evitando las pasiones (pathos), entendidas como desviaciones de la propia naturaleza racional. La pasión es lo contrario de la razón: algo que sucede y no se puede controlar, y por tanto debe evitarse. Los estoicos solían reducir las pasiones al placer, la tristeza, el dolor y el temor. Esas reacciones deben dominarse mediante el autocontrol ejercido por la razón.

El ejercicio práctico es sencillo: ante la turbación por una situación, se debe analizar y preguntarse si esa situación depende de uno mismo. Si no depende, hay que aceptarla y comprender que todo lo que ocurre es parte de un proyecto cósmico. Si depende de uno, se puede razonar una solución que devuelva la impasibilidad (apátheia, de la que deriva la palabra «apatía») y la imperturbabilidad (ataraxia).

De aquí se concluye que pasiones como el dolor son inevitables, pero el sufrimiento es opcional: se sufre por la manera en que se juzgan los acontecimientos. Solo los ignorantes desconocen el logos universal y se dejan arrastrar por sus pasiones. El sabio ideal es aquel que vive conforme a la razón, libre de pasiones, y se considera ciudadano del mundo. De esa idea nace el cosmopolitismo estoico, que defiende la igualdad y la solidaridad entre los seres humanos.

Tras Sócrates, los estoicos sostenían que la infelicidad y el mal son el resultado de la ignorancia humana respecto de la razón presente en la naturaleza. Si alguien es cruel, es porque no es consciente de su propia razón universal. La solución al mal y a la infelicidad es, por tanto, la práctica de la filosofía estoica: examinar los propios juicios y la conducta, y determinar dónde divergen de la razón universal.

Los estoicos aceptaban que el suicidio estaba permitido para la persona sabia en circunstancias que pudieran impedirle vivir una vida virtuosa.[24] Plutarco sostuvo que aceptar la vida bajo la tiranía habría comprometido la consistencia de Catón el Joven como estoico y perjudicado su libertad para tomar decisiones morales honorables.[25] El suicidio podía justificarse ante un dolor intenso o una enfermedad, pero fuera de esas circunstancias generalmente se consideraba un rechazo del deber social.[26]

La doctrina de las cosas indiferentes

En términos filosóficos, las cosas indiferentes están fuera de la aplicación de la ley moral: ni tienden a promover ni a obstruir los fines morales. Las acciones que no son requeridas ni prohibidas por la ley moral, o que no afectan a la moral, se denominan moralmente indiferentes.

La doctrina de las cosas indiferentes (adiaforía) surgió en la escuela estoica como corolario de su oposición tajante entre virtud y vicio. Como resultado de esa dicotomía, una gran clase de objetos quedó sin asignar y fue considerada indiferente. Con el tiempo se desarrollaron tres subclases: cosas que se prefieren porque ayudan a la vida conforme a la naturaleza; cosas que se evitan porque la obstaculizan; y cosas indiferentes en sentido estricto. El principio de adiaforía era también común a los cínicos. Felipe Melanchthon revivió la doctrina durante el Renacimiento.

5. Filosofía social[editar]

Una característica distintiva del estoicismo es su cosmopolitismo. Según los estoicos, todas las personas son manifestaciones del único espíritu universal y deben vivir en amor fraternal y ayudarse mutuamente. En sus Discursos, Epicteto comenta que cada ser humano es principalmente ciudadano de su propia comunidad, pero también miembro de la gran ciudad de dioses y hombres, de la cual la ciudad política es solo una copia.[27] El sentimiento se hace eco de Diógenes de Sinope, quien decía no ser ateniense ni corintio, sino ciudadano del mundo.[28]

Los estoicos sostenían que las diferencias externas, como el rango y la riqueza, no tienen importancia en las relaciones sociales. En su lugar, defendían la hermandad de la humanidad y la igualdad natural de todos los seres humanos. El estoicismo llegó a ser la escuela más influyente del mundo grecorromano y produjo personalidades notables, como Catón el Joven y Epicteto.

En particular, se destacaron por su insistencia en la clemencia hacia los esclavos. Séneca exhortaba a recordar que quien se llama esclavo nació de la misma población, es sonreído por los mismos cielos y, en igualdad de condiciones, respira, vive y muere.[29]

6. Principales figuras[editar]

La tradición escolástica agrupa a los estoicos en tres grandes períodos. La siguiente tabla resume las figuras más citadas por las fuentes antiguas.

Estoicismo antiguo (siglos III–II a. C.) Estoicismo medio (siglos II–I a. C.) Estoicismo nuevo o romano (siglos I–III d. C.)
Zenón de Citio Panecio de Rodas (180–110 a. C.) Séneca
Aristón de Quíos Posidonio de Apamea (ca. 155–51 a. C.) Musonio Rufo
Apolófanes Epicteto
Hérilo de Calcedonia Sexto de Queronea
Dionisio de Heraclea Marco Aurelio
Perseo de Citio
Cleantes
Crisipo de Solos
Esfero

Algunas de las fechas del cuadro, en especial las de Posidonio y de las figuras menores del estoicismo antiguo, proceden de tradiciones doxográficas y deben tomarse con cautela. Las fechas no se indican para los autores menores por falta de consenso en las fuentes.[sin verificar]

7. Influencia posterior[editar]

El estoicismo influyó en numerosas corrientes filosóficas posteriores, desde los primeros padres de la Iglesia hasta Descartes y Kant. Los primeros autores cristianos admiraron la ética estoica, que consideraban especialmente cercana a la suya: la calma, la serenidad y la posición ante la adversidad llevaron a que algunos, como Tertuliano, trataran a Séneca de «saepe noster» («a menudo, uno de los nuestros»), y a que san Jerónimo lo incluyera en su catálogo de santos. Incluso se difundió la leyenda de que Séneca había sido bautizado antes de morir por san Pablo, con quien además habría mantenido correspondencia, y de que Marco Aurelio habría mantenido correspondencia con el papa y con algunos cristianos romanos.

Durante el Renacimiento, el estoicismo ganó difusión entre las corrientes humanistas y universitarias. La primera obra de Calvino fue una edición de De clementia de Séneca, y las referencias al estoicismo nuevo son constantes en Erasmo, Juan Luis Vives y Michel de Montaigne. En esa época se revalorizó la actitud vital estoica. En la actualidad se usa cotidianamente la palabra «estoicismo» para referirse a la actitud de tomar las adversidades de la vida con fortaleza y aceptación.

7.1 Neoestoicismo[editar]

El neoestoicismo fue un movimiento filosófico de los siglos XVI y XVII que intentó fusionar el estoicismo antiguo con el cristianismo. Suele destacarse al humanista flamenco Justo Lipsio como su principal impulsor. El neoestoicismo puso el acento en la constancia, la disciplina interior y la aceptación de la providencia, y tuvo notable difusión en la cultura europea de la primera modernidad. Justo Lipsio (1547–1606) publicó en 1584 su De constantia, considerada el manifiesto del neoestoicismo.[sin verificar]

7.2 Estoicismo moderno[editar]

El llamado estoicismo moderno es un movimiento contemporáneo, sobre todo de divulgación y psicología práctica, que retoma los ejercicios espirituales y la ética de autores como Séneca, Epicteto y Marco Aurelio. Suele vincularse con la terapia cognitivo-conductual por su énfasis en examinar los juicios y corregir las creencias que generan emociones perturbadoras.[3:1] El estoicismo moderno se difunde ampliamente mediante libros de autoayuda, cursos y comunidades en línea. En el ámbito hispanohablante circulan numerosas traducciones y adaptaciones de los clásicos estoicos, así como obras de divulgación que aplican sus principios a la vida cotidiana.

8. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

La tradición estoica tiene una presencia antigua en la cultura hispánica. Séneca, nacido en Corduba, en la Hispania romana, es una de las figuras más asociadas al estoicismo en lengua española, y su obra ha sido traducida y comentada durante siglos. En el Siglo de Oro español el neoestoicismo influyó en el pensamiento moral de autores como Francisco de Quevedo, quien tradujo y adaptó ideas de Epicteto y Séneca.[30]

En América Latina, el estoicismo ha circulado principalmente a través de la enseñanza de la filosofía helenística, de las traducciones de Séneca, Epicteto y Marco Aurelio, y de una creciente divulgación moderna en formato de libros y contenidos digitales. Las Meditaciones de Marco Aurelio, el Enquiridión de Epicteto y las Cartas a Lucilio de Séneca se consiguen con facilidad en ediciones recientes en español. No existe, sin embargo, un movimiento estoico hispanohablante institucionalizado comparable a las escuelas filosóficas antiguas; se trata sobre todo de una influencia cultural y editorial.[31]

9. Referencias y bibliografía[editar]

[ Desplegar / Plegar bibliografía ]
  • Baltzly, Dirk, «Stoicism», Stanford Encyclopedia of Philosophy, 2019.
  • Becker, Lawrence C., A New Stoicism, Princeton University Press, 2001.
  • Boeri, Marcelo D., Los estoicos antiguos, Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 2004.
  • Boeri, Marcelo D., y Salles, Ricardo, Los Filósofos Estoicos: Ontología, Lógica, Física y Ética, Sankt Augustin, Academia Verlag, 2014.
  • Cappelletti, Ángel J. (intr., trad. y notas), Los estoicos antiguos, Madrid, Gredos, 1996.
  • Ferguson, Everett, Backgrounds of Early Christianity, 2003.
  • Ferrater Mora, J., Diccionario de Filosofía, Barcelona, Alianza Editorial, 1984.
  • Hirschberger, J., Historia de la Filosofía, tomo I, Barcelona, Herder, 1968.
  • Irvine, William B., A Guide to the Good Life: The Ancient Art of Stoic Joy, Oxford University Press, 2009.
  • Robertson, Donald, Stoicism and the Art of Happiness, John Murray, 2018.
  • Russell, Bertrand, Historia de la filosofía occidental.
  • Sellars, John, Stoicism, Routledge, 2006/2014.
  • Störig, H. J., Historia de la filosofía, Tecnos.
[ Desplegar / Plegar notas ]

Las fechas de los estoicos antiguos y medios provienen en su mayor parte de la doxografía de Diógenes Laercio y de reconstrucciones modernas; no siempre hay consenso entre los especialistas. Para las obras de referencia general se recomienda consultar la Stanford Encyclopedia of Philosophy y la Internet Encyclopedia of Philosophy, ambas citadas en las notas.


  1. Sharpe, Matthew, “Stoic Virtue Ethics”, en Handbook of Virtue Ethics, 2013, pp. 28–41. ↩︎

  2. John Sellars, Stoicism, 2006, p. 32. ↩︎

  3. Lawrence C. Becker, A New Stoicism, Princeton University Press, 2001. ↩︎ ↩︎

  4. Donald Robertson, Stoicism and the Art of Happiness, John Murray, 2018. ↩︎

  5. «Definition of STOIC», Merriam-Webster. ↩︎

  6. Douglas Harper, «Online Etymology Dictionary – Stoic», noviembre de 2001. ↩︎

  7. RAE, «estoico, estoica», Diccionario de la lengua española, Edición del Tricentenario. ↩︎

  8. RAE, «estoicismo», Diccionario de la lengua española, Edición del Tricentenario. ↩︎

  9. Libros Maestros, Resumen Completo: Meditaciones - El Pensamiento Estoico De Un Rey Filosofo, 2019. ↩︎

  10. Bertrand Russell, Historia de la filosofía occidental, p. 260. ↩︎

  11. Diógenes Laercio, Vidas de los filósofos, Zenón, 2. ↩︎

  12. H. J. Störig, Historia de la filosofía, Tecnos, pp. 227–229. ↩︎ ↩︎

  13. Zeller, Grundriss der Geschichte der griechischen Philosophie, pp. 250–251. ↩︎

  14. Flavio Arriano, compilación de los discursos de Epicteto, Discursos, 1.15.2. ↩︎

  15. Susanne Bobzien, «Ancient Logic», Stanford Encyclopedia of Philosophy. ↩︎ ↩︎

  16. Diógenes Laercio, Vidas de los filósofos eminentes, VII.49. ↩︎

  17. Frederick Brenk, «Pagan Monotheism and Pagan Cult», 2016. ↩︎

  18. Séneca, Epístolas, LXV, 2. ↩︎

  19. Marco Aurelio, Meditaciones, IV, 40. ↩︎

  20. A. Tripolitis, Religions of the Hellenistic-Roman Age, pp. 37–38. ↩︎

  21. Everett Ferguson, Backgrounds of Early Christianity, 2003, p. 368. ↩︎

  22. John Sellars, Stoicism, Routledge, 2014, pp. 84–85. ↩︎

  23. «Chrysippus», Internet Encyclopedia of Philosophy. ↩︎

  24. Don E. Marietta, Introduction to ancient philosophy, 1998, pp. 153–154. ↩︎

  25. Alexei V. Zadorojnyi, «Cato's suicide in Plutarch», The Classical Quarterly, 57.1, 2007, pp. 216–230. ↩︎

  26. William Braxton Irvine, A Guide to the Good Life: The Ancient Art of Stoic Joy, 2009, p. 200. ↩︎

  27. Epicteto, Discursos, II, 5, 26. ↩︎

  28. Epicteto, Discursos, I, 9, 1. ↩︎

  29. Séneca, Cartas a Lucilio, carta 47, 10, ca. 65 d. C. ↩︎

  30. Quevedo tradujo obras atribuidas a Epicteto y compuso tratados morales de raíz neoestoica, como La cuna y la sepultura.[sin verificar] ↩︎

  31. La afirmación sobre la ausencia de un movimiento institucionalizado debe contrastarse con directorios de asociaciones filosóficas contemporáneas.[sin verificar] ↩︎