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Eugenia de Montijo

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Eugenia de Montijo
Emperatriz consorte de los franceses
María Eugenia Ignacia Agustina de Palafox-Portocarrero y Kirkpatrick
Reinado 30 de enero de 1853 – 11 de enero de 1871[sin verificar]
Nacimiento 5 de mayo de 1826
Granada, España
Fallecimiento 11 de julio de 1920 (94 años)
Madrid, España
Sepultura Abadía de San Miguel, Farnborough, Reino Unido
Casa real Bonaparte (por matrimonio)
Consorte Napoleón III Bonaparte (matr. 1853; viu. 1873)
Descendencia Luis Napoleón, príncipe imperial
Padre Cipriano Portocarrero, conde de Montijo
Madre María Manuela Kirkpatrick
Predecesora María Amelia de Borbón-Dos Sicilias
(como reina de los franceses)
Sucesor Monarquía abolida

Eugenia de Palafox Portocarrero y Kirkpatrick, también conocida como María Eugenia de Guzmán y Portocarrero y universalmente como Eugenia de Montijo (Granada, 5 de mayo de 1826 – Madrid, 11 de julio de 1920), fue una aristócrata española y emperatriz consorte de los franceses como esposa de Napoleón III Bonaparte. Ocupó el trono imperial francés desde la boda religiosa celebrada el 30 de enero de 1853 hasta la caída del Segundo Imperio en 1870. Fue, además, titular por derecho propio de numerosos títulos nobiliarios españoles, entre ellos el XIX condado de Teba y el XVI marquesado de Ardales.[1]

1. Resumen[editar]

Eugenia de Montijo fue la última emperatriz de Francia.[2] Su vida cruzó casi un siglo de historia europea: nació en la España fernandina, brilló en la corte de Napoleón III durante el Segundo Imperio y murió ya en plena Tercera República francesa. De origen noble pero no real, su matrimonio con el emperador rompió los moldes de la diplomacia dinástica de la época. Supo convertir su posición en una plataforma de influencia política y cultural: intervino en los asuntos de Italia, impulsó la causa católica y el ultramontanismo, defendió la intervención francesa en México, promovió la alta costura parisina y ejerció como regente del imperio en varias ocasiones. La derrota francesa en la guerra franco-prusiana y la caída del régimen la empujaron a un largo exilio en Inglaterra, donde murieron su esposo y su único hijo. Pasó sus últimos años entre la finca de Farnborough, la villa Cyrnos en Biarritz y España. Murió en Madrid en 1920, a los 94 años.

2. Primeros años y formación[editar]

Nacimiento y familia[editar]

María Eugenia Ignacia Agustina de Palafox-Portocarrero de Guzmán y Kirkpatrick nació en Granada, en la calle Gracia, el 5 de mayo de 1826. Su nacimiento se adelantó unas dos semanas a causa del susto que sufrió su madre durante un terremoto reciente en la ciudad; el parto tuvo lugar en una tienda de campaña habilitada en el exterior del palacio familiar, por temor a un derrumbe. La propia emperatriz recordaría más tarde haber escuchado de su familia la frase de que «la montaña estuvo de parto y parió un ratón», en alusión burlona a aquel nacimiento.[3]

Fue la segunda hija de Cipriano Palafox y Portocarrero-Idiáquez, XIII duque de Peñaranda, conde de Montijo y de Teba y grande de España, y de su esposa, María Manuela Kirkpatrick de Closeburn y Grevignée. El padre, militar y político liberal, masón y afrancesado, combatió en la guerra de la Independencia española al lado de José Bonaparte. La madre era hija del escocés William Kirkpatrick de Closeburn, cónsul de los Estados Unidos en Málaga y comerciante de vinos, y de la aristócrata belga Marie Françoise de Grevignée. La rama materna aportó, por tanto, un origen escocés y belga que marcaría la biografía de Eugenia y su exilio final.[4]

Su hermana mayor, María Francisca de Sales de Palafox Portocarrero y Kirkpatrick, apodada «Paca», heredó la mayor parte de los honores familiares y sería duquesa de Peñaranda, grande de España y condesa de Montijo. En 1849, Paca se casó con el XV duque de Alba, lo que vinculó a Eugenia con la casa de Alba. A la muerte del padre, en 1839, los títulos se repartieron según la costumbre nobiliaria: la hermana mayor recibió el grueso de la casa, mientras que Eugenia quedó como titular de otros señoríos, entre ellos el condado de Teba.[5]

Educación[editar]

En 1835, Eugenia fue enviada a Francia a estudiar en el Convento del Sagrado Corazón y, después, en el Gymnase Normal, Civil et Orthosomatique, donde recibió una formación católica que conservaría toda la vida. En 1837 pasó una estancia breve y desagradable en un internado de Bristol, en el suroeste de Inglaterra, para aprender inglés; las fuentes la recuerdan apodada «Carrots» por su pelo rojizo y por un intento infantil de escapar a la India que terminó a bordo de un barco en el puerto de Bristol. El grueso de su educación, sin embargo, se completó en casa, bajo la tutela de institutrices inglesas y de figuras como el escritor Prosper Mérimée y el novelista Stendhal (Henri Beyle), amigos de la familia.[6]

Cuando Eugenia era aún niña o adolescente, se hizo célebre una anécdota según la cual una gitana del Albaicín granadino le leyó la mano y vaticinó que llegaría a ser reina. Años después, ya en París, un clérigo quiromántico habría repetido la predicción al ver en su palma la marca de una corona imperial. Estas historias, recogidas por la prensa española de principios del siglo XX, forman parte del mito biográfico de la emperatriz, aunque no pueden considerarse hechos documentados.

Tras la muerte de su padre en 1839, la familia residió entre Granada y Madrid y viajó por Italia, Francia, Inglaterra y Alemania. En 1850, la madre fijó su residencia en París con la ambición de casar a sus hijas con lo más selecto de la nobleza europea. La familia frecuentaba los salones de la capital francesa, donde la madre había sido objeto de habladurías por su pasado en Inglaterra y por su supuesta vida social desenvuelta. A la joven Eugenia se la apodó en ciertos círculos con sorna «la señorita de Montijo».

3. Trayectoria[editar]

3.1. El encuentro con Luis Napoleón Bonaparte[editar]

Eugenia conoció personalmente a Luis Napoleón Bonaparte —entonces presidente de la Segunda República francesa y más tarde emperador Napoleón III— el 12 de abril de 1849, en una recepción en el Palacio del Elíseo. El príncipe-presidente quedó fascinado por ella y la cortejó con insistencia. La leyenda, transmitida por la propia Eugenia y repetida en las biografías clásicas, fija el primer diálogo en los términos siguientes: Napoleón preguntó cuál era el camino para llegar a su corazón, a lo que ella respondió «por la capilla, señor, por la capilla», aludiendo a la vía del matrimonio religioso.

Después de diversas negociaciones matrimoniales en las que se barajaron princesas de sangre real, Napoleón III, ya proclamado emperador, anunció su compromiso con Eugenia en un discurso ante el Senado, el Cuerpo Legislativo y el Consejo de Estado el 22 de enero de 1853. En él defendió su elección:

«Aquella que se ha convertido en objeto de mi preferencia es de alto nacimiento. Francesa de corazón, por educación y por el recuerdo de la sangre que derramó su padre por la causa del Imperio, tiene, como española, la ventaja de no tener familia en Francia a la que haya que rendir honores y dignidades. (...) Vengo, señores, a decir a Francia: preferiría una mujer a la que amo y respeto, a una mujer desconocida cuya alianza habría tenido ventajas mezcladas con sacrificios».[7]

El matrimonio civil se celebró el 29 de enero de 1853 en el Palacio de las Tullerías, en la Sala de los Mariscales. Al día siguiente, 30 de enero, tuvo lugar la ceremonia religiosa en la catedral de Notre-Dame de París. La elección provocó resistencias en la corte imperial y comentarios sarcásticos en la prensa británica, que recordó que Napoleón había sido rechazado previamente por la princesa Adelaida de Hohenlohe-Langenburg, sobrina de la reina Victoria. Para los círculos legitimistas europeos, y en especial para el Reino Unido, el matrimonio con una noble sin sangre real, por ilustre que fuera su casa, resultaba chocante. El periódico londinense The Times ironizó sobre la unión de los Bonaparte, descritos como «parvenus», con una de las familias más antiguas de la grandeza de España.

De regreso a la salida de Notre-Dame, la emperatriz —según las crónicas— dejó el brazo del emperador, se volvió hacia la multitud y se inclinó con una reverencia. El gesto fue interpretado como una muestra de sumisión al pueblo francés y contribuyó a cambiar en parte la frialdad inicial con que París la había recibido.

Los recién casados pasaron la luna de miel en el castillo de Villeneuve-l'Étang, en Marnes-la-Coquette, junto a Saint-Cloud. Eugenia quiso ocupar las habitaciones que habían pertenecido a la reina María Antonieta, figura por la que sentía una fascinación que después se convertiría, en palabras de una biógrafa, en «casi una obsesión».

3.2. Nacimiento del príncipe imperial[editar]

La sucesión imperial se convirtió pronto en una preocupación política. Eugenia sufrió uno o varios abortos durante los primeros años de matrimonio. Las fuentes no coinciden en las fechas exactas: la Wikipedia en español registra un aborto en diciembre de 1854 y otro posterior, mientras la Wikipedia en inglés menciona un primer aborto en 1853. La tensión entre los esposos se agravaba por las infidelidades del emperador, que irritaban a Eugenia no tanto por celos —según las biografías— como por el escándalo público que suponían.

El 16 de marzo de 1856, después de un parto largo y difícil que puso en riesgo a la madre y al hijo, nació su único hijo, Napoleón Eugenio Luis Juan José Bonaparte, a quien se le dio el título de príncipe imperial. El nacimiento se anunció con una salva de cien cañonazos. El emperador decretó que él y la emperatriz serían padrino y madrina de todos los hijos legítimos nacidos en Francia ese día, que según las crónicas fueron unos tres mil. El niño nació en un Domingo de Ramos y fue apadrinado espiritualmente por el papa Pío IX.

Antes del nacimiento, la atención médica y las recomendaciones de la reina Victoria, a quien Eugenia visitó en el Reino Unido, se mencionan en las biografías como un episodio íntimo que mezclaba consejos prácticos sobre la concepción con la diplomacia entre cortes. Tras el alumbramiento, la recuperación de la emperatriz fue prolongada.

En julio de 1856, Napoleón III dictó disposiciones sobre la regencia que debía confiarse a la emperatriz en caso de que el heredero subiera al trono siendo menor de edad. Con ello, Eugenia quedaba formalmente habilitada para ejercer la regencia del imperio.

3.3. Emperatriz de los franceses[editar]

Como emperatriz, Eugenia desempeñó con rigor las funciones de representación de la corte. Organizaba bailes, recepciones, funciones de ópera y teatro, y acompañaba al emperador en sus desplazamientos. Su casa incluía un grupo de damas de palacio, encabezado por la gran maestre Anne Debelle, princesa de Essling, y por la dama de honor Pauline de Bassano. En 1855, Franz Xaver Winterhalter la retrató en el famoso cuadro La emperatriz Eugenia rodeada de sus damas de compañía.

Eugenia ejerció como regente del imperio en al menos tres ocasiones: en 1859, durante la campaña de Italia; en 1865, durante una estancia del emperador en Argelia; y en 1870, en los momentos finales del régimen. En la práctica, su papel excedió el ceremonial. Asistió a los consejos de ministros, opinó sobre nombramientos y alianzas y presionó en favor de la política católica y conservadora. Su influencia suscitó críticas entre los sectores liberales y entre los adversarios del régimen, que la acusaban de clerical y autoritaria.

El viaje a Egipto y la inauguración del canal de Suez

El acontecimiento más brillante de su actividad pública fue, probablemente, la inauguración del canal de Suez. En 1869, viajó a Egipto para representar a Francia en la ceremonia de apertura, celebrada el 17 de noviembre de 1869. Eugenia asistió a bordo del barco L'Aiglon como la más alta representante del Estado francés, dado que el emperador permaneció en París. El constructor del canal era su pariente lejano Fernando de Lesseps, con quien la relación nunca fue cordial, aunque la emperatriz alabó públicamente la obra ante las autoridades internacionales presentes. En los festejos de la inauguración, a orillas del Nilo, se representó por primera vez la ópera Aida, de Giuseppe Verdi.

El viaje a Egipto se encadenó con una visita anterior a Estambul. La emperatriz fue recibida en el Palacio Beylerbeyi, a orillas del Bósforo, y visitó el Patriarcado Católico Armenio y la Escuela Secundaria Saint-Benoît. El viaje reforzó las relaciones franco-turcas durante años.

La construcción de Biarritz

En 1854, Napoleón III y Eugenia compraron terrenos de dunas en Biarritz, en la costa atlántica francesa cerca de la frontera española, para levantar una residencia de verano. El lugar fue elegido para mitigar la nostalgia de la emperatriz por España. La casa, llamada Villa Eugénie, es hoy el Hôtel du Palais. La presencia de la corte imperial convirtió a Biarritz en un destino de veraneo aristocrático al que acudieron la reina Victoria y, más tarde, el rey Alfonso XIII de España. La emperatriz, de hecho, se retiró con frecuencia a una villa posteriormente conocida como Villa Cyrnos, en Biarritz, tras la caída del imperio.

3.4. Influencia política[editar]

Eugenia era católica, conservadora y decididamente ultramontana. Defendió el poder temporal del papa en Italia y se opuso a la unificación italiana cuando esta implicaba la reducción de los Estados Pontificios. Su postura contraria al reconocimiento francés del nuevo Reino de Italia, formado en 1861, la enemistó con el rey Víctor Manuel II, a quien se le atribuye una frase despectiva sobre la influencia de la emperatriz: «el emperador se debilita visiblemente y la emperatriz es nuestra enemiga y trabaja con los curas. Si la tuviera en mis manos, yo le enseñaría bien para qué sirven las mujeres y en qué deberían meterse».

El conflicto entre Eugenia y el ministro de Asuntos Exteriores Édouard Thouvenel por la retirada de la guarnición francesa de Roma se saldó con la destitución de Thouvenel. El duque de Persigny reprochó a Napoleón III que se dejara gobernar por su esposa, sacrificando los intereses del país.

La intervención francesa en México fue el episodio en el que la influencia política de Eugenia quedó más señalada. La emperatriz apoyó la empresa, concebida como la instauración de una monarquía católica en América del Norte que frenara el avance de los Estados Unidos protestantes y abriera el camino a «monarquías conservadoras y católicas» regidas por príncipes europeos en Centroamérica y Sudamérica. La aventura terminó en desastre con el fusilamiento de Maximiliano I de México en 1867. Eugenia se sintió personalmente culpada por la opinión pública francesa a causa del desenlace.

En la guerra franco-prusiana, la postura de Eugenia se consideró determinante. Profundamente desconfiada de Prusia y del canciller Otto von Bismarck —a quien acusaba de injerencia en los asuntos españoles—, creía que la victoria francesa consolidaría el futuro reinado de su hijo. Según el escritor Maxime du Camp, tras la victoria prusiana sobre Austria en 1866, la emperatriz repetía que la «Francia católica» no podía soportar la vecindad de una «gran potencia protestante». En la crisis diplomática de 1870, originada por la candidatura Hohenzollern al trono de España, Eugenia presionó al emperador en favor de la guerra, a la que se refería como «mi guerra» («C'est ma guerre»). Ante la indecisión del soberano, una de sus frases, dirigida a su hijo, fue: «este niño no reinará jamás si no reparamos las desgracias de Sadowa».

3.5. El atentado de Orsini[editar]

El 14 de enero de 1858, la pareja imperial sufrió un atentado en París mientras se dirigía a la ópera, calle Le Peletier, para asistir a una representación de Guillermo Tell de Gioacchino Rossini. El revolucionario italiano Felice Orsini, antiguo carbonario que consideraba a Napoleón III el principal obstáculo para la independencia italiana, lanzó contra la carroza imperial, junto con sus cómplices Giuseppe Pieri, Antonio Gómez y Charles DeRudio, varias bombas incendiarias y explosivas. Ocho personas murieron y más de cien resultaron heridas. Los emperadores salieron ilesos y mantuvieron la compostura; según las crónicas, continuaron hacia el teatro y fueron recibidos con entusiasmo. Orsini fue detenido al día siguiente. El atentado reforzó la popularidad de Napoleón III y de Eugenia.

3.6. La caída del Imperio y la huida a Inglaterra[editar]

La guerra franco-prusiana, desencadenada en julio de 1870, terminó con la derrota francesa. El 2 de septiembre de 1870, el ejército imperial capituló en Sedán y Napoleón III fue hecho prisionero. Cuando la noticia llegó a París el 3 de septiembre, la emperatriz, en su papel de regente, habría reaccionado con desesperación al saber del cautiverio: «¡No! ¡Un emperador no capitula! ¡Está muerto! (...) ¿Por qué no se ha matado? ¿No sabe que se ha deshonrado?».

El 4 de septiembre de 1870, la Asamblea proclamó la República y se formó un Gobierno de Defensa Nacional. La emperatriz tuvo que abandonar el Palacio de las Tullerías ante la hostilidad creciente de la multitud. Con ayuda de su dentista estadounidense Thomas W. Evans, huyó de París y, tras un viaje accidentado, pasó a Inglaterra en un yate británico. Se reunió con su hijo en Chislehurst, Kent, donde más tarde se les uniría el emperador liberado.

La cuestión de cuándo debe darse por terminado su reinado es controvertida. La Segunda República francesa fue proclamada el 4 de septiembre de 1870, y la historiografía suele fijar ahí el fin del Segundo Imperio. Sin embargo, la Wikipedia en español consigna el reinado de Eugenia hasta el 11 de enero de 1871[sin verificar], mientras la Wikipedia en inglés lo cierra en el 4 de septiembre de 1870. La primera fecha puede reflejar el mantenimiento del título nominal por parte de los bonapartistas o del propio emperador hasta la capitulación definitiva de París. En cualquier caso, desde la proclamación de la República, Eugenia no ejerció ya funciones de gobierno.

3.7. Exilio, duelos y retiro[editar]

La familia imperial se instaló en Camden Place, en Chislehurst, Kent. La salud de Napoleón III, deteriorada desde hacía años y agravada por la derrota, empeoró en Inglaterra. Falleció el 9 de enero de 1873, sin que su hijo, que estudiaba en la Real Academia Militar de Woolwich, llegara a tiempo.

Tras la muerte del emperador, Eugenia se retiró temporalmente a una villa en Biarritz y se alejó de la política francesa activa. Su hijo, el príncipe imperial, parecía destinado a encarnar la esperanza de una restauración bonapartista. Sin embargo, decidió hacer carrera militar y, como oficial voluntario de artillería, se unió a las tropas británicas que combatían en la guerra anglo-zulú en Sudáfrica. El 1 de junio de 1879, en una emboscada tendida por guerreros zulúes, el príncipe cayó del caballo mientras su destacamento se retiraba y murió a los 23 años. La muerte del hijo, sumada a la del esposo en 1873 y a la de su hermana Paca en 1860 por tuberculosis, sumió a la emperatriz en un dolor del que no se recuperó. A partir de 1880 visitó los lugares del martirio de su hijo en Sudáfrica. Cuarenta años de luto riguroso sucedieron a aquella pérdida.

En 1885 se mudó a Farnborough Hill, en Farnborough, Hampshire, una residencia señorial que convirtió en museo y memorial de la dinastía napoleónica. Alternó su vida en Inglaterra con estancias en su villa Cyrnos de Biarritz. Se abstuvo de interferir en la política francesa, aunque la historiografía registra contactos con círculos bonapartistas y legitimistas. Antes de la muerte de su hijo, propuso al conde de Chambord, pretendiente legitimista al trono de Francia, que adoptara al príncipe imperial para unir las dos legitimidades. El conde rechazó la idea.

En 1887 fue madrina de bautismo de Victoria Eugenia de Battenberg, futura reina consorte de España por su matrimonio con Alfonso XIII. La relación entre Eugenia y Victoria Eugenia se mantuvo estrecha durante décadas: la emperatriz visitó con frecuencia a la reina durante sus estancias en España.

Al estallar la Primera Guerra Mundial, Eugenia donó su yate Thistle a la Marina británica, financió un hospital militar en Farnborough Hill e hizo donaciones cuantiosas a hospitales franceses. En 1919 fue nombrada dama gran cruz honoraria de la Orden del Imperio Británico.

4. Estilo y características[editar]

Eugenia pasó a la historia como uno de los grandes referentes de la moda del siglo XIX. Su elegancia fue imitada en toda Europa y en América. Fijó tendencias en vestidos, peinados y colores conocidos como «à l'impératrice». Fue famosa por sus amplias crinolinas y por cambiar de vestimenta varias veces al día: vestidos distintos para la mañana, la tarde, la velada y la noche. La prensa satírica británica la bautizó como «Reina de la Moda», «Imperatrice de la Mode», «Condesa de Crinolina» y «Diosa de los Polisones».

Su modisto preferido, Charles Frederick Worth, fue nombrado proveedor oficial de la corte en 1869 y le confeccionó cientos de vestidos. Según una leyenda difundida por la industria de la moda, la emperatriz nunca repitió el mismo vestido. Hacia finales de la década de 1860, Eugenia contribuyó a abandonar la crinolina en favor de la silueta más estilizada del polisón.

El «sombrero Eugenia», un tocado femenino que se lleva inclinado sobre un ojo, con el ala doblada bruscamente a ambos lados y a menudo con una larga pluma de avestruz, tomó su nombre de la emperatriz. En los años treinta del siglo XX vivió un nuevo auge gracias a la actriz Greta Garbo. Más característico del vestuario real de Eugenia fue el «paletot Eugenia», un abrigo de mujer con mangas acampanadas y cierre de un solo botón al cuello.

Su influencia se extendió al ámbito decorativo. Admiradora de María Antonieta, decoró sus residencias en estilos Luis XV y Luis XVI, favoreció la moda retrospectiva del siglo XVIII francés y contribuyó a la formación del llamado «estilo Napoleón III». En 1863 fundó el Museo Chino del Palacio de Fontainebleau, con objetos diplomáticos de una embajada de Siam y piezas procedentes del saqueo del Palacio de Verano de Pekín durante la segunda guerra del Opio. La colección se compone de unos 800 objetos, de los que unos 300 provienen de aquel saqueo.

5. Mecenazgo y obra social[editar]

Eugenia fue una activa mecenas de las artes y de la beneficencia. Protegió a escritores, artistas y músicos de su tiempo: apoyó al pintor Franz Xaver Winterhalter, al compositor Émile Waldteufel, a Jacques Offenbach y a su viejo amigo Prosper Mérimée, a quien ayudó a promocionar como senador de Francia en 1853. Alentó la carrera del modisto Charles Frederick Worth, pieza clave en la consolidación de la alta costura parisina como industria de lujo.

Fundó o impulsó asilos, orfanatos y hospitales. Visitaba personalmente a enfermos de barrios miserables, incluso en casos de enfermedades contagiosas, y apoyó las investigaciones de Louis Pasteur.

En el terreno de los derechos de las mujeres, su intervención quedó registrada en tres episodios citados por la bibliografía: intercedió para que Julie-Victoire Daubié obtuviera el diploma de bachillerato, primera mujer en Francia en alcanzarlo; consiguió que Madeleine Brès se inscribiera en la escuela de medicina; y promovió la concesión de la Legión de Honor a la pintora Rosa Bonheur, primera mujer en recibir esa distinción.

6. Palmarés y títulos nobiliarios[editar]

Además de emperatriz consorte de los franceses, Eugenia fue titular, por derecho propio, de numerosos títulos de la nobleza española. La lista tradicional comprende:

  • XVIII marquesa de Moya
  • XVI marquesa de Ardales
  • IX marquesa de Osera
  • XIX condesa de Teba
  • IX condesa de Ablitas
  • XI condesa de Baños
  • XII condesa de Mora
  • X condesa de Santa Cruz de la Sierra
  • X vizcondesa de la Calzada
  • XVII baronesa de Quinto

A estos se suma el tratamiento imperial propio de su matrimonio. Tras la caída del imperio, los bonapartistas le reconocieron el título honorífico de emperatriz Eugenia de Francia, que ella misma usó hasta su muerte.

Entre los honores recibidos figuran:

  • Dama gran cruz honoraria de la Excelentísima Orden del Imperio Británico (Reino Unido, 1919)
  • Dama gran cruz de la Imperial Orden de San Carlos (Segundo Imperio Mexicano, 1865)
  • Dama de la Real Orden de las Damas Nobles de la Reina María Luisa (España, 1853)
  • Dama de primera clase de la Orden de la Cruz Estrellada (Imperio austrohúngaro)
  • Rosa de Oro de la Cristiandad (Estados Pontificios)

7. Últimos años[editar]

En 1920, ya muy anciana, Eugenia viajó a España para someterse a una operación de cataratas con el doctor Ignacio Barraquer, pionero de la oftalmología española. La operación fue un éxito y, según la anécdota, la emperatriz pudo volver a leer El Quijote sin esfuerzo. En el margen de una página escribió: «¡Viva España!».

Se disponía a regresar a Inglaterra cuando, al atardecer del 10 de julio de 1920, se sintió indispuesta. Murió a las ocho y media de la mañana del día siguiente, 11 de julio de 1920, a los 94 años, en el Palacio de Liria de Madrid, residencia de su pariente el XVII duque de Alba. La causa de la muerte fue un ataque de uremia.

Su cuerpo fue trasladado en tren a París, acompañado por una comitiva que incluía al duque de Alba, al duque de Peñaranda, a las duquesas de Tamames y Santoña y al conde de Teba. En la estación de Austerlitz, el féretro fue recibido por los príncipes Murat, el embajador de España y miembros de la nobleza francesa y española. Posteriormente fue trasladado a El Havre y de allí a Farnborough, donde fue enterrada en la Cripta Imperial de la Abadía de San Miguel, junto a su esposo y su hijo.

8. Vida pública y legado[editar]

Eugenia vivió lo bastante para ver el derrumbe de otras monarquías europeas tras la Primera Guerra Mundial: la rusa, la alemana y la austrohúngara. Sobrevivió al Segundo Imperio, a la Comuna de París, a la extinción de su propia dinastía imperial y a la muerte de todos sus seres queridos. Su longevidad la convirtió en un testigo excepcional del siglo XIX europeo.

En lo político, su figura sigue siendo objeto de debate. Fue acusada de clerical, autoritaria y belicista por sus contemporáneos y por buena parte de la historiografía republicana; otros autores, en cambio, han matizado la imagen de una emperatriz todopoderosa, recordando que su influencia sobre Napoleón III, real pero limitada, a menudo se usó como chivo expiatorio de decisiones que competían al emperador y a sus ministros. Nancy Nichols Barker, en particular, señaló que sus ideas políticas combinaban de forma poco articulada bonapartismo y legitimismo.

Su legado fue también el de la moda y la cultura. El estilo Napoleón III, la alta costura de Worth, la moda de las crinolinas y los polisones, y los estilos neoclásicos inspirados en María Antonieta se asocian a su figura.

Eugenia de Montijo fue conmemorada en el espacio: el asteroide 45 Eugenia lleva su nombre, y su luna, Petit-Prince, el del príncipe imperial. El archipiélago de la Emperatriz Eugenia, en el mar del Japón, también fue bautizado en su honor.

Las joyas de la emperatriz[editar]

Eugenia poseyó una de las colecciones de joyas más importantes de su época. Sus compras se estimaron en unos 3,6 millones de francos, frente a unos 200 000 francos destinados a obras de arte para su colección personal.

Tras la caída del imperio, la soberana organizó una venta de joyas en la casa Christie's de Londres el 24 de junio de 1872. El catálogo no revelaba nominalmente su identidad: anunciaba «parte de hermosas joyas pertenecientes a una dama de calidad». La venta constaba de 123 lotes e incluía dos hileras de grandes perlas finas y un conjunto extraordinario de diamantes y esmeraldas, entre las que destacaba el conocido como diamante Emperatriz Eugenia, de 51 quilates. El total obtenido fue de 1 125 000 francos de la época. El joyero estadounidense Charles Lewis Tiffany, que ya había adquirido las joyas de la Corona de Francia, compró la mayor parte de las piezas y las revendió a damas de la alta sociedad americana. Con los años, una parte significativa de aquel conjunto pasó a la colección de la socialité brasileña Aimée de Heeren.

9. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

La figura de Eugenia de Montijo ha tenido una presencia constante en la cultura hispánica, tanto en España como en América Latina. Su condición de española sentada en el trono de Francia alimentó desde el siglo XIX coplas, romances, novelas y películas. Una copla popular lamentaba su marcha a Francia:

«Eugenia de Montijo, qué pena, pena, que te vayas de España para ser reina. Por las lises de Francia, Granada dejas, y las aguas del Darro por las del Sena. Eugenia de Montijo, qué pena, pena...»

En el cine español, la película Eugenia de Montijo (1944), dirigida por José López Rubio[sin verificar] —según otras fuentes, el título se usó para producciones distintas— y protagonizada por Amparo Rivelles, recreó su vida. En 1952, la película hispanofrancesa Violetas imperiales, con Carmen Sevilla, sitúa la trama en la Granada del siglo XIX y presenta a una joven Eugenia a quien una gitana vaticina un destino de reina.

En México, su figura aparece asociada a la intervención francesa y al Segundo Imperio Mexicano. La película estadounidense Juárez (1939), que aborda la intervención y el fusilamiento de Maximiliano, retrata a Eugenia —interpretada por Gale Sondergaard— como una soberana implacable que apoya los planes de Napoleón III para controlar México. La versión de Hollywood, aunque influyente en la imagen popular, es considerada por la historiografía una simplificación de la compleja posición de la emperatriz.

En la canción popular española, la emperatriz inspiró coplas y tonadillas. Concha Piquer, Rocío Dúrcal y Marujita Díaz interpretaron sendas piezas tituladas «Eugenia de Montijo» o «Eugenia emperatriz».

En Granada, su ciudad natal, una estatua la recuerda en la Avenida de la Constitución. La casa de la calle Gracia donde nació forma parte del itinerario turístico de la ciudad, y su nombre permanece vinculado a la memoria local granadina.

10. Notas sobre el uso de los títulos[editar]

Eugenia utilizó en vida distintos apellidos y fórmulas nobiliarias. Aunque su padre usó también el apellido Guzmán por herencia de Inés de Guzmán, condesa de Teba, la futura emperatriz firmó con frecuencia como «Doña Eugenia Palafox Portocarrero de Guzmán y KirkPatrick». Algunas fuentes, especialmente las francesas, la llamaron simplemente «Eugénie de Montijo», aunque ella no llegó a ser condesa de Montijo. Los tratamientos oficiales variaron a lo largo de su vida: de doña Eugenia Palafox Portocarrero a Excelentísima Señora condesa de Teba; después, Su Majestad Imperial la emperatriz de los franceses; y, tras 1870, Su Majestad Imperial la emperatriz Eugenia de Francia.

11. Fuentes y situación historiográfica[editar]

La biografía de Eugenia de Montijo se apoya en fuentes francesas, españolas y británicas: memorias de contemporáneos, prensa satírica, archivos del Ministerio de la Casa del Emperador, documentos diplomáticos y, sobre todo, biografías clásicas y modernas. Entre las obras de referencia figuran Eugénie: The Empress and her Empire (2004), de Desmond Seward; The Empress Eugénie: 1826–1920 (1964), de Harold Kurtz; Eugénie: Empress of the French (1939), de Octave Aubry; y, en castellano, la biografía firmada por Almudena de Arteaga, Eugenia de Montijo (2002).

Existen discrepancias entre las fuentes respecto de fechas, numeración de títulos nobiliarios y algunos episodios de la vida privada. La discrepancia más relevante es la fecha de fin del reinado imperial: 4 de septiembre de 1870 (proclamación de la República) o 11 de enero de 1871 (según la Wikipedia en español). Análogamente, las cifras de la subasta de joyas, el número exacto de abortos y los detalles menores del viaje a Oriente varían según los autores. En este artículo se ha optado por anotar explícitamente los casos en que la divergencia afecta a un dato histórico relevante.


  1. Las fuentes no coinciden en la numeración de todos los títulos: el condado de Teba aparece como XIX en la Wikipedia en español y como 15.º o 19.º según otras genealogías; el condado de Baños figura como XI o XII. Se mantienen aquí las cifras del artículo español con marca de verificación. ↩︎

  2. Estrictamente, fue la única emperatriz consorte de los franceses bajo el régimen de Napoleón III; las anteriores esposas de Napoleón I llevaron el título de emperatriz de los franceses, pero no del Segundo Imperio. ↩︎

  3. La anécdota circula con variantes. En la versión recogida por Ernest Alfred Vizetelly, la familia bromeaba con la expresión inglesa «The mountain was in travail and it brought forth a mouse», relacionada con el terremoto granadino y el parto prematuro. ↩︎

  4. Se ha escrito que William Kirkpatrick apoyó en su juventud a la casa de Estuardo; su familia procedía de Closeburn, en Escocia. La madre de Eugenia fue conocida en España como María Manuela Enriqueta Kirkpatrick de Closeburn y Grevignée. ↩︎

  5. En las fuentes españolas, Eugenia es mencionada en su juventud como condesa de Teba o, a veces, condesa de Montijo. Nunca llegó a ostentar el condado de Montijo, que correspondió a su hermana Paca y, a la muerte de esta, pasó a sus sobrinos. ↩︎

  6. Las historias de su paso por el internado británico varían en los detalles. Algunas biografías sitúan la escuela en Clifton, Bristol; otras aluden solo a un convento o pensionado de señoritas. ↩︎

  7. El texto circula con ligeras variantes en las fuentes. Se cita aquí de acuerdo con la versión recogida en la Wikipedia en español; el fondo del discurso coincide con el recogido en la biografía de Harold Kurtz, The Empress Eugénie, 1826–1920. ↩︎