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Felis catus

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Gato doméstico
Felis catus
Gato doméstico de pelaje corto
Nombre comúngato, gato doméstico, michi, minino, michino, cucho
Estado de domesticacióndomesticado
Clasificación científica
ReinoAnimalia
FiloChordata
ClaseMammalia
OrdenCarnivora
FamiliaFelidae
SubfamiliaFelinae
GéneroFelis
EspecieF. catus
AutoridadLinnaeus, 1758
Longitud cabeza-cuerpoaprox. 46 cm
Alturaaprox. 23–25 cm
Peso típico2,5–7 kg
Esperanza de vida12–14 años
Población mundial estimada600 millones (2017)
Distribuciónmundial, asociada a asentamientos humanos

1. Resumen[editar]

El gato doméstico (Felis catus), también denominado gato o, según la región, michi, minino, michino o cucho, es un mamífero carnívoro de la familia Felidae. Junto con el perro, es el animal de compañía más popular del mundo. Es un cazador solitario de hábitos principalmente crepusculares, de cuerpo flexible, reflejos rápidos, garras retráctiles y sentidos del oído y del olfato muy desarrollados. A diferencia de la mayor parte de las especies domesticadas, es el único miembro domesticado de su familia zoológica.

Su domesticación se produjo a partir del gato silvestre africano o del Cercano Oriente, atraído por los roedores que frecuentaban los primeros asentamientos agrícolas. Las pruebas genéticas y arqueológicas sitúan los orígenes del proceso en el Cercano Oriente y, más tarde, en el antiguo Egipto, desde donde se extendió por Europa y el resto del mundo. Hoy se encuentra en todos los continentes excepto en la Antártida, en hogares y también en colonias callejeras o asilvestradas.

En 2017 la población mundial estimada de gatos, que incluía ejemplares con hogar, callejeros y asilvestrados, se calculaba en unos 600 millones.[1] Por su eficacia como depredador y su éxito reproductivo, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza lo incluye en la lista de las cien especies exóticas invasoras más dañinas del mundo.[2]

2. Nombres comunes y etimología[editar]

El nombre científico Felis catus fue propuesto por Carlos Linneo en la décima edición de Systema Naturae (1758). En la actualidad también se emplea el nombre subespecífico Felis silvestris catus, sobre todo en textos que prefieren tratar al gato doméstico como subespecie del gato salvaje euroasiático. El debate taxonómico se examina más adelante.

El término castellano «gato» procede del latín vulgar cattus, que se difundió por Europa a partir de los primeros siglos de nuestra era. Paradójicamente, en latín clásico felis designaba al gato doméstico y catus a los felinos silvestres.[3] A partir de formas parecidas se generaron las palabras para designar al animal en muchas lenguas europeas.

En el español de América y también en registros coloquiales de España el animal recibe numerosos nombres: michi, micho, cucho, mizo, miz, morroño, morrongo, mish y misingo, entre otros. Varias de estas formas están documentadas por el Diccionario de la lengua española o por el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española.[4] El término michi, de amplia difusión en México, Centroamérica y el área andina, se ha vuelto una de las denominaciones coloquiales más reconocibles del animal en internet.

En zoología y en veterinaria, el macho adulto se llama a veces gato a secas y la hembra gata; en la jerga de la cría anglosajona, el macho reproductor se denomina tom y la hembra queen. Los ejemplares jóvenes son gatitos o, en varios países de América Latina, cachorros de gato.

3. Taxonomía y nomenclatura[editar]

La posición taxonómica del gato doméstico ha sido objeto de discusión durante décadas. Linneo lo describió en 1758 como Felis catus. En 1775, Johann Christian Daniel von Schreber describió al gato salvaje europeo como Felis silvestris, y desde entonces se ha debatido si ambos deben tratarse como especies separadas o como una sola especie con subespecies.

En 2003, la Comisión Internacional de Nomenclatura Zoológica confirmó mediante la Opinión 2027 el nombre F. silvestris para el gato salvaje y permitió seguir usando F. silvestris catus para la forma doméstica. Posteriormente, en 2017, el grupo de trabajo sobre clasificación de los félidos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza optó por tratar al gato doméstico como especie distinta, Felis catus.[5]

Los nombres Felis domesticus (Erxleben, 1777), Felis catus domesticus y Felis silvestris domesticus se encuentran con frecuencia en textos antiguos y en obras de divulgación, pero no son válidos según las reglas del Código Internacional de Nomenclatura Zoológica. También se describió en 1904 un supuesto «gato salvaje negro del Transcáucaso» como Felis daemon, que más tarde se identificó como un gato doméstico.

En la clasificación tradicional, el animal se ubica en el orden Carnivora, suborden Feliformia, familia Felidae y subfamilia Felinae. Su pariente salvaje más próximo es, según los análisis genéticos, el gato silvestre africano (Felis lybica), y en especial las poblaciones del Cercano Oriente.

4. Evolución y domesticación[editar]

Origen común de los félidos[editar]

La familia Felidae comparte un ancestro común que vivió hace aproximadamente 10 a 15 millones de años. La radiación de los félidos modernos se inició en Asia durante el Mioceno, hace unos 8 a 14 millones de años. El género Felis, al que pertenece el gato doméstico, se separó de otros félidos hace alrededor de 6 a 7 millones de años.[6]

El proceso de domesticación[editar]

Durante mucho tiempo se creyó que la domesticación del gato se había iniciado en el antiguo Egipto, donde se le veneraba desde al menos 3100 a. C. Sin embargo, los hallazgos arqueológicos más recientes sitúan en la isla de Chipre la evidencia más antigua de convivencia entre un felino y un ser humano: una tumba neolítica de Shillourokambos, datada en torno a 7500–7200 a. C., contenía a un hombre enterrado junto con un gato, lo que sugiere que el animal fue llevado a la isla desde el continente.[7]

La hipótesis más aceptada es que los gatos silvestres africanos se aproximaron a las aldeas del Creciente Fértil atraídos por el ratón doméstico y otros roedores que vivían de los graneros. Los agricultores neolíticos toleraron o fomentaron esta relación, y los gatos menos ariscos quedaron integrados en el entorno humano. El análisis del ADN mitocondrial de ejemplares actuales sugiere que los gatos domésticos descienden de un grupo reducido de hembras silvestres del Cercano Oriente, tal vez cinco linajes fundadores.[8] Las evidencias publicadas en 2007 indican que los ancestros de los gatos domésticos comenzaron a separarse de las líneas silvestres hace unos 10.000 a 13.000 años.

Expansión desde Egipto y el Mediterráneo[editar]

Entre el tercer y el primer milenio a. C., Egipto fue un centro importante en la relación entre humanos y gatos. Las evidencias posteriores muestran la presencia del gato doméstico en Grecia hacia el 1200 a. C. y su difusión por Europa meridional a través de mercaderes griegos, fenicios, cartagineses y etruscos. Hacia el siglo V a. C. era un animal familiar en la Magna Grecia y Etruria, y durante el Imperio romano llegó a Córcega y Cerdeña. Al final del Imperio romano de Occidente, el linaje egipcio ya había alcanzado un puerto del mar Báltico, en el norte de la actual Alemania.

En China se domesticó de forma independiente al gato leopardo (Prionailurus bengalensis) hacia el 5500 a. C., pero aquella línea de gatos parcialmente domesticados no dejó rastro en las poblaciones domésticas actuales, que descienden del linaje del Cercano Oriente.

El efecto de la domesticación sobre el genoma del gato es relativamente modesto en comparación con el de otros mamíferos domésticos. Ello se explica por lo reciente del proceso, por la mezcla continua con gatos silvestres y por el hecho de que no hubo una selección tan intensa dirigida a obtener razas de trabajo, carne o pastoreo. El gato fue aceptado sobre todo por su papel como depredador de roedores.

Creación de razas[editar]

El desarrollo de razas felinas comenzó a mediados del siglo XIX. La mayor parte de las razas actuales proceden de gatos domésticos sin pedigrí, seleccionados luego por caracteres como el color, el tipo de pelaje o la forma corporal. Las poblaciones con pedigrí concentran mayor cantidad de enfermedades hereditarias que las poblaciones mestizas, en parte por la menor diversidad genética.

5. Características físicas[editar]

Tamaño y peso[editar]

El gato doméstico es de menor tamaño que el gato salvaje europeo y tiene el cráneo y los huesos más pequeños. Mide en promedio unos 46 cm de longitud de la cabeza al cuerpo, entre 23 y 25 cm de altura hasta la cruz y unos 30 cm de cola, aunque se dan variaciones notables según la raza y el individuo. Los machos suelen ser más grandes que las hembras.

El peso típico de un adulto oscila entre 2,5 y 7 kg. Algunas razas de gran formato, como el Ragdoll o el Maine Coon, pueden superar los 11,3 kg. Se han documentado ejemplares que superaron los 23 kg por sobrealimentación, considerados casos de obesidad extrema y no rasgos raciales.

Anatomía[editar]

El esqueleto del gato posee siete vértebras cervicales, trece torácicas, siete lumbares, tres sacras y un número variable de vértebras caudales. Las vértebras torácicas y lumbares adicionales, en comparación con las del ser humano, explican en buena medida la flexibilidad y movilidad de la columna. Las patas delanteras se unen al tronco mediante clavículas flotantes, lo que les permite pasar todo el cuerpo por cualquier abertura por la que quepa su cabeza.

El cráneo presenta órbitas muy grandes y una mandíbula potente con dos largos colmillos para matar y desgarrar presas. En comparación con otros félidos, los dientes caninos del gato doméstico están más próximos entre sí, una adaptación al pequeño tamaño de las vértebras de sus presas preferidas, los roedores.

Las muelas carniceras, formadas por el premolar y el primer molar de cada lado, cortan la carne como tijeras. Los molares posteriores son poco eficaces; el gato prácticamente no mastica, de modo que la carne debe fraccionarse en trozos pequeños antes de ser ingerida. Pese a ello, su salud dental tiende a ser mejor que la humana, por el mayor espesor del esmalte y por una dieta baja en azúcar.

Patas y garras[editar]

Los gatos son digitígrados: caminan apoyados sobre los dedos. Las patas delanteras tienen cinco dedos, uno de los cuales no apoya en el suelo, y las traseras cuatro. Las garras, protráctiles y retráctiles, permanecen envainadas por piel y pelo en estado de reposo, lo que impide su desgaste y permite un acecho silencioso. El animal puede extenderlas voluntariamente para cazar, pelear, trepar o ganar tracción.

Al arañar superficies ásperas, el gato muda la capa externa de las vainas córneas. Algunas razas presentan polidactilia, es decir, dedos adicionales en patas delanteras o traseras.

Pelaje[editar]

El manto del gato es muy variable. Puede ser de un solo color, bicolor, atigrado, con patrones siameses, carey o calicó. El patrón atigrado recibe en algunos lugares el nombre de «gato romano». En el gato siamés y en sus derivados, las zonas más frías del cuerpo —cara, cola, patas y orejas— muestran una coloración más oscura.

La mayor parte de los gatos tricolores o de cuatro colores son hembras, porque los genes relacionados con la coloración naranja y negra se localizan en los cromosomas X. Solo en casos raros —alrededor de uno de cada 3.000 a 4.000— aparece un macho tricolor, asociado a una dotación cromosómica XXY.[9] En cambio, los gatos naranjas suelen ser machos.

Cuanto mayor es la proporción de blanco en el manto tricolor, más marcadas son las manchas de los otros colores. Los ejemplares con mucho blanco y manchas bien definidas se conocen como calicó o, en España, gata española o mariposa. Los que apenas tienen blanco y presentan colores mezclados reciben el nombre de carey.[10]

6. Sentidos[editar]

El gato destaca por un sistema sensorial muy desarrollado. Su visión nocturna, su audición de alta frecuencia y su olfato le permiten detectar presas, reconocer congéneres y moverse con eficacia en condiciones de poca luz.

Visión[editar]

Los gatos tienen una excelente visión nocturna y pueden ver con un nivel de luz equivalente a aproximadamente una sexta parte del que necesita el ojo humano. Esta capacidad se debe en gran medida al tapetum lucidum, una capa reflectante situada tras la retina que devuelve la luz y aumenta la sensibilidad en condiciones de poca luminosidad. Por esa misma razón, su agudeza visual diurna es inferior a la humana, y el tapetum puede reducir la precisión.

La pupila es vertical y hendida en condiciones de mucha luz, lo que permite enfocar mejor sin aberraciones cromáticas; en la penumbra se dilata hasta cubrir la mayor parte del ojo. El campo visual del gato es de unos 200°, frente a los 180° del ser humano, aunque la ubicación frontal de los ojos sacrifica parte del campo lateral en favor de la profundidad.

La visión de color del gato es limitada. Posee dos tipos de conos, sensibles al azul y al verde amarillento, y distingue mal entre el rojo y el verde. Algunos experimentos han detectado una posible respuesta adicional a longitudes de onda medias, pero no se considera visión tricromática comparable a la humana. El gato dispone además de una membrana nictitante, un tercer párpado semitransparente que protege y humedece el ojo.

Audición[editar]

El sistema auditivo del gato es muy agudo. Su rango de máxima sensibilidad se extiende desde los 500 Hz hasta los 32 kHz, y puede percibir frecuencias entre 55 Hz y 79 kHz, mientras que el oído humano capta entre 20 Hz y 20 kHz. En términos de octavas, el gato abarca unas 10,5 octavas, frente a unas 9 en humanos y perros. Esta amplitud le permite oír los ultrasonidos que emiten algunos roedores.

Las orejas, grandes y móviles, pueden orientarse de forma independiente y actúan como amplificadores y localizadores del origen del sonido. Diferentes estudios han mostrado que el gato es capaz de construir mapas mentales de la posición de personas familiares a partir de su voz, incluso sin verlas.

Olfato[editar]

El olfato está bien desarrollado y desempeña un papel central en la identificación de individuos, territorios y parejas. La mucosa olfativa del gato es aproximadamente dos veces más extensa que la humana, y su bulbo olfatorio es relativamente grande. Posee además un órgano vomeronasal u órgano de Jacobson, situado en el paladar, que le permite detectar feromonas. Para enviar compuestos químicos a este órgano realiza un gesto facial característico llamado reflejo de Flehmen.

Gusto[editar]

El gato posee relativamente pocas papilas gustativas en comparación con el ser humano: alrededor de 470 frente a más de 9.000. Los gatos domésticos y salvajes comparten una mutación en el gen receptor del sabor dulce, por lo que no perciben los azúcares. Sus papilas responden, en cambio, a ácidos, aminoácidos, proteínas y sabores amargos, coherente con una dieta carnívora.

Tacto y vibrisas[editar]

Las vibrisas, comúnmente llamadas bigotes, son cerdas táctiles muy sensibles situadas sobre todo en el labio superior, las mejillas, el mentón y encima de los ojos. Cada vibrisa tiene asignada una zona específica en la corteza cerebral, lo que convierte a estos órganos en una herramienta de navegación y de detección del entorno cercano. La raza Sphynx puede carecer casi por completo de ellas.

7. Comunicación[editar]

El gato combina vocalizaciones, posturas, movimientos de cola, orejas y marcas olfativas para comunicarse. Las vocalizaciones más conocidas son el maullido y el ronroneo, pero el repertorio incluye también aullidos, gemidos, gruñidos, bufidos y trinos.

Maullido[editar]

El maullido es el sonido característico de la especie y varía mucho en tono, duración e intención. Los gatos domésticos maúllan para indicar sufrimiento, pedir atención, solicitar comida o saludar. Un rasgo notable es que los gatos domésticos maúllan con mucha más frecuencia que los silvestres, porque el maullido se mantiene sobre todo como forma de llamar la atención de los humanos.

Ronroneo[editar]

El ronroneo se produce por la exhalación del aire y la resonancia en la cavidad torácica. Generalmente indica que el animal está relajado o cómodo, pero también puede aparecer en situaciones de dolor, angustia o enfermedad; en estos casos el tono y el ritmo pueden distinguirse del ronroneo plácido. Algunos gatos modulan el ronroneo para obtener comida, un comportamiento que se ha interpretado como una forma de comunicación dirigida específicamente a los cuidadores humanos.

Otros sonidos[editar]

Cuando se siente amenazado, un gato emite bufidos, siseos, gruñidos y gritos que aumentan en intensidad a medida que sube la tensión. Arquear el lomo, erizar el pelo y colocar las orejas hacia atrás son posturas que acompañan a las vocalizaciones defensivas.

8. Ciclo reproductivo[editar]

La gata presenta varios celos a lo largo del año. Cada celo suele durar de cuatro a siete días, periodo durante el cual la hembra maúlla con más frecuencia y puede atraer a varios machos. Si varios gatos compiten por una hembra en celo, pueden producirse peleas por el acceso a la cópula.

La cópula es dolorosa para la hembra, porque el pene del gato presenta espículas que frotan la vagina y desencadenan la ovulación. Dado que la ovulación es inducida, es raro que la fecundación se produzca en la primera cópula. Las gatas pueden copular con varios machos durante el celo, de modo que una camada puede tener varios padres.[11]

La hembra alcanza la madurez sexual entre los cuatro y los cinco meses, mientras que el macho la alcanza hacia los seis o siete meses. La gestación dura entre sesenta y cinco y sesenta y siete días, y la camada puede ir de una a diez crías. Lo habitual es que el gatito permanezca con la madre hasta al menos la sexta a la octava semana de vida, ya que antes no habría adquirido nutrientes ni patrones sociales suficientes.

9. Dieta y caza[editar]

El gato doméstico es un carnívoro estricto. Su anatomía y su fisiología están adaptadas a una dieta de carne baja en fibra y altamente digestible. Tiene menor capacidad que los omnívoros para metabolizar hidratos de carbono, no puede convertir eficientemente carotenoides en vitamina A ni sintetizar cantidades suficientes de vitamina D; tampoco sintetiza bien niacina, cisteína, citrulina o metionina. La taurina y la arginina son esenciales en su dieta. Una sola comida deficiente en arginina puede ser mortal, y la falta de taurina puede provocar miocardiopatía dilatada.[12]

En relación con su tamaño, el gato es un depredador muy eficaz. Caza al acecho y se abalanza sobre vertebrados pequeños, empleando tácticas semejantes a las de felinos mayores como el leopardo, el puma o el tigre. Mata a sus presas con una mordida de sus largos caninos, que rompe la médula espinal, o por asfixia al comprimir la tráquea.

Los ejemplares bien alimentados siguen cazando aves, ratones, ratas, lagartos y otros animales pequeños en su entorno. No se sabe con certeza por qué muchos gatos llevan presas muertas a sus dueños; se cree que esta conducta está relacionada con el vínculo social y con la enseñanza de la caza, y suele interpretarse como un obsequio o una conducta simbólica de compartir alimento.

La lengua del gato presenta papilas en forma de espinas compuestas de queratina, que sirven para arrancar pelo, plumas y restos de piel de las presas. Aunque come poca materia vegetal, es frecuente que ingiera pequeñas cantidades de pasto u otras plantas para facilitar el tránsito digestivo.

10. Comportamiento y estructura social[editar]

Contrariamente a la imagen de animal solitario, en estado silvestre el gato es un animal social que puede formar colonias más o menos jerarquizadas, sobre todo cuando el alimento es abundante. Es, sin embargo, un cazador solitario y de hábitos preferentemente crepusculares. Los machos marcan el territorio con orina, y tanto hembras como machos frotan la cabeza y el cuerpo contra superficies para depositar marcas.

Los gatos pasan una parte considerable del día descansando. Su vejez no es gradual como la humana, sino relativamente abrupta: puede durar alrededor de un año y desemboca en la muerte. Un ejemplar anciano suele desarrollar cataratas, moverse más lentamente, perder olfato y dormir casi todo el día.

Pueden experimentar estrés y desarrollar comportamientos neuróticos en ambientes que les resultan amenazantes o impredecibles. La interacción con los humanos debe ser más calmada y paulatina que con los perros, porque el gato tiende a ser más desconfiado ante estímulos bruscos. Aun así, establece vínculos afectivos con sus cuidadores, ronronea, se frota contra sus piernas y busca su compañía, aunque el tiempo para ganar confianza varía según cada individuo.

11. Genética[editar]

El gato doméstico tiene 19 pares de cromosomas, es decir, 38 cromosomas. En 2007 se publicó la primera secuencia del genoma del gato doméstico, y en 2014 se obtuvo un ensamblado más detallado en el marco del Proyecto Genoma de Gato. Se han identificado alrededor de 20.000 genes, de los cuales unos 19.500 codifican proteínas, junto con cerca de 1.855 ARN no codificantes.[13]

Se han descrito alrededor de doscientas patologías asociadas al genoma felino, muchas de ellas con equivalentes en la medicina humana. La genética del color del pelaje es compleja: el gen MC1R, el gen ASIP y el gen blanco dominante w explican parte de la variación. En los gatos blancos de ojos azules existe un mayor porcentaje de sordera, aunque no todos son sordos. El color blanco puede producirse por mecanismos distintos, entre ellos el albinismo o la posesión del alelo w, que enmascara los restantes colores y se asocia a la falta de audición.

12. Razas[editar]

Como resultado de mutaciones genéticas, cruzamiento y selección artificial, existen numerosas razas de gato. Algunas, como el Sphynx o el Peterbald, carecen casi por completo de pelo; otras, como el Bobtail japonés o el Manx, carecen de cola o la tienen muy corta; y otras, como el Chartreux, presentan coloraciones atípicas como el gris azulado.[14]

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  • Sphynx: pelaje casi invisible, escasas vibrisas.
  • Peterbald: raza sin pelo o con pelaje fino.
  • Bobtail japonés: cola corta y rizada.
  • Manx: ausencia variable de cola.
  • Chartreux: pelaje corto gris azulado.
  • Maine Coon: gran tamaño, pelaje semilargo.
  • Ragdoll: pelaje semilargo, gran tamaño.
  • Bengala: híbrido con el gato leopardo Prionailurus bengalensis.
  • Devon Rex: pelaje rizado.
  • Scottish Fold: orejas plegadas por mutación.

La mayor parte de las razas modernas se formó después de mediados del siglo XIX. Las poblaciones con pedigrí presentan menor diversidad genética y una mayor carga de trastornos hereditarios que las poblaciones mestizas de gato común.

Hibridaciones[editar]

El gato doméstico puede cruzarse con otras subespecies de Felis silvestris y producir descendencia fértil, lo que permite el intercambio genético con gatos monteses. Se ha detectado hibridación con el gato montés europeo, y esa mezcla masiva se considera una de las principales amenazas para la conservación de las formas salvajes.

También de forma excepcional se han obtenido híbridos fértiles con felinos fuera de la especie F. silvestris. En la década de 1960, la criadora Jean Mill inició un programa de cruzamiento entre gatos domésticos y una hembra de gato leopardo (Prionailurus bengalensis), del que surgió la raza Bengala tras varios cruces.

13. Salud y longevidad[editar]

La esperanza de vida del gato doméstico se sitúa, en promedio, entre doce y catorce años. El ejemplar más longevo del que se tiene registro vivió treinta y ocho años y tres días, según el reconocimiento de Guinness World Records.[15] La esperanza real varía mucho según el acceso a atención veterinaria, la alimentación y si el animal vive dentro de casa o en el exterior.

Las hembras esterilizadas antes de su primer celo tienen menos posibilidades de sufrir cáncer de mama. La esterilización y la castración se recomiendan también para reducir la reproducción incontrolada y prevenir conductas territoriales. Los valores fisiológicos normales del gato incluyen una temperatura corporal de entre 38 y 39 °C y un ritmo cardiaco en reposo de 150 a 180 latidos por minuto, aunque el rango se amplía según la excitación del animal.[16]

14. Gatos callejeros y asilvestrados[editar]

Se denomina gato callejero al que no tiene un propietario conocido. Puede tratarse de un animal abandonado, extraviado o, con mayor frecuencia, de un descendiente de otros gatos sin hogar. Los gatos asilvestrados, en sentido estricto, son aquellos que viven en estado libre y evitan el contacto humano, comportándose de forma semejante a sus parientes silvestres.

Los gatos son muy adaptables y pueden sobrevivir por sus medios si existen presas en el entorno. En zonas muy humanizadas, muchas personas les suministran alimento de manera regular, lo que reduce su necesidad de cazar y aumenta su fertilidad. Sin depredadores que controlen su número, las colonias tienden a crecer alrededor de las fuentes de comida y de refugio.

Una población equilibrada y controlada de gatos deambulantes puede ser considerada beneficiosa en entornos urbanos, en especial por el control de roedores e insectos. Sin embargo, las colonias numerosas generan conflictos vecinales, malos olores y focos de parásitos y enfermedades, incluidas varias zoonosis, si las condiciones higiénicas no son adecuadas.

Control poblacional y método CES[editar]

Tradicionalmente, cuando el número de gatos callejeros se descontrolaba, se capturaban y sacrificaban. Ante la presión de asociaciones proteccionistas, se ha difundido el método Capturar-Esterilizar-Soltar (CES), que busca alcanzar a corto plazo la situación de «nacimientos cero» sin sacrificar a los ejemplares. Las asociaciones de cuidadores suelen reclamar que los gastos veterinarios, sobre todo los de esterilización, sean asumidos por los municipios.

15. Impacto ambiental y control de especies[editar]

Por su amplia gama de presas, su eficacia como depredador y su éxito reproductivo, el gato doméstico se considera una de las cien especies exóticas invasoras más dañinas del mundo. En ecosistemas insulares y en entornos con aves, mamíferos o reptiles en peligro, sus poblaciones asilvestradas pueden causar declives importantes de fauna nativa.

El problema es especialmente grave en Australia, donde los gatos asilvestrados depredan sobre una fauna autóctona muy vulnerable y han motivado campañas de control con trampas y cebos. Más recientemente se ha probado un dispositivo denominado Felixer, que detecta el paso de un animal ante un láser, reconoce si se trata de un gato o un zorro y rocía sobre su pelaje una dosis de gel tóxico, aprovechando la conducta de acicalamiento del animal para que ingiera el veneno.[17]

En muchas zonas, para proteger a la fauna local, se recomienda mantener a los gatos domésticos dentro de casa, al menos en horas de actividad de las presas, o colocarles un cascabel que advierta a los animales de su presencia.

16. Relación con los seres humanos y cultura[editar]

Del Egipto antiguo a la Edad Media[editar]

La relación entre humanos y gatos ha atravesado fases muy distintas. En el antiguo Egipto, el gato era venerado y asociado a la diosa Bastet, protectora del hogar, la fertilidad y la maternidad. Se le atribuían propiedades místicas y gozaba de un estatus elevado. En la Edad Media europea, en cambio, surgieron supersticiones negativas, sobre todo respecto al gato negro, que se vinculó con la brujería, el demonio y la mala suerte.

Prejuicios modernos y comparación con el perro[editar]

En la actualidad, buena parte de los prejuicios sobre el gato proceden de compararlo con el perro. Muchas personas esperan de él una obediencia y una expresividad semejantes, pero el gato es más pequeño, más vulnerable ante el entorno y tiende a desconfiar de lo brusco; la aproximación debe ser más tranquila y respetuosa. Es un animal más independiente, pero forma vínculos afectivos reales con sus cuidadores y muestra cariño de maneras distintas: ronronea, se frota contra las piernas, busca contacto y se acurruca junto a las personas.

No le suele gustar que le acaricien el vientre, una zona muy sensible de su anatomía, aunque esto depende del individuo. Es juguetón y conserva un fuerte instinto de caza, por lo que se recomienda encauzar el juego con juguetes y no con las manos, para evitar mordidas y arañazos.

También es errónea la idea de que el gato es astuto, vengativo o traicionero por naturaleza. Actúa por instinto de caza o por defensa del territorio, sin maldad ni premeditación. Aunque con frecuencia se subestima su capacidad de aprendizaje en comparación con la del perro, la ciencia reconoce que posee una notable inteligencia adaptativa y memoria espacial.

17. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

En el mundo hispanohablante, el gato es tanto animal de compañía como protagonista de numerosos dichos, canciones y producciones culturales. En América Latina, el término michi se ha convertido en una de las maneras más comunes de llamar al animal en internet, en redes sociales y en la publicidad. El Diccionario de americanismos y el Diccionario de la lengua española documentan, además, las formas micho, cucho, mizo, mish y misingo, entre otras.

En las ciudades latinoamericanas, la convivencia de gatos domésticos, callejeros y asilvestrados plantea los mismos desafíos de manejo que en otras regiones: campañas de esterilización, refugios y colonias gestionadas por vecinos. La figura del «gato de biblioteca» o «gato de barrio» es un elemento reconocible en la vida urbana de varios países, aunque no siempre con reconocimiento institucional.

La cantidad de gatos por hogar en los países hispanohablantes es difícil de establecer con precisión porque muchas estimaciones son parciales o irregulares.[18] Aun así, el animal ocupa un lugar central en la cultura doméstica de la región, desde los refranes tradicionales hasta la presencia masiva de imágenes y personajes felinos en la comunicación digital contemporánea.


  1. Las estimaciones varían según el año y el criterio. Algunos recuentos distinguen entre gatos domésticos, callejeros y asilvestrados; la cifra de 600 millones incluye las tres categorías. En la literatura divulgativa circulan además recuentos por continente y por país que no siempre coinciden con la suma global. ↩︎

  2. La lista forma parte de Global Invasive Species Database y no significa que el animal sea invasor en todos los ecosistemas, sino que, donde sus poblaciones se descontrolan, puede causar daños graves a la fauna local. ↩︎

  3. El inglés cat, el francés chat, el italiano gatto y el castellano «gato» comparten una raíz tardolatina, probablemente tomada de una lengua africana o del germánico antiguo. Hay hipótesis que proponen como fuente el término nubio kaddîska «gato salvaje» o una raíz urálica. ↩︎

  4. El Diccionario de americanismos registra, entre 2010 y 2024, las voces «michi», «mish», «mishingo» y «misingo» con distribución por países americanos. No todos los términos se usan en todos los países hispanohablantes; su geografía exacta varía según la obra lexicográfica. ↩︎

  5. La decisión de 2017 no resolvió todos los usos. En la literatura de conservación, el gato doméstico a menudo se sigue denominando Felis silvestris catus para subrayar su parentesco con el gato salvaje europeo y africano. ↩︎

  6. Las fechas provienen de investigaciones moleculares y de las llamadas filogenias mitocondriales y nucleares; como ocurre con toda datación de este tipo, las cifras presentan márgenes de incertidumbre considerables. ↩︎

  7. En Chipre no existía fauna autóctona de mamíferos, de modo que el gato y otros mamíferos salvajes tuvieron que ser transportados por los pobladores neolíticos. Que un felino compartiera sepultura con un humano se interpreta como un indicio de vínculo temprano, no necesariamente de domesticación plena. ↩︎

  8. El rastreo del ADN mitocondrial, que se transmite por vía materna, agrupa a los gatos domésticos actuales en varios clados; la hipótesis de las «cinco gatas fundadoras» procede de un estudio de 2007 y se refiere al Cercano Oriente. ↩︎

  9. La cifra de machos tricolores se cita con frecuencia en la literatura de genética felina, pero las estimaciones concretas varían. El mecanismo cromosómico es cerca del satélite sexual; no todos los casos de macho tricolor son necesariamente fértiles. ↩︎

  10. Los términos «carey» y «calicó» no designan razas sino patrones de color. Su uso exacto cambia según el país; en algunas regiones se emplea «calicó» para cualquier gato tricolor con blanco. ↩︎

  11. La poliandria relativa a la camada está documentada en gatos callejeros y en colonias; en gatos de interior con un solo macho disponible, evidentemente no se da. ↩︎

  12. La relación entre la carencia de taurina y la miocardiopatía dilatada fue establecida en 1987. Antes de que se ajustaran las fórmulas comerciales, la enfermedad era frecuente en gatos alimentados con dietas caseras o mal balanceadas. ↩︎

  13. La cifra exacta de genes varía según el ensamblado y el método de anotación. Los valores mencionados proceden del análisis comparativo de 2014 y pueden diferir en ensamblados posteriores. ↩︎

  14. Las federaciones felinas reconocen entre sí números distintos de razas, habitualmente varias decenas. El número exacto de razas reconocidas es 40 a 70[sin verificar] según la entidad, porque no todos los registros coinciden. ↩︎

  15. El récord de longevidad se atribuye al gato Creme Puff, nacido y muerto en Estados Unidos, con 38 años y 3 días. Las referencias periodísticas citan a Guinness World Records como fuente. ↩︎

  16. Se considera fiebre si la temperatura supera los 39,5 °C, y se habla de hipotermia por debajo de 37,5 °C. La frecuencia respiratoria de referencia varía entre 16 y 40 respiraciones por minuto; las fuentes veterinarias difieren ligeramente. ↩︎

  17. El Felixer se diseñó para minimizar el daño a especies no objetivo, pero su uso suscita debates entre gestores de fauna, conservacionistas y organizaciones de bienestar animal. ↩︎

  18. No se incluyen cifras específicas por país hispanohablante porque las fuentes revisadas no ofrecen un censo único y consistente. Si se requiere un dato para un país concreto, habrá que verificar la estimación oficial o encuesta más reciente: según el país, la cifra varía[sin verificar]. ↩︎