Fernando VII de España
| Nombre completo | Fernando María Francisco de Paula Domingo Vicente Ferrer Antonio José Joaquín Pascual Diego Juan Nepomuceno Genaro Francisco Javier Rafael Miguel Gabriel Calixto Cayetano Fausto Luis Ramón Gregorio Lorenzo Jerónimo de Borbón |
|---|---|
| Título | Rey de España y de las Indias |
| Primer reinado | 19 de marzo – 6 de mayo de 1808 |
| Segundo reinado | 11 de diciembre de 1813 – 29 de septiembre de 1833 |
| Nacimiento | 14 de octubre de 1784, San Lorenzo de El Escorial, España |
| Fallecimiento | 29 de septiembre de 1833, Madrid, España (48 años) |
| Sepultura | Cripta Real del Monasterio de El Escorial |
| Casa real | Borbón |
| Padre | Carlos IV de España |
| Madre | María Luisa de Parma |
| Consortes | María Antonia de Nápoles (1802–1806); María Isabel de Portugal (1816–1818); María Josefa Amalia de Sajonia (1819–1829); María Cristina de Borbón-Dos Sicilias (1829–1833) |
| Descendencia | Isabel II; María Luisa Fernanda, duquesa de Montpensier; dos hijas fallecidas en la infancia o al nacer |
| Religión | Católica |
1. Resumen[editar]
Fernando VII de España, llamado en vida «el Deseado» y más tarde «el rey Felón», nació en San Lorenzo de El Escorial el 14 de octubre de 1784 y murió en Madrid el 29 de septiembre de 1833. Fue rey de España en dos periodos: brevemente entre el 19 de marzo y el 6 de mayo de 1808, y de nuevo desde el 11 de diciembre de 1813 hasta su muerte. Hijo de Carlos IV y de María Luisa de Parma, accedió al trono tras el motín de Aranjuez, que forzó la abdicación de su padre. Pocas semanas después, Napoleón lo llevó a Bayona, donde renunció a la Corona en favor de Carlos IV, quien a su vez cedió los derechos al emperador; Napoleón entregó el trono de España a su hermano José Bonaparte.
Fernando pasó la mayor parte de la guerra de la Independencia española confinado en el castillo de Valençay, en Francia. Durante esos años, en la España no ocupada gobernaron en su nombre la Junta Suprema Central, el Consejo de Regencia y las Cortes de Cádiz, que promulgaron la Constitución de 1812. Aunque el Tratado de Valençay de diciembre de 1813 lo reconoció como rey, la Regencia y las Cortes no lo ratificaron; aun así, Napoleón lo dejó regresar. De vuelta en España, Fernando rechazó la Constitución, restauró el absolutismo y persiguió a los liberales. Su negativa a gobernar bajo el régimen constitucional abrió una época de conspiraciones, pronunciamientos y represión que culminó en el Trienio Liberal (1820–1823) y, tras la intervención francesa de los Cien Mil Hijos de San Luis, en la llamada Década Ominosa (1823–1833).
Su reinado estuvo marcado por la ruina económica de la Hacienda, la inestabilidad gubernamental y la pérdida de casi todos los territorios americanos de la monarquía. Al morir dejó como heredera a su hija Isabel II, menor de edad, y abrió una crisis sucesoria con su hermano Carlos María Isidro que derivó en la primera guerra carlista. La historiografía, tanto liberal como reciente, ha sido mayoritariamente durísima con su figura.
2. Primeros años y formación[editar]
Fernando nació en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial cuando todavía reinaba su abuelo Carlos III. Fue el noveno de los catorce hijos de Carlos IV y María Luisa de Parma; ocho de sus hermanos murieron antes de 1800.[1] Al cumplir un mes se convirtió en príncipe de Asturias, tras la muerte de su hermano mayor Carlos, que tenía catorce meses de edad. El propio Fernando padeció una enfermedad grave a los tres años y mantuvo una salud delicada durante toda su vida.
En 1789, ya reinando Carlos IV, fue jurado heredero de la Corona por las Cortes en el Real Monasterio de San Jerónimo de Madrid, el 23 de septiembre. Su educación inicial estuvo a cargo de Felipe Scío, religioso de las Escuelas Pías y hombre de notable prestigio pedagógico. En 1795, Scío fue nombrado obispo de Sigüenza y la preceptoría pasó al canónigo y obispo electo de Orihuela Francisco Javier Cabrera. El plan de estudios propuesto por Cabrera combinaba latín, lenguas vivas, historia y geografía con una fuerte formación religiosa. Entre los profesores que influyeron más en el príncipe figuraron Juan Escóiquiz y Cristóbal Bencomo y Rodríguez, ambos cercanos al entorno áulico y, con los años, decisivos en la formación del «partido fernandino».[2]
3. Príncipe de Asturias: oposición a Godoy y conspiración[editar]
En 1802 Fernando contrajo matrimonio con María Antonia de Nápoles, hija de la reina María Carolina. La princesa mantuvo una pésima relación con la reina María Luisa y con el valido Manuel Godoy, al que veía como un rival. En torno a los príncipes de Asturias se formó el llamado «partido napolitano», en el que participaron nobles españoles y el embajador de Nápoles. Desde allí se lanzaron campañas de descrédito contra Godoy y la reina, no solo verbales: circularon también estampas satíricas que ridiculizaban a la reina y al valido en términos extremadamente soeces.[3]
Tras la muerte de María Antonia en 1806 y la conquista napoleónica de Nápoles, el «partido napolitano» se transformó en «partido fernandino». Fernando, apoyado por su antiguo preceptor Escóiquiz y por un grupo de nobles descontentos, empezó a negociar con Napoleón y a buscar la caída de Godoy y de sus propios padres. La tensión desembocó en la conspiración de El Escorial, descubierta en 1807. Fernando fue detenido, denunció a sus colaboradores y pidió perdón a sus padres. El tribunal absolvió a los demás implicados, pero el rey ordenó el destierro de todos.
4. Primer reinado (1808)[editar]
En marzo de 1808, con tropas francesas ya en la península, la corte se trasladó a Aranjuez. El 17 de marzo el pueblo asaltó el palacio de Godoy y, dos días después, Carlos IV abdicó en su hijo. Fernando fue proclamado rey y recibido con aclamaciones. Era la primera vez en la historia de España que un monarca era desplazado por las intrigas de su propio hijo con respaldo de una revuelta popular.
El gobierno que formó Fernando duró apenas unas semanas. Las tropas francesas al mando de Joaquín Murat ocuparon Madrid el 23 de marzo. Napoleón, que no reconocía la abdicación de Carlos IV por considerarla coaccionada, hizo que se invitara a la familia real a Bayona. Fernando salió de España el 20 de abril con la esperanza de obtener el respaldo del emperador. No regresaría en seis años.
En Bayona, Napoleón obligó a Fernando a devolver la Corona a su padre, y Carlos IV cedió los derechos al emperador, que los transfirió a su hermano José. Fernando aceptó el 6 de mayo de 1808 a cambio de una pensión que, según algunas fuentes, nunca cobró en su totalidad. Este proceso, conocido como las abdicaciones de Bayona, no solo supuso un cambio dinástico: Napoleón convocó una asamblea de notables españoles que aprobó el Estatuto de Bayona en julio de 1808. Las abdicaciones no fueron reconocidas por los sectores patriotas; el 11 de agosto de 1808 el Consejo de Castilla las declaró nulas y el 24 de agosto se proclamó rey a Fernando VII en Madrid, aunque estuviera ausente.[4]
5. Cautiverio en Valençay[editar]
Fernando, junto con su hermano Carlos María Isidro y su tío Antonio Pascual de Borbón, quedó internado en el castillo de Valençay, propiedad de Charles Maurice de Talleyrand. Las condiciones no eran las de una cárcel dura: recibía clases de baile y música, salía a montar y a pescar y organizaba bailes. A partir de 1814, con la marcha de Talleyrand y la negativa de Bonaparte a pagar lo estipulado, el tren de vida se volvió más austero.
Pese a ser considerado en España la víctima inocente del «tirano» y apodado «el Deseado», Fernando mantuvo durante el cautiverio una correspondencia servil con Napoleón. Llegó a pedir que se le permitiera ir a París, ofreció a su hermano para mandar regimientos españoles en la campaña de Rusia y, en una carta hecha pública por Le Moniteur en 1810, expresó su deseo de ser hijo adoptivo del emperador.[5] También organizó una fiesta solemne con Te Deum por la boda de Napoleón con María Luisa de Austria. No intentó fugarse; al contrario, denunció a un barón irlandés enviado por el Gobierno británico para ayudarlo a escapar.[6]
6. Regreso y restauración absolutista[editar]
La derrota francesa y el avance aliado cambiaron la situación. El 11 de diciembre de 1813, Napoleón firmó el Tratado de Valençay, por el que reconocía a Fernando como rey de España. La Regencia y las Cortes no lo ratificaron, pero el emperador lo dejó marchar. Fernando salió de Valençay el 13 de marzo de 1814, recibió el pasaporte el 7 de marzo y entró en España por Gerona el 22 de marzo; el 24 fue recibido por el general Francisco Copons en Báscara.[7] En Valencia, el general Francisco Javier de Elío puso a su disposición el Segundo Ejército, en lo que se ha considerado el primer pronunciamiento de la historia de España.
El 4 de mayo de 1814, Fernando firmó en Valencia el decreto conocido como Manifiesto del 4 de Mayo, que declaraba nula la Constitución de 1812 y toda la obra de las Cortes de Cádiz. Dos días después nombró capitán general de Castilla la Nueva a Francisco de Eguía, quien ejecutó el golpe en Madrid el 11 de mayo. Detenidos los miembros de la Regencia, los ministros y los liberales, las Cortes fueron disueltas. Fernando entró en Madrid el 13 de mayo de 1814.
Se inició así la restauración absolutista. El rey prometió inicialmente respetar a los afrancesados, pero al llegar ordenó el destierro de quienes habían servido a José I. Desaparecieron la prensa libre, las diputaciones y ayuntamientos constitucionales, se cerraron universidades y se devolvieron a la Iglesia propiedades confiscadas. El país ingresó en la Santa Alianza.
6.1 Primer sexenio absolutista[editar]
Entre 1814 y 1820 el gobierno fue sumamente inestable. El rey cambiaba de ministros cada pocos meses y la economía seguía en ruina: la Hacienda estaba devastada, la guerra y la pérdida del comercio americano agudizaron la deflación, y el contrabando creció en Gibraltar y otras fronteras. La economía del reinado se caracterizó por la postración, a pesar de algunos retoques fiscales.[8] La población, sin embargo, creció de forma desigual y hacia 1830 Madrid, Barcelona, Sevilla y Valencia encabezaban la población peninsular.
La represión contra los liberales fue constante. Estos, apoyados por sectores del Ejército, de la masonería y de una burguesía reducida, protagonizaron varios pronunciamientos fallidos: en 1814 el general Espoz y Mina se sublevó en Pamplona; en 1815 lo hizo Juan Díaz Porlier en La Coruña; en 1817 Luis de Lacy en Barcelona; y en 1818 Juan Van Halen en Valencia. Todos fracasaron, pero mostraron la debilidad del régimen y prepararon el estallido de 1820.
7. Trienio Liberal (1820–1823)[editar]
En enero de 1820, las tropas expedicionarias acantonadas para marchar a América se sublevaron encabezadas por Rafael del Riego. Aunque el pronunciamiento no triunfó de inmediato, se extendió por Galicia y el resto de la península. Fernando se vio obligado a jurar la Constitución de Cádiz el 9 de marzo de 1820. En sus palabras, pronunciadas al día siguiente, «Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional».
Comenzó el Trienio Liberal. Se restablecieron la Constitución y los decretos de Cádiz, y los liberales se dividieron entre moderados y exaltados. El rey, sin embargo, conspiró desde el primer momento para volver al absolutismo. Su rechazo a compartir el poder se acentuó durante el trienio. En 1823, el Congreso de Verona autorizó la intervención francesa de los Cien Mil Hijos de San Luis, dirigida por el duque de Angulema. El gobierno revolucionario trasladó al rey a Cádiz. Tras la batalla del Trocadero y la caída de Cádiz, Fernando quedó libre y se restableció el absolutismo. El duque de Angulema protestó por la negativa del rey a conceder la amnistía prometida a los defensores de Cádiz y llegó a rechazar las condecoraciones que Fernando le ofreció.[9]
8. Década Ominosa (1823–1833)[editar]
La última fase del reinado, conocida como la Década Ominosa, se caracterizó por una durísima represión de los liberales y por una política relativamente moderada en lo económico, que disgustó a los sectores ultraabsolutistas. En Cataluña estalló en 1827 la revuelta de los agraviados. El partido ultra se agrupó en torno al hermano del rey, Carlos María Isidro, considerado heredero mientras Fernando no tuviera descendencia.
En mayo de 1830, Fernando publicó la Pragmática Sanción que reinstauraba la sucesión femenina, ya aprobada por las Cortes de 1789 pero nunca promulgada. El 10 de octubre de 1830 nació su hija Isabel, lo que desplazó a Carlos María Isidro de la línea sucesoria. La última etapa del reinado vio una mayor estabilidad en los nombramientos, aunque el país siguió bajo un régimen de control policial y represión de la disidencia.
9. La cuestión americana[editar]
El reinado de Fernando coincide con las guerras de independencia hispanoamericanas. Tras las abdicaciones de Bayona, las principales ciudades americanas formaron juntas que, en un primer momento, reconocieron a Fernando VII como monarca legítimo, pero desconocieron a las autoridades que consideraban ilegítimas en Europa. Ese fue el germen de los congresos constituyentes y de la posterior declaración de independencia de los nuevos Estados.
La negativa del rey a reconocer la soberanía nacional y su restauración absolutista aceleraron la ruptura. En 1821, en México, el Tratado de Córdoba firmado entre Agustín de Iturbide y Juan O'Donojú puso fin a la guerra de independencia y contemplaba ofrecer la corona del Primer Imperio mexicano al propio Fernando VII en unión personal con España. Fernando rechazó el tratado, se negó a reconocer la independencia mexicana y declaró que ningún príncipe europeo podía aceptar el trono mexicano. La corona imperial recayó entonces en Iturbide, y pocos años después México se convirtió en república.[10]
La pérdida de los territorios americanos fue un golpe económico y político decisivo. Supuso la desaparición de los metales preciosos americanos, la reducción drástica del comercio y la conversión de España en una potencia de segundo orden en el Congreso de Viena, pese a haber contribuido a la derrota de Napoleón.
10. Matrimonios y descendencia[editar]
Fernando VII contrajo matrimonio cuatro veces.
- Con María Antonia de Nápoles, su prima, casó en 1802. Falleció en 1806; sus dos embarazos de 1804 y 1805 terminaron en abortos.
- En 1816 casó con su sobrina María Isabel de Portugal, hija de su hermana Carlota Joaquina y de Juan VI de Portugal. Tuvieron una hija fallecida a los cinco meses y otra nacida muerta. María Isabel murió de parto en 1818.
- En 1819 casó con María Josefa Amalia de Sajonia. No tuvieron descendencia. Ella falleció en 1829.
- En 1829 casó con su sobrina María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, hija de su hermana María Isabel y de Francisco I de las Dos Sicilias. Con ella tuvo a Isabel II, nacida el 10 de octubre de 1830, y a María Luisa Fernanda, nacida el 30 de enero de 1832.
Las fechas exactas de los matrimonios varían según las fuentes.[11] La hija mayor, Isabel, fue princesa de Asturias entre 1830 y 1833 y luego reina de España entre 1833 y 1868. María Luisa Fernanda casó con el duque de Montpensier.
11. Sucesión y crisis carlista[editar]
Al morir Fernando el 29 de septiembre de 1833, la Corona pasó a su hija Isabel II, de tres años. La regencia quedó en manos de su viuda, María Cristina. El hermano del rey, Carlos María Isidro, no reconoció a Isabel como reina y se proclamó rey con el nombre de Carlos V, apoyado por los absolutistas más intransigentes. Estalló así la primera guerra carlista, que enfrentó a los partidarios de Isabel y a los carlistas durante años y marcó la vida política española del siglo XIX.
La regencia de María Cristina, necesitada de apoyos, se acercó a los liberales moderados. El 23 de octubre de 1833 se promulgó una amnistía que permitió el regreso de muchos liberales exiliados, quienes dominarían la política española durante las décadas siguientes.
12. Legado e historiografía[editar]
La figura de Fernando VII ha recibido un juicio casi unánimemente negativo. El historiador Stanley G. Payne lo describió como «en muchos sentidos el rey más bajo de la historia de España: cobarde, egoísta, codicioso, suspicaz y vengativo, [que] parecía casi incapaz de percibir el bien común».[12] El biógrafo Rafael Sánchez Mantero señala que, aunque los estudios recientes han abandonado las diatribas decimonónicas, resulta difícil encontrar algún estudio que despierte simpatía por el monarca. Emilio La Parra López, por su parte, resumió así su política: «Desde 1814 hasta su muerte, salvo el intervalo constitucional de 1820-1823, su política consistió en el control personal del poder, valiéndose de la represión de toda disidencia y de unos servidores cuya única pauta de comportamiento fue la fidelidad ciega a su señor».[13]
La historiografía reciente, sin embargo, tiende a presentar un panorama más matizado: no tanto como un tirano eficaz, sino como un rey con escasa capacidad para enfrentar los tiempos que le tocaron. El legado político de Fernando VII quedó ligado a la contrarrevolución, a la represión de liberales y masones, a la pérdida de la América continental y al origen de la larga disputa carlista.
13. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
En América Latina, Fernando VII ocupa un lugar particular. Durante la crisis de 1808, las juntas americanas juraron fidelidad a su persona como rey legítimo, al tiempo que rechazaban a las autoridades que no reconocían. Ese vacío de poder fue decisivo para el surgimiento de movimientos que, de la lealtad inicial al rey, pasaron a la formación de gobiernos autónomos y, más tarde, a la independencia. Su rechazo a reconocer la soberanía nacional y su restauración absolutista fueron vistos por muchos americanos como una traición a las promesas de la era gaditana y como un factor que aceleró la ruptura.
En México, su negativa a aceptar la corona del Primer Imperio mexicano en 1821 es uno de los episodios más citados para explicar el fracaso de las alternativas monárquicas en la América recién emancipada. En Chile, la llamada «Patria Vieja» se formó en nombre de la fidelidad a Fernando VII, antes de convertirse en república independiente.[14] La expresión «¡Viva el rey!» durante los años de 1810 en distintos puntos del continente no significaba lo mismo que en la península: con frecuencia encubría la voluntad de autogobierno. Así, la figura del rey terminó convertida en América Latina en símbolo de la decadencia del Imperio español más que en referente dinástico.
14. Cronología breve[editar]
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- 14 de octubre de 1784: nacimiento en San Lorenzo de El Escorial.
- 23 de septiembre de 1789: jura como príncipe de Asturias.
- 1802: matrimonio con María Antonia de Nápoles.
- 1806: muerte de María Antonia.
- 1807: conspiración de El Escorial.
- 17–19 de marzo de 1808: motín de Aranjuez y abdicación de Carlos IV.
- 20 de abril de 1808: salida hacia Bayona.
- 6 de mayo de 1808: primeras abdicaciones de Bayona.
- 1808–1814: cautiverio en Valençay.
- 11 de diciembre de 1813: Tratado de Valençay.
- 22–24 de marzo de 1814: regreso a España.
- 4–11 de mayo de 1814: Manifiesto de Valencia y golpe absolutista.
- 9 de marzo de 1820: juramento de la Constitución.
- 1820–1823: Trienio Liberal.
- 1823: intervención francesa de los Cien Mil Hijos de San Luis.
- 1823–1833: Década Ominosa.
- 1830: Pragmática Sanción y nacimiento de Isabel.
- 29 de septiembre de 1833: fallecimiento en Madrid.
Las fuentes coinciden en que hubo catorce hijos, pero los detalles de mortalidad infantil varían ligeramente entre biografías. Sánchez Mantero indica que ocho de los trece hermanos de Fernando murieron antes de 1800. ↩︎
La educación del príncipe se confió principalmente a eclesiásticos, porque en la época se los consideraba los más indicados para formar a un heredero. Felipe Scío, Cabrera, Escóiquiz y Bencomo ejercieron una influencia duradera. ↩︎
Según Emilio La Parra López, se prepararon dos series de treinta estampas a todo color contra la reina y Godoy, con tono «procaz» y «a base de calumnias». ↩︎
El Consejo de Castilla invalidó las abdicaciones el 11 de agosto de 1808. El 24 de agosto se proclamó rey a Fernando VII en Madrid; el Gobierno británico lo reconoció oficialmente el 14 de enero de 1809. ↩︎
La frase «Mi mayor deseo es ser hijo adoptivo de S. M. el emperador…» proviene de una carta inserta en Le Moniteur del 26 de abril de 1810. ↩︎
La elección de Valençay fue, según el historiador Charles Oman, una broma práctica de Napoleón a Talleyrand por su desinterés en los asuntos españoles. ↩︎
Las fechas del regreso difieren levemente: la historiografía española suele indicar que entró por Gerona el 22 de marzo de 1814 y que Copons lo recibió el 24. El pasaporte se le concedió el 7 de marzo y salió de Valençay el 13. ↩︎
Entre 1792 y 1827 se ha estimado que el comercio con América se redujo un 90 % y con Europa un 70 %. La deflación fue severa: tomando 100 como índice de precios de 1812, habría caído a 49,5 en 1820 y a 35,6 en 1833. Ambas cifras proceden de la síntesis de Sánchez Mantero. ↩︎
Fernando VII prohibió la masonería y la consideró un vehículo del liberalismo secular. Tras el restablecimiento de la Inquisición y de los jesuitas, declaró traidores a los masones y ordenó a la policía elaborar informes sobre ellos. La represión se intensificó en la Década Ominosa. ↩︎
El Tratado de Córdoba de 1821, firmado por Iturbide y O'Donojú, preveía ofrecer la corona imperial mexicana a Fernando VII. El rey rechazó la independencia y el trono, por lo que la corona recayó en Iturbide. ↩︎
Existen divergencias entre fuentes. Para el primer matrimonio, unas indican el 4 y otras el 10 de octubre de 1802; para el segundo, el 22 de febrero o el 29 de septiembre de 1816; y para el cuarto, el 9 o el 11 de diciembre de 1829, con alguna mención al 27 de mayo de 1829 en una fuente inglesa. ↩︎
La cita de Payne procede de History of Spain and Portugal, vol. 2, 1973. ↩︎
La cita de La Parra López se encuentra recogida en su biografía sobre Fernando VII. ↩︎
La Primera Junta de Gobierno de Chile, formada en 1810, juró fidelidad a Fernando VII, aunque con la intención de conservar la soberanía durante su ausencia. Ese lenguaje inicial de lealtad fue común en varias juntas americanas. ↩︎