Ir al contenido

Francis Bacon

✏️ Editar🕓 Historial🔗 Enlaces
Francis Bacon
Retrato de Francis Bacon, c. 1618
Nacimiento22 de enero de 1561
Londres, Inglaterra
Fallecimiento9 de abril de 1626
Highgate, Inglaterra
Causa de muerteNeumonía
NacionalidadInglesa
EducaciónTrinity College, Cambridge
Gray's Inn
OcupaciónFilósofo, lord canciller, político, abogado, escritor
Conocido porPadre del empirismo
Desarrollar el método inductivo
TítulosSir (1603)
Barón Verulam (1618)
Vizconde de St. Albans (1621)
Cargos desempeñadosLord canciller de Inglaterra (1618-1621)
Fiscal general (1613-1617)
Miembro del Parlamento
Obras notablesEnsayos (1597, ampliados en 1612 y 1625)
Novum Organum (1620)
La Nueva Atlántida (1627)

1. Resumen[editar]

Francis Bacon, primer vizconde de St. Albans, fue un filósofo, político, abogado y escritor inglés del Renacimiento tardío, considerado el padre del empirismo moderno. Su obra marcó un punto de inflexión en la historia del pensamiento occidental al proponer un método científico basado en la observación sistemática, la experimentación y la inducción, en oposición al silogismo aristotélico y la especulación escolástica que dominaban las universidades de su tiempo. Ocupó los más altos cargos en la administración de justicia de la Inglaterra jacobina —incluido el de lord canciller—, hasta que fue acusado de corrupción y apartado de la vida pública en 1621. Su legado, sin embargo, no descansa en su carrera política sino en su ambicioso proyecto de reforma del conocimiento, que cristalizó en obras como el Novum Organum y los célebres Ensayos, y en su influencia sobre la fundación de la Royal Society y el desarrollo de la ciencia experimental.

2. Primeros años y formación[editar]

Francis Bacon nació el 22 de enero de 1561 en York House, una residencia palaciega situada en el Strand londinense. Fue el menor de los dos hijos varones del matrimonio entre Sir Nicholas Bacon —lord guardián del Gran Sello durante el reinado de Isabel I— y Anne Cooke, una mujer de profunda cultura humanista, hija del tutor de Eduardo VI. Este ambiente cortesano y letrado marcó profundamente su infancia y su precoz formación intelectual.[1]

En abril de 1573, con apenas doce años, ingresó en el Trinity College de la Universidad de Cambridge, donde estudió bajo la tutela del arzobispo John Whitgift. Allí se enfrentó por primera vez al corpus aristotélico que vertebraba el currículo de la época y comenzó a desarrollar un escepticismo que nunca lo abandonaría hacia el estéril formalismo lógico y la falta de aplicación práctica de la filosofía natural que se enseñaba.[2] Tras una breve estancia en Francia entre 1576 y 1579 formando parte del séquito del embajador inglés en París, Sir Amias Paulet, regresó a Londres al saber de la muerte de su padre. La herencia recibida resultó mucho menor de lo que esperaba, por lo que se vio obligado a buscar una carrera profesional.

En 1579 ingresó en Gray’s Inn, una de las cuatro Inns of Court que formaban a los abogados ingleses. Allí completó su formación jurídica y llegó a ser bencher en 1586 y lector en 1588, iniciando una trayectoria legal que correría paralela a sus ambiciones políticas y filosóficas.

3. Trayectoria política y jurídica[editar]

La carrera política de Bacon se extendió durante casi cuatro décadas, a menudo en tensión con sus aspiraciones intelectuales y con el patronazgo de la reina Isabel I, que nunca le concedió los altos cargos que anhelaba. Fue miembro de la Cámara de los Comunes por diversos distritos desde 1581 y participó activamente en los debates parlamentarios de las últimas décadas del reinado isabelino. Su oposición en 1593 a ciertas demandas fiscales de la Corona enfrió su relación con la reina.

Con la llegada al trono de Jacobo I en 1603, Bacon encontró el favor real que le había sido esquivo. Fue nombrado caballero ese mismo año y comenzó un ascenso en la jerarquía jurídica que lo llevó a ser designado solicitor general (1607), fiscal general (1613), miembro del Consejo Privado (1616), lord guardián del Gran Sello (1617) y, finalmente, lord canciller de Inglaterra en 1618, el punto más alto de su vida pública. Acompañando estos cargos, Jacobo I le concedió primero el título de barón Verulam (1618) y más tarde el de vizconde de St. Albans (1621).

La caída fue tan rápida como su ascenso. En 1621, un comité parlamentario lo acusó formalmente de recibir sobornos mientras ocupaba el cargo de juez. Bacon admitió los cargos, aunque en su defensa argumentó que los regalos que había aceptado nunca habían influido en sus sentencias judiciales. Fue condenado a pagar una multa de cuarenta mil libras —cantidad que jamás abonó—, encarcelado en la Torre de Londres durante unos pocos días y despojado de todos sus cargos públicos.[3] Aunque el rey intercedió para conmutar parte de la pena, su carrera política había terminado de forma definitiva y humillante.

4. Obra filosófica y científica[editar]

El proyecto intelectual de Bacon no fue el de un filósofo de gabinete, sino el de un estadista que concibió la reforma del conocimiento como un asunto de interés público y de progreso material, en la línea del “saber es poder” que se le atribuye como máxima. Su ambición era una Instauratio Magna, una gran restauración de las ciencias que debía abarcar seis partes, de las cuales sólo completó dos. La primera fue De dignitate et augmentis scientiarum (1623), una clasificación enciclopédica de los saberes humanos que revisaba y expandía su obra anterior The Advancement of Learning (1605). La segunda fue el Novum Organum (1620), la obra metodológica central de su sistema.

4.1. El método inductivo y el Novum Organum[editar]

El Novum Organum, cuyo título completo es Novum Organum Scientiarum, se presenta como una alternativa al Órganon aristotélico y a la lógica deductiva que dominaba la ciencia medieval. Bacon propone un “nuevo instrumento” para la mente: el método de la inducción verdadera, que debía partir de la recolección minuciosa de hechos observados y de experimentos controlados, para luego ascender gradualmente hacia principios generales. El procedimiento no se limitaba a enumerar casos positivos, sino que obligaba a consignar también los casos negativos y las variaciones de grado, en lo que Bacon denominaba “tablas de presencia, ausencia y grados”.

En esta obra introdujo además su célebre doctrina de los ídolos —los prejuicios o falacias que obstaculizan el conocimiento objetivo—, clasificados en cuatro tipos: los ídolos de la tribu, los de la caverna, los del foro y los del teatro. Con esta tipología, Bacon buscaba alertar a los investigadores sobre los sesgos inherentes a la naturaleza humana, a la educación individual, al uso del lenguaje y a la reverencia a los sistemas filosóficos heredados.

4.2. La Nueva Atlántida y la utopía científica[editar]

La Nueva Atlántida (New Atlantis), publicada póstumamente en 1627, es una obra de ficción utópica en la que Bacon imagina una sociedad ideal organizada en torno a la investigación científica. La comunidad que describe, situada en una isla remota del Pacífico, gira alrededor de la “Casa de Salomón”, una institución dedicada al estudio metódico de la naturaleza y a la aplicación del conocimiento para el bienestar humano. La novela, aunque inconclusa, influyó de manera notable en la imaginación científica europea y ha sido considerada un antecedente directo de la creación de la Royal Society de Londres y de otras academias científicas del siglo XVII.

4.3. Obras filosóficas principales[editar]

[ Desplegar / Plegar tabla de obras ]
Obra Año Naturaleza
Ensayos 1597 (ampliados en 1612 y 1625) Textos breves de contenido moral y político.
The Advancement of Learning 1605 Defensa del conocimiento y primera clasificación de las ciencias.
Novum Organum 1620 Segunda parte de la Instauratio Magna; expone el método inductivo y la doctrina de los ídolos.
De dignitate et augmentis scientiarum 1623 Versión latina ampliada de The Advancement of Learning; primera parte de la Instauratio.
La Nueva Atlántida 1627 (póstuma) Relato utópico sobre una sociedad fundada en la ciencia.
Sylva Sylvarum 1627 (póstuma) Colección miscelánea de observaciones y experimentos de historia natural.

5. Estilo literario y los Ensayos[editar]

Más allá del filósofo, Bacon fue un prosista de primer orden que marcó un antes y un después en la literatura inglesa. Sus Ensayos —que publicó en tres ediciones sucesivas, cada una más extensa que la anterior— están considerados la primera colección moderna del género ensayístico en lengua inglesa y una de las cumbres del estilo aforístico isabelino-jacobino. Abordan asuntos tan variados como la verdad, la muerte, el amor, la venganza, la astucia o los gastos, siempre con un tono sentencioso y una economía de medios que busca condensar la experiencia en fórmulas memorables.

El rasgo más característico de su prosa es la densidad conceptual, lograda mediante el uso de paralelismos, antítesis y una sintaxis que avanza por acumulación de cláusulas subordinadas. A diferencia del ensayo posterior, más íntimo y digresivo, el de Bacon es impersonal y autoritario; no se explora a sí mismo, sino que prescribía una suerte de anatomía del comportamiento humano dirigida a hombres de poder.

En el mundo hispanohablante, la traducción de los Ensayos —frecuentemente publicada junto con La Nueva Atlántida— ha contado con numerosas ediciones, siendo una de las más influyentes la realizada por Adolfo de Azcárraga en el siglo XIX, que fijó muchas de las versiones castellanas que aún circulan.

6. Últimos años y legado[editar]

Tras la condena parlamentaria de 1621, Bacon se retiró a sus propiedades y dedicó los últimos cinco años de vida a la escritura, que había sido siempre su vocación principal. En este período redactó la mencionada Sylva Sylvarum, amplió sus Ensayos hasta la edición definitiva de 1625 y trabajó en esbozos de la tercera parte de la Instauratio Magna, que nunca llegaría a completar. Su muerte, en 1626, ha quedado envuelta en una anécdota que ilustra su devoción por la experimentación: según el relato transmitido por su secretario, Bacon contrajo una neumonía tras haber estado expuesto al frío mientras realizaba un experimento improvisado sobre la conservación de alimentos con nieve.[4] Falleció pocos días después, el 9 de abril, en la casa del conde de Arundel en Highgate.

El legado baconiano es múltiple y de largo alcance. En el plano estrictamente filosófico, su principal aportación fue la de haber desplazado el centro de gravedad del conocimiento desde la autoridad libresca hacia la observación empírica, sentando las bases epistemológicas de la ciencia moderna. Su énfasis en la utilidad pública del saber y en la organización colectiva de la investigación encontró eco en la fundación de la Royal Society (1660) y en el programa ilustrado del siglo XVIII.

Sin embargo, se le ha reprochado no haber entendido la importancia de las matemáticas como lenguaje de la naturaleza —una carencia que sus contemporáneos Kepler y Galileo, y más tarde Newton, pondrían de relieve— y haber sobrevalorado un método inductivo puro que en la práctica resultaba imposible de aplicar de forma exhaustiva. Su figura ha sido, por ello, objeto de lecturas contradictorias: para los enciclopedistas franceses fue un héroe intelectual; para el historiador de la ciencia Alexandre Koyré, en cambio, un divulgador brillante pero un científico mediocre. Pese a las matizaciones, su lugar en el canon del pensamiento occidental permanece indiscutido.

7. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

La recepción de Bacon en el ámbito hispánico fue temprana pero desigual. En España, el Novum Organum fue conocido ya en el siglo XVII por círculos de novatores como Juan de Cabriada, aunque el peso de la escolástica y la censura eclesiástica limitaron su difusión. En el XVIII, Benito Jerónimo Feijoo citó a Bacon con frecuencia —a menudo a través de fuentes francesas— como una autoridad en la crítica al aristotelismo y en la defensa de la experiencia.

En Hispanoamérica, la obra baconiana circuló en bibliotecas universitarias y conventuales a partir del siglo XVIII, y fue invocada por los primeros impulsores de las reformas científicas y educativas. Figuras como Andrés Bello mencionaron los Ensayos y el método baconiano como referentes del ideal de conocimiento aplicado. En la actualidad, existen múltiples ediciones en español de sus obras principales, generalmente traducidas del inglés y del latín, y su pensamiento forma parte de los currículos universitarios de filosofía y epistemología en toda la región. El término “baconiano” se emplea de manera corriente para designar el enfoque empírico e inductivo en contextos científicos y pedagógicos.

En las últimas décadas se han publicado ediciones de bolsillo para el mercado latinoamericano.


  1. Su madre, Anne Cooke, tradujo del italiano al inglés obras teológicas de Bernardino Ochino, y mantenía correspondencia con teólogos y humanistas del continente. La educación de los hijos Bacon estuvo impregnada de un espíritu reformista y erudito. ↩︎

  2. El mismo Bacon relató en cartas posteriores que su insatisfacción juvenil con el aristotelismo académico nació en Cambridge, donde percibió que la lógica escolástica servía más para disputar que para descubrir verdades nuevas. ↩︎

  3. Los cargos fueron detallados en 23 artículos. Bacon respondió a la acusación con una confesión general que evitó entrar en los pormenores de cada caso, lo que algunos historiadores han interpretado como una estrategia para proteger su legado intelectual y evitar juicios sobre causas particulares. ↩︎

  4. La historia, que aparece en la biografía redactada por William Rawley, cuenta que Bacon compró un ave desplumada y la rellenó de nieve para comprobar si el frío retardaba la putrefacción. Tras la caminata invernal en la que realizó el experimento, sintió escalofríos y ya no pudo recuperarse. ↩︎