Francisco de Asís
| Francisco de Asís | |
|---|---|
| Santo, diácono y fundador | |
| Nombre secular | Giovanni di Pietro di Bernardone |
| Nacimiento | Asís, 1181/1182 |
| Fallecimiento | Asís, 3 de octubre de 1226 (44/45 años) |
| Festividad | 4 de octubre; 17 de septiembre (impresión de los estigmas) |
| Venerado en | Iglesia católica, Iglesia anglicana y varias confesiones luteranas |
| Atributos | Estigmas, calavera, lobo, aves |
| Patronazgo | Animales, medio ambiente, belenistas, comerciantes; Italia, Perú, Filipinas y numerosos lugares de Hispanoamérica |
| Canonización | 16 de julio de 1228, en Asís, por el papa Gregorio IX |
| Santuario | Basílica de San Francisco de Asís, Italia |
| Cargo | Fundador y ministro general de la Orden de Frailes Menores |
| Inicio del cargo | 16 de abril de 1210 |
| Fin del cargo | 3 de octubre de 1226 |
1. Resumen[editar]
Francisco de Asís (en italiano, Francesco d’Assisi), de nombre secular Giovanni di Pietro di Bernardone, fue un santo, diácono y fundador de la Orden de Frailes Menores, de la Orden de Santa Clara y de la Tercera Orden Franciscana. Nació en Asís en 1181/1182 y murió en la misma ciudad el 3 de octubre de 1226. La tradición católica lo conoce como il poverello d’Assisi, «el pobrecillo de Asís», por su elección radical de la pobreza evangélica.
Es una de las figuras más influyentes de la espiritualidad cristiana. Pasó de ser hijo de un próspero comerciante de telas a vivir como mendigo y predicador itinerante, dedicado a la restauración de iglesias, la atención a leprosos y la proclamación del Evangelio. Su ejemplo atrajo a numerosos seguidores y dio origen a una de las órdenes religiosas más extendidas del mundo católico. La Iglesia católica lo canonizó en 16 de julio de 1228, apenas dos años después de su muerte.
Su festividad principal se celebra el 4 de octubre. También se conmemora el 17 de septiembre la impresión de los estigmas, señales de la crucifixión que habría recibido en el monte Alvernia en 1224. Es patrono de los animales, del medio ambiente, de los belenistas y de los comerciantes, entre otros patronazgos. Su figura ha trascendido el ámbito religioso: el historiador Lynn White lo llamó «el mayor revolucionario espiritual de la historia occidental» en un artículo de 1967 en la revista Science, y lo propuso como patrono de los ecologistas.[1]
2. Primeros años y formación[editar]
Francisco nació en Asís, localidad de Umbría que por entonces formaba parte del Ducado de Spoleto, dentro del Sacro Imperio Romano. Fue el mayor de siete hermanos, según la tradición, hijo de Pietro di Bernardone dei Moriconi y de Joanna, conocida como Pica, una mujer noble de origen provenzal. Pietro era un comerciante de telas que viajaba con regularidad a las ferias de Francia; de ese vínculo con lo transpirenaico habría surgido el apodo Francesco, es decir, «el francesito».[2]
Recibió la educación común de la época, que incluía el aprendizaje del latín. De joven llevó una vida despreocupada y generosa, con gusto por la ropa elegante, las canciones de trovadores y los gastos en compañía de amigos. Su padre lo trataba con indulgencia y lo consideraba heredero natural de su negocio. Sin embargo, ya desde la juventud mostró gestos de desprendimiento: una anécdota temprana, conocida como «la historia del mendigo», cuenta que abandonó sus mercancías en el mercado para socorrer a un pobre, lo que le valió burlas de sus amigos y el enojo de su padre.
En 1202, Asís entró en guerra contra Perugia. Francisco combatió en la batalla de Ponte San Giovanni, también llamada batalla de Collestrada, y cayó prisionero. Permaneció cautivo al menos un año. Durante el encierro enfermó, y ese periodo de sufrimiento lo llevó a replantearse el sentido de su vida. Tras regresar a Asís en 1203, retomó temporalmente su vida anterior, pero la crisis interior ya estaba abierta.
3. Conversión y vida de penitencia[editar]
Hacia 1205, Francisco partió con la intención de unirse al ejército de Gualterio III de Brienne en Apulia. En el camino se detuvo en Spoleto, donde una experiencia interior —descrita por la tradición como una voz que le recomendaba regresar a Asís— lo hizo abandonar el proyecto bélico. A partir de entonces comenzó a mostrar una conducta cada vez más distante de las ambiciones mundanas. A sus amigos, que le preguntaban si pensaba casarse, respondió con una frase misteriosa: la mujer con la que pretendía unirse era «tan noble, tan rica, tan buena» que nadie había visto otra igual. Se refería a la pobreza.
Su transformación tuvo momentos decisivos. En una peregrinación a Roma, se unió a los pobres que mendigaban frente a la antigua basílica de San Pedro. Pasó temporadas en lugares solitarios y comenzó a convivir con leprosos, a quienes antes le resultaba insoportable mirar. La tradición recoge que, en la capilla abandonada de San Damián, oró ante el crucifijo bizantino que hoy se conoce como «Cristo de San Damián», y que de él le llegó el mandato: «Francisco, Francisco, ve y repara mi iglesia, que, como ves, está cayendo en ruinas». En un primer momento interpretó el encargo de forma material y se dedicó a reconstruir el templo físico.
Para financiar la obra, tomó telas del negocio de su padre y las vendió en Foligno. El sacerdote de San Damián rechazó el dinero, y Francisco, indignado, arrojó las monedas al suelo. Su padre, al enterarse, lo persiguió, lo encadenó y lo encerró. La madre lo liberó aprovechando la ausencia del esposo. El conflicto culminó en un juicio ante el obispo Guido de Asís: Francisco restituyó el dinero y, delante de todos, se despojó de sus vestidos, renunciando públicamente a su herencia y proclamando a Dios como su verdadero Padre. El obispo cubrió su desnudez con su propio manto, gesto que la iconografía recoge con frecuencia.
Durante los dos años siguientes, Francisco recorrió la ciudad pidiendo piedras para restaurar San Damián, San Pietro in Spina y la Porciúncula, la pequeña capilla de Santa María de los Ángeles, que se convirtió en su morada favorita. También atendió a leprosos de las colonias cercanas. Su padre lo dio por perdido; Francisco, en cambio, consideraba ese camino como el inicio de una nueva forma de vida.
4. Fundación de la Orden de Frailes Menores[editar]
La fecha clave de su vocación se sitúa probablemente en febrero de 1208, cuando escuchó durante una misa el pasaje evangélico del envío de los discípulos: «No lleven monedero, ni bolsón, ni sandalias». Francisco lo tomó como llamada personal. Sustituyó la ropa por una túnica tosca atada con una cuerda y comenzó a predicar la penitencia, el amor fraternal y la paz. Su mensaje no tenía el tono de descalificación de otros grupos reformadores de la época; era una exhortación directa a vivir el Evangelio.
El ejemplo atrajo rápidamente a seguidores. En un año ya contaba con once compañeros. La tradición transmite sus nombres: Bernardo di Quintavalle, Pedro Catani, Gil, Morico, Bárbaro, Sabbatino, Bernardo Vigilante, Juan de San Constanzo, Angelo Tancredo, Felipe y Giovanni de la Capella. Vivían en la colonia de leprosos abandonada de Rivo Torto, trabajaban en faenas humildes y viajaban de dos en dos para predicar.
En 1209, Francisco redactó una regla sencilla para sus «frailes», conocida como Regula primitiva o «Regla primitiva», compuesta en gran parte por versículos bíblicos. Su contenido esencial era «seguir las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo y caminar tras sus pasos». Con sus once compañeros viajó a Roma para pedir la aprobación del papa Inocencio III. Intercedió por ellos el cardenal Giovanni di San Paolo. Tras cierta desconfianza inicial de la curia, el papa otorgó una aprobación oral. La tradición fija la fundación oficial de la orden el 16 de abril de 1210.[3]
La nueva orden recibió el nombre de Hermanos Menores (Ordo Fratrum Minorum). Francisco fue ordenado diácono, pero no sacerdote. La aprobación papal, aunque verbal, fue decisiva: integró al grupo en la estructura eclesial y lo distinguió de movimientos considerados heréticos, como los valdenses o los cátaros.
5. Clarisas y Tercera Orden[editar]
En 1211, una joven noble de Asís, Clara, escuchó predicar a Francisco en la iglesia de San Rufino y decidió seguirlo. La noche del Domingo de Ramos, el 28 de marzo de 1212, Clara abandonó secretamente la casa de su familia. Francisco la recibió en la Porciúncula, le entregó un hábito similar al suyo y la alojó provisionalmente con monjas benedictinas. Más tarde la trasladó a San Damián, que se convirtió en el primer monasterio de la Segunda Orden Franciscana, conocida hoy como Orden de Santa Clara o Clarisas.
Para quienes no podían abandonar el mundo, Francisco impulsó una fraternidad de laicos y clérigos denominada Hermanos y Hermanas de la Penitencia, que más tarde derivó en la Tercera Orden Regular y en la Orden Franciscana Seglar. Sus miembros no hacían votos religiosos ni se retiraban de la sociedad, sino que vivían los principios franciscanos en su vida cotidiana. La expansión de esta tercera rama contribuyó a que el ideal de Francisco alcanzara a personas casadas, trabajadores y gobernantes.[4]
La fundación de las tres ramas no fue un proyecto organizativo planificado desde el inicio, sino una respuesta sucesiva a las demandas de quienes querían asociarse al camino de Francisco. La rapidez con que crecieron las vocaciones obligó a la orden a organizarse y a buscar aprobaciones superiores.
6. Expansión y viajes[editar]
La orden creció con rapidez. Antes de 1215 ya había presencia franciscana en Italia, el sur de Francia y los reinos de España. En 1215, durante el Concilio de Letrán IV, se decretó que toda nueva orden religiosa debía adoptar la regla de san Benito o la de san Agustín. Los Frailes Menores quedaron fuera de esa obligación por haber sido aceptados con anterioridad. En ese contexto, Inocencio III fijó la letra Tau como símbolo de conversión, y Francisco la adoptó como signo personal.
En 1216, bajo el pontificado de Honorio III, Francisco obtuvo la indulgencia plenaria para quienes visitaran la Porciúncula una vez al año. A partir de 1217 organizó capítulos y dividió la orden en provincias de evangelización. También intentó en dos ocasiones viajar a Siria para anunciar el Evangelio en tierras consideradas de infieles, pero ambas empresas fracasaron.
La tradición franciscana sitúa un paso temprano de Francisco por la península ibérica. Un relato transmitido por crónicas posteriores lo ubica hacia 1211 en Agoncillo, cerca de Logroño, en La Rioja, donde habría curado a un hijo de la familia Medrano. La familia, agradecida, habría donado tierras junto al río Ebro, en Logroño, para que se estableciera el primer convento español de la orden.[5] Sin embargo, la cronología de ese viaje no es uniforme entre los biógrafos: la datación de 1211 parece contradecir otros episodios italianos del mismo periodo, por lo que conviene considerarla con prudencia.
En 1219, en plena Quinta Cruzada, Francisco se embarcó hacia Oriente. Pasó por Chipre, San Juan de Acre y Damieta, en el delta del Nilo. Allí advirtió a los cruzados de que no atacaran, según su propia convicción de que Dios le había advertido; los soldados se burlaron de él y la batalla siguiente fue un desastre. Durante la tregua posterior al ataque cristiano del 29 de agosto de 1219, Francisco y su compañero fray Illuminato cruzaron las líneas musulmanas y fueron conducidos ante el sultán de Egipto, al-Kamil. El sultán los recibió con cortesía y Francisco predicó ante él. Los relatos cristianos no detallan el contenido del encuentro, y ninguna fuente árabe conocida lo menciona.[6] Francisco regresó ileso. Según crónicas posteriores de san Buenaventura, Francisco habría propuesto una prueba de fuego para demostrar qué religión era verdadera, pero los ministros religiosos musulmanes rehuyeron y el propio sultán rechazó la propuesta. Otras fuentes tardías llegaron a afirmar que al-Kamil se convirtió en secreto o se bautizó en su lecho de muerte, pero se trata de versiones muy posteriores y sin respaldo árabe.
7. Crisis y reorganización[editar]
La ausencia de Francisco en Oriente provocó una crisis interna. Algunos frailes introdujeron cambios disciplinarios, ayunos más rigurosos e incluso una casa de estudio en Bolonia. Muchos consideraron esas medidas contrarias al ideal original del fundador. Se difundió el rumor de su muerte y la orden se dividió en provincias con creciente autonomía. Cuando Francisco regresó a Italia, tras enterarse del martirio de cinco hermanos en Marruecos, encontró una comunidad mucho mayor, pero también más difícil de gobernar.
El papa designó al cardenal Ugolino di Conti —futuro papa Gregorio IX— como protector de la orden. Para responder a la nueva realidad, Francisco preparó una regla más detallada, conocida como Regula prima o Regula non bullata, redactada en 1221. Este texto reafirmaba la pobreza y la vida apostólica, pero introducía mayor estructura institucional. No fue confirmada oficialmente por el papa.
El hermano Pedro fue sucedido por el hermano Elías como vicario. En 1222 Francisco modificó la regla y la transformó en la Regula bullata, aprobada por Honorio III el 29 de noviembre de 1223. Esta regla oficial instaba a los frailes a «observar el Santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia sin nada propio y en castidad», y establecía normas para la disciplina, la predicación y el ingreso a la orden. Aprobada la regla, Francisco se retiró progresivamente de los asuntos de gobierno.
También en esta época obtuvo la formalización de la Tercera Orden, con la ayuda del cardenal Ugolino, en 1221. Aunque Francisco no era enemigo del estudio, sí desconfiaba de que la formación académica desplazara a la oración y a la predicación directa del Evangelio. La reapertura del convento de Bolonia para el estudio se produjo, de hecho, contra sus convicciones personales y bajo la influencia del cardenal protector.
8. Navidad en Greccio y estigmas[editar]
Tras obtener la aprobación de la regla definitiva, Francisco regresó a Umbría y decidió celebrar la Navidad de 1223 de una manera especial. En una loma boscosa cerca de Greccio, con ayuda de un noble local llamado Juan, dispuso un pesebre con animales y heno para escenificar el nacimiento de Jesús. Acudieron frailes y pobladores de los alrededores. Francisco ofició como diácono y predicó. Aunque no fue la primera celebración navideña de su tipo, la tradición considera que con ese acto se originaron los nacimientos, pesebres o belenes como representaciones plásticas de la Natividad.[7]
En junio de 1224 asistió a su último capítulo general. Poco después se retiró al monte Alvernia, a unos 160 kilómetros al norte de Asís, acompañado por los hermanos León, Angelo, Illuminato, Rufino y Masseo. El conde Orlando de Chiusi le construyó una celda. Allí, durante un ayuno de cuarenta días en preparación para la fiesta de San Miguel, la tradición fija una serie de experiencias espirituales intensas. Según el relato de fray León, una bola de fuego descendió del cielo y Francisco le habría dicho que algo grande estaba por ocurrir.
La tradición sostiene que, probablemente el 17 de septiembre de 1224, Francisco tuvo la visión de un serafín con seis alas sobre una cruz y que, en ese éxtasis, recibió en su cuerpo las señales de la crucifixión: llagas en las manos, los pies y el costado. Se trata del primer caso históricamente registrado y ampliamente reconocido de estigmatización externa y visible en la tradición cristiana.[8] Francisco habría intentado ocultar las llagas por considerarse indigno de portarlas, cubriéndose las manos con las mangas del hábito y los pies con medias y zapatos.
Durante sus últimos años padeció tracoma, enfermedad ocular probablemente contraída en Egipto. Recibió cuidados en Siena, Cortona y Nocera sin resultado. Perdió capacidad visual y soportó una dolorosa cauterización ocular. De regreso a la Porciúncula, pasó sus últimos días dictando su testamento espiritual.
9. Últimos días y canonización[editar]
Francisco murió en Asís el 3 de octubre de 1226, junto a la Porciúncula. Tenía unos 44 o 45 años. La Iglesia católica lo canonizó con rapidez: el 16 de julio de 1228, en Asís, por el papa Gregorio IX, quien poco antes había oficiado como cardenal protector de la orden. Sus restos reposan en la Basílica de San Francisco de Asís, construida para acogerlos y decorada por algunos de los pintores más importantes del gótico italiano, como Cimabue y Giotto.
La canonización en vida no fue todo lo concluyente que podría parecer: la orden ya se encontraba dividida entre quienes querían mantener la estricta pobreza del fundador y quienes aceptaban una mayor institucionalización. Esa tensión acompañará a la familia franciscana durante siglos, pero la figura personal de Francisco permaneció como referente central de unidad.
10. Escritos y espiritualidad[editar]
Los escritos que se atribuyen a Francisco son pocos, pero de gran valor histórico y espiritual. Entre ellos destacan la Regula non bullata (1221), la Regula bullata (1223), el Testamento, las Admoniciones y varias cartas. La obra poética más conocida bajo su nombre es el [sin verificar]Cántico de las criaturas, también llamado Cántico del Hermano Sol, compuesto hacia 1224-1225[sin verificar]. Se trata de una alabanza a Dios a través del sol, la luna, el agua, el fuego y la tierra, considerada una de las primeras obras literarias escritas en lengua volgare italiana.
La espiritualidad de Francisco se caracteriza por la pobreza voluntaria, la obediencia a la Iglesia, la fraternidad con todas las criaturas y una relación cercana con la naturaleza. No fue un teólogo sistemático, sino un hombre de acción y oración que hizo de la imitación de Cristo el centro de su vida. Su lenguaje está lleno de imágenes concretas y afectivas: llama «hermano sol», «hermana luna» y «hermana muerte» a elementos y realidades que otros trataban con distancia. Esa sensibilidad es una de las razones por las que se le asocia con el cuidado del medio ambiente.
Su pensamiento económico y social también ha sido objeto de atención. Su renuncia a la propiedad no era solo un gesto ascético: implicaba una crítica a la creciente mercantilización de la vida religiosa y urbana del siglo XIII. Sin embargo, Francisco no rechazó el trabajo; al contrario, pedía a los frailes que trabajaran y que solo recurrieran a la limosna cuando el trabajo no bastara.
11. Festividades, patronazgos y legado[editar]
La festividad principal de san Francisco es el 4 de octubre. En la tradición católica se asocia con el fin de la estación lluviosa en algunas regiones, fenómeno que en varios países hispanoamericanos se conoce como «cordonazo de San Francisco».[9] El 17 de septiembre se conmemora de forma separada la impresión de los estigmas. La Iglesia anglicana y varias confesiones luteranas también lo incluyen en sus calendarios; la Iglesia Evangélica Luterana en América lo recuerda como «renovador de la Iglesia».
Sus patronazgos son numerosos. Es patrono de los animales, del medio ambiente, de los belenistas y de los comerciantes, en particular de fabricantes de telas, sastres y tejedores. También es patrono de Italia, Perú, Filipinas y de una gran cantidad de ciudades y localidades de Hispanoamérica. Entre los patronazgos documentados se encuentran:
[ Desplegar / Plegar: patronazgos hispanoamericanos y filipinos ]
- Quito (Ecuador)
- Milagro (Ecuador)
- Azogues (Ecuador)
- Arribeños (Argentina)
- Tonalá (Chiapas, México)
- Telchac Pueblo (México)
- Tlaltenco (Ciudad de México, México)
- San Francisco de Conchos (México)
- San Francisco del Rincón (México)
- Iguala (México)
- Pachuca (México)
- Real de Catorce (México)
- San Francisco del Mar (México)
- San Francisco de Campeche (México)
- Huerta de Maule (Chile)
- El Monte (Chile)
- Cájar (España)
- Meycauayan (Filipinas)
El legado de Francisco se extiende más allá de la orden franciscana. En 1967, el historiador Lynn White publicó en Science un artículo sobre las raíces históricas de la crisis ecológica y propuso a Francisco como patrono de los ecologistas, lo que reforzó su imagen contemporánea como figura de la ecología cristiana. El papa Juan Pablo II lo declaró patrono del medio ambiente en 1979, año que suele citarse como confirmación formal de ese patronazgo.[10]
12. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
San Francisco tiene una presencia masiva en los países de habla hispana. Además de los patronazgos locales ya citados, su nombre aparece en ciudades, provincias, colegios, hospitales y parroquias de todo el ámbito hispanoamericano. La ciudad de Quito, por ejemplo, lo venera como patrono, y numerosas celebraciones del 4 de octubre combinan la bendición de animales con fiestas populares.
La tradición del primer convento franciscano en territorio hispánico, situado en Logroño, conecta a Francisco con la península ibérica ya en el relato fundacional. Aunque la datación exacta es incierta, esa memoria subraya la temprana expansión de su orden hacia los reinos cristianos de la península. Posteriormente, los frailes menores acompañaron la conquista y colonización de América, donde levantaron conventos, catedrales y misiones, especialmente en México, Perú y el actual sur de los Estados Unidos.
En la cultura popular de muchos países hispanoamericanos, el 4 de octubre sigue siendo día de llevar mascotas a bendecir y de recordar al «pobrecillo de Asís». La figura del santo, representada con hábito, cordón y aves, es una de las imágenes religiosas más reconocidas del continente. Su mensaje de pobreza, fraternidad y cuidado de la creación continúa siendo invocado en discursos religiosos, ambientales y sociales.
El artículo, «The historical roots of our ecological crisis», apareció en Science 155, n.º 3767 (1967), pp. 1203-1207, y es considerado un texto clásico en ecología. Allí White escribe: «Propongo a Francisco como santo patrono de los ecologistas». ↩︎
El nombre de Pica para la madre de Francisco aparece solo en el manuscrito Ottoboniano 522 de la Biblioteca Vaticana, de finales del siglo XIII o inicios del XIV. La tradición más extendida la llama también Giovanna o Joanna. ↩︎
La tonsura, o corte ritual del cabello, marcaba externamente el ingreso al estado clerical y reconocía la autoridad de la Iglesia. ↩︎
La Tercera Orden nació como Tercera Orden de Hermanos y Hermanas de la Penitencia. Con el tiempo se dividió en una rama regular, que vive en comunidad, y una rama seglar, integrada por laicos que permanecen en el mundo. ↩︎
El episodio se recoge en crónicas como la Primera parte de la Crónica franciscana de la Provincia de Burgos, de fray Domingo Hernáez de Torres, y en obras modernas como Castillos de la Rioja. La fecha de 1211 es dudosa y debe tomarse con reserva. ↩︎
Los cronistas cristianos, como Jacques de Vitry y Tomás de Celano, coinciden en que el encuentro fue cordial y que Francisco regresó ileso. No se conoce ninguna fuente árabe contemporánea que mencione la visita. ↩︎
Las escenas creadas por Francisco en Greccio no eran figuras inertes: incluyeron personas y animales vivos. Más tarde, la tradición derivó en los belenes o nacimientos inanimados que hoy se montan en Navidad. ↩︎
Existieron menciones anteriores de fenómenos similares, como el caso de María de Oignies, pero suelen considerarse formas de mortificación ascética más que estigmatizaciones en sentido estricto. El caso de Francisco es el primero con reconocimiento generalizado en la tradición cristiana. ↩︎
El «cordonazo de San Francisco» designa el fuerte temporal que suele coincidir con los días cercanos al 4 de octubre. La expresión alude al cordón del hábito del santo. ↩︎
La declaración formal la realizó Juan Pablo II en la carta apostólica Inter sanctos (1979). El vínculo entre Francisco y la ecología se popularizó antes, sobre todo a partir del artículo de Lynn White. ↩︎