Gran Depresión
| Gran Depresión | |
|---|---|
| Otros nombres | Crisis de 1929 |
| Tipo | Depresión económica mundial |
| Origen | Estados Unidos |
| Inicio | 24 de octubre de 1929, Jueves Negro; 29 de octubre de 1929, Martes Negro |
| Fin | Finales de la década de 1930; varía según el país |
| Ámbito | Mundial |
| Desempleo en EE. UU. | 25 % en 1933 |
| Caída del comercio internacional | Entre 50 % y 66 % |
| Caída del PIB de EE. UU. | 27 % hacia 1932 |
| Política de respuesta central | New Deal, en Estados Unidos |
1. Resumen[editar]
La Gran Depresión, también conocida como Crisis de 1929, fue una crisis financiera mundial originada en Estados Unidos que se prolongó durante la década de 1930, en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. Su duración exacta depende del país que se analice, pero en la mayoría comenzó alrededor de 1929 y se extendió hasta finales de los años treinta. Fue la depresión más larga, más profunda y de mayor alcance internacional del siglo XX. En el siglo XXI se la sigue utilizando como paradigma del grado de deterioro económico que puede alcanzarse a escala mundial.
El episodio suele asociarse con la caída de la bolsa de Nueva York del martes 29 de octubre de 1929, llamado Martes Negro. Cinco días antes, el 24 de octubre, se había producido el Jueves Negro. Sin embargo, el derrumbe bursátil fue el síntoma más visible de un proceso más amplio: una combinación de desequilibrios heredados de la Primera Guerra Mundial, especulación financiera, contracción del crédito, quiebras bancarias y respuestas de política económica que profundizaron la deflación.
Los efectos fueron devastadores en países ricos y pobres. Cayeron la renta nacional, los ingresos fiscales, los beneficios empresariales y los precios. El comercio internacional descendió entre un 50 % y un 66 %. El desempleo en Estados Unidos llegó al 25 %, y en algunos países alcanzó el 33 %. En Alemania se registraron cifras cercanas al 30 %. La agricultura y las zonas rurales sufrieron una caída de los precios de las cosechas de aproximadamente 60 %. Las ciudades más afectadas fueron las que dependían de la industria pesada o de una sola actividad.
Los países comenzaron a recuperarse de manera progresiva a mediados de la década de 1930, pero en muchas zonas los efectos negativos duraron hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. La elección de Franklin D. Roosevelt en Estados Unidos y la puesta en marcha del New Deal marcaron un punto de inflexión, aunque la recuperación estadounidense no recuperó de forma sostenida el nivel de producción anterior a 1929 hasta 1940. En Europa, la crisis contribuyó decisivamente al ascenso del nazismo en Alemania y al debilitamiento del orden liberal internacional.
2. Antecedentes[editar]
Consecuencias económicas de la Primera Guerra Mundial[editar]
La Primera Guerra Mundial puso fin al orden económico internacional que había funcionado desde la segunda mitad del siglo XIX. Provocó un descenso demográfico directo e indirecto de alrededor del 10 % de la población europea y una pérdida de capital aproximada del 3,5 %. El conflicto fue financiado con deuda pública interna y externa, lo que multiplicó por seis la deuda ya existente. La creación de dinero generó además una fuerte presión inflacionista.
Durante la guerra, países que no participaron directamente en el conflicto, como Estados Unidos y Japón, ocuparon mercados internacionales que tradicionalmente habían estado dominados por las potencias europeas. En el sector agrícola, la demanda exterior de alimentos estimuló la producción de los países neutrales. Al terminar la guerra y volver la oferta europea, los países que habían expandido su agricultura quedaron con excedentes y precios a la baja.
El conflicto también rediseñó las fronteras europeas y rompió mercados, lo que exigió nuevas inversiones y redujo la eficiencia económica del continente. Las reparaciones impuestas a los derrotados fueron de una magnitud extraordinaria. La cantidad fijada para Alemania por el Comité de Reparaciones en 1921 fue de 132 000 millones de marcos oro, lo que equivalía en su momento inicial al pago anual de cerca del 6 % del producto interno bruto alemán. Los acreedores terminaron cobrando solo una parte pequeña de esas deudas, pero el sistema de reparaciones y de deudas internacionales impidió una reconstrucción más estable.[1]
El auge estadounidense de los años veinte[editar]
Después de la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos vivió un fuerte crecimiento y desplazó al Reino Unido del liderazgo económico mundial. Aumentaron la producción y la demanda interna, con una transformación productiva basada en la innovación tecnológica. El optimismo alcanzó también a la bolsa, que experimentó un alza prolongada de las cotizaciones. Sobre esa base se formó una burbuja especulativa financiada por crédito.
Desde antes del verano de 1929, varios indicadores macroeconómicos habían comenzado a mostrar un descenso suave, pero los economistas de la época no lo detectaron a tiempo ni adoptaron medidas preventivas. La bonanza de los llamados felices años veinte ocultaba fragilidades estructurales: endeudamiento, sobreproducción agrícola, desigualdades en la distribución del ingreso y un sistema bancario norteamericano muy fragmentado.
3. Causas[editar]
En 1926 la economía mundial parecía relativamente equilibrada: la producción había vuelto al nivel anterior a la Primera Guerra Mundial, la cotización de las materias primas parecía estabilizada y varios países atravesaban una coyuntura alta. Sin embargo, no era un retorno a la belle époque. La prosperidad estaba distribuida de forma muy desigual. Estados Unidos y Japón progresaban con rapidez, mientras que en otras regiones, en particular el Reino Unido, el desempleo y las crisis endémicas seguían presentes.
Los desequilibrios comerciales agravaban la posición europea. La deuda internacional solo podía pagarse con oro o con mercancías, pero Estados Unidos frenaba las importaciones europeas con aranceles cada vez más altos y al mismo tiempo imponía sus exportaciones. Esa asimetría limitaba la capacidad de Europa para generar divisas y sostener el patrón oro.
Plan Dawes y Plan Young[editar]
Estados Unidos concentraba las mayores reservas de oro del mundo. Para mantener el patrón oro, concedió cuantiosos préstamos a Europa, origen de los planes Dawes y Young. El capital estadounidense se convirtió en un sostén fundamental para Alemania y para el resto del sistema de reparaciones. Cuando ese flujo de crédito se redujo, las economías europeas más dependientes quedaron expuestas.
Especulación bursátil y crédito[editar]
Desde 1925, la actividad de la Bolsa de Nueva York avanzó tan deprisa como la producción industrial. Las cotizaciones subían año tras año y miles de estadounidenses vieron en la especulación una fuente rápida de fortuna. La fiebre bursátil alcanzó a rentistas, jubilados y pequeños ahorristas que conocían poco del funcionamiento de la industria o de la propia bolsa.
El mecanismo de compra a crédito amplificó los riesgos. Una acción de cien dólares podía adquirirse pagando solo diez; el resto se pagaba a crédito. Si la acción subía, el beneficio sobre el dinero realmente desembolsado podía ser enorme. Si la acción bajaba, el corredor bursátil exigía más dinero al contado. Quien no podía cubrir la llamada de margen se veía obligado a vender con pérdidas.[2]
Entre los pequeños especuladores, pocos tenían reservas de liquidez suficientes para enfrentar una corrección brusca. El alza bursátil, conocida como el Big Bull Market, descansaba sobre una base sumamente frágil. Las "mejores acciones" parecían poder comprarse con muy poco dinero, lo que alentó una demanda que terminó desligada de la solvencia real de las empresas.
4. Desarrollo de la crisis[editar]
El crac de Wall Street[editar]
La crisis estalló con el colapso de los precios de las acciones en la Bolsa de Nueva York. El 23 de octubre de 1929 las cotizaciones registraron una pérdida media de 18 a 20 puntos y cambiaron de mano unos seis millones de títulos. Al día siguiente, el Jueves Negro, se produjo una nueva caída de entre 20 y 30 puntos, y de 30 a 40 para las grandes empresas.
Los principales bancos y corredores de bolsa intentaron sostener el mercado reuniendo 240 millones de dólares para comprar acciones. En esa jornada cambiaron de mano trece millones de títulos. La operación solo tuvo un efecto momentáneo. El lunes 28 de octubre hubo un nuevo descenso de 30 a 50 puntos. Al día siguiente, el Martes Negro, Wall Street vivió su jornada más sombría: en pocas horas se vendieron dieciséis millones y medio de acciones con pérdidas promedio del 40 %. En noviembre, cuando los ánimos se calmaron, las cotizaciones habían caído a la mitad desde el comienzo de la crisis y no menos de 50 000 millones de dólares se habían desvanecido.
El derrumbe bursátil fue el momento más dramático de la crisis, pero no su única causa. Los primeros indicios de recesión ya se percibían en algunos países productores de materias primas mientras Wall Street aún vivía en plena euforia. La depresión respondió a causas múltiples: una coyuntura de ajuste tras un período de fuerte expansión, los desequilibrios creados por la guerra, la presión fiscal, las deudas internacionales y la racionalización del trabajo, que suprimía empleos y dificultaba la readaptación de la mano de obra.
Quiebra del sistema bancario[editar]
Estados Unidos carecía de un sector bancario fuerte de alcance nacional. La quiebra inicial de algunos bancos se propagó por todo el país y multiplicó los efectos de la crisis. La Reserva Federal era la única institución que podía haber evitado una caída en cadena mediante liquidez masiva, pero sus responsables redujeron la oferta monetaria y subieron los tipos de interés. Esa decisión provocó una oleada de quiebras bancarias, inició un proceso deflacionario, redujo el consumo y contribuyó a convertir la recesión en una depresión intensa.
La contracción monetaria fue clave. Muchos economistas sostienen que la prolongada deflación solo fue posible por la política de la Reserva Federal de disminuir la oferta monetaria. El colapso de los bancos destruyó depósitos, redujo el crédito y hundió la confianza de empresarios y consumidores.
5. Efectos de la crisis[editar]
Impacto en Estados Unidos[editar]
La depresión fue la peor de la historia estadounidense. Durante al menos tres años y medio, todos los indicadores sociales y económicos mostraron un deterioro progresivo. En 1932 el PIB había disminuido un 27 % y la producción industrial un 50 %. La inversión ni siquiera alcanzaba para mantener las instalaciones existentes. En 1933 el desempleo llegó al 25 %. Solo en 1940 se recuperó el nivel de producción previo a 1929, en gran medida por el estallido de la Segunda Guerra Mundial.
| Año | Reducción del PIB (%) |
|---|---|
| 1930 | 9,9 |
| 1931 | 7,7 |
| 1932 | 14,9 |
Entre 1929 y 1932 el índice general de precios en Estados Unidos disminuyó un 35,6 %. La deflación encareció las deudas en términos reales, redujo los incentivos a consumir e invertir y agravó la caída de la producción.
Agricultura, industria y sistema bancario[editar]
Los sectores más afectados fueron la agricultura, la producción de bienes de consumo y la industria pesada. Ciudades como Detroit y Chicago sufrieron con particular intensidad por su dependencia de la industria pesada. Las zonas ligadas a una sola industria podían quedar totalmente arruinadas. En 1932 la actividad industrial era tan baja que incluso una eventual demanda podía satisfacerse sin nuevas inversiones ni más mano de obra.
El sector de la vivienda estaba saturado de casas vacías cuyos propietarios no podían pagar las hipotecas. La confianza empresarial se hundió y destruyó el incentivo para invertir. La agricultura fue el sector más deprimido: los productores vieron caer sus ingresos cerca de un 70 %. Gran parte de las cosechas no se vendía. Los pequeños agricultores, endeudados, se veían forzados a vender o a perder sus propiedades.
El sistema bancario estadounidense fue el factor individual que más influyó en la profundidad de la depresión. Los bancos dependían de pocas industrias locales y eran muy vulnerables a las retiradas de fondos. Las corridas bancarias redujeron los ahorros disponibles por debajo de los ingresos y los bancos no pudieron prestar. Las garantías, como las viviendas, se volvieron invendibles. El gobierno no rescató a los bancos: en ese momento predominaba la idea de que la depresión era una purga que eliminaría los elementos menos eficientes de la economía.
6. Difusión internacional de la crisis[editar]
La depresión estadounidense estuvo acompañada por una reducción del préstamo al extranjero y una fuerte contracción de la demanda de importaciones. El flujo de dólares hacia Europa y el resto del mundo disminuyó bruscamente. Dada la importancia de Estados Unidos en la economía mundial, su crisis se transmitió al exterior: se ha dicho que Estados Unidos exportó su crisis. La Unión Soviética fue la principal excepción relevante, al estar aislada del capitalismo moderno.
| País | PIB 1932 (1929 = 100) | Producción industrial 1932 (1929 = 100) |
|---|---|---|
| Austria | 80 | 62 |
| Francia | 86 | 74 |
| Alemania | 77 | 61 |
| Japón | 101 | — |
| Reino Unido | 95 | 89 |
| Italia | 98 | 86 |
| Países Bajos | 93 | 84 |
| España | 97 | 84[sin verificar] |
| Estados Unidos | 73 | 62 |
A principios de 1931 persistían la deflación y un alto desempleo. Los países más afectados eran los exportadores de materias primas. Varios de ellos debieron abandonar el patrón oro. La quiebra del Credit Anstalt, principal banco de Austria, desató una fuga de capitales en Alemania, Gran Bretaña y Estados Unidos. Hacia finales de 1932 casi todos los países del mundo habían abandonado el patrón oro.
Hundimiento del comercio internacional[editar]
Uno de los principales canales de propagación fue el desplome del comercio internacional, que llegó a perder dos terceras partes de su valor respecto de 1929. En 1938 el valor del comercio mundial todavía estaba por debajo de la mitad del nivel de 1929. La persistencia de la caída se explica por la adopción generalizada de políticas proteccionistas, encabezadas por Estados Unidos y Gran Bretaña. Esas políticas desataron una guerra comercial que, junto con la caída de la demanda, redujo aún más el intercambio.
Las medidas adoptadas durante la década incluyeron:
- Control de cambios: restricciones oficiales sobre las transacciones privadas de divisas. Los gobiernos exigían a los exportadores entregar las divisas obtenidas y las asignaban a los importadores a un precio fijado por el Estado. Esto aislaba a las economías y favorecía a las industrias internas al limitar la entrada de mercancías.
- Acuerdos bilaterales: buscaban equilibrar las cuentas entre dos países sin movilizar oro ni divisas. Los acuerdos de compensación funcionaban como una forma moderna de trueque. El clearing abría una cuenta en cada país para realizar los pagos de exportación e importación. Alemania utilizó ambos tipos de acuerdos. Los acuerdos de pagos buscaban resolver deudas congeladas e intereses impagos.
- Aranceles al comercio: fueron el mayor obstáculo para el intercambio. Incluso Gran Bretaña, de tradición liberal, aprobó una ley de derechos de importación con una tasa del 10 % sobre todas las importaciones fuera de la Commonwealth.
El deterioro de la cooperación internacional se manifestó en la Conferencia Económica Mundial de 1933. La salida de Estados Unidos del patrón oro y la conversión del dólar en una moneda fluctuante frustraron las negociaciones. Tres años después, con el dólar estabilizado, se produjeron nuevos intentos de cooperación, como el acuerdo tripartito entre Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, orientado a regular los tipos de cambio.
Varios países optaron por acuerdos regionales. En la Cuenca del Danubio, Hungría, Rumania, Bulgaria y Yugoslavia concedieron preferencias arancelarias. El pacto más conocido fue el de la Commonwealth, acordado en la Conferencia de Ottawa de 1932, que estableció un sistema de preferencias mutuas para las importaciones provenientes de los miembros de la comunidad.
Salidas en países periféricos[editar]
La desorganización de la economía internacional deterioró los términos de intercambio y redujo los precios de las materias primas respecto de los productos manufacturados. En un contexto de escasez de crédito, los países periféricos perdieron reservas y sufrieron depreciación del tipo de cambio. Adoptaron dos tipos de políticas:
- Políticas pasivas: mantener la ortodoxia monetaria y el tipo de cambio respecto de los países centrales. Fue el camino de países pequeños con alta dependencia del mercado, como Haití, Honduras y Panamá.
- Políticas activas: modificar el tipo de cambio, controlar importaciones, ampliar la intervención estatal e impulsar la industrialización por sustitución de importaciones. Fue el caso de Argentina, Brasil y Uruguay.
7. Proteccionismo y ley Smoot-Hawley[editar]
La Ley de Aranceles de 1930, más conocida como ley Smoot-Hawley, es una de las leyes arancelarias más controvertidas de la historia del Congreso de Estados Unidos. Elevó el arancel promedio sobre las importaciones gravadas de aproximadamente 40 % a 47 %, aunque la deflación de precios hizo que la tasa efectiva subiera hasta casi 60 % en 1932. La ley entró en vigor mientras la economía mundial ya estaba en recesión.
La Gran Depresión de 1929-1933 representó un colapso económico tanto para Estados Unidos, donde el PIB real cayó alrededor de 25 % y el desempleo superó el 20 %, como para gran parte del mundo. A medida que el comercio internacional se contrajo, aumentaron las barreras comerciales, creció el desempleo y cayó la producción industrial. Muchos analistas atribuyen parte de la crisis global al arancel Smoot-Hawley, pero el grado exacto en que contribuyó sigue siendo objeto de debate.
El economista Douglas Irwin ha estimado que, en los dos años posteriores a la imposición del arancel en junio de 1930, el volumen de importaciones de Estados Unidos cayó más del 40 %. Parte de esa caída corresponde al propio arancel, no a la reducción de los ingresos ni a las represalias extranjeras. Sus evaluaciones indican que la ley Smoot-Hawley redujo las importaciones entre 4 % y 8 %, en igualdad de condiciones. Una simulación contrafactual sugiere que casi una cuarta parte de la caída observada de 40 % puede atribuirse al aumento del arancel efectivo, es decir, Smoot-Hawley más deflación.
Irwin sostiene que la ley no fue la causa principal de la Gran Depresión, pero sí contribuyó a su gravedad al provocar represalias internacionales y reducir el comercio mundial. La ley elevó el nivel medio de los aranceles sobre las importaciones gravadas entre 15 % y 18 %. Su impacto se vio mitigado por el pequeño tamaño del sector comercial: solo un tercio de las importaciones totales de Estados Unidos estaba sujeto a derechos en 1930, y esas importaciones gravadas representaban solo 1,4 % del PIB. No hay evidencia de que la legislación alcanzara sus objetivos de creación neta de empleo o recuperación económica. Desde una perspectiva keynesiana, fue contraproducente, porque la caída de las exportaciones superó a la reducción de las importaciones.
Una de las consecuencias más dañinas fue el deterioro de las relaciones comerciales de Estados Unidos con sus socios clave. Promulgada cuando la Sociedad de Naciones intentaba establecer una tregua arancelaria global, la ley fue percibida como una medida unilateral y hostil. El resentimiento generado impulsó a otros países a formar bloques comerciales discriminatorios, que desviaron comercio y obstaculizaron la recuperación mundial.
En noviembre de 2024, The Economist afirmó que la ley "aumentó los aranceles medios sobre las importaciones en alrededor del 20 % e incitó a una guerra comercial de represalias" y que fue "devastadoramente efectiva": el comercio mundial cayó en dos tercios. Según ese análisis, Smoot-Hawley se volvió sinónimo de política desastrosa.
No todos los economistas coinciden en el peso del arancel. Milton Friedman sostuvo que, aunque los aranceles de 1930 causaron daños, no fueron la causa principal de la Gran Depresión, y atribuyó la mayor parte de la culpa a las medidas insuficientes de la Reserva Federal. Paul Krugman ha escrito que el proteccionismo no conduce por sí mismo a recesiones: la disminución de importaciones tiene un efecto expansivo y, en una guerra comercial, la caída de exportaciones e importaciones tiende a compensarse. Para Krugman, la tarifa Smoot-Hawley no causó la Gran Depresión; la contracción del comercio entre 1929 y 1933 fue casi enteramente una consecuencia de la depresión, no una causa.
8. Repercusiones en México[editar]
Comercio exterior y petróleo[editar]
La caída de la demanda agregada de Estados Unidos afectó de manera directa al sector exportador mexicano, por ser su principal socio comercial. Uno de los productos de exportación más importantes era el petróleo, pero su exportación ya había disminuido antes de la crisis. Después de 1921 no volvió a alcanzarse el nivel previo de producción petrolera, y en 1933 solo se alcanzó el 16 % de ese nivel. La reducción de la demanda estadounidense reforzó la tendencia depresiva del sector.
La situación deterioró las reservas internacionales y, con ello, la base monetaria. El tipo de cambio se depreció 21,9 %, pese a intentos como la suspensión de pagos de la deuda externa, que no lograron frenar la caída de la moneda mexicana.[3]
Política monetaria y fiscal[editar]
Aunque formalmente México tenía como referencia el patrón oro, en la práctica usaba un esquema bimetálico con un peso importante de la plata. Ante la depreciación del peso de plata, el gobierno aceleró la acuñación de oro y suspendió los pagos de la deuda externa. La oferta monetaria y las reservas internacionales disminuyeron. Las autoridades intentaron sostener el patrón oro, pero en la práctica resultaba inviable sin metal suficiente en la oferta monetaria.
El gobierno también redujo salarios, despidió trabajadores públicos y aumentó algunos impuestos extraordinarios. La profundidad de la crisis y los intentos fallidos provocaron la renuncia del secretario de Hacienda Luis Montes de Oca. Lo sucedió Alberto J. Pani, que ya había ocupado el cargo durante el mandato de Plutarco Elías Calles. Con su llegada cambiaron las políticas para enfrentar la crisis.
La recaudación fiscal dependía en buena medida del sector externo y de sus ciclos económicos, así como de impuestos a actividades industriales como la cerveza, los textiles, la gasolina y la electricidad. La creación del impuesto sobre la renta representó un avance significativo en la recaudación fiscal mexicana durante la década.
Repatriación de población de origen mexicano[editar]
Durante la década de 1930, entre 355 000 y un millón de personas fueron repatriadas o deportadas de Estados Unidos a México. Se calcula que entre 40 % y 60 % de ellas eran ciudadanos estadounidenses nativos, en su abrumadora mayoría niños. Algunos académicos sostienen que la cifra sin precedentes de repatriaciones entre 1929 y 1933 fue parte de una política explícita de la administración de Herbert Hoover. La repatriación voluntaria fue mucho más común que la deportación formal. Al menos 82 000 de los repatriados fueron deportados formalmente por el gobierno federal.
El gobierno mexicano alentó la repatriación con la promesa de tierras gratis, pero la mayoría de los repatriados optó por instalarse cerca de familiares y amigos. El episodio reveló la estrecha interdependencia económica y demográfica entre ambos países durante la crisis.
9. Recuperación[editar]
El New Deal[editar]
Al asumir Franklin D. Roosevelt la presidencia en 1933, el Congreso aprobó rápidamente varias leyes: fondos asistenciales para desocupados, precios de apoyo para los agricultores, servicio de trabajo voluntario para desempleados menores de 25 años, proyectos de obras públicas a gran escala, reorganización de la industria privada, creación de un organismo federal para el valle del Tennessee, financiación de hipotecas, seguros para los depósitos bancarios y regulación de las transacciones de valores. El New Deal fue elaborado durante la carrera presidencial por un grupo de intelectuales reunido en torno a Roosevelt, conocido como Brain Trust.
El problema más urgente era la quiebra casi total del sistema bancario. La crisis era esencialmente de confianza y pudo resolverse mediante una intervención rápida. En un discurso radial, Roosevelt informó a la población sobre la reapertura de los bancos e instó a depositar. Muchas personas volvieron a depositar, y la recuperación bancaria sirvió de preludio a una revisión profunda del sistema financiero, distorsionado desde 1929 por la contracción del crédito, el incremento de las deudas y el impago de hipotecas.
El desempleo fue el otro gran desafío. Se crearon campamentos de trabajo donde los desempleados realizaban tareas de conservación de parques naturales y otros espacios verdes. Las obras públicas federales no llegaron a compensar la enorme reducción del gasto estatal y municipal. El New Deal nunca dispuso de un programa concreto para bajar la desocupación mediante obras públicas, porque faltaban proyectos preparados de antemano y la planificación requería tiempo. Los proyectos debían autofinanciarse, lo que dificultaba su elaboración, y para maximizar el beneficio social se empleaba la mayor cantidad de mano de obra posible, calificada o no. Muchos empleos eran precarios y duraban poco.
El New Deal enfrentó el dilema de usar el dinero para aliviar el sufrimiento inmediato o para estimular la economía a futuro. Gran parte de las inversiones provenía de impuestos, porque de otro modo el gobierno federal habría tenido que aceptar un déficit presupuestario. Una parte del dinero destinado a pagar a los nuevos empleados se deducía del salario de quienes ya tenían empleo. Roosevelt no aplicó de manera estricta las recomendaciones keynesianas, que consideraban positivo aumentar el gasto y el déficit en épocas de crisis.
El bajo nivel de los ingresos agrícolas era otro problema central. Para subir los precios se buscó reducir la producción agraria mediante primas a los agricultores que produjeran menos. Esto implicaba que parte del costo recayera sobre los consumidores, incluidos sectores urbanos en condiciones de miseria. Aun así, el aumento del ingreso agrícola significaba más dinero, más demanda y más empleo.
El segundo New Deal[editar]
El segundo New Deal se implementó en el segundo mandato de Roosevelt. Incluyó una ley de vivienda, la puesta en marcha de la seguridad social, la creación de organismos de planificación regional, el respaldo a los sindicatos y un sistema fiscal más progresivo con impuestos más altos a los ingresos y a la riqueza. Las consecuencias redistributivas de los nuevos impuestos fueron limitadas; no se produjo una gran redistribución de la riqueza.
En 1936 el ritmo de expansión era acelerado y los precios subieron con rapidez. Temiendo un auge especulativo, Roosevelt puso fin al déficit presupuestario. Al año siguiente, 1937, la economía volvió a caer y aumentó el desempleo. Cuando el gobierno redujo los gastos, los empresarios perdieron confianza y dejaron de invertir. Roosevelt seguía sin adoptar plenamente la lógica de la política fiscal: pensaba que era la obra pública, y no el déficit, lo que promovía el empleo. En 1938 los gastos federales aumentaron, pero la hostilidad hacia el New Deal ya había crecido.
El segundo New Deal fue llamado un giro a la izquierda, pero no era hostil a los empresarios. Sustituyó al hombre de negocios por el burócrata donde aquel había fracasado, mientras la empresa privada pudiera florecer de nuevo. Para sus defensores, evitó una solución más radical y contribuyó a salvar el capitalismo. Su efecto más duradero fue el aumento del poder del gobierno federal y del presidente en particular: se redujo el poder de los estados y el Congreso dejó de ser la principal fuente legislativa. El legado del New Deal fue, sobre todo, una transformación duradera de las expectativas y del papel del Estado en la economía.
La Segunda Guerra Mundial[editar]
A fines de la década de 1930, doce años después del 24 de octubre de 1929, el gasto federal equivalía a cerca del 10 % del PIB de Estados Unidos. Con una fuerza laboral de 56 millones de trabajadores, el gobierno federal empleaba a cerca de 1,3 millones en trabajos civiles y militares regulares y a otros 3,3 millones en programas de emergencia. Unos 10 millones de personas, 20 % de la población activa, seguían desempleadas. La deuda nacional había crecido hasta casi 40 000 millones de dólares.
Desde 1940, la Segunda Guerra Mundial generó una gran demanda de productos estadounidenses. En un principio, Estados Unidos intervino como proveedor de productos de guerra de los países aliados, particularmente el Reino Unido y Francia. El desempleo se redujo porque la industria se revitalizó. Con el ataque japonés a Pearl Harbor, Estados Unidos entró de lleno en el conflicto. La movilización bélica transformó la economía y sentó las bases de la posguerra.
La recuperación europea[editar]
Reino Unido. La política británica de los años treinta estuvo marcada por el abandono del patrón oro en 1931. La flotación de la libra no estuvo acompañada de una mayor intervención estatal. La recuperación se apoyó en el crédito barato y el proteccionismo. El acceso a préstamos de bajo costo impulsó el mercado de la construcción. La política arancelaria puso fin a casi noventa años de libre comercio y colocó al mercado interno como motor del crecimiento. La economía británica experimentó una recuperación más prolongada y sostenida que la de otros países industriales, aunque con dos aspectos negativos: alto desempleo y concentración empresarial.
Francia. La economía francesa se enfrentó plenamente a la crisis en 1931, cuando Gran Bretaña y otros países abandonaron el patrón oro. Hasta entonces, la devaluación previa del franco y el proteccionismo habían amortiguado el impacto. Francia decidió mantener el patrón oro por temor a la inflación y adoptó una línea deflacionaria: reducción de gastos, baja de salarios y altas tasas de interés. El resultado fue tensión social, caída de la inversión y escasa mejora. En 1936, un nuevo gobierno socialista cambió el rumbo: abandonó el patrón oro, devaluó el franco, impulsó un plan moderado de obras públicas, reguló los precios agrícolas y aumentó los salarios. El traslado inmediato de los aumentos salariales a los precios relanzó la inflación y la tensión social. A comienzos de 1939 la economía francesa pareció despegar por el aumento de los gastos militares, pero la guerra y la ocupación alemana cambiaron el rumbo.
Alemania. Hacia 1933, la economía alemana no había superado el impacto de la política deflacionaria. Dependía fundamentalmente de los préstamos estadounidenses, y su reducción a partir de 1929 tuvo efectos directos. La ortodoxia monetaria profundizó el desempleo, la caída del PIB y el colapso bancario. La crisis social y el temor al avance del comunismo resultaron claves para la llegada de Adolf Hitler y del Partido Nacional Socialista al poder. Los comunistas alemanes fueron acusados del incendio del Reichstag, y en un clima de terror e inseguridad se otorgó a Hitler el poder absoluto por vías legales y constitucionales.
La política económica nazi se caracterizó por un alto grado de intervención estatal. Sus objetivos eran el control totalitario de la sociedad, los planes bélicos y la idea de superioridad racial. La recuperación alemana comenzada en 1933 se apoyó en la creación de empleo y en disposiciones fiscales favorables a las grandes empresas. El gasto militar pasó de alrededor del 3 % del PIB en 1933 al 23 % en 1939. El sector estatal se convirtió en el mayor inversor y consumidor de la economía alemana, y se profundizó la concentración económica.
10. Interpretaciones y legado[editar]
La Gran Depresión ocupa un lugar central en la historia económica del siglo XX. Fue la primera gran crisis de escala verdaderamente global y transformó la política económica: amplió el papel del Estado, impulsó el New Deal, contribuyó al ascenso del fascismo y del nazismo, y debilitó la cooperación económica internacional.
Las interpretaciones sobre sus causas siguen abiertas. Algunas enfatizan la contracción monetaria de la Reserva Federal; otras, la acumulación de desequilibrios comerciales y de deudas tras la Primera Guerra Mundial; otras, la fragilidad del patrón oro; otras, el papel del proteccionismo y de la ley Smoot-Hawley. El consenso relativo es que se trató de una crisis múltiple: bursátil, bancaria, monetaria, comercial e industrial, agravada por la falta de cooperación internacional y por decisiones de política que convirtieron una recesión en una depresión profunda.
En el siglo XXI, la Gran Depresión sigue utilizándose como punto de referencia para medir la gravedad de las crisis financieras y para debatir los riesgos del proteccionismo, la contracción fiscal prematura y la fragilidad de los sistemas bancarios. La idea de que una crisis bursátil puede desencadenar una depresión mundial, y no solo una recesión breve, permaneció como advertencia para los responsables de política económica y para los organismos internacionales.
Los planes Dawes y Young reestructuraron después esas obligaciones. La cifra nominal no refleja las suspensiones, moratorias y renegociaciones posteriores, por lo que el monto efectivamente pagado fue muy inferior al fijado en 1921. ↩︎
La compra a crédito de valores se conoce como compra con margen. El margen es la parte del precio que el comprador desembolsa; el resto lo adelanta el intermediario. El sistema funciona mientras las cotizaciones suben y se vuelve muy frágil cuando bajan. ↩︎
La cifra corresponde a una serie histórica citada por Enrique Cárdenas. Las estimaciones de depreciación pueden variar según el año base y el tipo de cambio de referencia. ↩︎