Guerra de Irak
| Guerra de Irak | |
|---|---|
| Fecha | 20 de marzo de 2003 – 18 de diciembre de 2011 |
| Lugar | Irak |
| Resultado | Invasión y derrocamiento de Sadam Huseín; formación de gobierno provisional y elecciones; insurgencia y violencia sectaria; retirada de las tropas estadounidenses en 2011; inestabilidad posterior y regreso de Estados Unidos en 2014. |
| Invasión de 2003 (coalición) | Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Polonia, Región del Kurdistán, Congreso Nacional Iraquí y otros. |
| Invasión de 2003 (Irak) | Irak baazista bajo Sadam Huseín. |
| Fase de insurgencia (2003–2011) | Gobierno de Irak, Estados Unidos, Reino Unido, Kurdistán Iraquí y fuerza multinacional contra baazistas, Al Qaeda en Irak, Estado Islámico de Irak, Ejército al-Mahdi y otros grupos. |
| Comandantes principales (coalición) | George W. Bush, Barack Obama, Donald Rumsfeld, Robert Gates, Tommy Franks, Paul Bremer, Tony Blair, John Howard, José María Aznar. |
| Comandantes principales (Irak e insurgencia) | Sadam Huseín, Izzat Ibrahim al-Douri, Abu Musab al-Zarqawi, Muqtada al-Sadr. |
| Muertes militares de la coalición | Estados Unidos 4 497; Reino Unido 179; otros países 139; fuerzas iraquíes posteriores a Sadam 17 790 . |
| Muertes civiles | 103 160 – 113 728 según Iraq Body Count [sin verificar]. Otras estimaciones oscilan entre más de 150 000 y más de un millón. |
| Costo financiero | Más de 845 000 millones de dólares para Estados Unidos; más de 4 500 millones de libras para el Reino Unido . |
1. Resumen[editar]
La guerra de Irak fue un conflicto bélico prolongado que se desarrolló en Irak entre 2003 y 2011. Comenzó el 20 de marzo de 2003 con la invasión del país por parte de una coalición multinacional liderada por Estados Unidos, que derrocó al gobierno baazista del presidente Sadam Huseín. La fase convencional de la invasión concluyó en pocas semanas, pero el conflicto continuó durante la mayor parte de la década siguiente como una guerra asimétrica contra una insurgencia que operaba en el contexto de la ocupación y del nuevo gobierno iraquí.
La justificación principal esgrimida por el presidente estadounidense George W. Bush y sus aliados fue la afirmación de que Irak poseía y desarrollaba armas de destrucción masiva, con lo cual violaba compromisos internacionales adquiridos desde 1991. También se acusó al régimen de tener vínculos con el terrorismo y de representar una amenaza inminente. Los inspectores internacionales, sin embargo, no hallaron armas de destrucción masiva, y el Grupo de Investigación en Irak concluyó después de la invasión que el país había desmantelado sus programas en 1991 y no poseía tales armas al momento del ataque.
Tras la caída de Bagdad en abril de 2003, Estados Unidos estableció la Autoridad Provisional de la Coalición, que administró el país hasta la transferencia formal de soberanía a un gobierno interino iraquí en junio de 2004. A partir de ese año la insurgencia, con componentes baazistas, nacionalistas, islamistas y milicias chiitas, se intensificó de manera notable. En diciembre de 2003 Sadam Huseín fue capturado cerca de Tikrit; fue ejecutado en diciembre de 2006.
Las tropas de Estados Unidos se retiraron oficialmente en diciembre de 2011, dentro de la fase final denominada Operación Nuevo Amanecer. No hubo una victoria clara: la coalición logró derrocar al régimen e instalar un gobierno electo, pero no estabilizó el país. En 2014, ante la expansión del grupo Estado Islámico, Estados Unidos volvió a intervenir en Irak al frente de una nueva coalición, en la etapa que suele denominarse guerra contra el Estado Islámico.[1]
2. Antecedentes[editar]
2.1 1991–2003: inspecciones de la ONU y zonas de exclusión aérea[editar]
Tras la primera guerra del Golfo, la Resolución 687 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ordenó el fin de los programas iraquíes de armas químicas, biológicas, nucleares y de misiles de largo alcance, así como la destrucción del arsenal existente, bajo verificación de la Comisión Especial de las Naciones Unidas. Los inspectores pudieron verificar la destrucción de gran cantidad de material, pero quedaron cuestiones sin resolver. En 1998 la Comisión Especial salió de Irak ante la inminencia de una acción militar de Estados Unidos y el Reino Unido.
Poco después, del 16 al 19 de diciembre de 1998, Estados Unidos y el Reino Unido ejecutaron la Operación Zorro del Desierto, cuatro días de bombardeos sobre Bagdad y otros puntos estratégicos. Paralelamente, ambos países mantuvieron zonas de exclusión aérea en el norte y el sur de Irak, creadas tras la guerra del Golfo para proteger al Kurdistán iraquí y a las zonas chiitas del sur. Irak las consideraba una violación de su soberanía. Durante unos seis años las defensas aéreas iraquíes y las patrullas aéreas estadounidenses y británicas intercambiaron disparos de manera periódica.
Según registros posteriores, en abril de 2001 el gabinete de Bush ya había respaldado la opción de una intervención militar en Irak, argumentando que el país representaba una influencia desestabilizadora para el flujo de petróleo hacia los mercados internacionales de Oriente Medio. Sectores neoconservadores estadounidenses habían impulsado, incluso antes de los atentados del 11 de septiembre, un cambio de régimen en Irak. Algunos planes contemplaban usar el petróleo iraquí para romper el cartel de la OPEP mediante un aumento masivo de la producción, pero fueron abandonados poco después de la invasión.[2]
2.2 2001–2003: crisis del desarme e inteligencia previa a la guerra[editar]
En los meses previos a la invasión, Estados Unidos aumentó la presión sobre Irak y reforzó sus operaciones en las zonas de exclusión aérea. En 2002 el volumen de bombas arrojadas sobre Irak registró un pico previo a la guerra de 54,6 toneladas en septiembre.
El 5 de febrero de 2003, el secretario de Estado Colin Powell presentó ante el Consejo de Seguridad de la ONU un frasco de ántrax como apoyo visual a su argumentación sobre las supuestas armas de destrucción masiva iraquíes. La presentación fue posteriormente criticada de manera generalizada, por basarse en inteligencia débil o errónea. Los inspectores internacionales no hallaron las armas.
El casus belli real sigue siendo motivo de controversia. La compra de centrifugadoras de uranio por parte del régimen a empresas alemanas fue interpretada como una violación del régimen de no proliferación, pero no se encontró uranio altamente enriquecido, el necesario para producir armas nucleares. Este hecho debilitó el apoyo internacional a la intervención.
3. Desarrollo[editar]
3.1 2003: invasión y caída del régimen[editar]
La invasión comenzó el jueves 20 de marzo de 2003 con bombardeos aéreos estadounidenses sobre objetivos iraquíes mediante misiles Tomahawk lanzados desde barcos y submarinos. Las fuerzas de Estados Unidos y el Reino Unido avanzaron desde Kuwait, mientras sus aliados kurdos lo hacían desde el norte. El miércoles 9 de abril los primeros tanques estadounidenses entraron en Bagdad sin encontrar gran resistencia. El 1 de mayo el presidente Bush declaró el fin de los principales combates, aun cuando la violencia no cesó.
Bush recalcó que la invasión no era una ocupación sino una «liberación». Antes de la invasión había prometido una transferencia rápida del poder a un gobierno democrático iraquí, comenzando por la redacción de una constitución. Para dirigir la reconstrucción se creó la Oficina para la Reconstrucción y la Asistencia Humanitaria, dirigida inicialmente por el general Jay Garner, sustituido luego por el administrador civil Paul Bremer.
La Autoridad Provisional de la Coalición dividió administrativamente Irak en tres zonas de seguridad: norte (Mosul-Kirkuk), centro (Bagdad-Tikrit) y sur (Basora-Nasiriya). Las zonas norte y centro quedaron a cargo de tropas estadounidenses; la zona sur, de tropas británicas y polacas. A la par se inició la formación de un nuevo ejército iraquí.
El 22 de mayo de 2003 el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó la Resolución 1483, que otorgó a Estados Unidos y el Reino Unido la autoridad para administrar Irak y utilizar sus recursos petroleros para la reconstrucción. La resolución puso fin a casi trece años de sanciones económicas impuestas desde la invasión iraquí de Kuwait. Creó, además, un fondo de desarrollo para Irak con los recursos petroleros, sometido a revisión anual. Alemania y Francia plantearon la exigencia de esa revisión periódica; Siria, único país árabe representado en el Consejo, estuvo ausente en la votación.
El paradero de Sadam Huseín fue desconocido durante meses, hasta que el sábado 13 de diciembre de 2003 fue capturado cerca de Tikrit, su localidad natal, en una operación conjunta de fuerzas kurdas iraquíes y soldados estadounidenses. Las primeras imágenes lo mostraron en un escondite subterráneo.
3.2 Ocupación y gobierno provisional[editar]
Después de ocupar el país, los estadounidenses instalaron su centro de operaciones en el Palacio de la República de Bagdad, que pasó a ser conocido como Zona Verde. El complejo, de unos cinco kilómetros de extensión desde la orilla del río Tigris, albergó oficinas administrativas, residencias de funcionarios del nuevo gobierno y lo que llegó a ser una de las sedes diplomáticas estadounidenses más grandes del mundo. A pesar de la protección militar, insurgentes iraquíes lanzaron repetidamente cohetes y proyectiles de mortero contra la Zona Verde. El 26 de octubre de 2003 un ataque contra el hotel Rachid coincidió con la visita del subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz, que resultó ileso; un coronel estadounidense murió.
La Autoridad Provisional de la Coalición transferiría formalmente la soberanía al gobierno interino iraquí el 28 de junio de 2004. En la práctica, el nuevo gobierno operó con limitaciones: carecía de control efectivo sobre las actividades de las tropas extranjeras y debía enfrentar la resistencia armada.
3.3 2004: ampliación de la insurgencia[editar]
El inicio de 2004 fue relativamente calmo, pero la violencia creció en primavera. Combatientes vinculados a una filial de Al Qaeda dirigida por Abu Musab al-Zarqawi contribuyeron a liderar la insurgencia. Se multiplicaron los atentados masivos contra civiles, policías y fuerzas de seguridad iraquíes, mientras milicias chiitas como el Ejército al-Mahdi, de Muqtada al-Sadr, también lanzaban ataques contra objetivos de la coalición.
El 31 de marzo de 2004 insurgentes emboscaron un convoy estadounidense en Faluya; cuatro contratistas militares privados fueron asesinados, y sus cuerpos golpeados, quemados y colgados en un puente sobre el Éufrates. El hecho desencadenó la primera batalla de Faluya, iniciada el 4 de abril con más de 2 000 soldados. Casi en paralelo, tras la detención de un lugarteniente de Muqtada al-Sadr, estalló un levantamiento en Nayaf. La primera batalla de Faluya se prolongó hasta mayo, cuando las tropas estadounidenses se retiraron de la ciudad tras una fuerte contraofensiva insurgente. En Nayaf los enfrentamientos continuaron en agosto, con choques en el cementerio de Wadi al-Salam, hasta que el gran ayatolá Ali al-Sistani logró una negociación de cese de hostilidades.
En noviembre de 2004 se produjo la segunda batalla de Faluya, descrita por militares estadounidenses como el combate urbano más intenso desde la batalla de la ciudad de Hue, en Vietnam. Durante el asalto se utilizó fósforo blanco como arma incendiaria, lo que generó controversia.[3] La batalla terminó con victoria de la coalición, con 95 estadounidenses muertos frente a unas 1 350 bajas insurgentes. La ciudad quedó devastada.
En abril de 2004 se conocieron también las torturas y abusos cometidos en la prisión de Abu Ghraib. Fotografías mostraron a personal militar estadounidense humillando a prisioneros iraquíes. El Departamento de Defensa expulsó a 17 soldados y oficiales; siete fueron condenados a prisión y dados de baja deshonrosa. La general de brigada Janis Karpinski, comandante de la prisión, fue degradada a coronel en mayo de 2005.
Otro episodio controvertido fue el caso de la soldado Jessica Lynch. En un primer momento se difundió un relato heroico sobre su captura, tortura y liberación por fuerzas especiales, elogiado por Donald Rumsfeld y George W. Bush. Posteriormente se supo que la historia había sido fabricada o exagerada por el aparato de relaciones públicas para movilizar el apoyo interno.[4]
El 19 de diciembre de 2004 un atacante suicida se inmoló en el comedor de una base estadounidense en Mosul, dejando 22 muertos, de los cuales 14 eran militares estadounidenses, y 51 heridos.
3.4 2005–2006: elecciones, transición y juicio a Sadam Huseín[editar]
En 2005 se celebraron elecciones parlamentarias en dos momentos: en enero y en diciembre. Las imágenes de ciudadanos con el dedo teñido de tinta lila como señal de haber votado se convirtieron en uno de los símbolos del proceso. El 28 de junio del año anterior, Paul Bremer ya había entregado formalmente la soberanía al gobierno interino iraquí.
El 26 de enero de 2005, 31 infantes de marina estadounidenses murieron al estrellarse un helicóptero cerca de la frontera con Jordania. El 7 de julio, Al Qaeda asesinó en Irak al embajador egipcio Ihab al Sharif, secuestrado días antes. Durante meses, Estados Unidos sostuvo la intención de convocar una asamblea constituyente integrada por notables iraquíes, entre ellos líderes religiosos, para avanzar hacia una constitución y un gobierno estable.
Sadam Huseín fue juzgado por el Alto Tribunal Penal iraquí por crímenes contra la humanidad. Fue condenado y ejecutado en la horca en diciembre de 2006, en el contexto de un país ya sumido en una guerra civil de facto entre comunidades sunitas y chiitas, con presencia activa de grupos extremistas.
3.5 2007–2011: aumento de tropas, Operación Nuevo Amanecer y retirada[editar]
En la segunda mitad de la década, la dinámica del conflicto combinó la insurgencia armada, los atentados sectarios y la reorganización de las fuerzas de seguridad iraquíes. A partir de 2007, la estrategia estadounidense recurrió a un aumento temporal del contingente militar, acompañado de pactos locales con tribus sunitas que habían combatido a la rama local de Al Qaeda.
El 1 de septiembre de 2010, Estados Unidos anunció el inicio de la Operación Nuevo Amanecer, orientada a la transición de las funciones de combate hacia el entrenamiento y la asesoría de las fuerzas iraquíes. Algunas naciones de la coalición ya habían retirado sus fuerzas en años anteriores por la opinión pública desfavorable y la progresiva asunción de responsabilidades de seguridad por parte de Irak.
El 18 de diciembre de 2011 las tropas estadounidenses se retiraron oficialmente de Irak, con lo que se considera cerrada la fase principal de la guerra de Irak. La partida no implicó el fin de la violencia: el país siguió sacudido por atentados y tensiones sectarias, y el gobierno de Bagdad enfrentó una grave crisis de legitimidad y capacidad de seguridad.
4. Consecuencias[editar]
4.1 Costo humano[editar]
Las estimaciones de muertos por la guerra varían de manera significativa según la fuente. Iraq Body Count, un proyecto que lleva registro de muertes civiles documentadas, calculó un rango de [sin verificar]103 160 a 113 728 civiles muertos entre 2003 y el cierre de la fase principal. Otras estimaciones académicas y periodísticas superan los 150 000 y en algunos casos llegan a más de un millón de personas.[5]
En cuanto a las bajas militares, las fuerzas de la coalición registraron alrededor de 4 497 muertos estadounidenses, 179 británicos y 139 de otros países. El número de contratistas privados muertos también fue considerable, con [sin verificar]1 471 estadounidenses y 743 británicos según registros oficiales. Las fuerzas de seguridad iraquíes posteriores a Sadam sufrieron miles de muertes; una cifra citada es de 17 790. Entre las fuerzas del régimen de Sadam, las bajas en la fase de invasión se estimaron en un rango de 7 600 a 10 800.
4.2 Costo económico[editar]
El costo financiero de la guerra ha sido elevado. Para Estados Unidos se ha citado una cifra de más de 845 000 millones de dólares en gastos directos hasta [sin verificar]2008, con estimaciones que elevan el costo total para la economía estadounidense a entre 3 y 5 billones de dólares una vez computados atención médica de veteranos, intereses de deuda y otros costos indirectos. Para el Reino Unido se mencionó un gasto de más de 4 500 millones de libras (unos 9 000 millones de dólares) hacia fines de 2006, cifra que se incrementó en los años siguientes.[6]
4.3 Inestabilidad y regreso internacional en 2014[editar]
La retirada de las tropas estadounidenses no estabilizó a Irak. El país quedó expuesto a una insurgencia persistente, atentados sectarios y tensiones entre el gobierno central y las regiones. A partir de 2014, el grupo Estado Islámico, heredero de la rama de Al Qaeda en Irak, ocupó amplias zonas del país vecino Siria y avanzó sobre territorio iraquí, incluyendo Mosul. Ante la amenaza, el gobierno iraquí solicitó apoyo internacional y Estados Unidos lideró una nueva coalición bajo la Operación Resolución Inherente, con lo que regresaron fuerzas estadounidenses a territorio iraquí.
5. Controversias y críticas[editar]
5.1 Armas de destrucción masiva no encontradas[editar]
La principal justificación de la invasión, la existencia de armas de destrucción masiva, no pudo ser verificada. El Grupo de Investigación en Irak, creado después de la ocupación, concluyó que Irak había desmantelado sus programas de armas químicas, biológicas y nucleares en 1991 y que no poseía dichas armas al momento de la invasión, aunque conservaba la intención de reanudar su producción en caso de levantarse las sanciones. Los funcionarios estadounidenses que defendieron la existencia de las armas fueron objeto de duras críticas por el uso político de inteligencia errónea.
5.2 Abusos de prisioneros y derechos humanos[editar]
La guerra incluyó abusos documentados de derechos humanos, tanto por los combates como por el tratamiento de prisioneros. El escándalo de Abu Ghraib reveló una política de hecho de humillación y tortura en centros de detención. La corte penal iraquí juzgó además a funcionarios del régimen baazista por crímenes de lesa humanidad. El conflicto produjo desplazamientos forzados, destrucción de infraestructura y daños al patrimonio arqueológico iraquí.
5.3 Ilegalidad internacional y oposición[editar]
La guerra fue criticada por numerosos gobiernos, organizaciones internacionales y juristas por carecer de una autorización explícita del Consejo de Seguridad para el uso de la fuerza en 2003. Si bien la Resolución 1483 reconoció después a Estados Unidos y el Reino Unido como potencias ocupantes y administradoras, la legalidad de la invasión sigue siendo discutida. Alemania y Francia, entre otros, se opusieron o condicionaron su apoyo, y la resistencia a la guerra se expresó en movilizaciones globales y en la retirada anticipada de varios integrantes de la coalición.
6. Presencia hispanoamericana[editar]
La guerra tuvo una dimensión relevante para el mundo hispanohablante. España, gobernada entonces por José María Aznar, apoyó la invasión y participó en la coalición entre 2003 y 2004. El deterioro de la seguridad y el contexto político posterior a los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid condujeron a la retirada de las tropas españolas en la primavera de 2004. La participación española fue reemplazada en zonas de responsabilidad por unidades estadounidenses.
También participaron países latinoamericanos. El Salvador desplegó en Irak el Batallón Cuscatlán, que estuvo involucrado en la batalla de Nayaf en abril de 2004. Honduras, Nicaragua y República Dominicana formaron parte del contingente multinacional, aunque con distintas duraciones y mandatos. Colombia y República Dominicana aparecen igualmente en los listados de la fuerza multinacional en la fase de insurgencia.
La presencia hispanoamericana fue limitada en comparación con la de Estados Unidos y el Reino Unido, pero tuvo impacto en la política interna de cada país y en la discusión regional sobre la legitimidad de la intervención. En varios países se produjeron debates parlamentarios y protestas contra la participación en una guerra cuestionada por la ausencia de armas de destrucción masiva y por la falta de aval explícito de la ONU.
7. Legado[editar]
La guerra de Irak dejó huellas profundas en la geopolítica de Oriente Medio y en la política interna de las potencias involucradas. En el plano estratégico, la intervención debilitó la arquitectura de seguridad regional, contribuyó al ascenso de grupos yihadistas y reconfiguró las relaciones entre las comunidades sunitas, chiitas y kurdas. La posterior aparición del Estado Islámico y la guerra civil siria se comprenden, en buena parte, como desarrollos posteriores al vacío de poder abierto por la caída del régimen baazista y por la fragilidad del orden instaurado.
Para Estados Unidos, la guerra cuestionó la idea de intervenciones militares rápidas y de bajo costo. La ausencia de armas de destrucción masiva y la gestión de la posguerra dañaron la credibilidad de los servicios de inteligencia y de la administración Bush. El Congreso y la opinión pública debatieron ampliamente los errores de inteligencia, la conducción de la ocupación y el costo del esfuerzo.
En el mundo hispanohablante, la guerra de Irak marcó un momento de división sobre la relación con la política exterior estadounidense. España y algunos países latinoamericanos se involucraron de manera directa, mientras que otros se mantuvieron al margen o criticaron la intervención. El episodio sigue siendo referencia en los debates sobre intervencionismo, derecho internacional y los límites del poder militar.
Finalmente, no se puede afirmar que un bando obtuviera una victoria decisiva. Estados Unidos ganó la invasión y logró derrocar al régimen, pero no encontró las armas de destrucción masiva que justificaron el ataque, no estabilizó el país y debió retirarse en 2011 para volver a intervenir en 2014. Irak, por su parte, recuperó formalmente su soberanía y celebró elecciones, pero a un costo humano y material extraordinario, con una sociedad fragmentada y una violencia que continuó más allá de la retirada estadounidense.
La guerra de Irak también recibe otros nombres. En Estados Unidos se conoció principalmente como Operación Libertad Iraquí; en el Reino Unido se usó el nombre en clave Operación Telic. En algunos contextos es llamada segunda guerra del Golfo, para distinguirla de la guerra del Golfo Pérsico de 1990–1991. ↩︎
La idea de que el petróleo fue el motivo real de la guerra ha sido defendida por críticos y analistas, mientras que funcionarios estadounidenses y británicos la negaron. El debate se apoya en declaraciones y documentos, pero no existe una conclusión unánime. En los hechos, la privatización del sector petrolero iraquí no se concretó conforme a los planes iniciales. ↩︎
El uso de fósforo blanco en Faluya fue criticado por organizaciones de derechos humanos y analistas jurídicos por sus efectos sobre personas y bienes civiles. Los mandos militares defendieron su empleo como iluminante y, en ciertos casos, como arma incendiaria contra posiciones insurgentes. ↩︎
El caso de Jessica Lynch es citado a menudo como ejemplo de propaganda bélica. La versión inicial de una joven soldado torturada y violada por fuerzas iraquíes resultó ser falsa en aspectos sustanciales: Lynch no fue torturada y su liberación no enfrentó resistencia armada, según investigaciones periodísticas posteriores. ↩︎
La disparidad de cifras se debe a diferencias metodológicas: Iraq Body Count se basa en reportes públicos contrastados, mientras que estudios como los publicados por la revista The Lancet o por grupos como PLOS Medicine utilizaron encuestas de hogares y extrapolaciones estadísticas, con márgenes amplios. No existe una cifra única aceptada por todas las partes. ↩︎
Las cifras de costo varían según se cuantifiquen solo los presupuestos militares extraordinarios o se añadan efectos macroeconómicos, intereses, cuidados de veteranos y reconstrucción. La estimación de tres a cinco billones de dólares corresponde a análisis de economistas que incluyeron estos efectos de largo plazo. ↩︎