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Guerra de la Triple Alianza

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Guerra de la Triple Alianza
Fecha12 de noviembre de 1864 – 9 de marzo de 1870
LugarCuenca del Plata, territorios entre los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay
ResultadoVictoria de la Triple Alianza
BeligerantesParaguay
vs.
Imperio del Brasil
República Argentina
Estado Oriental del Uruguay
Comandantes principalesParaguay: Francisco Solano López
Brasil: Pedro II, Marqués de Caxias, Conde de Eu
Argentina: Bartolomé Mitre
Uruguay: Venancio Flores
Fuerzas movilizadasParaguay: 150 000
Brasil: 123 000[sin verificar]
Argentina: 30 000
Uruguay: 5 500
BajasParaguay: ~300 000
Brasil: ~100 000
Argentina: ~30 000
Uruguay: ~10 000
Cambios territorialesBrasil obtuvo los territorios al norte del río Apa; Argentina obtuvo Misiones y la zona al sur del río Pilcomayo; Paraguay perdió casi el 40 % de los territorios que reclamaba.

La Guerra de la Triple Alianza, llamada también Guerra del Paraguay en Argentina y Brasil, Guerra Grande o Guerra contra la Triple Alianza en Paraguay y Guerra Guasu en guaraní, fue el conflicto militar que enfrentó a la República del Paraguay contra la Triple Alianza, coalición formada por el Imperio del Brasil, la República Argentina y el Estado Oriental del Uruguay, entre 1864 y 1870.[1]

Se trata de la guerra interestatal más mortífera de la historia de América Latina y uno de los episodios más controvertidos de la historiografía sudamericana. Paraguay sufrió pérdidas humanas catastróficas: según las distintas estimaciones, perdió entre el 50 % y el 85 % de su población, y quizá más del 90 % de su población masculina adulta.[2]

El conflicto se desencadenó a fines de 1864, cuando el presidente paraguayo Francisco Solano López decidió acudir en ayuda del gobierno uruguayo del Partido Nacional, en guerra civil contra el Partido Colorado, apoyado militarmente por Brasil. La captura paraguaya del buque brasileño Marquês de Olinda el 12 de noviembre de 1864 marcó el inicio de las hostilidades.

La guerra terminó en 1870 con una derrota total de Paraguay, la muerte de Francisco Solano López en la batalla de Cerro Corá el 1 de marzo de 1870 y la ocupación aliada del país, que se prolongó hasta 1876.

2. Antecedentes[editar]

2.1. Conflictos limítrofes[editar]

El origen remoto de la guerra se encuentra en los conflictos territoriales no resueltos entre la herencia colonial española y la portuguesa en América del Sur. La gobernación del Paraguay, durante la colonia, tenía salida directa al océano Atlántico a través de los territorios de La Guayrá y La Vera, que corresponden a los actuales estados brasileños de Paraná y Santa Catarina. Las expediciones esclavistas de bandeirantes lusobrasileños arrasaron estas zonas durante los siglos XVI y XVII, destruyendo ciudades y reducciones jesuíticas.[3]

Tras la independencia paraguaya en 1811, las fronteras seguían sin definirse con precisión. Paraguay consideraba como límite con Brasil, por el noroeste, el río Igureý (el actual Ivinhema), y por el noreste el río Mboteteý (actual río Miranda). Brasil, por su parte, pretendía que el límite se fijara en ríos mucho más al sur, como el río Apa.[4]

Durante el gobierno de José Gaspar Rodríguez de Francia, las relaciones con Brasil fueron relativamente estables, en parte por la hostilidad compartida hacia el gobierno de Juan Manuel de Rosas en Argentina. Sin embargo, tras la caída de Rosas en 1852, las tensiones entre Paraguay y el Imperio del Brasil aumentaron.

En 1850 se produjo un conflicto por la fundación del fuerte brasileño de Fecho dos Morros, que terminó con la expulsión de los brasileños por fuerzas paraguayas. Otro fuerte fundado por el Imperio en las Salinas también fue evacuado ante un contraataque paraguayo en 1855.

Hacia inicios de la década de 1860, las incursiones brasileñas volvieron a incrementarse. Brasil fundó la colonia militar de Dourados al sur del río Ygurey, en territorio reivindicado por Paraguay. El gobierno paraguayo protestó enérgicamente, pero trató de evitar una reacción bélica.

2.2. El Paraguay bajo los López[editar]

Para entender la política paraguaya anterior a la guerra es necesario remontarse al período de los gobiernos de Francia y de los López.

Tras la independencia, Paraguay estuvo gobernado por José Gaspar Rodríguez de Francia, un régimen dictatorial de veintiséis años caracterizado por el aislacionismo y el control estatal. A su muerte, le sucedió su sobrino Carlos Antonio López, quien mantuvo la concentración del poder pero implementó una política económica modernizadora de orientación mercantilista, reabriendo las fronteras y fomentando el desarrollo industrial.

Durante el gobierno de Carlos Antonio López, el Paraguay instaló una línea ferroviaria, un arsenal, astilleros donde se botaron siete barcos de vapor entre 1856 y 1870, y la primera fundición de hierro de Sudamérica en Ybycuí. En 1864 se inauguró uno de los primeros telégrafos de la región.[5]

El grado de desarrollo alcanzado por el Paraguay antes de la guerra es fuente de intensa controversia historiográfica. El revisionismo argentino y paraguayo le atribuye logros notables: primera línea ferroviaria de Sudamérica, primer telégrafo, plena ocupación, ausencia de deuda externa y educación gratuita y obligatoria. Sin embargo, diversos estudios cuestionan estas afirmaciones, señalando que ferrocarriles en Guyana, Brasil, Perú y Chile antecedieron al paraguayo, que la línea telegráfica brasileña fue anterior, y que los vapores botados en Asunción eran de casco de madera y no de hierro o acero.[6]

A la muerte de Carlos Antonio López, ocurrida el 10 de septiembre de 1862, el Congreso reunido el 16 de octubre designó a su hijo Francisco Solano López como presidente de la República por unanimidad.

2.3. La cuestión británica[editar]

La historiografía revisionista argentina y una parte de la paraguaya atribuyen un papel preponderante a los intereses del Imperio británico en el desencadenamiento de la guerra. Según esta corriente, el Reino Unido veía con hostilidad el modelo de autonomía económica paraguayo y buscaba abrir sus mercados al libre cambio.[7]

Según los partidarios de esta interpretación, el ejemplo de desarrollo autónomo del Paraguay era considerado nefasto por los británicos, que además habrían estado interesados en el algodón paraguayo para su industria textil, afectada por la guerra de Secesión en Estados Unidos.

Sin embargo, la historiografía moderna matiza considerablemente esta afirmación. Aunque los comerciantes y financistas británicos se beneficiaron de la guerra, el Foreign Office se oponía por principio al conflicto, pues consideraba que toda guerra perjudica el comercio internacional. Paraguay era además un cliente importante de la industria británica, con más de 200 ingenieros y técnicos británicos trabajando en el país hasta casi el final de la contienda.

La actuación del ministro británico en Buenos Aires, Edward Thornton, es sin embargo un punto innegablemente controversial. Thornton estuvo presente en la firma del Tratado de las Puntas del Rosario del 18 de junio de 1864, por el cual Brasil y Argentina se aliaron con Venancio Flores contra el gobierno legal uruguayo. Años más tarde, el ministro brasileño José António Saraiva admitiría que la alianza no surgió después de la agresión paraguaya de abril de 1865, sino en las Puntas del Rosario en junio de 1864.

El ministro francés en Montevideo, Martin Maillefer, afirmó por su parte que Thornton se encontraba en el centro de la intriga. Sin embargo, la evidencia indica que no existía una alianza firme entre Brasil y Argentina en diciembre de 1864, según informaba el agente confidencial paraguayo Félix Egusquiza desde Buenos Aires.

2.4. La crisis uruguaya[editar]

El detonante inmediato de la guerra fue la crisis del Uruguay. En 1863, con apoyo encubierto de Argentina y del Imperio del Brasil, el general Venancio Flores, líder del Partido Colorado, invadió Uruguay para derrocar al gobierno del Partido Nacional, encabezado por Bernardo Prudencio Berro y luego por Atanasio Cruz Aguirre.

El gobierno uruguayo de Aguirre solicitó ayuda a Paraguay. El presidente Solano López se ofreció como mediador en abril de 1864, pero el gobierno brasileño rechazó la oferta.

El 4 de agosto de 1864, el ministro brasileño José António Saraiva envió un ultimátum al gobierno uruguayo, amenazando con represalias. El ultimátum fue rechazado.

El 30 de agosto de 1864, el gobierno paraguayo protestó formalmente ante el ministro brasileño en Asunción, advirtiendo que consideraría cualquier ocupación del territorio uruguayo como un atentado contra el equilibrio de los Estados del Plata.

Brasil, probablemente creyendo que la amenaza paraguaya era solo diplomática, respondió el 1 de septiembre de 1864 que no abandonaría el deber de proteger las vidas e intereses de sus súbditos. Paraguay insistió en que haría efectiva su protesta.

El 12 de octubre de 1864, tropas brasileñas invadieron Uruguay, pese a las advertencias paraguayas. Sin embargo, Paraguay mantuvo relaciones diplomáticas con Brasil durante un mes más.

El 11 de noviembre de 1864, el buque brasileño Marquês de Olinda, en viaje de rutina por el río Paraguay hacia Mato Grosso, atracó en Asunción. Al día siguiente, López ordenó al buque paraguayo Tacuarí que persiguiera al navío brasileño y lo obligara a regresar a Asunción. El 12 de noviembre, Paraguay informó al ministro brasileño en Asunción la ruptura de relaciones diplomáticas. El 13 de noviembre, al llegar el buque a Asunción, todos los pasajeros y tripulantes fueron arrestados.[8]

Este fue el inicio formal de la guerra, aunque algunos historiadores, como el británico Richard Francis Burton, consideran que el conflicto comenzó con la invasión brasileña de Uruguay el 12 de octubre de 1864.

3. Fuerzas enfrentadas[editar]

3.1. Paraguay[editar]

Paraguay inició la guerra con una fuerza militar considerable para los estándares de la época. Según distintas fuentes, el país movilizó entre 150 000 y 300 000 hombres a lo largo del conflicto, aunque la cifra exacta es motivo de debate. La armada paraguaya contaba con 17 navíos, entre ellos varios barcos de vapor construidos en los astilleros de Asunción.[9]

El ejército paraguayo de la preguerra estaba organizado en ocho batallones de infantería de 800 hombres cada uno, cinco regimientos de caballería (nominalmente 2500 hombres) y dos regimientos de artillería con 907 hombres. Para marzo de 1865 se habían formado seis nuevos batallones de infantería y ocho regimientos de caballería adicionales.

Sin embargo, estudios recientes sugieren problemas importantes en el ejército paraguayo. Aunque contaba con entre 70 000 y 100 000 hombres al comienzo del conflicto, las tropas estaban mal equipadas. La infantería usaba mosquetes de ánima lisa, imprecisos y de corto alcance. La artillería era igualmente deficiente. No existía un sistema de mando profesional: todas las decisiones eran tomadas personalmente por López. La logística y la atención hospitalaria eran escasas o inexistentes.

La comunicación en la cuenca del Plata se hacía por vía fluvial, ya que existían muy pocos caminos. Quien controlara los ríos controlaría la guerra. Paraguay había construido fortificaciones en las márgenes del río Paraguay, especialmente la fortaleza de Humaitá.

3.2. La Triple Alianza[editar]

Al comienzo de la guerra, las fuerzas militares de Brasil, Argentina y Uruguay eran numéricamente inferiores a las paraguayas. Argentina tenía aproximadamente 8500 tropas regulares y una escuadra naval de cuatro vapores y una goleta. Uruguay entró en la guerra con menos de 2000 hombres y sin marina.

Brasil, sin embargo, contaba con una ventaja decisiva: su armada, compuesta por 45 navíos con 239 cañones y unos 4000 tripulantes entrenados. Gran parte de esta flota ya se encontraba en la cuenca del Plata, donde había participado en la intervención contra el gobierno de Aguirre.

El ejército brasileño, no obstante, estaba desorganizado y no preparado para una guerra de gran escala. Las tropas utilizadas en Uruguay eran en su mayoría contingentes de gauchos y de la Guardia Nacional.

A lo largo de la guerra, Brasil movilizó un total de aproximadamente 146 000 hombres, incluyendo 10 025 soldados del ejército destacados en Uruguay en 1864, 2047 en Mato Grosso, 55 985 Voluntarios de la Patria, 60 009 guardias nacionales, 8570 ex esclavos liberados para ser enviados a la guerra y 9177 efectivos de la marina. Otros 18 000 guardias nacionales permanecieron defendiendo el territorio brasileño.[10]

Argentina movilizó unos 30 000 soldados y Uruguay unos 5500. El total de fuerzas aliadas sumó aproximadamente 175 000 hombres.

4. Desarrollo de la guerra[editar]

4.1. Ofensiva paraguaya[editar]

Campaña del Mato Grosso

Paraguay tomó la iniciativa durante la primera fase del conflicto. El 14 de diciembre de 1864, fuerzas paraguayas invadieron la provincia brasileña de Mato Grosso.

Dos columnas paraguayas penetraron simultáneamente en Mato Grosso. Una expedición de 3248 hombres, comandada por Vicente Barrios y transportada por una escuadra naval al mando del capitán de fragata Pedro Ignacio Meza, atacó el fuerte Nuevo de Coímbra el 27 de diciembre de 1864. La guarnición brasileña de 154 hombres resistió tres días bajo el mando de Hermenegildo Portocarrero, hasta que, agotadas las municiones, abandonó el fuerte y se retiró río arriba hacia Corumbá a bordo del buque Anhambaí.

Tras ocupar el fuerte, los paraguayos avanzaron hacia el norte, tomando las localidades de Albuquerque, Tage y Corumbá en enero de 1865. Otra columna paraguaya, al mando de Martín Urbieta, atacó el puesto militar de Dourados el 29 de diciembre de 1864, donde la pequeña guarnición brasileña de 16 hombres resistió hasta la muerte.

Los paraguayos continuaron hacia Nioaque y Miranda, derrotando a las tropas brasileñas de la zona. La ciudad de Coxim fue tomada en abril de 1865.

A pesar de estas victorias, las fuerzas paraguayas no avanzaron hasta Cuiabá, la capital de la provincia. Su principal objetivo era la captura de las minas de oro y diamantes, interrumpiendo el flujo de estos materiales hacia Brasil hasta 1869.

Brasil envió una expedición para combatir a los invasores en Mato Grosso. Una columna de 2780 hombres al mando de Manuel Pedro Drago partió de Uberaba, en Minas Gerais, en abril de 1865 y llegó a Coxim en diciembre, tras una difícil marcha de más de 2000 kilómetros a través de cuatro provincias. Para entonces, los paraguayos ya habían abandonado Coxim. El coronel Carlos de Morais Camisão asumió el mando de la columna en enero de 1867 y decidió invadir territorio paraguayo, pero una fuerza de caballería paraguaya lo obligó a retirarse.

Gran parte del Mato Grosso permaneció bajo control paraguayo hasta 1868, cuando las tropas brasileñas fueron retiradas para concentrarse en el frente sur.

Invasión de Corrientes y Río Grande del Sur

La segunda fase de la ofensiva paraguaya consistió en la invasión de la provincia argentina de Corrientes y de la provincia brasileña de Río Grande del Sur. En enero de 1865, Solano López solicitó al gobierno argentino autorización para que un ejército de 20 000 hombres al mando del general Wenceslao Robles atravesara el territorio de Corrientes rumbo a Uruguay. El presidente Bartolomé Mitre rechazó la solicitud.

El 5 de marzo de 1865, el Congreso paraguayo se reunió de emergencia y el 23 de marzo declaró la guerra a Argentina. La declaración fue enviada a Buenos Aires el 29 de marzo.

El 13 de abril de 1865, una escuadra paraguaya navegó por el río Paraná y atacó dos buques argentinos en el puerto de Corrientes. Inmediatamente, las tropas del general Robles tomaron la ciudad con 3000 hombres. Dejando una guarnición de 1500 soldados, Robles avanzó hacia el sur a lo largo de la margen oriental del río.

Junto con las tropas de Robles, una fuerza de 12 000 soldados al mando del coronel Antonio de la Cruz Estigarribia cruzó la frontera argentina al sur de Encarnación en mayo de 1865, avanzando hacia Río Grande del Sur. Tomaron São Borja el 12 de junio y Uruguaiana el 6 de agosto con escasa resistencia.

Al invadir Corrientes, Solano López esperaba ganar el apoyo del poderoso caudillo argentino Justo José de Urquiza, gobernador de las provincias de Corrientes y Entre Ríos y conocido federalista hostil a Mitre. Sin embargo, Urquiza brindó su pleno apoyo a la ofensiva argentina.

El 4 de mayo de 1865, el presidente Mitre pronunció un famoso discurso ante la multitud en Buenos Aires:

«...Compatriotas, os lo prometo: en tres días estaremos en los cuarteles. En tres semanas, en las fronteras. Y en tres meses en Asunción.»

El mismo día, Argentina declaró formalmente la guerra a Paraguay. Poco antes, el 1 de mayo de 1865, Brasil, Argentina y Uruguay habían firmado en Buenos Aires el Tratado de la Triple Alianza, un pacto secreto que nombraba a Bartolomé Mitre, presidente argentino, como comandante supremo de las fuerzas aliadas.

4.2. Contraofensiva aliada[editar]

Batalla del Riachuelo

El 11 de junio de 1865 se libró la batalla naval del Riachuelo, considerada por muchos el punto de inflexión de la guerra. La flota brasileña, al mando del almirante Francisco Manuel Barroso da Silva, destruyó la armada paraguaya en las aguas del río Paraná.

La batalla fue feroz. Los buques brasileños atacaron a la escuadra paraguaya, cuyo objetivo era capturar las naves enemigas mediante abordaje. Tras horas de combate, la superioridad de fuego de la flota brasileña prevaleció. La destrucción de la marina paraguaya impidió definitivamente que Paraguay ocupara territorio argentino de forma permanente y otorgó a los aliados el control de las vías fluviales, elemento decisivo para el resto de la guerra.

Desde el punto de vista estratégico, el Riachuelo selló el destino del conflicto a favor de la Triple Alianza: la alianza controlaba desde entonces las aguas de la cuenca del Plata hasta la entrada al Paraguay.

Batalla de Yatay

Una división paraguaya de 3200 hombres al mando de Pedro Duarte, que continuaba hacia Uruguay, fue derrotada por tropas aliadas al mando de Venancio Flores en la batalla de Yatay, en las márgenes del río Uruguay, cerca de Paso de los Libres.

La derrota en Yatay fue grave para Paraguay. Francisco Solano López ordenó la retirada de las fuerzas que ocupaban Corrientes, que se replegaron hacia territorio paraguayo.

Sitio de Uruguaiana

Mientras tanto, las tropas paraguayas que habían invadido Río Grande del Sur avanzaron hacia Itaquí y Uruguaiana. La situación en Río Grande del Sur era caótica, y los comandantes militares brasileños locales fueron incapaces de oponer una resistencia efectiva.

El barón de Porto Alegre se dirigió a Uruguaiana, donde el ejército paraguayo fue sitiado por una fuerza combinada de brasileños, argentinos y uruguayos. El 18 de septiembre de 1865, la guarnición paraguaya se rindió sin derramamiento de sangre adicional.

Para fines de 1865, los paraguayos habían sido expulsados de Corrientes y San Cosme, los últimos territorios argentinos que aún mantenían ocupados.

4.3. Invasión de Paraguay y primeras batallas[editar]

En abril de 1866, las fuerzas aliadas, con aproximadamente 42 000 infantes y 15 000 jinetes, invadieron territorio paraguayo cruzando el río Paraná. El 16 de abril de 1866 comenzó la invasión.

López lanzó contraataques que fueron repelidos por el general Manuel Luis Osório, quien obtuvo victorias en las batallas de Itapirú y de Isla Cabrita. Sin embargo, el avance aliado fue detenido en la batalla de Estero Bellaco, el 2 de mayo de 1866.

Batalla de Tuyutí

Solano López, creyendo que podía asestar un golpe fatal a los aliados, lanzó una gran ofensiva con 25 000 hombres contra 35 000 soldados aliados en la batalla de Tuyutí, librada el 24 de mayo de 1866. Es considerada una de las batallas más sangrientas de la historia de América Latina.

A pesar de estar muy cerca de la victoria, el plan de López fue desbaratado por la feroz resistencia aliada y la acción decisiva de la artillería brasileña. Ambos bandos sufrieron pérdidas enormes: más de 12 000 bajas paraguayas frente a 6000 de los aliados.

Las tropas paraguayas lograron recuperarse y el 18 de julio de 1866 derrotaron a fuerzas al mando de Mitre y Flores en la batalla de Boquerón y Sauce, infligiendo más de 6000 bajas a los aliados a cambio de 2000 propias.

Sin embargo, el general brasileño Porto Alegre obtuvo la victoria en la batalla de Curuzú, dejando a los paraguayos en una situación desesperada.

Conferencia de Yataytí Corá

El 12 de septiembre de 1866, tras la derrota en Curuzú, Solano López invitó a Mitre y Flores a una conferencia en Yataytí Corá. López había comprendido que la guerra estaba perdida y estaba dispuesto a firmar un tratado de paz con los aliados.

Sin embargo, no se llegó a ningún acuerdo. Las condiciones de Mitre para firmar la paz exigían el cumplimiento de todos los artículos del Tratado de la Triple Alianza, condición que Solano López rechazó. El artículo 6 del tratado hacía prácticamente imposible una tregua con López, pues establecía que la guerra debía continuar hasta que el gobierno paraguayo cesara de existir, es decir, hasta la remoción de Solano López.

Batalla de Curupayty

Tras la conferencia, los aliados avanzaron hacia la línea defensiva de Curupayty. Confiando en su superioridad numérica, lanzaron un asalto frontal contra la línea defensiva el 22 de septiembre de 1866.

Los paraguayos, al mando del general José E. Díaz, se mantuvieron firmes en sus posiciones defensivas. El ataque aliado fue un desastre: más de 8000 bajas brasileñas y argentinas frente a no más de 250 pérdidas paraguayas.

La batalla de Curupayty fue una derrota casi catastrófica para las fuerzas aliadas, que suspendieron su ofensiva durante diez meses, hasta julio de 1867.

Los líderes aliados se culparon mutuamente por el fracaso. El general Flores partió a Uruguay en septiembre de 1866, poco después de la batalla, y fue asesinado allí en 1867. Puerto Alegre culpó a Mitre de la derrota, mientras que Mitre criticaba duramente a los generales brasileños.

4.4. La campaña de Humaitá[editar]

Caxias asume el mando

El gobierno brasileño decidió crear un mando unificado sobre las fuerzas brasileñas en Paraguay y recurrió a Luís Alves de Lima e Silva, el Marqués de Caxias, de 63 años, como nuevo líder a partir del 10 de octubre de 1866.

Caxias llegó a Itapirú el 17 de noviembre. Su primera medida fue destituir al vicealmirante Tamandaré y nombrar al almirante Joaquim José Inácio, luego Vizconde de Inhaúma, para dirigir la marina.

Caxias asumió el mando el 19 de noviembre. Encontró al ejército prácticamente paralizado y devastado por epidemias. Durante este período, entrenó a sus soldados, reorganizó el ejército con nuevo armamento, mejoró la calidad del cuerpo de oficiales y la higiene de las tropas, poniendo fin a las epidemias.

Desde octubre de 1866 hasta julio de 1867, todas las operaciones ofensivas fueron suspendidas. Las acciones se limitaron a escaramuzas y bombardeos de Curupayty. Solano López aprovechó la desorganización enemiga para reforzar la fortaleza de Humaitá.

Segunda batalla de Tuyutí

El 3 de noviembre de 1867, Solano López ordenó un ataque contra la retaguardia aliada en lo que se conoce como la segunda batalla de Tuyutí.

Las tropas paraguayas, al mando del general Bernardino Caballero, rompieron las líneas argentinas, causando enorme daño al campamento aliado y capturando armas y suministros. Solo gracias a la intervención de Porto Alegre y sus tropas, el ejército aliado logró recuperarse.

En esta batalla, los paraguayos perdieron más de 2500 hombres, mientras que los aliados tuvieron poco más de 500 bajas.

Para 1867, Paraguay había perdido 60 000 hombres por bajas en combate, heridas o enfermedades. Debido a la escasez de personal, López reclutó a otros 60 000 soldados, entre esclavos y niños. Las mujeres fueron asignadas a funciones de apoyo junto a los soldados. Muchos soldados paraguayos iban al combate sin zapatos ni uniformes. López impuso una disciplina estricta, ejecutando incluso a dos de sus hermanos y a dos de sus cuñados por presunto derrotismo.[11]

Caída de Humaitá

A mediados de 1867, Caxias inició una marcha de flanqueo alrededor de Humaitá con el objetivo de rodear la fortaleza y forzar su capitulación por asedio. Utilizó globos de observación para recopilar información sobre las líneas enemigas.

El 22 de julio de 1867, el ejército aliado inició la marcha de flanqueo. Caxias quería rodear las fortificaciones paraguayas, cortar las comunicaciones entre Asunción y Humaitá y finalmente aislar a los paraguayos.

El 2 de noviembre, las tropas brasileñas capturaron la posición paraguaya de Tahí, a orillas del río, aislando a Humaitá del resto del país por tierra.

El 19 de febrero de 1868, los acorazados brasileños lograron forzar el paso del río Paraguay bajo intenso fuego, obteniendo el control pleno del río y aislando a Humaitá del reabastecimiento por agua. Humaitá cayó finalmente el 25 de julio de 1868, tras un largo asedio.

Durante el asedio, López intentó una maniobra audaz: capturar uno o más acorazados aliados mediante técnicas de abordaje humano. El asalto a los acorazados Lima Barros y Cabral, ocurrido en la madrugada del 2 de marzo de 1868, fue un episodio notable. Canoas paraguayas camufladas con ramas, tripuladas por 1500 hombres armados con machetes y hachas, intentaron abordar los acorazados brasileños. La lucha continuó hasta el amanecer, cuando los buques de guerra Brasil, Herval, Mariz e Barros y Silvado abrieron fuego contra los paraguayos, que abandonaron el ataque tras perder 400 hombres y 14 canoas.

4.5. Caída de Asunción[editar]

La maniobra de Piquisiry

En su avance hacia Asunción, el ejército aliado se detuvo en el río Piquissiri, donde López había concentrado 12 000 paraguayos en una línea fortificada que aprovechaba el terreno.

Caxias ordenó la llamada maniobra de Piquisiry. Mientras una escuadra atacaba Angostura, el ejército cruzó a la margen occidental del río. Ordenó la construcción de un camino en los pantanos del Gran Chaco, por el cual las tropas avanzaron hacia el noreste. En Villeta, el ejército cruzó nuevamente el río, entre Asunción y Piquissiri, detrás de la línea fortificada paraguaya.

La Dezembrada

En lugar de avanzar directamente hacia la capital, que ya había sido evacuada y bombardeada, Caxias giró hacia el sur y atacó a los paraguayos por la retaguardia en diciembre de 1868, en una ofensiva que se conoció como la «Dezembrada».

Las tropas de Caxias fueron emboscadas en el cruce del Ytororó, donde los paraguayos infligieron graves daños al ejército brasileño. Días después, sin embargo, los aliados destruyeron una división paraguaya completa en la batalla de Avay. Semanas más tarde, Caxias obtuvo otra victoria decisiva en la batalla de Lomas Valentinas y capturó el último bastión del ejército paraguayo en Angostura.

El 24 de diciembre de 1868, Caxias envió una nota a Solano López pidiendo la rendición, pero López se negó y huyó a Cerro León.

Asunción fue ocupada el 1 de enero de 1869 por el general brasileño João de Souza da Fonseca Costa. El 5 de enero, Caxias entró en la ciudad con el resto del ejército. Pronto se alojaron en Asunción unos 30 000 soldados aliados, que durante los meses siguientes saquearon casi todos los edificios, incluidas misiones diplomáticas de naciones europeas.

Gobierno provisorio

Con Solano López en fuga, el país carecía de gobierno. El emperador Pedro II envió a su ministro de Relaciones Exteriores, José Paranhos, a Asunción, quien llegó el 20 de febrero de 1869 y comenzó consultas con los políticos locales.

Paranhos debía crear un gobierno provisorio que pudiera firmar un acuerdo de paz y reconocer la frontera reclamada por Brasil. El papel de Paranhos fue decisivo en la instalación del gobierno provisorio paraguayo.

El 31 de marzo se firmó una petición de 335 ciudadanos destacados pidiendo a los aliados un gobierno provisorio. Tras negociaciones entre los países aliados, el 11 de junio se acordó establecer un gobierno provisorio de tres personas. El 22 de julio, una Asamblea Nacional reunida en el Teatro Nacional eligió una Junta Nacional de 21 miembros que seleccionó a tres hombres para el gobierno provisorio: Carlos Loizaga, Juan Francisco Decoud y José Díaz de Bedoya. Decoud, por ser pro-argentino, fue reemplazado por Cirilo Antonio Rivarola por deseo de Paranhos.

El gobierno provisorio se instaló el 15 de agosto, pero fue solo una fachada para la ocupación aliada.

4.6. Guerra de guerrillas y muerte de Solano López[editar]

La Campaña de las Cordilleras

El conde de Eu, yerno del emperador Pedro II, fue designado en 1869 para dirigir la fase final de las operaciones militares en Paraguay. Al frente de 21 000 hombres, dirigió la campaña contra la resistencia paraguaya, conocida como la Campaña de las Cordilleras, que duró más de un año.

Las batallas más importantes de esta fase fueron la batalla de Piribebuy y la batalla de Acosta Ñu, en las que murieron más de 5000 paraguayos. En Acosta Ñu, librada el 16 de agosto de 1869, el ejército brasileño enfrentó a una fuerza paraguaya compuesta en gran parte por niños y ancianos, dada la escasez de hombres adultos.[12]

Muerte de Solano López

Solano López organizó la resistencia en la cordillera al noreste de Asunción. Con Paraguay sufriendo una grave escasez de armas y suministros, López reaccionó con intentos draconianos de mantener el orden, ordenando a las tropas matar a cualquier colega, incluidos los oficiales, que hablara de rendición.

Dos destacamentos fueron enviados en persecución de Solano López, que se encontraba acompañado por 200 hombres en los bosques del norte. El 1 de marzo de 1870, las tropas del general José Antônio Correia da Câmara sorprendieron el último campamento paraguayo en Cerro Corá. Durante la batalla, Solano López fue herido y separado del resto de su ejército.

Demasiado débil para caminar, fue escoltado por su ayudante y un par de oficiales hasta las orillas del arroyo Aquidaban-nigui. Los oficiales dejaron a López y a su ayudante allí mientras buscaban refuerzos.

Antes de que regresaran, Câmara llegó con un pequeño número de soldados. Aunque ofreció permitir que López se rindiera y garantizar su vida, López se negó. Gritando «¡Muero con mi patria!», intentó atacar a Câmara con su espada. Fue rápidamente abatido por los hombres de Câmara, poniendo fin al largo conflicto en 1870.[13]

Las últimas tropas leales a López se rindieron entre el 8 y 9 de marzo, al enterarse de su muerte. La guerra había terminado.

5. Consecuencias demográficas[editar]

La consecuencia más devastadora de la guerra fue la catastrófica pérdida de vidas humanas en Paraguay. Las cifras exactas son objeto de intenso debate historiográfico.

Según diferentes fuentes, Paraguay perdió entre el 50 % y el 85 % de su población. Algunas estimaciones hablan de que más del 90 % de la población masculina adulta fue eliminada. La cifra de muertos paraguayos se estima en alrededor de 300 000, de los cuales aproximadamente 120 000 fueron militares y el resto civiles.

Las estimaciones de la población paraguaya anterior a la guerra varían enormemente. Una recopilación de 14 estimaciones arroja un rango entre 300 000 y 1 337 000 habitantes. El censo de la época, fechado en 1864, indicaba 375 082 habitantes. Sin embargo, algunos historiadores sostienen que la población real era considerablemente mayor, quizá entre 500 000 y 800 000 personas.

Las pérdidas de los aliados también fueron enormes. Brasil perdió aproximadamente 100 000 hombres entre militares y civiles, Argentina unos 30 000 y Uruguay unos 10 000. Sin embargo, en proporción a su población, la pérdida paraguaya fue desproporcionadamente mayor.

La guerra afectó de manera desigual a la población paraguaya. Los hombres en edad adulta fueron diezmados, dejando una sociedad compuesta en gran parte por mujeres, niños y ancianos. La proporción de hombres a mujeres en el Paraguay de la posguerra fue profundamente desequilibrada, con cifras que hablaban de una mujer por cada hombre adulto sobreviviente en algunas zonas.

5.1. El debate sobre las cifras[editar]

La magnitud exacta de la catástrofe demográfica paraguaya ha sido objeto de un intenso debate académico. Las estimaciones sobre el porcentaje de población perdida varían desde un mínimo de 7 % (Reber, 1988) hasta un máximo de 69 % (Whigham y Potthast, 1999).

Esta variación se explica por la incertidumbre sobre la población real del Paraguay antes de la guerra. Quienes sostienen que la población era cercana a los 1 337 000 habitantes argumentan que las pérdidas fueron de más de la mitad de la población. Quienes aceptan la cifra del censo de 1864 (375 082) calculan pérdidas menores en porcentaje, aunque el número absoluto de muertos sigue siendo alto.

El censo paraguayo de 1870, levantado inmediatamente después de la guerra, arrojó cifras que reflejaban el desastre. Algunos autores sostienen que la población se redujo de 1 300 000 a 300 000 habitantes, la mayoría de ellos niños y mujeres.[14]

6. Consecuencias territoriales y diplomáticas[editar]

Paraguay perdió una parte importante de los territorios que reclamaba. Perdió definitivamente sus pretensiones sobre tierras que representaban casi el 40 % del territorio que reclamaba antes de la guerra.

Brasil obtuvo definitivamente los territorios en disputa al norte del río Apa, que hoy forman parte del estado de Mato Grosso del Sur. Argentina obtuvo definitivamente la disputada provincia de Misiones y todas las tierras en disputa al sur del río Pilcomayo, que hoy constituyen la provincia de Formosa.

Los tratados de paz se firmaron por separado. El Tratado Loizaga-Cotegipe, firmado entre Brasil y Paraguay, estableció las fronteras definitivas entre ambos países. El Tratado Machaín-Irigoyen, firmado entre Argentina y Paraguay, fijó la frontera entre esos dos países.

Paraguay fue condenado a pagar una abultada indemnización de guerra. Sin embargo, el pago se fue atrasando a través de los diferentes gobiernos de posguerra y no se llegó a efectuar en su totalidad.

La ocupación aliada de Paraguay se prolongó hasta 1876. Las tropas brasileñas permanecieron en territorio paraguayo durante seis años tras el fin de las hostilidades.

7. Consecuencias políticas y económicas[editar]

La guerra dejó a Paraguay en ruinas. La economía del país, que antes del conflicto había logrado un grado notable de desarrollo para los estándares latinoamericanos de la época, fue devastada por completo.

La ganadería, la agricultura y la industria —incluidas la fundición de hierro, los astilleros y la línea ferroviaria— quedaron destruidas o gravemente dañadas. La infraestructura del país fue arrasada por los combates y por la ocupación aliada.

El Tratado de la Triple Alianza fue cumplido en sus puntos esenciales. Paraguay perdió sus territorios en disputa, fue desarmado y debió aceptar una nueva realidad política y económica de dependencia respecto a sus vecinos.

En lo político, la guerra significó el fin del régimen de los López y la apertura de un período de inestabilidad y reconstrucción en Paraguay. El gobierno de los López había sido el centro del poder político paraguayo desde hacía más de dos décadas, y su desaparición dejó un vacío que tardó años en llenarse.

Para Brasil, la guerra consolidó su posición como potencia regional, aunque a un costo enorme en vidas y recursos. El endeudamiento brasileño se incrementó significativamente, y la cuestión de la esclavitud se vio reabierta por el reclutamiento de esclavos liberados para la guerra.

Para Argentina, la guerra significó la consolidación del Estado nacional bajo el liderazgo de Mitre y de las élites liberales, aunque el conflicto fue impopular fuera de Buenos Aires y Rosario. La guerra contribuyó a la profesionalización y nacionalización del ejército argentino.

Uruguay, bajo el gobierno de Venancio Flores y sus sucesores del Partido Colorado, se alineó definitivamente con Brasil y Argentina en el contexto regional.

8. Historiografía y controversias[editar]

La Guerra de la Triple Alianza es uno de los temas más controvertidos de la historiografía latinoamericana. Existen interpretaciones radicalmente diferentes sobre las causas del conflicto y sobre la responsabilidad de los actores.

8.1. La visión tradicional[editar]

La historiografía liberal clásica pone el acento en la agresiva política del mariscal Francisco Solano López respecto de los asuntos rioplatenses. Según esta interpretación, la guerra fue provocada por la ambición expansionista de López, quien utilizó la crisis uruguaya como pretexto para expandir la influencia paraguaya en la cuenca del Plata.

Esta visión, predominante en Brasil y en la historiografía argentina durante gran parte del siglo XX, atribuye a López la responsabilidad principal por el inicio del conflicto.

8.2. El revisionismo argentino y paraguayo[editar]

El revisionismo histórico argentino y la visión tradicional paraguaya atribuyen un papel preponderante a los intereses del Imperio británico. Según esta interpretación, la guerra fue una agresión imperialista contra el único proyecto exitoso de desarrollo autónomo en América del Sur.

El radical argentino Felipe Pigna y el uruguayo Eduardo Galeano popularizaron esta visión en obras de gran difusión. En el programa Algo habrán hecho por la historia argentina, se presenta al Paraguay prebélico como un país sin desempleo ni deuda externa, con educación gratuita y obligatoria, industrias en desarrollo y políticas proteccionistas.

Sin embargo, la historiografía moderna pone en duda la exactitud de muchas de estas afirmaciones. Los críticos señalan que la influencia británica fue más matizada de lo que el revisionismo sostiene, que el desarrollo paraguayo no era tan avanzado como se afirmaba, y que la responsabilidad de López en el estallido del conflicto no puede ignorarse.

8.3. El debate sobre la responsabilidad[editar]

Un elemento central del debate es la cuestión de la responsabilidad por el inicio de la guerra. La historiografía brasileña tradicional atribuye casi exclusivamente a López la culpa del conflicto, señalando su agresión al Mato Grosso y a Corrientes.

La historiografía paraguaya y el revisionismo argentino, por su parte, señalan que la alianza entre Brasil, Argentina y los colorados uruguayos existía desde junio de 1864, mucho antes del ataque paraguayo. Según esta interpretación, la guerra era inevitable dada la política de las potencias regionales.

El historiador brasileño Francisco Doratioto, en su obra Maldita Guerra, ofrece una interpretación matizada: reconoce la agresividad de López, pero también documenta la intervención brasileña en Uruguay y la temprana alianza con Argentina como factores que precipitaron el conflicto.

8.4. La cuestión del genocidio[editar]

Desde el siglo XX, diversas voces han calificado la guerra como una «guerra de exterminio» y como un genocidio del pueblo paraguayo. Esta interpretación sostiene que el objetivo de la guerra no era solo derrotar al gobierno de López, sino aniquilar a la población paraguaya.

Los defensores de esta tesis señalan las cifras de muertos, la destrucción sistemática del país y la persecución de civiles como evidencia de una intención genocida. Los críticos argumentan que la enorme mortandad no fue el resultado de una política deliberada de exterminio, sino de la combinación de la guerra, las enfermedades y la hambruna.

Este debate se enmarca en una discusión más amplia sobre la naturaleza del conflicto y su legado en la memoria histórica de los países involucrados.

9. La guerra en la memoria y la cultura[editar]

La Guerra de la Triple Alianza ocupa un lugar central en la memoria histórica de Paraguay. La fecha del 1 de marzo, en que murió Francisco Solano López en Cerro Corá, es conmemorada en Paraguay como el Día de los Héroes.[15]

En Paraguay, la figura de Francisco Solano López es objeto de una profunda reivindicación. Considerado por muchos paraguayos como el máximo héroe nacional, López es recordado como el defensor de la soberanía paraguaya frente a la agresión imperialista de sus vecinos. El revisionismo histórico paraguayo, representado por autores como Juan E. O'Leary y Manuel Domínguez, contribuyó a forjar esta imagen heroica desde principios del siglo XX.

En Argentina y Brasil, la guerra fue tratada durante mucho tiempo como un episodio lejano de la historia nacional, aunque en las últimas décadas ha ganado visibilidad en la historiografía y en la cultura popular. La visión sobre la guerra ha evolucionado, y hoy en día muchos historiadores argentinos y brasileños reconocen la injusticia del conflicto y la responsabilidad de sus respectivos países en la catástrofe paraguaya.

La guerra ha inspirado numerosas obras literarias, artísticas y cinematográficas. El pintor argentino Cándido López, que participó como soldado y perdió su brazo derecho en la batalla de Curupayty, dejó una notable serie de pinturas que documentan el conflicto. La novela Hijo de hombre, del escritor paraguayo Augusto Roa Bastos, galardonado con el Premio Cervantes, presenta una vívida visión del Paraguay de la guerra y la posguerra.[16]

10. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

La Guerra de la Triple Alianza ocupa un lugar importante en la historiografía y en la memoria colectiva de los países hispanohablantes, especialmente en el Cono Sur.

10.1. Denominaciones en español[editar]

En el mundo hispanohablante se utilizan diversas denominaciones para este conflicto. En Argentina, la denominación más común es «Guerra del Paraguay», mientras que en Paraguay se prefiere «Guerra Grande» o «Guerra contra la Triple Alianza». La expresión «Guerra de la Triple Alianza» es la más utilizada en la historiografía académica de habla hispana.

El término «Guerra Guasu» se utiliza en Paraguay, incorporando el vocablo guaraní guasu («grande»), reflejo de la importancia del conflicto en la memoria colectiva del país.

10.2. Historiografía en español[editar]

La producción historiográfica sobre la guerra en español es amplia y diversa. Autores argentinos como Felipe Pigna, Pacho O'Donnell y José María Rosa han contribuido a difundir la visión revisionista del conflicto. En Paraguay, autores como Juan E. O'Leary, Manuel Domínguez y más recientemente diversos historiadores profesionales han trabajado sobre el tema.

La historiografía académica brasileña, representada por autores como Francisco Doratioto y Ricardo Salles, ha sido traducida al español y ha influido en la historiografía de la región.

10.3. La guerra y la identidad paraguaya[editar]

La Guerra de la Triple Alianza es un elemento fundamental de la identidad nacional paraguaya. La conciencia de la catástrofe demográfica, la memoria de los héroes y la reivindicación de la resistencia frente a la agresión externa son componentes centrales del nacionalismo paraguayo.

El revisionismo histórico paraguayo, surgido a principios del siglo XX tras el Tratado de loizaga-Cotegipe, convirtió a Francisco Solano López en el símbolo máximo de la resistencia nacional. La frase «¡Muero con mi patria!», atribuida a López en Cerro Corá, se ha convertido en un lema nacional.

La guerra también dejó una huella profunda en el idioma guaraní, que se consolidó como idioma nacional paraguayo. Numerosas expresiones y topónimos guaraníes relacionados con la guerra forman parte del patrimonio cultural del país.

10.4. Legado en la región[editar]

En el conjunto del mundo hispanohablante, la Guerra de la Triple Alianza es considerada un ejemplo trágico de las luchas de poder en la América Latina del siglo XIX. La interpretación revisionista de la guerra como una agresión imperial contra el desarrollo autónomo de un país pequeño ha tenido amplia difusión en la izquierda latinoamericana.

La obra de Eduardo Galeano, especialmente Las venas abiertas de América Latina, contribuyó a difundir en todo el mundo hispanohablante una interpretación de la guerra como manifestación del imperialismo y del sometimiento de los pueblos latinoamericanos.

La Guerra de la Triple Alianza sigue siendo un tema de investigación y debate en las universidades del mundo hispanohablante. Cada año se publican nuevos estudios que intentan comprender las causas, el desarrollo y las consecuencias del conflicto más mortífero de la historia de América Latina.

11. Referencias y notas[editar]

Las fuentes principales para este artículo incluyen los estudios de Francisco Doratioto (Maldita Guerra, 2008), Ricardo Salles, Leslie Bethell, Thomas Whigham y los trabajos clásicos de Richard Francis Burton (Letters from the Battlefields of Paraguay, 1870), así como los trabajos del revisionismo argentino y paraguayo.


  1. En guaraní, guasu significa «grande». La denominación varía según la perspectiva nacional: «Guerra del Paraguay» es común en Brasil (en portugués, Guerra do Paraguai) y en Argentina, mientras que en Paraguay se prefiere «Guerra Grande» o «Guerra contra la Triple Alianza». La expresión «Guerra de la Triple Alianza» enfatiza el carácter de coalición de los países aliados. ↩︎

  2. Las cifras de población paraguaya anterior a la guerra son objeto de intensa disputa. Una recopilación de 14 estimaciones arrojó un rango entre 300 000 y 1 337 000 habitantes. El censo de la época indicaba 375 082 habitantes, pero algunos historiadores consideran que el Paraguay real tenía una población mayor. ↩︎

  3. Las expediciones de los bandeirantes, muchas veces con la complicidad o pasividad de las autoridades españolas, destruyeron Ontiveros, Villa Rica del Espíritu Santo, Ciudad Real del Guayrá y Santiago de Jerez, así como varias reducciones jesuíticas. ↩︎

  4. El Tratado de Madrid de 1750, firmado por España y Portugal, utilizaba nombres de ríos que no correspondían a accidentes geográficos claros. La discusión sobre cuál era el río Igurey mencionado en el tratado se prolongó durante décadas. ↩︎

  5. La línea férrea paraguaya, iniciada en 1857, llegaba dos años más tarde a Luque, en 1862 a Areguá y en octubre de 1864 a Paraguarí y Sapucai. ↩︎

  6. El revisionismo sostiene que la industrialización paraguaya estaba muy avanzada, con sectores textil, siderúrgico, papelero y de pólvora. Sin embargo, Pastore argumenta que no hay evidencia empírica para sostener la hipótesis de una industrialización consolidada y señala signos de agotamiento del modelo mercantilista en los años previos a la guerra. La existencia de trabajo forzado y de esclavos en las llamadas Estancias de la Patria es otro punto de controversia. ↩︎

  7. Eduardo Galeano popularizó esta interpretación en obras como Las venas abiertas de América Latina, publicada en 1971. La tesis sostiene que el Imperio británico financió a los aliados y suministró armas, barcos y asistencia técnica. Los bancos británicos prestaron al Imperio del Brasil más de diez millones de libras esterlinas entre 1863 y 1865, y a la Argentina 3,5 millones de libras. ↩︎

  8. La fecha exacta varía según las fuentes. La Wikipedia en español indica el 12 de noviembre de 1864 para la captura del buque, mientras que la Wikipedia en inglés señala el 13 de noviembre. La historiografía paraguaya tradicional suele tomar el 12 de noviembre, pero Richard Burton argumentó que la invasión brasileña de Uruguay del 12 de octubre de 1864 debería considerarse el inicio del conflicto. ↩︎

  9. Entre los barcos de vapor paraguayos destacaba el Tacuarí, utilizado por López como buque de mando. La marina paraguaya fue decisiva al inicio del conflicto para el transporte de tropas y para la campaña del Mato Grosso. ↩︎

  10. El reclutamiento de esclavos liberados para el ejército brasileño fue un fenómeno notable de la guerra. A los esclavos se les prometió tierra a cambio del servicio militar. Algunas fuentes revisionistas argentinas y paraguayas describen al ejército brasileño como compuesto principalmente por esclavos y personas sin tierra de la clase baja, en su mayoría de ascendencia africana. ↩︎

  11. La ejecución de sus hermanos Benigno y Venancio López, así como de dos cuñados, es uno de los episodios más oscuros y controvertidos de la guerra. Francisco Solano López los acusó de conspirar contra su gobierno. Este hecho suele citarse como evidencia del carácter autoritario del régimen lopista. ↩︎

  12. La batalla de Acosta Ñu es uno de los episodios más trágicos de la guerra. La escasez de hombres adultos en Paraguay era tal que se reclutaba a niños y adolescentes. Se ha escrito que muchos de los combatientes paraguayos en esta batalla eran niños con uniformes de adultos. ↩︎

  13. La frase atribuida a López, «¡Muero con mi patria!», es recogida por la tradición paraguaya y por numerosos relatos históricos. Algunos autores cuestionan si realmente la pronunció, dada la confusión del momento. El episodio de Cerro Corá es central en la memoria histórica paraguaya. ↩︎

  14. El historiador argentino Felipe Pigna argumenta que la población paraguaya se redujo de 1,3 a 0,3 millones, «la mayoría solo niños y mujeres». Esta cifra es disputada por historiadores que cuestionan la magnitud de la población prebélica. ↩︎

  15. El 1 de marzo se conmemora en Paraguay el Día de los Héroes, en homenaje a Francisco Solano López y a los combatientes paraguayos de la guerra. ↩︎

  16. Cándido López (1840-1902) es considerado uno de los más importantes pintores de tema bélico de América Latina. Sus obras, realizadas con la mano izquierda tras perder la derecha en combate, son una fuente iconográfica de primer orden para el estudio de la guerra. ↩︎