Guerra del Pacífico
| Guerra del Pacífico | |
|---|---|
| Fecha | 5 de abril de 1879 – 20 de octubre de 1883 (Perú) 4 de abril de 1884 (Bolivia) |
| Lugar | Costa y mar de Bolivia; costa, mar y sierra del Perú |
| Resultado | Victoria de Chile |
| Consecuencias territoriales | Chile adquiere Tarapacá y administra temporalmente Tacna y Arica; Bolivia entrega el Departamento del Litoral y pierde su acceso soberano al océano Pacífico. |
| Beligerantes | Bolivia y Perú Chile |
| Comandantes principales | Bolivia: Hilarión Daza, Narciso Campero Perú: Mariano Ignacio Prado, Nicolás de Piérola, Andrés Avelino Cáceres, Miguel Grau Chile: Aníbal Pinto, Domingo Santa María, Manuel Baquedano, Arturo Prat |
| Bajas estimadas | Aliados: entre 12 934 y 18 213 muertos; entre 7 891 y 7 896 heridos. Chile: entre 2 425 y 2 791 muertos; entre 6 247 y 7 193 heridos. |
1. Resumen[editar]
La Guerra del Pacífico, también llamada Guerra del Salitre —o Guerra del Guano y del Salitre en parte de la historiografía peruana—, fue un conflicto armado que enfrentó entre 1879 y 1884 a Chile contra la alianza de Bolivia y Perú. Se desarrolló en el océano Pacífico, en el desierto de Atacama y en la costa, la sierra y los valles del Perú.
El resultado fue la victoria de Chile. Bolivia perdió su salida soberana al mar al ceder el Departamento del Litoral y Antofagasta; Perú cedió el Departamento de Tarapacá de forma permanente y quedó con las provincias de Arica y Tacna bajo administración chilena temporal. Los límites definitivos entre Chile y Bolivia se fijaron en el Tratado de 1904, y el destino de Tacna y Arica se resolvió en el Tratado de Lima de 1929: Tacna volvió al Perú y Arica quedó en poder de Chile.
Aunque el impuesto de los diez centavos impuesto por Bolivia a una empresa salitrera chilena y el tratado secreto peruano-boliviano de 1873 aparecen como detonantes directos, las causas de fondo incluyen la indefinición de las fronteras coloniales, el creciente valor mundial del salitre y del guano, y las diferencias políticas y económicas entre Chile, por un lado, y Perú y Bolivia, por otro. La guerra tuvo lugar en un desierto casi despoblado y sin agua, por lo que el control del mar resultó decisivo antes de cualquier campaña terrestre.
2. Antecedentes[editar]
Conflicto limítrofe boliviano-chileno[editar]
Al iniciarse la época republicana, Bolivia y Chile aceptaban que sus fronteras debían corresponder a las de la administración hispánica, según el principio de uti possidetis iuris. Sin embargo, la administración colonial no había fijado límites precisos entre regiones lejanas, mal conocidas y poco habitadas. Chile señaló en su constitución de 1822 el despoblado de Atacama como su límite norte, mientras que Bolivia consideró desde 1825 la zona costera como parte de la provincia de Potosí.
A comienzos de la década de 1840 se descubrieron en Tarapacá y Antofagasta grandes acumulaciones de guano y salitre, fertilizantes muy demandados en el mercado mundial. Los incidentes y reclamos entre Bolivia y Chile se sucedieron en los años siguientes, con argumentos basados en documentos coloniales y en la jurisdicción de la Audiencia de Charcas o de la Capitanía General de Chile. Las tensiones llegaron a tal punto que el 25 de junio de 1863 la Asamblea Legislativa boliviana autorizó al ejecutivo a declarar la guerra a Chile, aunque solo después de agotar la vía diplomática.
La guerra hispano-sudamericana, en la que Perú y Chile se alinearon contra España y a la que pronto se adhirieron Bolivia y Ecuador, puso un paréntesis al conflicto limítrofe. Tras ese conflicto, Bolivia y Chile reanudaron las negociaciones.
Tratados de límites de 1866 y 1874[editar]
El 10 de agosto de 1866, Bolivia y Chile firmaron un primer tratado de límites. Fijó el paralelo 24°S como frontera y estableció que ambos países compartirían a medias los derechos de exportación de minerales extraídos entre los paralelos 23°S y 25°S. En 1871, el gobernante boliviano Mariano Melgarejo, bajo cuyo gobierno se firmó el acuerdo, fue derrocado por Agustín Morales. La nueva administración boliviana consideró nulos los actos del gobierno anterior, entre ellos el tratado de 1866 y la licencia de explotación otorgada a la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta (CSFA). Sin embargo, como no podía abrogarse un acuerdo internacional de manera unilateral, Bolivia abrió negociaciones con Chile.
El 5 de diciembre de 1872 se firmó el acuerdo Corral-Lindsay, aprobado en Chile pero rechazado en Bolivia por influencia del Perú, que buscaba un arreglo más favorable para Bolivia o una mediación peruana-argentina. Finalmente, el 6 de agosto de 1874, ambos países firmaron un nuevo tratado de límites. Chile renunció al 50 % de los impuestos en la franja 23°S-24°S a cambio de que Bolivia se comprometiera a no incrementar los impuestos a los capitales y negocios chilenos durante 25 años. La frontera permaneció en el paralelo 24°S. Un protocolo adicional de 1875 previó el arbitraje para resolver divergencias en la aplicación del tratado.
El artículo 4 del tratado de 1874 fue el centro de la crisis posterior, al prohibir nuevos gravámenes o aumentos tributarios a las empresas chilenas durante veinticinco años.[1]
El Tratado de Alianza Secreto entre Perú y Bolivia de 1873[editar]
El 6 de febrero de 1873, Perú y Bolivia firmaron un tratado secreto de alianza defensiva. El historiador peruano Jorge Basadre señala que uno de los motivos del Perú fue el temor a que Bolivia se aliara con Chile y que, en tal caso, Tacna y Arica pasaran a Bolivia mientras Antofagasta quedaba para Chile. El tratado mantuvo su última cláusula en reserva mientras ambos países consideraran innecesaria su publicación.
Argentina fue invitada a adherirse. La Cámara de Diputados argentina aprobó la adhesión y una partida presupuestaria de 6 000 000 de pesos fuertes para la guerra, pero el Senado la rechazó o la postergó; entre los motivos posibles estaba la disputa entre Bolivia y Argentina por la zona de Tarija. En 1875 y 1878, al reavivarse las tensiones por la Patagonia, Argentina intentó ingresar al pacto, pero Perú rechazó la iniciativa. Al comienzo de la guerra, Perú y Bolivia proyectaron ofrecer a Argentina los territorios chilenos entre los paralelos 24°S y 27°S a cambio de su ingreso al conflicto.
La interpretación del tratado es muy discutida. Algunos historiadores lo consideran legítimo, defensivo y conocido por Chile desde un comienzo; otros lo califican de agresivo, oculto a Chile y determinante para la guerra. Entre los motivos de controversia se cuentan el secreto, la invitación a Argentina y la negativa peruana a permanecer neutral cuando Bolivia no había cumplido plenamente el acuerdo de 1873.
El monopolio peruano del salitre[editar]
Los ingresos peruanos por la exportación de guano, sostén histórico de su economía, comenzaron a caer en la década de 1870. El gobierno de Manuel Pardo creó en 1873 un estanco del salitre para regular la producción y los precios, pero la ley fue retirada porque sus costos superaban los beneficios. En 1875, el gobierno peruano decidió estatizar las empresas salitreras de Tarapacá para controlar el precio del nitrato.
El proyecto peruano chocó con la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta (CSFA), empresa chilena con sede en Valparaíso y un 34 % de capital británico de la Casa Gibbs de Londres. La CSFA había obtenido el 27 de noviembre de 1873 una licencia boliviana para explotar los depósitos de nitrato del Salar del Carmen y Las Salinas en Antofagasta, libre de impuestos por 15 años, además del derecho a construir un ferrocarril desde Antofagasta al interior.
Las salitreras operadas por la CSFA en Bolivia impedían al Perú controlar el precio internacional del nitrato. Por eso, el gobierno peruano intentó usar su influencia sobre Bolivia para eliminar esa competencia. A través de un testaferro, Henry Meiggs, Perú compró licencias de explotación en el sector de Toco, al sur del río Loa, y buscó impedir la firma del tratado de límites de 1874 o imponer una mediación peruano-argentina. La Casa Gibbs, que también era consignataria del salitre peruano en Europa, presionó a la gerencia de la CSFA para limitar su producción y le advirtió sobre dificultades administrativas provenientes de un gobierno vecino si no reducía sus expectativas.
3. La crisis de 1878-1879[editar]
El impuesto de los 10 centavos[editar]
En 1875, la municipalidad de Antofagasta intentó imponer a la CSFA un impuesto de 3 centavos por quintal exportado. El Consejo de Estado de Bolivia, presidido por Serapio Reyes Ortiz, lo rechazó por violar el Tratado de 1874 y la licencia de 1873. Un segundo intento municipal de 1878, por alumbrado público, quedó suspendido durante la crisis tras el depósito de 200 pesos bolivianos.
El 14 de febrero de 1878, la Asamblea Nacional Constituyente boliviana aprobó la licencia a la CSFA con la condición de que pagara un impuesto mínimo de 10 centavos por quintal de salitre exportado. La medida violaba abiertamente el Tratado de 1874 y la licencia de 1873. La CSFA se negó a pagar y solicitó la representación del gobierno chileno, lo que desató un conflicto diplomático.
El gobierno de Hilarión Daza sostuvo que el asunto era interno y correspondía a los tribunales bolivianos. Chile protestó y pidió arbitraje, insistiendo en que la violación del tratado podía hacerlo nulo. El 8 de noviembre de 1878, el canciller chileno envió una nota advirtiendo que, si se insistía en cobrar el impuesto, el Tratado de 1874 quedaría sin efecto y renacerían los derechos chilenos anteriores a 1866. Ambas partes mencionaron el arbitraje, pero no llegó a concretarse: Chile exigía la suspensión del impuesto mientras se determinaba su legalidad, y Bolivia exigía el retiro del blindado chileno Blanco Encalada de la bahía de Antofagasta.
Ocupación chilena de Antofagasta[editar]
El 6 de febrero de 1879, el gobierno boliviano rescindió el contrato con la CSFA y ordenó embargar y rematar sus bienes para cobrar los impuestos acumulados desde febrero de 1878. El presidente chileno Aníbal Pinto ordenó entonces la ocupación de Antofagasta. El 14 de febrero de 1879, 200 soldados chilenos tomaron el puerto sin resistencia, en medio del respaldo de una población mayoritariamente chilena. La guarnición boliviana se retiró al interior.
Chile consolidó la ocupación de los territorios entre los paralelos 23°S y 24°S, que consideraba suyos tras la violación del tratado. Luego, tras la declaración de guerra boliviana, continuó el avance hacia el norte. El 21 de marzo fueron ocupados simultáneamente Cobija y Tocopilla, ambos sin resistencia. El 23 de marzo tuvo lugar el combate de Calama, en el que fuerzas chilenas vencieron a un grupo de milicianos bolivianos; allí murió el civil boliviano Eduardo Abaroa, convertido posteriormente en figura del panteón patriótico boliviano.
Mediación peruana y declaraciones de guerra[editar]
El 16 de febrero de 1879 llegó a Lima el ministro boliviano Serapio Reyes para exigir al gobierno peruano el cumplimiento del tratado de alianza de 1873. La noticia de la ocupación llegó a La Paz el 22 de febrero. El 26 de febrero, Hilarión Daza decretó el estado de sitio en Bolivia.
Perú trató de persuadir a Bolivia para someter el asunto a arbitraje y, al mismo tiempo, ordenó alistar su armada y su ejército. Para mediar, envió a José Antonio de Lavalle a Chile con la condición de que Chile se retirara de Antofagasta, pero sin garantía de que Bolivia suspendiera el impuesto o levantara el embargo. El canciller chileno preguntó a Lavalle por la existencia de un tratado secreto con Bolivia; Lavalle evitó responder.
El 1 de marzo, el gobierno boliviano emitió un decreto por el que declaró el estado de guerra contra Chile, interrumpió el comercio y las comunicaciones, ordenó la expulsión de los residentes chilenos y embargó sus bienes, propiedades e inversiones. El 5 de abril, Chile declaró la guerra a Bolivia y al Perú: a Bolivia por la imposibilidad de llegar a un acuerdo y al Perú por no declarar su neutralidad y considerar la espera del congreso peruano como una maniobra para ganar tiempo. El 6 de abril, el Perú declaró el casus foederis, es decir, la entrada en vigor de la alianza secreta con Bolivia.
4. Desarrollo[editar]
Fuerzas enfrentadas[editar]
Ninguno de los beligerantes estaba preparado para una guerra, ni financiera ni militarmente. Ninguno tenía un Estado Mayor, ni suficientes ambulancias, ni un servicio de abastecimiento, y los buques de guerra estaban en mal estado. En el caso chileno, la dotación militar efectiva se había reducido de 3 776 a 2 400 soldados entre 1867 y 1879, y ninguna unidad estaba estacionada al norte de Valparaíso, a más de 1 700 km de Iquique.
La población en 1879 era de aproximadamente 1 196 694 habitantes en Bolivia, 2 311 789 en Chile y 2 916 681 en Perú. Según William Sater, Chile y Perú enlistaron temporalmente al 2 % de su población masculina, y Bolivia solo al 1 %.
En enero de 1879, antes de la guerra, los ejércitos regulares contaban con 2 440 soldados en Chile, 5 557 en Perú y 1 687 en Bolivia[sin verificar]. Para enero de 1881, en vísperas de la ocupación de Lima, Chile tenía unos 27 000 hombres ante la capital peruana, 8 000 en Tarapacá y Antofagasta y 6 000 en Chile; el ejército peruano de Lima sumaba entre 25 000 y 35 000 hombres, y había otros 13 000 en Arequipa.
A primera vista, los aliados tenían ventajas: su población y sus tropas doblaban en número a las chilenas, y el puerto peruano del Callao ofrecía una base casi inexpugnable y un dique flotante para reparar naves. La prensa internacional en un comienzo dio por segura la derrota de Chile. Sin embargo, Chile poseía un sistema político estable desde 1833, oficiales formados, tropas con experiencia en la guerra de Arauco y armamento uniforme; casi todos los fusiles chilenos eran Comblain o Gras, con munición metálica de 11 mm y bayoneta. La Armada de Chile contaba con los dos blindados Cochrane y Blanco Encalada, cuyo blindaje los hacía casi invulnerables a los buques peruanos de la época. En los ejércitos aliados, en cambio, había varios tipos de fusiles con municiones distintas y a veces sin bayoneta, lo que dificultaba la instrucción, el mantenimiento y el abastecimiento.
Campaña naval[editar]
Antes de cualquier operación en el desierto de Atacama, era necesario controlar los mares, porque el territorio era casi desprovisto de agua y de caminos. La campaña naval enfrentó únicamente a las escuadras de Chile y del Perú, ya que Bolivia no tenía marina. El poder chileno se basaba en las fragatas blindadas gemelas Cochrane y Blanco Encalada, acompañadas por corbetas, cañoneras y la goleta Covadonga. La escuadra peruana estaba encabezada por la fragata blindada Independencia y el monitor blindado Huáscar, apoyados por otras naves de madera.
Chile bloqueó el puerto peruano de Iquique desde el 5 de abril de 1879 y bombardeó puertos cercanos. El 16 de mayo, el grueso de la flota chilena zarpó hacia el Callao para enfrentar a la escuadra peruana, dejando en Iquique a los buques más débiles. Ese mismo día, los dos buques capitales peruanos salieron del Callao rumbo a Arica; ambas fuerzas se cruzaron sin avistarse. Al enterarse el alto mando peruano de que solo naves menores bloqueaban Iquique, ordenó a sus buques romper el bloqueo.
El 21 de mayo de 1879 se libraron dos combates simultáneos. En el combate naval de Iquique, el monitor peruano Huáscar hundió a la corbeta chilena Esmeralda, en el que murió el comandante chileno Arturo Prat. En el combate naval de Punta Gruesa, la fragata peruana Independencia encalló al perseguir a la goleta chilena Covadonga y quedó fuera de combate. Perú rompió el bloqueo de Iquique y Chile perdió la Esmeralda, pero la pérdida de la Independencia costó al Perú cerca del 40 % de su capacidad naval ofensiva.
La captura del transporte chileno Rímac por el Huáscar y la corbeta Unión el 23 de julio de 1879 causó una grave crisis en Chile y llevó a la renuncia del jefe de la escuadra chilena, Juan Williams Rebolledo. Su reemplazante, Galvarino Riveros Cárdenas, preparó un plan para dar caza al Huáscar. En el combate de Angamos, el 8 de octubre de 1879, la escuadra chilena capturó al Huáscar, en cuya defensa murió el almirante peruano Miguel Grau. Con ello, Chile obtuvo el dominio del mar, requisito indispensable para trasladar tropas y abastecer las sucesivas campañas terrestres.
Campaña de Tarapacá[editar]
Una vez asegurado el control naval, Chile avanzó sobre la provincia peruana de Tarapacá. La fase culminante de la campaña se desarrolló en noviembre de 1879. El 2 de noviembre se produjo el desembarco y asalto de Pisagua, seguido por los enfrentamientos de San Francisco / Dolores y de Tarapacá. Aunque en esta última acción las fuerzas peruanas lograron un éxito parcial, el ejército peruano se replegó hacia Arica. Antes de que terminara 1879, la provincia de Tarapacá quedó bajo ocupación chilena.
Campaña de Tacna y Arica[editar]
A comienzos de 1880 las operaciones se concentraron en Tacna y Arica. El 26 de mayo de 1880 se libró la batalla de Tacna, conocida en Bolivia como batalla del Alto de la Alianza, en la que las fuerzas chilenas derrotaron al ejército aliado peruano-boliviano. Después de esa derrota, Bolivia abandonó militarmente la guerra y el Perú continuó la lucha en solitario.
Poco después, las fuerzas chilenas atacaron el puerto y el morro de Arica. La plaza fue defendida por una guarnición peruana al mando del coronel Francisco Bolognesi, que murió en combate. La caída de Arica, el 7 de junio de 1880[sin verificar], dejó a Chile el control de la costa sur del Perú y eliminó una base aliada relevante.
Campaña de Lima[editar]
La ocupación chilena avanzó hacia la capital peruana. En enero de 1881, las fuerzas chilenas lograron vencer al ejército peruano en las batallas de San Juan y Chorrillos y de Miraflores, libradas aproximadamente el 13 y 15 de enero de 1881, tras lo cual Lima fue ocupada. Desde la capital, las autoridades chilenas organizaron la administración de la ocupación y buscaron negociar la salida del conflicto con sectores peruanos, mientras otros grupos continuaron resistiendo.
La campaña de la Breña[editar]
Después de la ocupación de Lima, la guerra entre Chile y Perú continuó durante casi dos años más en la sierra central peruana. Fuerzas regulares remanentes, guerrillas y montoneras peruanas, dirigidas en gran parte por el general Andrés Avelino Cáceres, enfrentaron a las columnas chilenas de ocupación en la llamada campaña de la Breña. En esa fase predominaron las acciones irregulares, la requisa apropiada y la resistencia de poblaciones andinas, mientras el país peruano se debatía entre aceptar la paz o seguir combatiendo. La campaña se extendió hasta la firma del Tratado de Ancón en 1883.
5. Consecuencias[editar]
Cambios territoriales[editar]
Por el Tratado de Ancón, firmado el 20 de octubre de 1883, el Perú cedió perpetuamente a Chile el Departamento de Tarapacá y aceptó que las provincias de Arica y Tacna quedaran bajo administración chilena por un período de diez años, tras el cual un plebiscito debía decidir su destino final. Los términos del plebiscito nunca se cumplieron plenamente y la cuestión quedó abierta durante décadas.
Al año siguiente, Bolivia y Chile firmaron el Pacto de Tregua de 1884, que puso fin formal al estado de guerra entre ambos. Por ese acuerdo, Bolivia aceptó la anexión chilena de la franja entre los paralelos 23°S y 24°S, y la ocupación militar chilena de la zona entre el río Loa y el paralelo 23°S, cuya soberanía quedó en disputa. En la práctica, Bolivia perdió el Departamento del Litoral y se convirtió en un país sin acceso soberano al océano Pacífico.
Estos acuerdos no cerraron definitivamente las fronteras. El Tratado de 1904 entre Chile y Bolivia fijó los límites de forma definitiva y consolidó la mediterraneidad boliviana. El Tratado de Lima de 1929, por su parte, resolvió la suerte de Tacna y Arica: Tacna fue devuelta al Perú y Arica quedó en manos de Chile.
Consecuencias políticas y económicas[editar]
Chile incorporó los ricos territorios salitreros de Tarapacá y Antofagasta, y el salitre se convirtió en su principal fuente de riqueza durante las décadas siguientes. La guerra también fortaleció la influencia militar y política de Chile en América del Sur y confirmó la superioridad tecnológica y organizativa de su ejército y su armada.
Para el Perú, la derrota abrió el período conocido como la Reconstrucción Nacional, marcado por una grave crisis económica, la ocupación parcial del territorio y una posterior guerra civil entre las facciones peruanas que habían discrepado durante el conflicto. La guerra también provocó la expulsión de residentes chilenos de Perú y Bolivia en 1879, lo que agravó el clima de enfrentamiento.
Para Bolivia, la pérdida del Litoral implicó la ruptura de su continuidad territorial hacia el Pacífico y quedó como una herida política e identitaria de largo plazo. El período posterior a la guerra inició, según algunas lecturas, una etapa de estabilidad política boliviana, aunque bajo la tutela de intereses conservadores y mineros.
6. Tratados posteriores y disputas derivadas[editar]
Los acuerdos de 1883 y 1884 fueron solo el primer cierre del conflicto. La suerte de Tacna y Arica generó una disputa diplomática que se prolongó durante más de cuarenta años. El Tratado de Lima de 1929 estableció una línea de frontera definitiva entre Perú y Chile y dispuso la construcción de obras de cooperación entre ambos países.
En el caso boliviano, la firma del Tratado de 1904 implicó el reconocimiento boliviano de la soberanía chilena sobre los territorios en disputa. Aun así, la reivindicación de una salida soberana al mar permaneció como un tema recurrente en la política exterior boliviana. El asunto ha dado lugar a negociaciones, quiebres de relaciones diplomáticas y presentaciones ante tribunales internacionales ya en los siglos XX y XXI, aunque el estatus jurídico de esos reclamos es posterior al período de la guerra y escapa a este artículo.
7. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
La Guerra del Pacífico ocupa un lugar central en la memoria histórica de los tres países involucrados. En Perú, el conflicto se estudia como una experiencia traumática vinculada a la pérdida de Tarapacá y a la ocupación de Lima; la figura de Miguel Grau y la defensa del morro de Arica son parte del relato patriótico nacional. En Bolivia, la guerra se asocia a la pérdida del Litoral y a la figura de Eduardo Abaroa como símbolo de resistencia. En Chile, la victoria consolidó un discurso de excepcionalidad militar e institucional y dejó como héroes navales a Arturo Prat y su tripulación.
La denominación del conflicto varía según la tradición historiográfica. En la historiografía peruana se usan también Guerra del Guano y del Salitre o Guerra del Salitre; en otras tradiciones se habla de Guerra del Pacífico a secas, y en inglés se la conoce como War of the Pacific. El nombre Guerra de los Diez Centavos alude al impuesto boliviano que sirvió de detonante, pero es menos común en la historiografía académica.
La producción cultural en torno a la guerra es extensa en la región. Incluye investigaciones de historiadores como Gonzalo Bulnes y Jorge Basadre, novelas, memoriales militares, iconografía patriótica y monumentos en ciudades como Lima, Arica, Iquique, Antofagasta y La Paz. La conmemoración del 21 de mayo, en Chile, y del 8 de octubre, en Perú, mantiene viva la memoria naval del conflicto en el calendario cívico hispanoamericano.
El texto del artículo 4, citado en la historiografía, establecía que los derechos de exportación sobre minerales explotados en la zona no excederían los vigentes y que los ciudadanos, las industrias y los capitales chilenos no serían sometidos a otras contribuciones durante veinticinco años. ↩︎