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Helicobacter pylori

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Helicobacter pylori
DominioBacteria
FiloPseudomonadota
ClaseEpsilonproteobacteria
OrdenCampylobacterales
FamiliaHelicobacteraceae
GéneroHelicobacter
EspecieHelicobacter pylori
Nombre binomialHelicobacter pylori
(Marshall et al. 1985) Goodwin et al. 1989
SinónimosCampylobacter pylori
Campylobacter pyloridis
FormaBacilo espiral o helicoidal
Tinción de GramNegativa
Longitud≈ 3 µm
Diámetro≈ 0,5 µm
FlagelosVarios flagelos polares, en general de dos a siete
OxígenoMicroaerófila
Enzimas relevantesUreasa, oxidasa, catalasa
Genoma≈ 1,7 millones de pares de bases en la cepa 26695

1. Resumen[editar]

Helicobacter pylori es una bacteria gramnegativa de forma helicoidal o espiral que coloniza de manera persistente la mucosa gástrica humana. Su morfología le permite desplazarse a través de la capa de moco que protege el epitelio del estómago; una vez allí, produce la enzima ureasa, que transforma la urea en amoniaco y dióxido de carbono. Esa reacción reduce localmente la acidez gástrica y facilita la supervivencia de la bacteria, al tiempo que genera una respuesta inflamatoria local.

La infección por H. pylori es una de las más extendidas del mundo. Se estima que una proporción importante de la población mundial está infectada, aunque la mayoría de los portadores permanece asintomática. La colonización prolongada se asocia con gastritis, úlcera péptica, linfoma de tejido linfoide asociado a mucosas (linfoma MALT) y cáncer gástrico. Por esta relación, la bacteria está clasificada como carcinógeno del grupo I por la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer.

El descubrimiento moderno y la vinculación causal de H. pylori con la úlcera péptica transformaron la gastroenterología. En 2005, los médicos e investigadores australianos Barry Marshall y Robin Warren recibieron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por demostrar el papel de la bacteria en la gastritis y la enfermedad ulcerosa péptica.[1]

2. Origen del nombre y taxonomía[editar]

El microorganismo fue denominado inicialmente Campylobacter pyloridis y luego corregido a Campylobacter pylori por razones de concordancia gramatical latina. En 1989, al compararse su material genético, se observó que no pertenecía al género Campylobacter, por lo que fue transferido al nuevo género Helicobacter y renombrado Helicobacter pylori. El nombre genérico hace alusión a la forma helicoidal de la bacteria, mientras que el epíteto pylori deriva del píloro, la válvula que comunica el estómago con el duodeno.[2]

La autoridad binomial, es decir, la referencia formal de la nomenclatura, es (Marshall et al. 1985) Goodwin et al. 1989. Esto refleja la descripción inicial como Campylobacter pylori por Marshall y colaboradores en 1985 y la reclasificación posterior efectuada por Goodwin y colaboradores en 1989.

3. Historia[editar]

3.1 Primeras evidencias[editar]

Las primeras observaciones de bacterias espirales en el estómago humano datan del siglo XIX. En 1875, científicos alemanes describieron bacterias espirales en el epitelio gástrico, pero no lograron cultivarlas, lo que hizo que el hallazgo cayera en el olvido.[3] En 1892, el investigador italiano Giulio Bizzozero describió bacterias espirales en el ambiente ácido del estómago de perros.

En 1899, el profesor Walery Jaworski, de la Universidad Jaguelónica de Cracovia, identificó en sedimentos de lavados gástricos humanos bacterias con forma espiral a las que denominó Vibrio rugula. Jaworski fue el primero en proponer una posible participación de este microorganismo en enfermedades gástricas, aunque su trabajo, publicado en polaco, tuvo escasa difusión internacional.[4]

3.2 Redescubrimiento y cultivo[editar]

El patólogo australiano Robin Warren redescubrió la bacteria en 1979 al observarla en biopsias de estómago. A partir de 1981, Barry Marshall se sumó a sus investigaciones, y ambos consiguieron aislar y cultivar el microorganismo. En 1983 publicaron en The Lancet la descripción de bacilos curvos no identificados en el epitelio gástrico de pacientes con gastritis crónica activa. Los autores sostuvieron que muchas gastritis y úlceras gástricas estaban causadas por la colonización bacteriana del estómago, y no por el estrés o la comida picante, como se sostenía entonces.[5]

En un experimento que se volvió célebre en la historia de la medicina, Marshall ingirió un cultivo de H. pylori, desarrolló gastritis y recuperó la bacteria de su propia mucosa gástrica. Con ello satisfizo tres de los cinco postulados de Koch y aportó evidencia directa del papel causal de la bacteria. La gastritis de Marshall se resolvió con un tratamiento que él mismo ayudó a desarrollar, basado en sales de bismuto y antibióticos.[6]

3.3 Reconocimiento internacional[editar]

Durante años, la comunidad médica fue reacia a aceptar que una bacteria pudiera sobrevivir de forma prolongada en el medio ácido del estómago y causar úlceras. El cambio de consenso se produjo a partir de estudios posteriores que confirmaron la hipótesis de Warren y Marshall. En 1994, los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos concluyeron que las úlceras gástricas más comunes eran causadas por H. pylori y recomendaron incluir antibióticos en el tratamiento.

Antes de esa comprobación, la úlcera péptica se trataba principalmente con fármacos que neutralizaban la acidez o reducían su secreción. Esos tratamientos aliviaban los síntomas, pero con frecuencia la úlcera reaparecía al suspenderse la medicación.[7] En 2005, Marshall y Warren fueron galardonados con el Premio Nobel de Medicina por el descubrimiento de la bacteria y su papel en la gastritis y la enfermedad ulcerosa péptica.

4. Microbiología y estructura[editar]

4.1 Morfología y movilidad[editar]

H. pylori es una bacteria gramnegativa de forma espiral o helicoidal, aunque puede adoptar una morfología en S. Mide alrededor de 3 micrómetros de largo y unos 0,5 micrómetros de diámetro.[8] Presenta varios flagelos polares, generalmente entre cuatro y seis según algunas fuentes y entre dos y siete según otras.[9] Es microaerófila: requiere oxígeno para crecer, pero en concentraciones más bajas que las atmosféricas. Es positiva para oxidasa y catalasa, y puede utilizar hidrógeno molecular como fuente de energía.[10]

La forma helicoidal, junto con los flagelos, le permite desplazarse a través de la capa de moco gástrico. La bacteria produce adhesinas, proteínas que le permiten fijarse a las células epiteliales del estómago. Bajo determinadas condiciones, H. pylori puede transformarse en una forma cocoide inactiva, considerada viable pero no cultivable, que le ayuda a evadir la respuesta inmunitaria y a persistir en el medio gástrico.[11] También tiene capacidad de formar biopelículas, estructuras que dificultan la acción de los antibióticos y pueden contribuir al fracaso terapéutico.[12]

4.2 Ureasa y adaptación al medio ácido[editar]

La enzima más abundante de H. pylori es la ureasa. Representa una proporción notable del contenido proteico total de la célula bacteriana. La ureasa cataliza la reacción:

CO(NH₂)₂ + H₂O → 2NH₃ + CO₂

Es decir, convierte la urea en amoniaco y dióxido de carbono. El amoniaco neutraliza parcialmente el ácido gástrico y crea un microentorno menos ácido alrededor de la bacteria. Sin embargo, el amoniaco es tóxico para las células epiteliales, por lo que contribuye al daño de la superficie mucosa y al desarrollo de las úlceras.[13]

En presencia de una gran producción de ácido, la bacteria tiende a colonizar cerca del antro pilórico, lejos de las células parietales del cuerpo gástrico que secretan ácido. En personas con secreción ácida normal o reducida, puede colonizar otras regiones del estómago.

4.3 Factores de virulencia[editar]

H. pylori posee numerosos factores de virulencia, entre ellos los flagelos, la ureasa, adhesinas y las toxinas CagA y VacA. Las cepas que expresan CagA y VacA se asocian con desenlaces clínicos más avanzados y con mayor riesgo de enfermedad ulcerosa y cáncer gástrico.

La proteína CagA es inyectada al interior de las células epiteliales del estómago mediante un sistema de secreción de tipo IV codificado por la llamada isla de patogenicidad Cag. Una vez dentro de la célula huésped, CagA es fosforilada en residuos de tirosina y altera el citoesqueleto celular, la transducción de señales y la expresión génica.[14]

VacA es una citotoxina vacuolizante que induce la formación de vacuolas en las células epiteliales y modula la respuesta inmunitaria. La presencia de VacA y CagA se asocia con lesiones epiteliales más graves y con una inflamación más intensa.

4.4 Genoma y cepas[editar]

Existe una gran diversidad de cepas de H. pylori, y se han secuenciado numerosos genomas completos. El genoma de la cepa de referencia 26695 consta de aproximadamente 1,7 millones de pares de bases y contiene alrededor de 1.550 a 1.600 genes, según la base de datos empleada.[15] Las dos primeras cepas secuenciadas muestran diferencias genéticas considerables: más del 6 % de los nucleótidos difieren entre ellas.

El análisis pangenómico de varias cepas secuenciadas ha identificado más de dos mil familias de proteínas. De ellas, cerca de 1.248 están conservadas en todas las cepas analizadas y constituyen el genoma central, mientras que el resto forma parte del genoma accesorio.[16]

La isla de patogenicidad Cag tiene un tamaño de unas 40 kilobases y contiene alrededor de 40 genes. Suele estar ausente en cepas aisladas de personas con infecciones asintomáticas. El gen cagA, localizado en esta isla, codifica una proteína de aproximadamente 1.186 aminoácidos. Se cree que el bajo contenido de GC de cagA en comparación con el resto del genoma indica que fue adquirido por transferencia genética horizontal desde otra bacteria.[sin verificar]

5. Infección, patogenia y cuadro clínico[editar]

5.1 Vías de transmisión[editar]

La bacteria ha sido aislada de heces, saliva y placa dental de pacientes infectados, lo que sugiere una transmisión oral-oral o fecal-oral como vía probable. La infección suele adquirirse durante la infancia, sobre todo en contextos con condiciones sanitarias deficientes. En ausencia de tratamiento, la colonización puede persistir durante toda la vida, ya que el sistema inmunitario humano es incapaz de erradicarla por sí solo.[17]

5.2 Colonización y daño tisular[editar]

La colonización inicial puede provocar una gastritis aguda con inflamación de la mucosa gástrica. Si la infección persiste, la inflamación se vuelve crónica. La gastritis crónica puede evolucionar hacia atrofia de la mucosa, úlcera gástrica o duodenal y, en una proporción menor de pacientes, hacia cáncer gástrico. Esta secuencia de lesiones progresivas se conoce en la literatura como cascada de Correa.[18]

La bacteria coloniza la capa de moco próxima al epitelio, donde el pH es cercano a la neutralidad. Su ureasa reduce la acidez y modifica la viscosidad del moco, facilitando su movimiento y adhesión. La inflamación crónica se caracteriza por la infiltración de neutrófilos y macrófagos, con acumulación de citocinas proinflamatorias, especies reactivas de oxígeno y especies reactivas de nitrógeno que dañan el ADN de las células epiteliales.[19]

5.3 Síntomas y complicaciones[editar]

La mayoría de las personas infectadas no presenta síntomas ni complicaciones. Cuando aparecen, los síntomas de la gastritis aguda pueden incluir dolor estomacal, náuseas, dispepsia persistente y malestar general. La gastritis crónica o la úlcera péptica pueden manifestarse con indigestión, dolor abdominal, hinchazón, sensación de saciedad precoz, náuseas, eructos, acidez y, ocasionalmente, vómito, mal aliento y pérdida de peso.

Las complicaciones ulcerosas son más graves. El sangrado digestivo puede provocar heces negras o alquitranadas, vómito con sangre roja o en posos de café, mareo y frecuencia cardíaca acelerada. El sangrado prolongado puede causar anemia, debilidad y fatiga. El cáncer gástrico puede producir náuseas, vómito, diarrea, estreñimiento y pérdida de peso no explicada.[20]

Fuera del estómago, la infección por H. pylori se ha relacionado con anemia por deficiencia de hierro o de vitamina B12, diabetes, enfermedades cardiovasculares y ciertos trastornos neurológicos.[21]

6. Epidemiología[editar]

6.1 Prevalencia mundial[editar]

Se estima que una proporción muy alta de la población mundial está infectada por H. pylori. Las cifras habituales oscilan entre más de la mitad y dos tercios de la humanidad, dependiendo del año, la población estudiada y el método diagnóstico empleado.[22] En los países occidentales de Europa, América y Australia, la prevalencia es considerablemente menor, con estimaciones en torno al 25 % de la población, mientras que en países de menores ingresos la infección es mucho más frecuente y suele adquirirse en la infancia.

En Estados Unidos, la infección es más común en personas de edad avanzada: más del 50 % de los casos ocurre en mayores de 60 años, frente a alrededor del 20 % en menores de 40. También es más frecuente en los sectores socioeconómicos más desfavorecidos. La menor prevalencia en países ricos se atribuye sobre todo a la mejora de la higiene, al mayor uso de antibióticos y a las mejores condiciones de vida.[23]

6.2 Distribución filogeográfica[editar]

Cada población humana tiende a albergar una distribución característica de cepas de H. pylori. Por eso, la bacteria se ha utilizado como marcador de migraciones humanas antiguas. Entre las cepas identificadas se encuentran:

  • hpEurope: típica de Eurasia occidental, incluida Europa, el Cercano Oriente, Asia Central y parte del norte de África.
  • hpEastAsia: con subpoblaciones del Extremo Oriente (hspEAsia), de los pueblos indígenas americanos (hspAmerind) y de los pueblos malayo-polinesios (hspMaori).
  • hpAsia2: presente en el subcontinente indio, parte del sudeste asiático y otras regiones de Eurasia.
  • hpAfrica1 y hpAfrica2: distribuidas en distintas regiones de África.
  • hpNEAfrica: típica del Cuerno de África y de pueblos nilosaharianos.
  • hpSahul: presente en nativos australianos y papúes, originada hace unos 31.000 a 37.000 años en el antiguo continente Sahul.

La comparación de estas cepas ha servido para reconstruir rutas de poblamiento humano, incluida la llegada de ciertos grupos a América y Oceanía.[24]

6.3 América Latina y presencia prehispánica[editar]

En América Latina, la infección por H. pylori se enmarca dentro del patrón global que asocia mayor prevalencia con condiciones sanitarias desiguales, aunque las cifras concretas varían entre países y según el estudio. No existe un solo valor que resuma toda la región.

La evidencia más directa de la presencia antigua de la bacteria en el territorio hoy latinoamericano proviene de un estudio realizado por especialistas del Departamento de Microbiología y Parasitología de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, con impulso del Instituto Nacional de Antropología e Historia. En esa investigación se analizaron muestras de tejido estomacal de momias procedentes de la cueva La Ventana, en Chihuahua, y de Durango, datadas hacia 1350. Los resultados sugieren que H. pylori ya estaba presente en sociedades prehispánicas.[25]

Por otra parte, las cepas hspAmerind, típicas de los pueblos indígenas americanos, muestran vínculos con las cepas del este de Asia más que con las europeas, lo que refuerza la hipótesis de un poblamiento temprano del continente. En poblaciones amazónicas, el origen asiático de las cepas se ha interpretado como indicio de una llegada humana a América hace al menos 11.000 años.[26]

7. Diagnóstico[editar]

El diagnóstico de la infección por H. pylori puede realizarse mediante métodos invasivos, que requieren endoscopia, o no invasivos, basados en muestras de sangre, heces o aliento.

7.1 Pruebas endoscópicas[editar]

Los métodos endoscópicos se realizan a partir de biopsias de la mucosa gástrica:

  • Histología: permite la observación directa de la bacteria en el tejido. Tiene alta sensibilidad y especificidad, pero requiere infraestructura, tinciones especiales y personal capacitado.
  • Prueba rápida de la ureasa: detecta la actividad de la ureasa en la muestra. Es asequible y rápida, pero su sensibilidad disminuye tras el tratamiento o con el uso reciente de inhibidores de la bomba de protones.
  • Cultivo: tiene alta especificidad y permite realizar pruebas de sensibilidad a antibióticos. Sin embargo, es costoso y difícil de realizar, ya que la bacteria es microaerófila y crece lentamente.
  • PCR: posee alta sensibilidad y permite identificar genes de virulencia, como cagA y vacA, y genes de resistencia a antibióticos. Su metodología no está totalmente estandarizada entre laboratorios.

7.2 Pruebas no endoscópicas[editar]

  • Prueba de aliento con urea marcada: el paciente ingiere urea marcada con carbono-13 o carbono-14. Si la bacteria está presente, su ureasa la descompone y genera dióxido de carbono marcado, que se detecta en el aliento. Identifica infección activa.
  • Prueba de antígeno en heces: detecta antígenos de la bacteria en las heces. Es útil para identificar infección activa y para comprobar la erradicación después del tratamiento.
  • Serología: detecta anticuerpos contra la bacteria en sangre. Es barata y ampliamente disponible, pero no distingue entre infección activa y contacto previo. Su sensibilidad se estima entre 76 y 84 %.[27]

7.3 Limitaciones[editar]

Ningún método diagnóstico es infalible. La prueba de anticuerpos en sangre tiene una sensibilidad limitada y no es recomendable para confirmar la erradicación tras el tratamiento. Además, el uso reciente de inhibidores de la bomba de protones, compuestos de bismuto o antibióticos puede reducir la sensibilidad de las pruebas que dependen de la actividad bacteriana o de la ureasa.[28] La elección del método depende del contexto clínico, de la disponibilidad local y de si se busca detectar infección activa, resistencia antibiótica o erradicación posterior.

8. Tratamiento[editar]

8.1 Terapia triple[editar]

El tratamiento de elección para la infección por H. pylori ha sido la denominada terapia triple: un inhibidor de la bomba de protones, como omeprazol, lansoprazol, pantoprazol o rabeprazol, combinado con dos antibióticos, habitualmente amoxicilina y claritromicina. En pacientes alérgicos a la penicilina, la amoxicilina puede sustituirse por metronidazol. La pauta tradicional de primera línea es de una semana de duración.

El gastroenterólogo Thomas Borody, de Sídney, introdujo la primera terapia triple en 1987.[29] La erradicación se consigue en aproximadamente el 80 a 84 % de los casos cuando la resistencia a claritromicina es baja.[30] Este enfoque revolucionó el tratamiento de la úlcera péptica y permitió, por primera vez, curar la enfermedad en lugar de limitarse a controlar los síntomas.

8.2 Resistencias y estrategias posteriores[editar]

La aparición de cepas resistentes ha complicado el tratamiento inicial. El metronidazol presenta resistencia en más del 80 % de los casos en algunas series.[31] La terapia triple se considera adecuada cuando la resistencia a claritromicina no supera aproximadamente el 20 %.

Cuando el tratamiento inicial fracasa, se recurre a una terapia cuádruple que añade un compuesto de bismuto a los dos antibióticos y al inhibidor de la bomba de protones. En casos de resistencia a claritromicina, se recomienda el uso de levofloxacino como antibiótico alternativo. Se ha observado que la combinación de la terapia triple con el probiótico Saccharomyces boulardii puede mejorar la probabilidad de éxito de la erradicación y reducir los efectos secundarios de los antibióticos.[32]

8.3 Tratamiento de la infección asintomática[editar]

En pacientes con infección asintomática, el tratamiento generalmente no está recomendado. El manejo se centra en las manifestaciones clínicas de cada paciente y en la presencia de úlcera, lesiones premalignas o linfoma MALT. Existe controversia sobre la conveniencia de realizar cribado y tratar a personas sin síntomas, ya que el sobretratamiento puede aumentar la presión selectiva hacia la resistencia antibiótica.

9. Relación con el cáncer y otras enfermedades[editar]

9.1 Cáncer gástrico y linfoma MALT[editar]

H. pylori está clasificada como carcinógeno del grupo I por la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer. Se asocia con el cáncer gástrico y con el linfoma MALT, un linfoma de células B que se origina en el tejido linfoide asociado a mucosas. Se estima que la infección es responsable de alrededor del 89 % de los cánceres gástricos y que está vinculada al desarrollo de aproximadamente el 5,5 % de todos los casos de cáncer en el mundo.[33]

El riesgo individual de cáncer gástrico entre los infectados es bajo en términos absolutos: se calcula que entre el 1 y el 3 % de las personas infectadas desarrolla cáncer gástrico a lo largo de la vida, frente al 0,13 % de las personas sin infección. Sin embargo, debido a la enorme cantidad de personas infectadas, la carga poblacional es elevada.[34]

H. pylori es la única bacteria conocida que causa cáncer en humanos. Los linfomas MALT gástricos de bajo grado pueden regresar con la simple erradicación de la bacteria en un porcentaje considerable de casos.[35]

9.2 Mecanismos propuestos[editar]

Se han propuesto dos mecanismos principales por los que H. pylori puede promover el cáncer. El primero implica la producción de radicales libres durante la infección, lo que aumenta la tasa de mutación de las células huésped. La inflamación crónica favorece la acumulación de especies reactivas de oxígeno y nitrógeno que dañan el ADN. Uno de los biomarcadores de ese daño oxidativo es la 8-oxo-dG.[36]

Además, la infección reduce epigenéticamente la expresión de proteínas de reparación del ADN, como ERCC1 y PMS2, y también se observa una menor expresión de MLH1, MGMT y MRE11. La combinación de mayor daño al ADN y menor reparación favorece la acumulación de mutaciones y la carcinogénesis gástrica.[37]

El segundo mecanismo, llamado ruta perigenética, propone que la inflamación altera proteínas celulares, como las proteínas de adhesión, y modifica el fenotipo de las células epiteliales. Moléculas proinflamatorias como el factor de necrosis tumoral alfa y la interleucina 6 podrían facilitar la dispersión y migración de células epiteliales alteradas, sin necesidad de mutaciones adicionales en genes supresores de tumores.[38]

9.3 Asociaciones inversas y posibles efectos protectores[editar]

La disminución de la infección por H. pylori en países desarrollados se ha acompañado de una caída de la incidencia de cáncer gástrico. En Estados Unidos, el cáncer de estómago descendió alrededor del 80 % entre 1900 y 2000. Sin embargo, en el mismo periodo aumentaron ciertas enfermedades relacionadas con el reflujo gastroesofágico y el cáncer de esófago, lo que ha llevado a plantear que la bacteria, al reducir la acidez gástrica en algunos contextos, podría tener un papel protector frente al reflujo.[39]

Estudios observacionales también han descrito una asociación inversa entre la presencia de H. pylori y enfermedades como asma, enfermedad inflamatoria intestinal, reflujo gastroesofágico y enfermedad de Crohn. Algunos autores sugieren que cepas no patógenas podrían contribuir a regular la secreción ácida del estómago y el apetito.[40]

Estas asociaciones no deben interpretarse como una recomendación clínica para conservar la infección. El balance entre beneficios posibles y riesgos demostrados depende del perfil de cada paciente, de la cepa involucrada y de la presencia de lesiones gástricas.

10. Prevención e investigación actual[editar]

No existe una vacuna aprobada contra H. pylori. La prevención se apoya principalmente en la mejora de las condiciones sanitarias, el acceso a agua potable y el uso racional de antibióticos. En poblaciones con alta transmisión, las medidas de higiene podrían reducir la infección infantil.

Varias líneas de investigación exploran alimentos y compuestos naturales, como el té verde, el ginseng rojo coreano, el vino tinto, los flavonoides, los brotes de brócoli, el ajo y la goma de mástique. También se estudian probióticos como Lactiplantibacillus plantarum y Saccharomyces boulardii para mejorar la erradicación o reducir los efectos adversos del tratamiento.[41] Los aceites esenciales, como el de Cymbopogon citratus, han mostrado actividad inhibitoria in vitro, pero no hay evidencia de que sean eficaces en el tratamiento de la infección gástrica humana.

La creciente resistencia a antibióticos es uno de los principales retos actuales. La elección de esquemas terapéuticos basados en pruebas de sensibilidad local, la estandarización de los métodos moleculares y el desarrollo de vacunas son áreas activas de investigación.[42]

11. Presencia en América Latina y el mundo hispanohablante[editar]

El interés por H. pylori en el mundo hispanohablante se refleja en su incorporación a la práctica gastroenterológica, en guías clínicas y en la investigación regional. El término científico se emplea de manera invariante en español, y la infección se conoce comúnmente en la comunicación médica como «infección por Helicobacter pylori» o, coloquialmente, «infección por H. pylori».

En el ámbito arqueológico y genético, el estudio de momias de Chihuahua y Durango realizado por la UNAM y el INAH ofrece una conexión directa entre la bacteria y las sociedades prehispánicas de lo que hoy es México. Ese tipo de investigaciones sitúa a América Latina en un lugar destacado para comprender la evolución y distribución antigua de H. pylori en las poblaciones humanas.

No hay una liga, torneo o evento comparable a los calendarios deportivos en este contexto. La presencia regional se manifiesta, sobre todo, en estudios epidemiológicos, en bancos de cepas locales y en la aplicación de protocolos de erradicación adaptados a la resistencia antibiótica de cada país.

12. Notas[editar]


  1. Warren y Marshall fueron distinguidos en 2005 por el descubrimiento de la bacteria y su papel en la gastritis y la úlcera péptica. El anuncio del Instituto Karolinska destacó el cambio de paradigma que supuso demostrar que una enfermedad crónica tan común podía tener una causa bacteriana. ↩︎

  2. El paso de Campylobacter a Helicobacter se produjo al secuenciarse el ADN y comprobarse que la bacteria no pertenecía al género Campylobacter. Helicobacter alude a su forma de hélice o espiral. El nombre original Campylobacter pyloridis fue corregido por la gramática latina del epíteto a pylori. ↩︎

  3. El artículo clásico de Martin J. Blaser, «An Endangered Species in the Stomach», Scientific American 292(2):38-45, 2005, relata cómo las bacterias espirales observadas en el siglo XIX no pudieron cultivarse y quedaron olvidadas. ↩︎

  4. Jaworski incluyó sus observaciones en un manual de enfermedades gástricas. La escasa difusión se atribuye a que el trabajo estaba escrito en polaco. La referencia posterior ha reconocido su papel como precursor de la asociación entre bacterias espirales y enfermedad gástrica. ↩︎

  5. La publicación original de 1983 en The Lancet describió bacilos curvos no identificados en la mucosa gástrica. En 1984, Marshall y Warren publicaron otro trabajo en la misma revista en el que relacionaban la presencia de bacilos curvos con gastritis y úlcera péptica. ↩︎

  6. Marshall bebió un cultivo de H. pylori, desarrolló gastritis y recuperó la bacteria de su propia mucosa. Con ello satisfizo tres de los cinco postulados de Koch. La gastritis se resolvió con un esquema de bismuto y antibióticos desarrollado por él y Warren. ↩︎

  7. Los fármacos antisecretores y neutralizantes aliviaban los síntomas, pero al suspenderlos la úlcera tendía a reaparecer. Las sales de bismuto ya se usaban de forma empírica antes de conocerse su mecanismo, y no estaba claro si podían actuar como antibiótico. ↩︎

  8. Las mediciones clásicas se sitúan en torno a 3 µm de longitud y 0,5 µm de diámetro. En algunas series de cepas se han descrito longitudes de 2,8 a 3,3 µm y diámetros de 0,55 a 0,58 µm. ↩︎

  9. La cantidad exacta de flagelos varía según la cepa y las condiciones de observación. Las fuentes oscilan entre cuatro y seis flagelos polares, mientras que otras descripciones más amplias indican de dos a siete. ↩︎

  10. La bacteria contiene una hidrogenasa que le permite obtener energía a partir del hidrógeno molecular producido por otras bacterias intestinales. Esa capacidad explica su adaptación al nicho gástrico. ↩︎

  11. La forma cocoide se considera viable pero no cultivable. Se cree que ayuda a la bacteria a evadir la respuesta inmunitaria y a resistir antibióticos, aunque su papel exacto en la recaída de la infección sigue en discusión. ↩︎

  12. Las biopelículas dificultan la penetración de los antibióticos y protegen a la bacteria de la respuesta del huésped. En su interior, H. pylori puede modificar estructuras de superficie y persistir de manera más eficaz. ↩︎

  13. La ureasa es la proteína más abundante de H. pylori. Su actividad no solo es esencial para la colonización inicial, sino también para mantener la infección crónica. El amoniaco generado daña las células epiteliales. ↩︎

  14. La proteína CagA es una de las principales proteínas de virulencia. Las cepas portadoras de cagA se asocian con úlceras graves y mayor riesgo de cáncer gástrico. La isla de patogenicidad Cag contiene además genes que codifican un sistema de secreción tipo IV. ↩︎

  15. Las cifras varían ligeramente según la anotación genómica consultada. La es.wikipedia consigna alrededor de 1.550 genes, mientras que la en.wikipedia indica aproximadamente 1.576 genes para la cepa 26695. ↩︎

  16. El pangenoma de 30 cepas secuenciadas codifica más de 2.200 familias de proteínas. El núcleo conservado incluye alrededor de 1.248 familias génicas. ↩︎

  17. La presencia de la bacteria en saliva, placa dental y heces apunta a una ruta oral-oral o fecal-oral. La contaminación fecal de agua y alimentos se considera un factor probable en países con alta prevalencia. ↩︎

  18. La cascada de Correa describe la progresión desde gastritis crónica no atrófica hacia atrofia, metaplasia intestinal, displasia y cáncer gástrico. Suele citarse como modelo clásico en la carcinogénesis gástrica asociada a H. pylori. ↩︎

  19. La inflamación crónica favorece la acumulación de especies reactivas de oxígeno y nitrógeno que dañan el ADN. Además, la infección reduce la expresión de proteínas de reparación del ADN, como ERCC1 y PMS2. ↩︎

  20. El cáncer gástrico puede evolucionar sin síntomas durante mucho tiempo; cuando aparecen, con frecuencia la enfermedad ya está avanzada. Más de la mitad de los pacientes puede presentar metástasis ganglionares al momento del diagnóstico. ↩︎

  21. Las asociaciones extragástricas incluyen anemia por deficiencia de hierro o vitamina B12, diabetes, enfermedades cardiovasculares y algunos trastornos neurológicos. Esta asociaciones son objeto de estudio y no siempre se ha demostrado causalidad. ↩︎

  22. Las estimaciones varían ampliamente. Un metaanálisis global reportó alrededor del 50 %, mientras que otras estimaciones hablan de más de dos tercios de la población mundial. La diferencia se debe a la población estudiada, la edad y los métodos de detección. ↩︎

  23. La higiene, el acceso a agua potable y el uso de antibióticos han reducido la prevalencia en países de altos ingresos. En cambio, la infección sigue siendo muy común en países de ingresos bajos y medianos. ↩︎

  24. La distribución filogeográfica de H. pylori se ha utilizado para reconstruir migraciones humanas prehistóricas. Las cepas hpSahul, por ejemplo, se originaron hace unos 31.000 a 37.000 años en el continente Sahul. ↩︎

  25. Se estudiaron muestras de seis momias, cinco de la cueva La Ventana en Chihuahua y una de Durango, datadas hacia 1350. El estudio fue impulsado por el INAH y publicado en BMC Microbiology con participación de la UNAM. ↩︎

  26. La cepa hspAmerind es típica de los pueblos indígenas americanos. Su relación con las cepas de Asia oriental apoya un poblamiento temprano de América, antes del contacto europeo. ↩︎

  27. La sensibilidad de la serología oscila entre 76 y 84 % en distintas series. Además, los anticuerpos pueden permanecer positivos tras la erradicación, por lo que no es la prueba ideal para comprobar el éxito terapéutico. ↩︎

  28. Los inhibidores de la bomba de protones reducen la actividad de la ureasa y pueden dar falsos negativos en la prueba del aliento, la prueba rápida de ureasa y el cultivo. Se recomienda suspenderlos antes de ciertas pruebas, salvo indicación médica distinta. ↩︎

  29. Thomas Borody, gastroenterólogo de Sídney, describió la primera triple terapia en 1987. Su contribución fue clave para popularizar la erradicación combinada con antibióticos e inhibidores de la bomba de protones. ↩︎

  30. La tasa de erradicación de la triple terapia se estima en 80-84 %. Esa cifra disminuye cuando hay resistencia a claritromicina o metronidazol, por lo que los esquemas deben adaptarse a la epidemiología local. ↩︎

  31. En algunos estudios peruanos y de otras regiones se ha reportado resistencia a metronidazol superior al 80 %. La resistencia a múltiples antibióticos obliga a utilizar terapias cuádruples o pauta con levofloxacino. ↩︎

  32. Saccharomyces boulardii ha mostrado en estudios clínicos mejorar la tasa de erradicación y reducir la diarrea y otros efectos adversos asociados a los antibióticos. No sustituye a la terapia antibiótica. ↩︎

  33. Las cifras de 89 % para cáncer gástrico y 5,5 % para todos los cánceres proceden de estimaciones recientes. El porcentaje exacto depende de la prevalencia local de la infección y de la exposición a otros factores de riesgo. ↩︎

  34. La diferencia entre 1-3 % de los infectados y 0,13 % de los no infectados se basa en estimaciones poblacionales. El riesgo individual varía según la cepa bacteriana, la genética del huésped, la dieta y la presencia de lesiones premalignas. ↩︎

  35. El linfoma MALT de bajo grado asociado a H. pylori puede regresar tras la erradicación de la bacteria. Es uno de los ejemplos más claros de remisión de una neoplasia mediante tratamiento antibiótico dirigido contra la infección subyacente. ↩︎

  36. La 8-oxo-dG es un biomarcador de daño oxidativo del ADN. Su concentración puede estar elevada en tejidos gástricos infectados, lo que apoya el papel de los radicales libres en la carcinogénesis. ↩︎

  37. La reducción epigenética de proteínas de reparación del ADN, como ERCC1 y PMS2, se ha documentado desde la etapa de dispepsia. La menor capacidad de reparación facilita que los daños se conviertan en mutaciones. ↩︎

  38. La ruta perigenética propone que la inflamación altera la adhesión celular y la migración de células epiteliales mutadas, sin necesidad de cambios adicionales en genes supresores de tumores. ↩︎

  39. La caída del cáncer gástrico y el aumento del adenocarcinoma de esófago coincidieron con la disminución de H. pylori en países desarrollados. La asociación ecológica no prueba causalidad, pero ha generado una intensa línea de investigación. ↩︎

  40. Algunos estudios sugieren que ciertas cepas no patógenas podrían influir en la ecología microbiana del estómago y en la regulación del apetito. La evidencia es aún insuficiente para modificar las recomendaciones clínicas. ↩︎

  41. Los estudios sobre fitoquímicos y probióticos suelen ser in vitro o de tamaño limitado. Un ensayo clínico reciente sugirió que Saccharomyces boulardii combinado con la terapia triple modifica la microbiota intestinal y mejora la erradicación. ↩︎

  42. La investigación activa incluye vacunas, estandarización de pruebas moleculares, vigilancia de resistencias y estudios de la interacción entre H. pylori y la microbiota gástrica. ↩︎