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Hipatia

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Hipatia
Nombre en griegoὙπατία
Nacimientoc. 355–370
Alejandría, Egipto romano
Fallecimientomarzo de 415 o 416
Alejandría, Egipto romano
Causa de muertelinchamiento por una turba cristiana; desollamiento, descuartizamiento y quema
Ciudadaníaromana (Egipto romano)
Etniagriega
Lenguagriego antiguo
Ocupaciónfilósofa, matemática y astrónoma
Escuela o tradiciónneoplatonismo
PadreTeón de Alejandría
Alumnos notablesSinesio de Cirene, Orestes (prefecto de Egipto)

1. Resumen[editar]

Hipatia (en griego antiguo: Ὑπατία; en latín: Hypatia; Alejandría, c. 355–370 – Alejandría, marzo de 415 o 416) fue una filósofa neoplatónica, matemática y astrónoma griega de Egipto, miembro y cabeza de la escuela neoplatónica de Alejandría a comienzos del siglo V. Hija y discípula del astrónomo Teón de Alejandría, destacó en los campos de las matemáticas —especialmente en geometría y álgebra— y de la astronomía. Es considerada una de las primeras mujeres matemáticas de la historia y una pionera en la historia de las mujeres en la ciencia.

Seguidora de Plotino, cultivó los estudios lógicos y las ciencias exactas y llevó una vida ascética. Educó a un grupo selecto de aristócratas cristianos y paganos que ocuparon altos cargos en el Imperio; entre ellos sobresalen el obispo Sinesio de Cirene, el gramático Hesiquio de Alejandría y el prefecto imperial de Egipto Orestes. Orestes fue su alumno y consejero político y ocupaba ese cargo en el momento de la muerte de la filósofa.

Ninguna de sus obras se ha conservado de manera independiente, pero se conocen gracias a sus discípulos y a la tradición indirecta. Se le atribuyen un comentario a la Aritmética de Diofanto de Alejandría, un comentario a las Secciones cónicas de Apolonio de Pérgamo, una edición del libro III del Almagesto de Ptolomeo y un canon astronómico, además de haber colaborado en la edición de los Elementos de Euclides realizada por su padre. También construyó o enseñó a construir astrolabios planos e hidrómetros, aunque ninguno de esos instrumentos fue invención suya.

Hipatia fue asesinada por una turba de cristianos en marzo de 415 o 416. El asesinato se produjo en el contexto de las tensiones entre el culto cristiano y el paganismo en declive y, sobre todo, de la pugna política entre el prefecto imperial Orestes y el patriarca Cirilo de Alejandría. El historiador Sócrates Escolástico, el cronista más cercano a los hechos, afirma que el crimen acarreó «no poco oprobio» para Cirilo y para la iglesia de Alejandría. La responsabilidad directa del patriarca sigue siendo objeto de debate entre historiadores.

Desde la Ilustración, su figura se convirtió en un mito: se la ha presentado como mártir de la ciencia, víctima del fanatismo religioso y símbolo del fin del pensamiento clásico ante el avance del cristianismo. En el siglo XX pasó a ser vista además como icono de los derechos de las mujeres y precursora del movimiento feminista. La historiografía actual matiza ese mito: su asesinato fue un caso excepcional, no el fin de la escuela neoplatónica alejandrina, y la legendaria Biblioteca de Alejandría ya no existía en vida de Hipatia.[1]

2. Primeros años y formación[editar]

Hipatia nació en Alejandría, capital de la diócesis romana de Egipto, a mediados del siglo IV. Las fuentes modernas proponen para su nacimiento un arco que va de 355 o 370. La fecha exacta sigue en discusión. Algunas referencias sitúan el nacimiento en torno a 370, mientras que otras lo remontan a 355. Quienes defienden la fecha más temprana se apoyan en el cronista bizantino Juan Malalas, que la describe como anciana al morir; los partidarios de la fecha tardía razonan, a partir de Damascio, que Hipatia probablemente no superaba los treinta años durante el reinado de Arcadio.[2]

Su padre fue Teón de Alejandría, célebre matemático y astrónomo, muy apreciado por sus contemporáneos. Teón es recordado sobre todo por haber producido una nueva edición de los Elementos de Euclides, en la que corrigió errores de copia acumulados durante siglos. Esa edición se convirtió en la más utilizada durante largo tiempo. La historiografía moderna considera, sin embargo, que su obra matemática fue más bien conservadora y poco original. Teón probablemente trabajó y dio clases en la Biblioteca del Serapeo, sucesora de la legendaria Gran Biblioteca ptolemaica.[1:1]

No se sabe nada de la madre de Hipatia; las fuentes conservadas no la mencionan. Hipatia se educó en un ambiente académico y culto, dominado por la escuela neoplatónica alejandrina, y aprendió matemáticas y astronomía de su padre. En el ámbito filosófico no hay certeza sobre quién fue su maestro; Damascio, último escolarca de la Academia de Atenas, propone al filósofo Isidoro. Algunos autores defienden que Hipatia viajó a Atenas o a Roma para completar su formación, pero otros niegan que haya constancia de ello en las fuentes y sostienen que nació, creció y murió en Alejandría sin haber salido nunca de la ciudad.

Damascio afirma que Hipatia era «de naturaleza más noble que su padre» y que no se conformó con «el saber que viene de las ciencias matemáticas», sino que se dedicó con entrega a las demás ciencias filosóficas. También dice que alcanzó «el grado más alto de la virtud práctica en el arte de enseñar», que era justa y sabia, y que permaneció virgen toda su vida. La Suda, enciclopedia bizantina del siglo X u XI, confirma la virginidad, aunque añade contradictoriamente que fue «esposa de Isidoro el Filósofo». Damascio refiere además una anécdota según la cual, ante un discípulo enamorado de ella, Hipatia le arrojó un paño manchado con su sangre menstrual y le espetó: «De esto estás enamorado, y no tiene nada de hermoso».[3]

En el terreno filosófico, Hipatia probablemente se adscribió a la variante porfiriana del neoplatonismo, opuesta a la teúrgia de Yámblico y a la práctica de los antiguos cultos helenos. Esa corriente, basada en Plotino, resultaba particularmente aceptable para los cristianos. No hay indicios de que Hipatia fuera una pagana militante: no participaba en los rituales ni festividades paganas y toleraba a los cristianos, a quienes trataba igual que al resto de sus discípulos.

3. La escuela de Hipatia[editar]

Hacia el año 400, Hipatia se había convertido en líder de los neoplatónicos alejandrinos. Según la Suda, se dedicó a la enseñanza centrada en las obras de Platón y Aristóteles. Vestida con el manto de los filósofos, solía aparecer en público y explicar los principios de la filosofía a quien quisiera escucharla. Damascio dice que caminaba por Alejandría con el tribon, una capa asociada a los filósofos, impartiendo lecciones públicas improvisadas.

Sus alumnos procedían de diversas partes del Mediterráneo. En su mayoría pertenecían a familias acomodadas, lo que facilitó que después alcanzaran puestos relevantes en el Imperio. Entre sus discípulos hubo cristianos y paganos, sin que consten tensiones por motivos religiosos dentro de la escuela. La correspondencia de Sinesio de Cirene es la principal fuente sobre la actividad docente de Hipatia. Se conservan siete cartas dirigidas por Sinesio a su maestra, aunque ninguna de las que Hipatia pudo escribirle ha llegado hasta nosotros.[4]

Sinesio se refería a Hipatia como «la auténtica maestra de los misterios de la filosofía». En una carta escrita hacia 395 a su amigo Herculiano, la describe así:

... una persona tan renombrada que su reputación parecía literalmente increíble. Hemos visto y oído por nosotros mismos a la que honorablemente preside los misterios de la filosofía.

En la carta 16, Sinesio la saludaba como «madre, hermana y profesora, además de benefactora y todo cuanto sea honrado tanto de nombre como de hecho». Los alumnos la consideraban en cierto modo sucesora de Platón; algunos incluso pensaban que había sido elegida para revelarles los misterios de la filosofía. Esa percepción se reforzaba con su condición de virgen y con su exigencia en las virtudes morales, entre las que destacaba la sofrosine, la moderación o dominio de sí.

Entre los alumnos y allegados que aparecen en las cartas de Sinesio figuran su hermano Euoptio, su tío Alejandro, Herculiano, Olimpio, Isión, Hesiquio de Alejandría y su hermano Eutropio, el sofista Atanasio, Gayo, el gramático Teodosio, el sacerdote Teotecno, y unos tales Pedro y Siro, además del futuro prefecto imperial Orestes. Se ha propuesto algún otro nombre, pero sin pruebas suficientes. Los discípulos formaban un grupo muy unido de aristócratas paganos y cristianos, varios de los cuales desempeñaron altos cargos imperiales.

Sinesio transmitió también el ideal de vida filosófica que Hipatia enseñaba: la búsqueda de la apatheia, la liberación completa de las emociones y las pasiones. La escuela tenía un carácter elitista y en cierta medida secreto: los alumnos pretendían que el contenido de las clases no se divulgara, lo que ha dificultado el conocimiento posterior de lo que allí se impartía.

4. Contexto político y religioso de Alejandría[editar]

Egipto era sede de una de las comunidades cristianas más importantes del Imperio, y el patriarca de Alejandría gozaba de gran prestigio e influencia, junto a sus colegas de Jerusalén, Antioquía, Constantinopla y Roma. Durante los siglos IV y V fueron constantes los conflictos doctrinales y las luchas de poder entre los patriarcados, en especial entre Alejandría y Constantinopla.

Teodosio I había convertido el cristianismo en religión de Estado mediante el Edicto de Tesalónica de 380 y, una década después, prohibió las actividades religiosas no cristianas, incluso en el ámbito privado. Ello provocó reacciones tanto de los paganos como de las distintas interpretaciones del cristianismo, convertidas ahora en herejías. En las décadas siguientes se sucedieron controversias y episodios de violencia.

Durante el episcopado de Teófilo de Alejandría (385–412), en 391, el patriarca obtuvo del emperador Teodosio una orden para demoler templos paganos de la ciudad, entre ellos el Mitreo y el Serapeo. Los disturbios entre paganos y cristianos fueron sangrientos. Se supone que entonces fue saqueada, o al menos vaciada, la biblioteca del Serapeo, sucesora de la gran Biblioteca de Alejandría. El historiador hispanorromano Paulo Orosio, que visitó Alejandría años después, afirma haber visto con tristeza sus «armarios vacíos de libros».[1:2]

Hipatia evitó participar en la defensa del Serapeo y no se enfrentó con Teófilo. A pesar de las tensiones, el episcopado de Teófilo trajo a Alejandría una relativa tranquilidad social y el patriarca toleró la escuela de Hipatia, con quien mantuvo una relación de respeto. Teófilo apoyó la elección episcopal de Sinesio de Cirene, discípulo de Hipatia.

Teófilo falleció el 17 de octubre de 412. Por su sucesión compitieron el arcediano Timoteo y Cirilo, sobrino de Teófilo. Cirilo logró el patriarcado tras una violenta lucha por el poder. Comenzó castigando a la facción rival y cerró las iglesias de los novacianos, que habían apoyado a Timoteo, confiscando sus bienes.

Cirilo mantuvo una política aún más intransigente que la de su tío y se entrometió con frecuencia en los asuntos del gobierno local. Pronto chocó con el prefecto imperial Orestes. Durante los motines antijudíos de aquellos años, azuzados por Cirilo, Orestes trató de proteger a la comunidad judía, pero el patriarca logró expulsar a muchos judíos y permitió el saqueo de sus bienes. Orestes informó al emperador de las acciones del patriarca y probablemente solicitó su deposición.

El conflicto se agravó cuando unos quinientos monjes procedentes del desierto de Nitria llegaron a la ciudad para apoyar a Cirilo. Al ver al prefecto, lo insultaron y uno de ellos, de nombre Amonio, lo hirió de una pedrada en la cabeza. Amonio fue detenido, torturado y ejecutado por orden de Orestes. Cirilo lo enterró y pretendió tributarle honores de mártir, pero muchos cristianos alejandrinos rechazaron esa idea, porque Amonio no había muerto por la fe, sino por un delito. La ruptura entre el poder civil y el religioso quedó consumada.

5. Asesinato[editar]

Empezó a circular entre los cristianos de Alejandría el rumor de que la causante de la discordia entre Cirilo y Orestes era la influyente Hipatia, amiga y consejera de su antiguo alumno y, presumiblemente, opuesta a los abusos del poder religioso. El rumor la acusaba de impedir la reconciliación entre el prefecto y el patriarca. Hipatia no había participado en las fases anteriores del conflicto y gozaba de reputación de consejera sabia tanto entre paganos como entre cristianos.

Según Sócrates Escolástico, en plena Cuaresma de marzo de 415 o 416, un grupo de fanáticos dirigido por un lector de nombre Pedro se abalanzó sobre la filósofa mientras regresaba en carruaje a su casa. La arrastraron por la ciudad hasta el Cesáreo, antiguo templo edificado por Augusto y convertido en catedral de Alejandría. Allí, tras desnudarla, la golpearon con piedras y tejas hasta descuartizarla. Sus restos fueron paseados en triunfo por la ciudad hasta un lugar llamado Cinareo, donde los incineraron. Damascio añade que le arrancaron los ojos. La edad de Hipatia al morir se ha situado en 45 o 60 años, según cuál sea la fecha de nacimiento que se acepte.[5]

Sócrates Escolástico presenta el asesinato como un crimen político, no como un acto motivado por el paganismo de Hipatia: «fue víctima de los celos políticos que prevalecían entonces. Pues como tenía frecuentes entrevistas con Orestes, se difundió entre el pueblo cristiano la calumnia de que era ella quien impedía que Orestes se reconciliara con el obispo». El mismo historiador condena sin reservas a la turba: «Nada hay más opuesto al espíritu del cristianismo que permitir masacres, peleas y actos de esa clase».

Las fuentes posteriores relatan el suceso de manera similar, aunque con variantes. El historiador arriano Filostorgio culpó a los homoousianos, fieles al credo de Nicea. El obispo copto Juan de Nikiû, en el siglo VII, presentó a Hipatia como una bruja peligrosa y consideró su muerte una respuesta justificada. El cronista bizantino Juan Malalas se equivocaba al afirmar que Hipatia fue quemada viva, cuando en realidad fue incinerada después de muerta, pero admitía la inducción de Cirilo y culpaba también al carácter violento de los alejandrinos. La Suda, siguiendo a Damascio, atribuye el crimen a la envidia de Cirilo por las grandes masas de seguidores que tenía la filósofa.

El debate sobre la responsabilidad de Cirilo sigue abierto. Sócrates Escolástico, el historiador más cercano a los hechos y muy valorado por su ecuanimidad, vincula a Cirilo con el asesinato al decir que «este suceso acarreó no escaso oprobio tanto a Cirilo como a la iglesia de los alejandrinos». Damascio, ya en el siglo VI, culpó directamente al patriarca, atribuyéndolo a la envidia que sentía de la influencia de Hipatia sobre la oligarquía urbana. Otros historiadores consideran probable la implicación de Cirilo como instigador de la campaña de difamación contra la filósofa, aunque no haya pruebas de que ordenara directamente el linchamiento. El teólogo católico Johannes Quasten, por su parte, afirmó que no parece haber pruebas de que Cirilo participara en «tan horrendo crimen». Christopher Haas concluye que, con las fuentes disponibles, «jamás sabremos si el propio Cirilo orquestó el ataque».[6]

6. Consecuencias[editar]

La muerte de Hipatia causó conmoción en el Imperio. Durante siglos, los filósofos habían sido considerados prácticamente intocables en medio de la violencia pública que a veces sacudía las ciudades romanas; el asesinato de una filósofa a manos de una turba fue visto como un hecho profundamente peligroso y desestabilizador.

Orestes informó de los hechos a Constantinopla y pidió que se interviniera. Según la Suda, el emperador Teodosio II quiso en principio castigar a Cirilo, pero la reacción imperial se limitó a retirar al patriarca los quinientos monjes llamados parabolanos que le servían de guardia. Esa medida ha llevado a algunos historiadores a suponer que fueron los parabolanos, y no el populacho, los responsables materiales del asesinato. El edicto imperial, emitido en otoño de 416, restringió además a los parabolanos la asistencia a espectáculos públicos y a las reuniones del concejo municipal o los tribunales. La medida fue rescindida dos años después, y se permitió aumentar su número a seiscientos. Que Cirilo saliera tan bien librado se debió probablemente a la influencia de la hermana del emperador, la augusta Pulqueria.

Aunque no se descubrieron pruebas concluyentes que vincularan a Cirilo con el asesinato, muchos creyeron que lo había ordenado o inspirado. El escándalo redujo temporalmente la influencia política del patriarcado alejandrino. Pese a ello, Cirilo logró después la deposición de su rival doctrinal Nestorio en el Concilio de Éfeso de 431 y se convirtió en uno de los personajes más influyentes de la Iglesia. Murió en 444 y fue declarado santo; es considerado doctor de la Iglesia.

La escuela filosófica de Alejandría no desapareció con Hipatia. Continuó activa hasta el siglo VII, con figuras como Hierocles de Alejandría, Proclo, Simplicio de Cilicia y Juan Filópono. Tampoco fue Hipatia la última filósofa neoplatónica: después de ella hubo, entre otras, Edesia, Asclepigenia y Teodora de Emesa. La investigación actual pone en duda que Hipatia fuera contraria al cristianismo y enmarca su muerte en el cúmulo de tensiones políticas y eclesiásticas de la Alejandría tardoantigua.

7. Obras[editar]

Hipatia ha sido descrita como un genio universal, pero la historiografía moderna la considera sobre todo una maestra y comentarista más que una innovadora. No hay evidencia de que publicara obras filosóficas independientes ni de que realizara descubrimientos matemáticos revolucionarios. En su época, los estudiosos preservaban y comentaban las obras clásicas para desarrollar sus argumentos, más que publicar textos originales. Se ha sugerido que el cierre del Museion y la destrucción del Serapeo pudieron llevar a Hipatia y a su padre a concentrarse en preservar libros matemáticos fundamentales y hacerlos accesibles a sus alumnos.[7]

La Suda afirma erróneamente que todos los escritos de Hipatia se han perdido, pero la investigación moderna ha identificado varias obras suyas, conservadas de forma directa o indirecta. Escribió en griego, la lengua de las personas cultas del Mediterráneo oriental. En la Antigüedad, la astronomía era considerada esencialmente matemática, y no se distinguía entre matemáticas y numerología ni entre astronomía y astrología.

[ Desplegar obras atribuidas a Hipatia ]
  • Comentario a la Aritmética de Diofanto de Alejandría. La obra original, en trece libros, planteaba más de cien problemas resueltos mediante álgebra. El comentario de Hipatia pudo conservarse en parte, interpolado en la versión árabe de la Aritmética producida hacia 860.
  • Comentario a las Secciones cónicas de Apolonio de Pérgamo. Considerado por algunas fuentes su obra más importante; no se ha conservado.
  • Edición del libro III del Almagesto de Ptolomeo. Durante un tiempo se creyó que Hipatia solo había revisado el comentario de su padre, pero el análisis de los títulos y de otros comentarios de la época indica que corrigió el texto del propio Ptolomeo. Algunos especialistas creen que pudo editar no solo el libro III, sino los nueve libros conservados del Almagesto.
  • Canon astronómico o tablas astronómicas. Se discute si fue una nueva edición de las Tablas manuales de Ptolomeo o el mencionado trabajo sobre el Almagesto.
  • Edición del comentario de su padre a los Elementos de Euclides. Hipatia aparece en el texto como discípula y colaboradora de Teón.

Además, Hipatia se interesó por llevar la teoría al ámbito práctico. Enseñó a Sinesio de Cirene a construir un astrolabio plano de plata, descrito en una de sus cartas. El astrolabio plano emplea la proyección estereográfica de la esfera celeste sobre una superficie plana y era portátil, a diferencia de las grandes esferas armilares. El astrolabio plano ya se usaba siglos antes de Hipatia, por lo que no puede atribuírsele su invención. Hipatia pudo aprender a construirlo de su padre Teón, autor de dos tratados sobre astrolabios.

Sinesio también le pidió que le construyera un «hidroscopio», instrumento conocido hoy como hidrómetro, para determinar la densidad o el peso específico de los líquidos. Lo describió con gran detalle, lo que sugiere que suponía que Hipatia no lo conocía, pero confiaba en que pudiera reproducirlo a partir de una descripción verbal. El hidrómetro se basaba en principios de Arquímedes y ya había sido descrito en el siglo II. Por tanto, tampoco fue invención de Hipatia. Algunas atribuciones modernas que le confieren la invención de otros instrumentos carecen de respaldo en las fuentes.

8. Legado[editar]

Antigüedad tardía[editar]

Poco después de su muerte apareció una carta falsificada a nombre de Hipatia en la que se atacaba al cristianismo. Varias décadas después, el filósofo pagano Damascio, último escolarca de la Academia de Atenas, culpó directamente a los cristianos y a Cirilo. Su relato, recogido en la Suda, sostiene que el asesinato se debió a la envidia de Cirilo por «su sabiduría, que sobrepasaba todo límite, y especialmente en lo relativo a la astronomía». Damascio tenía una intencionalidad manifiesta: deseaba explotar el escándalo para convertir a Hipatia en mártir del helenismo. Su testimonio es, por ello, problemático. Al mismo tiempo, no fue del todo amable con Hipatia: la comparó desfavorablemente con su propio maestro, Isidoro de Alejandría, diciendo que «Isidoro superó con mucho a Hipatia, no solo como un hombre supera a una mujer, sino como un filósofo genuino supera a un mero geómetra».

Durante mucho tiempo se creyó que uno de los epigramas de la Antología Palatina, atribuido al poeta Páladas, estaba dedicado a Hipatia. Sin embargo, el filólogo Georg Luck argumentó que el poema no era de Páladas ni tenía relación con la filósofa, sino que sería un epitafio dedicado a otra Hipatia, hija de un alto funcionario imperial de la segunda mitad del siglo V.[8]

Edad Media[editar]

La muerte de Hipatia guardaba semejanza con la de los mártires cristianos de Alejandría y otros rasgos de su vida, especialmente su virginidad, encajaban en el molde del martirio cristiano. En la Alta Edad Media, los cristianos llegaron a confundir su historia con la de los mártires de la persecución de Decio. Los estudiosos creen que la leyenda de santa Catalina de Alejandría, virgen mártir presentada como sumamente sabia y culta, se basó al menos en parte en la figura de Hipatia. Cerca de Laodicea, en Asia Menor, existió una iglesia consagrada a «Santa Hipatia Catalina», lo que sugiere la fusión de ambas figuras.[9]

La enciclopedia bizantina Suda contiene una entrada muy extensa sobre Hipatia que resume dos relatos distintos de su vida. Parte de ella procede de Damascio; otra parte, probablemente, del Onomatologos de Hesiquio de Mileto. Incluye la afirmación, seguramente errónea, de que fue «esposa de Isidoro el Filósofo». La emperatriz bizantina Eudoxia Makrembolitissa, conocida por su cultura, fue descrita por el historiador Nicéforo Grégoras como una «segunda Hipatia».

Edad Moderna y Contemporánea[editar]

A comienzos del siglo XVIII, el deísta inglés John Toland usó la muerte de Hipatia como base de un panfleto anticatólico titulado Hipatia, o la historia de una de las damas más hermosas, virtuosas, cultas y distinguidas en todos los aspectos, en el que modificó los detalles del asesinato e inventó elementos para retratar a Cirilo de la peor manera posible. La obra fue contestada en 1721 por Thomas Lewis. Voltaire, por su parte, presentó a Hipatia como una librepensadora deísta asesinada por cristianos ignorantes y fanáticos. Edward Gibbon, en su Historia de la decadencia y caída del Imperio romano, convirtió a Cirilo en responsable de todos los males de la Alejandría de comienzos del siglo V y usó el asesinato como prueba de su tesis sobre el papel del cristianismo en la caída de Roma.

En el siglo XIX, la literatura europea romantizó a Hipatia como «la última de los helenos». La novela Hypatia de Charles Kingsley, publicada en 1853, fue especialmente influyente y dio lugar a obras de teatro y pinturas, como el cuadro Hypatia de Charles William Mitchell (1885). En el siglo XX, la figura de Hipatia pasó a ser reivindicada como icono de los derechos de las mujeres y precursora del movimiento feminista. Desde finales del siglo XX, algunas representaciones han asociado su muerte con la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, pese a que la biblioteca ya no existía en vida de Hipatia.[1:3]

9. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

La figura de Hipatia ha tenido una recepción notable en el ámbito hispanohablante. La biografía de la historiadora polaca Maria Dzielska, Hipatia de Alejandría, fue traducida al español y publicada por la editorial Siruela, y se ha convertido en una obra de referencia en lengua castellana. El ensayo y la divulgación en español han abordado con frecuencia su papel como mujer dedicada al pensamiento y la enseñanza en la Antigüedad tardía.

El acontecimiento que más difundió su figura entre el público general de habla hispana fue la película Ágora, dirigida por el cineasta español Alejandro Amenábar y estrenada en 2009. La película, protagonizada por Rachel Weisz en el papel de Hipatia, recrea la Alejandría de finales del siglo IV y comienzos del V y presenta a la filósofa como astrónoma, matemática y maestra. Aunque contribuyó decisivamente a popularizar al personaje, la película toma libertades históricas: en particular, insiste en la imagen de Hipatia asociada a la legendaria Biblioteca de Alejandría, cuya destrucción es anterior a los hechos narrados.[1:4]

En los países latinoamericanos, Ágora se estrenó con su título original en español y alimentó el interés por la historia de la ciencia, el neoplatonismo y el papel de las mujeres en la Antigüedad. La figura de Hipatia ha sido recuperada además en nombres de premios, proyectos educativos, revistas de divulgación científica y espacios dedicados a la historia de las mujeres en la ciencia.

Notas[editar]


  1. La Gran Biblioteca de Alejandría ya había dejado de existir en su forma clásica mucho antes del nacimiento de Hipatia. Durante su vida, el foco estuvo en la biblioteca del Serapeo, saqueada o vaciada hacia 391. La asociación entre la muerte de Hipatia y la destrucción de la Biblioteca es una construcción moderna, presente sobre todo en la cultura popular y en la película Ágora. ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎

  2. La horquilla 355–370 es la más citada. El historiador eclesiástico Sócrates Escolástico fecha la muerte en marzo de 415, pero el cuarto año del episcopado de Cirilo correspondería a 416; los historiadores no se ponen de acuerdo sobre cuál es la fecha correcta. ↩︎

  3. La Suda combina dos tradiciones: afirma que Hipatia permaneció virgen y, a la vez, que fue esposa de Isidoro el Filósofo. Dado que Isidoro de Alejandría nació después de la muerte de Hipatia, la segunda afirmación se considera confusión o error de transmisión. ↩︎

  4. Las cartas dirigidas por Sinesio a Hipatia son las numeradas 10, 15, 16, 46, 81, 124 y 154 en las ediciones modernas. Son la fuente principal sobre su actividad como maestra. ↩︎

  5. Si Hipatia nació hacia 370, tendría alrededor de 45 años al morir; si nació hacia 355, tendría unos 60. José María Blázquez Martínez se inclina por esta última opción. ↩︎

  6. La práctica totalidad de las fuentes antiguas atribuye a Cirilo la inducción del asesinato, aunque con matices. La historiografía católica ha defendido en ocasiones su inocencia. El asunto sigue abierto por la ausencia de pruebas concluyentes. ↩︎

  7. La idea de que Hipatia fue ante todo comentarista y editora, más que autora de descubrimientos originales, es común en la historiografía reciente. No obstante, la calidad de sus trabajos sobre Apolonio y el canon astronómico sugiere que estaba entre los matemáticos destacados de su época. ↩︎

  8. La identificación del epigrama de la Antología Palatina con Hipatia de Alejandría fue puesta en duda por Georg Luck en Harvard Studies in Classical Philology (1958). Para Luck se trataría de un epitafio a otra Hipatia. ↩︎

  9. La leyenda de santa Catalina de Alejandría solo aparece atestiguada en el siglo VIII. La erudición, la virginidad y la muerte violenta de Hipatia ofrecieron materiales para su construcción hagiográfica. ↩︎