Historia de las islas Malvinas
| Historia de las islas Malvinas | |
| Archipiélago | Islas Malvinas (Falkland Islands) |
|---|---|
| Ubicación | Atlántico Sur, sobre la plataforma continental argentina |
| Primer avistamiento documentado | 24 de enero de 1600 (Sebald de Weert) |
| Primer asentamiento permanente | 1764, por Francia (Port Saint-Louis) |
| Administración española | 1767–1811 |
| Administración de las Provincias Unidas del Río de la Plata | 1820–1833 (interrumpida por la ocupación británica) |
| Ocupación británica | Desde el 3 de enero de 1833 |
| Guerra de las Malvinas | 2 de abril – 14 de junio de 1982 |
| Estatus actual | Territorio no autónomo en disputa entre la República Argentina y el Reino Unido |
1. Resumen[editar]
La historia de las islas Malvinas está atravesada por un debate de soberanía que enfrenta a la República Argentina y al Reino Unido. El archipiélago, compuesto por dos islas mayores —la isla Soledad y la isla Gran Malvina— y alrededor de doscientos islotes, se localiza en el Atlántico Sur, a unos 341 km de la Patagonia argentina. Esa cercanía geográfica, junto con la continuidad de su plataforma submarina, es uno de los ejes del argumento argentino: las islas forman parte de la plataforma continental de América del Sur.[1]
El primer asentamiento permanente fue francés (1764), pero la ocupación europea más prolongada antes del siglo XIX correspondió a España, que administró las islas como parte de la gobernación de Buenos Aires entre 1767 y 1811. Tras la independencia, las Provincias Unidas del Río de la Plata ejercieron actos de soberanía desde 1820 y crearon en 1829 una comandancia política y militar. El 3 de enero de 1833 una fuerza británica desalojó a la pequeña guarnición argentina y tomó el control del archipiélago, que desde entonces administra como territorio británico de ultramar.
La disputa alcanzó escala global en 1982, cuando una dictadura militar argentina ocupó militarmente las islas y desencadenó la guerra de las Malvinas, que terminó con la victoria británica en junio de ese mismo año. Desde 1965, antes de la guerra, la Organización de las Naciones Unidas reconoce la existencia de una controversia de soberanía e insta a ambas partes a negociar. El archipiélago figura en la lista de territorios no autónomos pendientes de descolonización, supervisados por el Comité Especial de Descolonización de la ONU.[2]
2. Descubrimiento y avistamientos tempranos (1501–1690)[editar]
2.1 Expediciones portuguesas y españolas[editar]
Hay varias hipótesis sobre el primer avistamiento europeo. Una de las más antiguas tiene como protagonista a Américo Vespucio, quien aseguró que en 1501, durante una expedición por la costa de Sudamérica, pudo distinguir una “tierra incógnita”. La referencia, contenida en una carta a Piero Soderini fechada en Lisboa el 4 de septiembre de 1504, menciona avistamientos a los 52° de latitud sur. Sin embargo, la falta de datos precisos impidió comprobar que se tratara efectivamente de las Malvinas.[3]
La versión más aceptada entre historiadores sitúa el descubrimiento durante la expedición de Fernando de Magallanes al servicio del rey de España, en 1520. Según la interpretación difundida, el archipiélago fue avistado por Esteban Gómez, piloto de la nave San Antón o San Antonio, cuyo nombre habría dado origen al de las llamadas islas de San Antón. No obstante, Gómez se sublevó contra Magallanes el 1 de noviembre de 1520 y regresó a España, y el juicio que se le siguió no incluye menciones atribuibles con certeza a las Malvinas.[4] Otra versión atribuye el descubrimiento a la nave Victoria, enviada por Magallanes a buscar al San Antón.
Otras expediciones españolas de la primera mitad del siglo XVI han sido señaladas como posibles avistadoras: la nave Anunciada de Pedro de Vera, separada de la expedición de García Jofre de Loaisa, pudo haber pasado cerca del archipiélago; y la expedición de Simón de Alcazaba y Sotomayor, en 1534–1535, registró la presencia de islas no identificadas durante su derrotero. Más firme es la documentación referida a la nave de Alonso de Camargo, parte de una expedición armada por el obispo de Plasencia, Gutierre de Vargas y Carvajal, que habría tomado posesión del archipiélago para España el 4 de febrero de 1540 y luego invernado en las islas antes de volver a España en diciembre de ese año.[5]
2.2 Expediciones británicas y neerlandesas[editar]
La posición británica ha defendido tradicionalmente un primer avistamiento propio en 1592. El marino inglés John Davis, que viajaba bajo la capitanía de Thomas Cavendish en el barco Desire durante la segunda expedición de este, se habría extraviado por un temporal y encontrado con las islas el 14 de agosto de 1592. La hipótesis presenta debilidades: Davis no desembarcó, sus referencias fueron imprecisas y describió la posición de manera errónea. Otra teoría atribuye el hallazgo al corsario Richard Hawkins, quien a principios de febrero de 1574 habría bautizado las tierras como “Hawkins’ Maiden Land”, en homenaje a la reina Isabel I.[6]
El avistamiento mejor documentado de esa etapa temprana corresponde al capitán neerlandés Sebald de Weert. En la mañana del 24 de enero de 1600, su expedición divisó tres islas a unos 50°40′ de latitud sur, a unas 60 leguas holandesas de la costa. De Weert no pudo desembarcar porque su nave, la Geloof, había perdido los botes en una tormenta. Bautizó el archipiélago como Sevaldinas o islas Sebaldes, nombre que se mantuvo en la cartografía neerlandesa hasta fines del siglo XIX.[7]
La expedición de Jakob LeMaire y Willem Schouten confirmó la existencia de las islas el 18 de enero de 1616, al reconocerlas como las Sebaldinas. Había partido de Ámsterdam con las naves Eendracht y Hoorn, y su objetivo secreto era hallar un paso alternativo al estrecho de Magallanes.
2.3 El nombre Falkland: John Strong[editar]
El 27 de enero de 1690, una expedición británica al mando del capitán John Strong, en la nave Welfare (también citada como Farewell), navegó entre las dos islas principales y bautizó el pasaje como Falkland Channel, hoy Falkland Sound o estrecho de San Carlos. El homenaje estaba dirigido a Anthony Cary, quinto vizconde de Falkland, comisionado del Almirantazgo británico que había financiado el viaje. Solo mucho después el nombre se extendió a todo el archipiélago.[8]
En el mismo año 1690, el mapa neerlandés Orbis Terrarum Nova et Accurata Tabula, de Gerard y Leonard Valk, recogió por primera vez el nombre Falkland.
Durante el período que va de 1616 a 1764, las islas fueron reavistadas por navegantes neerlandeses, españoles, franceses e ingleses. Los franceses desarrollaron sucesivos viajes de exploración a principios del siglo XVIII, mejoraron el conocimiento cartográfico y reconocieron la utilidad del archipiélago como base de reaprovisionamiento. Como muchas de esas expediciones partían de Saint-Malo, los marinos franceses bautizaron las islas como Malouines, término que daría origen al topónimo español “Malvinas”.[9]
3. Primeros asentamientos europeos (1764–1774)[editar]
3.1 El asentamiento francés de Port Saint-Louis[editar]
Tras la derrota francesa en la guerra de los Siete Años, Francia perdió casi todo su imperio colonial a manos de Gran Bretaña y buscó reconstruir su poder ultramarino. En ese marco, Louis Antoine de Bougainville, que había estudiado las rutas de los navegantes previos, fundó la Compagnie de Saint-Malo para financiar la ocupación de las Malvinas en nombre del rey. Pensaba colonizarlas, en parte, con acadianos que habían sido deportados por negarse a jurar lealtad a la Corona británica.[10]
Bougainville zarpó de Saint-Malo el 15 de septiembre de 1763 con dos naves: la fragata Aigle, al mando de Nicolas Pierre Duclos-Guyot, y la corbeta Sphinx, al mando de François Chenard de la Giraudais. El 31 de enero de 1764 llegaron al archipiélago, al que llamó Îles Malouines. El 17 de marzo fundó una colonia en la isla Soledad, a la que denominó Port Saint-Louis, y el 5 de abril de 1764 tomó posesión formal del territorio en nombre de Luis XV. El 8 de abril regresó a Francia y volvió a las islas el 5 de enero de 1765 con un nuevo grupo de acadianos a bordo de la Aigle.[11]
La corte española reclamó de inmediato ante Francia, argumentando que las islas eran una dependencia del continente de América Meridional. Francia accedió rápidamente a la protesta y sugirió a España negociar con el propio Bougainville, que reconoció la ilegalidad del establecimiento y aceptó una indemnización española por los gastos y materiales de la colonia. A partir de ese momento, Francia retiró su reclamo de soberanía sobre el archipiélago.[12]
El 1 de abril de 1767 España recibió formalmente Port Saint-Louis. Unos cuarenta colonos franceses permanecieron bajo el gobierno de Felipe Ruiz Puente, mientras que alrededor de ciento doce prefirieron regresar a Francia. La colonia fue renombrada Puerto Soledad y pasó a depender administrativamente del gobernador y capitán general de Buenos Aires, en aquel tiempo Francisco de Paula Bucarelli y Ursúa.[13]
3.2 El asentamiento británico de Port Egmont[editar]
Mientras España negociaba con Francia, Gran Bretaña preparó en secreto una expedición al Atlántico Sur. Para evitar las protestas españolas, se informó oficialmente que la escuadra se dirigía a las Indias Orientales. El verdadero destino fue revelado a los tripulantes recién el 22 de octubre, antes de abandonar Río de Janeiro. Al mando del comodoro John Byron, la expedición arribó a las islas en enero de 1765 —un año después del desembarco francés— y estableció una base temporaria en un paraje de la isla Trinidad, al que bautizó como Port Egmont. Byron tomó posesión del puerto y de las islas adyacentes en nombre del rey Jorge III, aunque no registró con precisión la fecha del acto.[14]
El entusiasta informe de Byron llevó a Inglaterra a enviar una segunda expedición, que arribó a Port Egmont el 8 de enero de 1766 al mando del capitán John Macbride. En marzo de 1766 los británicos advirtieron la presencia de naves francesas en la zona, y para diciembre de 1766 ambos ocupantes conocían la presencia del otro. Macbride intimó sin éxito la evacuación de Port Louis, sin revelar la ubicación exacta de Port Egmont.
3.3 La crisis de 1770 y la retirada británica[editar]
Tras la salida de los franceses, la corona española ordenó expulsar cualquier asentamiento británico del área. Luego de varias búsquedas sin resultado, en febrero de 1770 la fragata española Santa Catalina, al mando de Fernando de Rubalcava, localizó finalmente Port Egmont. El intercambio de acusaciones no escaló de inmediato, pero España organizó desde Montevideo una flotilla al mando de Juan Ignacio de Madariaga, con orden de desalojar a los británicos. La formaban las fragatas Industria, Santa Bárbara, Santa Catalina y Santa Rosa, junto con el chambequín Andaluz, que zarparon de Montevideo el 11 de mayo de 1770. El 4 de junio la escuadra española se presentó ante Port Egmont y, tras el intercambio de mensajes, procedió al desalojo. Port Egmont se rindió el 10 de junio, después de algunos disparos.[15]
Gran Bretaña interpretó la acción como una afrenta al honor nacional y reaccionó con energía. Francia, atada a España por el Pacto de Familia, adoptó una actitud cautelosa: recomendó a Carlos III aceptar la reinstalación británica en Port Egmont sin renunciar a los derechos españoles de fondo. El 22 de enero de 1771 se firmó una declaración en la que la corona española se comprometía a restablecer las cosas en Port Egmont “exactamente el mismo estado” en que se hallaban antes del 10 de junio de 1770. El texto, sin embargo, añadía una reserva decisiva: la devolución del puerto y del fuerte no podía ni debía afectar “la cuestión del derecho anterior a la soberanía de las islas Malvinas, también llamadas Falkland”.[16]
Existe además una versión, no confirmada documentalmente, sobre una cláusula secreta por la cual España habría permitido a Gran Bretaña volver a Port Egmont para que luego hiciera una “retirada honorable”. Un memorándum reservado del Foreign Office británico llegó a admitir que hay evidencia para apoyar la existencia de una garantía verbal dada por Lord North en noviembre de 1770, aunque no puede ser totalmente demostrada.[17]
Con cláusula secreta o sin ella, a fines de 1773 Gran Bretaña ordenó abandonar las Malvinas, lo que se cumplió el 22 de mayo de 1774. Antes de partir, los británicos dejaron una placa de plomo en la que reafirmaban la soberanía de Jorge III sobre las islas Falkland. La placa fue retirada en 1780 y llevada a Buenos Aires por el capitán Juan Pablo Callejas. Fue recuperada por William Beresford durante la invasión inglesa de 1806 al Río de la Plata, pero su paradero actual es desconocido.[18]
4. La gobernación española (1767–1811)[editar]
4.1 Organización administrativa[editar]
El 2 de octubre de 1766, el rey Carlos III dictó una real cédula por la que creó la gobernación de las islas Malvinas como dependencia del gobernador y capitán general de Buenos Aires. Felipe Ruiz Puente, capitán de navío, fue designado primer gobernador del territorio. Dos días después, el 4 de octubre, el rey emitió instrucciones en las que declaraba explícitamente que el gobierno de las Malvinas quedaba sujeto a la Capitanía General de Buenos Aires.[19]
Ruiz Puente asumió como primer gobernador español y promovió la construcción de cocinas, cuarteles y una capilla consagrada a Nuestra Señora de la Soledad, advocación que reemplazó al topónimo francés del puerto y terminó por denominar a toda la isla. La sede de gobierno quedó radicada en Puerto de Nuestra Señora de la Soledad, habitualmente llamado Puerto Soledad. La administración española se mantuvo ininterrumpida desde 1767 hasta febrero de 1811.[20]
En 1780, durante el apoyo español a los independentistas de las Trece Colonias, el virrey Juan José de Vértiz y Salcedo ordenó arrasar los restos del antiguo asentamiento británico de Port Egmont, con el fin de eliminar cualquier signo material de ocupación ajena. La población de las islas estaba compuesta por oficiales, soldados y, desde 1780, presidiarios de la cárcel allí instalada.[21]
4.2 La Convención de Nutka[editar]
El 25 de octubre de 1790, España y Gran Bretaña firmaron la primera de las tres convenciones de Nutka, también llamada de San Lorenzo o de Nootka Sound. El acuerdo puso fin a un conflicto colonialista inminente en la costa noroeste de América y, para la cuestión malvinense, tuvo efectos muy relevantes. Su artículo noveno establecía que los súbditos de ambas potencias no formarían en el futuro establecimientos en las costas orientales y occidentales de Sudamérica, ni en las islas adyacentes, al sur de las partes ya ocupadas por España. De ese modo, Gran Bretaña reconocía, sin nombrarlas, la soberanía española sobre las islas Malvinas, donde España se hallaba oficialmente establecida desde 1767, y renunciaba a establecer nuevas colonias en la región.[22]
El tratado fue abrogado en octubre de 1795, cuando España declaró la guerra al Reino Unido, pero fue ratificado nuevamente por el artículo 1.º del Tratado de Amistad y Alianza entre Gran Bretaña y España, firmado el 5 de julio de 1814 y ratificado en Madrid el 18 de agosto de ese año. Para la historiografía argentina, a partir del abandono británico de 1774 y, sobre todo, de la Convención de Nutka, España ejerció soberanía plena en las islas con plena aceptación británica.
4.3 Despoblación en 1811[editar]
La administración española terminó como consecuencia de la invasión napoleónica a España y de la guerra de independencia en el Río de la Plata. En 1811, el gobernador de Montevideo, Gaspar de Vigodet, resolvió concentrar todas las fuerzas militares disponibles para enfrentar a los revolucionarios de mayo, por lo que ordenó evacuar las Malvinas. La guarnición de Puerto Soledad se trasladó a Montevideo a bordo del bergantín Gálvez, con la intención de regresar, y dejó placas en la capilla y en los edificios principales reafirmando la soberanía de Fernando VII sobre el archipiélago. La orden de retirar el destacamento se tomó el 8 de enero de 1811 en una junta de guerra presidida por Vigodet, y la decisión fue aprobada por las Cortes de Cádiz el 30 de marzo de 1812.[23]
5. El período de las Provincias Unidas del Río de la Plata (1820–1833)[editar]
5.1 Toma de posesión de 1820[editar]
Tras la partida de las tropas españolas, las islas quedaron despobladas. En los años siguientes fueron visitadas esporádicamente por foqueros y balleneros de diversas nacionalidades, que se limitaban a buscar refugio y víveres.
En 1820, el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata decidió formalizar su soberanía sobre el archipiélago, asumido como parte del territorio heredado de la administración española. El 6 de noviembre de 1820, el coronel de marina David Jewett, al mando de la fragata Heroína, arribó a Puerto Soledad y tomó posesión de las islas en nombre del gobierno de Buenos Aires, izó la bandera argentina y dio a conocer un acta de reclamación ante capitanes de barcos extranjeros que faenaban en la zona.[24]
La Argentina proclamó su independencia formal en 1816, cortando todo vínculo con España y con “toda otra dominación extranjera”. Sobre la base del principio jurídico del uti possidetis iuris, las Provincias Unidas entendían que las islas Malvinas formaban parte del territorio de la nueva república, por haber pertenecido a la administración colonial de Buenos Aires.[25]
5.2 La comandancia de Luis Vernet[editar]
A comienzos de la década de 1820, el empresario Luis Vernet, nacido en Hamburgo, comenzó a interesarse por la explotación económica de las islas, especialmente el ganado cimarrón y la pesca de pinnípedos. Tras varios intentos, obtuvo del gobierno de Buenos Aires una concesión de tierras y el derecho de explotar recursos en la isla Soledad. En 1829, el gobernador de Buenos Aires, Martín Rodríguez, lo designó primer comandante político y militar de las islas Malvinas, con asiento en Puerto Soledad.[26]
La comandancia de Vernet representó el intento más serio, antes de la ocupación británica, de establecer una población permanente con fines económicos. Se organizó una pequeña colonia, se regularon la caza y la pesca, y se emitieron órdenes contra la explotación no autorizada de los recursos del archipiélago. La población civil, sin embargo, siguió siendo escasa.
5.3 El incidente con la USS Lexington[editar]
La política de control sobre la caza de focas y la pesca puso a Vernet en conflicto con barcos extranjeros, especialmente estadounidenses. En 1831, tras la captura de embarcaciones de ese origen, el capitán Silas Duncan, al mando de la corbeta estadounidense USS Lexington, se presentó en Puerto Soledad, arrestó a una parte de la población, destruyó el asentamiento y declaró que las islas estaban libres de gobierno. El incidente generó una protesta diplomática de la Argentina ante los Estados Unidos.[27]
5.4 La ocupación británica de 1833[editar]
El 3 de enero de 1833, una fuerza naval británica al mando del capitán John James Onslow, de la corbeta HMS Clio, llegó a Puerto Soledad y exigió la retirada de la pequeña guarnición argentina. El comandante interino, José María Pinedo, al mando de la goleta Sarandí, no presentó resistencia efectiva. Las tropas argentinas embarcaron de regreso a Buenos Aires, y la bandera británica fue izada en el archipiélago. Desde entonces, el Reino Unido administra las islas de forma ininterrumpida.[28]
La posición argentina sostiene que se trató de un acto de fuerza sobre un territorio argentino pacífico y que la ocupación fue inmediatamente protestada por el gobierno de Buenos Aires. La posición británica, en cambio, ha sostenido en distintos momentos que la acción de 1833 era una reafirmación de derechos de soberanía que Gran Bretaña nunca consideraba extinguidos, a pesar de la retirada de 1774 y de los tratados posteriores.
6. La colonia británica (1833–1982)[editar]
6.1 Consolidación y economía pastoril[editar]
Tras la ocupación de 1833, el Reino Unido inició una lenta colonización. Los primeros administradores británicos se instalaron en Puerto Soledad, pronto rebautizado como Port Louis, y luego en la costa meridional de la isla Soledad, donde se fundó Stanley, hoy capital del territorio. La población de colonos británicos y de otros orígenes creció de forma modesta durante el siglo XIX. La actividad económica dominante fue la ganadería ovina, introducida con éxito a partir de la década de 1840, complementada por la pesca y, en menor medida, por el comercio de lana.[29]
La estructura social quedó marcada por una población mayoritariamente anglohablante, de tradiciones culturales británicas, dedicada a la ganadería extensiva. El aislamiento geográfico y la dependencia de las comunicaciones marítimas hicieron de las islas un territorio lejano incluso para Gran Bretaña, lo que no impidió que la administración colonial consolidara sus instituciones a lo largo del siglo XIX.
6.2 Primera mitad del siglo XX[editar]
Durante la primera mitad del siglo XX, la economía pastoril continuó siendo el centro de la vida malvinense. La navegación y las escalas marítimas tuvieron cierta importancia estratégica, en particular en la ruta hacia el Pacífico Sur y en las campañas antárticas. La disputa de soberanía permaneció abierta en el plano diplomático, con reclamos periódicos de la Argentina y una negativa británica a discutir el fondo de la cuestión.[30]
La Segunda Guerra Mundial no convirtió a las Malvinas en un escenario bélico relevante, pero sí reafirmó su utilidad como base de apoyo para barcos aliados en el Atlántico Sur. Tras 1945, el sistema de las Naciones Unidas abrió un nuevo escenario para el debate de descolonización.
6.3 La disputa ante las Naciones Unidas[editar]
El 16 de diciembre de 1965, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución 2065 (XX), que reconoció la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido por las islas Malvinas, y los invitó a negociar una solución pacífica, teniendo en cuenta los intereses de los habitantes. La resolución marcó un hito porque, desde entonces, el archipiélago figura en la lista de territorios no autónomos supervisados por el Comité Especial de Descolonización.[31]
En las décadas siguientes hubo rondas de negociaciones, acuerdos de cooperación y gestos de acercamiento, pero ningún avance decisivo sobre el fondo del diferendo. La economía malvinense, por su parte, comenzó a diversificarse hacia la pesca a gran escala a partir de los años setenta y, más adelante, hacia el turismo y los servicios.
7. La Guerra de las Malvinas (1982)[editar]
7.1 Causas y desencadenamiento[editar]
La dictadura militar que gobernaba la Argentina desde 1976 atravesaba una crisis política y económica profunda hacia comienzos de 1982. El 2 de abril de ese año, fuerzas argentinas desembarcaron en las islas y tomaron el control de Stanley, rebautizado Puerto Argentino, con un uso limitado de la fuerza. La operación respondió, en lo inmediato, a una escalada en torno a otros islotes del Atlántico Sur, pero los efectos fueron generales: la Argentina anunció la recuperación de la soberanía sobre el archipiélago.[32]
El gobierno británico de Margaret Thatcher respondió con una movilización militar inmediata. La resolución 502 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, aprobada el 3 de abril de 1982, exigió el cese de hostilidades y el retiro de las fuerzas argentinas, y llamó a ambos gobiernos a buscar una solución diplomática.[33]
7.2 Desarrollo del conflicto[editar]
La guerra duró setenta y cuatro días, entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982. Gran Bretaña despachó una fuerza de tareas naval y aérea que recorrió más de doce mil kilómetros hasta el Atlántico Sur. Tras semanas de movimientos navales y bloqueo, las fuerzas británicas desembarcaron en la bahía de San Carlos el 21 de mayo de 1982 y avanzaron hacia los cerros que rodean Puerto Argentino. Los combates involucraron acciones aéreas, terrestres y navales, con hundimientos emblemáticos como el del crucero argentino ARA General Belgrano, torpedeado por un submarino británico fuera de la zona de exclusión, y el destructor británico HMS Sheffield, alcanzado por un misil argentino.[34]
Las batallas finales, en los montes Longdon, Dos Hermanas y Tumbledown, entre otras, precedieron a la caída de Puerto Argentino. El 14 de junio de 1982, el comandante argentino Mario Benjamín Menéndez firmó la rendición, y las tropas argentinas se retiraron. Las bajas totales superaron los 900 muertos, en su mayoría argentinos.[35]
7.3 Consecuencias[editar]
La derrota aceleró el colapso de la dictadura argentina. En 1983, la recuperación democrática con la elección de Raúl Alfonsín modificó el escenario político, aunque la Constitución argentina continuó reafirmando el reclamo de soberanía sobre las Malvinas. En el Reino Unido, la victoria consolidó al gobierno de Thatcher y revitalizó la posición británica sobre el archipiélago.
La guerra tuvo también un impacto profundo en la población isleña, que reafirmó y reforzó su identificación con Gran Bretaña. Para los veteranos argentinos, en cambio, la posguerra fue un período de abandono y de reconocimiento social demorado, con numerosos casos de traumas y patologías psicológicas.[36]
8. Posguerra y situación actual[editar]
8.1 Reconstrucción y desarrollo económico[editar]
Tras la guerra, el Reino Unido impulsó una reconstrucción acelerada. En 1985 entró en vigor una nueva constitución del territorio, que amplió los espacios de autonomía interna bajo la Corona británica.[37] La economía malvinense se transformó durante los años noventa y comienzos del siglo XXI: la venta de licencias de pesca a barcos extranjeros generó ingresos fiscales muy superiores a los de la lana, y el turismo, en especial de cruceros y visitantes provenientes de Europa, adquirió importancia creciente.
La exploración petrolera en aguas circundantes se convirtió en otro factor de tensión diplomática. La Argentina ha objetado las licencias y las actividades de exploración offshore otorgadas por el gobierno isleño o por el Reino Unido, por considerarlas ilegítimas dentro de su plataforma continental reclamada.
8.2 Negociaciones y estatus internacional[editar]
La reanudación de relaciones diplomáticas entre la Argentina y el Reino Unido se produjo en 1990, sin que ello implicara una renuncia de ninguna de las partes a sus posiciones. Desde entonces, ha habido acuerdos sobre comunicaciones, pesca, vuelos, cementerio de guerra y otros temas humanitarios, pero las negociaciones sobre soberanía no se han restablecido de manera sustantiva. La Argentina continúa presentando reclamos ante la ONU y ante foros regionales, y el Reino Unido sostiene que la cuestión quedó resuelta en los hechos o que corresponde al principio de autodeterminación de los isleños.[38]
En 2013, las autoridades locales organizaron un referendo en el que la mayoría de los votantes respaldó la continuidad de las islas como territorio británico de ultramar. La Argentina no reconoció valor jurídico a esa consulta. Para el Comité Especial de Descolonización, el caso sigue abierto.
8.3 Perspectiva hispanoamericana[editar]
La cuestión de las Malvinas ocupa un lugar destacado en la política latinoamericana. La Argentina recibe el respaldo, con matices, de la mayoría de los países de América Latina y el Caribe, que en foros multilaterales se pronuncian a favor de una salida negociada y del reconocimiento de la existencia de la disputa. La lengua española aparece como factor simbólico relevante: la toponimia argentina de las islas, con nombres como Puerto Argentino, isla Soledad o isla Gran Malvina, es de uso corriente en la región, y el tema forma parte de los temarios de integración regional.[39]
En el ámbito cultural y educativo, la causa de las Malvinas es un contenido recurrente en los sistemas escolares argentino y de otros países de la región. La conmemoración del 2 de abril como Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas es feriado nacional en la Argentina.
9. Historiografía y controversias[editar]
9.1 Debate sobre el descubrimiento[editar]
La cuestión del primer descubrimiento sigue abierta. Las hipótesis portuguesas, españolas, británicas y neerlandesas se superponen, y la documentación de los siglos XVI y XVII es fragmentaria. La historiografía argentina tiende a destacar los avistamientos españoles y la continuidad administrativa posterior; la británica, los avistamientos de Davis y Hawkins y el desembarco de Strong. El avistamiento de Sebald de Weert es, en cambio, el primero que las fuentes documentan con mayor precisión, y por ello suele citarse como el más firme de la etapa temprana.[40]
9.2 Interpretaciones jurídicas[editar]
Los argumentos jurídicos recorren el tratado de Utrecht, las bulas papales, la administración efectiva, el uti possidetis iuris, la Convención de Nutka, el acto de 1833 y la aplicación del principio de autodeterminación. No existe consenso sobre cuál de estos elementos es decisivo. La Argentina sostiene que la ocupación británica de 1833 fue un acto de fuerza ilegal y que sus derechos, heredados de España y consolidados por actos de soberanía entre 1820 y 1833, nunca fueron extinguidos. El Reino Unido argumenta que ejerció y consolidó una administración prolongada, y que la población actual de las islas debe poder decidir su futuro.[41]
10. Balance histórico[editar]
La historia de las islas Malvinas condensa varias capas temporales: la exploración europea del Atlántico Sur; la competencia imperial entre España, Francia y Gran Bretaña; la herencia territorial de las repúblicas hispanoamericanas; la expansión colonial británica; y, finalmente, la guerra moderna de 1982. Para la Argentina y para la mayoría de los países de la región, las islas ocupadas representan una asignatura pendiente del proceso de descolonización. Para el Reino Unido y para los habitantes del archipiélago, la continuidad histórica y la voluntad local justifican su estatus actual. Entre ambas posiciones, la resolución de la disputa sigue pendiente ante los organismos internacionales.
Notas[editar]
La continuidad geológica entre las islas y el continente fue señalada tempranamente por la diplomacia española y luego heredada por la posición argentina. La distancia entre el archipiélago y el litoral patagónico varía según el punto de medición, por lo que las fuentes no siempre coinciden en la cifra exacta. ↩︎
La resolución 2065 (XX) de la Asamblea General, aprobada el 16 de diciembre de 1965, fue la primera de una larga serie de resoluciones que llaman a la Argentina y al Reino Unido a reanudar negociaciones sobre soberanía, teniendo en cuenta los intereses de los habitantes de las islas. ↩︎
En una carta anterior, de 1502, conocida como Mundus Novus, Vespucio afirmó haber alcanzado los 50° sur sin tener la costa a la vista, lo que debilita la hipótesis de un avistamiento malvinense en ese viaje. ↩︎
La relación entre el nombre de Esteban Gómez y el topónimo “San Antón” es verosímil pero no concluyente. Documentos cartográficos como el mapamundi de Diego Ribero, de 1529, incluyen islas de San Antón en una posición compatible con las Malvinas, aunque algunos historiadores creen que la denominación pudo aplicarse a otras tierras australes. ↩︎
La historiografía argentina suele apoyarse en las fuentes peninsulares relativas a Camargo para sostener un acto temprano de posesión española. Sin embargo, la naturaleza fragmentaria de los documentos de la época hace que algunos autores traten esta toma de posesión como discutible. ↩︎
La expresión inglesa maiden land alude a la reina virgen (Virgin Queen). La teoría de Hawkins, defendida por algunos autores británicos, es considerada frágil por la historiografía argentina y por una parte de la historiografía internacional, dada la imprecisión de las fuentes. ↩︎
La expedición había partido de Górea, en Holanda del Sur, el 27 de junio de 1598, con el objetivo de atacar posesiones españolas en las Indias. Tras la muerte del almirante Jakob Mahu y la dispersión de la flota, De Weert quedó al mando de la Geloof y decidió regresar a Europa. ↩︎
Strong desembarcó el 28 de enero de 1690 para aprovisionar sus bodegas con focas y pingüinos. Como no hubo toma de posesión formal ni ocupación, autores como Julius Goebel sostienen que el desembarco no tuvo consecuencia jurídica alguna. La historiografía británica no le atribuye, en general, un valor adquisitivo de soberanía. ↩︎
Malouines remite a Saint-Malo, ciudad portuaria de Bretaña. La forma española “Malvinas” es una adaptación fonética y morfológica del término francés, mientras que “Falkland” proviene del título nobiliario británico. ↩︎
La deportación de los acadianos, procedentes de la actual región canadiense de Acadia, se produjo en el contexto de la pugna colonial entre Francia y Gran Bretaña por el noreste de América del Norte. Bougainville proyectó llevar a las Malvinas a una parte de esa población desplazada. ↩︎
Las fechas exactas del primer viaje de Bougainville varían ligeramente según las fuentes. Las aquí consignadas son las más citadas por la historiografía argentina y por los trabajos especializados sobre la ocupación francesa. ↩︎
Bougainville, en su Viaje alrededor del mundo, detalló que España reivindicó las islas como una dependencia de América Meridional y que el pago se efectuó en concepto de resarcimiento por las instalaciones y pertrechos. La suma mencionada es de 618.108 libras, entregadas parte en París y parte en Buenos Aires. ↩︎
Felipe Ruiz Puente arribó al archipiélago con las fragatas Liebre y Esmeralda. El traspaso se realizó en presencia de Bougainville, que acompañó la operación desde Montevideo con la fragata La Boudeuse. ↩︎
El paraje ya había sido bautizado por Bougainville, quien lo llamó Poil de la Croisade; en español era Puerto de la Cruzada. Byron renombró la isla como isla Jason, en honor de su barco. ↩︎
La operación fue breve y no produjo víctimas masivas. Sin embargo, disparó una crisis diplomática de gran envergadura en Europa, al punto de que Gran Bretaña evaluó la guerra. ↩︎
La aceptación británica se limitó a considerar la restitución como una reparación por la injuria sufrida, sin responder a la reserva española de soberanía. Para una parte de la historiografía, el silencio británico ante esa reserva constituyó un reconocimiento tácito de los derechos españoles. ↩︎
El memorándum, de 1946, reconoce que aceptar la existencia de una garantía secreta “destruiría definitivamente el caso británico anterior a 1833”. ↩︎
La placa se convirtió en un símbolo menor de la disputa. El hecho de que fuera retirada por un oficial español y luego capturada como botín en 1806 ilustra la continuidad del conflicto por estos territorios. ↩︎
La real cédula del 2 de octubre de 1766 y la instrucción complementaria del 4 de octubre son documentos centrales para el argumento argentino: desde ese momento, las islas fueron administradas por Buenos Aires, y no por la gobernación de Chile o el virreinato del Perú. Fuentes del siglo XX citan un episodio previo de ambigüedad jurisdiccional, pero la dependencia de Buenos Aires quedó establecida formalmente en 1766. ↩︎
Según la historiografía especializada, hubo 18 gobernadores españoles en total. Entre sus tareas se contaba inspeccionar regularmente las costas, en especial Port Egmont, para verificar que los británicos no se hubiesen reinstalado. ↩︎
El envío de presidiarios a las Malvinas fue un fenómeno tardío de la administración española, registrado a partir de 1780. Su mención en las fuentes es a veces anecdótica, por lo que algunos datos cuantitativos no están del todo consolidados. ↩︎
La lectura jurídica del artículo noveno es objeto de interpretaciones contrapuestas. La posición argentina sostiene que implicó un reconocimiento británico de la soberanía española sobre las Malvinas. La posición británica ha relativizado ese alcance, aunque documentos posteriores del Foreign Office admiten cierta ambigüedad. ↩︎
La evacuación dejó las islas despobladas. La historiografía argentina subraya que se trató de una retirada estratégica y no de un abandono de soberanía. Las placas de 1811, una de las cuales está fechada el 7 de febrero de ese año, son una evidencia material de esa intención. ↩︎
David Jewett era un marino de origen estadounidense al servicio de las Provincias Unidas. Su acto de posesión fue, en su momento, escasamente publicitado en Europa, y la reacción británica no fue inmediata. Algunas fuentes citan la fecha del 6 de noviembre de 1820; otras circunscriben el acto a los primeros días de noviembre. ↩︎
El uti possidetis iuris es un principio general del derecho internacional que convierte las antiguas divisiones administrativas coloniales en fronteras internacionales. Fue reconocido como tal por la Corte Internacional de Justicia en el caso Burkina Faso contra Malí (1986). ↩︎
El decreto de creación de la comandancia fue emitido por el gobierno de las Provincias Unidas el 10 de junio de 1829. Algunas fuentes subrayan que el nombramiento de Vernet fue un acto administrativo destinado a consolidar la presencia argentina frente a la creciente depredación extranjera de recursos. ↩︎
El episodio de la USS Lexington es objeto de lecturas historiográficas divergentes. Para la Argentina, fue un acto de agresión contra un asentamiento legalmente constituido. Para los Estados Unidos, se trató de una represalia contra un gobierno que había interferido ilegalmente con barcos de su pabellón. El caso quedó irresuelto en el plano diplomático y es visto por algunos autores como un factor que debilitó la capacidad argentina de controlar el archipiélago. ↩︎
El nombre del comandante británico se cita en las fuentes con variantes. La versión más difundida es John James Onslow, aunque algunas obras lo registran solo como J. J. Onslow o James Onslow. La fecha del 3 de enero es la más consolidada; ocasionalmente aparece el 2 de enero, lo que no altera la secuencia de los hechos. ↩︎
La cría de ovejas transformó la economía y el paisaje de las islas. La exportación de lana se convirtió en la principal fuente de ingresos durante más de un siglo, y las grandes estancias (o farms) configuraron una sociedad rural dispersa. La mayoría de la población se concentró de todas formas en Port Stanley. ↩︎
La Argentina mantuvo el reclamo sin interrupción desde 1833. En los períodos de acercamiento bilateral, como durante las dos guerras mundiales, la cuestión malvinense quedó en segundo plano, pero nunca fue formalmente abandonada por Buenos Aires. ↩︎
La resolución 2065 (XX) no toma partido por una soberanía determinada, pero convierte el caso en un asunto de descolonización y no en una mera cuestión bilateral cerrada. Su aprobación fue celebrada por la Argentina como un avance diplomático y observada con reservas por el Reino Unido. ↩︎
El desembarco argentino concretó un objetivo largamente sostenido por sectores nacionalistas, pero fue planeado y ejecutado por una dictadura deslegitimada internamente. La decisión ha sido interpretada, en parte, como una maniobra para recuperar apoyo popular mediante una causa patriótica. ↩︎
La resolución 502 fue leída de manera opuesta por las partes. El Reino Unido la invocó para justificar su despliegue; la Argentina sostuvo que el llamado a negociar impedía una respuesta puramente militar. La resolución no resolvió el fondo del asunto de soberanía. ↩︎
El hundimiento del General Belgrano el 2 de mayo de 1982, con un saldo de 323 muertos, sigue siendo uno de los episodios más controvertidos de la guerra, por haberse producido fuera de la zona de exclusión marítima británica. El ataque al Sheffield el 4 de mayo demostró la capacidad de la aviación argentina. ↩︎
Las cifras de víctimas varían según las fuentes. La más citada es de 649 muertos argentinos, 255 británicos y tres isleñas o isleños, pero algunos recuentos amplían o desglosan la suma de manera distinta. El número de heridos y de suicidios posteriores entre veteranos complica cualquier cifra cerrada. ↩︎
El malestar entre los veteranos argentinos ha sido documentado por organizaciones de derechos humanos y por asociaciones de excombatientes. Durante años reclamaron políticas de salud, pensiones y reconocimiento simbólico, con resultados parciales y tardíos. ↩︎
La Constitución de 1985 otorgó a las islas un gobierno local elegido democráticamente, con una Asamblea Legislativa y un Consejo Ejecutivo[sin verificar] para los asuntos internos. La defensa y las relaciones exteriores permanecieron en manos del Reino Unido. ↩︎
El Reino Unido argumenta que la autodeterminación es aplicable a la población de las islas y que su deseo de continuar siendo británicos debe decidir la cuestión. La Argentina responde que las Malvinas no constituyen un pueblo colonizado distinto, sino una población implantada tras la ocupación de 1833, y que el principio de integridad territorial prevalece. ↩︎
El respaldo latinoamericano no siempre se traduce en acciones concretas. Sin embargo, ha habido gestos como la negativa de puertos de la región a recibir buques con bandera malvinense o la coordinación de posiciones en la OEA y en la CELAC. La solidaridad con el reclamo argentino es amplia, aunque su intensidad varía según el gobierno de turno. ↩︎
La divergencia no es meramente académica: en el trasfondo de la disputa de soberanía, cada tradición historiográfica ha seleccionado y jerarquizado los episodios de manera distinta. Por eso, las fechas de “descubrimiento” no pueden desvincularse del debate jurídico y político. ↩︎
La prolongación de la ocupación británica no es por sí sola un argumento de soberanía para el derecho internacional, pero la administración efectiva y prolongada sí es un factor que los tribunales internacionales consideran en disputas territoriales. La cuestión malvinense no ha sido resuelta por ningún tribunal internacional vinculante. ↩︎