Horacio Quiroga
| Horacio Silvestre Quiroga Forteza | |
|---|---|
| Nacimiento | 31 de diciembre de 1878 Salto, Uruguay |
| Fallecimiento | 19 de febrero de 1937 Buenos Aires, Argentina |
| Nacionalidad | uruguaya |
| Ocupación | cuentista, dramaturgo, poeta, crítico de cine |
| Movimiento | cuento latinoamericano, modernismo, naturalismo |
| Cónyuges | Ana María Cires (1909–1915) María Elena Bravo (1927–1934[sin verificar]) |
| Hijos | Eglé, Darío y María Elena «Pitoca» Quiroga |
| Obras clave | *Cuentos de amor de locura y de muerte*, *Cuentos de la selva*, *Los desterrados* |
1. Resumen[editar]
Horacio Silvestre Quiroga Forteza (Salto, 31 de diciembre de 1878 – Buenos Aires, 19 de febrero de 1937) fue un cuentista, dramaturgo y poeta uruguayo, considerado uno de los maestros del cuento latinoamericano del siglo XX. Su prosa vívida, en la que se cruzan el naturalismo y el modernismo, retrata con frecuencia una naturaleza hostil, ominosa y ajena a la compasión humana. La crítica lo ha comparado reiteradamente con el estadounidense Edgar Allan Poe, tanto por su dominio del relato de terror y de atmósfera como por una vida marcada por la muerte, el accidente y la enfermedad.[1]
Quiroga nació en el litoral uruguayo, se formó en Montevideo y desarrolló la mayor parte de su carrera en la Argentina, adonde llegó en 1902 y donde la selva de Misiones se convirtió en el paisaje central de su literatura. Trabajó como fotógrafo, profesor, juez de paz, funcionario consular, crítico de cine y agricultor; sus proyectos rurales y comerciales fracasaron con frecuencia, pero esas experiencias nutrieron sus mejores relatos. Casado dos veces, sufrió el suicidio de su primera esposa, Ana María Cires, y enfrentó una larga enfermedad prostática que terminó en un diagnóstico de cáncer avanzado. En la madrugada del 19 de febrero de 1937, en presencia de su amigo Vicente Batistessa, bebió cianuro en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires y murió pocos minutos después.
Su obra abarca cuentos de terror, relatos rurales, fábulas infantiles y novelas breves. Cuentos de amor de locura y de muerte (1917), Cuentos de la selva (1918) y Los desterrados (1926) son sus títulos más influyentes. También es recordado por su Decálogo del perfecto cuentista, una suerte de poética breve sobre el oficio narrativo que ha circulado intensamente en la enseñanza de la escritura literaria hispanoamericana. La crítica posterior ha señalado su influencia en narradores como Gabriel García Márquez y Julio Cortázar, en particular por la manera en que Quiroga convierte el paisaje rioplatense y misionero en una dimensión trágica del destino humano.[2]
2. Primeros años y formación[editar]
Horacio Quiroga nació en Salto, ciudad del noroeste del Uruguay, a orillas del río Uruguay, el 31 de diciembre de 1878. Fue hijo del vicecónsul argentino en Salto, Prudencio Facundo Quiroga, y de Pastora Forteza. Su familia paterna descendía de inmigrantes gallegos asentados en las provincias argentinas de San Juan y La Rioja; el padre era a su vez nieto de Juan Esteban Quiroga, hermano menor del caudillo argentino Facundo Quiroga.[3]
La infancia de Quiroga estuvo atravesada por la muerte violenta. Antes de que el niño cumpliera los tres meses, el 14 de marzo de 1879[sin verificar], su padre se disparó accidentalmente con una escopeta frente a la familia y falleció.[4] A raíz de la tragedia, la madre se mudó con sus hijos a la ciudad de Córdoba, en la Argentina, y regresó a Salto unos cuatro años después. En Salto, la familia adquirió una casa de veraneo que desde el 23 de diciembre de 2004 funciona como museo con el nombre de Casa Quiroga, en homenaje al escritor.[5]
En 1891, Pastora Forteza contrajo matrimonio con Ascencio Barcos, quien se convirtió en un buen padrastro para Horacio. El vínculo fue sólido, pero una nueva desgracia alteró la adolescencia del futuro escritor: en 1896, Barcos sufrió un derrame cerebral que lo dejó semiparalizado y sin habla. Poco después, en presencia del joven Quiroga, que tenía entonces 18 años, Barcos se suicidó disparándose en la boca con una escopeta que manipulaba con los pies.[6]
Quiroga cursó sus estudios en Montevideo, capital del Uruguay, hasta terminar el colegio secundario. Su formación combinó estudios generales en el Colegio Nacional y estudios técnicos en el Instituto Politécnico de Montevideo. Desde muy joven mostró interés por la literatura, la química, la fotografía, la mecánica, el ciclismo y la vida de campo. En esa misma etapa fundó la Sociedad de Ciclismo de Salto y realizó un recorrido en bicicleta desde Salto hasta Paysandú, de unos 120 kilómetros.[7] Durante un tiempo trabajó en un taller de reparación de maquinarias y herramientas; por influencia del hijo del dueño se acercó a la filosofía y llegó a definirse como «franco y vehemente soldado del materialismo filosófico».[8]
En lo literario, sus primeros ejercicios se orientaron hacia la poesía. Todavía se conserva un cuaderno con veintidós poemas escritos entre 1894 y 1897, en los que ensaya registros distintos. A fines del siglo XIX y comienzos del XX colaboró en publicaciones como La Revista y La Reforma, y fundó en Salto la Revista de Salto.[9]
3. Trayectoria[editar]
3.1. Primer amor y viaje a París[editar]
Durante el carnaval de 1898, Quiroga conoció en Montevideo a su primer amor, María Esther Jurkovski. La relación fue obstaculizada por los padres de la joven, que no veían con buenos ojos el origen no judío del escritor. Ese amor frustrado dejaría huella en dos obras posteriores: Las sacrificadas (1920) y Una estación de amor (1917).[10]
Tras el suicidio de su padrastro, Quiroga decidió invertir la herencia recibida en un viaje a París. La experiencia, que duró unos cuatro meses contando el tiempo de navegación, no fue la que el joven había imaginado: partió de Montevideo en primera clase y regresó en tercera, harapiento, hambriento y con una barba negra que mantendría por el resto de su vida. Esos meses quedaron consignados en su Diario de un viaje a París (1900), texto que mezcla testimonio, observación y desencanto.[11]
3.2. Consistorio del Gay Saber y accidente con Federico Ferrando[editar]
A su regreso a Montevideo, Quiroga reunió a un grupo de amigos y fundó con ellos el «Consistorio del Gay Saber», una especie de laboratorio literario experimental. Participaron, entre otros, Federico Ferrando, Alberto Brignole, Julio Jaureche, Fernández Saldaña, José María Delgado y Asdrúbal Delgado. El grupo se proponía probar nuevas formas de expresión y sostener los ideales modernistas de la generación del 900.[12]
El Consistorio funcionó aproximadamente entre 1900 y 1902 en una pensión de la calle 25 de Mayo 118, segundo piso, de Montevideo, donde Quiroga alquilaba una habitación. Fue uno de los cenáculos literarios de la capital, junto con la denominada Torre de los Panoramas, y mantuvo polémicas con el grupo de Julio Herrera y Reissig.[13]
La aparición del primer libro de Quiroga, Los arrecifes de coral (1901), de prosa y verso, quedó opacada por la muerte de dos de sus hermanos, Prudencio y Pastora, víctimas de fiebre tifoidea en el Chaco argentino.[14] Ese mismo año, su amigo Federico Ferrando, que había recibido críticas negativas del periodista montevideano Germán Papini Zas, decidió retar a duelo a este. Quiroga, preocupado por la seguridad de Ferrando, se ofreció a revisar y limpiar el revólver que se usaría en el lance. Mientras inspeccionaba el arma, se le escapó un disparo que alcanzó a Ferrando en la boca y lo mató en el acto. Llegada la policía, Quiroga fue detenido e interrogado. Tras comprobarse el carácter accidental del homicidio, fue liberado después de cuatro días de reclusión.[15]
La culpa por la muerte de su amigo lo llevó a disolver el Consistorio y a abandonar el Uruguay. Cruzó el Río de la Plata en 1902 y se instaló en Buenos Aires, en la casa de su hermana María. Allí su cuñado lo inició en la pedagogía y le consiguió trabajo como maestro en las mesas de examen del Colegio Nacional de Buenos Aires.[16]
3.3. Expedición a Misiones y experiencia en el Chaco[editar]
En marzo de 1903, Quiroga fue designado profesor de castellano en el Colegio Británico de Buenos Aires. En junio de ese año, ya convertido en un fotógrafo experimentado, acompañó a Leopoldo Lugones en una expedición a la provincia de Misiones, financiada por el Ministerio de Educación de la Argentina. El objetivo de Lugones era investigar unas ruinas de las misiones jesuíticas, y la pericia fotográfica de Quiroga resultó decisiva para documentar el viaje.[17]
La selva misionera causó una impresión profunda y duradera en Quiroga. Poco después, invirtió el último resto de su herencia, unos siete mil pesos, en tierras para cultivo de algodón en el Chaco, a unos siete kilómetros de Resistencia y junto al río Saladito. El proyecto fracasó por problemas con los trabajadores aborígenes, pero el contacto con la vida rural y los campesinos enriqueció su narrativa de manera irreversible.[18]
De regreso en Buenos Aires, Quiroga se consagró al cuento. En 1904 publicó El crimen del otro, libro influido de modo directo por Edgar Allan Poe y elogiado, entre otros, por José Enrique Rodó. Las comparaciones con el escritor estadounidense no lo incomodaron; solía responder que Poe era su primer y principal maestro. Dos años después apareció Los perseguidos (1905), relato breve derivado del viaje con Lugones, y publicó en la revista argentina Caras y Caretas el célebre cuento «El almohadón de plumas», que circuló ampliamente y cimentó su fama de colaborador buscado por miles de lectores.[19][20]
3.4. Primer matrimonio y vida en la selva[editar]
En 1906, aprovechando las facilidades que el gobierno argentino ofrecía para la explotación de tierras, Quiroga compró en sociedad con su amigo uruguayo Vicente Gozalbo una chacra de 185 hectáreas en la provincia de Misiones, a orillas del Alto Paraná. Mientras enseñaba castellano y literatura, preparó su instalación en la selva. En las vacaciones de 1908 se trasladó a la propiedad, construyó las primeras instalaciones y levantó el bungalow en el que viviría.[21]
Por entonces se enamoró de una de sus alumnas, la adolescente Ana María Cires. Le dedicó su primera novela, Historia de un amor turbio (1908). Ante la oposición de los padres, insistió en la relación y finalmente obtuvo permiso para casarse y llevarla a Misiones. Los suegros de Quiroga, preocupados por los riesgos de la vida salvaje, se instalaron cerca de la vivienda del matrimonio.[22]
En 1911 nació la primera hija de la pareja, Eglé Quiroga, en la propia casa de la selva. Ese mismo año, Quiroga comenzó la explotación de yerbales en sociedad con Gozalbo y fue nombrado juez de paz del Registro Civil de San Ignacio. Al año siguiente nació su hijo Darío.[23]
La educación de los hijos se convirtió en un proyecto personal. Desde muy pequeños los acostumbró al monte y a la selva, exponiéndolos al peligro de manera controlada: los dejó solos en la jungla durante la noche y los obligó a sentarse al borde de acantilados con las piernas colgando en el vacío. La hija aprendió a criar animales silvestres y el hijo a usar escopeta, manejar una moto y navegar solo en canoa. La madre, sin embargo, se aterrorizaba ante estos métodos.[24]
3.5. Regreso a Buenos Aires y consolidación como cuentista[editar]
La vida en la selva sometió a Ana María a una presión creciente. Tras una pelea violenta con Quiroga, ingirió una dosis fatal de sublimado corrosivo, empleado en el revelado fotográfico, y murió después de una agonía de ocho días, el 14 de diciembre de 1915[sin verificar]. Tenía unos 25 años. Quiroga quedó solo con dos hijos pequeños y, muy afectado, apenas volvió a mencionar a su primera esposa.[25]
Tras el suicidio de su joven cónyuge, se trasladó con los niños a Buenos Aires. Gracias a gestiones de amigos, obtuvo un cargo de secretario contador en el Consulado General del Uruguay en esa ciudad. Durante 1917 vivió con sus hijos en un sótano de la avenida Canning —hoy avenida Raúl Scalabrini Ortiz— 164, alternando el trabajo diplomático con la redacción de relatos que se publicaban en revistas de prestigio como PBT y Pulgarcito. La mayoría de esos cuentos fueron reunidos en Cuentos de amor de locura y de muerte (1917), volumen solicitado por el escritor Manuel Gálvez y que se convirtió de inmediato en un éxito de público y crítica. El título no lleva comas entre las palabras, decisión deliberada del autor.[26]
Al año siguiente, Quiroga se mudó a un pequeño departamento de la calle Agüero y publicó Cuentos de la selva (1918), colección de relatos infantiles protagonizados por animales y ambientados en la selva misionera. Dedicó el libro a sus hijos, que lo acompañaron durante ese período de pobreza. La obra consolidó el interés de Quiroga por la fábula y por los relatos en los que los animales conservan sus rasgos naturales mientras hablan y razonan.[27]
En 1919 publicó El salvaje, y poco después llegaron dos ascensos consulares. Al año siguiente, siguiendo la idea del Consistorio, fundó la «Agrupación Anaconda», un grupo de intelectuales que realizaba actividades culturales en la Argentina y el Uruguay. Su única obra teatral, Las sacrificadas, se publicó en 1920 y se estrenó en 1921. En esa etapa apareció también Anaconda y otros cuentos (1921). El diario argentino La Nación comenzó a publicar sus relatos con regularidad, y sus colaboraciones en La Novela Semanal ampliaron aún más su difusión.[28]
Entre 1922 y 1924, Quiroga participó como secretario de una embajada cultural al Brasil, donde la Academia Brasileña de Letras lo distinguió especialmente. A su regreso publicó El desierto (1924). Durante mucho tiempo se dedicó además a la crítica cinematográfica en revistas como Atlántida, El Hogar y La Nación. Escribió el guion de un largometraje, La jangada florida, que nunca llegó a filmarse, y fue invitado a integrar un proyecto de Escuela de Cinematografía financiado por inversores rusos, que tampoco prosperó.[29] Se considera que Quiroga fue el primer crítico cinematográfico uruguayo, y en sus textos asociaba a Hollywood con la falta de creación y libertad artística.[30]
3.6. Segundo matrimonio y últimos años en Misiones[editar]
Después de su regreso a Misiones, Quiroga se enamoró de una joven de 17 años, Ana María Palacio. Intentó convencer a sus padres de que la dejasen vivir con él en la selva, pero la negativa fue terminante. Ese fracaso amoroso inspiró su segunda novela, Pasado amor (1929), que incluye elementos autobiográficos, como los mensajes dejados en una rama hueca, cartas cifradas y el intento de construir un túnel hasta la habitación de la joven. Finalmente, los padres de Ana María la alejaron de Salto y Quiroga debió renunciar a ese amor.[31]
En su casa, convertida en astillero, construyó una embarcación a la que bautizó «Gaviota» y con la que realizó expediciones fluviales desde San Ignacio hasta Buenos Aires. A comienzos de 1926 volvió a Buenos Aires y alquiló una quinta en el partido de Vicente López. En la cúspide de su popularidad, una importante editorial le dedicó un homenaje al que asistieron figuras como Arturo Capdevila, Baldomero Fernández Moreno, Benito Lynch, Juana de Ibarbourou, Armando Donoso y Luis Franco. Amante de la música clásica, frecuentaba los conciertos de la Asociación Wagneriana y leía con avidez manuales de mecánica, física y artes manuales.[32]
En 1927 publicó Los desterrados, considerado a menudo su libro más logrado. Ese mismo año se casó con María Elena Bravo, compañera de escuela de su hija Eglé. La nueva esposa no había cumplido todavía veinte años; Quiroga tenía 49.[33] Con ella tuvo una hija, María Elena «Pitoca» Quiroga, nacida en 1928.[34]
A partir de 1932 Quiroga se radicó por última vez en Misiones, en lo que pensaba como un retiro definitivo, con su esposa y su hija menor. Para lograrlo consiguió un decreto que trasladaba su cargo consular a una ciudad cercana. Sin embargo, un cambio de gobierno lo dejó fuera del consulado. Algunos amigos, como el escritor salteño Enrique Amorim, tramitaron una jubilación argentina. La correspondencia entre ambos revela que Quiroga compartía con él la mayor parte de sus conflictos íntimos y familiares. María Elena, como antes Ana María Cires, no toleraba la vida en el monte, y las discusiones violentas se volvieron cotidianas.[35]
En 1935 apareció la colección Más allá, integrada por cuentos ya publicados. Por influencia de autores como Axel Munthe y Henrik Ibsen, Quiroga comenzó a interesarse por nuevos estilos y a planear su autobiografía, proyecto que no llegó a concretar.[36]
3.7. Enfermedad, suicidio y destino de sus hijos[editar]
Ese mismo año 1935 empezó a experimentar síntomas urinarios. Los médicos le diagnosticaron hipertrofia de próstata. Su esposa y su hija lo dejaron solo y enfermo en Misiones y regresaron a Buenos Aires, lo que agravó su ánimo. Poco después, en 1937, viajó a Buenos Aires para tratarse. Internado en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires a principios de ese año, una cirugía exploratoria reveló que padecía un cáncer de próstata avanzado, intratable e inoperable.[37]
En el hospital conoció a Vicente Batistessa, un paciente con graves deformidades que se encontraba encerrado en los sótanos. Compadecido, Quiroga exigió que lo liberaran y lo alojaran en su misma habitación. Entre ambos nació una amistad intensa. En la tarde del 18 de febrero de 1937, una junta médica explicó al escritor la gravedad de su estado. Quiroga pidió permiso para salir, dio un largo paseo por la ciudad y probablemente compró en una farmacia el cianuro con el que se suicidaría. Regresó al hospital a las 23:00.[38]
Ya de madrugada, confió a Batistessa su decisión de anticiparse al cáncer y abreviar el dolor. En presencia de su amigo, bebió un vaso de cianuro y murió en pocos minutos. Era el 19 de febrero de 1937. Su cadáver fue velado en la Casa del Teatro de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), institución de la que fue fundador y vicepresidente. Sus restos fueron repatriados más tarde a su país natal. Quiroga había deseado que su cuerpo fuera cremado y sus cenizas esparcidas en la selva misionera. Finalmente, familiares y amigos decidieron encargar una urna de algarrobo al escultor ruso Stepán Erzia, pieza que se conserva en el Museo Casa Quiroga de Salto.[39]
La vida de Quiroga terminó con una dimensión trágica adicional: sus tres hijos también se suicidaron. Eglé lo hizo un año después, en 1938; Darío en 1952, y María Elena en 1988.[40]
Alfonsina Storni, con quien Quiroga mantuvo amistad, escribió al conocer la noticia un poema en el que interpela al muerto:
Morir como tú, Horacio, en tus cabales,
y así como siempre en tus cuentos, no está mal;
un rayo a tiempo y se acabó la feria …
Allá dirán.
No se vive en la selva impunemente,
ni cara al Paraná.
Bien por tu mano firme, gran Horacio …
Allá dirán.
«No hiere cada hora –queda escrito–,
nos mata la final.»
Unos minutos menos … ¿quién te acusa?
Allá dirán.[41]
4. Estilo y características[editar]
La obra de Quiroga se inscribe en la órbita del modernismo fundado por Rubén Darío y en la tradición del cuento de Poe y de Guy de Maupassant. Se sintió atraído por los aspectos más extraños y amenazantes de la naturaleza, teñidos de horror, enfermedad y sufrimiento. Muchos de sus relatos construyen un mundo en el que la selva, el río, el clima y la fauna no son mero decorado, sino fuerzas que se enfrentan al ser humano y a menudo lo derrotan. La naturaleza es en Quiroga una adversaria ciega pero justa, una trama de reglas que no perdonan el error.[42]
Se ha señalado también la influencia del británico Rudyard Kipling y de El libro de la selva en sus Cuentos de la selva, que funcionan como ejercicio de fantasía protagonizado por animales. En ellos, los animales hablan y piensan sin perder las características naturales de su especie. Esta combinación de observación zoológica y fábula es uno de los rasgos más originales del autor.[43]
Quiroga redactó un célebre Decálogo del perfecto cuentista, en el que prescribe un estilo económico y preciso, con pocos adjetivos, expresión natural y llana, y claridad narrativa. Sin embargo, como han notado los estudiosos, su práctica no siempre siguió esos preceptos: en no pocos relatos abundan los adjetivos y un vocabulario deliberadamente ostentoso. Esa tensión entre la teoría concisa y la prosa recargada forma parte del interés crítico de su figura.[44]
Con el tiempo, Quiroga evolucionó hacia un retrato realista y sombrío de la vida en el nordeste argentino. La tragedia de los obreros rurales, los mensúes, los peligros de la selva y la transmisión del dolor entre generaciones aparecen en relatos como «Los desterrados». Abordó además temas que en la sociedad de comienzos del siglo XX resultaban tabú, y los críticos han subrayado su voluntad de riesgo tanto en los asuntos como en el tratamiento.[45]
Algunos estudiosos vinculan su fascinación por la muerte, el accidente y la enfermedad con la cadena de desgracias que conoció desde la infancia: la muerte accidental del padre, el suicidio del padrastro, la muerte de su amigo Ferrando, el suicidio de su primera esposa. Sea como fuere, lo cierto es que Quiroga produjo con ese material algunas de las piezas más perdurables de la literatura hispanoamericana.[46]
5. Obra literaria[editar]
La bibliografía de publicaciones en vida de Quiroga incluye poesía, crónicas de viaje, relatos, novelas y una pieza teatral. A continuación se enumeran los títulos principales, con los años consignados por las fuentes; cuando hay discrepancia entre las cronologías, se indica en nota.[47]
5.1. Cuentos y relatos[editar]
- El crimen del otro (1904)
- Los perseguidos (1905)
- El almohadón de plumas (1905)
- Cuentos de amor de locura y de muerte (1917)
- Cuentos de la selva (1918)
- El salvaje (1919–1920 según las fuentes)
- Anaconda y otros cuentos (1921)
- El desierto (1924)
- La gallina degollada y otros cuentos (1925)
- Los desterrados (1926)
- Suelo natal (1931)
- Más allá (1935)
Dentro de su producción cuentística, «El almohadón de plumas», «A la deriva» y «La gallina degollada» se han convertido en piezas canónicas del cuento de terror y del relato rioplatense.[48]
5.2. Novelas[editar]
- Historia de un amor turbio (1908)
- Pasado amor (1929)
Ambas novelas tratan un asunto que obsesionaba al autor en su vida personal: los amores entre hombres maduros y jovencitas adolescentes, y la oposición de los padres de ellas. En Historia de un amor turbio, la acción se organiza en tres momentos: una niña de nueve años se enamora de un adulto; ocho años después, el hombre comienza a cortejarla; y en el tiempo presente de la novela han pasado diez años desde el abandono. La protagonista se llama Eglé, nombre de la hija de Quiroga. Pasado amor repite el esquema con un hombre maduro que regresa a un lugar y se enamora de una jovencita a la que había amado cuando era niña. El nombre de la protagonista no es el único dato autobiográfico: los procedimientos de cortejo narrados en la novela habían sido ensayados por Quiroga con Ana María Palacio, según las fuentes biográficas.[49]
5.3. Teatro y otros textos[editar]
- Las sacrificadas (1920), teatro
- Diario de viaje a París (1900), testimonio y observaciones
- Los arrecifes de coral (1901), prosa y verso
La crítica ha sido bastante unánime al considerar el teatro de Quiroga como un equívoco, y en general su fama se apoya en el cuento y, en menor medida, en sus dos novelas. Su Decálogo del perfecto cuentista circula como poética y como material didáctico en talleres literarios.[50]
6. Vida personal y tragedias familiares[editar]
La biografía de Quiroga está marcada por una sucesión inusual de muertes y suicidios. Su padre falleció por un disparo accidental; su padrastro se suicidó; su amigo Federico Ferrando murió por un disparo accidental salido del arma que el propio Quiroga inspeccionaba; su primera esposa se suicidó; y el propio escritor se suicidó en 1937. A ello se suman las muertes de dos hermanos por fiebre tifoidea y el suicidio posterior de sus tres hijos. Estas coincidencias han alimentado una lectura trágica de su figura, aunque no explican por sí solas el valor de su obra.[51]
La relación de Quiroga con mujeres muy jóvenes aparece en sus dos novelas y en su biografía. Su segunda esposa, María Elena Bravo, era compañera de escuela de su hija Eglé y no había cumplido veinte años al casarse. Esa asimetría generacional y el conflicto con los padres de las muchachas resultan centrales tanto en la vida como en la ficción.[52]
7. Presencia en el mundo hispanohablante y legado[editar]
Quiroga ocupa un lugar central en el canon del cuento latinoamericano. Su obra ha sido reeditada innumerables veces y forma parte de los programas escolares y universitarios en el Río de la Plata y en América Latina. Sus cuentos, en particular Cuentos de la selva y los relatos de Cuentos de amor de locura y de muerte, circulan en ediciones de bolsillo y en antologías. La crítica lo considera un puente entre el modernismo y la narrativa breve contemporánea, y se ha documentado su influencia en autores posteriores como Gabriel García Márquez y Julio Cortázar.[53]
En el mundo hispanohablante existen varios espacios de memoria vinculados a su figura. La Casa Quiroga de Salto, en Uruguay, funciona como museo desde el 23 de diciembre de 2004. En San Ignacio, provincia de Misiones, se conserva una reconstrucción de su casa y un museo provincial dedicado a su vida y a su paso por la selva misionera. Ambos lugares reciben visitas de lectores y turistas interesados en la geografía de sus relatos.[54] Además, la Asociación Wagneriana y otras instituciones culturales rioplatenses han recordado en distintos aniversarios su doble condición de escritor y cinéfilo.
En el ámbito científico, una especie de serpiente sudamericana de la familia de los dipsádidos, Apostolepis quirogai, fue nombrada en su honor.[55] La presencia de su nombre en la taxonomía es un gesto tardío que confirma la expansión de la figura del escritor más allá del campo literario.
8. Referencias[editar]
La redacción de este artículo se apoya en los artículos biográficos de las versiones en español e inglés de Wikipedia sobre Horacio Quiroga, así como en las fuentes allí citadas. Las discrepancias entre cronologías quedan señaladas en las notas.
La comparación con Poe ha sido recurrente desde la recepción temprana de su obra. El propio Quiroga solía reconocer a Poe como su primer maestro, y la crítica posterior ha analizado esa influencia en relatos como «El almohadón de plumas» y «El crimen del otro». ↩︎
Sobre la influencia de Quiroga en Gabriel García Márquez y Julio Cortázar, véase Del George, Dana, The supernatural in short fiction of the Americas: the other world in the New World, Greenwood Publishing Group, 2001, p. 81. ↩︎
La rama paterna de Quiroga se remonta a inmigrantes gallegos asentados en San Juan durante el siglo XVII y trasladados luego a La Rioja. ↩︎
Prudencio Facundo Quiroga, vicecónsul argentino en Salto, murió cuando Quiroga tenía alrededor de dos meses y medio. El artículo de la Wikipedia en español menciona la muerte accidental frente a la familia; la fecha exacta de 14 de marzo de 1879 procede de la versión en inglés y conviene verificarla en fuentes biográficas. ↩︎
La Casa Quiroga de Salto fue adquirida por la familia como casa de veraneo y transformada en museo el 23 de diciembre de 2004. ↩︎
Ascencio Barcos sufrió un derrame cerebral en 1896 y poco después se suicidó en presencia de Horacio, que tenía 18 años y entraba casualmente en la habitación. ↩︎
La distancia entre Salto y Paysandú, de 120 kilómetros, es la que se cita habitualmente en las biografías; en algunas fuentes se la menciona como trayecto en bicicleta. ↩︎
La autodefinición de Quiroga como «franco y vehemente soldado del materialismo filosófico» aparece en las biografías de Emir Rodríguez Monegal y otros autores. ↩︎
Existe una pequeña discrepancia entre las fuentes: la versión en español data la fundación de la Revista de Salto en 1900, mientras que la versión en inglés menciona 1899. No se ha podido dirimir aquí. Conviene verificar el dato en la prensa uruguaya de la época. ↩︎
El nombre de María Esther Jurkovski es el que registran las biografías. El apellido aparece a veces con variantes, por lo que conviene contrastarlo con la bibliografía especializada. ↩︎
El viaje a París duró unos cuatro meses contando la travesía marítima, según la versión en español. Algunas fuentes biográficas ofrecen detalles adicionales sobre su regreso a Montevideo en tercera clase. ↩︎
El Consistorio del Gay Saber es descrito por los biógrafos como un laboratorio literario experimental en el que participaron intelectuales de la generación del 900 uruguayo. ↩︎
La dirección 25 de Mayo 118, segundo piso, entre Colón y Pérez Castellano, es la que menciona Emir Rodríguez Monegal. El grupo funcionó entre 1900 y 1902. ↩︎
Los dos hermanos de Quiroga fallecieron de fiebre tifoidea en el Chaco, según las biografías. El dato subraya la relación temprana del escritor con la región que más tarde sería central en su obra. ↩︎
El homicidio accidental de Federico Ferrando es uno de los episodios más documentados de la biografía. Quiroga fue liberado tras comprobarse la naturaleza accidental del disparo. ↩︎
Tras el accidente con Ferrando, Quiroga abandonó el Uruguay en 1902 y se estableció en Buenos Aires, donde su cuñado lo introdujo en la docencia. ↩︎
La expedición de Leopoldo Lugones a Misiones tuvo lugar en junio de 1903, según las biografías. Quiroga participó como fotógrafo, y su experiencia con la selva quedó documentada en Los perseguidos y otros textos. ↩︎
El proyecto algodonero del Chaco fracasó por problemas con los trabajadores aborígenes. Las cifras sobre la herencia invertida, unos siete mil pesos, proceden de las fuentes biográficas; conviene verificarlas en la bibliografía especializada. ↩︎
El crimen del otro fue publicado en 1904 y elogiado, entre otros, por José Enrique Rodó, quien destacó la madurez temprana del autor. ↩︎
Existe discrepancia entre fuentes: la versión en español de Wikipedia sitúa la publicación de «El almohadón de plumas» en Caras y Caretas en 1905, mientras que la versión en inglés la data en 1907. Se recomienda verificar el año en la propia revista. ↩︎
La chacra de 185 hectáreas fue comprada en sociedad con Vicente Gozalbo en 1906, según las biografías. La fecha de construcción del bungalow se sitúa en 1908. ↩︎
Ana María Cires tenía quince años cuando Quiroga la conoció como alumna, según algunas fuentes; otras biografías destacan la oposición inicial de los padres. La fecha del matrimonio, 1909, aparece en las enciclopedias. ↩︎
Eglé nació en 1911 y Darío en 1912, ambos en Misiones. Los biógrafos suelen subrayar el carácter rural y aislado de ese hogar. ↩︎
Los métodos educativos de Quiroga, incluidos los episodios de exposición a la selva nocturna y al vacío de los acantilados, aparecen en biografías y en testimonios de sus hijos. ↩︎
La fecha de muerte de Ana María Cires, 14 de diciembre de 1915, procede de la versión en inglés. La versión en español menciona la agonía de ocho días y el suicidio con sublimado corrosivo, sin precisar el día exacto. Conviene confirmar el dato. ↩︎
Cuentos de amor de locura y de muerte fue publicado en 1917 por iniciativa de Manuel Gálvez. El título no lleva comas entre las palabras, según señaló el propio autor. ↩︎
Cuentos de la selva fue publicado en 1918 y dedicado a los hijos del autor. La órbita de Kipling y El libro de la selva es evidente, aunque Quiroga logra una voz propia. ↩︎
La Agrupación Anaconda, el estreno de Las sacrificadas y la publicación de Anaconda y otros cuentos se sitúan entre 1920 y 1921. Las fuentes difieren en detalles menores, como el mes del estreno teatral. ↩︎
El guion La jangada florida nunca fue filmado. El proyecto de Escuela de Cinematografía, financiado por inversores rusos, tampoco se concretó. Sobre la relación de Quiroga con el cine, véase Barsky, Julián, Horacio Quiroga y el cine, Todo es Historia, Buenos Aires, 2006. ↩︎
La consideración de Quiroga como primer crítico cinematográfico uruguayo está documentada en trabajos de Pablo Rocca y otros investigadores. ↩︎
La relación frustrada con Ana María Palacio inspiró Pasado amor. La negativa de los padres, el alejamiento de la joven y los intentos de cortejo de Quiroga son datos que las biografías suelen presentar con variantes. ↩︎
El homenaje editorial y la presencia de Quiroga en los conciertos de la Asociación Wagneriana corresponden a sus años en Buenos Aires. Los nombres de los participantes proceden de las crónicas de la época. ↩︎
María Elena Bravo se casó con Quiroga en 1927 sin haber cumplido veinte años. Algunas fuentes la llaman María Bravo, pero la forma completa del nombre es la que se usa en este artículo. ↩︎
El nacimiento de María Elena «Pitoca» Quiroga se sitúa en 1928. Es la tercera hija del escritor y única nacida del segundo matrimonio. ↩︎
La correspondencia entre Quiroga y Enrique Amorim revela los problemas familiares del escritor y la gestión de su jubilación argentina. Véase la correspondencia publicada por Martínez Estrada y la biografía de Rodríguez Monegal. ↩︎
Más allá (1935) reunió cuentos ya publicados. Por esas fechas, Quiroga mostraba interés por Munthe e Ibsen y planeaba una autobiografía. ↩︎
El diagnóstico de cáncer de próstata avanzado se realizó en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires a comienzos de 1937. Algunas fuentes mencionan hipertrofia de próstata como diagnóstico previo, en 1935. ↩︎
La historia de Vicente Batistessa, paciente con deformidades que Quiroga ayudó y que estuvo presente en su suicidio, es narrada por las biografías. El gesto humanitario del escritor ha sido destacado en la prensa y en estudios posteriores. ↩︎
Los restos de Quiroga fueron repatriados a Uruguay. La urna de algarrobo fue tallada por Stepán Erzia y se conserva en el Museo Casa Quiroga de Salto. Se ha dicho que Quiroga deseaba que sus cenizas se esparcieran en la selva misionera. ↩︎
La noticia de los suicidios de los tres hijos de Quiroga procede de una crónica de Infobae (31 de diciembre de 2021). Las fechas son 1938 para Eglé, 1952 para Darío y 1988 para María Elena. ↩︎
El poema de Alfonsina Storni, reproducido aquí en forma abreviada, pertenece a sus Poesías Completas. La anécdota sobre la compasión que a Storni le parecía indigna frente a Quiroga aparece en la biografía de Pedro Orgambide. ↩︎
La definición de la naturaleza como enemiga del ser humano es un lugar común en los estudios sobre Quiroga. Véanse los trabajos de Noé Jitrik y de Emir Rodríguez Monegal. ↩︎
La influencia de Kipling en Cuentos de la selva fue analizada por Rodríguez Monegal y por otros críticos. No se trata de una imitación, sino de una reelaboración del modelo de fábula. ↩︎
El Decálogo del perfecto cuentista contradice en parte la práctica de Quiroga, como han señalado los críticos. La tensión entre teoría y estilo es un lugar de análisis frecuente. ↩︎
La pintura de los mensúes y de la miseria rural aparece con fuerza en Los desterrados, que no solo retrata la naturaleza sino también las condiciones sociales del nordeste argentino. ↩︎
La hipótesis según la cual la fascinación por la muerte deriva de la biografía trágica ha sido sostenida por autores como John A. Crow y Matías Bauso. No todos los críticos la aceptan, pero la frecuencia de las desgracias familiares es un dato objetivo. ↩︎
La lista de libros publicados en vida sigue la cronología de Walter Rela, Horacio Quiroga: Repertorio bibliográfico anotado (1972), citada en la Wikipedia en español. Las discrepancias con la versión en inglés se indican en las entradas correspondientes. ↩︎
«A la deriva», «El almohadón de plumas» y «La gallina degollada» han sido antologados en numerosas compilaciones y son objeto habitual de lectura escolar. ↩︎
La relación entre las novelas y la biografía de Quiroga es analizada por Emir Rodríguez Monegal y Pedro Orgambide. El nombre Eglé en Historia de un amor turbio es un dato significativo, aunque no debe leerse como identidad estricta entre personaje y persona. ↩︎
El teatro de Quiroga, poco difundido, ha sido considerado por la crítica un «error» o un desvío. La valoración negativa no impide que Las sacrificadas tenga interés como documento de época. ↩︎
La cadena de muertes en la familia de Quiroga es uno de los argumentos centrales de las crónicas periodísticas y biografías que se han escrito sobre él. No debe confundirse el relato de esas tragedias con una explicación causal de su obra. ↩︎
La asimetría de edad con Ana María Cires y con María Elena Bravo ha sido tratada por los biógrafos y por la crítica literaria. En el siglo XXI, la mirada sobre esas relaciones tiende a ser más crítica que en las apologías tradicionales. ↩︎
La presencia de Quiroga en el canon escolar y universitario rioplatense es constante. Además, su Decálogo del perfecto cuentista sigue utilizándose en talleres y programas de escritura creativa. ↩︎
La reconstrucción de la casa de Quiroga en San Ignacio data de 2006, según consta en los registros del museo provincial. El dato no modifica la información central: la casa original fue destruida por indígenas mbyá, según las fuentes biográficas. ↩︎
El epíteto específico quirogai fue dedicado al escritor. Véase Beolens, Bo; Watkins, Michael; Grayson, Michael, The Eponym Dictionary of Reptiles, Johns Hopkins University Press, 2011, p. 214. ↩︎