Ir al contenido

Jesús de Nazaret

✏️ Editar🕓 Historial🔗 Enlaces
Jesús de Nazaret
Predicador y líder religioso judío
Nombre nativoܝܫܘܥ, Išo (arameo); יְהוֹשֻׁעַ, Yehošuaʕ, o יֵשׁוּ, Yešuaʕ (hebreo antiguo)
Nacimientoc. 4 a. C., en Nazaret o Belén
Fallecimiento30-33 d. C., en el Calvario, Jerusalén
Causa de muerteCrucifixión ordenada por Poncio Pilato
EtniaJudío
Lengua maternaArameo
PadresMaría y José; según la tradición cristiana, José fue su padre putativo o adoptivo
OcupaciónObrero, artesano o carpintero
FestividadesNavidad, Bautismo de Jesús, Semana Santa, Pascua de Resurrección, Ascensión
Santuarios relevantesBasílica de la Natividad, Santo Sepulcro, Basílica de Getsemaní, Capilla de la Ascensión

1. Resumen[editar]

Jesús de Nazaret, llamado también Jesucristo, fue un predicador y líder religioso judío que vivió a comienzos del siglo I en las regiones de Galilea y Judea, bajo dominio del Imperio romano. Es la figura central del cristianismo y una de las personalidades más influyentes de la historia. Su nacimiento se sitúa convencionalmente antes de la muerte de Herodes el Grande, en torno al año 4 a. C., y su muerte, por crucifixión, suele datarse entre los años 30 y 33 d. C.[1]

Lo que se conoce sobre su vida procede casi en su totalidad de la tradición cristiana, en particular de los cuatro evangelios del Nuevo Testamento. Existen también menciones no cristianas de su figura, entre ellas breves pasajes del historiador romano Tácito y del historiador judeorromano Flavio Josefo, que constituyen un punto de apoyo importante para la investigación histórica.[2]

Desde el siglo XX, la mayoría de los historiadores de la Antigüedad acepta la existencia histórica de Jesús. Dentro de ese consenso, se le considera un judío galileo que fue bautizado por Juan el Bautista, desarrolló un ministerio itinerante de predicación y enseñanza, reunió discípulos, mantuvo controversias con grupos religiosos de su tiempo y fue ejecutado durante el gobierno de Poncio Pilato. La investigación discrepa, en cambio, sobre el detalle de muchos episodios y sobre el valor histórico de los relatos evangélicos.[3]

Para las iglesias cristianas, Jesús es el Hijo de Dios y, en la doctrina mayoritaria, la encarnación de Dios Hijo. Su muerte y resurrección son el fundamento de la redención y de la fe cristiana. En el islam se lo honra como el profeta Isa, no como divino; el judaísmo rechaza su mesianismo y su divinidad. Otras tradiciones religiosas lo interpretan de maneras diversas, como avatar, bodhisattva o manifestación de Dios.

2. Nombre[editar]

El nombre de Jesús procede de una forma hebrea o aramea relacionada con la raíz que significa «Yahveh es salvación». En hebreo antiguo aparece como יֵשׁוּעַ, Yešuaʕ, forma abreviada de יְהוֹשֻׁעַ, Yehošuaʕ. En el siglo I, según algunos autores, el nombre pudo pronunciarse Yēšú en Galilea, con la caída de la consonante final.[4]

La forma pasó al griego como Ἰησοῦς (Iēsoûs), con una s final que responde a la morfología griega de los nombres masculinos. Del latín Iesus llegó al español «Jesús». El título «Cristo» proviene del griego Χριστός (Jristós), que traduce el hebreo Māšîaḥ, «ungido»; de la forma griega deriva también «Mesías».[5]

En los evangelios se lo presenta a veces como «Jesús de Nazaret» o «Jesús el Nazareno». La fórmula «el Nazoreo» o «el Nazareno» ha recibido distintas explicaciones: puede referirse a la localidad de Nazaret o a una designación religiosa o sectaria de la época.

3. Fuentes para su estudio[editar]

Las fuentes principales sobre Jesús son los cuatro evangelios canónicos: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Los tres primeros se denominan sinópticos por sus numerosas coincidencias y por su estructura parecida. La mayoría de los estudiosos data la redacción de los evangelios entre treinta y cuarenta años después de la muerte de Jesús, como mínimo, y propone que se basaron en tradiciones orales transmitidas por sus seguidores.

Además de los evangelios, el Nuevo Testamento contiene referencias en las cartas de Pablo y en los Hechos de los Apóstoles, que aportan datos muy tempranos sobre la comunidad cristiana posterior a Jesús. Entre las menciones no cristianas se cuentan un pasaje de los Anales de Tácito, que sitúa la ejecución de Jesús bajo Poncio Pilato, y las referencias de Flavio Josefo en Antigüedades judías.[6]

El estudio crítico distingue entre el Jesús de la fe y el Jesús histórico. A partir del siglo XVIII, y sobre todo desde el XIX, la investigación histórica ha intentado reconstruir los hechos verificables detrás de los relatos evangélicos. Las conclusiones son dispares en cuanto a método y detalle, pero existe un consenso amplio sobre los grandes trazos: judío galileo, bautismo por Juan, ministerio itinerante, llamada de un grupo de discípulos, conflictos con las autoridades y crucifixión bajo Pilato.

4. Vida según el Nuevo Testamento[editar]

La exposición que sigue resume el relato de los cuatro evangelios canónicos, que es la base de la fe cristiana. No debe confundirse automáticamente con una biografía moderna: los evangelios son textos religiosos escritos por comunidades creyentes y poseen una intención teológica clara.[7]

4.1 Nacimiento e infancia[editar]

Los relatos sobre el nacimiento e infancia de Jesús aparecen solo en los evangelios de Mateo y de Lucas, y difieren entre sí en varios puntos. En Mateo, José y María parecen vivir ya en Belén; en Lucas, viven en Nazaret y viajan a Belén por un censo promovido por el emperador Augusto. En Mateo se narran la visita de unos magos de Oriente, la huida a Egipto y la matanza de los Inocentes ordenada por Herodes el Grande. En Lucas se narran la anunciación a María por el ángel Gabriel, el nacimiento en un pesebre, la adoración de unos pastores, la circuncisión, la presentación en el Templo y el encuentro de Jesús con los doctores a los doce años.[8]

Según Lucas y Mateo, María concibió a Jesús por obra del Espíritu Santo; José, su esposo, lo aceptó como hijo. La tradición cristiana confiesa el nacimiento virginal, mientras que desde una perspectiva histórica José suele considerarse padre legal o putativo. Las dos genealogías que ofrecen Mateo y Lucas trazan la ascendencia de José, aunque terminan en Adán y Abraham respectivamente y divergen después del rey David.[9]

Nazaret, en Galilea, aparece en los cuatro evangelios como el lugar donde Jesús se crio. Belén, en Judea, es presentado por Mateo y Lucas como lugar de nacimiento, en relación con la tradición mesiánica davídica. La fecha exacta del nacimiento no se conoce. La cronología tradicional de Dionisio el Exiguo, que fijó el inicio de la era cristiana, contiene probablemente un desfase de varios años, porque Herodes el Grande murió hacia el año 4 a. C.[10]

4.2 Bautismo y tentaciones[editar]

Los evangelios sinópticos presentan a Jesús acudiendo al río Jordán para ser bautizado por Juan el Bautista. En el relato, al salir del agua, el Espíritu Santo descendió sobre él en forma de paloma y una voz del cielo lo proclamó Hijo de Dios. El Evangelio de Juan no narra el bautismo directamente, pero describe la escena del descenso del Espíritu sobre Jesús.

Después del bautismo, los sinópticos sitúan a Jesús en el desierto durante cuarenta días, donde ayunó y rechazó tres tentaciones del demonio. El episodio no aparece en el Evangelio de Juan. Tras el desierto, Jesús regresó a Galilea y comenzó a proclamar la cercanía del Reino de Dios.

4.3 Vida pública[editar]

Jesús recorrió principalmente Galilea, en localidades como Cafarnaún, Corozaín, Betsaida, Caná o Naín, y visitó también Judea y Jerusalén, especialmente en las fiestas de peregrinación. No se indica con claridad cuánto duró su ministerio. El Evangelio de Juan menciona tres fiestas de Pascua, mientras que los sinópticos solo aluden a la Pascua final; esto ha llevado a propuestas de una vida pública de entre uno y tres años.[11]

Eligió a un grupo de doce discípulos principales, llamados apóstoles. Según los sinópticos, la lista está encabezada por Simón Pedro e incluye a Andrés, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo, Santiago de Alfeo, Tadeo, Simón el Zelote y Judas Iscariote. El Evangelio de Juan menciona solo a algunos por nombre, aunque alude también al número de doce.

Su predicación se centró en el Reino de Dios y se expuso tanto en sinagogas como al aire libre. Utilizó parábolas breves, muchas veces de ambiente campesino, para hablar de la misericordia de Dios, del juicio y de las actitudes del discípulo. Entre las más conocidas se encuentran la del sembrador, la del trigo y la cizaña, la de la oveja perdida, la del hijo pródigo, la del buen samaritano, la de los talentos y la del juicio final. El llamado Sermón de la Montaña, en el Evangelio de Mateo, reúne buena parte de su enseñanza moral, con énfasis en el amor a los enemigos y la confianza en Dios.[12]

Mantuvo controversias con fariseos, saduceos y maestros de la ley, aunque existen coincidencias importantes entre su mensaje y corrientes del judaísmo de su tiempo. Jesús fue reconocido por sus seguidores como maestro y, en ocasiones, tratado como rabino. En arameo se dirigía a Dios llamándolo Abba, expresión de cercanía que los evangelios conservaron sin traducir.

4.4 Milagros según los evangelios[editar]

Los evangelios atribuyen a Jesús numerosos milagros. La tradición cristiana los ha agrupado en curaciones, exorcismos, resurrecciones, prodigios sobre la naturaleza y signos simbólicos. No todos los evangelios narran los mismos hechos; algunos, como la conversión del agua en vino en las bodas de Caná, aparecen solo en el Evangelio de Juan, mientras que la mayoría de las curaciones se repite en los sinópticos.

Entre las curaciones narradas se incluyen la de la suegra de Pedro en Cafarnaún, la de un leproso, la de un paralítico, la de un hombre con la mano seca, la de una mujer con flujo de sangre, la de un sordomudo, la de dos ciegos, la de un criado del centurión y la de diez leprosos. Jesús suele aparecer curando mediante la palabra, el contacto o gestos como imponer las manos.

Los evangelios presentan cinco expulsiones de espíritus impuros: en la sinagoga de Cafarnaún, en la región de Gerasa, con la hija de una mujer sirofenicia, con un epiléptico y con un «demonio mudo». Además se citan referencias genéricas a exorcismos y a la autoridad de Jesús sobre los espíritus.

Se narran tres resurrecciones: la hija de Jairo, el hijo de la viuda de Naín y Lázaro de Betania. En cuanto a prodigios naturales, destacan el calmado de la tempestad y la caminata sobre las aguas. Como signos extraordinarios se recogen la multiplicación de los panes y los peces, la pesca milagrosa y la conversión del agua en vino.

Estos relatos son entendidos por la fe cristiana como signos del Reino y de la identidad de Jesús. Los evangelios recogen también que algunos contemporáneos atribuyeron sus exorcismos a una supuesta alianza con Belcebú, acusación que Jesús rechaza de manera enérgica.

4.5 Pasión, muerte y resurrección[editar]

Los cuatro evangelios relatan que Jesús subió a Jerusalén para celebrar la Pascua. Entró montado en un asno, fue recibido por una multitud que lo aclamó como hijo de David y, según los sinópticos, expulsó a los cambistas y vendedores del Templo. El Evangelio de Juan coloca esa expulsión al comienzo de su vida pública.

Tras una cena final con sus discípulos, en la que instituyó la Eucaristía según los sinópticos, se retiró al huerto de Getsemaní, donde oró y fue arrestado tras ser entregado por Judas Iscariote. Fue conducido ante el sumo sacerdote Caifás, interrogado por el Sanedrín y sometido a burlas. Pedro, que lo seguía de lejos, lo negó tres veces.[13]

A la mañana siguiente fue llevado ante Poncio Pilato, prefecto romano. Pilato no halló culpa, pero la multitud pidió liberar a Barrabás y crucificar a Jesús. Pilato se lavó simbólicamente las manos y lo entregó para ser crucificado. Jesús fue azotado, coronado de espinas, obligado a cargar la cruz y crucificado en el Gólgota, junto a otros dos condenados. Sobre la cruz se colocó, según los evangelios, un cartel con la inscripción en varias lenguas: «Jesús de Nazaret, rey de los judíos», abreviada habitualmente como INRI.

Hacia las tres de la tarde, según Mateo y Marcos, Jesús exclamó en arameo: «Elí, Elí, lemá sabactani», «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Las últimas palabras varían según los evangelios. Después de su muerte, José de Arimatea pidió el cuerpo y lo depositó en un sepulcro excavado en roca. Mateo añade que se colocó una guardia ante el sepulcro.

Los evangelios proclaman que resucitó al tercer día y se apareció a varias mujeres y discípulos. La primera testigo es María Magdalena, presente en los cuatro relatos. Después de la resurrección, los evangelios de Marcos y Lucas narran su ascensión al cielo; Mateo concluye con el encargo de predicar el evangelio a todas las naciones.

5. Historicidad[editar]

La existencia histórica de Jesús es aceptada por la mayoría de los historiadores de la Antigüedad, tanto cristianos como no cristianos. Las menciones de Tácito y Flavio Josefo indican que en los siglos I y II se conocía su ejecución bajo Pilato y la existencia de un movimiento de seguidores. La investigación histórica no convierte los evangelios en crónicas neutrales, pero los utiliza como fuentes que contienen tradiciones antiguas y datos verificables en su marco geográfico y social.

Las principales certezas históricas suelen resumirse en los siguientes puntos: Jesús fue un judío galileo; fue bautizado por Juan el Bautista; desarrolló una actividad pública de predicación; llamó a discípulos; tuvo conflictos con las autoridades de Jerusalén; y fue crucificado por orden de Poncio Pilato. El estudio de su figura ha pasado por distintas etapas, desde las vidas de Jesús del siglo XIX hasta la llamada «tercera búsqueda» del Jesús histórico, centrada en su inserción en el judaísmo del Segundo Templo.

6. Jesús en el cristianismo[editar]

En el cristianismo, Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y, para la mayoría de las denominaciones, la segunda persona de la Trinidad hecha hombre. Su muerte y resurrección se consideran la fuente de la redención del ser humano. La doctrina cristiana afirma que su sacrificio reconcilia a la humanidad con Dios y que su resurrección anticipa la vida futura de los creyentes.

Las principales confesiones cristianas —católica, ortodoxa y protestante— comparten la confesión de Jesús como Señor y Salvador, aunque difieren en aspectos de gobierno eclesial, sacramentos y teología. La Navidad celebra su nacimiento; la Semana Santa, su pasión y muerte; la Pascua, su resurrección. Además, la Ascensión conmemora su subida al cielo, y el domingo es entendido como día de la resurrección.

La Eucaristía, instituida en la Última Cena según los sinópticos, ocupa un lugar central en el culto cristiano. El Credo niceno-constantinopolitano resume buena parte de la fe cristológica.

7. Jesús en otras religiones[editar]

En el islam, Jesús es conocido como Isa ibn Maryam, «Jesús hijo de María». El Corán lo presenta como profeta y mensajero, nacido milagrosamente de María virgen, y niega su crucifixión y divinidad. Los musulmanes esperan su regreso en el fin de los tiempos. El judaísmo no lo reconoce como Mesías ni como Hijo de Dios, porque su mesianismo no se realizó según la interpretación judía y porque la divinidad de una persona es incompatible con el monoteísmo judío.

En el bahaísmo, Jesús es una «manifestación de Dios», figura profética mediante la cual Dios se revela a la humanidad. Algunas corrientes hindúes lo han visto como avatar o como sadhu; ciertos budistas, incluido el decimocuarto dalái lama, lo han considerado un bodhisattva dedicado al bienestar de los seres. Estas interpretaciones son propias de cada tradición y no se derivan de las fuentes cristianas.

8. Representaciones artísticas e iconografía[editar]

La figura de Jesús es una de las más representadas en la historia del arte. Las imágenes más antiguas se remontan al arte paleocristiano de las catacumbas, como la del Buen Pastor en las Catacumbas de San Calixto, del siglo III. Entre las representaciones bizantinas destaca el Cristo Pantocrátor del monasterio de Santa Catalina del Sinaí, del siglo VI, con una mezcla de frontalidad, bendición y libro de los Evangelios.

A lo largo de los siglos se han sucedido escenas de la Natividad, el Bautismo, la Última Cena, la Crucifixión, el Descendimiento y la Resurrección. Obras como La última cena de Leonardo da Vinci, Cristo crucificado de Diego Velázquez o los ciclos de la Pasión de Giotto son hitos de la tradición visual. El arte cristiano latinoamericano, europeo y asiático ha adaptado los rasgos de Jesús a contextos locales, con una enorme variedad iconográfica.

9. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

En los países hispanohablantes, la figura de Jesús ocupa un lugar central en el calendario, el lenguaje y la cultura. La Semana Santa es una de las celebraciones religiosas y sociales más extendidas, con procesiones, pasos y representaciones de la Pasión en ciudades como Sevilla, Valladolid, León, Antigua Guatemala, Ayacucho, Quito o Popayán. Muchas de esas manifestaciones tienen raíces coloniales y se mantienen como patrimonio cultural y devocional.[14]

Los nombres de Jesús y María son tradicionalmente frecuentes en el mundo hispánico. Expresiones como «Jesús», «Jesucristo», «Nuestro Señor», «Cristo» o «Nazareno» aluden tanto a la persona histórica como a la devoción popular. La iconografía ibérica y colonial produjo una rica tipología local, desde el Cristo de los Milagros hasta los Nazarenos y Crucificados de las iglesias virreinales.

En español, la literatura y la predicación han dejado una huella profunda: desde los autos sacramentales del Siglo de Oro hasta la poesía y la narrativa contemporánea. La traducción de la Biblia al español, en versiones como Reina-Valera, y el catecismo en lengua romance consolidaron el vocabulario cristiano en el mundo hispanohablante.

10. Legado[editar]

Pocas figuras históricas han influido tanto en la civilización como Jesús de Nazaret. El calendario mundial se divide, en buena parte del planeta, entre antes y después de su nacimiento, aunque la datación tradicional contenga un desfase. El cristianismo, que lo reconoce como Mesías, es la religión con mayor número de fieles en el mundo, con presencia en todos los continentes y una influencia determinante en la historia de Occidente.

Su legado abarca la teología, la filosofía, el derecho, la literatura, la música, la arquitectura y las artes. También ha sido objeto de debate permanente: desde la crítica ilustrada hasta la investigación contemporánea, su figura ha sido leída como maestro moral, profeta apocalíptico, reformador judío o Mesías cristiano. Ese pluralismo de interpretaciones es, en sí mismo, un signo de su centralidad cultural e histórica.


  1. La cronología de Dionisio el Exiguo, formulada en el siglo V, fijó el inicio de la era cristiana con un error de entre cuatro y siete años. Por ello, Jesús habría nacido poco antes de la muerte de Herodes el Grande, que suele datarse en el año 4 a. C. ↩︎

  2. Tácito, Anales 15.44, menciona que el emperador Nerón persiguió a los cristianos, «que toman su nombre de Cristo, quien fue ejecutado en tiempos de Tiberio por el procurador Poncio Pilato». Flavio Josefo, Antigüedades judías 18.3.3, contiene una referencia cuya redacción actual pudo ser retocada por copistas cristianos. ↩︎

  3. Existen posiciones minoritarias que niegan la historicidad de Jesús, pero sus propios representantes reconocen que se trata de una posición marginal en la academia. ↩︎

  4. David Flusser y Shmuel Safrai propusieron que en Galilea la ayin final no se pronunciaba, por lo que el nombre sonó cercano a Yēšú. ↩︎

  5. El término «Mesías» llega al español desde el griego Messías, que a su vez traduce el hebreo Māšîaḥ. «Cristo» es la traducción griega de ese mismo término. ↩︎

  6. Las referencias no cristianas son escasas, pero su valor histórico reside en que fueron escritas por autores ajenos al movimiento cristiano. ↩︎

  7. Los evangelios no son biografías en el sentido moderno, sino testimonios de fe con intención teológica. Sin embargo, transmiten datos y tradiciones históricas cuya selección y redacción responde a las necesidades de cada comunidad. ↩︎

  8. Las historias de los magos de Oriente, la matanza de los Inocentes y la huida a Egipto son exclusivas de Mateo; la adoración de los pastores, la presentación en el Templo y el encuentro con los doctores son exclusivas de Lucas. ↩︎

  9. Las dos genealogías coinciden entre Abraham y David, pero después divergen: Mateo hace a Jesús descendiente de Salomón y Lucas de Natán, otro hijo de David. ↩︎

  10. La fecha del 25 de diciembre como celebración de la Natividad no se basa en el dato neotestamentario, sino en tradiciones litúrgicas posteriores. ↩︎

  11. A partir del Evangelio de Juan se ha propuesto un ministerio de unos tres años; a partir de los sinópticos, la actividad pudo concentrarse en un periodo más breve. ↩︎

  12. El padrenuestro, en sus dos versiones (Mateo y Lucas), expresa la relación de cercanía con Dios y resume la actitud de confianza filial que caracteriza la oración enseñada por Jesús. ↩︎

  13. El Evangelio de Juan habla de dos negaciones de Pedro, mientras que los sinópticos mencionan tres, en correspondencia con el anuncio previo de Jesús. ↩︎

  14. Las fechas y formas de la Semana Santa varían según la ciudad y la tradición litúrgica; muchas procesiones dependen de cofradías o hermandades. ↩︎