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Juana I de Castilla

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Juana I de Castilla
ReinadoCastilla: 1504–1555
Aragón y Navarra: 1516–1555
Nacimiento6 de noviembre de 1479, Toledo, Castilla
Fallecimiento12 de abril de 1555, Tordesillas, Castilla
SepulturaCapilla Real de Granada
Casa realCasa de Trastámara
PadreFernando II de Aragón
MadreIsabel I de Castilla
ConsorteFelipe I de Castilla (1496–1506)
DescendenciaLeonor, Carlos I, Isabel, Fernando I, María, Catalina
TítulosPrincesa de Asturias, reina de Castilla, Aragón, Navarra, Nápoles, Sicilia; duquesa titular de Borgoña; archiduquesa de Austria

1. Resumen[editar]

Juana I de Castilla, llamada tradicionalmente «la Loca» (Toledo, 6 de noviembre de 1479 – Tordesillas, 12 de abril de 1555), fue reina nominal de Castilla desde 1504 hasta su muerte, y reina nominal de Aragón y Navarra desde 1516. Hija de los Reyes Católicos, Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, contrajo matrimonio con Felipe I de Castilla, llamado «el Hermoso», con quien tuvo seis hijos. Tras la muerte de su madre en 1504 fue proclamada reina de Castilla, pero el poder efectivo fue ejercido primero por su esposo y después por regentes designados por su padre y por su hijo Carlos I. Desde 1509 vivió recluida en Tordesillas, primero por orden de su padre y posteriormente de su hijo, situación que se mantuvo hasta su fallecimiento. La figura de Juana ha sido reinterpretada en las últimas décadas: la tradicional imagen de «locura» ha sido matizada o cuestionada por historiadores que ven en su confinamiento una estrategia política para apartarla del poder. No obstante, también existen estudios que respaldan la existencia de un trastorno mental real, agravado por el encierro y el maltrato psicológico.[1]

2. Primeros años y formación[editar]

Juana nació en Toledo el 6 de noviembre de 1479, siendo la tercera de los cinco hijos de Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla. Fue bautizada con el nombre del santo patrón de su familia, al igual que su hermano mayor, Juan. Desde niña recibió una educación orientada a la obediencia y al comportamiento cortesano, más que al gobierno, a diferencia de la formación de un príncipe heredero. Estudió religión, urbanidad, modales de corte, danza, música, equitación y lenguas romances, además de francés y latín. Entre sus preceptores se encontraba el sacerdote dominico Andrés de Miranda. Su madre, la reina Isabel, intentó moldearla según su propia religiosidad y piedad personal.[2]

El entorno doméstico de la infanta estaba controlado por sus padres, quienes elegían a todo el personal de su casa, incluidos oficiales, criadas y esclavas. A diferencia de su hermano Juan, príncipe de Asturias, Juana no recibió entrenamiento en el gobierno de tierras ni en la administración de una casa real, lo que evidenciaba su papel de pieza dinástica más que de futura gobernante.[3]

Ya en 1495, según algunas fuentes, Juana mostraba señales de indiferencia religiosa y poca devoción por los ritos cristianos, hecho que alarmaba a su madre, quien ordenó mantenerlo en secreto. Esta característica sería utilizada más tarde para justificar su apartamiento del trono.[4]

3. Matrimonio y viaje a Flandes[editar]

Dentro de la política matrimonial de los Reyes Católicos, Juana fue prometida a Felipe, archiduque de Austria, duque de Borgoña y conde de Flandes, para reforzar la alianza con el emperador Maximiliano I de Habsburgo frente a Francia. A cambio, los Reyes Católicos obtuvieron la mano de Margarita de Austria, hija de Maximiliano, para el príncipe Juan. Antes de este acuerdo, Juana había sido considerada para casar con el delfín Carlos de Francia y, en 1489, había sido pedida en matrimonio por Jacobo IV de Escocia.

En agosto de 1496 Juana partió desde Laredo rumbo a Flandes en una flota castellana de unos veinte buques de guerra, con 3.500 hombres de tripulación. La travesía sufrió contratiempos: primero debió refugiarse en la isla de Portland, Inglaterra, el 31 de agosto, y cerca de Middelburg una carraca genovesa que transportaba parte del ajuar y a 700 hombres encalló y fue abandonada. Pese a estos incidentes, la flota fue descrita como la mayor en misión de paz armada hasta entonces por Castilla.[5]

La boda se celebró el 20 de octubre de 1496 en la iglesia colegiata de San Gumaro, en Lier, pequeña localidad cercana a Amberes. El obispo Enrique de Bergen, futuro líder de la facción españolista en la corte borgoñona, ofició la ceremonia. El ambiente de la corte borgoñona era radicalmente distinto al sobrio y religioso de Castilla: en Flandes predominaba una corte opulenta, festiva y más individualista, dominada por la gran nobleza borgoñona tras la muerte de María de Borgoña, madre de Felipe.[6]

Aunque Juana y Felipe no se conocían antes del matrimonio, según los cronistas se enamoraron al verse. Sin embargo, Felipe pronto perdió interés en la relación, lo que provocó en Juana celos que fueron considerados patológicos por varios autores posteriores. La pareja tuvo seis hijos: Leonor (1498), Carlos (1500), Isabel (1501), Fernando (1503), María (1505) y Catalina (1507).

Algunos episodios de la vida de Juana en Flandes han sido objeto de discusión. Se ha afirmado que dio a luz a Carlos en un retrete del palacio de Gante durante una fiesta, aunque esta anécdota no está suficientemente documentada y puede formar parte de la leyenda negra en torno a su figura.[7] También se informó desde Flandes que Juana se resistía a confesarse y a asistir a misa, lo que reforzó la percepción de una conducta inadecuada para una futura reina.

4. Heredera y reina de Castilla[editar]

La muerte de su hermano Juan (1497), de su hermana Isabel (1498) y del hijo de esta, Miguel de la Paz (1500), convirtió a Juana en heredera de las coronas de Castilla y Aragón. En noviembre de 1501 Felipe y Juana viajaron desde Bruselas a Castilla, dejando a sus hijos en Flandes. Tras un viaje de seis meses, el 22 de mayo de 1502 juraron como herederos ante las Cortes castellanas en la catedral de Toledo.

En 1503 Felipe regresó a Flandes por asuntos de gobierno, mientras Juana, embarazada de su cuarto hijo, permaneció en Castilla por petición de sus padres. El 10 de marzo de 1503 dio a luz en Alcalá de Henares a Fernando, llamado así en honor de su padre. La separación de su esposo y de sus hijos sumió a Juana en una profunda tristeza. Su insistencia por volver a Flandes chocó con la negativa de su madre, quien llegó a ordenar su reclusión temporal en el castillo de la Mota para impedir la partida. El episodio causó gran disgusto a Isabel I y es citado por algunos historiadores como ejemplo del conflicto entre madre e hija. Finalmente Isabel autorizó el regreso, y Juana llegó a Flandes en junio de 1504.[8]

Isabel I falleció el 26 de noviembre de 1504. Según el historiador Gustav Bergenroth, su testamento desheredó a Juana por su negativa a oír misa y a confesarse, aunque esta interpretación ha sido debatida y no es aceptada de forma unánime. Fernando II proclamó a Juana reina de Castilla, pero continuó gobernando él mismo como regente. Por su parte, Felipe no estaba dispuesto a renunciar al poder, y en la concordia de Salamanca (1505) se acordó un gobierno conjunto de Felipe, Fernando y la propia Juana. La situación legal era compleja: Juana era la reina titular, pero el ejercicio del poder quedó en manos de los hombres de la familia.[9]

A finales de 1505 la familia real se preparó para viajar a Castilla. Pese al riesgo invernal, Felipe ordenó zarpar el 10 de enero de 1506 con unos 40 barcos. Una fuerte tormenta en el canal de la Mancha hundió varios navíos y dispersó al resto; la familia real sobrevivió y recaló en Portland, Inglaterra. Allí Juana pudo visitar en Londres a su hermana Catalina, a la que no veía desde hacía diez años. En abril de 1506 zarparon de nuevo, esta vez con rumbo a La Coruña, probablemente para ganar tiempo y reunir apoyo nobiliario antes de encontrarse con Fernando. Felipe logró el respaldo de gran parte de la nobleza castellana, lo que obligó a Fernando a firmar la concordia de Villafáfila (27 de junio de 1506) y retirarse a Aragón con compensaciones económicas. Felipe fue proclamado rey de Castilla, con el nombre de Felipe I, pero murió inesperadamente el 25 de septiembre de 1506 en Burgos, en el Palacio de los Condestables. Circuló la sospecha de envenenamiento, aunque nunca se probó.[10]

Tras la muerte de Felipe, Juana decidió trasladar el cadáver desde Burgos a Granada, tal como él había dispuesto, viajando siempre de noche. El traslado se prolongó durante ocho meses por tierras castellanas, seguido por una gran comitiva de nobles, religiosos y sirvientes. Las murmuraciones sobre la locura de la reina aumentaron entre las poblaciones que atravesaban: se decía que no permitía que el féretro se detuviera en monasterios femeninos y que no se separaba de él. En Torquemada, el 14 de enero de 1507, Juana dio a luz a su sexta y última hija, Catalina, póstuma de su marido. El parto fue asistido por su dama María de Ulloa, ante la falta de partera.[11]

Durante este período, el gobierno de Castilla quedó en manos de un Consejo de Regencia provisional presidido por el cardenal Cisneros. La nobleza se dividió entre los partidarios de Maximiliano I y los que apoyaban la regencia de Fernando el Católico. Juana intentó gobernar por sí misma: revocó las mercedes otorgadas por su esposo y buscó restaurar el Consejo Real de la época de su madre. Sin embargo, Cisneros y otros nobles acudieron a Fernando sin consultarla, y ella se negó a convocar Cortes, lo que agravó el vacío de poder.

El 28 de agosto de 1507, tras regresar de tomar posesión del reino de Nápoles, Fernando se entrevistó con su hija y asumió de nuevo el gobierno como regente. En febrero de 1509, por orden suya, Juana fue encerrada en Tordesillas. El encierro tenía motivaciones políticas: evitar que se formara un partido nobiliario en torno a la reina y neutralizar las pretensiones del rey de Inglaterra y del emperador sobre Castilla. Enrique VII de Inglaterra había mostrado interés en casarse con Juana, lo que Fernando resolvió diplomáticamente proponiendo a su nieto Carlos como heredero. La regencia de Fernando fue ratificada por las Cortes en 1510.[12]

En 1515 Fernando incorporó el reino de Navarra a la Corona de Castilla. A su muerte, el 23 de enero de 1516, Juana se convirtió nominalmente en reina de Aragón y Navarra. Sin embargo, varias instituciones aragonesas no la reconocieron como tal debido a la complejidad de los fueros. Ejercieron la regencia el arzobispo de Zaragoza, Alonso de Aragón, en Aragón, y el cardenal Cisneros en Castilla, hasta la llegada de Carlos desde Flandes.

Carlos se aprovechó de la situación para asumir los títulos reales en nombre propio y de su madre. Oficialmente ambos correinaron en Castilla y Aragón; de hecho, Juana nunca fue declarada incapaz por las Cortes y su nombre debía figurar en primer lugar en los documentos oficiales. Sin embargo, Carlos mantuvo a su madre recluida y ordenó que se la obligara a recibir los sacramentos, incluso mediante tortura si fuera necesario.[13]

5. Encierro en Tordesillas[editar]

Desde 1509 y durante 46 años, Juana permaneció en una casa-palacio de Tordesillas, vestida de negro, con la única compañía de su hija Catalina hasta que esta partió en 1525 para casarse con Juan III de Portugal. Los testimonios coinciden en que las condiciones de vida fueron duras. Los segundos marqueses de Denia, Bernardo de Sandoval y Rojas y su esposa Francisca Enríquez, fueron especialmente celosos en la custodia. En una carta al emperador, el marqués aseguraba controlar la situación y daba largas a las peticiones de la reina, quien se quejaba de estar encerrada «como presa». El confinamiento era esencial para la legitimidad del gobierno de Fernando y luego de Carlos: si la reina se mostraba mentalmente estable, los adversarios del monarca podrían acusarlo de usurpador. Por ello, cualquier vestigio documental del encierro fue cuidadosamente eliminado. Fernando y Carlos procuraron borrar correspondencia y registros, y más tarde Felipe II ordenó quemar ciertos papeles relativos a su abuela.[14]

A pesar de la censura, las cuentas de la Casa Real llevadas por el tesorero Ochoa de Landa han permitido reconstruir aspectos de la vida cotidiana de Juana en Tordesillas: gastos en alimentos, vestimenta, personal y objetos religiosos. Estos documentos han sido estudiados por la historiadora Paula Martínez Hernández.

6. El movimiento comunero[editar]

En 1520, durante la Guerra de las Comunidades de Castilla, los comuneros se alzaron contra el gobierno de Carlos I. Tras el incendio de Medina del Campo, muchas ciudades se sumaron a la causa. Los vecinos de Tordesillas asaltaron el palacio y obligaron al marqués de Denia a permitir que una comisión hablara con la reina. Allí Juana se enteró de la muerte de su padre y de los acontecimientos recientes. Juan de Padilla, líder comunero, se entrevistó con ella y le explicó los objetivos del movimiento: acabar con los abusos de los flamencos y devolverle el poder. Según los testimonios, Juana respondió: «Sí, sí, estad aquí a mi servicio y avisadme de todo y castigad a los malos».[15] El entusiasmo comunero fue enorme, pues su causa parecía legitimada por la reina.

La Junta de Ávila se trasladó a Tordesillas, que se convirtió por un tiempo en el centro del movimiento. Los comuneros intentaron demostrar que Juana no estaba loca y que su apartamiento había sido una confabulación. Buscaron obtener su firma para validar sus acuerdos. Sin embargo, la reina se negó firmemente a firmar cualquier documento, a pesar de las presiones. Testigos afirmaron que «parece otra» porque se interesaba por los asuntos y conversaba con lucidez. El cardenal Adriano de Utrecht advirtió a Carlos: «Si firmase su alteza, que sin duda alguna todo el Reino se perderá».

A finales de 1520 el ejército imperial entró en Tordesillas y restableció al marqués de Denia. Juana volvió a ser prisionera. Su hija Catalina informó al emperador que no dejaban a su madre ni pasear por el corredor que daba al río: «Y la encierran en su cámara que no tiene luz ninguna».

7. Últimos años[editar]

La vida de Juana se deterioró progresivamente, sobre todo después de la partida de Catalina en 1525. Los episodios depresivos se hicieron más intensos y frecuentes. En sus últimos años sufrió graves dificultades en las piernas, que finalmente quedaron paralizadas. La discusión sobre su indiferencia religiosa volvió a surgir; algunos religiosos llegaron a sugerir que podía estar endemoniada. Por ello, su nieto Felipe II pidió al jesuita Francisco de Borja, futuro santo, que la visitara y evaluara su estado. Tras hablar con ella, Borja afirmó que las acusaciones carecían de fundamento y que, dado su estado mental, quizá no había sido tratada adecuadamente. Su dictamen fue que, encontrándola mejorada, podía recibir la extremaunción, aunque no estaba en condiciones para la comunión. Las últimas palabras atribuidas a Juana fueron «Jesucristo crucificado sea conmigo».[16]

Juana I falleció el 12 de abril de 1555 en Tordesillas. Fue sepultada en la Capilla Real de Granada, junto a sus padres y su esposo.

8. Controversia sobre su salud mental[editar]

La versión oficial del siglo XVI sostuvo que Juana había sido apartada del trono por una enfermedad mental. A lo largo del tiempo se han propuesto diversos diagnósticos: melancolía, trastorno depresivo severo, psicosis, esquizofrenia heredada y, más recientemente, trastorno esquizoafectivo. Existe debate sobre el alcance real de su enfermedad, considerando que sus síntomas pudieron agravarse por el confinamiento forzoso y el sometimiento a terceros. También se ha señalado la posible herencia materna: su abuela Isabel de Portugal, madre de Isabel la Católica, padeció trastornos durante su viudez y fue apartada a Arévalo.[17]

El humanista Pedro Mártir de Anglería la describió como una mujer que vagaba sin rumbo, descuidada, silenciosa y ajena a los asuntos de palacio. Este tipo de testimonios, escritos por allegados a la corte, deben leerse con cautela: formaban parte de la narrativa que justificaba su alejamiento. En los años 1860, Gustav Bergenroth encontró documentos en Simancas y otros archivos que, según su interpretación, mostraban que la reina había sido víctima de una confabulación tramada por su padre y luego confirmada por su hijo Carlos I. Esta revisión dio pie a una corriente historiográfica que sostiene que Juana no estaba loca, o que su «locura» fue exagerada o inducida.

La historiadora Bethany Aram, así como los españoles Segura Graíño y Zalama, han aportado nuevos datos sobre su figura y han cuestionado el mito de la reina loca. En 2024, María Lara Martínez publicó Juana I, la reina cuerda, obra en la que sostiene que la reina fue despojada del trono a pesar de estar mentalmente capacitada, primero por su padre, luego por su esposo y finalmente por su hijo. En el extremo opuesto, otros estudios mantienen que la reina padeció un trastorno psiquiátrico real, pero subrayan que el encierro y el trato recibido agravaron su estado y violaron su dignidad.[18]

El debate continúa abierto. La imagen tradicional de «Juana la Loca» ha sido revisada con matices: hoy se tiende a considerarla no solo una figura patética, sino una mujer con agencia política que se negó a firmar documentos contrarios a la legalidad vigente, lo que sugiere un discernimiento mayor del que la leyenda le atribuye.

9. Representación artística[editar]

9.1 Pintura y romanticismo[editar]

La figura de Juana resultó muy atractiva para el romanticismo por su combinación de amor no correspondido, celos desmedidos y supuesta locura. En 1836 el pintor francés Charles de Steuben plasmó los tópicos románticos en un cuadro titulado Juana la Loca. En España, la imagen de la «locura por amor» se consolidó a finales del siglo XIX, con obras como La demencia de doña Juana de Castilla (1867), de Lorenzo Vallés, y sobre todo Doña Juana "la Loca" (1877), de Francisco Pradilla, una de las pinturas de historia más influyentes del arte español, hoy en el Museo del Prado. Pradilla retrató a Juana acompañando el féretro de su esposo, con el rostro desencajado y rodeada de cortesanos.

9.2 Teatro[editar]

La reina ha sido protagonista o personaje secundario en numerosas obras teatrales. Entre las más destacadas figuran:

  • Felipe el Hermoso, de Eusebio Asquerino y Gregorio Romero de Larrañaga.
  • Locura de amor, de Manuel Tamayo y Baus.
  • Santa Juana de Castilla, de Benito Pérez Galdós, estrenada el 8 de mayo de 1918 en Madrid, con Margarita Xirgu como protagonista.
  • El Cardenal de España, de Henry de Montherlant (1960), centrada en los últimos meses del cardenal Cisneros; Juana aparece como personaje secundario.
  • Los comuneros (1974), de Ana Diosdado, donde Juana es uno de los personajes principales.
  • Juana, la reina que no quiso reinar (2013), de Jesús Carazo.
  • Reina Juana (2016), monólogo de Ernesto Caballero interpretado por Concha Velasco, estrenado el 28 de abril de 2016 en el Teatro de La Abadía de Madrid.

Esta lista es una selección; el personaje ha aparecido en numerosas obras de teatro en España y América Latina.[19]

9.3 Cine y televisión[editar]

En el cine y la televisión, Juana ha sido interpretada por actrices como Aurora Bautista (Locura de amor, 1948), Beatriz Elorrieta (Cristóbal Colón, de oficio... descubridor, 1982; Juana la loca... de vez en cuando, 1983), Pilar López de Ayala (Juana la Loca, 2001), Irene Escolar (Isabel, 2014; La corona partida, 2016) y Laia Marull (Carlos, Rey Emperador, 2015). La telenovela histórica Isabel ofreció una versión más matizada de la reina, alejada del estereotipo romántico.

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AñoTítuloFormatoActriz
1948Locura de amorCineAurora Bautista
1977Mujeres insólitas: La reina loca de amorTelevisiónJulia Gutiérrez Caba
1982Cristóbal Colón, de oficio... descubridorCineBeatriz Elorrieta
1983Juana la loca... de vez en cuandoCineBeatriz Elorrieta
2001Juana la LocaCinePilar López de Ayala
2014IsabelTelevisiónIrene Escolar
2015Carlos, Rey EmperadorTelevisiónLaia Marull
2016La corona partidaCine/TVIrene Escolar

9.4 Ópera y música[editar]

En el ámbito lírico destacan La Loca (1979), de Gian Carlo Menotti, estrenada en la San Diego Opera; la ópera Juana, de Enric Palomar y Rebecca Simpson (2005), estrenada en Halle; y Juana sin cielo, de Alberto García Demestres (2019), estrenada en Granada con la soprano María Katzarava.

En la música popular, el personaje aparece en el pasodoble La reina Juana, popularizado por Antonio Amaya en los años cincuenta; en el Romance de la reina Juana, con letra de Luis López Álvarez y música de Amancio Prada; y en la canción Juana, la loca, de Joaquín Sabina.

9.5 Literatura[editar]

La figura de Juana ha sido tratada en novelas como El pergamino de la seducción (2005), de Gioconda Belli, y Juana, la reina traicionada (2021), de Álber Vázquez. También aparece en poemas como la Elegía a Doña Juana la Loca (1919), de Federico García Lorca, y en obras de no ficción como La reina Juana: gobierno, piedad y dinastía, de Bethany Aram.

10. Homenajes[editar]

En España, varias localidades han reconocido la memoria de Juana. En 2014, el ayuntamiento de Valladolid rebautizó la calle de Leopoldo de Castro como calle de Juana de Castilla, dentro de una política más amplia de visibilizar a las mujeres en el nomenclátor. En Alcalá de Henares, ciudad donde nació su cuarto hijo Fernando, también existe una calle con su nombre. En Tordesillas, sede de su largo encierro, se conserva el palacio que la albergó y se la recuerda con una estatua. Su figura forma parte del imaginario colectivo español y latinoamericano, asociada a la idea de la reina cautiva y a la reflexión sobre el poder y la salud mental.[20]

11. Legado y memoria en el mundo hispanohablante[editar]

Juana I ha sido objeto de debates historiográficos y culturales en todo el ámbito hispanohablante. Su historia se estudia en contextos escolares como el ejemplo de una mujer que, a pesar de ser la heredera legítima, fue apartada del poder por los hombres de su familia. La revisión contemporánea ha hecho de ella un símbolo de la resistencia femenina frente al poder patriarcal. Al mismo tiempo, la literatura y el arte la han convertido en un arquetipo trágico: la amante despechada, la madre sacrificada, la reina sin corona.

En América Latina, la figura de Juana aparece en la enseñanza de la historia de la monarquía hispánica y en novelas históricas. Su historia conecta con la expansión atlántica: durante su reinado nominal, Hernán Cortés conquistó México y se inició la colonización de gran parte del continente. Documentos oficiales de la época, como las ordenanzas para el gobierno de las Indias, se emitieron a nombre de «Carlos y Juana», reyes de Castilla y de las Indias.[21]

12. Ascendencia y descendencia[editar]

Juana fue hija de Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla. Por línea paterna era nieta de Juan II de Aragón y Juana Enríquez; por línea materna, de Juan II de Castilla e Isabel de Portugal. Estos vínculos la situaban en el centro de las casas reales de Castilla y Aragón.

Con Felipe I de Castilla tuvo seis hijos:

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  • Leonor (1498–1558), reina consorte de Portugal como esposa de Manuel I y luego reina consorte de Francia como esposa de Francisco I.
  • Carlos (1500–1558), rey de España como Carlos I y emperador del Sacro Imperio como Carlos V.
  • Isabel (1501–1526), reina consorte de Dinamarca, Suecia y Noruega, esposa de Cristián II.
  • Fernando (1503–1564), emperador del Sacro Imperio como Fernando I.
  • María (1505–1558), reina consorte de Hungría y Bohemia, esposa de Luis II, y después gobernadora de los Países Bajos.
  • Catalina (1507–1578), reina consorte de Portugal, casada con Juan III, y abuela del rey Sebastián I.

13. Títulos y honores[editar]

Juana I ostentó, de forma efectiva o nominal, los siguientes títulos:

  • Princesa de Asturias y de Gerona (1502–1504 / 1516)
  • Reina de Castilla (1504–1555)
  • Reina de Aragón, Valencia, Mallorca, Sicilia, Cerdeña y condesa de Barcelona (1516–1555)
  • Reina de Navarra (1516–1555)
  • Reina de Nápoles (1516–1554)
  • Duquesa titular de Borgoña (1496–1506)
  • Archiduquesa de Austria (por matrimonio)

Su titulación completa como reina de Castilla incluía también los títulos de reina de Toledo, León, Galicia, Sevilla, Córdoba, Murcia, Jaén, Algarve, Algeciras, Gibraltar y de las Islas Canarias, así como señora de Vizcaya y Molina. Desde 1505 se añadieron los títulos ligados al Nuevo Mundo: reina de las Indias, Islas y Tierra Firme del Mar Océano.


  1. El apodo «la Loca» proviene de la supuesta enfermedad mental alegada por su padre y su hijo para apartarla del trono. La historiografía reciente ha matizado esta imagen; véase Bethany Aram, La reina Juana: gobierno, piedad y dinastía (Madrid, 2001), y los trabajos de Segura Graíño y Zalama. Para la postura que acepta un trastorno real, véase el debate sobre psicosis y depresión en la bibliografía. ↩︎

  2. La educación de Juana se describe en contraste con la de su hermano Juan, quien sí recibió formación para el gobierno. La casa de la infanta estaba completamente controlada por sus padres, reflejando su papel de pieza dinástica. ↩︎

  3. José Luis Cortés López, La esclavitud negra en la España peninsular del siglo XVI, Universidad de Salamanca, 1989, p. 64, documenta la presencia de esclavas en la casa de la infanta. ↩︎

  4. Las fuentes de la época, citadas por Cartwright y Zalama, describen una Juana reacia a confesarse y a asistir a misa en Flandes, actitud que su madre ordenó mantener en secreto. Esta supuesta «impiedad» fue luego utilizada para justificar su apartamiento. ↩︎

  5. La escala de la flota castellana aparece en la colección de documentos inéditos para la historia de España, vol. VIII, pp. 548–550, citada por Zalama y otros. El número exacto de buques varía según las fuentes entre 19 y 20, más los mercantes. ↩︎

  6. La corte borgoñona había sido dominada por la nobleza tras la muerte de María de Borgoña, madre de Felipe, en 1482. Este contexto explica la influencia de los consejeros francófilos que se oponían al matrimonio español. ↩︎

  7. La anécdota del parto en el retrete se repite en la literatura romántica, pero no está firmemente documentada y debe considerarse con escepticismo. Las fechas de nacimiento de los hijos son: Leonor (15 de noviembre de 1498), Carlos (24 de febrero de 1500), Isabel (18 de julio de 1501), Fernando (10 de marzo de 1503), María (15 de septiembre de 1505) y Catalina (14 de enero de 1507). ↩︎

  8. El episodio del castillo de la Mota es narrado por Zalama y por Varona. Refleja la desesperación de Juana por reunirse con su marido y sus hijos, y la severidad de Isabel I. ↩︎

  9. El testamento de Isabel la Católica y sus consecuencias han sido ampliamente debatidos. Bergenroth afirmó que Juana fue desheredada, pero otros historiadores, como Luis Suárez Fernández, matizan esta interpretación. La concordia de Salamanca (1505) intentó repartir el poder sin resolver la cuestión de fondo. ↩︎

  10. La muerte de Felipe I en Burgos, en la Casa del Cordón, dio lugar a rumores de envenenamiento. Ninguna investigación moderna ha podido confirmar o descartar por completo esta hipótesis. ↩︎

  11. El traslado del cadáver de Felipe I fue comparado con una procesión fúnebre interminable. Las crónicas de la época exageraron los detalles para reforzar la idea de locura. El parto de Catalina en Torquemada está documentado por el estudio de Fernández Guisasola sobre María de Ulloa (2024). ↩︎

  12. La regencia de Fernando el Católico se consolidó tras las Cortes de 1510. Las gestiones diplomáticas con Inglaterra y el Imperio demuestran que el encierro de Juana fue ante todo una decisión política. ↩︎

  13. La obligación de recibir los sacramentos «aunque fuese mediante tortura» aparece en la correspondencia citada por Cartwright y Aram. La frase es contundente y ha sido utilizada para denunciar el trato cruel a la reina. ↩︎

  14. La orden de Felipe II de quemar papeles sobre su abuela es mencionada por Zalama. Las cuentas de Ochoa de Landa son una de las pocas fuentes directas que sobreviven, y han sido publicadas por Martínez Hernández (2020). ↩︎

  15. La respuesta de Juana a los comuneros se conoce por los testimonios notariales de la época. Su negativa a firmar documentos ha sido interpretada como una muestra de lucidez política o, al menos, de conciencia de la legalidad. ↩︎

  16. La entrevista con Francisco de Borja está recogida en las crónicas jesuitas. La frase final de Juana es una reconstrucción hagiográfica, no un documento directo. ↩︎

  17. Los diagnósticos retrospectivos varían desde la melancolía hasta la esquizofrenia. El libro de Gómez, Navarro y Zatlin (2008) ofrece un panorama de las interpretaciones. La abuela Isabel de Portugal fue confinada en Arévalo durante su viudez. ↩︎

  18. Bethany Aram publicó La reina Juana: gobierno, piedad y dinastía en 2001. La obra de María Lara Martínez (2024) defiende la tesis de la reina cuerda. El debate no está cerrado. ↩︎

  19. El monólogo Reina Juana (2016) con Concha Velasco fue un éxito de crítica en Madrid. Santa Juana de Castilla (1918) es considerada una de las mejores obras de Pérez Galdós sobre un personaje histórico. ↩︎

  20. El cambio de nombre de la calle en Valladolid fue cubierto por la prensa local como parte de una campaña por la igualdad de género. En Tordesillas, el palacio donde Juana estuvo recluida es hoy un centro cultural y turístico. ↩︎

  21. Durante el reinado nominal de Juana y Carlos, el Imperio español se expandió por América. Documentos como la Real Cédula de 1518 se emitieron a nombre de «doña Juana y don Carlos». Este detalle refuerza la idea de que, legalmente, Juana seguía siendo soberana. ↩︎