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Juana Inés de la Cruz

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Juana Inés de la Cruz
Nombre de nacimientoJuana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana
Otros nombresJuana de Asbaje, Juana Inés de Asuaje
ApodosLa Décima Musa, Fénix de América
Nacimiento12 de noviembre de 1648 o 1651, San Miguel Nepantla, Reino de México, Nueva España
Fallecimiento17 de abril de 1695, Ciudad de México, Reino de México, Nueva España
Causa de muerteEpidemia, posiblemente tifus exantemático
Lugar de descansoConvento de San Jerónimo, Ciudad de México
ReligiónCatólica
CongregaciónOrden de San Jerónimo
OcupaciónEscritora, poetisa, dramaturga, filósofa, monja
Lengua literariaEspañol, náhuatl, latín
MovimientoBarroco, culteranismo
Obras notablesEl divino Narciso, Los empeños de una casa, Primero sueño, Neptuno alegórico, Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, Carta atenagórica

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, más conocida como sor Juana Inés de la Cruz o Juana de Asbaje, fue una religiosa jerónima, escritora, filósofa, compositora y poetisa novohispana. Nació en San Miguel Nepantla, Virreinato de la Nueva España, el 12 de noviembre de 1648 o 1651, y murió en la Ciudad de México el 17 de abril de 1695. Es considerada una de las figuras cumbres de la literatura barroca en lengua española y una de las escritoras más importantes de la historia literaria de México y de Hispanoamérica.

Conocida en su época como la Décima Musa y el Fénix de América, cultivó la lírica, el auto sacramental, el teatro y la prosa, incorporando además el náhuatl a parte de su creación poética. Su obra se inserta en el Siglo de Oro de la literatura española, con influencias de Luis de Góngora, Francisco de Quevedo y Pedro Calderón de la Barca. En el campo de la lírica, su producción representa aproximadamente la mitad de su obra y constituye un punto de unión entre la cultura de la Nueva España y las corrientes barrocas peninsulares.

Fue dama de compañía en la corte del virrey Antonio Sebastián de Toledo, marqués de Mancera, antes de ingresar en 1669 al Convento de San Jerónimo de la Ciudad de México, donde permaneció hasta su muerte. Allí desarrolló una intensa vida intelectual, escribió gran parte de su obra y reunió una de las bibliotecas más notables del virreinato. Sus principales mecenas fueron los virreyes y virreinas de la Nueva España, en particular Leonor de Carreto, marquesa de Mancera, y María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga, condesa de Paredes, quien llevó sus textos a España para su impresión.

Su defensa del derecho de las mujeres al conocimiento y a la educación quedó expresada en dos textos fundamentales: la Carta atenagórica (1690), publicada sin su permiso por el obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, y la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz (1691), donde respondió a las presiones eclesiásticas para que abandonara las letras seculares. En los últimos años de su vida, sometida a una fuerte presión religiosa y social, dejó de escribir y se entregó a la vida monástica con mayor rigor. Murió contagiada por una epidemia mientras cuidaba a las religiosas enfermas del convento.

1. Resumen[editar]

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana nació en la hacienda de San Miguel Nepantla, ubicada en la actual región de Chalco, al sureste de la Ciudad de México. Fue hija ilegítima de Pedro de Asuaje y Vargas Machuca, capitán español, y de Isabel Ramírez de Santillana, criolla novohispana. Desde niña mostró una capacidad intelectual excepcional. Según sus biógrafos, aprendió a leer y escribir a los tres años, y a los ocho compuso una loa en honor al Santísimo Sacramento. Pasó su infancia en las haciendas de su abuelo materno, donde tuvo acceso a una biblioteca y aprendió náhuatl entre los trabajadores indígenas.

En 1664 o 1665 ingresó a la corte virreinal como dama de compañía de la virreina Leonor de Carreto. El virrey de Mancera organizó un examen público en el que numerosos teólogos, juristas y filósofos interrogaron a la joven, quien respondió con gran soltura y consolidó su fama de erudita. Aunque recibió propuestas de matrimonio, decidió entrar a la vida religiosa. Tras un intento breve con las carmelitas descalzas, profesó en la Orden de San Jerónimo en 1669, tomando el nombre de sor Juana Inés de la Cruz.

Durante su vida conventual, Sor Juana mantuvo una activa correspondencia, tertulias y producción literaria. Escribió poesía lírica, villancicos, autos sacramentales y comedias, a menudo por encargo de la corte o del clero. Su obra más importante, el poema filosófico Primero sueño, fue la única que reconoció haber escrito por gusto propio. En los años finales, la disputa en torno al sermón del predicador portugués António Vieira y la publicación de la Carta atenagórica desencadenaron un conflicto con las autoridades eclesiásticas. En 1694 renovó sus votos y firmó documentos de penitencia, uno de ellos con la famosa frase «yo, la peor del mundo». Al año siguiente contrajo una enfermedad contagiosa mientras atendía a las enfermas y falleció el 17 de abril de 1695.

2. Primeros años y formación[editar]

Nacimiento y controversia documental[editar]

La fecha de nacimiento de sor Juana es incierta. Hasta mediados del siglo XX, la crítica aceptaba el testimonio del jesuita Diego Calleja, primer biógrafo de la monja, quien fijó el nacimiento en San Miguel Nepantla el 13 de noviembre de 1651.[1] En 1952, el historiador Alberto G. Salceda dio a conocer un acta de bautismo supuestamente correspondiente a Juana Inés, fechada el 5 de diciembre de 1648, lo que situaría el nacimiento meses antes. Sin embargo, la investigadora Georgina Sabat de Rivers consideró insuficientes las pruebas y sugirió que el acta podía corresponder a una pariente o a una persona de origen francés.

Los documentos existentes no permiten dar una respuesta definitiva. Las fechas más citadas son el 12 de noviembre de 1648 y el 12 de noviembre de 1651. La disyuntiva se mantiene hasta hoy como la postura historiográfica más rigurosa. Una investigación de la Universidad de Guadalajara ha propuesto 1648 como el año más probable, pero el debate sigue abierto.[2] En esta enciclopedia se adopta la fórmula «1648 o 1651» para reflejar esa incertidumbre.

Padres e infancia[editar]

Sus padres fueron Pedro de Asuaje y Vargas Machuca —también citado como Pedro Manuel de Asuaje y Vargas-Machuca— y Isabel Ramírez de Santillana y Rendón. Nunca se unieron en matrimonio eclesiástico. El origen del apellido paterno ha sido discutido: el historiador Guillermo Schmidhuber de la Mora propuso que la grafía original era «Asuaje» y no «Asbaje», como lo habría escrito la propia sor Juana en el Libro de Profesiones del Convento de San Jerónimo.[3]

La madre, Isabel Ramírez de Santillana, era hija de Pedro Ramírez de Santillana y Beatriz Ramírez Rendón, propietarios de la hacienda de Panoayan, en el actual municipio de Amecameca. Juana Inés fue la segunda de las tres hijas que Isabel tuvo con Pedro de Asuaje. Tras la separación de sus padres, la niña creció con la familia materna, en un entorno rural y con fuerte presencia indígena. Allí aprendió náhuatl y tuvo acceso a la biblioteca del abuelo.

Educación temprana y talento precoz[editar]

Aprendió a leer y escribir a los tres años, tomando lecciones con su hermana mayor a escondidas de la madre. Su afán por saber la llevó, según el relato de Diego Calleja, a pedir permiso para vestirse de hombre y asistir a la universidad, lo que no se le concedió. Se dice que si no aprendía una lección, se cortaba un pedazo de cabello, porque no consideraba correcto que la cabeza estuviera adornada sin contener ideas.

A los ocho años escribió una loa en honor al Santísimo Sacramento, compuesta de manera ocasional. Su formación fue en su mayoría autodidacta: leyó a los clásicos griegos y romanos, teología, filosofía, matemáticas y poesía. Dominaba el latín, que aprendió en veinte lecciones impartidas por Martín de Olivas, probablemente pagadas por el padre Núñez de Miranda.[sin verificar]

3. Trayectoria[editar]

En la corte virreinal[editar]

Entre 1664 y 1665, Juana Inés ingresó a la corte del virrey Antonio Sebastián de Toledo, marqués de Mancera. La virreina Leonor de Carreto, proveniente de una influyente familia italiana, fue una de sus grandes protectoras. La joven se desempeñó como dama de compañía y pronto destacó por su inteligencia en las tertulias del palacio virreinal, donde se reunían teólogos, filósofos, matemáticos e historiadores, en su mayoría vinculados a la Real y Pontificia Universidad de México.

Por instrucciones del virrey, un grupo de sabios la examinó públicamente. Sor Juana respondió con seguridad a preguntas de teología, derecho, filosofía, literatura y ciencias, con lo que su fama de joven prodigio se consolidó. A pesar de recibir propuestas de matrimonio, decidió entrar a la vida religiosa. Según sus propias palabras, el matrimonio no le resultaba atractivo y la vida conventual era «lo menos desproporcionado» que podía elegir para dedicarse al estudio.

Ingreso al convento[editar]

En 1667 ingresó como postulante al convento de San José de las carmelitas descalzas, pero la rigidez de la regla la llevó a enfermar y abandonó la orden a los pocos meses. En 1669 profesó en el Convento de San Jerónimo de la Ciudad de México, perteneciente a la Orden de San Jerónimo, cuya disciplina era algo más flexible. Tomó el nombre de sor Juana Inés de la Cruz, posiblemente en homenaje a sor Juana de la Cruz Vázquez Gutiérrez o a san Juan de la Cruz, autor del Barroco español.

El convento le permitía tener una celda de dos pisos, sirvientas y recibir visitas, así como estudiar, escribir y celebrar tertulias. Esto no era común para las monjas de la época y facilitó su producción intelectual. Allí acumuló una biblioteca considerable —según algunas fuentes, superior a los 4.000 volúmenes— y mantuvo amistad con intelectuales como Carlos de Sigüenza y Góngora, quien la visitaba en el locutorio.[4]

Apogeo literario y mecenazgo[editar]

A partir de 1680, bajo el virreinato de Tomás de la Cerda y Aragón, marqués de la Laguna, y de su esposa María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga, condesa de Paredes, sor Juana vivió su etapa de mayor producción. Para la entrada de los virreyes a la capital escribió el Neptuno alegórico, un arco triunfal de gran erudición. La virreina María Luisa, a quien la poetisa dedicó numerosos poemas, se convirtió en su mecenas. Fue ella quien llevó los manuscritos de sor Juana a España, donde se publicó en 1689 la primera edición de sus obras con el título de Inundación castálida.

Durante esos años escribió villancicos para festividades religiosas, comedias como Los empeños de una casa (1683) y Amor es más laberinto (1689), y autos sacramentales como El divino Narciso, El cetro de José y El mártir del sacramento. Al mismo tiempo, se desempeñó como administradora del convento y realizó experimentos científicos. La relación con su confesor, el jesuita Antonio Núñez de Miranda, se deterioró por sus intereses mundanos y su fama en la corte. Bajo la protección de los virreyes, sor Juana decidió rechazarlo como confesor.

La Carta atenagórica y la Respuesta[editar]

En 1690 o 1691, sor Juana realizó una crítica privada del Sermón del Mandato del jesuita portugués António Vieira, considerado uno de los grandes oradores sagrados de su tiempo. Sin su permiso, el obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, publicó el texto con el título de Carta atenagórica, prologado con el seudónimo de sor Filotea. En el prólogo, el obispo elogiaba el talento de la monja pero le recomendaba abandonar las «humanas letras» y dedicarse por completo a las divinas.

Sor Juana respondió en 1691 con la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, uno de los textos autobiográficos y de defensa de la educación femenina más importantes del mundo hispanoamericano. En ella narra su formación autodidacta, su pasión por el conocimiento y defiende el derecho de las mujeres a estudiar y reflexionar. La Respuesta no solo es una carta personal, sino un manifiesto del derecho al saber. La controversia con el obispo de Puebla convirtió a sor Juana en una figura cada vez más cuestionada por sectores conservadores de la jerarquía eclesiástica.

Últimos años y muerte[editar]

Entre 1692 y 1693 se produjo un cambio notable en la vida de sor Juana. Habían muerto varios de sus protectores y amigas, y el virreinato atravesaba rebeliones, crisis y epidemias. Hacia 1693 dejó de escribir y se consagró con mayor intensidad a las prácticas religiosas. En 1694 renovó sus votos y firmó documentos de penitencia. Algunos críticos ven en ello una conversión mística; otros, una imposición de las autoridades eclesiásticas. La falta de fuentes definitivas impide saber con certeza el motivo del viraje.

A principios de 1695 se desató una epidemia que golpeó duramente a la capital y en especial al convento de San Jerónimo, donde morían nueve de cada diez religiosas enfermas. Sor Juana se dedicó a cuidar a las contagiadas y enfermó a su vez. Falleció a las cuatro de la mañana del 17 de abril de 1695. Fue enterrada el mismo día en el coro bajo del convento. El funeral contó con la asistencia del cabildo catedralicio y la oración fúnebre de Carlos de Sigüenza y Góngora.

4. Obra[editar]

Poesía lírica[editar]

La lírica constituye aproximadamente la mitad de la producción de sor Juana. Su poesía abarca sonetos, romances, redondillas, décimas, villancicos, tocotines y el extenso poema filosófico Primero sueño. Sus composiciones tratan el amor, el desengaño, la amistad, la religión, la filosofía y los elogios a personajes de la corte.

Su primer volumen, Inundación castálida (1689), fue publicado en España gracias a la condesa de Paredes. Le seguiría un segundo tomo en 1692, en Sevilla, y un tercero póstumo en 1700. La poesía amorosa de sor Juana destaca por su intensidad y por la ambigüedad de la voz poética, a veces femenina, a veces neutra, recurso que la estudiosa Rosa Perelmuter interpretó como una estrategia para lograr mejor recepción.

Uno de sus poemas más célebres, Hombres necios, es una redondilla satírica en la que denuncia la hipocresía masculina:

Hombres necios que acusáis / a la mujer sin razón, / sin ver que sois la ocasión / de lo mismo que culpáis.

La composición es considerada por muchas corrientes feministas como un antecedente de la crítica a la doble moral. No obstante, el filólogo Antonio Alatorre sostuvo que su ataque se centra en la hipocresía de los seductores y que la redondilla no contiene necesariamente un programa feminista.[5]

Primero sueño, su obra más ambiciosa, es una silva filosófica y descriptiva en la que, en medio de la noche, el alma se separa del cuerpo y asciende en busca del conocimiento. El poema combina fisiología, astronomía, mitología y teología. Sor Juana declaró que era la única pieza escrita por gusto propio y no por encargo.

Villancicos y náhuatl[editar]

Sor Juana compuso numerosos villancicos para fiestas religiosas, como la Inmaculada Concepción o la Asunción. Algunos de ellos incorporan tocotines, secciones inspiradas en la música y las danzas indígenas, con pasajes en náhuatl. La presencia del náhuatl en su obra es significativa, aunque investigaciones recientes han matizado la idea de que escribía con fluidez en esa lengua.[6]

Teatro y autos sacramentales[editar]

La obra dramática de sor Juana abarca lo religioso y lo profano. Los empeños de una casa, comedia de enredos estrenada el 4 de octubre de 1683, se representa como una de las obras cumbres del teatro novohispano. La historia gira en torno a dos parejas que se aman y sufren equívocos y malentendidos. La protagonista, doña Leonor, es un personaje femenino fuerte e independiente, arquetipo del teatro sorjuanesco.

Amor es más laberinto, estrenada el 11 de febrero de 1689, se sitúa en la tradición mitológica de Teseo y el Minotauro. Tradicionalmente se le atribuye la autoría conjunta con fray Juan de Guevara. Sus tres autos sacramentales —El divino Narciso, El cetro de José y El mártir del sacramento— revelan su capacidad teológica y alegórica. En El divino Narciso, sor Juana combina la mitología griega con el cristianismo, y ofrece una de las más logradas reelaboraciones del mito de Narciso en la literatura barroca.

Sobre la comedia La segunda Celestina, de Agustín de Salazar y Torres, se ha debatido la posible autoría de un final añadido. Guillermo Schmidhuber halló en la década de 1990 una edición suelta con un desenlace distinto y propuso que ese fragmento, de alrededor de mil líneas, era de sor Juana. Algunos sorjuanistas, como Octavio Paz y Georgina Sabat-Rivers, aceptaron la hipótesis; otros, como Antonio Alatorre, la refutaron. La disputa sigue abierta.

Prosa[editar]

La prosa de sor Juana incluye tratados, cartas y textos de encargo. Neptuno alegórico es una obra erudita de 1680 escrita para la entrada del virrey marqués de la Laguna. Carta atenagórica (1690) es una crítica teológica al sermón de Vieira, en la que despliega silogismos y casuística. Respuesta a Sor Filotea de la Cruz (1691) es su texto autobiográfico más importante y defensa del acceso femenino al conocimiento.

Además se conserva una carta anterior a su confesor Núñez de Miranda, conocida como Autodefensa espiritual o Carta al Padre Núñez, en la que defiende sus intereses intelectuales con un tono más directo y avanza los argumentos que desarrollaría después en la Respuesta.

También se le atribuyó un tratado musical perdido titulado El Caracol, que habría intentado simplificar la notación musical y resolver problemas de afinación. No se conserva ningún ejemplar.

5. Estilo y características[editar]

El estilo de sor Juana es plenamente barroco. Cultivó tanto el culteranismo de Góngora como el conceptismo de Quevedo y Calderón. Usaba retruécanos, hipérbatons, acumulación de adjetivos y un lenguaje erudito cargado de alusiones mitológicas. En su poesía, la versificación, las referencias clásicas y el hipérbaton son los tres pilares más destacados.

Su prosa presenta una estructura más sobria de lo esperado en el barroco: abundan las oraciones breves e independientes, unidas por yuxtaposición y coordinación más que por subordinación. La densidad conceptual, sin embargo, exige una lectura atenta. En la Carta atenagórica y en la Respuesta, la autora mostró un dominio notable de la retórica, la filosofía y la teología.

Entre los temas recurrentes de su obra están el amor y el desengaño, el conocimiento como aspiración, la fugacidad de la vida, la virtud y el papel de la mujer. Sus personajes femeninos suelen ser fuertes, capaces de decidir y manejar los hilos de su destino. En su teatro, los personajes masculinos tienden a la fuerza y, en ocasiones, a la brutalidad, mientras que las mujeres pasan de la belleza a la firmeza y la virtud.

La influencia de Calderón de la Barca es notoria en la estructura de sus comedias y autos. En Los empeños de una casa se observan ecos de obras calderonianas como La dama duende o Casa con dos puertas mala es de guardar. De Góngora tomó el estilo culto y la oscuridad calculada, especialmente en Primero sueño.

6. Lectura feminista[editar]

Desde el siglo XX, la figura de sor Juana ha sido leída en clave feminista. La académica estadounidense Dorothy Schons, que rescató su obra en los años veinte y treinta, la llamó «la primera feminista del Nuevo Mundo». Dos textos han sido centrales en esta lectura: la Respuesta a Sor Filotea, por su defensa del derecho de la mujer a la educación, y Hombres necios, por su crítica a la doble moral masculina.

Sin embargo, no todos los especialistas comparten esta clasificación. Antonio Alatorre consideró que Hombres necios carece de un programa feminista explícito y que la Respuesta es, ante todo, una defensa personal del derecho al saber. Stephanie Merrim también señaló que las alusiones feministas son estrictamente personales, no colectivas. No obstante, la mayoría de los filólogos actuales reconoce que sor Juana abogó por la igualdad de los sexos y por el acceso de las mujeres al conocimiento, lo que la convierte en una precursora del movimiento moderno de liberación femenina en el mundo hispanohablante.

Algunos análisis, como el de Patricia Saldarriaga, han explorado en Primero sueño alusiones a fluidos corporales femeninos, como la menstruación y la lactancia, interpretándolas como una reivindicación del papel creador de la mujer. Otros, como Octavio Paz, destacaron la ruptura de sor Juana con los cánones de la literatura femenina de su tiempo, al adentrarse en cuestiones epistemológicas y científicas tradicionalmente reservadas a los hombres.

7. Legado y reconocimientos[editar]

Sor Juana es una figura central de la cultura mexicana e hispanoamericana. Su obra ha sido revalorizada desde el siglo XX, en gran medida a partir de los estudios de Octavio Paz, especialmente su libro Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe (1982), que situó a la monja en el centro del canon literario novohispano.

El Convento de San Jerónimo, donde vivió la mayor parte de su vida, alberga hoy la Universidad del Claustro de Sor Juana, fundada por el gobierno mexicano en 1979. En su honor se creó además una organización de apoyo a mujeres víctimas de violencia doméstica, que en Estados Unidos lleva el nombre de Sor Juana Inés Services for Abused Women y que posteriormente fue renombrada como Community Overcoming Relationship Abuse (CORA).

Su imagen ha sido utilizada como símbolo del nacionalismo mexicano, de la libertad de expresión y de los derechos de las mujeres. En México, su nombre se asocia con bibliotecas, escuelas, concursos literarios y calles. Es también una figura recurrente en los estudios de género y en la historia de la ciencia, por su interés por la física, la astronomía y la música.

En la cultura popular, la vida de sor Juana ha inspirado telenovelas, series de televisión, obras de teatro, novelas y documentales. Su firma «yo, la peor del mundo» se ha convertido en una de las frases más citadas de la literatura novohispana.

8. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

Sor Juana ocupa un lugar central en los planes de estudio de literatura en Hispanoamérica y España. La Respuesta a Sor Filotea de la Cruz y Hombres necios se leen con frecuencia en escuelas y universidades. Su figura ha sido reivindicada por el feminismo latinoamericano y por el movimiento de rescate de escritoras coloniales.

En México, el 12 de noviembre se recuerda su nacimiento, aunque la fecha exacta siga siendo debatida. Diversas instituciones culturales de la Ciudad de México, Puebla y el Estado de México organizan coloquios, lecturas y exposiciones dedicadas a su vida y obra. El Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura y la Universidad Nacional Autónoma de México han editado y estudiado repetidamente sus obras completas.

Su obra fue publicada originalmente en España: Inundación castálida (1689), el segundo tomo Obras de sor Juana Inés de la Cruz (1692) y Fama y obras póstumas (1700). En los siglos XX y XXI se han hecho numerosas ediciones críticas en México, España y Argentina. La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes mantiene un sitio dedicado a su obra, y la Biblioteca de Lisboa conserva copias manuscritas de los Enigmas ofrecidos a una sociedad de monjas portuguesas, descubiertas en 1968.

9. Obras principales[editar]

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Poesía lírica

  • Inundación castálida (1689)
  • Primero sueño (1692)
  • Hombres necios (redondilla, incluida en la Sátira filosófica)
  • Sonetos, romances, décimas, endechas y villancicos

Teatro

  • Los empeños de una casa (1683), comedia de enredos
  • Amor es más laberinto (1689), comedia mitológica, en colaboración con fray Juan de Guevara
  • La segunda Celestina (autoría del final debatida)

Autos sacramentales

  • El divino Narciso
  • El cetro de José
  • El mártir del sacramento

Prosa

  • Neptuno alegórico (1680)
  • Carta atenagórica (1690)
  • Respuesta a Sor Filotea de la Cruz (1691)
  • Autodefensa espiritual o Carta al Padre Núñez (fecha discutida)
  • El Caracol (tratado musical perdido)

10. Cronología[editar]

[ Desplegar / Plegar cronología ]
  • 1648 o 1651: Nace en San Miguel Nepantla.
  • 1656: Muere Pedro Ramírez de Santillana, abuelo materno.[sin verificar]
  • 1657-1659: Compone una loa en honor al Santísimo Sacramento, por la que gana un libro.
  • 1664-1665: Ingresa a la corte del virrey marqués de Mancera.
  • 1667: Entra como postulante a las carmelitas descalzas; abandona poco después.
  • 1669: Profesa en el Convento de San Jerónimo.
  • 1673: Muere la virreina Leonor de Carreto de camino a Veracruz.
  • 1680: Escribe Neptuno alegórico para la entrada del virrey marqués de la Laguna.
  • 1683: Se representa Los empeños de una casa.
  • 1689: Se publica Inundación castálida; se estrena Amor es más laberinto.
  • 1690-1691: Publicación de la Carta atenagórica y redacción de la Respuesta a Sor Filotea.
  • 1693: Deja de escribir.
  • 1694: Renueva sus votos y firma documentos de penitencia.
  • 1695: Fallece el 17 de abril durante una epidemia.

Notas y referencias[editar]

Las afirmaciones de este artículo se basan en los estudios biográficos de Diego Calleja, Octavio Paz, Antonio Alatorre, Alberto G. Salceda, Guillermo Schmidhuber, Georgina Sabat de Rivers y otros sorjuanistas citados en la bibliografía canónica. Los puntos de disputa, como la fecha de nacimiento, la grafía del apellido y la autoría de La segunda Celestina, se presentan de forma diferenciada en las secciones correspondientes.


  1. Diego Calleja, S. J., publicó la primera biografía de sor Juana en el tercer volumen de sus obras, Fama y obras póstumas (Madrid, 1700). Su relato mezcla datos verificables con elementos hagiográficos. ↩︎

  2. El problema se complica por el hallazgo de una fe de bautismo de «María hija de la Iglesia» fechada el 23 de julio de 1651 en Chimalhuacán, atribuida por Guillermo Schmidhuber a una hermana menor de sor Juana. Si esa identificación es correcta, el nacimiento de Juana Inés en 1651 sería biológicamente improbable. ↩︎

  3. La propuesta de Schmidhuber se basa en documentos de migración y en el Libro de Profesiones. No todos los especialistas la aceptan, y la grafía «Asbaje» tiene amplia difusión editorial. ↩︎

  4. El inventario de bienes tras su muerte menciona 180 volúmenes de obras selectas, aunque las cifras de su biblioteca personal varían según la fuente. La tradición dice que vendió o regaló sus libros en 1694, aunque investigaciones posteriores apuntan a que encargó su venta para ayudar a los pobres. ↩︎

  5. Antonio Alatorre, «Sor Juana y los hombres», Estudios, núm. 7, México, ITAM. Alatorre reconoce a sor Juana como pionera en el mundo hispanohablante del movimiento de liberación femenina, pero discute que la redondilla sea un texto feminista en sentido estricto. ↩︎

  6. Camilla Townsend ha cuestionado la facilidad con que se ha atribuido a sor Juana escritura en náhuatl en los villancicos, señalando que la investigación moderna no ha confirmado plenamente su dominio de la lengua. No obstante, es clara su intención de integrar voces indígenas a la poética novohispana. ↩︎