Ir al contenido

La última cena (Leonardo da Vinci)

✏️ Editar🕓 Historial🔗 Enlaces
La última cena
(Il cenacolo o L’ultima cena)
AutorLeonardo da Vinci
Fecha1495-1498
EstiloRenacimiento
TécnicaTemple y óleo sobre yeso
Dimensiones460 cm de alto por 880 cm de ancho
UbicaciónRefectorio del convento dominico de Santa Maria delle Grazie, Milán, Italia
DeclaratoriaPatrimonio de la Humanidad por la Unesco (1980)

1. Resumen[editar]

La última cena (en italiano: Il cenacolo o L’ultima cena) es una pintura mural obra de Leonardo da Vinci, realizada entre 1495 y 1498. No es un fresco tradicional, sino un mural ejecutado al temple y óleo sobre dos capas de preparación de yeso extendidas sobre enlucido. Mide 460 centímetros de alto por 880 centímetros de ancho. Se encuentra en la pared sobre la que se pintó originalmente, en el refectorio del convento dominico de Santa Maria delle Grazie, en Milán (Italia). Fue un encargo del duque Ludovico Sforza.

La obra representa la escena de la última cena de Jesús de Nazaret según el Nuevo Testamento, concretamente el momento en que Jesús anuncia que uno de sus doce discípulos lo traicionará. Por su monumentalidad, su composición en perspectiva y la penetración psicológica de las figuras, muchos historiadores del arte la consideran una de las mejores obras pictóricas del mundo. En 1980, el conjunto formado por la iglesia y el convento dominico de Santa Maria delle Grazie, con La última cena, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.[1]

2. Contexto y encargo[editar]

La pintura fue un encargo del duque de Milán Ludovico Sforza, llamado el Moro. En principio se trataba de un encargo modesto dentro de un proyecto más amplio de remodelación de Santa Maria delle Grazie, convento dominico cercano al palacio ducal. En el refectorio de los frailes, el pintor milanés Montorfano había pintado una Crucifixión, en cuya parte inferior Leonardo añadió el retrato de los donantes: Ludovico, su esposa y sus dos hijos. Leonardo también colaboró en la ejecución de medallones y otros adornos murales con las armas ducales, como si quisiera probar primero la destreza de su mano para la gran tarea que se avecinaba.

Se cree que hacia 1494 Ludovico Sforza encargó formalmente a Leonardo la realización de un fresco para el refectorio. Ello explicaría las insignias ducales pintadas en las tres lunetas superiores. Leonardo trabajó en la obra con mayor continuidad que en otros proyectos durante unos tres años. En 1497 el duque le solicitó que la concluyera, y probablemente la terminó a finales de ese año.

Las fuentes renacentistas transmiten una imagen viva del método de trabajo de Leonardo. El escritor Matteo Bandello, que conoció bien al artista, relató en su novella LVIII que lo vio muchas veces: desde la madrugada, subido al andamio, no soltaba el pincel durante horas, olvidándose de comer y beber; y que otras veces pasaba dos, tres o cuatro días sin pintar, limitándose a contemplar y examinar las figuras, para después dar una o dos pinceladas y marcharse. Esa forma tan pausada explica por qué el artista optó por una técnica distinta a la rapidez que exige la pintura al fresco tradicional y por qué su acabado se demoró durante años.[2]

Giorgio Vasari describió en sus Vite una anécdota similar: la lentitud de Leonardo exasperó al prior del convento, quien se quejó al duque. Leonardo explicó que los hombres de su genio a veces producen más cuando trabajan menos, y añadió que todavía carecía de modelos para las figuras de Cristo y de Judas; si no lo encontraba, tendría que poner en la cara de Judas el retrato del impertinente y quisquilloso prior. El escritor Giambattista Giraldi, basándose en los recuerdos de su padre, también contó que Leonardo estudiaba los rostros por la calle y dibujaba los que le servían en un cuadernillo que llevaba a la cintura.

3. Técnica[editar]

La última cena no es un fresco al uso. Leonardo experimentó con temple y óleo sobre dos capas de preparación de yeso extendidas sobre enlucido seco. La razón principal de esta elección técnica fue su manera de trabajar: el fresco exige rapidez y seguridad, pues el pintor debe aplicar los pigmentos mientras el revoque está húmedo. Leonardo, en cambio, pintaba con interrupciones largas, observando, corrigiendo y dejando reposar las ideas.

La elección tuvo consecuencias graves para la conservación. El empleo experimental del óleo sobre yeso seco provocó problemas técnicos: moho y escamado de la película pictórica. Ya hacia el año 1500 comenzaba a desprenderse de la pared. La primera referencia documentada al deterioro causado por la humedad de los muros data de 1517.[3] Según Richard Friedenthal, la pintura pronto evidenció que se desprendía de la pared.[4] Pese a ello, la composición se ha mantenido legible a lo largo de los siglos gracias a las numerosas copias antiguas y a las campañas de restauración.

4. Composición y perspectiva[editar]

Leonardo escogió el momento más dramático del relato evangélico, basado en Juan 13:21: la consternación de los apóstoles tras el anuncio de que uno de ellos lo traicionará. A diferencia de las representaciones anteriores de Domenico Ghirlandaio y Andrea del Castagno, que solían aislar a Judas ante la mesa, Leonardo incluye a Judas entre los demás apóstoles, porque ha elegido el instante posterior al anuncio. En el dibujo preparatorio se observa que inicialmente pensó en la composición clásica, con Judas delante de la mesa, pero luego cambió la idea.

La mesa con los trece personajes está enmarcada en una arquitectura clásica representada con exactitud mediante la perspectiva lineal central. El pavimento, los tapices laterales, las tres ventanas del fondo y los casetones del techo convergen hacia el rostro de Cristo, situado en el centro. La construcción en perspectiva es uno de los aspectos más destacados de la obra: parece ampliar el espacio real del refectorio, como si fuera un trampantojo, salvo por la altura distinta del punto de vista y el monumental formato de las figuras.

La escena está bañada por la luz de las tres ventanas del fondo, en las que se vislumbra un cielo crepuscular, y por la luz que entraba a través de la ventana verdadera del refectorio. Esa luminosidad, así como el colorido, quedaron resaltados tras la última restauración. Los doce apóstoles están distribuidos en cuatro grupos de tres, dejando a Cristo relativamente aislado. Cristo queda perfilado contra el ventanal central, rematado con un arco, y destacado con colores rojo y azul en forma de triángulo.[5]

5. Las figuras y sus reacciones[editar]

La afirmación de Jesús «uno de vosotros me traicionará» causa consternación en los doce seguidores, y Leonardo intentó reflejar «los movimientos del alma»: las distintas reacciones individualizadas de cada apóstol. Unos se asombran, otros se levantan porque no han oído bien, otros se espantan, y Judas retrocede al sentirse aludido. El contraste entre figuras —lo feo junto a lo bello, lo anciano junto a lo joven, lo excitado junto a lo tranquilo— da su riqueza a la composición.

De izquierda a derecha según las cabezas, las identificaciones tradicionales son:

  1. Bartolomé, Santiago el Menor y Andrés en el primer grupo;
  2. Judas Iscariote (de pelo y barba negros), Simón Pedro y Juan (el único imberbe del grupo);
  3. Cristo en el centro;
  4. Tomás, Santiago el Mayor y Felipe (también sin barba) en el tercer grupo;
  5. Mateo (aparentemente sin barba o con barba rala), Judas Tadeo y Simón el Celote en el último.

Todas las identificaciones provienen de un manuscrito autógrafo de Leonardo hallado en el siglo XIX. En la obra llama la atención una mano que sostiene un cuchillo, situada entre Pedro y Judas Iscariote. Según el historiador Bruce Boucher, del New York Times, el dibujo preliminar y las copias posteriores demuestran que la mano y el cuchillo pertenecen a Pedro; en el Evangelio de Juan, Pedro sacó la espada en defensa de Jesús contra quienes iban a entregarlo.[6]

6. Deterioro y restauraciones[editar]

El rápido deterioro de la obra forzó numerosas intervenciones. Desde 1726 se llevaron a cabo intentos fallidos de restauración y conservación. Goethe, que vio la estancia con escasas transformaciones en 1788, la describió como un espacio en el que la pintura parecía un grupo más de la reunión de los monjes: frente a la entrada, en la zona más estrecha y al fondo de la sala, estaba la mesa del prior, y a ambos lados las de los restantes monjes; en la cuarta pared, encima de las puertas, la mesa de Cristo y los apóstoles. La hora de comer, cuando las mesas del prior y de Cristo se encontraban frente a frente, debió ser, según Goethe, una escena digna de verse.[7]

En 1977 se inició un programa de restauración con las tecnologías más modernas de la época. El equipo estuvo dirigido por la restauradora italiana Pinin Brambilla, que dedicó más de veinte años a la intervención. La BBC en español publicó en 2023 un perfil de Brambilla titulado «Pinin Brambilla, la mujer que pasó más de 20 años restaurando “La última cena” y enmendó el “gran error” de Leonardo».[8] La intervención permitió estabilizar la obra y recuperar lo posible del color y la luminosidad. Aunque la mayor parte de la superficie original se ha perdido, la grandiosidad de la composición y la penetración fisonómica y psicológica de los personajes dan una vaga visión de su pasado esplendor.

7. Copias y versiones[editar]

La celebridad de la pintura generó copias ya en el siglo XVI. Gracias a ellas se puede reconstruir, en parte, cómo pudo ser su estado original. Entre las más relevantes:

  • La copia a escala real de Giampietrino, conservada en la Royal Academy of Arts de Londres, es una de las más tempranas y conocidas.
  • Una versión de menor escala atribuida a Marco d’Oggiono, óleo sobre lienzo, se encuentra en el Museo Nacional del Renacimiento del Castillo de Écouen, Francia.
  • Una copia en mosaico romano realizada entre 1809 y 1814 por Giacomo Raffaelli está instalada en la iglesia minorita o Minoritenkirche de Viena.
  • Una copia renacentista anónima se conserva en el museo de la abadía de Tongerlo, Bélgica. En 2017 se difundió la hipótesis de que fue retocada por el propio Leonardo.[9]
  • Otra copia renacentista, de Cesare da Sesto, está en la iglesia parroquial de San Ambrosio en Ponte Capriasca, cerca de Lugano.
  • En la Pinacoteca Vaticana hay un tapiz flamenco que reproduce la escena, regalado por Francisco I de Francia al papa Clemente VII en 1533.
  • En 2019 se difundió el hallazgo de una copia muy deteriorada en un monasterio capuchino abandonado en 1915 en Saracena, provincia de Cosenza, fundado en 1588 y solo accesible a pie.[10]

La gran fama de la obra ha despertado el interés de investigadores y novelistas que buscan supuestos misterios y enigmas. Clive Prince y Lynn Picknett, en su libro La revelación templaria, y Dan Brown, en su novela El código Da Vinci, afirmaron que la figura a la derecha de Jesús (izquierda según se mira) no es Juan, sino una figura femenina, a menudo identificada con María Magdalena. Esta interpretación puede desmentirse observando los dibujos preparatorios de Leonardo, donde se ve que se trata del apóstol más joven, Juan.[11]

Más allá de las teorías, la obra se ha convertido en una de las imágenes más parodiadas y reproducidas de la historia del arte. Su composición ha sido citada en publicidad, cine, televisión y artes plásticas. La familiaridad popular con la imagen no siempre ha ido acompañada de un conocimiento de su estado original ni de su enorme fragilidad.

9. La obra y el público hispanohablante[editar]

Dado que el mural permanece desde su creación en el refectorio de Santa Maria delle Grazie, los públicos de América Latina y España no han podido ver el original fuera de Milán. El conocimiento de la obra en el mundo hispanohablante se produce, por tanto, a través de reproducciones, libros de historia del arte, documentales y recursos digitales. Las fuentes en español que tratan el cuadro son abundantes, y periódicos y sitios de divulgación suelen cubrir tanto las restauraciones como las controversias ligadas al Código Da Vinci.

La denominación habitual en español es La última cena, equivalente directo del italiano L’ultima cena, mientras que Il cenacolo (literalmente, «el cenáculo») se reserva a veces para el conjunto de la sala o para el sitio musealizado. El sistema de visitas se conoce oficialmente como Cenacolo Vinciano; la entrada, limitada por razones de conservación, debe reservarse con antelación.[12] No hay registros de que el mural original haya viajado a América Latina.

10. Legado[editar]

La última cena consolidó a Leonardo como uno de los primeros maestros de Italia, si no el primero. Vasari y otros testimonios de la época cuentan que artistas acudían desde lejos al refectorio para verla, copiarla y discutirla. El rey de Francia, al entrar en Milán, acarició la idea de desprender el mural de la pared para llevárselo a Francia, lo que confirma su prestigio inmediato.[13]

Desde el punto de vista historiográfico, la obra marca un momento central del Renacimiento italiano: combina la investigación óptica y anatómica de Leonardo con una nueva manera de narrar la historia sagrada mediante la expresión psicológica. Su influencia se extendió a la pintura religiosa posterior y, más tarde, a la cultura visual contemporánea.

Hoy el conjunto que la alberga es Patrimonio de la Humanidad, y la obra sigue siendo objeto de estudio, monografías y análisis científicos. La tensión entre su estado actual, muy restaurado, y su estatus de icono universal hace de La última cena un caso paradigmático de la conservación del patrimonio: una obra que se admira tanto por lo que fue como por la extraordinaria capacidad que ha tenido para sobrevivir a su propia fragilidad.


  1. La declaratoria de 1980 incluye la iglesia y el convento dominico de Santa Maria delle Grazie con La última cena de Leonardo. El sitio figura en la lista oficial de la Unesco con el número 93 y con los criterios i y ii. ↩︎

  2. La cita completa de Bandello aparece reproducida en la Vita incluida en Friedenthal, Richard, The life of Leonardo da Vinci, edición completa, 1983, pág. 84 y ss., y en las biografías de Leonardo consultadas para este artículo. ↩︎

  3. La primera referencia al deterioro de la pared, causado por la humedad de los muros, data de 1517, según la literatura especializada citada en la Wikipedia en español. El deterioro temprano contradice la idea de que la obra se mantuvo intacta durante siglos. ↩︎

  4. Friedenthal, Richard, Leonardo da Vinci, ed. de 1987, pág. 85, describe el rápido deterioro del mural. La pintura experimentó restauraciones desde el siglo XVIII. ↩︎

  5. La distribución de los apóstoles en cuatro grupos de tres ha dado lugar a interpretaciones que vinculan la composición con esquemas de tríadas platónicas de la escuela florentina de Ficino y Pico della Mirandola. Sin embargo, estas lecturas son discutidas y no forman parte del consenso principal. Se incluyen aquí como nota porque la organización compositiva es objetivamente verificable, aunque su significado filosófico no lo es. ↩︎

  6. Juan 18:1 es citado por Boucher como base bíblica de la identificación de la mano con cuchillo como la de Pedro; el texto evangélico menciona que Pedro sacó la espada en defensa de Jesús. ↩︎

  7. La descripción de Goethe procede de la visita que realizó a la estancia en 1788, cuando aún conservaba transformaciones escasas, y se reproduce en la bibliografía sobre Leonardo. ↩︎

  8. «Pinin Brambilla, la mujer que pasó más de 20 años restaurando “La última cena” y enmendó el “gran error” de Leonardo», BBC News Mundo, 6 de abril de 2023. Disponible en español y consultado como referencia para este artículo. ↩︎

  9. El hallazgo fue difundido por la prensa internacional en diciembre de 2017, a partir de un estudio que atribuía a Leonardo una intervención parcial en la copia de Tongerlo. ↩︎

  10. La noticia fue publicada por el diario español Público el 9 de enero de 2019. La copia se encontraba en un convento capuchino abandonado de Saracena, muy deteriorada. ↩︎

  11. La identificación tradicional de la figura como Juan se apoya en los estudios preparatorios del propio Leonardo, citados en los textos de referencia. La hipótesis del Código Da Vinci carece de consenso académico. ↩︎

  12. El sitio oficial cenacolovinciano.org gestiona la información y reserva de visitas al refectorio. La recomendación de reserva con antelación se debe al acceso limitado para conservación. ↩︎

  13. La anécdota del rey de Francia que quiso llevarse la pintura aparece en la biografía de Leonardo incluida en las Vidas de Giorgio Vasari, edición de 1550. La referencia se discute en la historiografía, pero refleja el prestigio temprano de la obra. ↩︎