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La Llorona

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La Llorona
TipoFantasma / alma en pena
RegiónHispanoamérica
PaísesMéxico, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador, Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay y el suroeste de los Estados Unidos
Criaturas similaresLa Tulevieja, la Sayona, la Cegua, la Pucullén, la Tarumama
Primer registro escritoc. 1550, en la obra de Bernardino de Sahagún
PatrimonioPatrimonio Cultural Intangible de la Ciudad de México (2010[sin verificar])

1. Resumen[editar]

La Llorona es un fantasma del folclore hispanoamericano. Según la tradición oral, se trata del alma en pena de una mujer que ahogó a sus hijos y que, arrepentida y maldecida, los busca por las noches por ríos, pueblos y ciudades. Su llanto sobrecogedor es el rasgo que más se asocia a su aparición, al punto de que el nombre con que se la conoce proviene precisamente de ese lamento.

La leyenda tiene una gran diversidad de versiones. Posee un núcleo relativamente constante —una mujer, un hijo o varios hijos muertos, agua y llanto— pero incorpora particularidades propias de cada región geográfica. Pese a esas variantes, el relato es reconocible en casi todos los países de Hispanoamérica. Su origen combina elementos prehispánicos mexicas y mayas con aportes españoles, y su forma definitiva se consolidó durante la época virreinal en la Nueva España.

Hoy la Llorona forma parte del imaginario colectivo de América Latina. Se la considera un signo de identidad nacional en México y fue declarada Patrimonio Cultural Intangible de la Ciudad de México. Su popularidad se extiende desde México hasta Argentina y también aparece en los estados del sur de los Estados Unidos con mayor población hispana, como Arizona, Texas y Nuevo México.

2. Origen y formación de la leyenda[editar]

La presencia de seres fantasmales que lloran junto a ríos o cuerpos de agua es un motivo recurrente en la mitología de los pueblos mesoamericanos. Con la llegada de los conquistadores españoles, esos rasgos locales se fusionaron con tradiciones europeas, en especial con la figura de la dama de blanco. De esa mezcla surgió una leyenda reconocible en distintos territorios.

Para explicar el origen de la Llorona se han propuesto tres enfoques principales. El primero, denominado literalista, sugiere que los hechos ocurrieron realmente: una mujer mató a sus hijos y, a partir de allí, la historia se contó una y otra vez hasta convertirla en fantasma y a la anécdota en leyenda. El segundo, evemerista, plantea que un mito se superpone a una historia real con referentes concretos; es el caso, por ejemplo, del relato en que el mito de la diosa Cihuacóatl se superpone a la historia de la Malinche. El tercero, parabólico, tiene una lectura simbólica: la historia surgiría como una forma de dar voz a los sectores silenciados, en particular a los indígenas durante la Conquista y la colonización.

2.1 Antecedentes mesoamericanos[editar]

En México, varios investigadores estiman que la Llorona, como personaje de mitología y de leyenda, tiene su origen en diversos seres o deidades prehispánicas: Auicanime entre los purépechas, Xonaxi Queculla entre los zapotecos, la ya mencionada Cihuacóatl entre los nahuas y la Xtabay entre los mayas lacandones. En casi todos los casos se la identifica con el inframundo, el hambre, la muerte, el pecado o la lujuria.

Xtabay, por ejemplo, es descrita como un espíritu con forma de mujer hermosa cuya espalda tiene la forma de un árbol hueco. Si un hombre la abraza, pierde la razón o muere. Xonaxi Queculla es una deidad de la muerte, del inframundo y de la lujuria que se aparece atractiva, enamora a los hombres y luego se transforma en esqueleto para llevarse su espíritu. Auicanime, entre los purépechas, era considerada la diosa del hambre y protectora de las mujeres que morían al dar a luz por primera vez; según la creencia, esas mujeres se convertían en guerreras y, por lo tanto, en divinidades.

La abundancia de diosas ligadas a cultos sexuales y a la vida reproductiva no solo explica a la Llorona, sino también a otros fantasmas femeninos que castigan a los hombres, como la Siguanaba, la Cegua o la Sucia.

2.2 Cihuacóatl y las diosas mexicas[editar]

El antecedente prehispánico más conocido de la Llorona es la diosa mexica Cihuacóatl. En la concepción mexica, Cihuacóatl reúne varios atributos: es diosa de la tierra, de la fertilidad y de los partos, mujer guerrera y madre. Era, además, la madre de Huitzilopochtli, la deidad principal mexica. Cihuacóatl era la patrona de las cihuateteo, espíritus de mujeres muertas durante el parto que, según la creencia, bajaban a la tierra en ciertas fechas del calendario, gritaban en el aire de noche y resultaban fatales para los niños.

A una de estas cihuateteo se la llamaba Chocacíhuatl, del náhuatl choka, “llorar”, y cihuatl, “mujer”. Era considerada la primera de todas las madres muertas al dar a luz. Chocacíhuatl y su hijo vagaban en forma de calaveras descarnadas, cazando a los viajeros que se encontraban a oscuras. Verlos era presagio de infortunio o incluso de muerte. La entidad era una de las más temidas en el mundo nahua antes de la llegada de los españoles[1].

2.3 La primera documentación colonial[editar]

La leyenda de la Llorona comenzó a documentarse hacia 1550, cuando fray Bernardino de Sahagún recogió la historia de Chocacíhuatl en su obra Historia general de las cosas de Nueva España (1540–1585) y la identificó con Cihuacóatl. Sahagún describe a una mujer que aparecía con atavíos como los que se usaban en Palacio, que de noche voceaba y bramaba en el aire. Sus vestiduras eran blancas y llevaba el cabello recogido de tal modo que parecía tener unos pequeños cuernos cruzados sobre la frente.

Esa aparición forma parte de los presagios que, según la tradición mexica, anunciaron la caída del Imperio mexica ante los hombres venidos del oriente. El sexto presagio, recogido en fuentes coloniales como el Códice Aubin, narra que una mujer vestida de blanco se materializaba sobre las aguas del lago de Texcoco y lloraba gritando: “Ay mis hijos, ¿dónde los llevaré para que escapen de tan funesto destino?”. Sus lamentos aterrorizaban a los habitantes de Tenochtitlan.

«...aparecía muchas veces como una señora compuesta con unos atavíos como se usan en Palacio; decían también que de noche voceaba y bramaba en el aire... Los atavíos con que esta mujer aparecía eran blancos, y los cabellos los tocaba de manera, que tenía como unos cornezuelos cruzados sobre la frente.»
Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, libro I, cap. VI.

Después de la conquista, los pobladores de la Ciudad de México reportaban a una mujer espectral vestida de blanco que cruzaba las calles lanzando alaridos. Pasaba por la antigua Plaza Mayor, miraba hacia el oriente y continuaba hasta el lago de Texcoco, donde se desvanecía entre las sombras. Los relatos coloniales cambiaron el tono del grito: ya no era la pregunta esperanzada sobre el destino de los hijos, sino un “¡Ay, mis hijos!” que señalaba la pérdida consumada[2].

2.4 Raíces europeas y paralelos[editar]

Los relatos de mujeres fantasmales vestidas de blanco son comunes en el folclore de la península ibérica y de Europa central. En el folclore español, la dama de blanco suele estar vinculada a ríos, fuentes o pozos y puede ser peligrosa o benéfica. Criaturas como las lamias vascas, las anjanas cántabras, las xanas asturianas y las mouras gallegas comparten rasgos con esta figura. En Cataluña y Mallorca, las damas de blanco son presagio de muerte y aparecen como mujeres enormes, vestidas con túnicas blancas y con los ojos en blanco. Una versión cuenta que son el fantasma de una mujer que mató a sus hijos por un amor no correspondido.

En la tradición alemana, la historia de “Die Weiße Frau” (“La Mujer Blanca”), documentada desde 1486[sin verificar], reproduce varios rasgos que luego reaparecen en las versiones más desarrolladas de la Llorona. Asimismo, se han señalado semejanzas con la leyenda griega de Lamia, la amante de Zeus cuyos hijos fueron asesinados y que, en algunas versiones, mata a los hijos de otras mujeres, y con el mito de Medea, que asesina a sus hijos como venganza contra su esposo.

Estos paralelos no prueban un origen único, pero ayudan a entender la facilidad con que la leyenda americana se integró a un repertorio más amplio de fantasmas femeninos acuáticos.

3. Época virreinal y sincretismo[editar]

La leyenda de la Llorona terminó de tomar forma durante la época virreinal. A los antecedentes prehispánicos se sumó la contribución española, lo que convirtió a la Llorona en uno de los primeros signos del mestizaje cultural. La multiplicidad de orígenes y versiones es muestra clara de que se trata de un producto del sincretismo.

En la Nueva España, el temor a la herejía impidió identificar abiertamente a la Llorona con las diosas prehispánicas. Por eso, su descripción se adaptó a los estándares coloniales, aunque conservó su esencia indígena: la vestimenta blanca, el cabello largo y negro, el grito desgarrador y la relación con el agua. Durante este período, la diosa prehispánica se transformó en una mujer de vestido blanco flotante, con el rostro cubierto por un velo, que cruzaba callejuelas y plazas lanzando un grito de desesperanza.

Algunas versiones cuentan que el espanto era tal que se instituyó un toque de queda a las once de la noche, porque a partir de esa hora comenzaban a escucharse los gemidos en las calles de la Ciudad de México. Sin embargo, la existencia material de esa medida concreta no está respaldada por una fuente colonial clara[3].

En el relato virreinal, ver a la Llorona garantizaba la muerte o la locura a quienes intentaban averiguar el origen de su gemido. Al mismo tiempo, la historia funcionaba como un instrumento de control social: advertía contra la desobediencia, las relaciones ilegítimas y las conductas consideradas inmorales.

4. La Malinche y la Llorona[editar]

En México, la Llorona fue frecuentemente asociada con la figura histórica de la Malinche, la mujer nahua que sirvió como intérprete de Hernán Cortés y que fue su amante y luego esposa. La Malinche es considerada a la vez madre simbólica del pueblo mexicano y símbolo de traición por su papel en la Conquista.

Existen varias versiones de esa identificación. Una dice que el espíritu de la Malinche se convirtió en la Llorona y regresa arrepentido por haber traicionado a los indígenas. Otra sostiene que, cuando Cortés regresó a España, se llevó consigo a Martín Cortés, hijo de ambos, y que la Malinche llora por no haber podido impedirlo. Una tercera, más cultural y simbólica, afirma que llora por sus hijos, entendidos como los mestizos del pueblo mexicano, ya sea por haberlos entregado a los españoles o por el destino que les esperaba. En algunos relatos, la Llorona ronda la plaza de la Conchita, en Coyoacán, y la cercana Casa Colorada, donde se dice que vivió la Malinche.

Sin embargo, varios investigadores consideran que la Malinche y la Llorona no pueden asimilarse del todo. Históricamente, la Malinche no mató a sus hijos, y su papel como mediadora entre indígenas y españoles creó las bases del dominio colonial, mientras que la Llorona, al matar a sus hijos mestizos, destruye simbólicamente esa base. Aun así, la asociación quedó profundamente grabada en el imaginario popular y en la literatura mexicana.

5. Versiones regionales[editar]

El núcleo de la leyenda es una mujer que mata a un hijo o a varios hijos y es condenada a buscarlos eternamente. Pero la historia adquiere matices distintos según el país. En general, la geografía local aporta sitios concretos: en México, el lago de Texcoco; en Costa Rica, el río Grande de Tárcoles; en Uruguay, el lago del parque Rivera, en Montevideo.

5.1 México[editar]

En la versión mexicana clásica, una mujer indígena llamada Luisa se enamora de don Nuño de Montes Claros, un hombre de alta alcurnia que la abandona. En venganza, ella apuñala a los tres hijos que tuvieron juntos. La mujer es quemada o colgada y se convierte en la Llorona, que vaga por las calles de la Ciudad de México llorando su tragedia. Los hechos se sitúan a menudo en el lago de Texcoco, aunque en otras versiones el escenario es urbano.

5.2 Guatemala y El Salvador[editar]

En Guatemala, la Llorona toma el nombre de María. Se la describe como el alma en pena de una mujer criolla o mestiza de clase alta que engaña a su esposo con un trabajador de la hacienda y queda embarazada. Para ocultar su deshonra, ahoga a su hijo, llamado Juan de la Cruz. Un detalle acústico particular es que, cuanto más cerca se oyen sus gritos, en realidad está más lejos, y cuando se oyen lejos, está pasando cerca.

En El Salvador, la Llorona vaga por las calles de los pueblos rurales llorando por sus hijos. Entra por la calle principal, lanza un primer grito y comienza a llorar. Luego busca el camino al cementerio o desaparece tras entrar en la iglesia local. Las personas que la escuchan sienten escalofríos. Si alguien le da la espalda, ella aparece de pronto a su lado. El alma de quien la mire y la siga vagará durante toda la eternidad.

5.3 Nicaragua y Costa Rica[editar]

En Nicaragua, la Llorona es el alma en pena de una indígena de Moyogalpa, en la isla de Ometepe. Enamorada de un hombre blanco contra el consejo de su madre, es abandonada y ahoga a su hijo en el lago de Nicaragua. Arrepentida, se mete al agua para salvarlo, sin éxito.

En Costa Rica, una versión la presenta como una indígena muy hermosa, hija de un rey huetar, que se enamora de un conquistador español. Se ven en lo alto de una cascada, ella queda embarazada y da a luz. El padre de la mujer mata al niño arrojándolo desde lo alto de la catarata y la maldice. Desde entonces, la Llorona vaga por las orillas de los ríos buscando a su hijo. Otras versiones costarricenses narran que ahoga a su hijo recién nacido por locura o vergüenza, al ser rechazada por su familia o por ser madre soltera. En otra, el ahogamiento es accidental mientras lo baña en el río.

5.4 Colombia y Venezuela[editar]

En Colombia, la leyenda trata del espíritu de una mujer que mató a su hijo recién nacido, lo dejó cerca de un riachuelo y la corriente se lo llevó. Camina por las noches buscándolo y, en algunos relatos, lo lleva muerto en brazos. En Pasto se dice que es una mujer que parece un demonio, que sale a llorar en las noches de luna llena y que el 31 de octubre camina por los cementerios con una vela en la mano. En Antioquia se la conoce como la María Pardo, y en la región de Pasto como la Tarumama.

En Venezuela, la Llorona se asocia a los llanos. Una mujer muy joven se enamora de un soldado que la abandona al embarazarla. Desesperada por el llanto del niño, lo mata con sus propias manos. Arrepentida, huye hacia el llano y se convierte en un espanto que roba niños que están solos. Otra versión venezolana cuenta que una mujer mataba a sus hijos con cada parto hasta que el cura de su pueblo le aconsejó dar de amamantar al niño antes de matarlo; al hacerlo, sintió culpa y desde entonces vaga llorando.

5.5 Perú, Ecuador y el Cono Sur[editar]

En el Perú, la Llorona anuncia la muerte a quienes se acercan a las huacas o ruinas prehispánicas. Su mito está muy extendido en la costa norte y en la sierra peruana. En Ecuador, tras ahogar a su hijo, busca su cadáver al que le falta el dedo meñique de la mano. Por eso, el fantasma corta el dedo meñique a quien se le aparezca.

En la mitología mapuche de Chile, la Pucullén comparte rasgos con la Llorona. Llora eternamente porque le quitaron a su hijo o porque uno de sus hijos murió en sus brazos. Se la describe como una presencia fantasmal vestida de blanco, aunque en algunas versiones viste de negro. Solo pueden verla quienes están cerca de la muerte, algunas personas con habilidades especiales, los niños y ciertos animales. Con sus lágrimas indica el lugar preciso donde debe abrirse la fosa para enterrar a un difunto y actúa como guía de los muertos.

En Uruguay, la Llorona y su hijo se ahogan por accidente en el lago del parque Rivera, en Montevideo, en una noche tormentosa. Otra versión uruguaya atribuye la aparición al asesinato de una mujer y su esposo por unos ladrones, que arrojaron los cuerpos al mismo lago. En Argentina, la Viuda, personaje fantasmático de caminos y puentes, tiene trasfondos similares: se aparece a los hombres, puede cambiar su rostro por una calavera y castiga a los infieles con un abrazo helado.

6. Aspecto[editar]

La mayoría de los relatos describen a la Llorona como una mujer vestida de blanco, con el cabello largo y oscuro, que se peina mientras llora. Puede tener el rostro pálido como una calavera. En algunas versiones lleva una bata blanca larga y encima otra negra con capucha. En ciertas historias de Guatemala y de Aguascalientes, en México, tiene cara de caballo, como la Siguanaba o la Cegua.

En Costa Rica y Panamá, la leyenda se mezcla con la Tulevieja, una vieja sucia y horrenda, vestida de harapos y con patas de ave, y con la Tepesa, de largos cabellos enmarañados y el rostro cubierto de agujeros. Ambas son, en el fondo, mujeres que mataron a sus hijos y fueron condenadas a vagar como espectros monstruosos.

En Colombia, la Llorona es descrita como un fantasma errante que recorre valles y montañas cerca de ríos y lagunas. Viste una bata blanca que le cubre hasta los talones y tiene el cabello largo, negro y rizado; en él se posan grillos, luciérnagas, cocuyos y mariposas. Su rostro es una calavera y en las cuencas de sus ojos giran dos bolas incandescentes. Con manos huesudas y ensangrentadas arrulla a un bebé muerto. Al gemir, derrama lágrimas de sangre sobre la mortaja azul del niño.

En Venezuela, la Sayona es un personaje parecido que se aparece a los hombres parranderos e infieles mostrando unos grandes colmillos. Durante la Colonia, algunas mujeres se disfrazaban de la Sayona para salir de noche sin ser reconocidas.

7. Comportamiento[editar]

En los relatos folclóricos coinciden en que el terror de la Llorona no proviene tanto de su aspecto como de su lamento. Muchas veces no hay contacto directo con el espectro: basta con oírlo. En algunos relatos, quien la ve puede morir, pero estas versiones son las menos comunes.

En una versión de Costa Rica, la Llorona es inofensiva porque su única preocupación es encontrar a su hijo; en otra, del mismo país, encontrársela puede significar la muerte, ya que asesina a la persona confundiéndola con el hombre que la engañó. En Ecuador, su aparición tiene una consecuencia física concreta: corta el dedo meñique a quien se le atraviesa.

El encuentro puede ser puramente auditivo. Se dice que quienes la escuchan sienten escalofríos en todo el cuerpo. Si alguien le da la espalda, puede aparecer de pronto a su lado. Quien la mire y la siga, según la versión salvadoreña, queda condenado a vagar para siempre.

8. Simbolismo y función social[editar]

Desde la clasificación de los cuentos folclóricos, los relatos de la Llorona se han asociado al tipo 300, “El Dragón Asesino”, y al tipo de la Encantada, donde el ser humano interactúa con un numen en su área de poder, en este caso el agua. La Llorona es considerada un espíritu de malos presagios: sus gritos son un oráculo de eventos desafortunados. Puede causar enfermedades, empeorar la condición de los enfermos o traer maldiciones. En algunos relatos, su aparición avisa la crecida de un río o una desgracia cercana.

Simbólicamente, se la ha relacionado con la Triple Diosa: la doncella, la madre y la anciana cadavérica. Como Hécate, recorre los caminos como reina de los espectros nocturnos.

La historia tiene una función moralizadora. Condena a la mujer que renuncia a su rol maternal y castiga con una pena eterna el infanticidio. Es una advertencia contra las relaciones sexuales antes del matrimonio, el embarazo no deseado y el aborto. En la sociedad colonial, reforzaba el papel que se exigía a las mujeres, en particular a las indígenas. Desviarse de ese rol solo podía significar locura, muerte y sufrimiento.

Pero la Llorona no solo castiga a las mujeres. También atemoriza a los hombres que vagan de noche, sobre todo a los que participan en actividades consideradas reprobables, como el alcoholismo o la infidelidad. Se sube a los caballos de los trasnochadores, los enloquece o los mata con un abrazo helado. En ese sentido, es un espíritu vengativo que restablece el orden social.

También funciona como asustador de niños, similar al Coco. Las madres amenazan a sus hijos con que, si desobedecen, la Llorona vendrá a buscarlos por la noche. Con ello, los mantiene alejados de ríos, pozas y lagunas, sitios donde un accidente podría costarles la vida.

En el contexto colonial, la leyenda sirvió para atemorizar y subyugar a la población indígena durante la noche. Al mismo tiempo, proliferaron historias de fantasmas y aparecidos que censuraban las conductas consideradas inmorales. La Llorona, en particular, condenaba las relaciones ilegítimas.

Desde una lectura metafórica moderna, la Llorona representa también a la mujer condenada a observar el desamparo histórico de sus hijos simbólicos: los pueblos indígenas desplazados militar, política y culturalmente por la Conquista. En la literatura chicana y en el discurso feminista, su figura ha sido reinterpretada como símbolo de resistencia, protectora de los inmigrantes indocumentados que cruzan la frontera sur de los Estados Unidos y como voz de los sectores marginados[4].

La Llorona ha pasado de la tradición oral a la literatura, el cine y la cultura mediática. Una referencia literaria temprana es un soneto del poeta mexicano Manuel Carpio[sin verificar] publicado en el siglo XIX. A diferencia de las versiones orales más difundidas, ese poema no menciona el infanticidio: identifica a la Llorona con el fantasma de una mujer llamada Rosalía, asesinada por su esposo.

En la literatura mexicana, Octavio Paz retomó la figura en El laberinto de la soledad, donde la Llorona aparece como una figura materna y simbólica de la cultura mexicana. Las versiones modernas han desplazado a menudo el relato folclórico hacia la leyenda urbana, con mayor énfasis en el efectismo y en el impacto visual que en el simbolismo original.

En el cine, la película estadounidense The Curse of La Llorona (2019[sin verificar]) retomó la historia. En la versión que maneja el filme, una mujer llamada María es abandonada por su esposo, quien la deja por otra mujer más rica. Enfurecida, ahoga a sus hijos en un río y poco después se arrepiente. Los busca durante horas y, cuando los encuentra, ya es tarde. Llora junto al río, vestida de blanco, sin comer ni beber, hasta morir de agotamiento. Ese relato condensa varios elementos de la versión clásica y los adapta al formato del cine de terror.

En la actualidad, la leyenda se usa también como lección para evitar que los niños se acerquen solos a los ríos o desobedezcan a sus padres. En partes de Arizona y México, muchas personas afirman haber tenido encuentros con la Llorona.

10. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

La Llorona sigue siendo una de las figuras más reconocidas del folclore hispanoamericano. Su presencia abarca desde México hasta Argentina y se mantiene viva en los estados del sur de los Estados Unidos con mayor población hispana, especialmente Arizona, Texas y Nuevo México. En México, el personaje es considerado signo de identidad nacional y forma parte del imaginario colectivo ligado a la historia colonial y al mundo prehispánico.

El grito “¡Ay, mis hijos!” es quizá la frase más conocida de la leyenda. Aunque las versiones varían, ese lamento funciona como un elemento unificador: la Llorona es siempre una madre doliente que busca a sus hijos perdidos, entre el agua, la noche y la culpa.

La leyenda también ha funcionado como un relato de advertencia en los hogares hispanohablantes. De generación en generación, se ha transmitido de forma oral, adaptándose a las ciudades, a los campos, a los ríos y a los miedos de cada época. Esa capacidad de adaptación explica por qué la Llorona no ha desaparecido: cada comunidad la cuenta a su manera, pero el llanto, el vestido blanco y el agua siguen siendo los mismos.


  1. El nombre Chocacíhuatl reúne los elementos que luego definirían a la Llorona: el llanto, la condición femenina y la cercanía con la muerte. Aun así, la Llorona colonial y moderna no es una simple continuación de esta figura, sino el resultado de un proceso de sincretismo. ↩︎

  2. Ese cambio de grito suele leerse en clave histórica: antes de la caída de Tenochtitlan, el fantasma todavía expresaba la posibilidad de salvar a sus hijos simbólicos; después de la Conquista, el llanto solo expresa duelo y desamparo. ↩︎

  3. En la tradición oral y en recopilaciones modernas, el toque de queda suele aparecer como un elemento narrativo que subraya el terror colectivo. La versión de la Wikipedia en español marcaba la afirmación como carente de cita, por lo que conviene tratarla con cautela. ↩︎

  4. Esta relectura no es unánime; convive con la visión tradicional que subraya el castigo moral. La figura de la Llorona permite ambas lecturas precisamente por su carácter polisémico y por la diversidad de versiones. ↩︎