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Luna

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Luna
TipoSatélite natural de la Tierra
Diámetro ecuatorial3 474,8 km
Masa7,349 × 1022 kg
Densidad media3,34 g/cm³
Superficie38 millones de km²
Volumen2,1958 × 1010 km³
Gravedad superficial1,62 m/s²
Velocidad de escape2,38 km/s
Período de rotación27 d 7 h 43,7 min
Período orbital sideral27 d 7 h 43,1 min
Período orbital sinódico29 d 12 h 44 min 2,9 s
Distancia media a la Tierra384 400 km
Perigeo363 300 km
Apogeo405 500 km
Excentricidad orbital0,0549
Inclinación orbital5,1454°
Temperatura superficialmín. 40 K (−233 °C) / máx. 396 K (123 °C)
Presión atmosférica3 × 10−10 Pa
Albedo0,12
Magnitud aparente−12,6
Primer descenso tripuladoApolo 11, 20 de julio de 1969

La Luna es el único satélite natural de la Tierra. Con un diámetro ecuatorial de 3 474,8 km, es el quinto satélite más grande del sistema solar y, en proporción al tamaño de su planeta, el más grande de todos: equivale aproximadamente a un cuarto del diámetro terrestre y a 1/81 de la masa de la Tierra. Se encuentra en rotación síncrona con la Tierra, de modo que muestra siempre la misma cara al planeta. El hemisferio visible está marcado por oscuros mares lunares de origen volcánico, situados entre montañas antiguas y cráteres de impacto.

Pese a ser, en apariencia, el astro más brillante del cielo terrestre después del Sol, su superficie es en realidad muy oscura, con reflectividad comparable a la del carbón. Su prominencia en el cielo y su ciclo regular de fases han tenido una enorme influencia cultural desde la antigüedad, tanto en el lenguaje como en el calendario, el arte y la mitología. La atracción gravitatoria de la Luna produce las mareas y contribuye a frenar lentamente la rotación de la Tierra.

La Luna es el único cuerpo celeste en el que se ha realizado un descenso tripulado. Aunque el programa Luna de la Unión Soviética fue el primero en alcanzarla con una nave no tripulada, el programa Apolo de Estados Unidos llevó a cabo las únicas misiones tripuladas hasta la fecha: la primera órbita tripulada con el Apolo 8 en 1968 y seis alunizajes entre 1969 y 1972, empezando por el Apolo 11 y terminando con el Apolo 17.[1]

1. Resumen[editar]

La Luna carece de una atmósfera significativa y de un campo magnético global. Su órbita alrededor de la Tierra es elíptica, con una distancia media de 384 400 km y una excentricidad baja; la distancia real varía entre el perigeo y el apogeo. La inclinación del plano orbital respecto a la eclíptica es de unos 5°, lo que condiciona la ocurrencia de eclipses.

El tamaño aparente de la Luna en el cielo es casi idéntico al del Sol, lo que permite que, en los eclipses solares totales, el disco lunar cubra exactamente al disco solar. Esta coincidencia facilitó también la observación de la corona solar durante la totalidad.

La superficie lunar es rocosa y está cubierta de regolito, una capa de polvo y fragmentos producidos por impactos de meteoritos. Los cráteres se conservan durante mucho tiempo porque no hay viento ni agua líquida que los erosionen de forma apreciable. Desde 2004, orbitadores y sondas de Japón, China, India, Estados Unidos y la Agencia Espacial Europea han visitado la Luna y han confirmado la existencia de agua helada en cráteres de sombra permanente cerca de los polos.

En el plano institucional, la Luna se mantiene, bajo el Tratado sobre el espacio ultraterrestre, libre para la exploración de cualquier país con fines pacíficos.[2]

2. Características físicas[editar]

La Luna es un satélite excepcionalmente grande en relación con su planeta: tiene un cuarto del diámetro de la Tierra y 1/81 de su masa. Es el segundo satélite del sistema solar en tamaño relativo, solo por detrás de Caronte, que es más grande en proporción a Plutón, planeta enano. La superficie lunar es menos de una décima parte de la terrestre, lo que equivale aproximadamente a un cuarto del área continental de la Tierra.

A pesar de que la Luna es, en apariencia, el objeto más brillante del cielo nocturno, su albedo es de apenas 0,12: refleja alrededor del 12 % de la luz que recibe. El color grisáceo o ligeramente marrón de la superficie está condicionado por la presencia de minerales de hierro y óxidos de titanio. Las imágenes con saturación de color realzada muestran tonos azulados y rojizos asociados a las variaciones de composición mineralógica.

La temperatura superficial varía enormemente entre el día y la noche lunares. La mínima registrada es de unos 40 K (−233 °C), mientras que la máxima puede llegar a 396 K (123 °C).[3] La masa, el volumen, la densidad y la gravedad superficial se resumen en la tabla de datos. La densidad media, de 3,34 g/cm³, convierte a la Luna en el segundo satélite más denso del sistema solar, después de Ío.

Composición de la corteza[editar]

La corteza lunar está formada por un conjunto de elementos que se han estimado a partir de muestras traídas por las misiones Apolo y de datos espectroscópicos. Los principales elementos de la corteza, en porcentaje aproximado de masa, son oxígeno (43 %), silicio (21 %), aluminio (10 %), calcio (9 %), hierro (9 %), magnesio (5 %) y titanio (2 %); les siguen, en concentraciones mucho menores, níquel, sodio, cromo, potasio, manganeso, azufre, fósforo, carbono, nitrógeno e hidrógeno.

La estructura interna de la Luna se divide en corteza, manto y un núcleo pequeño y probablemente parcialmente fundido. La corteza tiene un espesor variable y es más gruesa en la cara oculta, rasgo que se ha relacionado con la evolución térmica y dinámica del satélite.

3. Formación y origen[editar]

La edad de la Luna se estima en unos 4 500 millones de años, calculada a partir de la datación isotópica de rocas lunares. El valor preciso publicado en los estudios modernos es de 4 527 ± 10 millones de años, entre 30 y 50 millones de años después del origen del sistema solar.[4]

La hipótesis más aceptada actualmente es la del gran impacto. Según esta teoría, un cuerpo celeste del tamaño de Marte, llamado a veces Teia, colisionó con la joven Tierra y expulsó material a la órbita terrestre; ese material se fusionó para formar la Luna. Los modelos informáticos del gran impacto reproducen satisfactoriamente el momento angular del sistema Tierra-Luna, la pequeñez del núcleo lunar y la composición general del satélite. Las mediciones isotópicas del oxígeno y el tungsteno muestran que la Tierra y la Luna son prácticamente idénticas en composición, a diferencia de lo que se observa en otros cuerpos del sistema solar interior, como Marte o Vesta.[5]

Otras hipótesis propuestas a lo largo del tiempo, como la fisión de la Luna desde la corteza terrestre, la captura gravitatoria o la coformación con la Tierra, no lograron explicar conjuntamente el momento angular, la carencia de hierro metálico en la Luna y los datos actuales de composición.

Tras el impacto, la energía liberada habría fundido la capa superficial de la Tierra y formado un océano de magma. La recién creada Luna pudo tener también su propio océano de magma, con una profundidad estimada entre 500 km y el radio lunar completo. El enfriamiento posterior del océano de magma dio origen a la corteza rica en plagioclasa que hoy forma las zonas claras, o tierras altas.

Posteriormente se produjo un período de vulcanismo que llenó las grandes cuencas de impacto y formó los mares lunares. Se estima que el vulcanismo lunar terminó hace unos 3 000 millones de años, aunque datos de la sonda japonesa SELENE sugieren que en la cara oculta pudo durar hasta hace unos 2 500 millones de años.[6]

4. Órbita y movimientos[editar]

La Luna describe alrededor de la Tierra una órbita elíptica de baja excentricidad, a una distancia media de 384 400 km. El plano de la órbita lunar está inclinado aproximadamente 5° respecto a la eclíptica. La distancia real varía entre el perigeo, el punto más cercano, de unos 363 300 km, y el apogeo, el punto más lejano, de unos 405 500 km.

La velocidad orbital de la Luna es de aproximadamente 1 km/s. La complejidad del movimiento lunar es alta: para calcular la posición precisa de la Luna hay que tener en cuenta cientos de perturbaciones provocadas por la atracción del Sol y de otros planetas, particularmente Venus y Júpiter. La tradición astronómica llega a enumerar 1 475 irregularidades en los movimientos lunares.[7]

Revoluciones[editar]

La Luna tarda 27 días 7 horas 43 minutos en dar una vuelta alrededor de la Tierra si se considera el giro respecto al fondo estelar; ese es el período sideral. Si se mide respecto al Sol, el período sinódico es de 29 días 12 horas 44 minutos, tiempo que corresponde al ciclo completo de las fases. La diferencia se debe a que, mientras la Luna recorre su órbita, la Tierra también avanza en su traslación alrededor del Sol.

Además de los períodos sideral y sinódico, se distinguen el período trópico, el draconítico y el anomalístico, que toman como referencia distintos puntos de la órbita. Estos períodos no son idénticos entre sí porque la órbita lunar se orienta de forma cambiante en el espacio.

Rotación y libraciones[editar]

La Luna está en rotación síncrona: tarda exactamente el mismo tiempo en girar sobre sí misma que en completar una órbita sideral alrededor de la Tierra, por lo que muestra siempre la misma cara. La rotación de la Luna es uniforme, pero su traslación no, ya que sigue las leyes de Kepler; además, el eje de rotación está inclinado respecto al plano orbital. Esas circunstancias producen las libraciones, movimientos aparentes de balanceo que permiten ver, desde la Tierra, hasta el 59 % de la superficie lunar, en lugar del 50 %.

La libración en longitud se debe a la diferencia entre la velocidad angular de rotación y la de traslación en distintos puntos de la órbita. La libración en latitud se debe a la inclinación del eje de rotación: permite observar alternativamente un poco más allá del polo norte o del polo sur. Existe asimismo una pequeña libración diurna debida al desplazamiento del observador sobre la superficie terrestre.

5. Fases y eclipses[editar]

El ciclo de fases de la Luna es consecuencia de la geometría cambiante entre el Sol, la Tierra y la Luna. Durante una lunación se suceden las fases de luna nueva, cuarto creciente, luna llena y cuarto menguante. Desde el hemisferio sur el orden visual de las fases aparece invertido respecto al hemisferio norte.

Un eclipse lunar ocurre cuando la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna y proyecta su sombra sobre el satélite. Puede ser penumbral, parcial o total, según la porción de la sombra terrestre por la que pase la luna llena. Durante un eclipse lunar total, la Luna adquiere un tono rojizo o cobrizo, causado por la dispersión de la luz solar en la atmósfera terrestre. El 14 de marzo de 2025 se produjo un eclipse lunar total visible en distintas regiones del planeta.[8]

En un eclipse solar, la silueta de la Luna oculta total o parcialmente al Sol. El eclipse solar total es posible gracias a que el Sol tiene un diámetro unas 400 veces mayor que el de la Luna y está también unas 400 veces más lejos, de modo que ambos astros subtienden aproximadamente el mismo ángulo en el cielo. Si la Luna está cerca del apogeo, no llega a cubrir todo el disco solar y se produce un eclipse anular.

La complejidad del movimiento lunar dificulta la predicción de los eclipses, que se agrupan en ciclos denominados períodos Saros.

6. Mareas y efectos sobre la Tierra[editar]

La Luna no gira exactamente en torno al centro de la Tierra, sino que Tierra y Luna giran en torno al centro de masas del sistema. Como la Tierra es un cuerpo extenso, la gravedad lunar es distinta en cada punto del planeta: es mayor en el punto más cercano a la Luna y menor en el más alejado. Ese gradiente gravitatorio produce una fuerza que tiende a deformar la Tierra y da lugar a las mareas oceánicas y terrestres.

Las mareas suben y bajan dos veces al día en los puntos más cercano y más alejado de la Luna. La fricción de las mareas frena la rotación terrestre y, para conservar el momento angular del sistema Tierra-Luna, la Luna se aleja de la Tierra a un ritmo de 3,8 cm por año, según mediciones láser realizadas mediante retrorreflectores dejados por astronautas sobre la superficie lunar.[9]

Ese alejamiento tiene consecuencias a muy largo plazo. En un futuro lejano, la Luna dejará de poder cubrir completamente el disco solar y los eclipses totales de Sol dejarán de producirse. La evolución final del sistema Tierra-Luna es incierta y dependerá de la evolución del Sol, que en su fase de gigante roja podría alterar la órbita lunar.

La hipótesis de que la Tierra y la Luna formen un sistema binario o planeta doble es debatida. A favor de esa denominación se cita el tamaño desproporcionadamente grande de la Luna, la ausencia de otros satélites naturales alrededor de la Tierra y el hecho de que el centro de masas común está definido por ambos cuerpos. Sin embargo, la Unión Astronómica Internacional considera a la Luna un satélite, pues el baricentro del sistema se encuentra en el interior del globo terrestre, aproximadamente a 1 700 km bajo la superficie, alrededor de un cuarto del radio de la Tierra.[10]

7. Exploración espacial[editar]

La exploración de la Luna comenzó con sondas no tripuladas lanzadas por la Unión Soviética y continuó con el programa Apolo de Estados Unidos. Desde 1972, el satélite ha sido visitado únicamente por sondas espaciales no tripuladas y orbitadores de varios países.

Programa Luna[editar]

El programa Luna de la Unión Soviética fue el primero en alcanzar la Luna con naves no tripuladas. La sonda Luna 2 impactó contra la superficie lunar en 1959 y la Luna 3 obtuvo, ese mismo año, las primeras fotografías de la cara oculta. En 1970, la Unión Soviética colocó sobre la superficie el primer vehículo robótico teledirigido desde la Tierra, el Lunojod 1, que recorrió unos 10 km y envió fotografías y vídeos durante casi un año.[11]

Programa Apolo[editar]

El programa Apolo de Estados Unidos realizó las únicas misiones tripuladas a la Luna hasta la fecha. El Apolo 8, en 1968, fue la primera misión tripulada en orbitar la Luna. El Apolo 11, con Neil Armstrong y Buzz Aldrin, realizó el primer alunizaje tripulado el 20 de julio de 1969; Michael Collins permaneció en órbita en el módulo de mando. Después de esa misión se efectuaron cinco alunizajes tripulados más, hasta el Apolo 17 en 1972, que fue la última misión tripulada a la Luna hasta el presente.[12]

Las misiones Apolo trajeron a la Tierra más de 380 kg de roca lunar, material que ha permitido estudiar la geología lunar y entender los orígenes del satélite. Los astronautas también instalaron instrumentos, como retrorreflectores láser y sismómetros.

Exploración robótica reciente y programa Artemis[editar]

Desde 2004, Japón, China, India, Estados Unidos y la Agencia Espacial Europea han enviado orbitadores a la Luna. En 2009, la sonda india Chandrayaan-1 y el instrumento Moon Mineralogy Mapper de la NASA detectaron indicios de agua en la superficie lunar. La NASA estrelló en octubre de 2009 la sonda LCROSS y su impulsor Centauro en el cráter Cabeus, confirmando la presencia de agua en material eyectado del fondo del cráter.[13]

En 2022, la misión Artemis 1 inauguró el programa Artemis, sucesor del programa Apolo, con el objetivo de volver a llevar personas a la Luna. El programa contempla futuras misiones tripuladas y la eventual construcción de una presencia sostenida en la superficie lunar.[14]

8. Agua en la Luna[editar]

Hasta 2009 se debatió la posible existencia de agua en la Luna. La ausencia de atmósfera significativa y las altas temperaturas diurnas hacen que el agua líquida no pueda permanecer expuesta en la superficie. En 1996, la sonda Clementine detectó hidrógeno en los polos lunares, y en 1998 la misión Lunar Prospector confirmó esas señales. Una de las hipótesis era que ese hidrógeno podría estar en forma de agua congelada en el interior de cráteres polares en sombra permanente, donde las temperaturas no superan los −240 °C.

El 24 de septiembre de 2009, la India y la NASA anunciaron que la sonda Chandrayaan-1, equipada con el instrumento Moon Mineralogy Mapper, había encontrado evidencia de agua formada por procesos endógenos: el viento solar aporta iones de hidrógeno que reaccionan con los materiales superficiales y generan hidroxilo y agua. El 13 de noviembre de 2009, la NASA confirmó el hallazgo de agua en el cráter Cabeus, en el polo sur lunar, tras el impacto controlado de la sonda LCROSS.

En octubre de 2020, la NASA reveló que el observatorio SOFIA había detectado moléculas de agua en la zona iluminada del cráter Clavius, atrapadas en cristales o en pequeños depósitos. Un estudio complementario estimó que los depósitos fríos de agua en zonas de sombra permanente podrían ocupar unos 40 000 km².[15]

9. Observación lunar[editar]

La observación de la Luna no requiere instrumentos: sus fases, sus eclipses y su posición cambiante en el cielo son perceptibles a simple vista. Con telescopio se aprecian cráteres, montañas, mares y accidentes como la llamada X lunar, una configuración de luces y sombras que se forma cerca del cuarto creciente en la zona del terminador.

El relieve lunar fue observado sistemáticamente desde que Galileo Galilei apuntó su telescopio hacia la Luna en 1610. Galileo distinguió dos tipos de regiones: las zonas oscuras, que llamó mares aunque no contienen agua, y las regiones brillantes y elevadas. Los nombres históricos de los accidentes lunares combinan términos de mares, océanos, montañas y cráteres de personalidades científicas. Entre los cráteres famosos se cuentan Tycho, Clavius y Copérnico, y entre los mares, el Mar de la Tranquilidad, el Mar de la Fecundidad y el Mar Imbrium.

Desde la Tierra se puede observar hasta el 59 % de la superficie lunar gracias a las libraciones. La cara oculta no fue vista por los seres humanos hasta las imágenes de la sonda soviética Luna 3 en 1959. La cara oculta presenta una asimetría respecto a la cara visible: tiene menos mares y una corteza más gruesa.

10. Cultura y presencia en el mundo hispanohablante[editar]

La palabra «luna» procede del latín, donde era originalmente la forma femenina de un adjetivo con el sentido de 'luminoso'. Esa raíz está presente en otras palabras españolas como «luz», «lumbre» y «lucir». El término «lunes» designa, en su origen latino, el día de la Luna.[16]

La Luna ha tenido un papel central en calendarios, religiones, mitologías y obras de arte de todo el mundo. En el mundo hispanohablante se la asocia con numerosos refranes, canciones y tradiciones populares. El patrimonio musical en español incluye piezas dedicadas a la Luna, y la palabra ha dado nombre a localidades y establecimientos en distintos países latinoamericanos.

La conexión hispana con la exploración lunar también es tangible. Las agencias espaciales de países hispanohablantes han participado de manera limitada en la exploración lunar, y los medios en español de América Latina y España han seguido de cerca las misiones Apolo, las sondas robóticas y el programa Artemis. En la literatura y la televisión de la región, la Luna aparece con frecuencia como escenario o símbolo, desde la ciencia ficción hasta el relato popular.[17]

11. Otros usos del nombre[editar]

«Luna» se usa también como nombre propio de persona y como apellido. En el ámbito geográfico, existen localidades y lugares denominados Luna en distintos países, así como municipios en Filipinas, España y otros territorios. En la antigüedad, Luna fue una ciudad de Etruria, en la actual Italia, destruida por los árabes en 1016.[18]

En las artes y el entretenimiento, Luna es además el nombre de canciones, álbumes, películas y grupos musicales. En el mundo hispanohablante hay obras con este título, como la canción «Luna» incluida en el álbum Un Día Normal de Juanes (2002) o el álbum Luna de Ana Gabriel (1993).[19]

12. Legado científico[editar]

La Luna es un laboratorio natural para la geología planetaria y la historia temprana del sistema solar. Las rocas traídas por las misiones Apolo permitieron fechar la formación del satélite y estudiar el bombardeo intenso tardío, un período de impactos masivos que también afectó a Mercurio y otros cuerpos. La superficie lunar conserva un registro de cráteres que, en la Tierra, ha desaparecido por la erosión.

Las mediciones láser de la distancia lunar, posibles gracias a los retrorreflectores colocados por los astronautas, han permitido comprobar la recesión de la Luna y mejorar los modelos de la gravedad terrestre. Los orbitadores modernos han cartografiado la composición mineralógica, la topografía y la distribución de hielo en los polos. Esa información alimenta los actuales proyectos de exploración robótica y tripulada.

La Luna es, además, un destino estratégico para la exploración espacial. Los planes de varias agencias contemplan usarla como base para aprender a vivir en entornos sin atmósfera y, eventualmente, como punto de partida para misiones a Marte.


  1. La cuenta de seis alunizajes tripulados incluye Apolo 11, 12, 14, 15, 16 y 17. El Apolo 13 no alunizó por una avería; regresó a salvo tras circunvalar la Luna. ↩︎

  2. El Tratado sobre el espacio ultraterrestre, de 1967, prohíbe las reivindicaciones de soberanía sobre cuerpos celestes. No regula, sin embargo, la extracción de recursos, aspecto que las legislaciones nacionales recientes han intentado abordar. ↩︎

  3. Las temperaturas diurna y nocturna varían según la latitud y la hora. Los valores extremos corresponden a mediciones de misiones orbitales y sondas, y pueden presentar diferencias de algunos grados según la fuente. ↩︎

  4. El valor 4 527 ± 10 millones de años procede de dataciones radiométricas de circonio y otros minerales de muestras lunares. La cifra redondeada de 4 500 millones de años es la habitual en textos de divulgación. ↩︎

  5. La similitud entre las composiciones isotópicas de la Tierra y la Luna ha sido usada como argumento fuerte en favor de la teoría del gran impacto. Hay modelos que explican la homogeneización posterior por evaporación y mezcla del material en órbita. ↩︎

  6. La sonda japonesa SELENE, también llamada Kaguya, realizó un cartografiado detallado entre 2007 y 2009. Sus datos sugirieron que algunas áreas de la cara oculta experimentaron vulcanismo hasta hace unos 2 500 millones de años, más tarde de lo que se pensaba. ↩︎

  7. El número 1 475 procede de la tradición de tablas lunares y puede variar según el recuento y el orden de los términos de perturbación. Conviene tomarlo como una indicación de la complejidad del movimiento lunar más que como una cifra fija. ↩︎

  8. El eclipse lunar total del 14 de marzo de 2025 fue visible desde gran parte de América, el océano Pacífico y otras regiones. Las condiciones de visibilidad dependen del lugar. ↩︎

  9. Los retrorreflectores fueron instalados por las misiones Apolo 11, 14 y 15 y por los vehículos soviéticos Lunojod. Las mediciones con láser desde la Tierra permiten medir la distancia lunar con precisión milimétrica. ↩︎

  10. Las fuentes dan valores distintos para la posición del baricentro. Los textos modernos suelen ubicarlo a unos 1 700 km bajo la superficie terrestre, mientras que cálculos clásicos citaban unos 4 683 km desde el centro de la Tierra. La diferencia no cambia la conclusión: el centro de masas queda dentro del globo terrestre. ↩︎

  11. El Lunojod 1 funcionó entre noviembre de 1970 y septiembre de 1971 aproximadamente. Su recorrido total, citado habitualmente como 10,5 km, está sujeto a pequeñas correcciones según la medición. ↩︎

  12. Eugene Cernan y Harrison Schmitt, del Apolo 17, fueron los últimos humanos en caminar sobre la superficie lunar. La misión despegó de la Luna el 14 de diciembre de 1972. ↩︎

  13. LCROSS era una misión de bajo costo diseñada para analizar el material eyectado por el impacto de la etapa superior Centauro. La operación tuvo lugar el 9 de octubre de 2009, y los resultados se anunciaron en noviembre de ese año. ↩︎

  14. Artemis 1 fue un vuelo de prueba no tripulado del sistema formado por el cohete SLS y la cápsula Orión. La duración de la misión y los planes posteriores dependen de decisiones presupuestarias y técnicas que cambian con el tiempo. ↩︎

  15. SOFIA era un observatorio aerotransportado, un telescopio infrarrojo montado en un avión Boeing 747 modificado. El descubrimiento en el cráter Clavius se publicó en Nature Astronomy en 2020. ↩︎

  16. La palabra latina «luna» deriva de una raíz indoeuropea leuk-, asociada con la luz. En griego existen términos de la misma familia, como «lámpara» o «blanco». La forma latina también dio origen a «lunaticus», de donde viene «lunático». ↩︎

  17. La relación cultural entre el mundo hispánico y la Luna incluye desde las crónicas coloniales hasta la música popular. No hay una única «mitología lunar» homogénea en América Latina; las tradiciones varían entre regiones y pueblos. ↩︎

  18. Luna de Etruria era una colonia romana situada cerca de la actual Sarzana, en Liguria. Fue destruida por incursiones árabes en 1016 según la tradición histórica; el emplazamiento exacto y los detalles de su destrucción son objeto de debate. ↩︎

  19. Las referencias musicales incluyen obras de tradición hispana y de intérpretes latinoamericanos. Las fechas y autorías de cada canción o álbum deben contrastarse con los catálogos discográficos correspondientes. ↩︎