Manuel Azaña
| Manuel Azaña |
|---|
| Nombre de nacimiento Manuel Azaña Díaz |
| Nacimiento 10 de enero de 1880 Alcalá de Henares, Madrid, España |
| Fallecimiento 3 de noviembre de 1940 Montauban, Francia |
| Causa de muerte Muerte por causas naturales en el exilio |
| Sepultura Cementerio de Montauban, Francia |
| Ocupación Político, escritor y periodista |
| Cónyuge Dolores Rivas Cherif |
| Partidos Partido Reformista Acción Republicana Izquierda Republicana |
| Cargos principales Presidente de la República Española (1936-1939) Presidente del Consejo de Ministros (1931-1933; 1936) Ministro de Guerra (1931-1933) |
1. Resumen[editar]
Manuel Azaña Díaz (Alcalá de Henares, 10 de enero de 1880-Montauban, 3 de noviembre de 1940) fue un político, escritor y periodista español. Fue ministro de Guerra del Gobierno Provisional de la Segunda República, presidente del Consejo de Ministros en dos periodos (1931-1933 y 1936) y presidente de la República Española desde 1936 hasta su dimisión en el exilio, en 1939. Está considerado una de las figuras más importantes del republicanismo español del siglo XX y, para amplios sectores, el principal dirigente civil de la Segunda República durante la guerra civil española.
De formación jurídica y vocación literaria, Azaña perteneció a la llamada generación del 14 y fue un crítico constante de la Restauración borbónica, del poder político de la Iglesia católica y del intervencionismo militar en la vida pública. Al frente del Gobierno impulsó un ambicioso programa de reformas —educativas, militares, agrarias, laborales y laicizadoras— conocido como el bienio social-azañista. Ya como presidente de la República, durante la contienda de 1936-1939 defendió la legalidad republicana, intentó sin éxito una mediación franco-británica y terminó abogando por la reconciliación nacional en su célebre discurso de 1938, resumido en la fórmula «paz, piedad y perdón».
Tras la derrota republicana, se exilió en Francia, dimitió de la presidencia y murió un año después. Su nombre de pila completo, tal como fue inscrito en el registro civil, era más largo que el que utilizó en la vida pública.[1]
2. Primeros años y formación[editar]
Manuel Azaña nació en Alcalá de Henares, en el seno de una familia de clase media acomodada con presencia en la política y en la vida intelectual local. Su padre, Esteban Azaña Catarinéu, era propietario y llegó a ejercer como alcalde de la ciudad; además, publicó una Historia de Alcalá de Henares en dos volúmenes, en 1882 y 1883. Su madre, María Josefina Díaz-Gallo Muguruza, pertenecía a una familia de origen burgalés con aspiraciones nobiliarias. El padrino de la boda de sus padres fue Antonio Cánovas del Castillo, figura central de la Restauración.
Manuel fue el segundo de cuatro hermanos. Quedó huérfano a edad muy temprana: su madre falleció el 24 de julio de 1889 y su padre unos meses más tarde, el 10 de enero de 1890. A partir de entonces, los hermanos vivieron con su abuela paterna, Concepción Catarinéu. En ese entorno, Azaña se convirtió pronto en un lector voraz y construyó una personalidad marcada, según sus propios testimonios y los de sus biógrafos, por una constante sensación de soledad.
Realizó los primeros estudios en el Colegio Complutense de San Justo y Pastor de Alcalá de Henares y cursó el bachillerato examinándose en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid. Fue un alumno de notas excelentes, aunque terminó el bachillerato sin la calificación más alta. Por decisión de su abuela, estudió Derecho interno en el Real Colegio Universitario María Cristina de El Escorial, pero como este centro no podía expedir títulos de licenciatura, los alumnos debían examinarse por libre en la Universidad de Zaragoza. Durante el curso 1896-1897 atravesó una profunda crisis religiosa que lo alejó de la práctica católica y, según relató después, lo encaminó hacia una posición agnóstica.
El 3 de julio de 1898 obtuvo la licenciatura en Derecho en la Universidad de Zaragoza con la calificación de sobresaliente. Poco después se trasladó a Madrid para preparar el doctorado en la Universidad Central. En 1900 presentó la tesis La responsabilidad de las multitudes, con la que alcanzó el grado de doctor en Derecho, también con sobresaliente. En ese trabajo sostenía que el individuo no deja de ser responsable cuando actúa dentro de una multitud y que las reclamaciones colectivas que amenazan el orden suelen reclamar, en el fondo, algo que en justicia se les debe.[2]
Desde finales de 1899 perteneció a la Academia de Jurisprudencia, donde participó en debates sobre libertad de asociación, sufragio universal, soberanía nacional e instituciones representativas. A partir de 1900 ingresó también en el Ateneo de Madrid, institución que tendría un papel decisivo en su vida. Trabajó como pasante en el bufete de Luis Díaz Cobeña, donde coincidió con Niceto Alcalá-Zamora. Entre 1901 y 1903 colaboró con textos literarios y de crítica teatral en la revista Gente Vieja, firmando con el seudónimo de Salvador Rodrigo.
En 1903 regresó a Alcalá para hacerse cargo, junto con su hermano Gregorio, de los negocios familiares: una finca, una fábrica de ladrillos y tejas y la Central Eléctrica Complutense. El fracaso de estos negocios lo llevó de vuelta a Madrid. En 1909 se presentó a las oposiciones al cuerpo de Auxiliares terceros de la Dirección General de los Registros y del Notariado y obtuvo el número uno. En 1929 ya era oficial jefe de sección de segunda clase del Cuerpo Técnico de Letrados del Ministerio de Gracia y Justicia.
3. Inicios intelectuales y entrada en la política[editar]
Durante la década de 1910 Azaña fue definiendo un pensamiento político propio, en diálogo crítico con la generación del 98 y con el regeneracionismo. En su conferencia «El problema español», pronunciada en la Casa del Pueblo de Alcalá de Henares en 1911, sostuvo que el problema de España no se resolvía solo con escuelas ni con educación, sino sobre todo mediante la organización democrática del Estado. Para él, la democratización estatal era condición para acercar España a la vida cultural europea.
En 1913 firmó, junto a José Ortega y Gasset y otros intelectuales, el prospecto de la Liga de Educación Política de España, un manifiesto que buscaba crear una minoría capaz de impulsar la educación política de las masas. Ese mismo año ingresó en el Partido Reformista de Melquíades Álvarez, formación que pretendía democratizar la monarquía sin romper con ella. Desde muy pronto Azaña defendió un Estado laico y soberano, atento a la justicia social y a la cultura.
Durante la Primera Guerra Mundial se alineó abiertamente con los Aliados. Puso el Ateneo al servicio de intelectuales franceses, firmó un manifiesto de adhesión a las naciones aliadas y participó en la Liga Antigermanófila. En 1916 y 1917 viajó a Francia e Italia para visitar los frentes de guerra, en parte como corresponsal. En sus artículos defendió la resistencia francesa y vinculó el patriotismo con la virtud cívica. En el Ateneo pronunció en 1918 el ciclo «La política militar de la República francesa», que anticipaba su futura reforma del ejército. Llegó a planear una obra en tres volúmenes sobre Francia, de la cual solo publicó el primero, dedicado a la cuestión militar.
Mantuvo también una incipiente actividad electoral: se presentó como candidato al Congreso en 1918 y en 1923 por el distrito de El Puente del Arzobispo, pero no obtuvo escaño. En ambas campañas defendió la unión de las izquierdas y una idea de patria como «cualidad de hombres libres».
Entre 1920 y 1924, Azaña impulsó revistas culturales y políticas. Fundó con Cipriano Rivas Cherif la revista La Pluma en 1920 y, más tarde, reflotó la revista España, donde publicó crítica literaria, ensayo político y artículos de actualidad. Fue secretario del Ateneo de Madrid entre 1913 y 1920, y su presidente a partir de 1930.
El 27 de febrero de 1929 se casó con Dolores Rivas Cherif en la iglesia de San Jerónimo el Real de Madrid.
4. Dictadura de Primo de Rivera y liderazgo republicano[editar]
El golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera, en septiembre de 1923, marcó un giro radical en la trayectoria de Azaña. Rompió con el Partido Reformista al considerar que aceptar la dictadura era una traición al propósito democratizador del partido, y rompió también con la monarquía. Desde entonces identificó plenamente democracia con república y postuló una alianza entre republicanos y socialistas como base de la alternativa política.
En 1924 redactó un manifiesto titulado Apelación a la República, que circuló de manera clandestina. En él sostenía que monarquía equivalía a absolutismo y que la democracia solo era posible en una república. El manifiesto proponía una alianza de burguesía liberal y proletariado, sin exigir a los integrantes más que aceptar la forma republicana como punto de partida. Tuvo escasas adhesiones, pero sentó las bases de su acción política posterior.
A mediados de la década de 1920 participó en tertulias clandestinas que se celebraban en el laboratorio del farmacéutico José Giral en Madrid. De ahí surgió el Grupo de Acción Republicana, también llamado inicialmente Grupo de Acción Política, que evitaba presentarse como un partido tradicional y aspiraba a ser punto de unión entre formaciones republicanas. En 1926 Azaña impulsó oficialmente Acción Republicana, en plena dictadura de Primo de Rivera. Al mismo tiempo, se acercó al Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux y participó en la creación de Alianza Republicana, junto con radicales, federales y republicanos catalanes.
En 1926 recibió el Premio Nacional de Literatura por su biografía Vida de don Juan Valera, aunque la obra no llegó a publicarse en vida. En esos años publicó también El jardín de los frailes (1927), una narración de fuerte componente autobiográfico y crítica a la educación religiosa, y estrenó en 1928 su obra teatral La Corona.
En enero de 1930, tras la caída de Primo de Rivera, el Grupo de Acción Republicana se presentó públicamente. Azaña defendió entonces la necesidad de una coalición amplia de fuerzas pro-república. En agosto de 1930 firmó el pacto de San Sebastián, que unió a republicanos, socialistas y regionalistas catalanes y gallegos contra la monarquía. El pacto proyectó un comité revolucionario y un futuro Gobierno Provisional, en el que Azaña se reservó la cartera de Guerra.
El 28 de septiembre de 1930 participó en un gran mitin republicano en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid, donde saludó a los asistentes como «manifestación de la voluntad nacional». El 15 de diciembre de 1930 fracasó la insurrección proyectada y los principales líderes republicanos fueron detenidos. Azaña logró esconderse en casa de su suegro, donde permaneció casi un mes redactando su novela Fresdeval.
5. La Segunda República: ministro de Guerra y jefe de Gobierno (1931-1933)[editar]
5.1 La proclamación de la República y la cartera de Guerra[editar]
El 12 de abril de 1931 las candidaturas republicano-socialistas triunfaron en las elecciones municipales en las principales ciudades. El 14 de abril se proclamó la Segunda República Española. Azaña, que seguía escondido, fue conducido al Ministerio de la Gobernación y esa misma noche se presentó en el Palacio de Buenavista, sede del Ministerio del Ejército. Se hizo cargo de la cartera de Guerra del Gobierno Provisional, que presidía Niceto Alcalá-Zamora.
Desde ese primer momento impulsó la reforma del ejército. Mediante el llamado decreto de retiros, también conocido como «ley Azaña», estableció la obligación de prometer adhesión y fidelidad a la República y abrió un proceso de reducción de mandos militares. La medida fue elogiada por sectores intelectuales, pero generó malestar en parte de la jerarquía castrense.
En las elecciones a Cortes Constituyentes del 28 de junio de 1931, Acción Republicana obtuvo 21 diputados. Azaña se consolidó como figura central entre los socialistas y los radicales de Lerroux.
5.2 Las reformas del bienio social-azañista[editar]
En octubre de 1931, tras la dimisión de Alcalá-Zamora por la cuestión religiosa, Azaña fue encargado de formar Gobierno. Asumió la presidencia del Consejo de Ministros del Gobierno Provisional el 14 de octubre y, aprobada la Constitución el 9 de diciembre de 1931, continuó como presidente del Consejo de Ministros de la República.
Su programa de gobierno combinó la consolidación institucional con un amplio paquete reformista. La Constitución de 1931 definió a España como una república democrática de trabajadores de toda clase y reconoció el derecho de las regiones a constituirse en autonomías. Durante el debate constitucional, Azaña defendió el controvertido artículo 26, relativo a la cuestión religiosa, y pronunció un discurso en el Congreso el 13 de octubre de 1931 en el que afirmó que «España ha dejado de ser católica». Con esa frase no se refería a las creencias personales de los españoles, sino a que el catolicismo había dejado de ser el fundamento cultural y político del Estado. La redacción final del artículo disolvía las órdenes religiosas con voto especial de obediencia a una autoridad distinta del Estado —los jesuitas— y prohibía al resto el ejercicio de la enseñanza, la industria y el comercio.
Azaña impulsó además:
- la reforma militar, orientada a modernizar el ejército y reducir el exceso de oficialidad;
- la reforma educativa, que expandió la escuela pública laica;
- la reforma agraria, articulada mediante la Ley de Reforma Agraria de 1932;
- la legislación laboral, que reguló la contratación, los convenios colectivos y los accidentes de trabajo;
- la aprobación del Estatuto de Autonomía de Cataluña en 1932;
- la introducción del divorcio y la equiparación jurídica de hombres y mujeres;
- la Ley de Defensa de la República, que otorgaba al Gobierno facultades extraordinarias para hacer frente a los desórdenes.
El gobierno de Azaña fue un equilibrio entre Acción Republicana, los socialistas del PSOE y otras fuerzas republicanas de izquierda. No obstante, las tensiones con la CNT anarcosindicalista fueron constantes. En 1932 se produjeron huelgas y revueltas, como las de la cuenca del Llobregat, y estalló el intento de golpe de Estado conocido como la Sanjurjada, que fracasó en agosto de 1932. La respuesta del Gobierno reforzó temporalmente a Azaña, pero los sucesos de Casas Viejas, en enero de 1933, dañaron gravemente su crédito. En esta aldea gaditana, la represión de una insurrección campesina dejó muertos a manos de la Guardia de Asalto y la Guardia Civil.[3]
5.3 Crisis y caída de 1933[editar]
El desgaste del Gobierno fue creciendo a lo largo de 1933. La derecha católica se organizó en la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), liderada por José María Gil-Robles, y los radicales de Lerroux se alejaron de los socialistas. En junio de 1933 Azaña presentó su dimisión, aunque se le encargó de nuevo formar Gobierno. Finalmente, el presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, le retiró su confianza en septiembre. Azaña abandonó la presidencia del Consejo el 8 de septiembre de 1933[sin verificar], y el presidente encargó el Gobierno a Alejandro Lerroux.
6. En la oposición y el Frente Popular (1933-1936)[editar]
Tras las elecciones generales de noviembre de 1933, ganadas por la CEDA y el Partido Radical, Azaña se retiró temporalmente de la primera línea política y volvió a la literatura. En 1934 impulsó la fusión de Acción Republicana con el Partido Radical Socialista de Marcelino Domingo y la Organización Republicana Gallega Autónoma de Santiago Casares Quiroga, dando lugar a Izquierda Republicana. Fue elegido presidente del nuevo partido.
En octubre de 1934, durante la revolución obrera y nacionalista que incluyó la insurrección de Asturias y la proclamación del Estado Catalán, Azaña fue detenido en Barcelona. El gobierno radical-cedista intentó implicarlo en la rebelión, pero no pudo presentar pruebas sólidas. Fue liberado en enero de 1935. El proceso contra él, que no prosperó, le otorgó prestigio de mártir entre los sectores republicanos.
A continuación, Azaña trabajó en la articulación del Frente Popular, una coalición electoral de los principales partidos de izquierda. En las elecciones generales del 16 de febrero de 1936 el Frente Popular obtuvo la victoria. Azaña volvió a la presidencia del Consejo de Ministros el 19 de febrero de 1936. Su nuevo Gobierno decretó una amnistía para los condenados por los hechos de 1934 y restauró el Estatuto de Autonomía de Cataluña. El 11 de mayo de 1936 renunció a la jefatura de Gobierno para asumir la presidencia de la República.
7. Presidencia de la República y guerra civil (1936-1939)[editar]
7.1 Elección a la presidencia[editar]
Las Cortes, reunidas en abril de 1936, destituyeron de la presidencia a Niceto Alcalá-Zamora. Azaña fue elegido presidente de la República el 7 de abril de 1936[sin verificar] y asumió el cargo el 11 de mayo de 1936[sin verificar]. Santiago Casares Quiroga le sucedió como presidente del Consejo de Ministros.
La primavera de 1936 estuvo marcada por una creciente polarización política y por la violencia callejera entre grupos de izquierda y de derecha. Azaña intentó sin éxito frenar la inestabilidad y mantener la unidad de la República. El 17 de julio de 1936 se produjo la sublevación militar que desencadenó la guerra civil española.
7.2 La guerra y el discurso de reconciliación[editar]
Una vez iniciada la contienda, el poder ejecutivo efectivo recayó en los sucesivos jefes de Gobierno: Santiago Casares Quiroga, Diego Martínez Barrio, José Giral, Francisco Largo Caballero y Juan Negrín. Azaña, como presidente de la República, mantuvo la jefatura del Estado y su autoridad moral, pero su capacidad de decisión se redujo frente al poder que el contexto bélico otorgaba a los partidos y sindicatos del bando republicano.
Azaña se mostró partidario de buscar una salida negociada y de obtener la mediación de Francia y el Reino Unido. Ese camino no prosperó. El 18 de julio de 1938, en plena crisis militar republicana, pronunció su discurso más recordado, conocido como «paz, piedad y perdón». En él reclamó que el final de la guerra no se basara en el exterminio del adversario y llamó a una reconciliación nacional.
7.3 Los desplazamientos de la presidencia y la salida hacia Francia[editar]
Durante la guerra, la presidencia se trasladó junto con el Gobierno republicano. Azaña salió de Madrid en octubre de 1936 y residió temporalmente en Valencia y en Barcelona. Entre 1936 y 1938 estuvo alojado en distintos inmuebles, entre ellos el monasterio de Montserrat, una finca en la sierra de Calderona y la casa de Torre Salvans, cerca de Terrassa. A comienzos de 1939, con la ofensiva franquista sobre Cataluña, el presidente se desplazó hacia la frontera francesa.[4]
El 5 de febrero de 1939, antes del amanecer, Azaña cruzó a Francia, acompañado por su esposa, su entorno y algunos funcionarios. Desde territorio francés mantuvo contactos con el Gobierno de Negrín, que le instaba a regresar a España. Azaña consideró que la guerra estaba perdida y que su retorno no cambiaría la situación.
8. Exilio, dimisión y muerte[editar]
Azaña residió en Francia durante los últimos meses de la guerra. El 28 de febrero de 1939, después de que Francia y el Reino Unido reconocieran al gobierno de Francisco Franco, envió su carta de dimisión al presidente de las Cortes. La dimisión fue presentada oficialmente el 3 de marzo de 1939. Negrín y otros sectores republicanos criticaron su decisión de no regresar a España; los comentaristas franquistas también la presentaron después como una deserción.
Protegido por el gobierno de México, que no reconocía al régimen franquista, Azaña recibió ciudadanía mexicana y fue designado embajador honorario, lo que le otorgó inmunidad diplomática. Su residencia en Montauban quedó considerada extensión de la embajada mexicana y fue vigilada por personal militar mexicano. Pese a la ocupación alemana de Francia y al establecimiento del régimen de Vichy, pudo evitar ser extraditado.[5]
Manuel Azaña murió por causas naturales el 3 de noviembre de 1940 en Montauban. Recibió los últimos auxilios del catolicismo antes de morir. Las autoridades de Vichy se negaron a que su ataúd fuera cubierto con la bandera republicana española, por lo que se cubrió con la bandera de México. Sus restos están enterrados en el cementerio de Montauban.
9. Pensamiento y estilo político[editar]
Azaña no fue un ideólogo sistemático, sino un político con una visión muy definida del Estado y de la nación. Su republicanismo procedía de una convicción ilustrada: para él, la república no era solo una forma de gobierno, sino la culminación democrática del liberalismo. Rechazaba por igual la monarquía, el militarismo y el clericalismo político, y defendía un Estado laico, soberano y fundado en la ciudadanía.
Su concepción de la patria se alejaba del nacionalismo tradicionalista. Para Azaña, la patria no era una herencia étnica o dinástica, sino la comunidad de ciudadanos libres e iguales ante la ley. De ahí su crítica a la exaltación del imperio y a la nostalgia por la España medieval, que consideraba opuestas al proceso democratizador.
Políticamente, se movió entre el liberalismo democrático y la colaboración con el socialismo. Creía que la república debía apoyarse en una alianza entre la burguesía liberal y la clase obrera, y que la transformación del país exigía la acción decidida del Estado. Como orador, destacó por su estilo literario, irónico y contundente. El historiador Stanley G. Payne describió a Azaña, en términos críticos, como una figura de fuerte conciencia de superioridad intelectual; otros autores han subrayado, en cambio, su coherencia democrática y su capacidad para encarnar el proyecto republicano frente a las presiones extremas de derecha e izquierda.
10. Obra literaria[editar]
La obra de Azaña abarca ensayo, novela, teatro, crítica literaria y diarios. Sus escritos literarios están impregnados por el problema de España, la crítica a la educación religiosa y la reflexión sobre el destino de la nación. Entre sus títulos más conocidos figuran:
- El jardín de los frailes (1927), narración de fondo autobiográfico.
- Fresdeval, novela ambientada en la Alcalá de Henares decimonónica, escrita durante su encierro en 1930-1931.
- Vida de don Juan Valera (1926), biografía por la que recibió el Premio Nacional de Literatura.
- La Corona (1928), obra teatral.
- La velada en Benicarló, obra teatral escrita durante la guerra civil, en la que distintos personajes exponen los conflictos ideológicos del bando republicano.
- Diarios completos: monarquía, república, Guerra Civil, publicados póstumamente en 2003.
Sus diarios y memorias son una fuente fundamental para el estudio de la Segunda República y de la guerra civil, por su retrato de los conflictos internos entre los dirigentes republicanos.
11. Legado y memoria[editar]
La figura de Azaña es hoy reivindicada por la izquierda republicana y por sectores democráticos como símbolo del proyecto reformista de la Segunda República. Para otros, especialmente en la historiografía y el análisis conservador, su gobierno contribuyó a la polarización política y religiosa de los años treinta. En la historiografía reciente se le reconoce como el dirigente republicano más relevante del periodo.
Su dimensión simbólica creció durante el exilio republicano y se consolidó en la España democrática posterior a 1977. Asociaciones y fundaciones dedicadas a su memoria, sobre todo en Francia, han estudiado y difundido su obra. El odio que el franquismo le dedicó se ha interpretado como una prueba de su centralidad en el proyecto republicano.
Azaña ha sido también objeto de numerosos estudios históricos y biografías. Su diario personal, su epistolario y sus discursos continúan utilizándose como fuentes mayores para entender la Segunda República, la guerra civil y el exilio.
12. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
La relación de Azaña con Hispanoamérica está marcada por el exilio y por la solidaridad de México con la República española. El gobierno de México, que no reanudó relaciones diplomáticas con el régimen de Franco hasta 1977, otorgó a Azaña una protección decisiva en sus últimos meses de vida. Su designación como embajador honorario y el trato diplomático de su residencia en Montauban fueron muestra de esa política de asilo.
Aunque Azaña no viajó a América, su pensamiento y su obra circularon con fuerza en los ámbitos del exilio republicano. El exilio español en México publicó y discutió sus discursos y diarios, y su nombre se convirtió en referencia de la legalidad democrática de la Segunda República. En la memoria política de América Latina, la protección diplomática de Azaña se asocia con la acogida de refugiados republicanos por parte de países como México, Argentina y Chile.
En la actualidad, su figura se estudia en universidades hispanoamericanas como parte de la historia europea del siglo XX y del exilio español. Sin embargo, no hay constancia de una conmemoración institucional de gran escala fuera de España. Su presencia hispanoamericana es, ante todo, la de un símbolo del republicanismo derrotado que encontró en México su protección final.
El nombre con el que fue inscrito en el registro civil fue «Manuel María Nicanor Federico Azaña Díaz-Gallo». Más tarde, a petición de su abuela, se suprimió el apellido «Gallo» por considerar que dicho linaje había sido deshonrado por asociarse con el republicanismo. En la mayoría de las fuentes se le llama Manuel Azaña Díaz. ↩︎
La tesis doctoral fue presentada el 3 de abril de 1900 bajo el título La responsabilidad de las multitudes. Azaña sostenía que el individuo conserva su responsabilidad al actuar en multitud y que las reclamaciones colectivas que amenazan el orden suelen corresponder a exigencias justas. ↩︎
Los sucesos de Casas Viejas, ocurridos en enero de 1933 en el actual municipio de Benalup, marcaron un punto de inflexión. La represión de una insurrección campesina en la que murieron varios vecinos a manos de las fuerzas de orden se convirtió en un escándalo político utilizado por la derecha y la izquierda radical contra el Gobierno. La intervención de la Guardia de Asalto y de la Guardia Civil y la posterior investigación parlamentaria dañaron gravemente la autoridad de Azaña. ↩︎
Los desplazamientos de la presidencia durante la guerra incluyeron, según las fuentes disponibles, la abadía de Montserrat, una finca en la sierra de Calderona y la casa de Torre Salvans, en el término de Matadepera, cerca de Terrassa. En enero y febrero de 1939, ante el avance de las tropas franquistas, se trasladó a localidades próximas a la frontera francesa, como Agullana y La Vajol. ↩︎
El gobierno de México, presidido durante la etapa de exilio de Azaña por Lázaro Cárdenas, otorgó asilo a numerosos republicanos españoles. En el caso de Azaña, la protección diplomática impidió su arresto por las autoridades de Vichy y su eventual entrega al gobierno franquista. México no reconoció a la España de Franco hasta 1977. ↩︎