Manuel Belgrano
| Manuel Belgrano | |
|---|---|
| Nombre completo | Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano |
| Nacimiento | 3 de junio de 1770, Buenos Aires, Virreinato del Perú, Imperio español |
| Fallecimiento | 20 de junio de 1820 (50 años), Buenos Aires, Provincias Unidas del Río de la Plata |
| Causa de muerte | Hidropesía |
| Nacionalidad | Española (de nacimiento); rioplatense/argentina |
| Ocupación | Abogado, periodista, político, diplomático, economista y militar |
| Alma máter | Real Colegio de San Carlos; Universidad de Valladolid; Universidad de Salamanca |
| Años activo | 1794–1820 |
| Rango | Brigadier (general) |
| Mandos | Regimiento de Patricios; Ejército del Norte |
| Cargos | Secretario perpetuo del Consulado de Comercio de Buenos Aires (1794–1810); vocal de la Primera Junta (1810); general en jefe del Ejército del Norte (1812–1814 y 1816–1819) |
| Partido/movimiento | Carlotismo; luego patriota independentista |
| Padres | Domenico/Domingo Belgrano Peri y María Josefa González Casero |
| Parejas | María Josefa Ezcurra; María Dolores Helguero |
| Hijos | Pedro Pablo Rosas y Belgrano; Manuela Mónica Belgrano |
| Religión | Católica; terciario dominico |
| Conocido por | Crear la bandera de la Argentina, conducir el Éxodo Jujeño y obtener las victorias de Tucumán y Salta |
1. Resumen[editar]
Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, conocido como Manuel Belgrano, fue un abogado, economista, periodista, político, diplomático y militar de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Nació en Buenos Aires el 3 de junio de 1770 y murió en la misma ciudad el 20 de junio de 1820. Es una de las figuras centrales del proceso independentista rioplatense y de la historia argentina.
Su actuación pública abarcó la administración colonial, la difusión de ideas económicas ilustradas, la defensa de Buenos Aires durante las invasiones inglesas, la Revolución de Mayo y la guerra de independencia. Fue vocal de la Primera Junta de 1810, jefe del Regimiento de Patricios y comandante del Ejército del Norte. En ese último cargo condujo el Éxodo Jujeño y obtuvo las importantes victorias de Tucumán y Salta, que detuvieron el avance realista sobre el noroeste del antiguo virreinato.
Su legado más visible es la creación de la bandera argentina, izada por primera vez en Rosario el 27 de febrero de 1812 y consagrada por el Congreso de Tucumán como bandera nacional en 1816. Belgrano murió en la pobreza, tras haber entregado su fortuna y su salud a la causa patriota, y sus restos fueron enterrados en el convento de Santo Domingo de Buenos Aires.
2. Nacimiento y familia[editar]
Belgrano nació en la casa paterna, situada en la entonces calle Santo Domingo, hoy avenida Belgrano, cerca del convento de Santo Domingo de Buenos Aires. Su nacimiento tuvo lugar cuando la ciudad formaba parte del Virreinato del Perú, ya que el Virreinato del Río de la Plata fue creado seis años más tarde.[1]
Fue hijo de Domenico Belgrano Peri, que firmaba como Domingo Belgrano y Pérez, y de María Josefa González Casero. El padre era un comerciante de origen italiano, nacido en Oneglia, en Liguria, autorizado por el rey de España para instalarse en América. Había llegado a Buenos Aires hacia 1753 y se convirtió en uno de los comerciantes más prósperos de la ciudad. La madre había nacido en Buenos Aires, en una familia con raíces en Santiago del Estero y remotos antepasados guaraníes.[2]
Manuel tuvo quince hermanos, entre los que se destacaron Carlos José, Francisco, Joaquín y Miguel Belgrano. La posición económica de la familia le permitió estudiar en Europa, algo poco común entre los criollos de la época.
3. Formación en Europa[editar]
Estudió en el Real Colegio de San Carlos, antecedente del actual Colegio Nacional de Buenos Aires, y luego se trasladó a España. Entre 1786 y 1793 cursó Derecho en las universidades de Salamanca y Valladolid y se graduó como bachiller en Leyes, con medalla de oro, ante la chancillería de Valladolid. Durante su estadía europea se interesó especialmente por la economía política y llegó a presidir una academia de práctica forense y economía política en Salamanca.
Su formación intelectual se produjo en un momento de intensos debates provocados por la Revolución Francesa. Lee a Montesquieu, Rousseau, Filangieri, Quesnay, Jovellanos y Campomanes. Obtuvo del papa Pío VI una autorización especial para leer literatura prohibida, con excepción de las obras obscenas, lo que le permitió acceder a autores vedados por la censura española.[3]
La influencia de la Ilustración no lo alejó de su fe católica ni de su lealtad monárquica inicial. En su autobiografía recordó que las ideas de libertad, igualdad y fraternidad lo marcaron profundamente en esos años. También estudió lenguas vivas, derecho público y economía política, y tradujo al español las Máximas generales del gobierno económico de un reino agrícola de Quesnay.
4. Consulado de Comercio de Buenos Aires[editar]
Fue nombrado secretario perpetuo del Consulado de Comercio de Buenos Aires el 2 de junio de 1794, poco antes de regresar al Río de la Plata. Desde ese cargo se ocupó de la administración de justicia en pleitos mercantiles y de fomentar la agricultura, la industria y el comercio. Sin embargo, chocó de manera constante con los grandes comerciantes monopolistas vinculados a Cádiz, que rechazaban sus propuestas de inspiración librecambista.
Belgrano sostenía que el comerciante debía tener libertad de comprar donde le resultara más conveniente. A pesar de las resistencias, impulsó la creación de la Escuela de Náutica, la Academia de Geometría y Dibujo y una Escuela de Comercio. Las escuelas de Náutica y Dibujo funcionaron unos tres años y fueron cerradas en 1803 por orden de la Corona española, en particular del ministro Manuel Godoy, que las consideraba un lujo innecesario para una colonia.
Participó en la publicación del primer periódico de Buenos Aires, el Telégrafo Mercantil, dirigido por Francisco Cabello y Mesa, y colaboró en el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio, dirigido por Hipólito Vieytes. En sus escritos defendía un programa económico centrado en manufacturar materias primas locales, evitar importaciones suntuarias, importar solo lo necesario y desarrollar una marina mercante propia.
Durante esos años sufrió problemas de salud que lo obligaron a pedir licencias y a proponer a su primo Juan José Castelli como secretario interino. Su relación con el Consulado se deterioró y en abril de 1810 renunció definitivamente al cargo.
5. Invasiones inglesas y radicalización política[editar]
En 1797 el virrey Pedro de Melo lo designó capitán de milicias urbanas de Buenos Aires, nombramiento que Belgrano aceptó sin vocación militar. La situación cambió con la primera invasión inglesa de 1806. Ante el desembarco de las tropas de William Carr Beresford, marchó con hombres mal armados y sin instrucción hacia el Riachuelo; tras un cañonazo británico y una retirada desordenada, comprendió su falta de formación militar.
Cuando las autoridades porteñas prestaron juramento a los británicos, Belgrano se negó y se refugió en la capilla de Mercedes, en la Banda Oriental. Tras la reconquista de Buenos Aires por Santiago de Liniers, regresó y se incorporó al Regimiento de Patricios. Participó en la defensa de la ciudad durante la segunda invasión inglesa, en 1807, como ayudante de campo de una de las divisiones.
Más tarde, ya con Baltasar Hidalgo de Cisneros como virrey, Belgrano consiguió editar el Correo de Comercio, periódico que sirvió de pretexto para reuniones políticas. Apoyó la apertura del puerto de Buenos Aires al comercio internacional, coincidiendo con los planteos de la Representación de los Hacendados atribuida a Mariano Moreno.
6. Carlotismo[editar]
Belgrano fue el principal promotor del carlotismo en el Río de la Plata. Ante la prisión de Fernando VII por las fuerzas napoleónicas, el proyecto proponía colocar a Carlota Joaquina, hermana del rey depuesto y esposa del príncipe regente de Portugal, al frente de los dominios americanos. La idea buscaba ganar márgenes de autonomía y, quizá, encaminar la independencia.
El movimiento sumó a Juan José Castelli, Hipólito Vieytes, Nicolás Rodríguez Peña, Juan José Paso y, por momentos, a Cornelio Saavedra. Sin embargo, la candidatura de Carlota Joaquina resultaba poco viable: podía facilitar la expansión portuguesa y sus ideas eran absolutistas. Hacia comienzos de 1810 el proyecto estaba agotado, aunque el partido carlotista siguió operando como espacio de conspiración independentista.
7. Revolución de Mayo y Primera Junta[editar]
A principios de mayo de 1810, Belgrano fue uno de los dirigentes clave de la insurrección que condujo a la Revolución de Mayo. Participó en el cabildo abierto del 22 de mayo y apoyó la propuesta de reemplazar al virrey por una junta de gobierno, postura que resultó ganadora.
El 25 de mayo fue elegido vocal de la Primera Junta, junto con otros dos carlotistas, Juan José Castelli y Juan José Paso. Era, de hecho, uno de los miembros con más experiencia política y el más relacionado entre los integrantes del nuevo gobierno. Desde la Junta impulsó la creación de una academia de matemáticas con fines militares y sostuvo posiciones afines a las de Mariano Moreno, aunque con el tiempo el control del grupo pasó a manos del propio Moreno.
8. Campaña al Paraguay[editar]
En agosto de 1810 la Primera Junta le encargó la expedición militar al Paraguay. Belgrano, sin formación militar profesional pero obediente a la decisión del gobierno, aceptó el mando. Avanzó hacia el norte con una fuerza inicial reducida, reclutó hombres en el camino y llegó a contar con cerca de 950 efectivos entre infantería y caballería, divididos en cuatro divisiones con artillería.
En su marcha reorganizó territorios y poblados. El 30 de diciembre de 1810 redactó el Reglamento para el régimen político y administrativo y reforma de los 30 pueblos de las Misiones, un cuerpo normativo de treinta artículos que más tarde Juan Bautista Alberdi consideró una de las bases de la Constitución Nacional de 1853.[4]
Cruzó el río Paraná por la zona de Candelaria y ocupó el puesto de observación de Campichuelo. Sin embargo, fue derrotado el 19 de enero de 1811 en Paraguarí. En la retirada intentó resistir en el río Tacuarí, donde el 9 de marzo de 1811 fue nuevamente vencido ante fuerzas superiores al mando de los comandantes paraguayos. Luego de negociar con Manuel Atanasio Cabañas, capituló y se retiró hacia Candelaria.
Aunque la campaña fue un fracaso militar, la presencia del ejército de Belgrano contribuyó al proceso político que desembocó en la revolución paraguaya de mayo de 1811 y en la posterior independencia del Paraguay. Algunos historiadores discuten el grado real de esa influencia.[5]
9. Banda Oriental, juicio y misión diplomática[editar]
Tras la campaña al Paraguay, la Junta lo destinó a la Banda Oriental para organizar el sitio de Montevideo, ciudad todavía realista. Belgrano nombró a José Gervasio Artigas segundo jefe interino del ejército de operaciones, aunque la Junta terminó designando en ese lugar a José Rondeau.
La revolución del 5 y 6 de abril de 1811, que fortaleció al sector saavedrista, exigió que Belgrano fuera llamado a Buenos Aires para responder por la derrota paraguaya. Dejó el mando y regresó. El proceso, sin embargo, no formuló acusaciones sólidas. Tras reunir testimonios favorables de oficiales, alcaldes de barrio y del Cabildo, el 9 de agosto de 1811 se lo declaró limpio de culpa y se lo repuso en sus grados y honores.
En octubre de 1811 el Primer Triunvirato lo envió nuevamente al Paraguay en misión diplomática. El 12 de octubre firmó con el gobierno paraguayo un Tratado de Amistad, Auxilio y Comercio para una Confederación, aunque el acuerdo no llegó a aplicarse de manera efectiva.
10. Motín de las Trenzas y creación de la bandera[editar]
El 16 de noviembre de 1811 el Primer Triunvirato lo designó jefe del Regimiento de Patricios en reemplazo de Cornelio Saavedra. Los soldados del regimiento reaccionaron con el llamado Motín de las Trenzas, en defensa de su autonomía y del derecho a elegir a sus comandantes. La revuelta fue reprimida y, por orden de Belgrano, cuatro cabecillas fueron ejecutados y expuestos en la vía pública el 21 de diciembre.
Para recomponer la disciplina, el regimiento fue enviado a Rosario a vigilar el río Paraná ante posibles ataques realistas desde Montevideo. Allí Belgrano ordenó levantar dos baterías de artillería, a las que llamó “Libertad” e “Independencia”.
El 27 de febrero de 1812, a orillas del Paraná, enarboló por primera vez la bandera celeste y blanca, creada por él con los colores de la escarapela que el gobierno había aprobado. El acto se realizó ante las baterías levantadas en Rosario, donde hoy se encuentra el Monumento Histórico Nacional a la Bandera.
El Primer Triunvirato, sin embargo, reaccionó con alarma. El ministro Bernardino Rivadavia le ordenó destruir la bandera, ya que el gobierno aún no quería dar señales inequívocas de ruptura con España. Belgrano guardó la enseña y decidió que solo la impondría después de una gran victoria.
La elección de los colores ha sido explicada de distintas maneras: por el color del cielo, por la dinastía borbónica o por la devoción mariana. No son explicaciones excluyentes.[6]
11. Ejército del Norte: Éxodo Jujeño, Tucumán y Salta[editar]
El mismo día en que izó la bandera, Belgrano fue nombrado jefe del Ejército del Norte en reemplazo de Juan Martín de Pueyrredón. Asumió el mando en la posta de Yatasto, donde encontró un ejército destrozado: apenas unos 1.500 hombres, muchos de ellos hospitalizados, con escasa artillería y sin fondos.
Belgrano instaló su cuartel en Campo Santo, al este de la ciudad de Salta, y se dedicó a reorganizar y disciplinar las tropas. En mayo se trasladó a San Salvador de Jujuy e hizo bendecir la bandera por el cura Juan Ignacio Gorriti. Mientras tanto, el ejército realista de José Manuel de Goyeneche, vencedor en Huaqui, iniciaba su avance hacia el sur.
Ante la orden del Primer Triunvirato de replegarse sin presentar batalla hacia Córdoba, Belgrano organizó el Éxodo Jujeño: ordenó a toda la población de Jujuy seguir al ejército y destruir todo lo que pudiera ser útil al enemigo. La retirada fue dura y costó vidas, pero logró negar recursos a los realistas.
Los triunviros insistieron en continuar hasta Córdoba, pero Belgrano, presionado por los vecinos de San Miguel de Tucumán, decidió presentar batalla. El 24 de septiembre de 1812 obtuvo una victoria decisiva en la batalla de Tucumán. Fue un combate confuso, marcado por una tormenta de tierra y una manga de langostas, pero su resultado detuvo el avance realista y cambió el ánimo de la revolución.
Tras reorganizar sus fuerzas, avanzó hacia Salta y el 20 de febrero de 1813 derrotó completamente a las tropas de Pío Tristán en la batalla de Salta. Fue la primera batalla en que la bandera argentina presidió formalmente a un ejército patriota. Belgrano firmó un armisticio con Tristán y dejó en libertad a los oficiales realistas bajo juramento de no volver a tomar las armas contra los patriotas.
12. Segunda campaña al Alto Perú[editar]
En abril de 1813 Belgrano inició el avance hacia el Alto Perú, actual Bolivia. Entró en Potosí y reorganizó la administración nombrando gobernadores adictos a la causa patriota. Las damas potosinas le obsequiaron la llamada Tarja de Potosí, joya conservada en el Museo Histórico Nacional de la Argentina.
El nuevo jefe realista, Joaquín de la Pezuela, reunió un ejército superior y enfrentó a Belgrano en dos batallas. El 1 de octubre de 1813, en Vilcapugio, los patriotas estuvieron cerca de la victoria, pero un contraataque realista invirtió el resultado. El 14 de noviembre, en Ayohuma, Belgrano fue derrotado nuevamente y debió retirarse hacia el sur.
El Segundo Triunvirato decidió reemplazarlo por José de San Martín. El encuentro entre ambos se produjo en la posta de Yatasto, donde Belgrano entregó el mando y quedó como segundo. San Martín, consciente del desgaste de Belgrano, rechazó que volviera a Buenos Aires para ser juzgado mientras su salud estuviera delicada. Finalmente, en marzo de 1814, Belgrano se retiró a Córdoba y luego a Luján, donde escribió su autobiografía.
13. Misión a Europa, Congreso de Tucumán y Plan del Inca[editar]
En 1814, tras ser exonerado de los cargos por las derrotas altoperuanas, Belgrano fue enviado a Europa junto con Bernardino Rivadavia en misión diplomática. El objetivo era conseguir apoyos para las Provincias Unidas, pero la misión fracasó. De todos modos, Belgrano volvió con una lectura política influyente: después de la experiencia napoleónica, Europa prefería monarquías, aunque constitucionales, antes que repúblicas inestables.
Regresó a Buenos Aires y en julio de 1816 expuso ante el Congreso de Tucumán sus conclusiones. Propuso el llamado Plan del Inca, una monarquía constitucional encabezada por un descendiente de la nobleza incaica. La propuesta buscaba atraer a las poblaciones indígenas del Alto Perú y dar legitimidad al nuevo Estado, y fue apoyada por San Martín, Martín Miguel de Güemes y varios diputados provinciales. Sin embargo, fue rechazada por los representantes de Buenos Aires, que no aceptaban establecer la capital en Cuzco.[7]
El 9 de julio de 1816 el Congreso declaró la independencia de las Provincias Unidas en Sud América. El 20 de julio de 1816 adoptó oficialmente la bandera creada por Belgrano como bandera nacional. Aunque el Plan del Inca siguió discutiéndose, las urgencias de la guerra lo dejaron de lado.
14. Últimos años y muerte[editar]
En agosto de 1816 Belgrano volvió a asumir el mando del Ejército del Norte, pero con recursos muy limitados. Su misión se redujo a mantener una defensa estática en Tucumán mientras San Martín preparaba el Ejército de los Andes para cruzar la cordillera. Tenía órdenes de no avanzar contra los realistas del Alto Perú.
Hacia 1819, cuando el conflicto con José Gervasio Artigas y Estanislao López amenazaba Buenos Aires, el gobierno pidió a Belgrano que marchara hacia el sur. Aceptó a pesar de su delicado estado de salud. Sin embargo, en enero de 1820, parte de sus tropas se sublevó en el motín conocido como Arequito, un episodio que reflejó la crisis general del centralismo porteño.
Belgrano entregó el mando, se trasladó a Tucumán y luego regresó a Buenos Aires. Murió el 20 de junio de 1820, a los 50 años, en la casa paterna. La causa de muerte fue hidropesía. Pobre y olvidado por el gobierno, pagó a su médico con un reloj y un carruaje. Pidió ser amortajado con el hábito de la Orden de Santo Domingo. Según la tradición, sus últimas palabras fueron “¡Ay, Patria mía!”. Su muerte pasó casi inadvertida en una ciudad sumida en la anarquía, y solo al año siguiente Bernardino Rivadavia organizó un funeral de Estado.[8]
En 1902 sus restos fueron exhumados del convento de Santo Domingo y trasladados a un mausoleo. Durante ese procedimiento ocurrió un incidente con los dientes del prócer que generó polémica en la prensa porteña.[9]
15. Vida personal y salud[editar]
Belgrano mantuvo una relación con María Josefa Ezcurra, hermana de Encarnación Ezcurra. La oposición de la familia habia impedido la unión formal, pero la relación se reanudó cuando el esposo de María Josefa regresó a España. De esa relación nació en 1813 Pedro Pablo, quien fue adoptado por Encarnación Ezcurra y su esposo, Juan Manuel de Rosas.
También tuvo una relación con María Dolores Helguero, a quien conoció en Tucumán. Tras varios años de separación, en 1818 la relación se reanudó brevemente. De esa unión nació el 4 de mayo de 1819 Manuela Mónica del Sagrado Corazón, hija a quien Belgrano llegó a conocer en Tucumán poco antes de morir.
En su testamento declaró no tener hijos. La historiografía suele interpretar que lo hizo para proteger a las madres, ya que se trataba de relaciones no aceptadas por las convenciones morales de la época.[10]
Su salud fue deteriorándose desde sus años europeos. Padeció sífilis contraída durante su estadía en España, enfermedad que lo obligó a pedir licencias en el Consulado. Más adelante sufrió una fístula lagrimal y, durante sus campañas militares, vómitos de sangre, especialmente antes de la batalla de Salta. Su resistencia física, sin embargo, le permitió permanecer al frente de tropas en condiciones extremas.
Como muchos hombres públicos de su generación, integró la masonería. Al mismo tiempo fue un católico practicante y miembro de la Tercera Orden de Santo Domingo.[11]
16. Pensamiento, legado y presencia hispanoamericana[editar]
El pensamiento de Belgrano combinó ideas fisiocráticas, ilustradas y liberales. Creía que la verdadera riqueza de los pueblos estaba en la inteligencia y que la educación era el motor de la industria y del desarrollo. Por eso impulsó escuelas técnicas, la difusión de la economía política y la creación de periódicos. Su programa económico defendía la libertad de comercio sin renunciar a la intervención moderada del Estado en áreas como la educación.
Como militar, actuó con escasa formación profesional, pero compensó esa carencia con disciplina, ascetismo y una notable cercanía con sus tropas. Sus campañas en el norte argentino, aunque no lograron controlar el Alto Perú, aseguraron la defensa del noroeste y consolidaron la autoridad de las Provincias Unidas sobre esa región.
Belgrano es considerado uno de los padres fundadores de la Argentina. Su nombre y su figura están presentes en calles, plazas, escuelas, barrios y monedas de ese país. El Monumento Nacional a la Bandera, en Rosario, recuerda el sitio donde se izó por primera vez la enseña nacional. En Bolivia, Paraguay y Uruguay su actuación política y militar forma parte de la historia compartida de la independencia sudamericana. La conmemoración del 20 de junio en Argentina, establecida como Día de la Bandera, asocia su muerte con el símbolo que creó.[12]
Su legado no se limita a la bandera. El Éxodo Jujeño, las victorias de Tucumán y Salta y su defensa del Plan del Inca forman parte de los debates fundacionales de la Argentina y de su relación con los países vecinos. La figura de Belgrano resume, además, las tensiones de una generación que pasó de servir a la Corona a construir un Estado independiente en un territorio pobre, fragmentado y en guerra.
Existe una discrepancia entre las fuentes. Una parte de la historiografía señala que el bautismo se realizó en la Catedral de Buenos Aires; otra, que tuvo lugar en la basílica de la Merced. En ambos casos se acepta que fue al día siguiente del nacimiento. ↩︎
La genealogía de María Josefa González Casero ha sido estudiada por Narciso Binayán Carmona, quien señaló su remoto origen mestizo guaraní, compartido con varias personalidades rioplatenses. ↩︎
La autorización pontificia le permitía leer libros condenados, aunque fuesen heréticos, con la única excepción de los obscenos. Era una licencia excepcional para un laico joven. ↩︎
El Reglamento de Misiones constaba de treinta artículos y organizaba el régimen político y administrativo de los pueblos misioneros. No fue aprobado por la Junta de Buenos Aires, pero su contenido fue valorado por el constitucionalismo argentino posterior. ↩︎
Algunos autores argentinos y paraguayos sostienen que la expedición de Belgrano preparó ideológicamente la revolución paraguaya de 1811. Otros, como Blas Garay, han cuestionado esa influencia argumentando que las ideas revolucionarias ya circulaban en Paraguay antes de la llegada de Belgrano. ↩︎
Las interpretaciones principales son tres: los colores del cielo, los colores de la casa de Borbón o los colores del manto de la Virgen. Ninguna excluye necesariamente a las otras. ↩︎
El Plan del Inca proponía una monarquía constitucional liderada por un descendiente de la nobleza inca. La historiografía lo presenta como un intento de integrar a las élites indígenas altoperuanas y de alejarse del modelo republicano jacobino que alarmaba a las potencias europeas. ↩︎
El único periódico que registró de inmediato su fallecimiento fue El Despertador Teofilantrópico, de Francisco de Paula Castañeda. El funeral formal recién se realizó en 1821. ↩︎
La exhumación de 1902 derivó en una controversia periodística cuando se acusó a los funcionarios Joaquín V. González y Pablo Riccheri de haberse llevado piezas dentales. Ambos las devolvieron al día siguiente. ↩︎
La decisión de no mencionarlos en el testamento no fue un acto de desentendimiento: según el Instituto Nacional Belgraniano, buscaba proteger a las madres y evitar el escándalo social. ↩︎
La pertenencia de Belgrano a la masonería es aceptada por la historiografía argentina, aunque su compromiso católico y su condición de terciario dominico están igualmente documentados. ↩︎
El Día de la Bandera se conmemora en Argentina el 20 de junio, aniversario de la muerte de Manuel Belgrano. La fecha fue consolidada por la legislación argentina del siglo XX. ↩︎