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María Antonieta de Austria

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María Antonieta de Austria
Reina consorte de Francia y de Navarra
Nombre completoMaria Antonia Josepha Johanna von Habsburg-Lothringen
(Maria Antonia Josefa Juana de Habsburgo-Lorena)
Nacimiento2 de noviembre de 1755
Palacio Imperial de Hofburg, Viena, Archiducado de Austria, Sacro Imperio Romano Germánico
Fallecimiento16 de octubre de 1793
Plaza de la Revolución, París, Primera República Francesa
SepulturaCementerio de la Magdalena (1793–1815)
Basílica de Saint-Denis
ReligiónCatólica
NacionalidadAustriaca / Francesa
ConsorteLuis XVI de Francia
Casa realCasa de Habsburgo-Lorena
PadreFrancisco I del Sacro Imperio Romano Germánico
MadreMaría Teresa I de Austria
Descendencia
María Teresa de Francia (1778–1851)
Luis José de Francia (1781–1789)
Luis XVII de Francia (1785–1795)
María Sofía Helena Beatriz de Francia (1786–1787)

1. Resumen[editar]

María Antonia Josefa Juana de Habsburgo-Lorena (Viena, 2 de noviembre de 1755–París, 16 de octubre de 1793), conocida como María Antonieta de Austria, fue princesa archiduquesa de Austria y reina consorte de Francia y de Navarra. Decimoquinta y penúltima hija del emperador Francisco I del Sacro Imperio Romano Germánico y de la emperatriz María Teresa I de Austria, se casó en 1770, a los catorce años, con el entonces delfín y futuro Luis XVI de Francia, en un intento por estrechar los lazos entre dos dinastías hasta entonces enfrentadas.

Detestada por una parte de la corte francesa, donde circuló el juego de palabras despectivo «l'autre-chienne», María Antonieta se ganó gradualmente la antipatía de la opinión pública, que la acusaba de derrochadora, presumida y de influir sobre su marido en favor de los intereses austriacos.[1] No en vano recibió los apelativos de «Madame Déficit» y «loba austriaca». Tras la fuga de Varennes, Luis XVI fue depuesto, la monarquía fue abolida el 21 de septiembre de 1792 y la familia real fue encarcelada en la torre del Temple. Nueve meses después de la ejecución de su marido, María Antonieta fue juzgada, condenada por traición y guillotinada el 16 de octubre de 1793.

Tras su muerte, María Antonieta se convirtió en parte de la cultura popular y en una figura histórica permanente. Algunos estudiosos consideran que su comportamiento frívolo contribuyó a aumentar la agitación durante el inicio de la Revolución francesa; otros historiadores sostienen que fue retratada de forma injusta y que su imagen merece una lectura más compasiva.

2. Primeros años y formación[editar]

Hija del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Francisco I, gran duque de Toscana, y de su esposa la emperatriz María Teresa I, archiduquesa de Austria, reina de Hungría y reina de Bohemia, nació el 2 de noviembre de 1755 en Viena. De su crianza se encargaron las ayas y gobernantas de la familia imperial, bajo la estricta supervisión de la emperatriz, que tenía ideas muy concretas sobre la educación de los hijos: higiene severa, régimen estricto y fortalecimiento del cuerpo. Pasó su infancia entre los palacios de Hofburg y Schönbrunn, en Viena.

La emperatriz se esforzó por casar a su hija con el mayor de los nietos del rey Luis XV de Francia, el delfín Luis Augusto, futuro Luis XVI, de edad semejante a la suya. La estrategia buscaba sellar la alianza franco-austríaca nacida de la llamada «inversión de alianzas» concretada en 1756 por el Tratado de Versalles, con el fin de neutralizar el ascenso de Prusia y la expansión de Inglaterra. En 1766, María Antonieta fue nombrada por su madre dama de la Orden de la Cruz Estrellada.[2]

Cuando María Antonieta tenía trece años, la emperatriz intensificó su educación con vistas al matrimonio. La archiduquesa tomó lecciones de clave con Christoph Willibald Gluck y de baile francés con Jean-Georges Noverre. Cuando su madre eligió además a dos actores para darle clases de dicción y canto, el embajador francés protestó oficialmente, por considerarlos personas poco recomendables. Se nombró entonces un preceptor aceptado por la corona de Francia: el abad de Vermond, admirador del Siglo de las Luces y aficionado a las bellas artes, enviado a la corte imperial para reparar las lagunas de la joven archiduquesa y prepararla para sus futuras funciones.

El 13 de junio de 1769, el marqués de Durfort, embajador de Francia en Viena, realizó la petición de mano para el delfín. María Teresa I aceptó de inmediato. En Francia, el partido devoto, hostil al duque de Choiseul por la alianza con el enemigo de siempre, comenzó a llamar a la futura delfina «la austríaca», sobrenombre que ya había circulado entre las princesas hijas de Luis XV.

3. Llegada a Versalles y matrimonio[editar]

El 17 de abril de 1770, María Antonieta renunció oficialmente a sus derechos sobre el trono austríaco. El 16 de mayo de 1770 se casó con Luis XVI en la capilla de Luis XIV, en Versalles. El mismo día de la boda se produjo un escándalo de protocolo: las princesas de Lorena, alegando su parentesco con la nueva delfina, bailaron antes que las duquesas y princesas de sangre, grandes damas de la corte, que murmuraron contra «la austríaca». Esa misma tarde, los fuegos artificiales desplegados en la ceremonia provocaron un incendio en el que murieron 132 personas.[3]

Joven, bella, inteligente, delfina y descendiente de los Habsburgo, su llegada avivó los celos de la nobleza versallesca. La joven delfina temía no acostumbrarse a su nueva vida; su espíritu se adaptaba mal a la complejidad y la astucia de la «vieja corte» y al libertinaje de Luis XV y de su amante Madame du Barry. Su marido, tímido y reservado, la evitaba, por lo que el matrimonio no se consumó hasta julio de 1777.[4]

María Antonieta fue aconsejada a través de la abundante correspondencia que mantenía con su madre y con el conde Florimond de Mercy-Argenteau, embajador de Austria en París, su principal apoyo después de que Choiseul fuera despedido meses después del matrimonio. La correspondencia secreta de Mercy-Argenteau es hoy una fuente extraordinaria sobre la vida de María Antonieta desde 1770 hasta el fallecimiento de María Teresa I en 1780. Según un autor que ha recogido dicha correspondencia, los documentos muestran cómo la delfina, desprovista de experiencia y de cultura política, fue manipulada por su familia austríaca, a la que permaneció siempre unida.

4. Reina de Francia[editar]

4.1. Vida en la corte e influencia política[editar]

El 10 de mayo de 1774, Luis XVI y María Antonieta se convirtieron en reyes de Francia y de Navarra. Desde el verano de 1777 empezaron a circular las primeras canciones hostiles, como «Pequeña reina de veinte años». La reina se rodeó de un círculo reducido de favoritos —la princesa de Lamballe, el barón de Besenval, el duque de Coigny, la condesa de Polignac—, lo que suscitó envidias entre los demás cortesanos; además, multiplicó su vestuario y las fiestas y organizó partidas de cartas con grandes apuestas.

María Antonieta intentó influir en la política del rey a petición de su madre, incidiendo en el nombramiento y la destitución de ministros o siguiendo los consejos interesados de sus amigos. Así, se inmiscuyó en el caso Guines, embajador en Londres acusado de conspirar para llevar a Francia a la guerra, que provocó la caída en desgracia de Turgot. El barón Pichler, secretario de María Teresa I, resumió la opinión general de la corte:

«Ella no quiere ser gobernada, ni dirigida, ni siquiera guiada por las personas entendidas. Esta es la cuestión hacia la cual todos sus pensamientos parecen, hasta el presente, estar concentrados. Fuera de esto, no reflexiona demasiado, y el uso que ha hecho, hasta el momento, de su independencia es evidente, pues sólo se ha preocupado de la diversión y la frivolidad.»

Desde su ascenso al trono se montó contra ella una campaña de desprestigio. Circulaban panfletos que la acusaban de tener amantes —entre ellos el conde de Artois, su cuñado, o el conde sueco Hans Axel de Fersen— e incluso de mantener relaciones con mujeres, como la condesa de Polignac o la princesa de Lamballe; de despilfarrar el dinero público en frivolidades o en sus favoritos; y de servir los intereses de Austria, dirigida por su hermano José II. Ella intentó favorecer al partido anti-austríaco, deponiendo a D'Aiguillon y sustituyéndolo por Choiseul, pero fue en vano. Las intrigas de Versalles la hicieron sentirse confundida, con los cortesanos desdeñando a la reina.

El 19 de diciembre de 1778 nació su primera hija, María Teresa, llamada «Madame Royale». El 22 de octubre de 1781 nació el delfín Luis José (Luis José Javier Francisco). Los libelos hicieron correr rápidamente la noticia de que el niño no era hijo de Luis XVI. Tras los nacimientos, María Antonieta cambió parcialmente su forma de vida, aunque siguió de cerca la construcción del Hameau o Aldea de la Reina en Versalles, una aldea en miniatura donde intentó llevar una sencilla vida campestre. Se dedicó a la caridad. El 27 de marzo de 1785 nació su tercer hijo, Luis Carlos, duque de Normandía, futuro Luis XVII para los monárquicos. El 9 de julio de 1786 nació su última hija, Sofía Beatriz, que murió con un año de vida de tuberculosis, el 19 de junio de 1787.[5] Gran parte de lo que se conoce de este periodo se debe a las Memorias de Madame Campan, su principal confidente.

4.2. El asunto del collar[editar]

En julio de 1785 estalló el llamado «caso del collar»: el joyero Bohmer reclamó a la reina 1,5 millones de libras por un collar de diamantes encargado en nombre de la soberana por el cardenal de Rohan. Ella no se hizo responsable. Insistió en arrestar al cardenal, al que acusó de insultarla al achacarle la compra del collar, y el escándalo fue inevitable. El rey confió el asunto al Parlamento, que determinó que la culpa correspondía a una pareja de aventureros, Jeanne Valois de La Motte y su marido, y disculpó al cardenal de Rohan, engañado pero inocente. La reina, aunque inocente también, fue tratada con gran desconsideración por el pueblo, que la consideró culpable, al menos moralmente. El caso supuso un punto de inflexión en su reinado y marcó una nueva etapa de impopularidad y odio popular, alimentada por los negocios de usura y falsificaciones del caso. El propio Napoleón Bonaparte aseguró más tarde que el asunto del collar fue un detonante de la Revolución francesa.

Tras el escándalo, María Antonieta tomó conciencia de su impopularidad y trató de reducir sus gastos, especialmente los de su casa. La reducción provocó nuevas críticas y un gran escándalo en la corte cuando sus favoritos se vieron privados de sus cargos. Las críticas continuaron: la reina se ganó el apodo de «Madame Déficit». Fue acusada de estar en el origen de la política antiparlamentaria de Luis XVI y de nombrar y destituir ministros. En 1788, fue ella quien indujo al rey a despedir al impopular Loménie de Brienne y sustituirlo por Necker. Ya era demasiado tarde.

4.3. La frase «Que coman pasteles»[editar]

Ya en pleno desencadenamiento de la Revolución, se difundió la frase que, supuestamente, habría pronunciado María Antonieta: cuando el pueblo, sin harina ni trigo para preparar pan, fue a Versalles a encararse con ella, la reina habría respondido altaneramente: «Que coman pasteles» («Qu'ils mangent de la brioche»). El supuesto episodio causó gran enojo y contribuyó al odio popular hacia la reina.

Sin embargo, el filósofo contemporáneo Jean-Jacques Rousseau ya señalaba que la frase no fue proferida por ella, sino por una reina anterior, María Teresa de Austria, esposa de Luis XIV; la formulación original era «si no tienen pan, que les den el hojaldre en lugar del paté». Según el biógrafo austriaco Stefan Zweig, la frase se atribuyó falsamente a María Antonieta: quien realmente pronunció algo parecido en la misma época fue una de las tías de la reina e hijas de Luis XV, ante las noticias de que el pueblo pedía pan. Zweig la consideró parte de la campaña de odio contra la soberana.[6] La historiadora británica Antonia Fraser también sostuvo que María Antonieta nunca pronunció la frase.

5. La Revolución de 1789[editar]

5.1. De Versalles a las Tullerías[editar]

En 1789 la impopularidad de la reina era insostenible. Corrió el rumor de que «Monsieur», el futuro Luis XVIII, habría depositado en la Asamblea de los notables de 1787 un dossier que probaba la ilegitimidad de los infantes reales. El rumor mencionaba un retiro de la reina en Val-de-Grâce. El abad Soulavie, en sus Memorias históricas y políticas del reinado de Luis XVI, escribió que se pensaba que María Antonieta «se llevaría con ella todas las maldiciones del pueblo y que la autoridad real sería, por este motivo, total y súbitamente regenerada y restaurada».

El 4 de mayo de 1789 se abrieron los Estados Generales. Después de la misa de apertura, el predicador monseñor de la Fare atacó a María Antonieta con duras palabras, denunciando el lujo desenfrenado de la corte y de quienes, hastiados de ese lujo, buscaban placer en «una imitación pueril de la naturaleza», clara alusión al Pequeño Trianón.

El 4 de junio de 1789 murió el pequeño delfín Luis José. Para evitar gastos se sacrificó el ceremonial en la basílica de Saint-Denis; la situación política no permitía a la familia real un sepelio solemne. Conmocionada por la muerte de su hijo y desorientada por el rumbo de los Estados Generales, María Antonieta se dejó convencer por la idea de una contrarrevolución. En julio, Luis XVI destituyó a Necker. La reina permaneció fielmente al lado del rey, aun cuando varios consejeros trataron de convencerlo de abandonar Versalles para refugiarse en una plaza fuerte segura, lejos de París.

El 1 de octubre se produjo un nuevo escándalo: tras un banquete ofrecido a los guardias de corps de la Casa militar, un regimiento de Flandes que acababa de llegar a París, la reina fue aclamada, se enarbolaron las escarapelas blancas y las tricolores fueron pisoteadas. París se indignó por estas manifestaciones monárquicas y por el banquete organizado mientras al pueblo le faltaba pan. El 5 de octubre una manifestación de mujeres se dirigió a Versalles pidiendo pan y diciendo que iban en busca del «panadero» (el rey), la «panadera» (la reina) y el «pequeño aprendiz» (el delfín). Al día siguiente, por la mañana, los amotinados, armados con picos y cuchillos, entraron en el palacio, mataron a dos guardias de corps y amenazaron a la familia real, que se vio obligada a regresar a París escoltada por las tropas del marqués de La Fayette y por los amotinados. Durante el trayecto se lanzaron amenazas contra la reina, a quien mostraron una cuerda con la promesa de una farola en la capital para colgarla.

5.2. La monarquía constitucional y la fuga de Varennes[editar]

El 10 de octubre Luis XVI estaba de nuevo en París. Con María Antonieta decidió solicitar ayuda de los monarcas extranjeros, al rey de España Carlos IV y a José II, hermano de la reina. El rey de España respondió con evasivas y el 20 de febrero de 1790 José II falleció.

A finales de 1790, Breteuil propuso un plan de evasión: dejar el Palacio de las Tullerías y refugiarse en la plaza fuerte de Montmédy, próxima a la frontera. La reina estaba cada vez más sola; en octubre de 1790, Mercy-Argenteau se había marchado de Francia para ocupar un nuevo cargo en la embajada de los Países Bajos, y el nuevo emperador Leopoldo II, otro de sus hermanos, eludía sus peticiones de ayuda. Como monarca ilustrado, le aconsejó a su hermana que aceptara los dictados de la nueva Constitución. El 7 de marzo, una carta de Mercy-Argenteau dirigida a la reina fue interceptada y entregada a la Comuna, y fue presentada como prueba de su intención de vender la patria a Austria.

El 20 de junio de 1791 se produjo la evasión y la desafortunada expedición a Varennes. Rápidamente París se dio cuenta de la fuga, aunque La Fayette intentó hacer creer que el rey había sido raptado. La familia real, cerca de París, no se sentía segura. Su berlina llevaba un retraso de más de tres horas y, cuando llegaron al primer punto de encuentro, el relevo de Pont-de-Somme-Vesle, las tropas prometidas se habían retirado pensando que el rey había cambiado de idea. Poco antes del mediodía el carruaje fue detenido en Varennes-en-Argonne. El conductor del relevo precedente, en Sainte-Menehould, había reconocido al rey. Durante los momentos de nerviosismo, la muchedumbre llegó a Varennes y la familia real fue devuelta a París en medio de una situación muy violenta.

Interrogado por una delegación de la Asamblea Constituyente, Luis XVI contestó con evasivas. Sus respuestas, hechas públicas, suscitaron la ira del pueblo, que reclamó el derrocamiento. María Antonieta se entrevistó secretamente con Antoine Barnave, que quería convencer al rey de aceptar su papel de monarca constitucional. El 13 de septiembre, Luis XVI aceptó la Constitución. El 30 de septiembre, la Asamblea constituyente se disolvió y fue reemplazada por la Asamblea legislativa. Mientras tanto, se hacían patentes los rumores de guerra con las monarquías próximas, en primer término Austria. El pueblo se revolvió contra María Antonieta, a la que calificó de «monstruo femenino» e incluso de «Madame Veto», acusándola de querer sumir a la capital en un baño de sangre.

6. La viuda Capeto[editar]

6.1. Caída de la monarquía y muerte de Luis XVI[editar]

Exactamente un año después de la fuga, el 20 de junio de 1792, una turba de aspecto aterrador irrumpió en las Tullerías y obligó al rey a llevar el gorro frigio rojo para mostrar su lealtad a la Revolución, tras lo cual insultó a María Antonieta, acusándola de traicionar a Francia y amenazándola con la muerte. La reina pidió entonces a Fersen que empujara a las potencias extranjeras a invadir Francia y a emitir un manifiesto en el que se amenazara con destruir París si algo sucedía a la familia real. El Manifiesto de Brunswick, publicado el 25 de julio, desencadenó los acontecimientos del 10 de agosto, cuando una gran turba armada se apostó ante las Tullerías y obligó a la familia real a buscar refugio en la Asamblea Nacional Legislativa. Una hora y media más tarde, el palacio fue invadido por la multitud, que masacró a los guardias suizos.

Fruto de ello se votó la suspensión provisional, y ambos monarcas fueron internados en el convento de los Feuillants. Al día siguiente, la familia real fue transferida a la prisión del Temple en condiciones mucho más duras que las de su confinamiento previo en las Tullerías. Unas semanas después, varios miembros de la corte y de la familia real fueron interrogados por la Comuna de París y encarcelados en la prisión de La Force. Tras un juicio rápido, durante las llamadas matanzas de septiembre, la princesa de Lamballe, víctima simbólica, fue salvajemente asesinada y su cabeza exhibida en la punta de una pica, que pasearon ante las ventanas tras las que se hallaba María Antonieta. La reina se desmayó al tener conocimiento de la escena.

El 21 de septiembre se declaró oficialmente la caída de la monarquía y la Convención Nacional se convirtió en el órgano de gobierno de la República Francesa. La familia real fue renombrada como los «Capetos». A finales de noviembre se descubrió el «armario de hierro» en el que Luis XVI guardaba sus papeles secretos. El proceso, a partir de ese momento, fue inevitable.

El 26 de diciembre la Convención votó a favor de la muerte de Luis XVI, ejecutado el 21 de enero de 1793.[7]

6.2. Prisión en el Temple y la Conciergerie[editar]

La reina, ahora conocida como la «Viuda Capeto», quedó sumida en un profundo duelo. Aún mantenía la esperanza de que su hijo Luis, a quien el conde de Provenza reconoció como nuevo rey desde el exilio, gobernara algún día Francia. A lo largo de su encarcelamiento, María Antonieta contó con la simpatía de facciones conservadoras y de grupos religiosos contrarios a la Revolución, así como con la ayuda de individuos acaudalados dispuestos a corromper a funcionarios republicanos para facilitar su escape. Sin embargo, todos los planes fracasaron. En el Temple, la reina, sus hijos y la princesa Isabel fueron insultados y vejados; algunos guardias llegaron a fumar en la cara de la antigua reina. Se tomaron estrictas medidas de seguridad para impedir que se comunicara con el exterior, pese a lo cual varios guardias mediaron entre ella y sus aliados.

Después de la ejecución de Luis XVI, el destino de María Antonieta se convirtió en una cuestión central para la Convención. El 27 de marzo, Robespierre preguntó por primera vez por la suerte de la reina. Mientras algunos abogaban por su muerte, otros propusieron intercambiarla por prisioneros de guerra franceses o pedir un rescate al Sacro Imperio. Thomas Paine abogó por su exilio a Estados Unidos. En abril de 1793, durante el Terror, se formó un Comité de Salvación Pública dominado por Robespierre, y figuras como Jacques-René Hébert presionaron por enjuiciar a María Antonieta.

Con la idea de reformar el pensamiento del joven Luis, de ocho años, el 13 de julio fue separado de su madre y entregado al zapatero Antoine Simon, tras vanos intentos de la reina por retenerlo. Hasta su traslado, María Antonieta pasó largas horas intentando ver, infructuosamente, a su hijo.

La noche del 1 de agosto de 1793, a la una de la mañana, María Antonieta fue trasladada del Temple a una celda aislada en la prisión de la Conciergerie, como «prisionera número 280». Al salir de la torre se golpeó la cabeza contra el dintel de la puerta; uno de los guardias le preguntó si estaba herida, a lo que ella respondió: «¡No! Ahora nada puede hacerme daño».

Este fue el periodo más duro de su confinamiento, bajo vigilancia constante y sin privacidad. Durante su estancia contó con la presencia de Rosalie Lamorlière, una mujer que se preocupó de atenderla y hacerle compañía, y al menos una vez recibió la visita de un sacerdote católico. La primera celda de María Antonieta en la Conciergerie fue instalada en la antigua sala de reunión de los carceleros: una celda humilde con un catre, un sillón de caña, dos sillas y una mesa, con una ventana estrecha que daba al jardín de las mujeres. A finales de agosto se produjo el llamado «Complot del clavel», dirigido por Alexandre Gonsse de Rougeville, para ayudarla a escapar; el plan fue frustrado porque no todos los guardias aceptaron participar. La reina fue entonces llevada a una segunda celda, donde un simple biombo la separaba de los guardias que la custodiaban. Posteriormente, Luis XVIII hizo cerrar con una pared esta segunda celda y construir una capilla.

6.3. Juicio y condena[editar]

El juicio de María Antonieta se inició el 14 de octubre de 1793, ante el Tribunal revolucionario, con Fouquier-Tinville como acusador público. Si en el proceso de Luis XVI se intentó guardar las apariencias de cierta equidad, no se hizo así con la reina. El expediente se preparó a toda prisa y era claramente incompleto, pues Fouquier-Tinville no logró reunir todos los documentos de Luis XVI.[8]

Para exagerar la acusación, Tinville hizo declarar contra su madre al delfín, manipulado por sus guardianes revolucionarios. Ante el tribunal, el niño acusó falsamente a su madre y a su tía, Madame Isabel, de haberlo incitado a la masturbación y de haberlo obligado a participar en juegos sexuales con ellas. Indignada, María Antonieta apeló a las mujeres del público: «La naturaleza rechaza semejante acusación hecha a una madre. Apelo a todas las madres presentes en la sala».

Se la acusó asimismo de entenderse con las potencias extranjeras. Como la reina lo negó, Herman, presidente del Tribunal, la señaló como «la instigadora principal de la traición de Luis Capeto», lo que presuponía un proceso por alta traición. El preámbulo del acta de acusación declaraba:

«Examinados todos los documentos presentados por el acusador público resulta que, a semejanza de las Mesalinas, Brunegildas, Fredegundas y Médicis, que fueron calificadas como reinas de Francia y cuyos nombres, para siempre odiosos, no figurarán en los anales de la Historia, María Antonieta, viuda de Luis Capeto, ha sido, después de su paso por Francia, la plaga y la sanguijuela de los franceses.»

Las declaraciones de los testigos de cargo resultaron poco convincentes. María Antonieta respondió: «No fui más que la esposa de Luis XVI; fue él quien cometió los errores y ella aceptó su voluntad».

Fouquier-Tinville pidió la pena de muerte y declaró a la acusada «enemiga declarada de la nación francesa». Sus dos abogados, Tronçon-Ducoudray y Chauveau-Lagarde, jóvenes e inexpertos, apenas pudieron leer en voz alta algunas notas redactadas apresuradamente.

Se dirigieron cuatro preguntas al jurado: si constaban maniobras y contactos con las potencias extranjeras u otros enemigos exteriores de la República, orientadas a darles entrada en el territorio francés, facilitarles dinero o armas; si María Antonieta era consciente de haber cooperado en esas maniobras; si constaba un complot para conducir a la guerra civil en el interior de la República; y si estaba convencida de haber participado en ese complot. A las cuatro preguntas el jurado respondió que sí.

María Antonieta fue condenada a la pena capital el 16 de octubre, dos días después del inicio del juicio, acusada de alta traición. De madrugada escribió una carta a Madame Isabel, hermana de Luis XVI: «Acabo de ser condenada, no a una muerte honrosa, sino a la que se reserva solo para los criminales, pero voy a reunirme con vuestro hermano».

6.4. Ejecución[editar]

Al mediodía del 16 de octubre de 1793, María Antonieta fue guillotinada en la plaza de la Revolución, sin haber querido confesarse ante el sacerdote constitucional que le habían propuesto. Mientras el pueblo la abucheaba e insultaba, tropezó al subir al cadalso y pisó a quien estaba a punto de guillotinarla. Le dijo entonces: «Disculpe, señor, no lo hice a propósito».

Fue enterrada en el cementerio de la Madeleine, en la calle de Anjou-Saint-Honoré, con la cabeza entre las piernas.[9] Su cuerpo fue exhumado el 18 de enero de 1815 y trasladado el 21 a la basílica de Saint-Denis.

En su descargo, por lo que se deduce de una carta escrita a su hermano, parece que nunca tuvo influencia decisiva sobre las decisiones políticas del rey:

«Yo sé que, sobre todo en las cuestiones políticas, no he tenido ningún ascendiente sobre las ideas o pensamientos del rey. ¿Sería prudente para mí el tener con su ministro algunas entrevistas para tratar de ciertos asuntos sobre los cuales él está casi seguro de que el rey no me atendería? Sin hacer ostentación alguna ni mentir, yo dejo creer al pueblo que tengo más crédito del que en realidad tengo, porque si no se me cree, tendré todavía menos crédito.»

Tras la ejecución de María Antonieta, se declaró la guerra entre Francia y Austria, poniendo fin a la alianza establecida por Bernis y Choiseul, que había resistido hasta ese momento.

7. Testamento y descendencia[editar]

De vuelta al calabozo, a la reina solo le quedaban unas horas antes de ser ejecutada. Las empleó en escribir una última carta a su cuñada Madame Isabel, que nunca recibió: fue interceptada y entregada a Robespierre, y permaneció desaparecida hasta 1816, cuando salió a la luz con motivo de la Restauración borbónica. La carta, larga y conmovedora, pide a su cuñada que transmita su bendición a sus hijos, que no busquen vengar la muerte de sus padres —repitiendo las últimas palabras de Luis XVI—, pide perdón a Dios y a sus enemigos, y declara morir en la religión católica, apostólica y romana.[10]

María Antonieta y Luis XVI tuvieron cuatro hijos:

  • María Teresa de Francia, nacida el 19 de diciembre de 1778 y fallecida el 19 de octubre de 1851, llamada «Madame Royale». Se casó con su primo, el duque de Angulema, sin descendencia.
  • Luis José de Francia, nacido el 22 de octubre de 1781 y fallecido el 4 de junio de 1789. Delfín de Francia, murió en la infancia.
  • Luis Carlos de Francia, nacido el 27 de marzo de 1785 y fallecido el 8 de junio de 1795, considerado por los monárquicos como Luis XVII. Murió en prisión.
  • Sofía de Francia, nacida el 9 de julio de 1786 y fallecida en la infancia, el 19 de junio de 1787.

8. Legado y presencia en el mundo hispanohablante[editar]

María Antonieta ha sido una figura recurrente en la historiografía, la literatura, el cine y la ópera. De 1779 a 1800, la pintora Marie-Louise-Élisabeth Vigée-Lebrun pintó unos treinta retratos de la reina, contribuyendo decisivamente a fijar su imagen pública y a consolidarla como uno de los rostros más reconocibles del siglo XVIII. Su representación con la rosa, realizada por Vigée-Lebrun en 1783, es una de las imágenes más difundidas de la monarquía francesa.

En el ámbito hispanohablante, su figura ha sido estudiada y debatida desde el siglo XVIII. La Gaceta de Madrid siguió los acontecimientos de la corte francesa, incluida la promoción de damas de la Orden de la Cruz Estrellada en 1766. Durante la Revolución, la prensa española y los diplomáticos de la monarquía de Carlos IV observaron con preocupación el proceso contra la reina, pariente cercana de la casa de Austria. En el siglo XIX, la restauración borbónica en España y Francia mantuvo viva la memoria de la reina mártir, y su testamento circuló traducido al español.

La recepción moderna en español se ha dividido entre la condena moral y la reivindicación: biografías como la de Stefan Zweig y Antonia Fraser, traducidas y reeditadas en España y en América Latina, han alimentado tanto la imagen de la reina frívola como la de la víctima de una campaña de odio. Frases como «que coman pasteles» se repiten todavía como lugar común, pese a que la historiografía ha mostrado su carácter apócrifo.

9. Filmografía y representaciones culturales[editar]

La vida de María Antonieta ha sido llevada al cine y a la televisión en numerosas ocasiones. La siguiente lista recoge las principales producciones con su ficha elemental.[11]

Año Título Director(a) Actriz principal
1938 María Antonieta W. S. Van Dyke Norma Shearer
1954 Si Versailles m'était conté... Sacha Guitry Lana Marconi
1956 Si Paris nous était conté Sacha Guitry Lana Marconi
1956 María Antonieta, reina de Francia Jean Delannoy Michèle Morgan
1979 Lady Oscar Jacques Demy Christine Böhm
1979-80 La rosa de Versalles (anime) Tadao Nagahama, Osamu Dezaki Miyuki Ueda (voz)
1989 Historia de una revolución Roberto Enrico, Richard T. Heffron Jane Seymour
2001 El misterio del collar Charles Shyer Joely Richardson
2006 Marie Antoinette Sofia Coppola Kirsten Dunst
2007 Marie-Antoinette Francis Leclerc Karine Vanasse
2012 Adiós a la reina Benoît Jacquot Diane Kruger
2018 Un pueblo y su rey Pierre Schoeller Maëlia Gentil
2022-presente Marie Antoinette (serie de televisión) Deborah Davis Emilia Schüle
2022 Chevalier Stephen Williams Lucy Boynton
2023 Jeanne du Barry Maïwenn Pauline Pollmann
2024 Le Déluge Gianluca Jodice Mélanie Laurent

Entre las representaciones literarias y musicales, la reina aparece en novelas, piezas teatrales y óperas del siglo XIX y del siglo XX. La recepción en los países hispanohablantes se vio reforzada por las traducciones de las principales biografías europeas, por el cine de época y por la difusión de la serie de animación japonesa La rosa de Versalles, que alcanzó gran popularidad en España e Hispanoamérica en las décadas de 1980 y 1990 y contribuyó a renovar el interés del público joven por la corte de Versalles y la Revolución francesa.


  1. El apodo jugaba con la homofonía francesa entre autrichienne («austriaca») y autre chienne («otra perra»). ↩︎

  2. La Gaceta de Madrid recogió el nombramiento en su edición del 10 de junio de 1766, con data de Viena, 7 de mayo del mismo año. ↩︎

  3. La cifra de 132 muertos procede de las crónicas contemporáneas de la boda; el accidente quedó asociado desde el primer momento a los fuegos artificiales del 16 de mayo de 1770. ↩︎

  4. La no consumación del matrimonio durante siete años fue objeto de especulación permanente en las cortes europeas y en la prensa hostil a la reina. ↩︎

  5. La prelatura y los almanaques de la corte registran su muerte en la infancia; la fecha más recogida es el 19 de junio de 1787, aunque algunas fuentes contemporáneas difieren ligeramente en el día exacto. ↩︎

  6. Zweig, en su biografía de María Antonieta, dedica un pasaje completo a rebatir la atribución y a explicar cómo los panfletos revolucionarios la convirtieron en prueba del desprecio de la corte por el pueblo. ↩︎

  7. Luis XVI fue guillotinado en la plaza de la Revolución. Su ejecución marcó el inicio de una nueva fase del proceso contra su viuda. ↩︎

  8. La precipitación del proceso fue criticada incluso por revolucionarios moderados; el expediente se armó en pocas semanas. ↩︎

  9. El enterramiento sin ceremonia y la disposición del cadáver formaron parte del tratamiento simbólico dado a la monarquía caída; los restos fueron recuperados en la Restauración. ↩︎

  10. El texto íntegro de la carta se conoce a través de las ediciones del siglo XIX y es considerado un documento central para estudiar los últimos días de la reina. En él, la reina protesta además por tener que ser acompañada por un sacerdote constitucional, a quien tratará como a un absoluto extraño. ↩︎

  11. La tabla no aspira a la exhaustividad; recoge producciones en las que María Antonieta es interpretada como personaje central o muy relevante. ↩︎