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Masacre de Tlatelolco

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Masacre de Tlatelolco
Fecha2 de octubre de 1968
LugarPlaza de las Tres Culturas, Unidad Habitacional Nonoalco-Tlatelolco, Ciudad de México, México
ContextoMovimiento de 1968 en México, Guerra sucia en México, Guerra Fría
TipoMasacre; crimen de Estado y crimen de lesa humanidad
VíctimasEstudiantes, activistas y civiles presentes en el mitin
MuertesSin cifra definitiva; estimaciones entre 300 y 400 (documentadas: 44)
HeridosMás de 1 000
Detenidos1 345 (según informe de la Dirección Federal de Seguridad)
PerpetradoresEjército Mexicano y Batallón Olimpia (grupo paramilitar integrado por elementos del Estado Mayor Presidencial)
Responsabilidad reconocidaEstado mexicano, por órdenes del presidente Gustavo Díaz Ordaz (reconocimiento oficial de 2024)

1. Resumen[editar]

La Masacre de Tlatelolco, también llamada matanza de Tlatelolco o matanza del 2 de octubre, fue un crimen de Estado y de lesa humanidad perpetrado la tarde y noche del 2 de octubre de 1968 por el Gobierno de México, encabezado por el presidente Gustavo Díaz Ordaz, contra un mitin estudiantil celebrado en la Plaza de las Tres Culturas, dentro de la Unidad Habitacional Nonoalco-Tlatelolco, en Ciudad de México.

El ataque fue ejecutado por elementos del Ejército Mexicano y por el grupo paramilitar conocido como Batallón Olimpia, integrado por miembros del Estado Mayor Presidencial. Los asistentes al mitin —convocado por el Consejo Nacional de Huelga (CNH) en el marco del movimiento estudiantil de 1968— fueron rodeados, atacados con disparos y, en muchos casos, detenidos, golpeados y perseguidos durante toda la noche.

El número exacto de víctimas mortales sigue sin establecerse. Los periódicos de la mañana siguiente hablaron de entre 20 y 28 muertos; la investigación documental realizada por Kate Doyle, investigadora del Archivo Nacional de Seguridad de los Estados Unidos, registra 44 fallecimientos; mientras que testigos, organizaciones de derechos humanos y periodistas extranjeros han estimado la cifra real en cientos, en un rango aproximado de 300 a 400 muertos solo en la jornada del 2 de octubre. La Dirección Federal de Seguridad informó de 1345 personas arrestadas y más de mil resultaron heridas.[1]

El 2 de octubre de 2024, la presidenta Claudia Sheinbaum reconoció oficialmente que la matanza constituyó un crimen de lesa humanidad perpetrado por el Estado mexicano por órdenes de Gustavo Díaz Ordaz, y emitió una disculpa pública a las víctimas. El reconocimiento quedó publicado en el Diario Oficial de la Federación.

2. Antecedentes[editar]

2.1. El movimiento estudiantil de 1968[editar]

El movimiento que desembocó en la masacre estalló el 22 de julio de 1968, a raíz de una riña entre estudiantes de las Vocacionales 2 y 5 del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y alumnos de la preparatoria privada Isaac Ochoterena, incorporada a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). La reacción de la policía del Distrito Federal, que ingresó por la fuerza a la Escuela Vocacional 5, fue considerada una violación grave de la autonomía universitaria y provocó una ola de protestas estudiantiles.

El contexto social y político era de fuerte tensión. El gobierno mexicano había invertido 150 millones de dólares en los preparativos de los Juegos Olímpicos de México 1968, que se celebrarían en la capital ese mismo año, y la administración de Gustavo Díaz Ordaz estaba decidida a impedir que las protestas empañaran la imagen internacional del país. Desde la presidencia anterior, la de Adolfo López Mateos, se había reprimido a sindicatos independientes: el dirigente ferrocarrilero Demetrio Vallejo fue encarcelado bajo el delito de "disolución social", figura del Código Penal que castigaba la organización de reuniones consideradas subversivas.[2]

El movimiento estudiantil creció rápidamente y comenzó a recibir el apoyo de trabajadores, maestros y sectores populares. Los estudiantes organizaron brigadas de seis o más integrantes que subían a autobuses y recorrían mercados para repartir folletos, explicar las demandas y recoger donaciones. Según testimonios recopilados por la periodista Elena Poniatowska, con el tiempo los choferes y pasajeros empezaron a simpatizar abiertamente con la protesta.[3]

2.2. Consejo Nacional de Huelga y pliego petitorio[editar]

El Consejo Nacional de Huelga (CNH) se formó oficialmente después de la violación de la autonomía universitaria durante el verano de 1968. Fue una delegación de estudiantes de 70 universidades y escuelas preparatorias de México, que coordinó las protestas para impulsar reformas sociales, educativas y políticas. En su apogeo, el CNH llegó a contar con 240 delegados estudiantiles, hombres y mujeres, entre ellos Raúl Álvarez Garín, Sócrates Campos Lemus, Marcelino Perelló, Gilberto Guevara Niebla, Roberta Avendaño y Myrthokleia González Gallardo.

La demanda constante del CNH era el diálogo público con las autoridades. Las peticiones fueron sintetizadas en el pliego petitorio presentado en agosto de 1968, con seis puntos:

  1. Derogación de los artículos 145 y 145b del Código Penal.
  2. Abolición del cuerpo de granaderos (policía táctica antidisturbios).
  3. Libertad para los presos políticos.
  4. Indemnización para los heridos durante los disturbios.
  5. Identificación de los funcionarios responsables de la represión previa, incluida la ocurrida en julio y agosto.
  6. Destitución del jefe de policía Luis Cueto, de su adjunto Raúl Mendiolea y del comandante granadero general A. Frías.

El 1 de agosto de 1968, el rector de la UNAM, Javier Barros Sierra, encabezó una manifestación pacífica de 50 000 estudiantes en defensa de la autonomía universitaria y contra la represión gubernamental. La marcha fue planeada para evitar el Zócalo capitalino y transcurrió sin disturbios ni arrestos, lo que mostró públicamente que el movimiento no era violento ni estaba dirigido por agitadores socialistas, como sostenía el discurso oficial.

El 9 de septiembre, Barros Sierra pidió a los estudiantes volver a clase, argumentando que las demandas institucionales habían sido "esencialmente satisfechas" por el reciente mensaje presidencial. Sin embargo, el CNH consideró que sus exigencias seguían sin atenderse y convocó a la llamada Marcha del Silencio el 13 de septiembre. El anuncio, publicado en el diario El Día, invitaba a "todos los trabajadores, agricultores, maestros, estudiantes y público en general" y dejaba claro que la manifestación no tenía vínculo con los Juegos Olímpicos ni con las festividades de la independencia nacional.

Con la inauguración de los Juegos Olímpicos a la vista, Díaz Ordaz ordenó al Ejército ocupar el campus de la UNAM. La toma se realizó con golpes y arrestos indiscriminados. En protesta, el rector Barros Sierra renunció el 23 de septiembre.

2.3. De la Vocacional 5 a la ocupación del IPN[editar]

El 22 de julio de 1968, una riña entre pandillas rivales —formadas, de un lado, por estudiantes de las Vocacionales 2 y 5 del IPN y, del otro, por alumnos de la preparatoria Isaac Ochoterena— escaló cuando los primeros lanzaron piedras contra la fachada de esta última escuela. Los disturbios se reanudaron al día siguiente. Respondiendo al llamado de restablecer el orden, la policía entró por la fuerza en la Escuela Vocacional 5.

Los granaderos, cuerpo antidisturbios, fueron utilizados contra los estudiantes por primera vez en julio de 1968. Según un testimonio recogido por Poniatowska, algunos granaderos declararon informalmente que las autoridades pagaban treinta pesos por cada estudiante golpeado y encarcelado. La represión en la Vocacional 5 marcó la primera gran violación de la autonomía universitaria y sirvió de punto de unión para el movimiento estudiantil.

La tensión escaló el 23 de septiembre, cuando el Ejército intentó ocupar los campus del IPN en Zacatenco y Santo Tomás. A diferencia de lo ocurrido en la UNAM, los estudiantes opusieron una resistencia mucho más firme. El enfrentamiento duró desde las 17:00 horas del 23 de septiembre hasta las primeras horas del 24 de septiembre. El médico Justo Igor de León Loyola, testigo del combate, escribió en su libro La noche de Santo Tomás que se trató de "peleas más sangrientas, batallas desiguales: ambas partes están armadas... pero qué diferencia en las armas, pistolas calibre .22 contra rifles militares M-1, bazucas contra cócteles Molotov".

El diario francés L'Express reportó que 15 personas murieron en esos enfrentamientos y que se dispararon más de mil balas; el gobierno mexicano reportó oficialmente tres muertos y 45 heridos. La resistencia en Santo Tomás endureció aún más la postura del gobierno y dejó al movimiento estudiantil preparado para operaciones defensivas.

3. La masacre del 2 de octubre[editar]

3.1. El mitin en la Plaza de las Tres Culturas[editar]

El 2 de octubre de 1968, el Consejo Nacional de Huelga convocó a un mitin en la Plaza de las Tres Culturas, ubicada en la Unidad Habitacional Nonoalco-Tlatelolco, en el norte de la Ciudad de México. El propósito era informar sobre la situación de la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo, hacer un reconocimiento a las brigadas por su labor, anunciar que no se marcharía rumbo al Casco de Santo Tomás y discutir otros asuntos del movimiento.

Según algunas fuentes, se reunieron alrededor de 10 000 personas —estudiantes, maestros, padres de familia, vecinos y simpatizantes— en la plaza. Los oradores del CNH se ubicaron en el tercer piso del edificio Chihuahua, uno de los inmuebles de departamentos que rodeaban el espacio público. La plaza, nombrada así por reunir vestigios prehispánicos, un templo colonial y edificios modernos, era un punto simbólico de la ciudad.

3.2. El ataque armado[editar]

Dos helicópteros —uno de la policía y otro del Ejército— sobrevolaron la plaza durante la tarde. Alrededor de las 5:55 p. m. se dispararon bengalas verdes desde el cercano edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Alrededor de las 6:15 p. m., otras dos bengalas —una verde y una roja— fueron lanzadas desde un helicóptero, mientras unos 5000 soldados, 200 tanquetas y camiones militares rodeaban la plaza.

La cuestión de quién disparó primero permaneció sin resolverse oficialmente durante años. El gobierno mexicano sostuvo que los disparos provinieron de los edificios circundantes y que el Ejército respondió en defensa propia. Los estudiantes, por su parte, afirmaron que las bengalas lanzadas desde el helicóptero eran la señal para que los militares atacaran a la multitud. La periodista Elena Poniatowska, en su libro La noche de Tlatelolco, describió la secuencia con testimonios directos: "Las llamaradas aparecieron repentinamente en el cielo y todos levantaron la vista automáticamente. Se escucharon los primeros disparos. La multitud entró en pánico... [y] comenzó a correr en todas direcciones".

Poco después, el Batallón Olimpia —una rama secreta gubernamental creada para la seguridad de los Juegos Olímpicos, compuesta por soldados, policías y agentes de seguridad federales— recibió la orden de arrestar a los líderes del CNH y avanzó hacia la plaza. Sus integrantes llevaban guantes blancos o pañuelos blancos atados a la mano izquierda para distinguirse de los civiles y evitar que los soldados les dispararan. El capitán Ernesto Morales Soto declaró que, "inmediatamente después de ver una bengala en el cielo, la señal preestablecida, debíamos sellar las dos entradas mencionadas anteriormente e impedir que cualquiera entrara o saliera".

El asalto a la plaza dejó decenas de muertos y muchos más heridos en las horas siguientes. Los soldados dispararon contra los edificios cercanos y contra la multitud, alcanzando no solo a manifestantes, sino también a observadores y transeúntes, incluidos estudiantes, periodistas —entre ellos la periodista italiana Oriana Fallaci— y niños. Mientras tanto, en el edificio Chihuahua, los miembros del Batallón Olimpia empujaron a los asistentes y les ordenaron tirarse al suelo cerca de los muros de los elevadores. Testigos afirmaron que estos hombres con guantes blancos fueron quienes dispararon primero contra los soldados y contra la multitud.

Las evidencias en video recopiladas años después indican que al menos dos compañías del Batallón Olimpia se ocultaron en los edificios de departamentos cercanos. Entre los puntos señalados por las investigaciones figuran: un departamento en el edificio Molino del Rey, donde vivía una cuñada del entonces secretario de Gobernación y futuro presidente Luis Echeverría Álvarez; el techo de la iglesia de Santiago de Tlatelolco, donde se colocaron francotiradores; el convento cercano; y la Torre de Relaciones Exteriores, desde donde se dispararon las primeras bengalas y se operó una ametralladora en el piso 19. En una secuencia grabada se observa a diez hombres con guantes blancos salir de la iglesia y encontrarse con los soldados, que les apuntan con las armas; uno de ellos muestra una identificación y lo dejan ir.

3.3. La noche de Tlatelolco[editar]

La masacre continuó durante toda la noche. Soldados y policías operaron casa por casa en los edificios de departamentos adyacentes a la plaza. El edificio Chihuahua y el resto del vecindario debieron cortar la electricidad y los teléfonos. Testigos relataron que los cadáveres fueron primero retirados en ambulancias y, más tarde, amontonados por los militares en camiones, sin saber si las personas estaban vivas o muertas. Algunas versiones sostienen que los cuerpos fueron cargados en camiones de basura y llevados a destinos desconocidos.

Los soldados reunieron a los estudiantes en las paredes de los elevadores del edificio Chihuahua; los desnudaron y golpearon. Alrededor de 3000 asistentes fueron llevados al convento junto a la iglesia y retenidos allí hasta la madrugada. La mayoría eran vecinos, transeúntes y personas que se habían acercado a la plaza solo para escuchar el discurso, sin relación directa con el movimiento estudiantil. Otros testigos aseguraron que, en los días posteriores, miembros del Batallón Olimpia se disfrazaron de empleados de servicios para inspeccionar viviendas en busca de estudiantes ocultos.

La explicación oficial del gobierno, difundida la mañana siguiente, fue que provocadores armados infiltrados entre los manifestantes habían abierto fuego desde los edificios que rodeaban la plaza y que las fuerzas de seguridad respondieron en legítima defensa. Los periódicos del 3 de octubre informaron de entre 20 y 28 muertos, cientos de heridos y cientos de detenidos. El titular de primera plana del diario El Día resumió la postura del régimen: "Criminal provocación en el mitin de Tlatelolco causó sangriento zafarrancho".

4. Balance de víctimas[editar]

No existe una cifra definitiva de víctimas de la masacre. La dificultad para establecer el número de muertos se debe, entre otros factores, al control militar de la escena durante la noche del 2 de octubre, a la retirada de cuerpos sin registro público, a los años de silencio oficial y a la clasificación de los archivos militares que aún se mantiene parcialmente.

Las fuentes presentan números muy distintos:

  • La versión oficial difundida por la prensa mexicana en los días posteriores habló de entre 20 y 28 muertos.
  • La investigación de Kate Doyle, analista del Archivo Nacional de Seguridad de la Universidad George Washington, documenta la muerte de 44 personas.
  • Testigos presenciales, organizaciones de derechos humanos y periodistas extranjeros han situado el número de muertos en alrededor de 300, con estimaciones que alcanzan los 400.
  • El informe de Fernando Gutiérrez Barrios, jefe de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), fechado el 3 de octubre de 1968, registró 1345 personas arrestadas.

Además de las muertes, se reportaron más de mil heridos. La cifra de 300 a 400 fallecimientos, citada con frecuencia en la prensa internacional y en organismos de derechos humanos, se refiere únicamente a la jornada del 2 de octubre y no incluye a las víctimas de los enfrentamientos previos, como los ocurridos en Santo Tomás en septiembre.

5. Investigaciones y archivos desclasificados[editar]

Durante décadas, el gobierno del Partido Revolucionario Institucional (PRI) impidió una investigación efectiva. En 1998, el presidente Ernesto Zedillo autorizó una investigación del Congreso en el marco del trigésimo aniversario de la matanza, pero los documentos oficiales sobre el incidente continuaron sin difundirse. En una entrevista radiofónica de 2002, la directora del Proyecto de Documentación Mexicana del Archivo de Seguridad Nacional de Estados Unidos relató que el expresidente Miguel de la Madrid había solicitado al Ejército y a la Secretaría de Gobernación documentos y fotografías de las manifestaciones, pero fue objeto de una presión política enorme para que no investigara; cuando insistió, esas dependencias alegaron que sus archivos estaban desordenados y no tenían nada.

El punto de inflexión llegó en 2001, con el gobierno de Vicente Fox, el primer presidente de un partido distinto al PRI en más de siete décadas. Fox ordenó la liberación de documentos clasificados relativos a la masacre de 1968. Esa documentación, analizada por Kate Doyle, confirmó sustancialmente la versión recogida por Poniatowska en su libro. Los archivos mostraron que existía una unidad denominada Batallón Olimpia, integrada por fuerzas especiales de la guardia presidencial, que abrió fuego desde los edificios que rodeaban la plaza y provocó la masacre.

En 2002, Fox nombró a Ignacio Carrillo Prieto como fiscal especial para procesar a los responsables de ordenar la matanza. En 2006, el expresidente Luis Echeverría Álvarez —secretario de Gobernación en 1968— fue arrestado bajo cargos de genocidio. Sin embargo, en marzo de 2009, un tribunal de tres jueces de circuito desestimó los cargos al considerar que no había pruebas suficientes para vincularlo con la represión. Pese al fallo, el fiscal Carrillo Prieto anunció que continuaría la investigación y buscaría cargos ante la Corte Internacional de Justicia y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

6. Consecuencias jurídicas y respuesta del Estado[editar]

El 2 de octubre de 2024, la presidenta Claudia Sheinbaum reconoció oficialmente que la matanza estudiantil del 2 de octubre de 1968 constituyó un crimen de lesa humanidad perpetrado por el Estado mexicano por órdenes del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz. El reconocimiento quedó establecido en un acuerdo publicado en el Diario Oficial de la Federación. En el mismo acto, el Gobierno de México ofreció una disculpa pública a las víctimas y a sus familias.

Previamente, el Senado mexicano ya había dado pasos hacia la institucionalización de la memoria del 2 de octubre. En diciembre de 2008, el Congreso aprobó nombrar el 2 de octubre como día nacional de duelo a partir de 2009. Además, conforme a la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales, la bandera nacional se iza a media asta en conmemoración de la matanza.

7. Reacciones internacionales[editar]

La masacre provocó reacciones internacionales casi de inmediato. El 6 de octubre de 1968, un grupo de intelectuales franceses —entre ellos Simone de Beauvoir, Jean-Paul Sartre, el cineasta Jean-Luc Godard y el premio Nobel de Física Alfred Kastler— escribió al presidente de México una carta en la que pedía "solemnemente al Gobierno Mexicano que repruebe la sangrienta provocación policiaca y militar, que reasuma el diálogo como lo piden los estudiantes, y que no se destruya para siempre la imagen del país de Hidalgo, Juárez y de la Revolución de la cual se dice heredero".

En contraste, un telegrama descubierto en los archivos gubernamentales de 1968 y publicado en 2003 por la revista Proceso reveló que los escritores argentinos Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares enviaron un mensaje al gobierno mexicano manifestándole su respaldo tras los acontecimientos.[4]

8. Archivos del gobierno de Estados Unidos[editar]

En octubre de 2003, el Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington publicó una serie de registros de la CIA, el Pentágono, el Departamento de Estado, el FBI y la Casa Blanca, entregados en respuesta a solicitudes amparadas por la Freedom of Information Act. Esos documentos detallan el papel del gobierno estadounidense en el contexto de la masacre:

  • Ante la preocupación del gobierno mexicano por la seguridad de los Juegos Olímpicos, el Pentágono envió radios militares, armas, municiones y material de control de disturbios a México antes y durante la crisis.
  • La estación de la CIA en Ciudad de México produjo informes casi diarios sobre la situación universitaria y gubernamental de julio a octubre de 1968. Seis días antes de la masacre, tanto Luis Echeverría como el jefe de Seguridad Federal Fernando Gutiérrez Barrios dijeron a la CIA que "la situación estará bajo control completo en breve".
  • El gobierno de Díaz Ordaz "arregló" que el líder estudiantil Sócrates Campos Lemus acusara a políticos disidentes del PRI, como Carlos Madrazo, de financiar y orquestar el movimiento estudiantil.

9. Memoria y conmemoración[editar]

La matanza de Tlatelolco ha sido conmemorada de manera ininterrumpida por organizaciones civiles, estudiantiles y de derechos humanos. En 1993, al cumplirse el vigésimo quinto aniversario, se dedicó una estela con los nombres de algunas de las personas fallecidas en la Plaza de las Tres Culturas. La Suprema Corte de Justicia de la Nación cuenta con un mural que recuerda la masacre.

El 2 de octubre de 2008, al cumplirse 40 años de los hechos, se celebraron dos marchas en Ciudad de México: una desde la Escuela Normal Superior de Maestros hasta el Zócalo y otra del Instituto Politécnico Nacional hasta la Plaza de las Tres Culturas. Según el Comité del 68, uno de los organizadores, asistieron 40 000 manifestantes.

Las movilizaciones del 2 de octubre se han mantenido cada año como una de las fechas centrales de memoria política en México, con presencia constante en las calles de la capital y en numerosas ciudades del país. La consigna "2 de octubre no se olvida" se ha convertido en uno de los lemas más reconocibles del memorialismo mexicano.

10. Presencia en la cultura hispanoamericana[editar]

La masacre ha sido ampliamente representada en la cultura mexicana y latinoamericana. En la música, el grupo mexicano Caifanes compuso en 1990 la canción "Antes de Que Nos Olviden", que rememora a los estudiantes víctimas de la matanza. En la literatura, la obra más influyente es La noche de Tlatelolco: Testimonios de historia oral (1971), de Elena Poniatowska, una recopilación de testimonios directos que reconstruye los hechos desde múltiples voces. También destaca Los días y los años (1971), del escritor y exdirigente estudiantil Luis González de Alba, y '68: El otoño mexicano de la masacre de Tlatelolco (2004), de Paco Ignacio Taibo II.

En el cine y la televisión, la matanza ha sido tema de varias producciones:

  • Rojo amanecer (1990), película de drama histórico dirigida por Jorge Fons, narra los sucesos del 2 y 3 de octubre desde la perspectiva de una familia que habitaba uno de los edificios colindantes a la Plaza de las Tres Culturas.
  • Borrar de la Memoria (2010), dirigida por Alfredo Gurrola, cuenta la historia de un periodista y su pareja que intentan cubrir el movimiento y la masacre.
  • Verano del 68 (2013), de Carlos Bolado, es un drama romántico ambientado en el movimiento estudiantil.
  • Un Extraño Enemigo (2018), serie televisiva de Gabriel Ripstein, narra los acontecimientos que llevaron a la marcha del 2 de octubre desde la perspectiva de la Dirección Federal de Seguridad.
  • No nos moverán (2024), de Pierre Saint-Martin Castellanos, sigue a una abogada que busca encontrar al soldado que asesinó a su hermano durante la masacre.

11. Legado[editar]

La Masacre de Tlatelolco es considerada uno de los episodios fundacionales de la conciencia moderna de derechos humanos en México. Su impacto desbordó el ámbito estudiantil: marcó el inicio de un cuestionamiento profundo al autoritarismo del PRI, influyó en la formación de organizaciones civiles y periodísticas independientes, y se convirtió en una referencia ineludible para los movimientos sociales mexicanos de las décadas siguientes.

La matanza también transformó la relación entre el Estado y la sociedad mexicana en torno a la transparencia y la memoria. La liberación de archivos en 2001 y el reconocimiento oficial de 2024, que calificó los hechos como crimen de lesa humanidad, significaron un cambio en la postura histórica del Estado, aunque los responsables directos no fueron sancionados penalmente. La Plaza de las Tres Culturas sigue siendo el espacio simbólico donde cada 2 de octubre se refrenda la exigencia de verdad, justicia y no repetición.


  1. La discrepancia entre la versión oficial de 1968 y las estimaciones posteriores se debe, en buena medida, a que el gobierno controló la escena durante la noche, retiró cuerpos sin registro público y mantuvo clasificados los archivos del Ejército durante décadas. La periodista Elena Poniatowska recogió testimonios de testigos que describieron cuerpos amontonados en camiones militares y de basura, retirados con rumbo desconocido. ↩︎

  2. El artículo 145 del Código Penal definía como delito la "disolución social" y permitía encarcelar a quienes asistieran a reuniones de tres o más personas que amenazaran, según la autoridad, el orden público. Su derogación fue una de las demandas centrales del pliego petitorio del CNH. ↩︎

  3. Las brigadas eran la unidad mínima del CNH. Su acción cotidiana —hablar cara a cara con la población— fue clave para que el movimiento dejara de ser visto como un problema exclusivamente universitario y se convirtiera en una exigencia social más amplia de democracia y justicia. ↩︎

  4. El telegrama, publicado por Proceso el 5 de octubre de 2003, contenía el siguiente mensaje: "Rogamos haga llegar nuestra adhesión al gobierno de México." La revelación generó debate en el mundo literario hispanoamericano sobre la posición política de Borges y Bioy durante la Guerra Fría. ↩︎