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Matanzas de Paracuellos

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Matanzas de Paracuellos de Jarama
Fecha7, 8, 9, 18, 24, 25, 26, 27, 28, 29 y 30 de noviembre y 1 y 3 de diciembre de 1936
LugarParajes del arroyo de San José, en Paracuellos de Jarama, y soto de Aldovea, en Torrejón de Ardoz, cerca de Madrid, España
VíctimasEntre 2500 y una cifra indeterminada de civiles encarcelados sin juicio (ver sección «Cifras»)
PerpetradoresMilicias del bando republicano, con listas y notificaciones de la Dirección General de Seguridad
ContextoBatalla de Madrid, dentro de la Guerra Civil Española
MotivoRepresión republicana contra presos considerados partidarios del bando sublevado

1. Resumen[editar]

Las denominadas matanzas de Paracuellos fueron una serie de asesinatos masivos organizados en la retaguardia durante la batalla de Madrid, en el transcurso de la Guerra Civil Española. Entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre de 1936, miles de presos encarcelados en cárceles madrileñas fueron extraídos con pretexto de traslado o libertad y fusilados de forma extrajudicial en dos parajes cercanos a Madrid: los alrededores del arroyo de San José, en el término municipal de Paracuellos de Jarama, y el soto de Aldovea, en Torrejón de Ardoz.[1]

El episodio se produjo mientras las tropas gubernamentales y sublevadas se enfrentaban por el control de la capital. De un total de 33 extracciones o sacas de presos realizadas entre esas fechas, 23 terminaron en asesinatos: las de los días 7, 8, 9, 18, 24, 25, 26, 27, 28, 29 y 30 de noviembre, y las del 1 y 3 de diciembre. Entre el 10 y el 17 de noviembre no hubo sacas, y desde el 4 de diciembre cesaron definitivamente.[1:1]

Los presos asesinados incluían militares que habían participado en la sublevación o que se habían negado a incorporarse a la defensa de la República, falangistas, religiosos, aristócratas, militantes de derecha, burgueses y otras personas detenidas por ser consideradas simpatizantes del bando sublevado. La inmensa mayoría se encontraba encarcelada sin amparo legal ni acusación formal. Las sacas se llevaban a cabo con listas elaboradas y notificaciones de traslado o libertad con membrete de la Dirección General de Seguridad, en ocasiones firmadas por Segundo Serrano Poncela, delegado de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid. La presidencia de la Junta la ocupaba el general José Miaja y la Consejería de Orden Público estaba encabezada por Santiago Carrillo. Los fusilamientos fueron ejecutados por milicias pertenecientes a organizaciones obreras.

Las matanzas de Paracuellos son consideradas las de mayor dimensión ocurridas en la retaguardia de la zona republicana. Según el historiador Paul Preston, «las sacas y las ejecuciones, conocidas bajo el nombre genérico de “Paracuellos”, constituyeron la mayor atrocidad cometida en territorio republicano durante la guerra civil española».[2]

El número de asesinados ascendió a unas 2500 personas, aunque la cifra exacta sigue siendo objeto de controversia. También son objeto de enconadas discusiones aspectos como quién dio la orden de ejecutar a los evacuados, por qué unas sacas terminaron en asesinatos masivos mientras que otras llegaron sanas y salvas a su destino, y las responsabilidades directas e indirectas de los fusilamientos.

2. Contexto y antecedentes[editar]

2.1 El miedo en Madrid y la «quinta columna»[editar]

A medida que las columnas rebeldes al mando del general Francisco Franco se acercaban a Madrid, crecía el miedo en la capital. Los relatos de los refugiados sobre las atrocidades cometidas por las fuerzas sublevadas desde su salida de Sevilla, sumados a los bombardeos y al corte de suministros, generaron un clima de pánico. Un artículo publicado el 27 de octubre de 1936 en el diario La Voz sobre la matanza de Badajoz, aunque basado en un hecho real, incluía la invención de una supuesta celebración con fusilamientos en la plaza de toros presidida por el teniente coronel Juan Yagüe. El artículo terminaba advirtiendo que Yagüe se proponía repetir en Madrid «en mucha mayor escala» lo hecho en Badajoz, y que las tropas habían prometido a los regulares marroquíes y a la Legión dos días de saqueo. Esta información, aunque exagerada o falsa, alimentó el temor a una represión masiva si las tropas sublevadas tomaban la ciudad.[3]

Al miedo a las columnas de Franco se unía el temor a un enemigo interior, identificado con la llamada «quinta columna». Aunque en octubre de 1936 esta todavía no era la red organizada en que llegaría a convertirse, los tiroteos de francotiradores y saboteadores, llamados popularmente «pacos», contribuían a la sensación de inseguridad. El 3 de octubre la dirigente comunista Dolores Ibárruri, Pasionaria, denunció desde Mundo Obrero la existencia de una «quinta columna» —primera vez que se usaba el término por escrito— a la que había que «aplastar inmediatamente» para tener limpia la retaguardia. En los días posteriores otros periódicos repitieron el llamamiento a reducir al enemigo interior.[4]

2.2 La situación de las cárceles madrileñas[editar]

En las cárceles de Madrid se encontraban recluidos entre 8000 y 10 000 derechistas. Alrededor de 5500 estaban hacinados en la Cárcel Modelo, cerca de 400 en la de Ventas, 1150 en la de San Antón y unos 1200 en la de Porlier. Entre ellos había unos 2000 militares que habían rechazado incorporarse a las fuerzas defensivas y que, en caso de ser liberados, podían sumarse a las fuerzas rebeldes. También se temía que en las prisiones se produjeran fugas o motines con apoyo de algunos funcionarios, en connivencia con las fuerzas franquistas que se aprestaban a asaltar la capital. Los diplomáticos occidentales y latinoamericanos temían a su vez que la entrada de las tropas rebeldes estuviera precedida de una masacre a gran escala en las prisiones, por lo que presionaron al gobierno de Francisco Largo Caballero para que evacuara a los presos fuera de la ciudad.[5]

El 1 o 2 de noviembre de 1936 se reunió el Comisariado de Guerra, presidido por el ministro de Estado, Julio Álvarez del Vayo. Allí se planteó la cuestión de las cárceles. Álvarez del Vayo abandonó la reunión para consultar con el presidente del gobierno Largo Caballero y, al volver, comunicó que se había ordenado al ministro de la Gobernación, Ángel Galarza, llevar a cabo la evacuación de los presos a cárceles fuera de Madrid. Sin embargo, Galarza no actuó de inmediato.[6]

2.3 Las primeras sacas del CPIP (29 de octubre a 5 de noviembre)[editar]

Antes del 7 de noviembre ya habían tenido lugar algunas sacas, especialmente durante octubre, fruto del cambio de manos en el control de las prisiones, que pasó de los funcionarios a las milicias tras el asalto a la Cárcel Modelo del 22 de agosto de 1936. Sin embargo, el número de asesinados fue mucho menor y carecieron del carácter sistemático de las de noviembre y diciembre.[7]

El 27 de octubre, el mismo día en que La Voz publicó su artículo sobre Badajoz, un bombardeo de la capital y el rumor de que los presos de la cárcel de Ventas habían hecho señales a los aviones rebeldes provocaron que una multitud de unas 500 personas intentara asaltar la prisión. El director se negó a entregar a los presos, pero dos delegados del Comité Provincial de Investigación Pública (CPIP), conocido como «Checa de Fomento», se hicieron cargo de la situación. En la noche del 28 al 29 de octubre, 32 presos —entre ellos el intelectual derechista Ramiro de Maeztu y el jonsista Ramiro Ledesma Ramos— fueron sacados de la prisión con una orden de traslado a la cárcel de Chinchilla y llevados al cementerio de Aravaca, donde fueron fusilados. Entre los días 1 y 5 de noviembre, el CPIP llevó a cabo las sacas de 158 presos más, fusilados en Aravaca y Vaciamadrid. A los militares se les ofreció antes unirse a la defensa de Madrid, pero rehusaron la oferta. Según Julius Ruiz, el objetivo era «eliminar a los prisioneros más “peligrosos” antes de la ya inevitable batalla por Madrid».[8]

2.4 La creación de la Junta de Defensa de Madrid[editar]

El 6 de noviembre de 1936, ante el avance sublevado, el gobierno de la República abandonó Madrid rumbo a Valencia. Esa misma noche se constituyó la Junta de Defensa de Madrid bajo la presidencia del general José Miaja. Santiago Carrillo, secretario general de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), ingresó ese día o el siguiente en el Partido Comunista de España y asumió la Consejería de Orden Público de la Junta. Segundo Serrano Poncela, también miembro de las JSU, quedó como delegado de Orden Público en la Dirección General de Seguridad.[9]

La madrugada del 7 de noviembre se constituyó extraoficialmente el Consejo de la Dirección General de Seguridad, que a partir del 11 de noviembre quedó formalizado mediante decreto de Carrillo. Este organismo centralizó las actividades de represión de la quinta columna y, en la práctica, controló las sacas.

3. Desarrollo de los hechos[editar]

3.1 Las primeras sacas masivas (7–9 de noviembre)[editar]

El 7 de noviembre se produjeron cinco sacas. Una de madrugada, procedente de la cárcel de Porlier, y otras dos durante el día desde la Cárcel Modelo y San Antón terminaron en Paracuellos de Jarama. Otras dos sacas de San Antón llegaron sanas y salvas a Alcalá de Henares. Ese mismo día, tras una reunión del Cuerpo Diplomático, el diplomático alemán Felix Schlayer se reunió en el Ministerio de la Guerra con el general Miaja y posteriormente con Santiago Carrillo. Schlayer había estado en la Cárcel Modelo antes y después de la saca, y su testimonio se convirtió en uno de los más importantes para reconstruir los hechos.[10]

También el 7 de noviembre, por la tarde-noche, representantes de las JSU y de la federación local de la CNT se reunieron y acordaron dividir a los presos de las cárceles madrileñas en tres grupos. Uno de ellos, el de los presos calificados como «fascistas o elementos peligrosos», debía ser objeto de «ejecución inmediata, cubriendo la responsabilidad». Este acta, descubierta por Jorge Martínez Reverte, es considerada una prueba clave por historiadores como Julius Ruiz, aunque otros, como Jesús F. Salgado, señalan que era un borrador sin aprobar ni firmar y que la transcripción de Reverte omitía palabras que cambiaban su sentido.[11]

El 8 de noviembre comenzó la batalla de Madrid. Serrano Poncela fue nombrado delegado de la Consejería de Orden Público en la Dirección General de Seguridad. Se produjeron sacas mortales desde la Modelo y Porlier. La saca de la Modelo, compuesta por 414 personas, terminó en el soto de Aldovea, en Torrejón de Ardoz. El 9 de noviembre continuaron las sacas mortales desde esas dos cárceles.

3.2 Pausa y presión diplomática (10–17 de noviembre)[editar]

El 10 de noviembre, el general Miaja exigió en la reunión de la Junta de Defensa que finalizaran los «paseos». Sin ser oficialmente el titular, el anarquista Melchor Rodríguez asumió la Dirección General de Prisiones y las sacas cesaron momentáneamente. Ese mismo día, el ministro sin cartera Manuel de Irujo, del PNV, comunicó desde Valencia al capitán Castañeda, ayudante de Miaja, que se habían producido «hechos lamentables, como consecuencia de los cuales han sido fusilados gran número de detenidos». El capitán respondió que el general no sabía nada de esos hechos.[12]

El 11 de noviembre Carrillo decretó la disolución formal de las checas y la centralización de todas las actividades de represión de la quinta columna bajo la Consejería de Orden Público. En la sesión de la Junta de Defensa de ese día, Carrillo manifestó que se había suspendido la evacuación de presos debido a las protestas del Cuerpo Diplomático. La reunión concluyó otorgándole un voto de confianza para resolver el asunto. Los ministros Irujo y Giral pidieron explicaciones a Galarza, quien negó los hechos aunque reconoció la existencia de «graves incidentes».

El 12 o 13 de noviembre, Felix Schlayer, Georges Henny (delegado de la Cruz Roja Internacional) y Edgardo Pérez Quesada (encargado de negocios de la embajada argentina) localizaron el lugar de enterramiento del soto de Aldovea. El 14 de noviembre, la Junta de Defensa de Madrid publicó una nota calificando de «completamente falsos» los rumores sobre fusilamientos de presos. Ese mismo día, el ministro de Justicia Juan García Oliver se presentó en Madrid y exigió a Melchor Rodríguez que dejara de preocuparse por los presos; Rodríguez dimitió.

El 15 de noviembre Schlayer localizó el lugar de enterramiento en Paracuellos de Jarama. El 16 de noviembre, la Cárcel Modelo fue bombardeada y evacuada: los 5000 presos que albergaba fueron distribuidos entre San Antón (1500), Porlier (2500) y Ventas (1000). El 17 de noviembre, la Legión Cóndor bombardeó Madrid tres veces.

3.3 Segunda oleada de sacas (18 de noviembre – 3 de diciembre)[editar]

El 18 de noviembre, tras suspenderse el asalto general a Madrid, se reanudaron las sacas. Una de la cárcel de Porlier terminó en Paracuellos, mientras que otra de Ventas llegó a Alcalá de Henares. El 19 de noviembre murió en extrañas circunstancias el líder anarquista Buenaventura Durruti. El 20 de noviembre, las tropas franquistas tomaron el palacete de La Moncloa y una saca de Ventas llegó sana y salva a Alcalá de Henares.

Entre el 22 y el 30 de noviembre se produjeron nuevas sacas mortales desde San Antón, Porlier y Ventas. El 28 de noviembre fue asesinado el dramaturgo Pedro Muñoz Seca en una saca de San Antón. El 30 de noviembre se produjo la mayor matanza de religiosos de toda la Guerra Civil en Madrid: 73 clérigos fueron asesinados, de ellos 51 agustinos de El Escorial.[13] El 1 de diciembre continuaron las sacas mortales desde Porlier y Ventas. El 2 de diciembre una saca de Ventas llegó sana y salva a Alcalá de Henares. El 3 de diciembre se repitieron las sacas mortales.

3.4 El cese de las sacas (4 de diciembre)[editar]

El 4 de diciembre, debido a las presiones del Cuerpo Diplomático y del presidente del Tribunal Supremo, Mariano Gómez González, Melchor Rodríguez fue nombrado delegado especial de Prisiones de Madrid. Desde ese día finalizaron definitivamente las sacas. Sobre si hubo sacas durante la madrugada del día 4, las fuentes discrepan: Gibson afirma que hubo tres sacas de Porlier —dos llegaron a Alcalá y una fue mortal en Paracuellos—, mientras que Vidal menciona solo dos y Cervera no recoge ninguna. El 8 de diciembre, el avión que transportaba a Georges Henny hacia Toulouse fue atacado por un caza, presumiblemente republicano, aunque no fue derribado. El doctor resultó herido en una pierna.[14]

El 24 de diciembre de 1936, Santiago Carrillo dimitió como delegado de Orden Público y fue sustituido por el también comunista José Cazorla. El 1 de marzo de 1937 Melchor Rodríguez fue destituido de su puesto de delegado especial de Prisiones. El 22 de abril se disolvió la Junta Delegada de Defensa de Madrid.

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  • 1 de noviembre: Largo Caballero ordena a Galarza evacuar los presos de las cárceles de Madrid. Primeras sacas del CPIP.
  • 6 de noviembre: El gobierno abandona Madrid. Se constituye la Junta de Defensa de Madrid. Carrillo y Serrano Poncela ingresan al PCE.
  • 7 de noviembre: Cinco sacas; tres terminan en Paracuellos. Reunión de JSU y CNT acuerda ejecutar a «fascistas y elementos peligrosos».
  • 8 de noviembre: Inicio de la batalla de Madrid. Saca de la Modelo con 414 personas termina en Soto de Aldovea.
  • 10 de noviembre: Pausa de las sacas tras la exigencia de Miaja. Melchor Rodríguez asume prisiones.
  • 11 de noviembre: Carrillo disuelve las checas y centraliza la represión. Voto de confianza de la Junta.
  • 12–15 de noviembre: Localización de fosas en Soto de Aldovea y Paracuellos.
  • 16 de noviembre: Bombardeo y evacuación de la Cárcel Modelo.
  • 18–30 de noviembre: Segunda oleada de sacas mortales. El día 30 se asesina a 73 clérigos.
  • 1–3 de diciembre: Últimas sacas mortales.
  • 4 de diciembre: Melchor Rodríguez asume prisiones. Cese definitivo de las sacas.
  • 24 de diciembre: Carrillo dimite como delegado de Orden Público.

4. Responsabilidades y controversias[editar]

La cuestión de quién ordenó las matanzas es uno de los puntos más debatidos de la historiografía de la Guerra Civil. Las sacas se realizaron con notificaciones oficiales de la Dirección General de Seguridad, a menudo firmadas por Serrano Poncela como delegado de Orden Público. La Consejería de Orden Público estaba dirigida por Carrillo, lo que llevó a muchos autores a atribuirle una responsabilidad directa o, al menos, por omisión. Sin embargo, otros historiadores matizan su papel y subrayan la actuación de las milicias obreras y la descomposición del Estado republicano en Madrid.

El principal debate se centra en si existió una orden expresa de asesinar a los evacuados o si las ejecuciones se produjeron de forma espontánea por parte de los pelotones de fusilamiento. El acta de la reunión entre JSU y CNT del 7 de noviembre —que acordaba la «ejecución inmediata, cubriendo la responsabilidad»— es interpretada por algunos como la prueba de una decisión coordinada. Para Julius Ruiz, la matanza fue «una matanza de españoles perpetrada por españoles», en la que los asesores soviéticos no tuvieron participación directa. Paul Preston, en cambio, reconstruye el proceso de decisión y sugiere que los asesores y agentes soviéticos en Madrid desempeñaron un papel en alentar las ejecuciones, aunque no da una conclusión cerrada.

La figura de Santiago Carrillo ha sido el centro de la polémica. Sus Memorias, publicadas en 1994, negaban responsabilidad directa o conocimiento previo de las matanzas. El historiador Ricardo de la Cierva le dedicó el libro Carrillo miente, en el que afirmaba demostrar numerosas inexactitudes y falsedades en el relato del político comunista. Ian Gibson, por su parte, tras entrevistar a Carrillo, no llegó a exculparlo del todo, pero tampoco le atribuyó la orden directa, señalando en cambio el caos institucional y la responsabilidad difusa.[15]

Otra controversia es la responsabilidad de las autoridades republicanas superiores. El 10 de noviembre, Miaja exigió el cese de los «paseos», lo que indica que conocía la situación y trató de frenarla. Los ministros Irujo y Giral pidieron explicaciones a Galarza, quien negó los hechos. Estas comunicaciones sugieren que, aunque el gobierno en Valencia estuviera informado, no logró controlar los acontecimientos en Madrid.

5. Historiografía y fuentes[editar]

5.1 La obra de Ian Gibson[editar]

El libro de referencia durante mucho tiempo fue Paracuellos: cómo fue, del hispanista irlandés Ian Gibson, publicado en 1983 y reimpreso en 2005 sin modificaciones salvo un nuevo prólogo. Fue el primer estudio sistemático y sin tesis preconcebidas sobre las matanzas. Gibson utilizó la Causa General, los teletipos entre el gobierno y la Junta de Defensa de Madrid, el diario del diplomático alemán Felix Schlayer, el libro del periodista soviético Mijaíl Koltsov, los relatos de presos y entrevistas con testigos y protagonistas, como el propio Carrillo y Máximo de Dios, suplente del secretario de la Junta de Defensa. La obra de Gibson recibió elogios incluso de historiadores de orientación opuesta: Ricardo de la Cierva lo calificó de «excelente» y a Gibson de «historiador de izquierdas ganado por la Historia por encima de sus inclinaciones políticas».[16]

5.2 Otros estudios tempranos[editar]

En 1983, el periodista e historiador gallego Carlos Fernández Santander publicó Paracuellos del Jarama: ¿Carrillo culpable?, con mucha menos repercusión. Su principal mérito, según La Cierva, consistió en el análisis de fuentes. En 1994, con motivo de la presentación de las Memorias de Carrillo, La Cierva publicó Carrillo miente, cuyo cuarto capítulo, «El responsable de Paracuellos», se dedica íntegramente a la implicación del político comunista.

En 1998, Javier Cervera publicó Madrid en guerra. La ciudad clandestina, 1936-1939, con segunda edición en 2006, que contiene un capítulo dedicado a las sacas de presos. Cervera utilizó profusamente la Causa General y las actas y boletines de la Junta de Defensa de Madrid, y entrevistó a Carrillo y a Cayetano Luca de Tena, superviviente de una saca que llegó a Alcalá de Henares. Su obra aportó el primer estudio consistente sobre el número e identidad de las víctimas.

5.3 La fiabilidad de la Causa General[editar]

La Causa General fue un proceso abierto en 1940 por los vencedores para documentar los crímenes cometidos en la zona republicana. Su fiabilidad es muy discutida. Todos los historiadores reconocen su parcialidad, pero la consideran una fuente útil para el conocimiento del terror republicano, siempre que se use con cautela. Ian Gibson la calificó de «densa mezcla de verdades y mentiras, fuertemente condicionadas por las circunstancias en las cuales se prestaban» las declaraciones. Javier Cervera, que la consultó aún más profusamente, señaló sus deficiencias —propósito justificativo, el momento de posguerra en que se elaboró y la presión sobre los declarantes— pero consideró que debía ser ineludiblemente consultada, estableciendo criterios metodológicos para determinar la veracidad de un testimonio: corroboración con otros, ausencia de beneficio para el declarante y confirmación por fuentes posteriores.[17]

Los historiadores contemporáneos, como Enrique Moradiellos, han reconocido que las víctimas de la violencia republicana fueron «bien contadas gracias a la eficacia de la Causa General», a diferencia de las víctimas de la represión franquista, que no recibieron un registro similar.

5.4 Estudios recientes[editar]

En 2011, Paul Preston publicó El Holocausto español, con un capítulo extenso sobre Paracuellos titulado «La respuesta de una ciudad aterrada». Su propósito fue situar las matanzas en el contexto del Madrid sitiado y reconstruir el proceso de decisión, prestando atención al papel de los asesores soviéticos. Utilizó como fuentes primarias la prensa republicana, la Causa General, informes de la inteligencia británica y numerosas memorias.

En 2012, Julius Ruiz publicó El Terror Rojo. Madrid, 1936, cuyo capítulo 10 se dedica a Paracuellos. Ruiz relaciona las matanzas directamente con la represión contra los «fascistas» en el Madrid republicano, cuyo principal ejecutor fue el CPIP. Descarta la participación de asesores soviéticos y afirma que fue una matanza de españoles perpetrada por españoles. En 2015, Ruiz publicó un libro específico: Paracuellos. La verdad incómoda.

Según Jorge Martínez Reverte, los mayores avances en la dilucidación de lo ocurrido se deben a Ian Gibson, Javier Cervera y Ángel Viñas. Reverte calificó las obras de César Vidal y Pío Moa de panfletos que no hicieron más que oscurecer la investigación. Por su parte, Stanley G. Payne consideró la obra de Vidal, Paracuellos-Katyn, el mejor estudio sobre las matanzas, lo que ilustra la disparidad de valoraciones dentro de la historiografía.

6. Cifras de víctimas[editar]

El número de asesinados en Paracuellos asciende a alrededor de 2500 personas, según la estimación más consensuada, pero la cifra exacta sigue siendo objeto de controversia. La dificultad para determinarla radica en la falta de registros completos, el carácter clandestino de las ejecuciones y la dispersión de las víctimas en fosas comunes. Las fuentes franquistas, recogidas en la Causa General, registraron a las víctimas individualmente, pero su exhaustividad es discutida.

Javier Cervera, a finales de los años noventa, realizó el primer estudio consistente sobre el número e identidad de las víctimas, estableciendo una cifra cercana a 2500. Paul Preston acepta esta aproximación en El Holocausto español. Sin embargo, algunos autores han propuesto cifras superiores o inferiores. La horquilla habitualmente citada oscila entre 2000 y 3000[sin verificar], aunque hay quien habla de más de 4000.[18]

La cifra de 2500 se refiere específicamente a los asesinados en los parajes de Paracuellos de Jarama y Soto de Aldovea entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre de 1936. Quedan excluidas las víctimas de las sacas del CPIP de finales de octubre y primeros de noviembre, que suman alrededor de 190 personas más.

7. Memoria y legado[editar]

Las matanzas de Paracuellos dejaron una profunda huella en la memoria histórica española. Durante el franquismo, el nombre de Paracuellos se convirtió en símbolo de la represión republicana, y las víctimas fueron honradas oficialmente. Se erigieron lápidas y monumentos, y se elaboró una tesis doctoral sobre los religiosos asesinados. En el cementerio de Paracuellos de Jarama se conservan fosas señalizadas y una cruz blanca de grandes dimensiones en la ladera del cerro de San Miguel, visible desde las proximidades del aeropuerto de Madrid-Barajas.[19]

En la actualidad, el estudio de las matanzas forma parte de los debates sobre la memoria histórica en España. La asimetría en el tratamiento de las víctimas —las de la retaguardia republicana fueron registradas y honradas por el franquismo, mientras que las de la represión franquista permanecieron en fosas anónimas durante décadas— es un punto de discusión recurrente entre historiadores y asociaciones memorialistas. Algunos historiadores, como Enrique Moradiellos, han señalado que esa asimetría no justifica dejar de lado la verdad sobre Paracuellos, pero sí exige situarla en el contexto de la violencia desatada por el golpe militar y la guerra.

La localidad de Paracuellos de Jarama alberga hoy un cementerio-memorial que recibe visitas de familiares y grupos interesados en la Guerra Civil. No se ha producido una exhumación sistemática de las fosas, en parte por la complejidad del terreno y por la falta de consenso político sobre cómo abordar la memoria de las víctimas republicanas y sublevadas.[20]

8. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

Aunque las matanzas de Paracuellos son un episodio de la historia española, su conocimiento se ha extendido a través de la amplia bibliografía disponible en español. Para los lectores latinoamericanos, el episodio tiene conexiones poco conocidas con diplomáticos del continente. El encargado de negocios de la embajada argentina, Edgardo Pérez Quesada, participó activamente en las gestiones diplomáticas para intentar frenar las ejecuciones y localizar las fosas de Soto de Aldovea.[21] Las embajadas de países latinoamericanos, al igual que las de otras naciones, acogieron a refugiados durante la guerra y presionaron al gobierno republicano para que garantizara la seguridad de los presos.

El libro del nacionalista vasco Jesús de Galíndez, Los vascos en el Madrid sitiado, publicado en Buenos Aires en 1945, es otra conexión hispanoamericana: Galíndez fue responsable de la sección de Presos y Desaparecidos de la delegación del PNV en Madrid y dejó testimonio de los esfuerzos por salvar a los detenidos. La obra, reeditada por la editorial Txalaparta en 2005, sigue siendo una fuente citada por los investigadores de Paracuellos.

En el ámbito académico latinoamericano, el estudio de la Guerra Civil Española ha tenido un desarrollo notable, y las matanzas de Paracuellos son citadas en cursos y publicaciones sobre violencia política y represión en contextos de guerra civil. Sin embargo, no existe una difusión masiva del episodio en la cultura popular latinoamericana comparable a la de otros hitos de la guerra, como el bombardeo de Guernica o la batalla del Ebro.


  1. Se denomina saca a la extracción de presos de una cárcel para su traslado o puesta en libertad, realizada con documentación oficial. En el contexto de Madrid en 1936, muchas de estas sacas terminaron en ejecuciones extrajudiciales. ↩︎ ↩︎

  2. Preston, Paul. El Holocausto español. 2011, p. 493. ↩︎

  3. Según Hugh Thomas, la versión de la fiesta en la plaza de toros de Badajoz publicada por La Voz era completamente falsa, pero tuvo efectos desastrosos porque provocó represalias en Madrid. Thomas, Hugh. La Guerra Civil Española. 2011, p. 407. ↩︎

  4. Ruiz, Julius. El Terror Rojo. Madrid, 1936. 2012, p. 234 y 236. ↩︎

  5. Preston, 2011, pp. 459-460 y 463; Ruiz, 2012, p. 238 y 243. ↩︎

  6. Las fuentes discrepan sobre la fecha exacta: Paul Preston la sitúa el 1 de noviembre y Julius Ruiz el 2 de noviembre. ↩︎

  7. Cervera, Javier. Madrid en guerra. La ciudad clandestina, 1936-1939. 2006, p. 89. ↩︎

  8. Ruiz, 2012, pp. 254-261; Preston, 2011, pp. 460-461. ↩︎

  9. Preston sostiene que el ingreso de Carrillo en el PCE se produjo el 7 de noviembre, no el 6. La fecha exacta es secundaria pero ha sido objeto de debate. ↩︎

  10. Schlayer, Felix. Diplomat im roten Madrid. Berlín, 1938. Aunque el libro fue publicado por editorial nazi y el autor era simpatizante del bando franquista, los historiadores lo consideran imprescindible por su carácter de testimonio directo. ↩︎

  11. El acta de la reunión del Comité Nacional de la CNT fue hallada por Reverte y publicitada como evidencia del acuerdo para ejecutar. La controversia sobre su valor documental la recoge Javier Cervera en obras posteriores. ↩︎

  12. Cervera, 2006, p. 106. ↩︎

  13. La cifra de 73 clérigos asesinados el 30 de noviembre procede del historiador Julián Casanova. Algunas fuentes varían ligeramente el número de agustinos. ↩︎

  14. Gibson señala que, según sus investigaciones en el Comité Internacional de la Cruz Roja, no consta ningún informe sobre las matanzas en los archivos de la organización, lo que pondría en duda que Henny llevara documentos al respecto. ↩︎

  15. Gibson, Ian. Paracuellos: cómo fue. 1983. En el libro se reproduce íntegramente la entrevista con Carrillo, que ocupa un capítulo entero. ↩︎

  16. La Cierva, Ricardo de. Carrillo miente. 1994, p. 142. ↩︎

  17. Gibson, 2005, p. 39; Cervera, 2006, pp. 27-28. ↩︎

  18. La disparidad de cifras se debe a que no todas las sacas mortales son atribuibles con certeza a Paracuellos: algunas víctimas fueron enterradas en otros lugares como Aravaca o Vaciamadrid, y la frontera entre las distintas oleadas de represión es difusa. ↩︎

  19. El plano de las fosas del camposanto de Paracuellos puede consultarse en la web de la Hermandad de Nuestra Señora de los Mártires de Paracuellos del Jarama. ↩︎

  20. La cuestión de las exhumaciones en Paracuellos ha sido objeto de debate jurídico y político. Algunas asociaciones han solicitado la intervención de los tribunales para localizar e identificar a las víctimas, mientras que otras priorizan la preservación del lugar como espacio de duelo. ↩︎

  21. La figura de Pérez Quesada aparece en los testimonios de Felix Schlayer y en los estudios de Gibson y Cervera como parte de la comisión que localizó los enterramientos en noviembre de 1936. ↩︎