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Mesopotamia

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Mesopotamia
TipoRegión histórica
UbicaciónAsia Occidental
Ríos principalesTigris y Éufrates
Países actualesIrak, Siria, Turquía, Irán y Kuwait, principalmente
Ciudades históricasUruk, Ur, Nippur, Babilonia, Nínive, Assur, Lagash, Kish
CivilizacionesSumeria, Acadia, Babilonia, Asiria, Neobabilónica
Período históricoDel Neolítico (c. 10000 a. C.) a la conquista musulmana (siglo VII d. C.)
Lenguas principalesSumerio, acadio, arameo

1. Resumen[editar]

Mesopotamia —o, en sentido más preciso, la antigua Mesopotamia o el antiguo Irak— es una región histórica de Asia Occidental situada entre los ríos Tigris y Éufrates. Su nombre significa «(tierra) entre ríos» en griego antiguo. No se trata de una delimitación moderna fija, sino de un concepto histórico y geográfico que abarca aproximadamente las zonas no desérticas del actual Irak y las áreas limítrofes del noreste de Siria, con extensiones al sureste de Turquía, el suroeste de Irán y partes de Kuwait.[1] En la Antigüedad, la región se dividía en Asiria, al norte, y Babilonia, al sur.

La civilización que nació allí es considerada una de las más antiguas del mundo. La región fue escenario de los primeros avances de la llamada revolución neolítica, ocurrida hacia el décimo milenio a. C. Entre sus aportes más relevantes se suelen citar la invención de la rueda, el cultivo de los primeros cereales, el desarrollo de la escritura cursiva, la matemática, la astronomía y la agricultura organizada. Por ello, Mesopotamia es reconocida como cuna de algunas de las primeras civilizaciones de la historia.

En términos históricos, la región fue dominada desde el comienzo del registro escrito por sumerios y acadios. Las excavaciones arqueológicas, junto con una abundante documentación en tablillas de arcilla, han permitido reconstruir una historia de cerca de tres mil años. En ese lapso surgieron, se consolidaron y cayeron distintas entidades políticas: la civilización sumeria, el Imperio acadio, el llamado renacimiento sumerio de la Tercera Dinastía de Ur, el Imperio paleobabilónico, el Imperio asirio y el Imperio neobabilónico.

La organización política de la región estuvo marcada por la ciudad-Estado. Cada ciudad era independiente, tenía su propio dios protector y competía con las demás por tierras y canales. Solo en ciertos períodos, cuando una dinastía lograba imponer un poder central, se formaban imperios de escala amplia. Esa tensión entre fragmentación local y unificación imperial fue una de las constantes de su historia. La vulnerabilidad frente a invasiones de pueblos de las montañas o del desierto y la necesidad de mantener los canales de riego también influyeron en los ciclos de auge y crisis.

2. Etimología[editar]

El topónimo «Mesopotamia» proviene de las voces griegas antiguas μέσος (mesos), que significa «medio», y ποταμός (potamos), que significa «río». La traducción habitual es, por tanto, «(tierra) entre ríos». El término se usó en la Septuaginta griega, hacia el año 250 a. C., para traducir el equivalente hebreo y arameo Naharaim. Un uso griego anterior aparece en la Anábasis de Alejandro, obra escrita a finales del siglo II d. C. pero basada en fuentes de la época de Alejandro Magno; en ella, Mesopotamia designaba la tierra al este del Éufrates, en el norte de Siria.

Distintas tradiciones de la región tienen denominaciones equivalentes. En árabe se dice Bilād ar-Rāfidayn o Bayn an-Nahrayn; en persa, Miyān Rudān; en siríaco, Bēṯ Nahrayn. Todas comparten la idea de «tierra de los dos ríos» o «entre los dos ríos».[2]

La geografía de la región suele dividirse en dos grandes sectores. La Alta Mesopotamia —también conocida como Jazira— es el área entre el Éufrates y el Tigris desde las fuentes de ambos ríos hasta Bagdad. La Baja Mesopotamia es el área desde Bagdad hasta el golfo Pérsico, e incluye Kuwait y partes del oeste de Irán. En el uso académico moderno, el término «Mesopotamia» suele tener además una connotación cronológica: se emplea para la región hasta las conquistas musulmanas, mientras que después de esa fecha los nombres más frecuentes pasan a ser Siria, Jazira e Irak. Se ha discutido si esos cambios de denominación reflejan categorías eurocéntricas impuestas a la región durante las incursiones occidentales del siglo XIX.[3]

3. Geografía[editar]

Mesopotamia abarca la tierra entre el Éufrates y el Tigris, dos ríos que nacen en los montes Tauro y son alimentados por numerosos afluentes. La cuenca fluvial drena una extensa región montañosa, y su aporte de agua proviene en buena parte del deshielo de las altas cumbres de los montes Zagros y de las tierras altas de Armenia. Las rutas terrestres de la región suelen seguir el Éufrates, ya que las riberas del Tigris son con frecuencia empinadas y difíciles.

El clima es semiárido. En el norte se extiende una amplia zona desértica; en el sur, el paisaje da paso a una región de pantanos, lagunas, marismas y cañaverales de aproximadamente 15 000 km². En el extremo sur, el Éufrates y el Tigris se unen y desembocan en el golfo Pérsico. La existencia de una capa freática alta facilita el riego, pero la agricultura solo es viable mediante canales en la mayor parte del sur. Esa misma necesidad de mano de obra para construir y mantener el sistema de riego favoreció el desarrollo de asentamientos urbanos y de poderes políticos centralizados.

La agricultura se complementaba con el pastoreo nómada. Los pastores trashumantes, que vivían en tiendas, llevaban ovejas y cabras —y más tarde camellos— de los pastos del río durante los meses secos hacia tierras de pastoreo estacional en el borde del desierto durante el invierno húmedo. La región carecía en general de piedra de construcción, metales preciosos y madera, por lo que dependía del comercio a larga distancia para proveerse de estos materiales. En las marismas del sur existió desde la prehistoria una cultura pesquera compleja, que se sumó al conjunto cultural de la zona.

La historia mesopotámica está atravesada por crisis recurrentes. El aumento de la población, los períodos de inestabilidad climática, la invasión de tribus montañesas o nómadas y la fragmentación política entre ciudades-Estado provocaban a menudo el colapso del poder central, la interrupción del comercio y el abandono temporal de los sistemas de riego. Esos ciclos han continuado, con formas distintas, hasta épocas modernas en Irak.

4. Historia[editar]

4.1 Prehistoria y Neolítico[editar]

La ocupación de la región durante el Paleolítico es anterior a la aparición de la agricultura. Los inicios de la domesticación de plantas y animales en el interior de Mesopotamia se sitúan entre los milenios VII y V a. C., con la consolidación plena del Neolítico. Durante ese período se extendieron las nuevas técnicas de producción desde las áreas donde primero se habían desarrollado hacia el interior mesopotámico.

Varias culturas arqueológicas dan cuenta de ese proceso. La cultura Hassuna-Samarra, que se desarrolló en el sexto milenio a. C., y la cultura Halaf, fechada entre el sexto y el quinto milenio a. C., son dos de las más conocidas. Posteriormente, la cultura de El Obeid, 5000 a. C.–3700 a. C. según la cronología más extendida, trajo avances en cerámica y regadío, así como la construcción de los primeros templos urbanos. Algunos de los primeros asentamientos conocidos son Bouqras, Umm Dabaghiyah, Yarim, Tell es-Sawwan y Choga Mami, que integraron la llamada cultura Umm Dabaghiyah.[4]

4.2 Período de Uruk y dinástico arcaico[editar]

El período de Uruk, iniciado hacia el cuarto milenio a. C., marcó el asentamiento definitivo de la civilización urbana. En esa etapa se produjeron avances técnicos como la rueda y el cálculo mediante tablillas de barro, que evolucionó hacia las primeras formas de escritura. La cultura de Uruk se difundió por el resto de la Baja Mesopotamia y dio origen a la civilización sumeria.

Tras ese período, en el llamado dinástico arcaico, apareció un conjunto de ciudades-Estado: Uruk, Lagash, Kish, Umma, Ur, Eridu y Ea, entre otras. Cada una tenía un rey absoluto, que se presentaba como «vicario» del dios protector de la ciudad. La aparición de murallas indica que las guerras entre ciudades eran frecuentes. La escritura dejó de ser solo un instrumento administrativo y pasó a usarse en inscripciones dedicatorias y estatuas de los templos.

Las listas reales sumerias, redactadas más tarde, ofrecen una sucesión de reyes para este período, pero su fiabilidad es limitada: muchos reinados tienen fechas imposibles y algunos nombres legendarios fueron incluidos probablemente por motivos dinásticos. Algunos reyes mencionados en ellas son reconocibles históricamente; de otros no se tiene constancia, y a la vez hay gobernantes conocidos por otras fuentes que no figuran en las listas.[5]

4.3 El Imperio acadio[editar]

La prosperidad de las ciudades sumerias atrajo a pueblos nómadas, entre ellos los acadios, un pueblo de lengua semítica. Hacia 2350 a. C., Sargón de Acad, un usurpador de origen acadio, tomó el poder en la ciudad de Kish y fundó una nueva capital, Agadé. Conquistó el resto de las ciudades sumerias y derrotó a Lugalzagesi, rey de Umma, consolidando lo que suele considerarse el primer gran imperio de la historia.

El Imperio acadio no fue estable. Los sucesores de Sargón tuvieron que enfrentarse a constantes revueltas. Entre ellos se destacó Naram-Sin, nieto del conquistador. El período acadio marcó el inicio de la decadencia de la lengua y la cultura sumerias en favor de las acadias. Hacia el 2220 a. C., el imperio se deshizo debido a las revueltas internas y a las invasiones de los nómadas gutis y amorreos.

La dominación guti sobre la región fue descrita negativamente en las crónicas sumerias, que los presentan como una «horda de bárbaros» o «dragones de montaña». Sin embargo, en algunos centros se produjo un florecimiento artístico, como en la ciudad de Lagash durante el gobierno del patesi Gudea. Las obras de Lagash emplearon cedro del Líbano, diorita, oro y cornalina del valle del Indo, lo que sugiere que el comercio de larga distancia no se interrumpió del todo. Las ciudades del sur, más alejadas del poder guti, mantuvieron cierta prosperidad mediante el pago de tributos.

4.4 Renacimiento sumerio y Tercera Dinastía de Ur[editar]

Según una tablilla conmemorativa, fue Utu-hegal, rey de Uruk, quien hacia 2100 a. C. derrotó y expulsó a los gobernantes gutis de las tierras sumerias. Poco después, Ur-Nammu, rey de Ur, tomó la hegemonía de la región y dio inicio a la Tercera Dinastía de Ur, también llamada renacimiento sumerio. El imperio surgido de esa hegemonía fue tan extenso como el de Sargón, o más, y retomó la idea de un imperio unificador. Los monarcas se hacían llamar «reyes de Sumeria y Acad», en imitación de los reyes acadios.

A Ur-Nammu lo sucedió su hijo Shulgi, que combatió contra el reino oriental de Elam y contra las tribus nómadas de los montes Zagros. Luego gobernaron Amar-Sin, Shu-Sin y finalmente Ibbi-Sin. Durante el reinado de este último, los ataques de los amorreos provenientes de Arabia se hicieron especialmente fuertes. En 2003 a. C. cayó el último imperio predominantemente sumerio. A partir de entonces, la cultura acadia fue la dominante, y más tarde Babilonia heredó el papel de los grandes imperios sumerios.

4.5 El Imperio paleobabilónico[editar]

Con la caída de Ur no se repitió una etapa de oscuridad tan profunda como la que siguió al colapso del Imperio acadio. El período estuvo marcado por el ascenso progresivo de dinastías amorritas en casi todas las ciudades de la región. Primero trató de imponerse la ciudad de Isin; luego, hacia 1930 a. C., los reyes de Larsa intentaron dominar la zona, aunque su hegemonía tuvo interrupciones.

En 1792 a. C., Hammurabi llegó al trono de Babilonia, una ciudad hasta entonces relativamente poco importante. Desde allí emprendió una política de expansión. Se liberó de la tutela de Ur, venció al rey de Larsa, Rim-Sin I, y conquistó Isin y Uruk. Con ayuda de Mari derrotó a una coalición de ciudades de la ribera del Tigris y luego tomó la propia Mari. Más tarde anexó Asiria y Ešnunna, al norte de Mesopotamia. Tras esas campañas se proclamó «rey de Sumeria y Acad».

La figura de Hammurabi fue mitificada con el paso de los siglos, no solo por sus conquistas, sino por su actividad constructora, el mantenimiento de los canales y la elaboración de códigos de leyes, entre los que sobresale el célebre Código de Hammurabi. El monarca murió en 1750 a. C. y fue sucedido por su hijo Samsu-iluna. Los problemas con los nómadas casitas se multiplicaron durante el siglo XVII a. C., desgastando al imperio. Finalmente, un ataque del rey hitita Mursili I asestó el golpe definitivo a Babilonia, y la región cayó bajo el poder de los casitas.

4.6 Asiria[editar]

Asiria fue, junto con Babilonia, una de las grandes potencias mesopotámicas. Sus antecedentes se remontan a una ciudad-Estado centrada en Assur, en el norte de la región, vinculada por el comercio con las zonas meridionales y con Anatolia. Con el tiempo, el nuevo reino se expandió hasta el Mediterráneo bajo reinados como el de Shamshi-Adad I.

La etapa imperial asiria alcanzó su máxima extensión entre los siglos IX y VII a. C., durante el llamado Imperio neoasirio. Entre sus monarcas más conocidos figuran Asurnasirpal II, Salmanasar III, Tiglath-Pileser III, Sargón II, Senaquerib y Asurbanipal. Las ciudades más importantes fueron Assur y Nínive. Los asirios crearon un sistema de provincias, cada una bajo un gobernador encargado de recaudar impuestos, convocar soldados y suministrar trabajadores para las obras públicas.

En 612 a. C., una coalición de babilonios y medos tomó e incendió Nínive, la capital imperial. La caída marcó el fin del poder asirio.

4.7 El Imperio neobabilónico[editar]

Babilonia resurgió con los caldeos, otra tribu semita. A finales del siglo VII a. C., Nabopolasar refundó el Estado babilónico. Su hijo y sucesor, Nabucodonosor II, «el Grande», es considerado uno de los reyes más importantes de Babilonia. Sus dominios se extendieron desde Mesopotamia hasta Siria y la costa del Mediterráneo. Bajo su reinado, Babilonia se convirtió en una de las principales ciudades del mundo antiguo y llegó a ser conocida como «la puerta de entrada de los dioses».[6] También se convirtió en uno de los centros de aprendizaje más importantes de la época. Los caldeos dieron nombre a una etapa de esplendor en la astronomía y la astrología.

4.8 Conquista persa y períodos posteriores[editar]

En 539 a. C., el rey persa Ciro II el Grande ocupó Babilonia y estableció su poder en toda Mesopotamia. La región pasó a formar parte del Imperio aqueménida. En 332 a. C., Alejandro Magno la conquistó, y tras su muerte fue disputada por sus sucesores, los diádocos. Los seléucidas resultaron vencedores, aunque hacia 150 a. C. la región quedó en buena parte bajo control del Imperio parto. Desde entonces, Mesopotamia se convirtió en un campo de batalla recurrente entre romanos y partos, con porciones occidentales que pasaron en forma efímera al dominio romano.

En 226 d. C., las regiones orientales cayeron en poder de los persas sasánidas bajo Ardashir I. La división entre el Imperio romano —más tarde bizantino— y el Imperio sasánida se mantuvo hasta la conquista musulmana del siglo VII d. C. Entre los siglos I a. C. y III d. C. existieron además una serie de estados nativos, principalmente de tradición neoasiria y cristiana, como Adiabene, Osroene y Hatra.

5. Lengua y escritura[editar]

La lengua más antigua documentada en Mesopotamia es el sumerio, una lengua aglutinante y aislada. Junto con él, se hablaban en la región lenguas semíticas. El acadio llegó a ser la lengua dominante durante el Imperio acadio y los imperios asirios, aunque el sumerio se mantuvo para fines administrativos, religiosos, literarios y científicos. El acadio reemplazó gradualmente al sumerio como lengua hablada hacia el cambio del tercero al segundo milenio a. C. El momento exacto de esa transición es motivo de debate.[7]

El arameo antiguo se implantó primero como lengua administrativa provincial del Imperio neoasirio y después del Imperio aqueménida. El acadio cayó en desuso, pero tanto él como el sumerio siguieron utilizándose en los templos durante varios siglos. Los últimos textos acadios datan de finales del siglo I d. C.

La escritura cuneiforme —literalmente «en forma de cuña»— fue inventada hacia mediados del cuarto milenio a. C. para la lengua sumeria. El nombre alude a la punta triangular del punzón con que se trazaban los signos sobre arcilla húmeda. Las formas estandarizadas de los signos parecen haber evolucionado a partir de pictogramas. Los primeros textos conocidos, un grupo de tablillas arcaicas, proceden del templo dedicado a la diosa Inanna en Uruk.

El aprendizaje del sistema logográfico temprano exigía años de formación, por lo que solo un número reducido de personas accedía al oficio de escriba. Durante el gobierno de Sargón se difundió el uso de una escritura silábica, lo que permitió que una proporción mayor de la población mesopotámica accediera a la alfabetización. Los archivos de tablillas recuperados en las escuelas de escribas del período paleobabilónico muestran cómo se impartía la instrucción.

6. Cultura y sociedad[editar]

6.1 Religión[editar]

La religión mesopotámica fue una de las primeras de las que se tiene registro escrito. Era politeísta: cada ciudad adoraba a dioses propios, aunque había divinidades comunes en toda la región. Los mesopotámicos concebían el mundo como un disco plano rodeado por un gran mar, y creían que el universo había nacido de esa masa de agua. Entre los dioses principales se contaban Anu, dios del cielo y padre de los dioses; Enlil, dios del aire y de la agricultura; Enki, dios de la sabiduría y del agua dulce; Nannar, dios de la luna; Utu, dios del sol; e Inanna, diosa del amor y de la guerra. En el siglo XVII a. C., Hammurabi impuso a Marduk como dios principal del panteón babilónico.

Los dioses estaban asociados a distintas actividades, lo que produjo un panteón amplio y especializado. Los templos no eran solo centros religiosos, sino también económicos y administrativos. El zigurat, una torre escalonada característica, constituía el elemento más emblemático de la arquitectura religiosa mesopotámica.

6.2 Literatura[editar]

Antes del desarrollo de la literatura, la escritura servía sobre todo para llevar cuentas administrativas. Con el tiempo se la usó para explicar hechos, relatar leyendas o lamentar catástrofes. La literatura sumeria comprende tres grandes géneros: mitos, himnos y lamentaciones. Los mitos perfilan la personalidad de los dioses; los himnos alaban a dioses, reyes, ciudades o templos, y las lamentaciones tratan temas como la destrucción de ciudades o el abandono de los dioses.

Una creación propia de la literatura sumeria fue el poema dialogado, basado en la oposición de conceptos contrarios. Los proverbios también formaron parte importante de los textos sumerios. Una de las obras más célebres de toda la literatura mesopotámica es el Poema de Gilgamesh, en doce tablillas, que ha llegado hasta nosotros traducido del original sumerio. La obra combina episodios épicos en torno a la figura de Gilgamesh, rey de Uruk, y se cuenta entre los textos literarios más antiguos conservados.

6.3 Ciencias y matemáticas[editar]

La ciencia mesopotámica se apoyó en un sistema de numeración sexagesimal, es decir, de base 60. De allí provienen la hora de sesenta minutos, el día de veinticuatro horas y el círculo de trescientos sesenta grados. El calendario sumerio era lunisolar y se basaba en una semana de siete días. Los babilonios escribieron una notable cantidad de tablillas matemáticas: calcularon la circunferencia de un círculo como tres veces el diámetro y el área como una doceava parte del cuadrado de la circunferencia. Una tableta reciente dio a π el valor de 25/8, es decir, 3,125, en lugar de 3,14159.[8]

Las raíces del álgebra se remontan, asimismo, a la antigua Babilonia. Los matemáticos babilonios desarrollaron un sistema aritmético avanzado y algoritmos para resolver ecuaciones. La tablilla YBC 7289, fechada entre 1800 y 1600 a. C., contiene una aproximación de la raíz cuadrada de 2 en cuatro cifras sexagesimales, correcta hasta seis decimales. La tablilla Plimpton 322, creada alrededor de 1900–1600 a. C., presenta una tabla de tripletas pitagóricas y constituye una de las muestras más refinadas de matemática anterior a la griega.

6.4 Astronomía[editar]

Desde la época sumeria, los sacerdotes intentaron asociar los acontecimientos del mundo con las posiciones de los planetas y las estrellas. Esa práctica continuó en la época asiria, cuando se elaboraron listas limmu que asociaban año por año los acontecimientos con posiciones planetarias. Los astrónomos babilonios eran capaces de predecir eclipses y solsticios. Crearon un calendario de doce meses basado en los ciclos de la luna y dividieron el año en dos estaciones: verano e invierno. Los orígenes de la astronomía y de la astrología se remontan a este período.

Entre los siglos VIII y VII a. C., los astrónomos de Babilonia desarrollaron un enfoque nuevo: comenzaron a estudiar la naturaleza ideal del universo y a emplear una lógica interna en sus sistemas predictivos. Se ha considerado que este cambio constituyó una primera revolución científica. En los períodos seléucida y parto, los informes astronómicos eran ya plenamente científicos. El único astrónomo grecobabilónico conocido que sostuvo un modelo heliocéntrico fue Seleuco de Seleucia, nacido hacia 190 a. C. Según Plutarco, Seleuco incluso intentó demostrar el sistema heliocéntrico, y formuló una teoría correcta de las mareas como resultado de la atracción lunar.

La astronomía babilónica sirvió de base para gran parte de la astronomía griega, india clásica, sasánida, bizantina, siria, islámica medieval, de Asia central y de Europa occidental.

6.5 Medicina[editar]

Los textos babilónicos más antiguos sobre medicina se remontan al período paleobabilónico, en la primera mitad del segundo milenio a. C. El texto médico más extenso es el Manual de diagnóstico, escrito por el sabio Esagil-kin-apli, de Borsippa, durante el reinado del rey babilónico Adad-apla-iddina, fechado entre 1069 y 1046 a. C. Junto con la medicina egipcia contemporánea, la medicina babilónica introdujo los conceptos de diagnóstico, pronóstico, examen físico, enemas y recetas.[9]

El Manual de diagnóstico expone métodos de terapia y etiología, y emplea la observación empírica y la lógica en la relación entre síntomas, diagnóstico y pronóstico. Los pacientes eran tratados mediante vendajes, cremas y píldoras. Si no era posible una cura física, los médicos recurrían a menudo al exorcismo, con la idea de limpiar al paciente de una maldición. Esagil-kin-apli describió numerosas variedades de epilepsia y enfermedades relacionadas, junto con su diagnóstico y pronóstico.

6.6 Arte y arquitectura[editar]

El arte mesopotámico se desarrolló al servicio de la sociedad y de la religión, sin tanta separación entre finalidad práctica y estética. En escultura, las representaciones de dioses, soberanos y funcionarios tienden a ser rígidas, geométricas y cerradas. La cabeza y el rostro aparecen desproporcionados respecto del cuerpo, y las figuras se simplifican mediante la ley de la frontalidad y el geometrismo. Los temas recurrentes incluyen toros monumentales, genios protectores y seres fantásticos.

La arquitectura aprovechó los recursos disponibles. Se emplearon dos sistemas constructivos básicos: el abovedado y el adintelado. Los edificios no tenían ventanas, y la iluminación se obtenía por el techo. Las construcciones más representativas eran el templo y el palacio. En el urbanismo de algunas ciudades, como la Babilonia de Nabucodonosor, se aprecia una planificación regular. Entre las obras de ingeniería destaca la extensa red de canales que unía los ríos Tigris y Éufrates.

6.7 Tecnología[editar]

El desarrollo tecnológico de Mesopotamia estuvo ligado al dominio del fuego y de los hornos. Ello permitió obtener yeso, a partir de unos 300 °C, y cal, a partir de unos 800 °C. Con estos materiales se podían recubrir recipientes de madera, una técnica precursora de la cerámica. La cerámica propiamente dicha alcanzó un desarrollo pleno hacia el cuarto milenio a. C., con hornos en los que el fuego y la cámara de cocción estaban bien diferenciados. En el tercer milenio a. C. se producían ya perlas de vidrio, y en el segundo milenio a. C. se logró fabricar objetos de vidrio.

En metalurgia, el uso de pequeños objetos metálicos se remonta al sexto milenio a. C., pero solo se generalizó con la aparición de hornos más potentes. El bronce se obtuvo por aleación de cobre con estaño o con arsénico. La metalurgia del hierro se popularizó entre 1200 y 1000 a. C., cuando dejó de ser un material escaso. Se ha propuesto que el tornillo de Arquímedes pudo ser usado por Senaquerib en los sistemas de agua de Babilonia y Nínive en el siglo VII a. C., aunque la opinión académica mayoritaria lo considera un invento griego posterior. En los períodos parto o sasánida se creó en Mesopotamia la llamada «batería de Bagdad», uno de los posibles antecesores de la batería eléctrica.

6.8 Vida cotidiana y economía[editar]

La economía mesopotámica se basó en la agricultura de regadío y en la división de la tierra. Una parte era estatal o pública —propiedad del templo y del palacio— y estaba destinada al sustento del propio templo, de los escribas, sacerdotes y administradores. Otra parte era comunal y privada, administrada por unidades familiares a cambio de tributo. Los templos funcionaron además como bancos, y en ellos se desarrolló el primer sistema de préstamos y crédito a gran escala. La agricultura se complementó con el comercio de larga distancia, que conectaba Mesopotamia con Egipto, el valle del Indo y otras regiones.

La sociedad fue volviéndose cada vez más patriarcal. En los períodos más antiguos pudo existir un consejo de ancianos con representación más equilibrada de hombres y mujeres, pero con el tiempo el estatus de las mujeres disminuyó. Aun así, las mujeres mesopotámicas poseían ciertos derechos: podían tener propiedades y, con causa justificada, solicitar el divorcio. Solo los hijos de la élite —príncipes, escribas, médicos o administradores— asistían a la escuela; la mayoría de los niños aprendía el oficio paterno, y las niñas permanecían en casa para aprender las tareas domésticas.

Los entierros ofrecen información sobre la vida familiar. En Ur se sepultaba a los difuntos en tumbas familiares bajo las casas, junto con algunas posesiones. A los niños se los colocaba en grandes vasijas dentro de la capilla familiar. Se han hallado también cementerios comunes y tumbas reales con objetos de gran valor.

7. Arqueología e historia moderna[editar]

Los primeros sondeos en Mesopotamia fueron realizados en 1786 por Joseph de Beauchamps, vicario general de Bagdad. Sin embargo, la primera excavación arqueológica propiamente dicha se produjo en 1842, promovida por el cónsul francés en Mosul, Paul Émile Botta. La excavación, centrada en el área de tell Kujunjik, cerca de Nínive, dio inicialmente resultados poco interesantes. Tras un traslado sugerido por un aldeano, aparecieron bajorrelieves asirios que constituyeron el primer hallazgo arqueológico de las civilizaciones mesopotámicas, de las que hasta entonces solo se sabía por las menciones bíblicas.

A partir de ese momento, la exploración estuvo marcada por la rivalidad entre ingleses y franceses. Austen Henry Layard descubrió la biblioteca de Asurbanipal, un archivo de importancia extraordinaria para el conocimiento de la literatura y la ciencia mesopotámicas. Los franceses descubrieron el palacio de Sargón II en Khorsabad, aunque parte de los hallazgos se perdió al hundirse en el Tigris una embarcación con 235 cajas de material arqueológico.

En el sur, durante la década de 1850, se identificaron las ciudades de Uruk, Susa, Ur y Larsa. Las evidencias de la civilización sumeria no aparecieron con claridad hasta 1875. Durante los primeros años del siglo XX se recuperó un gran número de restos, incluidas muchas estatuas de Gudea. En esa etapa también comenzaron a progresar las excavaciones alemanas y estadounidenses.

La abundancia de tablillas de arcilla cocida o cruda es una de las características principales de los yacimientos mesopotámicos. Ese material resistió bien el paso del tiempo y permitió conservar algunos de los primeros documentos de la historia de la humanidad. La destrucción o dispersión de colecciones, producto de guerras recientes y del tráfico ilícito, ha sido una preocupación para la arqueología y el patrimonio de la región.[10]

8. Legado[editar]

El legado mesopotámico abarca múltiples campos. La escritura cuneiforme y los sistemas de numeración sexagesimal son herencias directas que todavía perviven en la medición del tiempo y de los ángulos. Los códigos legales, entre ellos el de Hammurabi, se consideran precedentes fundamentales del derecho escrito. La literatura mesopotámica, con el Poema de Gilgamesh como obra mayor, influyó en las tradiciones religiosas posteriores, especialmente en la Biblia hebrea. El Génesis contiene episodios que remiten a esa zona geográfica y cultural, como los del diluvio universal o la torre de Babel.

La religión y la mitología mesopotámicas dejaron huellas en las religiones abrahámicas, en especial por medio de la literatura y de las tradiciones de origen babilónico. Asimismo, se ha discutido si los orígenes de la filosofía pueden rastrearse en la llamada sabiduría mesopotámica temprana. Antonio Buccellati y otros autores han señalado que conceptos éticos y formas dialécticas presentes en textos babilónicos prefiguran rasgos de la filosofía griega posterior. Textos como el Diálogo del pesimismo muestran similitudes con el pensamiento de los sofistas, la dialéctica heraclítea y los diálogos platónicos. El filósofo jonico Tales de Mileto habría estado influido por ideas cosmológicas babilónicas.

En la actualidad, la región histórica de Mesopotamia se extiende por varios estados. Irak la ocupa en su mayor parte; también participan de ella porciones de Siria, Turquía, Irán y Kuwait. Los asirios modernos son considerados, en parte, descendientes directos de los pueblos nativos mesopotámicos, aunque su historia contemporánea ha estado marcada por desplazamientos y diásporas.[11]

9. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

Mesopotamia tiene una presencia consolidada en la educación y la divulgación histórica del mundo hispanohablante. En los programas escolares de América Latina suele estudiarse como una de las primeras civilizaciones, al lado de Egipto, China y el valle del Indo. Los manuales han popularizado términos como «cuneiforme», «zigurat», «Código de Hammurabi» y «babilonios», con frecuencia dentro de la unidad dedicada a la Edad Antigua.

En el ámbito académico hispanoamericano, Mesopotamia es objeto de cursos de historia antigua, arqueología e historia del arte en universidades de la región. Las colecciones de museos europeos —en particular el Museo Británico y el Louvre— han conservado buena parte de los materiales arqueológicos provenientes de las excavaciones en la zona, lo que ha condicionado el acceso de los investigadores latinoamericanos a las fuentes primarias. Como resultado, buena parte del conocimiento disponible en español ha estado mediada por traducciones del inglés, el francés y el alemán.[12]

La cultura popular hispanohablante también ha asimilado referencias mesopotámicas. En videojuegos, novelas históricas, documentales y cómics aparecen con frecuencia Babilonia, Nínive, los jardines colgantes o la figura de Gilgamesh. En la tradición bíblica difundida en América Latina, la torre de Babel y el diluvio mantienen una asociación directa con la antigua Mesopotamia. No se conoce un vínculo histórico permanente y reconocible entre las civilizaciones mesopotámicas y los pueblos americanos precolombinos, por lo que su presencia en la región es, sobre todo, de carácter educativo, literario y religioso.[13]

10. Véase también[editar]

Aunque en este momento la plataforma no dispone de artículos desarrollados para todos los enlaces internos, los siguientes términos suelen aparecer como puertas de entrada al estudio de la región:

  • Imperio acadio
  • Sumeria
  • Babilonia
  • Asiria
  • Código de Hammurabi
  • Escritura cuneiforme
  • Poema de Gilgamesh
[ Desplegar / Plegar ]

Cronología breve de Mesopotamia

Período Fechas aproximadas
Neolítico precerámico 10000–6800 a. C.
Hassuna, Samarra, Halaf 6500–5300 a. C.
El Obeid 6500–4000 a. C.
Uruk 4000–3100 a. C.
Jemdet Nasr 3100–2900 a. C.
Dinástico arcaico 2900–2350 a. C.
Imperio acadio 2350–2100 a. C.
Tercera Dinastía de Ur 2112–2004 a. C.
Isin-Larsa siglos XIX–XVIII a. C.
Imperio paleobabilónico siglos XVIII–XVII a. C.
Período casita 1595–1155 a. C.
Imperio medio asirio 1365–1076 a. C.
Imperio neoasirio 911–612 a. C.
Imperio neobabilónico 626–539 a. C.
Dominio persa aqueménida 539–331 a. C.
Período seléucida siglos IV–III a. C.
Período parto 141 a. C.–226 d. C.
Período sasánida 226 d. C.–siglo VII d. C.
Conquista musulmana mediados del siglo VII d. C.

  1. La extensión varía según la definición que se adopte. En sentido estricto, se refiere a la franja entre el Tigris y el Éufrates; en sentido amplio, incluye las tierras fértiles contiguas y las estepas vecinas. ↩︎

  2. El término arameo biritum / birit narim correspondía a un concepto geográfico semejante. ↩︎

  3. Algunos investigadores han argumentado que términos como «Oriente Próximo» o «Media Luna Fértil» también son categorías acuñadas dentro de tradiciones intelectuales europeas, no denominaciones nativas. ↩︎

  4. Las fechas de las culturas prehistóricas pueden variar según el autor y el yacimiento; los rangos utilizados aquí siguen las periodizaciones más comunes. ↩︎

  5. Las listas reales sumerias deben leerse como documentos ideológicos, no como registros estrictamente históricos. ↩︎

  6. La expresión «puerta de los dioses» es una etimología tradicional del nombre Babilonia, discutida entre los especialistas. ↩︎

  7. La transición del sumerio al acadio como lengua hablada no se produjo de forma uniforme en toda la región, lo que explica la variedad de dataciones propuestas. ↩︎

  8. Las aproximaciones varían según la tablilla; el valor 25/8 corresponde a un documento concreto y no implica que todos los matemáticos babilonios usaran el mismo valor. ↩︎

  9. El enema y otras prácticas médicas deben entenderse en su contexto antiguo, y no como equivalentes directos de procedimientos biomédicos modernos. ↩︎

  10. Tras la guerra de Irak de 2003, el Museo Nacional de Irak y numerosos sitios arqueológicos sufrieron saqueos y daños, aunque la cuantificación exacta de las pérdidas ha sido objeto de controversia. ↩︎

  11. La relación entre los asirios modernos y los antiguos mesopotámicos implica una continuidad cultural y lingüística compleja, mediada por siglos de cristianización, dominio islámico y migraciones. ↩︎

  12. La dependencia de traducciones ha generado cierta variabilidad en la terminología española; por ejemplo, los nombres de reyes y ciudades a veces presentan variantes según la fuente utilizada. ↩︎

  13. No existen pruebas arqueológicas de contacto directo entre Mesopotamia y las sociedades precolombinas de América en la Antigüedad. Las semejanzas que a veces se invocan son superposiciones acríticas o malentendidos de los datos. ↩︎