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Miguel de Unamuno

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Miguel de Unamuno
Nombre completoMiguel de Unamuno y Jugo
Nacimiento29 de septiembre de 1864
Bilbao, España
Fallecimiento31 de diciembre de 1936 (72 años)
Salamanca, España
Lugar de descansoCementerio de San Carlos Borromeo, Salamanca
NacionalidadEspañola
OcupaciónEscritor, filósofo, profesor y rector
Alma materUniversidad Central de Madrid
GéneroEnsayo, novela, poesía, teatro, periodismo
MovimientoGeneración del 98
Obras notablesNiebla (1914)
Del sentimiento trágico de la vida (1912)
San Manuel Bueno, mártir (1930)
CónyugeConcha Lizárraga (1891-1934)
HijosFernando, Pablo, Raimundo, Salomé, Felisa, José, María, Rafael y Ramón
CargosRector de la Universidad de Salamanca (1900-1914 y 1931-1936)
Diputado en Cortes (1931-1933)
Concejal de Salamanca (1931-1936)

1. Resumen[editar]

Miguel de Unamuno y Jugo (Bilbao, 29 de septiembre de 1864-Salamanca, 31 de diciembre de 1936) fue un escritor y filósofo español, considerado una de las figuras centrales de la llamada generación del 98 y, en buena medida, su maestro y referente intelectual. Cultivó el ensayo, la novela, la poesía, el teatro y el periodismo, y se distinguió por convertir la crisis espiritual de la España de su tiempo en materia literaria y filosófica.

Fue catedrático de Griego en la Universidad de Salamanca y rector de ella en dos periodos: de 1900 a 1914 y de 1931 a 1936. Su oposición a la dictadura de Miguel Primo de Rivera lo llevó al destierro en Fuerteventura y, más tarde, al exilio voluntario en Francia. Proclamó la Segunda República en Salamanca en 1931 y fue diputado en las Cortes constituyentes. Aunque inicialmente apoyó la sublevación militar de 1936, terminó enfrentándose públicamente a los sublevados y se convirtió en un símbolo de la conciencia crítica frente a la Guerra Civil. Murió en Salamanca durante el conflicto, bajo vigilancia en su propio domicilio.

Su pensamiento, centrado en el conflicto entre fe y razón, la angustia ante la muerte y el deseo de inmortalidad, quedó formulado en obras como Del sentimiento trágico de la vida (1912) y La agonía del cristianismo (1931). Como narrador, renovó la novela española con Niebla (1914), a la que llamó “nivola”, y dejó en San Manuel Bueno, mártir (1930) una de las síntesis más depuradas de sus preocupaciones religiosas y existenciales.

2. Primeros años y formación[editar]

2.1. Familia e infancia en Bilbao[editar]

Unamuno nació en el número 16 de la calle Ronda de Bilbao, en el barrio de las Siete Calles. Fue el tercer hijo y primer varón del matrimonio formado por Félix María de Unamuno Larraza, comerciante, y su sobrina carnal, María Salomé Crispina Jugo Unamuno, diecisiete años menor que él. Antes que Miguel habían nacido María Felisa, en 1861, y María Jesús, fallecida en 1863. Después nacieron Félix Gabriel José, Susana Presentación Felisa y María Mercedes Higinia.

El padre había emigrado joven a la ciudad mexicana de Tepic y, a su regreso, en 1859, utilizó el capital acumulado para montar un horno panadero en el barrio de Achuri. En 1866 pidió permiso para abrir un despacho de pan en los porches de la plaza Vieja de Bilbao. Tras la Revolución de 1868, fue elegido concejal del Ayuntamiento de Bilbao por el distrito de San Juan, y juró su cargo el 1 de enero de 1869. Murió el 14 de julio de 1870 en el balneario de Urberuaga, en Marquina, a causa de una tuberculosis pulmonar. Unamuno no había cumplido todavía seis años.

Aprendió las primeras letras con el maestro don Higinio en el colegio privado de San Nicolás, situado en una buhardilla de la calle del Correo. Durante la catequesis preparatoria para la primera comunión, en la iglesia de San Juan, conoció a Concepción Lizárraga, Concha, con quien se casaría años después.

Entre 1873 y 1874, siendo niño, presenció el asedio de Bilbao durante la tercera guerra carlista. La ciudad quedó sitiada por las tropas carlistas desde el 28 de diciembre de 1873 y sufrió bombardeos a partir de febrero de 1874. El sitio terminó el 2 de mayo de 1874 con la entrada de las tropas liberales. Esa experiencia de guerra marcó su tránsito de la infancia a la adolescencia y quedaría reflejada en su primera novela, Paz en la guerra.

Desde niño fue también un gran aficionado a la papiroflexia, una afición que mantuvo durante toda su vida. Llegó a acuñar el término “cocotología” para referirse al arte del plegado de papel y publicó, dentro de Amor y pedagogía, unos “Apuntes para un tratado de cocotología”.

2.2. Bachillerato, dibujo y estudios universitarios[editar]

El 11 de septiembre de 1875 Unamuno realizó el examen de ingreso en el Instituto Vizcaíno para cursar el Bachillerato y obtuvo la calificación de “Aprobado”. Debido a que el edificio del instituto había sido convertido en hospital militar durante la guerra, el examen de ingreso y el primer curso tuvieron que realizarse en el antiguo colegio de la calle del Correo. Los restantes cursos los hizo ya en el instituto. Aunque le disgustaba el aprendizaje memorístico y se aburría en clases de Latín, Historia, Geografía y Retórica, no tuvo problemas con las asignaturas de Aritmética, Física, Geometría o Trigonometría, y disfrutó especialmente con el Álgebra. También le atrajo la Filosofía, impartida entonces como asignatura de cuarto curso con el nombre de “Fundamentos de Psicología, Lógica y Ética”.

Su curiosidad filosófica comenzó en la biblioteca paterna, donde leyó obras de Jaime Balmes y de Donoso Cortés. Fue también buen dibujante y estudió en el taller bilbaíno de Antonio Lecuona, aunque, según confesó, la falta de dominio del color lo apartó de una carrera artística.

En septiembre de 1880 se trasladó a la Universidad Central de Madrid para estudiar Filosofía y Letras. El 21 de junio de 1883 finalizó sus estudios y obtuvo el grado de licenciado con sobresaliente. Un año después, el 20 de junio de 1884, se doctoró con la tesis Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca, en la que anticipó una idea contraria a la del nacionalismo vasco naciente: para Unamuno no existía una raza vasca aislada de las demás. En 1884 comenzó a trabajar como profesor de Latín y Psicología en un colegio.

En 1888 opositó en Madrid a la cátedra de Psicología, Lógica y Ética vacante en el Instituto de Bilbao. Ese mismo año se convocó también una plaza de profesor interino de lengua vascongada, a la que se presentaron Unamuno, Pedro Alberdi, Eustaquio Madina, Sabino Arana y Resurrección María de Azkue; la plaza se adjudicó a Azkue. Unamuno polemizó con Arana, que empezaba su actividad nacionalista, porque consideraba el euskera una lengua próxima a desaparecer y creía que el bilingüismo, al menos en aquel contexto, era un estado transitorio.

El 31 de enero de 1891 se casó en Guernica con Concepción Lizárraga. En junio de ese mismo año aprobó las oposiciones a la cátedra de Griego de la Universidad de Salamanca, y el 1 de octubre se trasladó definitivamente a Salamanca. Con motivo de esas oposiciones entabló amistad con Ángel Ganivet, amistad que se interrumpió con el suicidio de este en 1898. Entre octubre de 1892 y abril de 1893 estudió el Cantar de Mio Cid para optar a un premio de la Real Academia de la Lengua; quedó finalista, y el premio recayó en Ramón Menéndez Pidal.

En 1894 ingresó en la Agrupación Socialista de Bilbao y colaboró en el semanario La Lucha de Clases. En 1895 publicó su primera colección de ensayos, En torno al casticismo, y en 1896 terminó su primera novela, Nuevo mundo, poco leída. La ejecución del escritor filipino José Rizal en 1896, instigada por órdenes religiosas establecidas en el archipiélago, lo conmovió profundamente. En 1897 abandonó el Partido Socialista en medio de una crisis religiosa y existencial. Ese mismo año publicó su única novela histórica, Paz en la guerra, sobre la tercera carlistada y el asedio de Bilbao.

3. Trayectoria académica y política[editar]

3.1. Cátedra y primer rectorado (1891-1914)[editar]

Instalado en Salamanca, Unamuno participó activamente en la vida cultural de la ciudad y fue habitual de la terraza del Café Novelty, junto a la Plaza Mayor, costumbre que mantuvo hasta 1936. En 1900 fue nombrado rector de la Universidad de Salamanca por primera vez, con treinta y seis años. Ejerció el cargo hasta 1914.[1] Creó una cátedra de Filología comparada y publicó Tres ensayos: Adentro, La ideocracia, La fe (1900).

Durante sus primeros años como rector publicó la novela Amor y pedagogía (1902), una crítica al positivismo educativo, y con motivo del tricentenario de la publicación del Quijote dio a conocer su ensayo Vida de don Quijote y Sancho (1905). Por esta época recibió la Gran Cruz de Alfonso XII. En 1909, durante la guerra de Melilla y después del Desastre del Barranco del Lobo, escribió su poema “Salutación a los rifeños”, en el que se puso del lado de los rifeños frente a las ambiciones mineras de Occidente.

En 1912 publicó Del sentimiento trágico de la vida, una de sus obras filosóficas mayores, y en 1913 viajó por Las Hurdes con Maurice Legendre y Jacques Chevalier en busca de la España rural y empobrecida. En 1914 publicó su novela más célebre, Niebla, llamada por él “nivola”. En agosto de ese año, el ministro de Instrucción Pública lo destituyó del rectorado por razones políticas, aunque el pretexto oficial fue una convalidación irregular del título de bachiller a un colombiano.

3.2. Dictadura de Primo de Rivera y exilio (1923-1930)[editar]

En los años siguientes Unamuno mantuvo una intensa actividad literaria y política. En 1917 publicó la novela Abel Sánchez, una exploración de la envidia y el cainismo, y en 1920 publicó el poema religioso El Cristo de Velázquez. Ese mismo año fue elegido decano de la Facultad de Filosofía y Letras y condenado a dieciséis años de prisión por injurias al rey Alfonso XIII, sentencia que no llegó a cumplirse. En 1921 fue nombrado vicerrector de la Universidad de Salamanca.

Con el golpe de Estado de 1923, Unamuno se volvió uno de los opositores más visibles del dictador Miguel Primo de Rivera. Sus constantes ataques al rey y al dictador provocaron que en febrero de 1924 fuera desterrado a Fuerteventura. El 9 de julio de 1924 fue indultado, pero decidió exiliarse voluntariamente a Francia. Vivió primero en París, donde fue bien recibido por hispanistas y escritores, y luego se instaló en Hendaya, en el País Vasco francés, lo más cerca posible de España sin abandonar Francia. De esa etapa proceden títulos como De Fuerteventura a París (1925) y Romancero del destierro (1928).

Regresó a España en 1930, tras la caída de Primo de Rivera. La tradición salmantina cuenta que, al reincorporarse a la universidad, comenzó su lección con la expresión “Decíamos ayer...”, evocando a fray Luis de León después de su encarcelamiento por la Inquisición.

3.3. Segunda República (1931-1936)[editar]

Unamuno se presentó como candidato a concejal por la Conjunción Republicano-Socialista en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 y resultó elegido. El 14 de abril proclamó la Segunda República desde el balcón del Ayuntamiento de Salamanca. La República lo restituyó en el cargo de rector. Fue elegido diputado a las Cortes constituyentes por Salamanca y ejerció como independiente entre el 12 de julio de 1931 y el 9 de octubre de 1933.

Sin embargo, pronto empezó a desencantarse de la República. Criticó la política religiosa del Gobierno, la reforma agraria y al propio Manuel Azaña. En 1933 decidió no presentarse a la reelección. En 1934 se jubiló de la actividad docente, fue nombrado rector vitalicio, a título honorífico, de la Universidad de Salamanca, y la institución creó una cátedra con su nombre. Ese mismo año se le designó miembro correspondiente de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela, aunque no aceptó la distinción, gobernado el país por la dictadura de Juan Vicente Gómez. En 1935 fue nombrado ciudadano de honor de la República.

3.4. Guerra Civil y últimos días[editar]

Al estallar la Guerra Civil en julio de 1936, Unamuno apoyó inicialmente a los sublevados, a quienes veía como regeneracionistas autoritarios capaces de poner orden. Aceptó el acta de concejal que le ofreció el nuevo alcalde salmantino y, durante el verano de 1936, hizo un llamamiento a los intelectuales europeos para que apoyasen a los sublevados. El Gobierno republicano lo destituyó como rector, pero el gobierno de Burgos lo repuso.

Pronto se desengañó. Le horrorizó la represión en Salamanca: amigos suyos, como el alcalde republicano Casto Prieto Carrasco y el diputado socialista José Andrés y Manso, fueron asesinados, y otros quedaron encarcelados o amenazados. A principios de octubre visitó a Franco para pedir, inútilmente, clemencia por sus amigos presos. El 22 de octubre fue destituido como rector por orden de Franco.

El 12 de octubre de 1936, durante la apertura del curso académico en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, Unamuno protagonizó un célebre enfrentamiento con el general José Millán-Astray. Tras una exaltación de la muerte y una soflama contra la inteligencia, Unamuno replicó que se hallaba en el templo de la inteligencia y pronunció, según la versión más difundida, su frase más famosa: “Venceréis, pero no convenceréis”.[2]

Después del incidente, Franco ordenó que se le retirara también el título de rector vitalicio. Unamuno pasó sus últimos meses confinado en su casa, bajo vigilancia, dedicado a escribir las notas de El resentimiento trágico de la vida. Murió el 31 de diciembre de 1936.[3]

4. Pensamiento y estilo literario[editar]

4.1. Del casticismo a la intrahistoria[editar]

El pensamiento de Unamuno no fue sistemático. Él lo entendió más bien como una negación de cualquier sistema cerrado y como una afirmación de la fe “en sí misma”. De joven se formó en el racionalismo y el positivismo, y durante algunos años simpatizó con el socialismo, pero a finales del siglo XIX sufrió una crisis religiosa que lo apartó de esa perspectiva.

En En torno al casticismo (1895) formuló uno de sus conceptos más conocidos, el de la intrahistoria: la historia de los pequeños hechos y de las personas anónimas, frente a la historia oficial de guerras y pactos políticos. Para algunos estudiosos, más que un concepto filosófico preciso, la intrahistoria es una metáfora ambigua que Unamuno abandonó relativamente pronto.[4] Lo que se mantuvo como eje de su pensamiento fue la pregunta por la vida concreta, por la persona de carne y hueso, y por su destino tras la muerte.

4.2. El sentimiento trágico de la vida[editar]

La obra filosófica más influyente de Unamuno es Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos (1912). En ella sostiene que la vida es trágica porque el ser humano sabe que ha de morir y, sin embargo, no puede renunciar al deseo de inmortalidad. Ese conflicto entre la razón, que afirma la finitud, y la fe, que aspira a la eternidad, constituye el “sentimiento trágico de la vida”. Resumió su credo personal en una fórmula recogida en su ensayo “Mi religión” (1907): “Mi religión es buscar la verdad en la vida y la vida en la verdad, aun a sabiendas de que no he de encontrarlas mientras viva.”

Unamuno leyó con admiración a Søren Kierkegaard, a quien llamó su filósofo predilecto, y aprendió danés para comprenderlo mejor. También recibió la influencia de Schopenhauer, Spinoza, Kant, Hegel y Spencer. Su cristianismo, más existencial que dogmático, quedó expuesto en La agonía del cristianismo (1931) y en la novela San Manuel Bueno, mártir (1930), centrada en un sacerdote que ha perdido la fe en la inmortalidad pero la conserva en público para no perturbar a sus feligreses.

4.3. La nivola y la renovación narrativa[editar]

Unamuno defendió la disolución de las fronteras entre los géneros. En Niebla (1914) ensayó un tipo de novela sin apenas trama externa, dominada por el conflicto interior del protagonista, Augusto Pérez, y por el problema de la identidad y la pervivencia. Para distinguirla de la novela convencional, la llamó “nivola”. La obra anticipa recursos metaficcionales: el propio Augusto llega a hablar con el autor y discutir sobre su existencia literaria.

Sus novelas suelen considerarse “novelas de ideas” o novelas existenciales. Abel Sánchez (1917) reinterpreta el relato de Caín y Abel para analizar la envidia como supuesta pasión española; La tía Tula (1921) aborda la maternidad y la vida doméstica; San Manuel Bueno, mártir condensa en muy pocas páginas casi todo su pensamiento.

Dejó también una importante obra poética. Para Unamuno, la poesía era una forma de expresar los problemas del espíritu: la angustia, el silencio de Dios, el tiempo y la muerte. Aunque sus primeros poemas no rimaban, con el tiempo volvió a la rima y a las formas métricas tradicionales. Su obra El Cristo de Velázquez (1920), dividida en cuatro partes, analiza la figura de Cristo desde distintas perspectivas a partir de la pintura de Diego Velázquez.

4.4. Teatro[editar]

El teatro de Unamuno es sobrio y esquemático. Eliminó la artificiosidad escénica y concentró la atención en los conflictos y pasiones de los personajes, con una austeridad influida por la tragedia griega clásica. En obras como La esfinge (compuesta en 1897 y estrenada en 1909) o Fedra (estrenada en el Ateneo en 1918) planteó temas como la espiritualidad individual, la fe como “mentira vital” y el problema de la doble personalidad. Su dramaturgia abrió camino, según la crítica, para la renovación del teatro español emprendida por Ramón del Valle-Inclán, Azorín y Federico García Lorca.

5. Obra[editar]

La producción de Unamuno abarca casi medio siglo y cruza todos los géneros. A continuación se recogen sus títulos principales, ordenados por género y por año de publicación.

[ Desplegar / Plegar: narrativa ]
  • Nuevo mundo (1896)
  • Paz en la guerra (1897)
  • Amor y pedagogía (1902)
  • El espejo de la muerte (1913), colección de relatos
  • Niebla (1914)
  • Abel Sánchez (1917)
  • Tulio Montalbán (1920)
  • Tres novelas ejemplares y un prólogo (1920)
  • La tía Tula (1921)
  • Teresa (1924)
  • Cómo se hace una novela (1927)
  • Don Sandalio, jugador de ajedrez (1930)
  • San Manuel Bueno, mártir (1930)
[ Desplegar / Plegar: ensayo y filosofía ]
  • En torno al casticismo (1895)
  • Tres ensayos: Adentro, La ideocracia, La fe (1900)
  • Vida de don Quijote y Sancho (1905)
  • “Mi religión” (1907)
  • Del sentimiento trágico de la vida (1912)
  • La agonía del cristianismo (1931)
  • El resentimiento trágico de la vida. Notas sobre la revolución y guerra civil españolas (póstumo, 2019)
[ Desplegar / Plegar: poesía ]
  • Poesías (1907)
  • Rosario de sonetos líricos (1911)
  • El Cristo de Velázquez (1920)
  • Andanzas y visiones españolas (1922)
  • Rimas de dentro (1923)
  • Rimas de un poeta desconocido (1924)
  • De Fuerteventura a París (1925)
  • Romancero del destierro (1928)
  • Cancionero (1953, póstumo)
[ Desplegar / Plegar: teatro ]
  • La esfinge (compuesta en 1897, estrenada en 1909)
  • La verdad (1899)
  • Fedra (estrenada en 1918)
  • El hermano Juan o El mundo es teatro (1934)

Además de estas obras, publicó una extensísima obra periodística, reunida en parte en títulos como Andanzas y visiones españolas (1922), y sostuvo a lo largo de su vida una muy amplia correspondencia con intelectuales europeos y americanos.

6. Reconocimientos y legado[editar]

Unamuno recibió en vida la Gran Cruz de Alfonso XII (1905) y fue nombrado rector vitalicio honorario de la Universidad de Salamanca (1934), después de su jubilación docente. En 1935 fue reconocido como ciudadano de honor de la República. Su figura, sin embargo, trascendió pronto los premios y honores: su enfrentamiento con Millán-Astray y su frase “Venceréis, pero no convenceréis” se convirtieron en uno de los símbolos morales de la resistencia intelectual frente a la violencia de la guerra.

Salamanca conserva una escultura suya, realizada por Pablo Serrano e instalada en 1968. En Bilbao, su ciudad natal, el busto realizado por Victorio Macho fue retirado en 1936, arrojado a la ría durante la posguerra, recuperado más tarde e instalado en la Plaza Unamuno en 1984; en 1999 volvió a ser arrojado al agua y fue sustituido por una copia en 2000. Su casa de Fuerteventura es hoy un museo, Casa Museo Miguel de Unamuno[sin verificar], y su vivienda de Salamanca también ha sido conservada como casa museo.

El legado de Unamuno es sobre todo intelectual. Su obra influyó en la renovación de la novela y del ensayo español del siglo XX y en la difusión del existencialismo cristiano y del pensamiento trágico en el ámbito hispánico. Títulos como Del sentimiento trágico de la vida, La agonía del cristianismo y San Manuel Bueno, mártir fueron incluidos en el Índice de libros prohibidos de la Iglesia católica, lo que contribuyó a reforzar su prestigio como pensador incómodo.

La memoria de Unamuno también ha estado marcada por la discusión historiográfica. En 2018, el historiador Severiano Delgado, bibliotecario de la Universidad de Salamanca, sostuvo que el famoso discurso del 12 de octubre de 1936 pudo ser reconstruido literariamente por Luis Gabriel Portillo en un artículo de 1941 y que la versión canónica no corresponde necesariamente a lo ocurrido en el paraninfo. Según Delgado, el episodio fue convertido en una especie de drama litúrgico entre el mal, representado por Millán-Astray, y el bien, representado por Unamuno.[2:1] No se discute que hubo un violento enfrentamiento verbal, ni que Unamuno fue apartado del rectorado a raíz de él, pero la literalidad de las frases más célebres sigue siendo materia de debate.

7. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

La relación de Unamuno con América Latina fue temprana y sostenida. Desde 1895 y hasta su muerte mantuvo correspondencia con numerosos intelectuales, políticos, artistas y escritores americanos. Entre los corresponsales documentados figuran Rubén Darío, Rufino Blanco Fombona, Rómulo Betancourt, José Rafael Pocaterra, Pedro Emilio Coll y el mexicano Alfonso Reyes.[5]

En París, durante su exilio, conoció a Alfonso Reyes, a quien el hispanista Jean Cassou le presentó. Reyes fue uno de los interlocutores americanos más cercanos a Unamuno en aquellos años. La impronta de Unamuno en el ensayo y la poesía hispanoamericanos fue notable, sobre todo en la primera mitad del siglo XX, y su obra circuló tempranamente en México, Argentina, Uruguay, Chile, Venezuela y Cuba.

En 1934 se le designó miembro correspondiente de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela, por nominación de Pedro Emilio Coll. Aunque el diploma llegó a sus manos, Unamuno no aceptó la distinción por estar Venezuela gobernada por el dictador Juan Vicente Gómez. El episodio muestra tanto su prestigio en el continente como su coherencia política.

En el cine y la divulgación, su figura ha llegado al público hispanohablante a través de documentales y películas. El documental La isla del viento (2015), dirigido por Manuel Menchón, recrea su destierro en Fuerteventura, con José Luis Gómez en el papel de Unamuno. La película Mientras dure la guerra[sin verificar] (2019) retrata sus últimos meses, entre julio de 1936 y su muerte, con Karra Elejalde como protagonista. El documental Palabras para un fin del mundo[sin verificar], también de Manuel Menchón, cuestiona el relato oficial sobre su muerte.

La figura de Unamuno ha aparecido en diversas obras de ficción y de divulgación. En la novela El año de la muerte de Ricardo Reis (1984), del portugués José Saramago, se evoca el célebre incidente de Salamanca desde una perspectiva portuguesa. En la serie estadounidense Star Trek: Picard, el piloto Chris Rios tiene un ejemplar de Del sentimiento trágico de la vida en el tablero de su nave.

En 2021, el pianista y compositor estadounidense Dave Meder publicó un álbum de jazz titulado Unamuno Songs and Stories[sin verificar], inspirado en la vida y la obra del escritor.

Su legado sigue también presente en el nombre de plazas, calles, cátedras y centros educativos en España y en varios países hispanoamericanos. La Casa Museo de Salamanca y la de Fuerteventura recuerdan su doble vínculo con la España académica y con el exilio, y su obra continúa editándose y traduciéndose a las principales lenguas.

9. Notas[editar]


  1. Las fuentes académicas y la Wikipedia en español sitúan el primer rectorado de Unamuno entre 1900 y 1914. La versión inglesa de Wikipedia lo extiende hasta 1924, pero en 1914 fue destituido por el ministro de Instrucción Pública y en 1924, ya bajo Primo de Rivera, fue desterrado. Por ello se prefiere aquí la cronología 1900-1914. ↩︎

  2. La versión más difundida del discurso fue publicada en 1941 por Luis Gabriel Portillo en la revista británica Horizon, con el título “Unamuno’s Last Lecture”. El historiador Severiano Delgado sostiene que Portillo no presenció el acto y que su relato, difundido después por la obra de Hugh Thomas, es una reconstrucción literaria. La frase “Venceréis, pero no convenceréis” aparece, en todo caso, en documentos y cartas de Unamuno. ↩︎ ↩︎

  3. La causa oficial de muerte fue una hemorragia intracraneal. Autores cercanos a la biografía de Unamuno, como Colette y Jean-Claude Rabaté, han señalado la existencia de dudas razonables sobre lo ocurrido durante una visita del falangista Bartolomé Aragón, aunque sin presentar pruebas concluyentes. La falta de autopsia y las contradicciones en la hora de la muerte alimentaron la hipótesis de un posible homicidio. ↩︎

  4. Algunos estudiosos relativizan la importancia del concepto en la madurez de Unamuno: señalan que más que una categoría filosófica estable es una metáfora nacida de En torno al casticismo y que el autor la dejó pronto de lado. ↩︎

  5. La correspondencia venezolana con Unamuno fue estudiada, entre otros, por Claudio Maíz en “Cartas venezolanas a Miguel de Unamuno (1900-1930)”, Cuadernos de la Cátedra Miguel de Unamuno, vol. 34, 1999, pp. 205-294. ↩︎