Moloch
| Moloch | |
|---|---|
| Otras denominaciones | Moloc, Molech, Molek; en la Septuaginta, Μολόχ |
| Escritura | fenicio 𐤌𐤋𐤊; hebreo מֹלֶךְ (mōlek); griego Μολόχ; latín Moloch |
| Origen del término | Biblia hebrea; en discusión si designa a un dios cananeo, a un tipo de sacrificio o a un título divino |
| Ámbito | Religión cananea, fenicia y púnica; tradición bíblica, rabínica y cristiana |
| Asociaciones | sacrificio de niños, rito molk, Tofet, valle de Hinom, Baal Hammón, Crono/Saturno |
| Menciones bíblicas | Levítico, 1 Reyes, 2 Reyes, Jeremías; en la Septuaginta, también Amós; Hechos 7:43 |
| Representación tradicional | ídolo con cabeza de toro o carnero, brazos extendidos y fuego interior |
| Apariciones culturales | El paraíso perdido, Salambó, Cabiria, Metrópolis, Aullido |
1. Resumen[editar]
Moloch —también transcrito como Moloc, Molech o Molek— es un término que aparece en la Biblia hebrea, principalmente en el libro de Levítico, y que la tradición occidental ha asociado con sacrificios de niños. La forma española Moloc es la que emplea la clásica traducción Reina Valera, muy difundida en América Latina.
La interpretación tradicional, sostenida por la tradición rabínica y por muchos especialistas, entiende a Moloch como el nombre de un dios cananeo al que se ofrecían niños. Desde 1935, sin embargo, una corriente académica influyente —iniciada por Otto Eissfeldt— propone que la palabra no designa a una deidad, sino a un tipo de sacrificio, emparentado con el término púnico molk, que significa «sacrificio» u «ofrenda». El debate sigue abierto.[1]
Moloch es representado habitualmente como una figura humana con cabeza de carnero o becerro, sentada en un trono y con distintivos de realeza, como una corona o un báculo. En la versión más difundida, la estatua era de bronce, estaba hueca y contenía fuego; las víctimas eran depositadas en las manos extendidas del ídolo y caían hacia el brasero interior. Esta imagen, muy influyente en el arte y el cine, combina las breves menciones bíblicas con relatos clásicos sobre sacrificios infantiles en Cartago y con la leyenda griega del Minotauro.[2]
Desde la era moderna, «Moloch» se usa también de manera figurada para designar a una persona, institución o sistema que exige un sacrificio terrible —sobre todo de niños o de lo más valioso— a cambio de una recompensa, o simplemente a un sistema que devora a quienes lo veneran. Ese uso metafórico aparece en la literatura, el cine y el discurso político.
2. Nombre y etimología[editar]
El nombre se relaciona con la raíz semítica mlk, que significa «gobernar» o «ser rey». De esa misma raíz derivan el hebreo mélek («rey») y nombres divinos como Melkart, Milcom o Malkam. Tradicionalmente se ha creído que «Moloch» era un disfemismo: se habrían empleado las vocales de la palabra hebrea bóshet («ignominia», «vergüenza») para deformar el título de «rey» y evitar honrar a la deidad.[3]
Existen objeciones a esa explicación. El estudioso R. M. Kerr sostiene que la propuesta de Geiger es «una teoría anticuada que nunca ha recibido apoyo fáctico», y que ningún otro nombre divino parece haberse formado del mismo modo. Paul Mosca, de la Universidad de Columbia Británica, argumentó en un sentido similar.[4]
La escritura «Moloch» sigue a la Septuaginta griega y a la Vulgata latina. Las formas «Molech» y «Molek» reflejan la vocalización hebrea tiberiana. En español conviven «Moloch» y «Moloc»; esta última es la que predomina en el ámbito bíblico de tradición Reina Valera.
3. Menciones en la Biblia[editar]
3.1 Texto masorético[editar]
En el texto masorético de la Biblia hebrea, la palabra Moloch (מלך) aparece ocho veces. Cinco de ellas se encuentran en Levítico, y las demás en 1 Reyes, 2 Reyes y Jeremías. Siete de esas apariciones incluyen el artículo definido hebreo ha- («el») o una forma preposicional que indica la presencia del artículo.[5]
Todas esas menciones condenan prácticas asociadas a Moloch, vinculadas en general con ofrecer niños en sacrificio u ofrenda. El pasaje más extenso es Levítico 20, 2-5, que ordena la pena de muerte para quien entregue un hijo a Moloc y para quien disimule esa práctica:
Dirás asimismo a los hijos de Israel: Cualquier varón de los hijos de Israel, o de los extranjeros que moran en Israel, que ofreciere alguno de sus hijos a Moloc, de seguro morirá; el pueblo de la tierra lo apedreará. (Levítico 20, 2, Reina Valera 1960)
En 1 Reyes 11, 7 se presenta a Salomón como introductor del culto en Jerusalén, aunque en este caso parte de la crítica textual considera que se trata de un error por Milcom, dios de los amonitas, lectura que siguen algunos manuscritos de la Septuaginta.[6] Se trata de la única aparición de la palabra sin artículo en el texto masorético, lo que ha llevado a algunos autores a ver ahí el posible origen histórico del culto.
En 2 Reyes 23, 10 el nombre aparece relacionado con el Tofet, en el valle del hijo de Hinom, y con la reforma del rey Josías, que profanó ese lugar «para que ninguno pasase su hijo o su hija por fuego a Moloc». El valle de Hinom —gai ben Hinnom, de donde deriva la palabra gehena— quedó asociado después al castigo y al fuego en la tradición judía y cristiana.[7]
La misma actividad de «pasar a los hijos por el fuego» se menciona sin referencia directa a Moloch en otros pasajes: Deuteronomio 12, 31 y 18, 10; 2 Reyes 16, 3 y 21, 6; 2 Crónicas 28, 3 y 33, 6; Jeremías 7, 31 y 19, 5, y Ezequiel 16, 21 y 20, 26, entre otros. Esa constelación de pasajes alimentó la idea de que existía un culto regular de sacrificio infantil.
3.2 Septuaginta y Nuevo Testamento[editar]
La Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento, traduce la palabra hebrea de maneras distintas. En Levítico la vierte por «gobernante» (ἄρχων, árkhon); en 1 Reyes 11, 7 la traduce por «rey» (βασιλεύς, basileus), y en cambio la translitera como Moloch en 2 Reyes 23, 10 y en Jeremías.[8] Además, la Septuaginta introduce el nombre Moloch en Amós 5, 26, donde el texto masorético emplea otra palabra.
La versión griega de Amós con el nombre de Moloch es la que se cita en Hechos de los Apóstoles 7, 43, en el discurso del helenista Esteban ante el Sanedrín. Esta es la única mención de Moloch en el Nuevo Testamento:
Antes bien, llevasteis el tabernáculo de Moloc y la estrella de vuestro dios Refán, figuras que os hicisteis para adorarlas. (Hechos 7, 43, Reina Valera 1960)
4. Interpretaciones[editar]
4.1 Como deidad[editar]
Antes de 1935, el consenso académico sostenía que Moloch era un dios pagano al que se ofrecían sacrificios de niños en el Tofet de Jerusalén. Algunos autores modernos han propuesto identificaciones con Milcom, Adad-Milki o Baal, o han visto en Moloch un epíteto aplicado a diversas divinidades semíticas.[9]
George C. Heider y John Day relacionan a Moloch con una deidad Mlk atestiguada en Ugarit y con Malik en Mesopotamia, y proponen que se trataría de un dios del inframundo, ya que en Mesopotamia Malik aparece equiparado con Nergal, divinidad infernal. Day observa que Isaías 30, 33 parece asociar a Moloch con el Seol.[10]
La interpretación de Moloch como deidad ha sido cuestionada por varias razones: aparece pocas veces en la Biblia, no se menciona fuera de ella y las conexiones con otros dioses de nombres parecidos son inciertas. Algunos de los supuestos dioses Mlk podrían ser en realidad epítetos de otra divinidad, dado que mlk también significa «rey». Ninguno de los dioses propuestos está claramente asociado con sacrificios humanos: el dios Mlk de Ugarit habría recibido solo sacrificios de animales, y el sacrificio púnico mlk no se ofrece a un dios llamado Mlk, sino a otra deidad.[11]
4.2 Como forma de sacrificio[editar]
En 1935, Otto Eissfeldt propuso, a partir de inscripciones púnicas, que Moloch era una forma de sacrificio y no un dios. Las inscripciones púnicas asocian la palabra mlk con tres términos: ʾmr («cordero»), bʿl («ciudadano») y ʾdm («ser humano»). bʿl y ʾdm nunca aparecen en la misma descripción y parecen intercambiables. Con esos términos se designaba un «sacrificio mlk consistente en…».[12]
Según esta lectura, la expresión hebrea lammólek no debería traducirse «a Moloch», como se hace habitualmente, sino «como sacrificio molk». Eso es coherente con el uso de la preposición hebrea la en otros contextos.[13]
La hipótesis fue contestada en los años ochenta por John Day y George Heider. Ambos argumentaron que era poco probable que los comentaristas bíblicos hubieran malinterpretado un término sacrificial antiguo hasta convertirlo en una deidad, y que la expresión de Levítico 20, 5 «prostituirse en pos de Moloc» implicaba necesariamente un dios. No obstante, aceptaron que mlk era un término sacrificial en púnico, aunque sostenían que no se originó en Fenicia y que no fue reintroducido luego por la diáspora púnica.[14]
Desde entonces, un número creciente de especialistas se ha inclinado por la interpretación sacrificial. Francesca Stavrakopoulou sostiene que las objeciones de Heider y Day quedan debilitadas por el hecho de que aceptan el significado sacrificial del púnico mlk: el hebreo mólek podría funcionar de manera análoga como término técnico para un tipo de sacrificio. También argumenta que «prostituirse en pos del molk» puede entenderse sin necesidad de una deidad, porque mlk alude tanto al acto como al objeto sacrificado.[15]
4.3 Como título divino[editar]
Dado que la palabra «Moloch» aparece casi siempre con artículo en hebreo, es posible que se trate de un título que significa «el rey», como a veces traduce la Septuaginta. En el siglo XX, el filósofo Martin Buber propuso que «Moloch» se refería a «Mélek Yahvé», es decir, al rey Yahvé. Una idea similar fue expresada más tarde por T. Römer en 1999. Brian Schmidt, en cambio, señala que la mención de Baal en Jeremías 32, 35 sugiere que «el gobernante» podría haberse referido a Baal.[16]
4.4 Como rito de paso[editar]
Una minoría de estudiosos, principalmente del ámbito de los estudios púnicos, ha planteado que las ceremonias a Moloch eran en realidad ritos de dedicación no letales y no sacrificios. Esa hipótesis se apoya en comentarios del Talmud y de los primeros exégetas judíos, que a veces reinterpretan el pasaje en sentido no literal. Paolo Xella y Francesca Stavrakopoulou rechazan esa lectura: la Biblia conecta explícitamente el rito del Tofet con verbos de matanza, sacrificio y holocausto, y las fuentes grecorromanas describen sacrificios reales en Cartago.[17]
5. Representación y sacrificios[editar]
5.1 La imagen tradicional[editar]
La imagen más difundida de Moloch —el ídolo de bronce con cabeza de toro o carnero y brazos extendidos sobre el fuego— se consolidó entre los siglos XVIII y XIX, cuando la cultura occidental desarrolló una fascinación por lo demoníaco. Esa representación combina las breves menciones bíblicas con fuentes muy diversas: los relatos clásicos sobre sacrificios infantiles cartagineses, la tradición rabínica medieval y la leyenda griega del Minotauro.[2:1]
Según la tradición rabínica, la estatua de Moloch era hueca y albergaba fuego. Las víctimas se depositaban en las manos extendidas del ídolo, que mediante cadenas se levantaban hasta la boca, introduciendo a la víctima en el vientre incandescente. El midrás Tanḥuma B, de los siglos VIII o IX, describe al ídolo con rostro de becerro y ofrendas colocadas sobre sus manos para ser quemadas. Esa descripción no tiene base en la Biblia ni en el Talmud y probablemente deriva de fuentes como Diodoro Sículo.[18]
5.2 Fuentes clásicas sobre Cartago[editar]
Varios autores antiguos describieron con detalle ceremonias que serían el correlato histórico de la leyenda. Simónides de Ceos, Clitarco de Alejandría, Diodoro Sículo, Plutarco y un autor llamado Teodoro relataron sacrificios infantiles en Cartago, generalmente identificando al ídolo con Crono, el dios griego que devoraba a sus hijos. En la interpretatio graeca, Crono/Saturno y Baal Hammón eran vistos como equivalentes.
Plutarco, en De superstitione (Moralia 171c-d), escribió que los cartagineses, conscientes de lo que hacían, sacrificaban a sus propios hijos, y que quienes no los tenían compraban niños de familias pobres y los degollaban «como corderos o polluelos». Añade que la madre debía presenciar el acto sin llorar, y que el espacio ante la imagen se llenaba de flautistas y tamborileros para que no se oyeran los gritos.
Diodoro Sículo (Bibliotheca historica, XX.14.6) dejó una de las descripciones más citadas:
Había en la ciudad una imagen de bronce de Cronos con las manos extendidas, las palmas hacia arriba, y cada niño que era colocado en ellas era subido y caía por la boca abierta dentro del fuego.
Clitarco añadió el detalle de la «risa sardónica»: al alcanzar las llamas el cuerpo, los miembros se contraían y la boca abierta parecía reír, hasta que el cuerpo se deslizaba al fondo del brasero.[19]
Teodoro relató que, cuando Agatocles derrotó a Cartago, los nobles creyeron haber disgustado al dios y sustituyeron a los niños recién nacidos por sus propios hijos, llegando a sacrificar a trescientos niños de las mejores familias.
5.3 Evidencia arqueológica[editar]
La arqueología no ha encontrado en Cartago estelas dedicadas a un dios llamado Moloch. Las divinidades máximas de la ciudad eran Tanit y Baal Hammón, y las inscripciones que emplean la raíz mlk lo hacen como término de sacrificio asociado a diversas deidades. Por tanto, la idea de que Moloch era «el dios supremo y protector de Cartago», repetida por parte de la historiografía tradicional, no es demostrable.[20]
Además, algunos investigadores han planteado que los llamados tophets púnicos —recintos funerarios con urnas que contenían restos de niños— podrían corresponder a necrópolis de mortalidad infantil más que a pruebas de sacrificio sistemático. Serge Lancel, por ejemplo, defendió esa posibilidad en su estudio sobre Cartago.[21] El debate sobre la naturaleza exacta de esos restos continúa.
6. Interpretación religiosa[editar]
6.1 En el judaísmo[editar]
Los textos rabínicos más antiguos, la Mishná y el Talmud, incluyen las prohibiciones de Levítico de entregar la descendencia a Moloch, pero no describen con claridad qué implicaba históricamente esa práctica. El midrás temprano reinterpretó la prohibición en sentido no literal: la Mekhilta de Rabí Ismael explica que «Moloch» se refiere a cualquier religión extranjera, y el tratado Meguilá del Talmud de Babilonia lo identifica con los gentiles. El Targum Neofiti y el Targum Pseudo-Jonatán interpretan el versículo como referido a un judío que tiene relaciones sexuales con una no judía.[22]
Los rabinos medievales discutieron si la entrega a Moloch aludía a un sacrificio o a otra cosa. Menajem Meiri (1249–1315), por ejemplo, sostuvo que se trataba de un rito de iniciación y no de un sacrificio idolátrico. Otros rabinos discrepaban. Rashi (1040–1105) y Joseph ben Isaac Bekhor Shor (siglo XII) describieron sacrificios a Moloch apoyándose probablemente en el midrás Tanḥuma B.[23]
6.2 En el cristianismo[editar]
Los Padres de la Iglesia trataron el tema solo ocasionalmente, sobre todo en comentarios al libro de Amós y a los Hechos de los Apóstoles. Los comentaristas cristianos primitivos usaban a Moloch o bien para mostrar la pecaminosidad de Israel, o bien para exhortar moralmente a los cristianos. Durante la Edad Media, la discusión fue escasa y se limitó a describir lo que los comentaristas creían que implicaba el culto, siguiendo la tradición rabínica.
En la Reforma protestante, autores como Juan Calvino y Martín Lutero utilizaron a Moloch como advertencia contra la idolatría y para criticar prácticas católicas. En tiempos modernos, algunos sectores protestantes conservadores comparan retóricamente el aborto con el sacrificio infantil a Moloch, aunque esa identificación es metafórica y no proviene de la exégesis bíblica.[24] Los Testigos de Jehová entienden a Moloch como símbolo del culto al Estado, siguiendo ideas del ministro escocés Alexander Hislop (1807–1865).
7. Moloch en la cultura[editar]
7.1 En la literatura[editar]
Moloch aparece como demonio o ángel caído en el poema épico de John Milton El paraíso perdido (1667), donde se lo describe como «horrendo rey manchado de sangre / de sacrificio humano y lágrimas de padres» y se lo presenta como el primero en abogar por la guerra abierta contra el cielo. Esa descripción es una de las más influyentes para la concepción moderna del personaje.[25] Milton también lo menciona en su poema On the Morning of Christ's Nativity.
En Salambó (1862), novela histórica de Gustave Flaubert sobre Cartago, Moloch es un dios cartaginés que encarna el principio masculino y la fuerza destructora del sol. El capítulo 13 describe extensamente los sacrificios al dios, presentados con una estética orientalista: se arroja a niños a los hornos encendidos en la estatua. Flaubert defendió su descripción diciendo que se basaba en Diodoro Sículo.
Desde el siglo XIX, Moloch se convirtió en metáfora literaria de la opresión social, económica o militar. El cuento de Charles Dickens The Haunted Man (1848), la novela Moloch de Aleksandr Kuprin (1896) y el largo poema Aullido (Howl), de Allen Ginsberg, donde Moloch simboliza el capitalismo estadounidense, son ejemplos de ese uso.[26] En el poema Los motivos del lobo del nicaragüense Rubén Darío se menciona también la figura.[27] Otros ejemplos citados con frecuencia son Peter Bell the Third (1839), de Percy Bysshe Shelley, y el poema The March into Virginia (1866), de Herman Melville.
7.2 En el arte[editar]
Las imágenes de Moloch se hicieron populares a partir de los siglos XVIII y XIX. Suelen mostrar un ídolo humanoide con cabeza de toro o león, a veces con alas, y brazos extendidos sobre el fuego, sobre los que se coloca al niño sacrificado. La cabeza de toro quizá deriva del Minotauro, según el estudioso George Foot Moore. John S. Rundin añadió como posibles fuentes la leyenda de Talos y el toro de bronce construido para el tirano Fálaris de Acragante, en Sicilia.[28]
En contraste, William Blake representó a Moloch como un ídolo totalmente humanoide, con un demonio alado sobrevolándolo, en su ilustración La huida de Moloch (1809), para el poema de Milton On the Morning of Christ's Nativity. La ilustración del interior del templo de Moloch para Salambó, obra de Georges-Antoine Rochegrosse (hacia 1900), difundió la imagen monumental del ídolo en el arte moderno.
7.3 En el cine y la televisión[editar]
El filme mudo italiano Cabiria (1914), de Giovanni Pastrone, ambientado en Cartago y basado vagamente en Salambó, incluye una estatua de bronce de Moloch que hoy se conserva en el Museo Nacional del Cine de Turín. La heroína está a punto de ser sacrificada al ídolo cuando es rescatada. La recreación del templo y de la estatua influyó en representaciones cinematográficas posteriores.
En Metrópolis (1927), de Fritz Lang, Moloch aparece como una figura monstruosa capaz de devorar a los hombres: los trabajadores encargados de las máquinas de producción. La imagen es una de las apropiaciones más célebres del mito como crítica de la civilización industrial.[29]
El cineasta ruso Aleksandr Sokúrov dirigió una película titulada Moloch (1999), en la que el espíritu del personaje es encarnado por un Adolf Hitler megalómano e infantil, aislado en su refugio del Nido del Águila. En la película Howl (2010), sobre el poema de Ginsberg, Moloch aparece como figura esencial de la trama.
En televisión, Moloch ha sido usado como nombre de villanos en series como Stargate SG-1, Buffy the Vampire Slayer, Supernatural y Sleepy Hollow. En la novela gráfica Watchmen uno de los personajes secundarios lleva el nombre de Moloch; en la serie de novelas gráficas de Mike Mignola sobre Hellboy aparece en la historia corta «En la Capilla de Molloch», resucitado por un pintor obsesionado con Francisco de Goya en el sur de Portugal.
7.4 Como metáfora política y social[editar]
En la cultura moderna, Moloch se ha convertido en metáfora de una fuerza o sistema destructivo que exige sacrificios, especialmente de niños. A partir de Samuel Laing, en National Distress (1844), la gran ciudad moderna fue descrita a menudo como un Moloch, idea que también se encuentra en Karl Marx. Más adelante, la guerra misma pasó a ser descrita como un Moloch. El filósofo Bertrand Russell usó la figura para criticar la religión en general, mientras que en el círculo cósmico de Múnich (hacia 1900) sirvió para denunciar el racionalismo frío que, a su juicio, degeneraba la civilización occidental.[30]
8. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
En el ámbito de habla hispana, la figura llega ante todo por la vía bíblica. La traducción Reina Valera, dominante en las iglesias evangélicas latinoamericanas, emplea la forma Moloc. Por contraste, la literatura académica y la cultura popular suelen escribir Moloch, siguiendo la grafía griega y latina. Ambas formas conviven en español y no suelen considerarse incorrectas.
La difusión literaria también es relevante. El paraíso perdido de Milton circula en español desde antiguo y su representación de Moloch como demonio dejó huella en la poesía hispánica. El nicaragüense Rubén Darío, figura capital del modernismo, aludió a Moloch o a la figura del dios devorador en su poema Los motivos del lobo.[27:1] La novela Salambó de Flaubert fue traducida al español y alimentó una imagen exótica y suntuosa de Cartago. El poema Aullido de Ginsberg, traducido como Aullido o Howl, es leído en círculos literarios latinoamericanos y su denuncia del «Moloch» capitalista ha sido citada en ensayos y clases de literatura.
En el cine, tanto Cabiria como Metrópolis forman parte del canon del cine mudo que se programa en cinematecas y festivales de América Latina; sus imágenes de Moloch se han vuelto referencia visual para hablar de máquinas sociales que devoran seres humanos. No existe, en cambio, una presencia extendida de Moloch en la cultura popular masiva latinoamericana: no es un personaje habitual de telenovelas, series locales ni festividades populares, y su uso es más propio del discurso literario, académico o religioso que del folclore cotidiano.
Notas[editar]
Otto Eissfeldt, Molk als Opferbegriff im Punischen und Hebräischen und das Ende des Gottes Moloch (1935). Su propuesta abrió el debate moderno sobre si Moloch era un dios o un sacrificio. ↩︎
George Foot Moore sugirió que la cabeza de toro de las representaciones de Moloch pudo derivar de la leyenda del Minotauro. John S. Rundin añadió como posibles fuentes la leyenda de Talos y el toro de bronce de Fálaris. ↩︎ ↩︎
La hipótesis de la alteración vocálica con base en bóshet fue propuesta por Abraham Geiger en 1857. ↩︎
R. M. Kerr cuestiona que la forma mólek sugiriera de inmediato la palabra bóshet; también sostiene que ningún otro nombre divino parece formado a partir de un participio qal. Paul Mosca llamó a la teoría de Geiger «producto del ingenio decimonónico, no de la tendenciosidad masorética o premasorética». ↩︎
Siete de las ocho apariciones incluyen artículo o forma preposicional. La excepción es 1 Reyes 11, 7. ↩︎
Algunos manuscritos de la Septuaginta leen «Milcom» en 1 Reyes 11, 7. La versión estándar de la Septuaginta traduce «rey». ↩︎
El valle de Hinom, situado fuera de Jerusalén, pasó a designar en griego la gehena, imagen del castigo final. ↩︎
Existe discrepancia en la numeración de Jeremías entre el texto masorético y la Septuaginta. La referencia puede citarse como Jeremías 7, 30 o Jeremías 30, 35 según la tradición textual. ↩︎
John Day y otros estudiosos han discutido si Moloch pudo ser un epíteto de Baal o identificarse con Milcom. Los datos no permiten corroborar ninguna identificación con certeza. ↩︎
Heider y Day citan una tablilla ugarítica no publicada (RS.1986.22458) como evidencia de un dios Mlk. Dennis Pardee tradujo el pasaje de manera distinta, como referido a Milkastarte, lo que contradice la lectura de Day. ↩︎
Se ha observado que el sacrificio púnico mlk se ofrece a otras deidades, no a un dios llamado Mlk. ↩︎
Las inscripciones púnicas combinan mlk con ʾmr («cordero»), bʿl («ciudadano») y ʾdm («ser humano»). Los dos últimos parecen intercambiables. ↩︎
Bennie H. Reynolds defiende que lammólek debe traducirse «como sacrificio molk», no «a Moloch». También cita una inscripción de Tiro (RES 367) como posible mención de sacrificio mlk, aunque Heath Dewrell la considera probable falsificación moderna. ↩︎
Day y Heider admiten que mlk era un término sacrificial púnico, pero rechazan que la práctica fuera fenicia o que retornara a Fenicia desde la diáspora púnica. ↩︎
Francesca Stavrakopoulou sostiene que mlk refiere tanto al acto de sacrificar como al objeto sacrificado, lo que permite leer «prostituirse en pos de la ofrenda mlk». ↩︎
Martin Buber propuso que «Moloch» aludía a «Mélek Yahvé». T. Römer expresó una idea similar en 1999. ↩︎
Xella y Stavrakopoulou argumentan que la Biblia emplea verbos de matanza, sacrificio y holocausto, y que las fuentes grecorromanas describen sacrificios reales. ↩︎
El midrás Tanḥuma B se data en los siglos VIII o IX. Su descripción del ídolo con rostro de becerro influyó en comentaristas medievales como Rashi. ↩︎
La «risa sardónica» aparece en relatos sobre sacrificios infantiles en Cartago: la contracción del cuerpo por el fuego producía una mueca semejante a una sonrisa. ↩︎
Las divinidades máximas de Cartago eran Tanit y Baal Hammón. No se ha hallado ninguna estela con una dedicatoria a Moloch. ↩︎
Serge Lancel, en Cartago (1994), sugiere que los restos infantiles de los tophets podrían corresponder a una necrópolis infantil más que a sacrificios. ↩︎
El Libro de los Jubileos (siglo II a.C.) muestra que la reinterpretación no literal ya existía en la época del Segundo Templo: usa la historia de Dina para prohibir casar a una hija con un gentil. ↩︎
Rashi y Joseph ben Isaac Bekhor Shor probablemente dependen del Tanḥuma B para sus descripciones del culto a Moloch. ↩︎
La comparación del aborto con el sacrificio a Moloch es una figura retórica de ciertos círculos conservadores; no corresponde a la exégesis histórica del término. ↩︎
La descripción de Milton en El paraíso perdido (libro I, versos 392–393) es la base más influyente del Moloch moderno como demonio. ↩︎
La fecha de composición o publicación de Howl se cita a veces como 1955 y otras como 1956. El debate no está cerrado. ↩︎
La referencia a Moloch en la poesía de Rubén Darío proviene del poema Los motivos del lobo, según consigna la bibliografía especializada. Conveniente verificar la sección exacta del poema. ↩︎ ↩︎
John S. Rundin, en Pozo Moro, Child Sacrifice, and the Greek Legendary Tradition (2004), estudia las posibles fuentes griegas de la imagen de Moloch. ↩︎
En Metrópolis (1927), Moloch aparece como un monstruo que devora a los obreros; la escena convierte el mito en crítica de la civilización industrial. ↩︎
Bertolt Brecht menciona a Baal en su poema «Coral del Gran Baal» (1927); no debe confundirse con Moloch, aunque ambos nombres se usan a veces como figuras devoradoras. ↩︎