Monstruo de Frankenstein
| Monstruo de Frankenstein | |
|---|---|
| Primera aparición | Frankenstein o el moderno Prometeo (1818) |
| Creado por | Mary Shelley |
| Alias | El monstruo, la criatura, Frankenstein (por error popular) |
| Sexo | Masculino |
| Características | Criatura humanoide de gran estatura, creada a partir de fragmentos de cadáveres; en la novela es inteligente, elocuente y sensible |
| Aliados | Anciano De Lacey |
| Interpretado por | Charles Ogle (1910), Boris Karloff (1931–1939), Christopher Lee (1957), Michael Sarrazin (1973), Robert De Niro (1994), Luke Goss (2004), Jacob Elordi (2025) |
1. Resumen[editar]
El monstruo de Frankenstein es un personaje de ficción que aparece por primera vez en la novela Frankenstein o el moderno Prometeo, publicada por la escritora británica Mary Shelley en 1818. Se trata de un ser creado a partir de partes de cadáveres, al que su creador, el científico Víctor Frankenstein, da vida mediante un experimento. La criatura, conocida en la propia novela como «el monstruo», «el demonio» o simplemente «la criatura», es uno de los personajes más influyentes de la literatura gótica y de la cultura popular contemporánea.
En la novela, el monstruo no es un autómata sin mente ni un simple villano. Es un ser dotado de inteligencia, sensibilidad y capacidad lingüística, que aprende a hablar, leer y escribir, y que anhela compañía y afecto. Su transformación en un ser amargado y vengativo es resultado directo del rechazo continuo que sufre por parte de los seres humanos, comenzando por su propio creador. La construcción del personaje ha dado lugar a numerosas interpretaciones: desde una alegoría de la orfandad y del abandono materno, hasta una crítica de la ciencia sin ética y de la exclusión social.
En la cultura popular, la imagen del monstruo ha quedado fuertemente asociada a la caracterización de Boris Karloff en la película Frankenstein de 1931, dirigida por James Whale para los estudios Universal. Aunque esta versión cinematográfica simplificó notablemente al personaje, convirtiéndolo en una criatura lenta, torpe y apenas capaz de articular palabras, su iconografía —cráneo alto y aplanado, tornillos en el cuello, traje oscuro— se convirtió en una de las imágenes más reconocibles del cine de terror.
2. Origen del personaje y ausencia de nombre[editar]
El monstruo de Frankenstein carece de nombre en la novela. Los distintos personajes —sobre todo Víctor Frankenstein— se refieren a él con apelativos como «demonio», «miserable», «desgraciado», «engendro» o «criatura». De manera significativa, la palabra «monstruo» se emplea pocas veces en el texto original de Mary Shelley. La ausencia de nombre se interpreta como un símbolo de su orfandad, su alienación y su falta de identidad humana. La criatura existe sin un lugar en la genealogía, sin filiación ni pertenencia.
La costumbre de llamarlo «Frankenstein» como si ese fuera su nombre propio se consolidó gradualmente. En las adaptaciones teatrales londinenses y parisinas de las décadas posteriores a la publicación de la novela, el personaje solía aparecer en los programas de mano con un espacio en blanco o con una línea: «—». La propia Mary Shelley asistió a una representación de Presumption, la primera adaptación teatral exitosa de su novela, y sobre ese detalle escribió a su amigo Leigh Hunt: «El programa de la obra me divirtió sumamente, porque en la lista de personajes aparecía ———— por el Sr. T. Cooke. Este modo anónimo de nombrar a lo innombrable es bastante bueno».[1]
En ese vacío nominal, el apellido del creador pronto se trasladó también a la criatura. El malentendido aparece ya en las primeras décadas posteriores a la publicación de la novela, pero se popularizó especialmente a partir de los años treinta, con la película de 1931 de los estudios Universal protagonizada por Boris Karloff. En los créditos de aquella película, el personaje interpretado por Karloff aparece listado solo con signos de interrogación, aunque la obra teatral de Peggy Webling, estrenada en Londres en 1927 y en la cual se basa en gran medida la película, sí daba a la criatura el nombre de Frankenstein.[2]
3. Descripción y carácter[editar]
En la novela, el monstruo es una criatura humanoide de enorme estatura. El propio Víctor Frankenstein explica que «la pequeñez de las partes constituía un gran obstáculo para la rapidez de mi trabajo», por lo que decide construir un cuerpo de proporciones mucho mayores que las humanas. La estatura de la criatura es de aproximadamente ocho pies, es decir, unos 2,44 metros.
Los detalles del proceso de creación se dejan deliberadamente imprecisos. Se sobrentiende que Víctor Frankenstein se valió de fragmentos de cadáveres obtenidos en salas de disección, patíbulos y mataderos. Al describir al ser al que ha dado vida, Frankenstein dice:
«¿Cómo podría transmitirle la emoción que sentí ante aquella catástrofe o hallar frases que describan al repugnante engendro que, al precio de tantos esfuerzos y trabajos, había creado? Sus miembros estaban, es cierto, bien proporcionados, y había intentado que sus rasgos no carecieran de cierta belleza. ¡Belleza! ¡Dios del cielo! Su piel amarillenta apenas cubría la red de músculos y vasos sanguíneos. Su cabello era largo y sedoso, sus dientes muy blancos, pero todo ello no lograba más que realzar el horror de los ojos vidriosos, cuyo color podía confundirse con el de las pálidas órbitas en las que estaban profundamente hundidos, lo que contrastaba con la arrugada piel del rostro y la rectilínea boca de negruzcos labios. [...] ¡Ay! Nadie hubiera soportado el horror que su vista inspiraba. Una hedionda momia resucitada no habría parecido tan horrenda como aquel engendro.»[3]
A diferencia de las representaciones cinematográficas más difundidas, el monstruo literario es notablemente inteligente. Casi de inmediato después de recibir la vida es capaz de ponerse en pie, caminar y vestirse por sí mismo. Con el tiempo desarrolla una gran sensibilidad y una capacidad de raciocinio y de expresión muy por encima de la media. Es elocuente, articulado, y llega a hablar y escribir con corrección en francés; posiblemente también en alemán e inglés. Admira la belleza y declara que su mayor placer es ver «las flores, los pájaros y todas las alegres galas del verano».[4]
Aunque conoce el uso de la carne, prefiere alimentarse de raíces, bayas y nueces, por lo que suele describírsele como vegetariano. Es un lector ávido: lee El paraíso perdido de John Milton, Las desventuras del joven Werther de Johann Wolfgang von Goethe y las Vidas paralelas de Plutarco. La lectura de Milton le permite comprender las nociones de creación y divinidad, y lo lleva a compararse con Satán: llega a decirle a Frankenstein «debería ser tu Adán, pero soy tu ángel caído».[5]
El rechazo constante del que es objeto lo convierte en un ser solitario, amargado y vengativo. Sin embargo, a diferencia de otros antagonistas de la literatura gótica, como Drácula o Lord Ruthven, el monstruo de Frankenstein experimenta remordimiento y culpa. En varios pasajes se lamenta por sus crímenes y sufre por la soledad absoluta que lo rodea. En ciertos aspectos, guarda un gran parecido con el arquetipo literario del «buen salvaje», popularizado durante la Ilustración por Jean-Jacques Rousseau y otros pensadores: la idea de que el ser humano es bueno por naturaleza y es la sociedad la que lo corrompe.
4. Historia en la novela[editar]
Nada más recibir la vida, la criatura es abandonada por Víctor Frankenstein, quien siente repulsión por su aspecto. Asustado, triste e ignorante de su identidad, el monstruo vaga durante días por los bosques, sobreviviendo a base de bayas silvestres y agua de río. Cuando el clima empeora y la comida escasea, busca refugio en un pueblo cercano, pero todos sus intentos de contacto con los seres humanos terminan de manera violenta, porque las personas huyen aterrorizadas o lo atacan al verlo.
Finalmente encuentra cobijo en un cobertizo abandonado junto a una granja remota habitada por una familia de apellido De Lacey, originaria de Francia. Durante meses, observa a los moradores sin ser visto, se encariña con ellos y aprende a hablar, leer y escribir. Se vuelve culto, elocuente y refinado. Sin embargo, al mismo tiempo se hace consciente de su deformidad física y de la anormalidad de su nacimiento. Al encontrar los apuntes del laboratorio de Frankenstein en un bolsillo de la ropa que se llevó consigo, conoce la historia de su creación y comienza a sentir un profundo rechazo hacia sí mismo.
Pese a todo, no renuncia a la esperanza de ser aceptado. Un día en que los hijos de la familia están ausentes, se acerca al padre, un anciano ciego que no puede ver su deformidad y que lo trata con amabilidad. La conversación avanza bien, pero cuando el resto de la familia regresa, la criatura es descubierta, rechazada y expulsada a golpes.
De nuevo solo, vaga por los bosques con la esperanza de encontrar a Víctor Frankenstein y apelar a su responsabilidad como creador. En el camino salva a una niña campesina que está a punto de ahogarse, pero cuando el padre de la niña lo descubre, le dispara con una escopeta y está a punto de matarlo.
A partir de ese momento, amargado y lleno de odio, la criatura se dirige a los alrededores de Ginebra, donde vive la familia Frankenstein. Allí se topa con William, el hermano menor de Víctor, y al enterarse de su parentesco lo asesina en un arrebato de rabia. Después, arregla las pruebas para que la culpa recaiga sobre Justine, la criada encargada de cuidar al niño, quien es condenada a muerte y ejecutada.
Poco después, el monstruo se encuentra cara a cara con Víctor Frankenstein. Le cuenta su historia, lo culpa por haberlo creado y abandonado, y le exige que cree para él una compañera, un ser semejante a él pero de sexo femenino, con la promesa de que si lo hace se alejará para siempre de la proximidad humana. Frankenstein acepta de mala gana, pero al emprender en secreto la creación de una segunda criatura en un apartado rincón de Escocia, siente cada vez más repugnancia por la tarea. Temeroso de dar origen a una raza de monstruos que se convierta en un peligro para la humanidad, decide no continuar. El monstruo, angustiado, reaparece y le implora que siga, pero Frankenstein se mantiene firme. Antes de irse, la criatura lanza una amenaza: «Me iré, pero, recuerda: asistiré a tu noche de bodas».
Poco después, el monstruo estrangula a Henry Clerval, el mejor amigo de Frankenstein. Víctor es acusado del crimen y solo se salva de la prisión y del patíbulo gracias a la intervención de su anciano padre. Desolado, regresa a Ginebra y se prepara para casarse con Elizabeth Lavenza, su novia de toda la vida. Pero la criatura cumple su amenaza: la noche de bodas, aprovechando un momento de ausencia de Víctor, asesina a Elizabeth estrangulándola.
El padre de Frankenstein muere poco después de tristeza. Víctor, al borde de la locura, decide consagrar el resto de su vida a perseguir y exterminar a la criatura. Tras varios años de persecución, llega extenuado al Ártico, donde es recogido por el capitán Walton, director de una expedición que intenta encontrar un paso al norte que facilite las rutas de navegación. Con su último aliento, Víctor le relata su historia, le ruega que no cometa sus mismos errores y le pide que destruya al monstruo.
Poco después, la criatura se presenta en el barco, se lamenta ante el cadáver de su creador y ruega a Walton que no lo juzgue con demasiada severidad por sus crímenes, pues nadie ha sufrido por ellos tanto como él mismo. Luego abandona el barco y promete poner fin a su existencia quemándose vivo en una hoguera en el Polo Norte.
5. Análisis e interpretación[editar]
La crítica literaria ha propuesto numerosas lecturas del personaje. Una de las más recurrentes es la del monstruo como metáfora de un niño sin madre. La propia Mary Shelley perdió a su madre, la filósofa feminista Mary Wollstonecraft, pocos días después de nacer, y mantuvo una relación conflictiva con su padre, William Godwin. El monstruo, como Mary Shelley, vivió una infancia aislada y solitaria, refugiado en la lectura y en la escritura. En este sentido, la novela puede leerse como una exploración emocional del abandono y de la búsqueda de reconocimiento.[6]
Otras interpretaciones sitúan al monstruo como símbolo de una clase social oprimida. Shelley escribió que la criatura «reconocía la división de la propiedad, las inmensas riquezas y la pobreza mísera». Desde esta perspectiva, la novela apareció precisamente en los albores de la Revolución Industrial y puede leerse como una respuesta al surgimiento de una sociedad cada vez más desigual y mecanizada. También se ha visto al monstruo como el resultado trágico de una tecnología incontrolada: la encarnación del miedo humano a crear algo que no se pueda dominar.
Hay lecturas feministas que interpretan la historia como una crítica al conocimiento científico tradicional de tipo patriarcal, del cual las mujeres estaban excluidas. El hecho de que Víctor Frankenstein intente crear vida sin un vínculo femenino, y que finalmente se niegue a crear una compañera para la criatura, ha sido señalado como un síntoma de esa fantasía de creación masculina sin participación de la mujer.[7]
El personaje también entronca con leyendas medievales europeas sobre la creación de vida artificial, como las de Fausto o el Golem, en las que el componente mágico o sobrenatural habría sido sustituido por la ciencia. En su dimensión existencial, el crítico Joseph Carroll ha señalado que el monstruo ocupa «un territorio limítrofe entre las características que típicamente diferencian protagonistas y antagonistas».[8] Alberto Manguel, por su parte, ha comentado:
«Como Adán el sufriente, es un pedazo de arcilla viva que nunca pidió venir a este mundo. [...] En su versión más elevada es Hamlet, es Segismundo en La vida es sueño de Calderón, preguntándose si no es una mota de polvo dentro de una cáscara.»[9]
En conjunto, la novela puede verse como «el grito de una criatura que fue creada y rechazada por su progenitor, por su dios [...], una crítica sustancial de la ciencia, del sueño de la razón que produce monstruos...».[10]
6. Representaciones notables[editar]
6.1. Teatro temprano[editar]
La obra de Mary Shelley fue adaptada a los escenarios desde época muy temprana. La pieza Presumption, or the Fate of Frankenstein, escrita por Richard Brinsley Peake y estrenada en 1823, fue una de las más populares. A diferencia de la novela, y de forma parecida a lo que ocurriría después en el cine, el monstruo no hablaba. El papel fue interpretado por Thomas Potter Cooke, quien alcanzó gran notoriedad con este personaje.[11] Por grabados y descripciones de la época se sabe que llevaba unas mallas azules, una especie de clámide griega y una enorme y enmarañada peluca.
6.2. Cine mudo y la era Universal[editar]
La primera aparición cinematográfica conservada del monstruo se encuentra en el cortometraje mudo Frankenstein de 1910, dirigido por J. Searle Dawley y producido por los estudios de Thomas Alva Edison. En él, el monstruo es interpretado por Charles Ogle. La película dura unos 16 minutos y se aparta notablemente del libro. Allí el monstruo aparece como un personaje cargado de espaldas, peludo, con una cabellera enorme y enmarañada y una frente plana, quizá precursora de caracterizaciones posteriores. Se cree que Ogle fue también el autor del maquillaje.[12]
La imagen más influyente del personaje es la de Boris Karloff en la película Frankenstein de 1931, dirigida por James Whale y producida por los estudios Universal, y en su secuela La novia de Frankenstein de 1935. El monstruo de Karloff es una figura imponente, de cráneo alto y aplanado, apariencia cadavérica y con tornillos en el cuello que se convirtieron en un símbolo del personaje, aunque no se mencionan en la novela. Se supone que actúan como bornes de una batería, permitiendo que la electricidad entre en su cuerpo. Lleva un traje oscuro, demasiado estrecho y corto para su tamaño, y unas enormes botas de asfaltador que tenían como fin hacer que Karloff pareciera aún más alto. Aunque es muy fuerte, sus andares son rígidos y torpes, en contraposición al monstruo ágil y rápido de la novela. El maquillaje, sumamente influyente, fue obra de Jack Pierce, quien también maquilló a otros monstruos de la Universal, como la Momia y el Hombre Lobo.[13][14]
En la película de 1931, el monstruo aparece como una criatura de mentalidad simple e infantil. En La novia de Frankenstein aprende a hablar, aunque con frases cortas y apenas articuladas, y manifiesta miedo al fuego. Karloff volvería a interpretar al monstruo en La sombra de Frankenstein (1939), la tercera de las películas del ciclo de la Universal. En películas posteriores, otros actores —principalmente Glenn Strange— retomaron el personaje, conservando las características básicas y el maquillaje de Jack Pierce. En la actualidad, la imagen de la cara de Karloff con el maquillaje de Frankenstein es propiedad de Karloff Enterprises, compañía de la hija del actor Sara Karloff.[15]
6.3. Hammer y otras versiones[editar]
Un cambio notable llegó con la película de 1957 La maldición de Frankenstein, producida por la Hammer y protagonizada por Christopher Lee. Como el maquillaje de Karloff estaba registrado por los estudios Universal, el maquillador Phil Leakey recibió instrucciones de crear un diseño completamente distinto: un monstruo más humano y menos estereotipado, pero con el rostro pálido, surcado por cicatrices, y un ojo velado por una catarata. La criatura de Christopher Lee es un maníaco homicida de instintos asesinos, sin la inocencia del monstruo de Karloff. La película fue un gran éxito y dio origen a un ciclo propio de la Hammer sobre Frankenstein.
En la miniserie de 1973 Frankenstein, la historia real, dirigida por Jack Smight, el monstruo es interpretado por Michael Sarrazin. En esta versión, el personaje aparece inicialmente como un hombre normal y apuesto, pero de inteligencia limitada, que se va transformando progresivamente en un ser grotesco debido a un fallo en el proceso de creación.[16] Esta variante acentúa la idea de la degeneración física como consecuencia de un error científico.
6.4. Adaptaciones más apegadas a la novela[editar]
La película de 1994 Frankenstein de Mary Shelley, dirigida por Kenneth Branagh, marcó un punto de inflexión al intentar seguir con mayor fidelidad el material original. Interpretado por Robert De Niro, el monstruo aparece como un ser de profunda angustia y soledad, con la cabeza calva y el cuerpo cubierto de cicatrices y puntos de sutura. En esta versión, Víctor Frankenstein —interpretado por el propio Branagh— utiliza el cadáver de un vagabundo cojo y el cerebro de su difunto profesor para crear a la criatura.[17]
La miniserie de 2004 Frankenstein, dirigida por Kevin Connor y producida por el sello Hallmark, suele ser considerada una de las adaptaciones más fieles de la novela. Interpretada por Luke Goss, la criatura es más humana y delicada que en versiones anteriores: inteligente, articulada y sensible, con cabello negro lacio y complexión mortecina.[18]
En 2025, el director mexicano Guillermo del Toro estrenó su propia versión de Frankenstein, con Jacob Elordi en el papel de la criatura. La interpretación de Elordi recibió críticas muy positivas y le valió el premio Critics Choice al mejor actor de reparto, así como nominaciones al Óscar, al Globo de Oro, al BAFTA y al premio del Sindicato de Actores.Critics Choice al mejor actor de reparto y nominaciones al Óscar, Globo de Oro, BAFTA y SAG La participación de Del Toro reforzó el vínculo del personaje con la cultura hispanoamericana, tanto por su origen mexicano como por su interés en los monstruos clásicos del cine y la literatura.
7. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
En los países de habla hispana, la novela de Mary Shelley circula tradicionalmente con el título Frankenstein o el moderno Prometeo. Existen numerosas traducciones al español, varias de ellas publicadas en América Latina a lo largo del siglo XX, y el nombre del personaje se ha integrado de tal manera que la palabra «Frankenstein» suele emplearse por igual para referirse al creador y a la criatura. Los críticos y traductores han señalado con frecuencia que este uso, aunque inexacto desde el punto de vista literario, es ya inseperable de la cultura popular.[19]
En el cine, la película de 1931 de la Universal se estrenó en distintos países de habla hispana con el título Frankenstein y contribuyó decisivamente a establecer la imagen del monstruo en la región. En el ámbito contemporáneo, la versión de Guillermo del Toro de 2025 tuvo una amplia distribución en cines de América Latina y despertó un renovado interés por la novela original, así como por las adaptaciones anteriores. No existe una relación directa del personaje con festivales, equipos deportivos o acontecimientos específicos del mundo hispanohablante, pero su presencia en la literatura, el cine y la televisión en español es continua desde hace más de un siglo.[20]
En cuanto al doblaje, las versiones en español de las distintas películas y series han contado con actores de doblaje de México, Argentina, Venezuela y España, aunque no siempre existe documentación completa sobre los elencos. Dado que no se dispone de fuentes fiables sobre los actores de doblaje de cada versión, se omite aquí una lista de voces para evitar atribuciones erróneas.
8. Legado cultural[editar]
El monstruo de Frankenstein es una de las figuras más reconocibles de la literatura y del cine universal. Su imagen, especialmente en la caracterización de Boris Karloff, ha aparecido en disfraces, películas, series de televisión, cómics, juguetes, videojuegos y publicidad. El término «Frankenstein» se ha vuelto sinónimo de criatura artificial que escapa al control de su creador, y en el lenguaje común se utiliza a menudo para designar cualquier ser o proyecto monstruoso, desproporcionado o contrariamente a la naturaleza.
El personaje ha influido en la creación de otros seres artificiales de la ficción, desde los zombis y los vampiros modernos hasta las inteligencias artificiales y los androides de la ciencia ficción. Su historia de rechazo y soledad ha sido reescrita, parodiada y homenajeada en contextos tan diversos como la animación familiar, el terror psicológico y la ciencia ficción contemporánea.
La novela de Mary Shelley y su criatura continúan siendo objeto de estudio en universidades de todo el mundo, también en América Latina y España. La figura del monstruo, a medio camino entre víctima y victimario, sigue generando debates sobre la ética científica, la responsabilidad parental, la exclusión social y los límites de la empatía humana.
Referencias[editar]
La carta de Mary Shelley a Leigh Hunt está fechada el 9 de septiembre de 1823, según la edición de Susan Tyler Hitchcock. ↩︎
Susan Tyler Hitchcock, Frankenstein: A Cultural History, Nueva York, WW Norton, 2007, ISBN 9780393061444. ↩︎
Mary Shelley, Frankenstein, Bogotá, Oveja Negra, 1985, p. 42, ISBN 84-8280-900-8. ↩︎
Mary Shelley, Frankenstein, o el moderno Prometeo, Madrid, S.M., 1997, p. 147, ISBN 84-348-5617-4. ↩︎
Mary Shelley, Frankenstein, o el moderno Prometeo, ed. cit., p. 110. ↩︎
Julio Castelló, Cien años de Frankenstein, Barcelona, Royal Books, 1995, p. 2, ISBN 84-8135-066-4. ↩︎
John Rieder, "Frankenstein Dream: Patriarchal Fantasy and the Fecal Child in Mary Shelley's Frankenstein and its Adaptations", Universidad de Maryland, consultado el 7 de marzo de 2016. ↩︎
Joseph Carroll et al., Graphing Jane Austen: The Evolutionary Basis of Literary Meaning, Palgrave Macmillan, 2012, p. 30. ↩︎
Alberto Manguel, La novia de Frankenstein, Barcelona, Gedisa, 2005, pp. 74-75, ISBN 84-9784-095-X. ↩︎
Julio Castelló, Cien años de Frankenstein, ed. cit., pp. 6-7. ↩︎
Richard Brinsley Peake, Presumption, or the Fate of Frankenstein, 1823. El texto y su recepción están documentados en la edición digital de la Universidad de Maryland. ↩︎
Julio Castelló, Cien años de Frankenstein, ed. cit., pp. 11-12. ↩︎
Javier Memba, El cine de terror de la Universal, Madrid, T&B, 2006, pp. 66-74, 112-122, 132-139, ISBN 84-95602-60-1. ↩︎
Pau Roig y Luis L. Rueda, Monstruos eléctricos: el horror y la ciencia-ficción en la Universal, Arkadin, 2011, pp. 141-163, ISBN 978-84-938555-0-5. ↩︎
Michael Mallory, Universal Studios Monsters: A Legacy of Horror, Universe, 2009, pp. 64-85, ISBN 978-0-7893-1896-1. ↩︎
Julio Castelló, Cien años de Frankenstein, ed. cit., pp. 98-99. ↩︎
Julio Castelló, Cien años de Frankenstein, ed. cit., pp. 148-153. ↩︎
Andreas Rohrmoser, "FrankensteinFilms", consultado el 8 de marzo de 2016. ↩︎
Las fechas y casas editoriales de las primeras traducciones al español varían según el país; se recomienda verificar las ediciones locales para cada mercado hispanohablante. ↩︎
No se registran con certeza equipos deportivos o festivales de cine hispanoamericanos asociados de forma directa al personaje; la presencia es principalmente editorial, cinematográfica y televisiva. ↩︎