NASA
La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio, más conocida como NASA (por las siglas en inglés de National Aeronautics and Space Administration), es una agencia independiente del Gobierno federal de los Estados Unidos responsable del programa espacial civil de ese país, así como de la investigación en aeronáutica y ciencias del espacio. Fue creada en 1958, en plena carrera espacial, a partir del Comité Asesor Nacional para la Aeronáutica (NACA, por sus siglas en inglés), con el propósito de dar a los vuelos espaciales estadounidenses una orientación civil claramente diferenciada de los programas militares.
Desde su fundación, la NASA ha dirigido la mayor parte de los programas espaciales tripulados y no tripulados de Estados Unidos: el programa Mercury, el programa Gemini, el programa Apolo —que llevó seres humanos a la Luna con la misión Apolo 11 en 1969—, la estación espacial Skylab, el programa del transbordador espacial, la Estación Espacial Internacional y, actualmente, el programa Artemisa de regreso tripulado a la Luna. También opera una amplia red de misiones robóticas de exploración del sistema solar, telescopios espaciales y satélites de observación de la Tierra.
La sede central de la agencia, llamada Mary W. Jackson NASA Headquarters, se encuentra en Washington D. C. La NASA cuenta con centros de investigación y de operaciones repartidos por todo el territorio estadounidense, entre los que destacan el Centro Espacial Kennedy, en Florida; el Centro Espacial Lyndon B. Johnson, en Texas; el Laboratorio de Propulsión a Chorro, en California; y el Centro Marshall de Vuelos Espaciales, en Alabama. Su trabajo combina el desarrollo de tecnología aeroespacial, la ciencia planetaria, la observación terrestre y la colaboración con otras agencias espaciales del mundo.
| National Aeronautics and Space Administration | |
|---|---|
| Nombre oficial | Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio |
| Sigla | NASA |
| Tipo | Agencia independiente del Gobierno federal de los Estados Unidos |
| Fundación | 29 de julio de 1958 |
| Inicio de operaciones | 1 de octubre de 1958 |
| Sede | Mary W. Jackson NASA Headquarters, Washington D. C., Estados Unidos |
| Administrador | Jared Isaacman |
| Administradora adjunta | Matt Anderson[sin verificar] |
| Presupuesto | 24 400 millones de dólares (año fiscal 2026) |
| Empleados | 18 400 funcionarios civiles (2026) |
| Lema | For the Benefit of All (Para beneficio de todos) |
| Sitio web | nasa.gov |
| Centros principales | Centro Espacial Kennedy · Centro Espacial Johnson · Laboratorio de Propulsión a Chorro · Centro Marshall · Centro Glenn · Centro Ames · Centro Langley |
| Socios internacionales | ESA · JAXA · CSA · Roscosmos (en operaciones de la EEI) |
1. Resumen[editar]
La NASA nació en un contexto de urgencia política y tecnológica. El 4 de octubre de 1957, la Unión Soviética puso en órbita el Sputnik 1, el primer satélite artificial de la historia, y con él inauguró la era espacial.[1] El Congreso de Estados Unidos, alarmado por la aparente ventaja soviética, impulsó la creación de una agencia civil que agrupara los esfuerzos no militares en el espacio. El presidente Dwight D. Eisenhower firmó la National Aeronautics and Space Act el 29 de julio de 1958, y la NASA comenzó oficialmente sus operaciones el 1 de octubre de ese mismo año, absorbiendo a la antigua NACA, sus 8 000 empleados y sus principales laboratorios.
Desde entonces, la NASA ha mantenido una doble misión: por un lado, la exploración espacial con fines pacíficos y científicos; por el otro, la investigación aeronáutica aplicada al vuelo dentro de la atmósfera terrestre. Esa combinación explica que, en su organigrama, convivan centros dedicados a vuelos tripulados, planeadores espaciales, sondas planetarias, satélites de observación de la Tierra y telescopios orbitales.
La agencia recibe fondos directamente del presupuesto federal estadounidense. Para el año fiscal 2026, la NASA dispuso de un presupuesto autorizado de 24 400 millones de dólares. Su plantilla, tomando como referencia cifras de mediados de la década de 2020, se sitúa en torno a los 18 400 funcionarios civiles, además de personal contratista que trabaja en sus distintos centros y proyectos.[2] Algunas fuentes anteriores situaban la cifra en 18 358 empleados en 2023; la diferencia se debe tanto a las variaciones presupuestarias como a la forma de contabilizar el personal de apoyo.
La estructura actual de la NASA se organiza en varias direcciones de misión. En los últimos años, los documentos oficiales de la agencia han descrito tres grandes áreas: vuelos espaciales tripulados, investigación y tecnología, y ciencia. Bajo esas direcciones operan programas tan diversos como la Estación Espacial Internacional, las misiones comerciales de carga y de tripulación, las sondas interplanetarias, los observatorios astrofísicos y los estudios climáticos de la Tierra.
2. Historia[editar]
2.1 Antecedentes y creación[editar]
Antes de la fundación de la NASA, la investigación aeronáutica estadounidense estaba a cargo del Comité Asesor Nacional para la Aeronáutica, la NACA, creado en 1915. La NACA desempeñó un papel central en el avance de la aviación estadounidense durante la primera mitad del siglo XX. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, la NACA se interesó además por los aviones cohete, los misiles guiados y las posibilidades del vuelo supersónico. Uno de sus proyectos emblemáticos fue el Bell X-1, el avión experimental que en octubre de 1947 realizó el primer vuelo oficialmente registrado por encima de la velocidad del sonido.[3]
En la década de 1950, la rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética se trasladó al espacio. El lanzamiento soviético del Sputnik 1 y, poco después, del Sputnik 2, con la perra Laika a bordo, dejó en evidencia que la Unión Soviética llevaba varios años de ventaja en misiles balísticos y en capacidad de poner cargas en órbita. Washington reaccionó reorganizando sus programas espaciales. En aquel momento, buena parte de la actividad aeroespacial estaba fragmentada entre la Fuerza Aérea, la Armada y el Ejército.
En febrero de 1958, el gobierno estadounidense creó la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa (DARPA), dedicada a la tecnología espacial con aplicaciones militares. Pero Eisenhower y sus asesores preferían separar de forma clara los proyectos civiles y los militares. Para ello, decidieron levantar una agencia civil sobre la base de la NACA. El 29 de julio de 1958, Eisenhower firmó la National Aeronautics and Space Act, la ley que dio origen a la NASA. Cuando la agencia empezó a funcionar, el 1 de octubre de ese año, integró a los 8 000 empleados de la NACA, su presupuesto anual de aproximadamente 100 millones de dólares y tres grandes laboratorios: el Langley Research Center, el Ames Research Center y el Glenn Research Center.
Poco después, la NASA absorbió también elementos de la Army Ballistic Missile Agency, del Laboratorio de Investigación Naval y varios programas espaciales iniciales de la DARPA. En diciembre de 1958 obtuvo el control del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL), instalación operada por el Instituto de Tecnología de California y que desde entonces se convertiría en el principal centro de exploración planetaria de Estados Unidos. La incorporación del equipo de Wernher von Braun, que había trabajado en el programa de cohetes alemán y que por entonces colaboraba con la Army Ballistic Missile Agency, fue decisiva para el desarrollo posterior de los grandes cohetes de la NASA.
2.2 Primeros vuelos orbitales e hipersónicos[editar]
Aunque la NASA nació como una agencia espacial, no abandonó inmediatamente la investigación aeronáutica. Buena parte de sus primeros años estuvo marcada por proyectos híbridos que combinaban el vuelo atmosférico y el espacial. El X-15, desarrollado en cooperación entre la NASA, la Fuerza Aérea y la Armada, fue un avión cohete impulsado desde un Boeing B-52 que realizó 199 vuelos entre 1959 y 1968. El X-15 alcanzó récords que durante décadas se mantuvieron entre las mayores velocidades jamás conseguidas por una aeronave tripulada: hasta 4 519 millas por hora, equivalentes a unos 7 273 kilómetros por hora. Varios de sus pilotos fueron reconocidos con la insignia estadounidense de astronauta al superar la altitud de 80 kilómetros, considerada por la Fuerza Aérea como el inicio del espacio. Según el criterio de la Federación Aeronáutica Internacional, que fija el límite en 100 kilómetros, dos vuelos de Joseph A. Walker contaron como vuelos espaciales.[4]
En paralelo, la NASA gestionó el programa Mercury, heredado de los estudios de la Fuerza Aérea. Project Mercury fue la primera gran campaña estadounidense de vuelos tripulados. El 5 de mayo de 1961, Alan Shepard se convirtió en el primer estadounidense en volar al espacio a bordo de la cápsula Freedom 7, en un vuelo suborbital de unos quince minutos. Veintitrés días antes, el cosmonauta soviético Yuri Gagarin había completado una órbita completa a la Tierra a bordo del Vostok 1, de modo que la Unión Soviética volvió a ganar la partida simbólica.
La primera misión orbital tripulada de Estados Unidos llegó el 20 de febrero de 1962, cuando John Glenn completó tres órbitas alrededor de la Tierra en la cápsula Friendship 7, lanzada sobre un cohete Atlas. Mercury concluyó con el vuelo de Gordon Cooper en mayo de 1963, quien permaneció más de 34 horas en órbita y completó 22 revoluciones a la Tierra. El programa cumplió su objetivo de demostrar que era posible situar a una persona en órbita y recuperarla con seguridad, al tiempo que generó datos sobre los efectos fisiológicos del vuelo espacial.
2.3 La carrera a la Luna: Mercury, Gemini y Apolo[editar]
El 25 de mayo de 1961, ante el Congreso, el presidente John F. Kennedy lanzó uno de los desafíos tecnológicos más ambiciosos del siglo XX: Estados Unidos debía lograr que un ser humano pisara la Luna y regresara a salvo a la Tierra antes de que terminara la década de 1960. El objetivo quedó fijado para la NASA cuando el país todavía no tenía experiencia en vuelos orbitales de larga duración.
El programa Gemini, iniciado formalmente en 1962, fue el puente entre Mercury y Apolo. Gemini usaba una cápsula para dos astronautas y sirvió para practicar las maniobras de encuentro y acoplamiento orbital, los paseos espaciales y los vuelos de larga duración. Su primer vuelo tripulado, Gemini 3, despegó el 23 de marzo de 1965 con Gus Grissom y John Young a bordo. A lo largo de nueve misiones tripuladas posteriores, en 1965 y 1966, la NASA demostró que dos naves podían aproximarse en órbita, que los astronautas podían salir de la cápsula y que era viable sobrevivir en ingravidez durante misiones de casi catorce días.
El programa Apolo, iniciado en 1961, fue el corazón de la carrera lunar. Para lanzarlo se desarrolló el cohete Saturno V, bajo la dirección de Wernher von Braun y su equipo en el Centro Marshall de Vuelos Espaciales. La nave Apolo constaba de un módulo de mando y servicio (CSM) y de un módulo lunar (LM) destinado a descender a la superficie. El programa sufrió un trágico revés en enero de 1967, cuando el incendio de la cápsula Apolo 1, durante una prueba en tierra, mató a sus tres tripulantes: Gus Grissom, Ed White y Roger Chaffee. A pesar del accidente, el programa continuó.
En diciembre de 1968, el Apolo 8 realizó un vuelo histórico: fue la primera nave tripulada que abandonó la órbita baja terrestre, orbitó la Luna y regresó a la Tierra. Su tripulación —Frank Borman, James Lovell y William Anders— pudo ver por primera vez la cara oculta de la Luna y fotografiar la Tierra elevándose sobre el horizonte lunar. En julio de 1969, el Apolo 11 logró el primer alunizaje tripulado. Neil Armstrong y Buzz Aldrin descendieron en el mar de la Tranquilidad, mientras Michael Collins permanecía en órbita lunar. La frase de Armstrong al pisar la superficie —«un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad»— se convirtió en uno de los testimonios más difundidos del siglo XX.[5]
El programa Apolo completó en total seis alunizajes tripulados entre 1969 y 1972. La última misión fue el Apolo 17, en diciembre de 1972, que además envió por última vez a seres humanos más allá de la órbita baja terrestre. A lo largo de las misiones lunares, la NASA recogió 381,7 kilogramos de muestras de suelo y roca lunar, que se han conservado y analizado durante décadas en laboratorios de todo el mundo. El esfuerzo del programa Apolo fue extraordinariamente costoso: las estimaciones contemporáneas lo sitúan en torno a los 200 000 millones de dólares actuales, lo que convirtió al proyecto en uno de los más caros de la historia científica estadounidense.[6]
2.4 Estaciones espaciales: Skylab y el ensayo Apolo-Soyuz[editar]
Terminadas las misiones lunares, la NASA reorientó parte de su infraestructura hacia la habitación prolongada en órbita. La estación espacial Skylab, lanzada el 14 de mayo de 1973, fue la primera estación espacial estadounidense y la única construida de manera independiente por Estados Unidos. Su estructura aprovechó componentes sobrantes del programa Apolo y fue puesta en órbita sobre un Saturno V. Durante el lanzamiento, la estación sufrió daños en su protección térmica y en uno de sus paneles solares, por lo que su primera tripulación tuvo que efectuar reparaciones de emergencia en pleno vuelo.
Skylab fue ocupada por tres tripulaciones sucesivas entre 1973 y 1974, por un total de 171 días. La estación incluía un laboratorio para estudiar los efectos de la microgravedad y un observatorio solar. Se trataba de un volumen habitable muy superior al de las naves Apolo: unos 320 metros cúbicos. La NASA planeó acoplarle un transbordador espacial para elevar su órbita, pero el transbordador no estuvo listo a tiempo; la estación reingresó en la atmósfera el 11 de julio de 1979 y se desintegró sobre el océano Índico, con restos que se dispersaron en una amplia franja.
En 1975, apenas unos meses después de que terminara la ocupación de Skylab, la NASA y la Unión Soviética protagonizaron la primera misión espacial conjunta de las dos superpotencias. El proyecto de pruebas Apolo-Soyuz, acordado por Richard Nixon y Alexei Kosygin en 1972, reunió en órbita a una nave Apolo y a una Soyuz soviética, que se acoplaron y permitieron que sus tripulaciones intercambiaran saludos y realizaran experimentos cooperativos. La misión tuvo lugar en julio de 1975 y marcó el último vuelo tripulado estadounidense hasta el estreno del transbordador espacial, en abril de 1981.
2.5 El transbordador espacial[editar]
El programa del transbordador espacial fue el gran proyecto de la NASA durante los últimos años de la década de 1970 y la entera década de 1980. A diferencia de los cohetes desechables anteriores, el transbordador fue concebido como un sistema parcialmente reutilizable, formado por un orbitador alado, un tanque externo y dos cohetes laterales de combustible sólido. El primer vuelo orbital fue el del transbordador Columbia, que despegó el 12 de abril de 1981, en el vigésimo aniversario del primer vuelo espacial de Yuri Gagarin, con la misión STS-1.
La flota de orbitadores llegó a incluir seis naves. El Enterprise, fabricado primero, se usó únicamente para pruebas atmosféricas y no voló al espacio. A él se sumaron el Columbia, el Challenger, el Discovery, el Atlantis y, tras la pérdida del Challenger, el Endeavour. El transbordador permitió lanzar y reparar satélites en órbita, realizar experimentos en el laboratorio Spacelab y, a partir de los años noventa, transportar grandes módulos para la construcción de la Estación Espacial Internacional.
El programa también fue el escenario de dos de los mayores desastres de la historia aeroespacial. El 28 de enero de 1986, el Challenger se destruyó 73 segundos después del despegue, y sus siete tripulantes murieron. La flota permaneció en tierra durante casi tres años, mientras se revisaban los motivos de falla y se introducían cambios de seguridad. El 1 de febrero de 2003, el Columbia se desintegró durante la reentrada en la atmósfera, en la misión STS-107, con la muerte de otros siete astronautas. La causa se debió a daños en el escudo térmico provocados por el desprendimiento de espuma del tanque externo durante el lanzamiento.
A pesar de todo, el transbordador cumplió un papel central en la construcción de la EEI y en el mantenimiento del telescopio espacial Hubble. El programa concluyó el 21 de julio de 2011, cuando el Atlantis aterrizó en el Centro Espacial Kennedy al final de la misión STS-135. En total, el transbordador realizó 135 misiones a lo largo de treinta años. Tras su retiro, Estados Unidos quedó temporalmente sin capacidad propia para transportar astronautas al espacio y pasó a depender de las naves rusas Soyuz para llegar a la EEI, una situación que se prolongó hasta la entrada en servicio de las naves comerciales estadounidenses casi una década después.
2.6 Estación Espacial Internacional[editar]
La Estación Espacial Internacional (EEI) surgió de la reorganización de varios proyectos nacionales e internacionales. En los años ochenta, la NASA había propuesto la estación Space Station Freedom, que fue promovida por el presidente Ronald Reagan como un laboratorio orbital permanente. Las dificultades presupuestarias forzaron varios rediseños. En 1993, la administración de Bill Clinton anunció que el proyecto estadounidense se fusionaría con los planes rusos, dando paso a un programa verdaderamente multinacional en el que participan la NASA, la agencia rusa Roscosmos, la Agencia Espacial Europea, la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial y la Agencia Espacial Canadiense.
El montaje orbital de la EEI comenzó en 1998. La estación se fue ensamblando módulo por módulo, con lanzamientos efectuados por cohetes rusos Protón y Soyuz, y por los transbordadores estadounidenses. La construcción del segmento orbital estadounidense se consideró esencialmente terminada en 2011, mientras que el segmento ruso continuó desarrollándose en los años siguientes. La estación ha estado ocupada de manera continua desde noviembre de 2000, y está considerada el mayor satélite artificial jamás puesto en órbita por la humanidad.
A bordo de la EEI se realizan investigaciones en microgravedad sobre biología, medicina, materiales, física de fluidos y observación de la Tierra, entre otras áreas. Además, la estación sirve como plataforma de prueba para tecnologías necesarias en misiones interplanetarias de larga duración. Las tripulaciones, denominadas expediciones, rotan aproximadamente cada seis meses. Durante años, su tamaño estándar fue de tres personas; tras diversas ampliaciones, la tripulación se elevó a seis y posteriormente a siete, que es la capacidad de diseño de la estación.
El abastecimiento de la EEI depende de un conjunto de naves cargueras no tripuladas. La Progress rusa ha hecho servicios de carga desde el año 2000. El vehículo automático de transferencia europeo lo hizo entre 2008 y 2014, y el vehículo de transferencia japonés H-II entre 2009 y 2020. Desde los años 2010, se sumaron las naves comerciales estadounidenses Dragon, de SpaceX, y Cygnus, de Northrop Grumman. Tras el retiro del transbordador, las tripulaciones viajaron durante años exclusivamente en Soyuz; desde 2020, las cápsulas comerciales Dragon y Starliner han ido asumiendo buena parte del transporte de astronautas.
2.7 Exploración interplanetaria y ciencias espaciales[editar]
La exploración robótica del sistema solar fue desde el principio una de las áreas de trabajo más fértiles de la NASA. En los años sesenta, el programa Mariner envió las primeras sondas estadounidenses a Venus, Marte y Mercurio. La experiencia del Laboratorio de Propulsión a Chorro resultó fundamental para el desarrollo de esta línea de misión.
El programa Viking de mediados de los años setenta consiguió las primeras aterrizajes exitosos de sondas estadounidenses en Marte, en 1976. La exploración marciana se reanudó con el orbitador Mars Global Surveyor y el módulo Mars Pathfinder, que en 1997 desplegó el primer rover en el planeta, el pequeño Sojourner. Los rovers Spirit y Opportunity aterrizaron en 2004 y superaron ampliamente su vida útil prevista. Curiosity, que llegó en 2012, midió niveles de radiación comparables a los de la EEI y detectó componentes químicos esenciales para la química de la vida. El módulo InSight, en 2018, estudió el interior de Marte. En 2021, el rover Perseverance aterrizó en el cráter Jezero con el helicóptero Ingenuity, que protagonizó el primer vuelo propulsado y controlado de una aeronave en otro planeta.
La exploración del sistema solar exterior comenzó en los años setenta con las sondas Pioneer 10 y Pioneer 11, que sobrevolaron Júpiter y Saturno. Las dos naves del programa Voyager, lanzadas en 1977, realizaron históricos sobrevuelos de Júpiter, Saturno, Neptuno y Urano, y con el tiempo se convirtieron en artefactos interestelares. La sonda Galileo, desplegada desde el transbordador espacial en 1989, fue la primera en orbitar Júpiter y encontró evidencias de un océano subsuperficial en la luna Europa. La misión conjunta Cassini-Huygens, con participación europea e italiana, exploró Saturno y su luna Titán, donde halló indicios de lagos de hidrocarburos líquidos y de un océano interno en la luna Encélado. La sonda New Horizons, lanzada en 2006, sobrevoló Plutón en 2015 y continuó hacia el cinturón de Kuiper.
Además de las sondas planetarias, la NASA ha desplegado una larga serie de telescopios espaciales. Entre los programas más reconocidos figura el de los Grandes Observatorios, cuatro grandes instrumentos en distintas longitudes de onda: el telescopio espacial Hubble, lanzado en 1990; el Observatorio de Rayos Gamma Compton, lanzado en 1991; el Observatorio de Rayos X Chandra, en 1999; y el telescopio infrarrojo Spitzer, en 2003. El Hubble se convirtió en uno de los instrumentos científicos más productivos de la historia, con observaciones que han abarcado desde la determinación de la expansión del universo hasta la caracterización de atmósferas de exoplanetas. El telescopio espacial James Webb, lanzado en 2021, es su sucesor en infrarrojo, optimizado para observar la formación de las primeras galaxias, la composición de atmósferas planetarias y las primeras fases de formación estelar.
2.8 Era comercial y regreso a la Luna: programa Artemisa[editar]
A comienzos del siglo XXI, la NASA empezó a transformar su relación con la industria privada. La retirada del transbordador, en 2011, dejó a Estados Unidos sin transporte propio de astronautas. Para recuperar esa capacidad, la agencia impulsó el programa de tripulación comercial, que financió el desarrollo de naves privadas mediante contratos con hitos de pago fijos. SpaceX desarrolló la cápsula Dragon 2 y Boeing la cápsula Starliner. La misión SpaceX Crew-1, en noviembre de 2020, devolvió a Estados Unidos la capacidad de lanzar astronautas desde su propio territorio, poniendo fin a casi una década de dependencia exclusiva de las naves rusas.
En paralelo, la NASA definió un nuevo programa de exploración lunar. En 2019, la agencia anunció formalmente el programa Artemisa, con el objetivo de devolver seres humanos a la superficie lunar y establecer una presencia sostenible en la Luna. El programa utiliza el cohete Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS, por sus siglas en inglés) y la nave Orión, que había comenzado a desarrollarse años antes. La misión Artemis I, no tripulada, despegó en noviembre de 2022. La primera misión tripulada del programa, Artemis II, estaba prevista para realizar un sobrevuelo lunar; su lanzamiento se proyectó para 2026.[7] El programa contempla asimismo una estación orbital lunar denominada Gateway, destinada a servir de nudo de escala para las misiones en la superficie de la Luna.
La dimensión diplomática del programa Artemisa descansa en los Acuerdos de Artemisa, un marco de principios para la exploración pacífica y regulada de la Luna y otros cuerpos celestes, firmado por un número creciente de países.
3. Organización y estructura[editar]
La NASA es una agencia independiente del Gobierno federal de Estados Unidos, es decir, no forma parte de un departamento ministerial como el de Defensa o el de Comercio. Su máxima autoridad es el Administrador de la NASA, nombrado por el presidente de Estados Unidos con la aprobación del Senado. Desde diciembre de 2025, el administrador es Jared Isaacman[sin verificar].
La labor de la agencia se organiza en centros de campo y en direcciones de misión. En los últimos años, la NASA ha descrito tres direcciones principales: la de vuelos espaciales tripulados, que gestiona la EEI y los programas de exploración; la de investigación y tecnología, que coordina la innovación aeronáutica y tecnológica; y la de ciencia, que agrupa las misiones planetarias, astrofísicas, heliofísicas y de observación terrestre. Dentro de las misiones científicas, el trabajo se suele desglosar en estudios de la Tierra, de los planetas, del Sol y del universo lejano.
La coordinación de lanzamientos no tripulados recae en el Programa de Servicios de Lanzamiento, que supervisa las operaciones de cuenta regresiva y la gestión de contratos con proveedores comerciales. Las comunicaciones de las naves en vuelo se apoyan en la Red del Espacio Profundo y en infraestructuras equivalentes para órbita terrestre.
4. Centros e instalaciones[editar]
La NASA opera diez centros de campo principales y numerosas instalaciones menores. A continuación se citan los más relevantes para sus actividades espaciales y aeronáuticas.
[ Desplegar / Plegar centros de la NASA ]
- Centro Espacial Kennedy (Florida): principal puerto de lanzamiento tripulado de la agencia.
- Centro Espacial Lyndon B. Johnson (Texas): sede del control de misiones tripuladas y de la oficina de astronautas.
- Laboratorio de Propulsión a Chorro (California): centro de exploración robótica del sistema solar, operado para la NASA por el Instituto de Tecnología de California.
- Centro Marshall de Vuelos Espaciales (Alabama): desarrollo de cohetes y sistemas de propulsión.
- Centro Glenn (Ohio): investigación en propulsión, energía y comunicaciones.
- Centro Ames (California): investigación aeronáutica, supercomputación y astrobiología.
- Centro Langley (Virginia): investigación aeronáutica y de estructuras.
- Centro Goddard (Maryland): misiones científicas, observación de la Tierra y astrofísica.
- Centro Stennis (Misisipi): pruebas de motores cohete.
- Instalación de Vuelo Wallops (Virginia): lanzamientos suborbitales y experimentales.
Además, la NASA utiliza bases de la Fuerza Espacial estadounidense, como la de Cabo Cañaveral y la Base Vandenberg, para determinados lanzamientos no tripulados. La sede central, el Mary W. Jackson NASA Headquarters de Washington D. C., concentra la dirección política y administrativa de la agencia.
5. Presupuesto y personal[editar]
El presupuesto de la NASA representa una fracción pequeña del gasto federal estadounidense, aunque en términos absolutos es considerable. En los años sesenta, durante el pico del programa Apolo, el presupuesto de la agencia llegó a suponer un porcentaje notablemente mayor del producto interno bruto de Estados Unidos que en la actualidad. Las estimaciones sobre el costo del programa Apolo, actualizado a dólares de hoy, rondan los 200 000 millones de dólares.[8] En cambio, el presupuesto de los años 2020 oscila en una franja de algo más de veinte mil millones anuales. Para el año fiscal 2026 se autorizaron 24 400 millones de dólares.
La plantilla civil de la NASA se mantiene relativamente estable desde hace años, en el entorno de 17 000 a 18 000 funcionarios. Las cifras varían según se contabilice solo el personal federal directo o también el personal contratista. En 2023, un perfil oficial de fuerza laboral indicó 18 358 empleados; en 2026, las cifras de comunicación institucional citaban unos 18 400. A ello se suman miles de contratistas en los distintos centros y en las empresas que apoyan los programas de la agencia.
6. Programas destacados[editar]
6.1 Vuelos tripulados[editar]
La NASA ha administrado las misiones tripuladas más importantes de la historia espacial estadounidense. De los vuelos suborbitales del programa Mercury a los seis alunizajes del programa Apolo, de las expediciones de Skylab a las 135 misiones del transbordador, y de la construcción de la EEI a las nuevas misiones comerciales, su programa humano ha sido siempre el más visible de la agencia. En términos acumulados, la NASA ha lanzado 166 misiones espaciales tripuladas en cohetes, según el recuento que cita la agencia, además de trece vuelos del X-15 que superaron la altitud de 80 kilómetros y que para la Fuerza Aérea estadounidense califican como vuelos espaciales.[9]
6.2 Exploración robótica[editar]
La exploración robótica de la NASA cubre actualmente Marte, la Luna, Júpiter, Saturno, los asteroides y los cuerpos menores del sistema solar. Entre los proyectos activos más relevantes figura el rover Perseverance, que recoge muestras geológicas para un futuro retorno a la Tierra. La agencia colabora asimismo con la ESA en el esfuerzo de retorno de muestras marcianas. En la Luna, el programa Artemisa prevé desplegar módulos de aterrizaje, rovers y experimentos de utilización de recursos locales.
6.3 Observatorios y telescopios espaciales[editar]
Los telescopios orbitales configuran una de las áreas científicas más premiadas de la NASA. El Hubble, operado conjuntamente con la ESA, continúa produciendo ciencia después de más de tres décadas en órbita. El James Webb, lanzado en diciembre de 2021, ha ampliado la capacidad de observación en infrarrojo y se ha convertido en la principal herramienta para estudiar las primeras galaxias y las atmósferas de exoplanetas. El Observatorio de Rayos X Chandra, lanzado en 1999, sigue activo en la observación de agujeros negros, cúmulos de galaxias y restos de supernovas. El retirado Telescopio Espacial Spitzer, de infrarrojo, contribuyó al estudio de exoplanetas y de discos protoplanetarios.
6.4 Ciencias de la Tierra y heliofísica[editar]
Desde la puesta en órbita del satélite meteorológico TIROS, en 1960, la NASA ha sido una de las instituciones más importantes en la observación de la Tierra. Su Sistema de Observación de la Tierra recopila datos sobre la atmósfera, los océanos, los hielos y la superficie terrestre. Entre los programas históricos destaca el satélite Landsat, iniciado en los años setenta y continuado durante décadas en cooperación con el Servicio Geológico de Estados Unidos. En heliofísica, la agencia estudia la actividad del Sol y su interacción con la Tierra mediante una red de naves y satélites. Estos datos son esenciales para el pronóstico del clima espacial, que puede afectar a las comunicaciones, la navegación y la red eléctrica.
7. NASA y el mundo hispanohablante[editar]
La NASA es una institución de referencia en toda Hispanoamérica, tanto por su producción científica como por su presencia en medios y en educación. La agencia ha incorporado a lo largo de su historia a numerosos hispanos en sus elencos de astronautas y científicos. Los ejemplos más citados incluyen a Franklin Chang-Díaz, de ascendencia costarricense y uno de los astronautas con mayor número de vuelos de transbordador; Ellen Ochoa, de origen mexicano y primera mujer hispana en ir al espacio; y José Hernández, ingeniero de ascendencia mexicana que realizó una misión al espacio y cuya trayectoria ha sido difundida en la cultura popular. La agencia mantiene contenidos educativos en español, y sus misiones son seguidas en toda la región a través de retransmisiones internacionales, documentales y plataformas digitales.
En términos operativos, Hispanoamérica no cuenta con bases de lanzamiento de la NASA. La agencia usa estaciones de seguimiento y convenios científicos con instituciones de distintos países, aunque la mayor parte de su infraestructura se concentra en Estados Unidos y, en el caso de la EEI, en los socios del programa. Los lanzamientos tripulados y no tripulados se efectúan principalmente desde Florida y California. La vinculación de los países hispanohablantes con la agencia es, por tanto, sobre todo de carácter científico, educativo y divulgativo, más que operativo.
8. Legado cultural y presencia pública[editar]
Pocas instituciones gubernamentales han tenido un impacto cultural tan duradero como la NASA. Las misiones Apolo inspiraron a generaciones de ingenieros y científicos, y el alunizaje de 1969 se consolidó como uno de los hitos compartidos de la historia mundial. La frase de Neil Armstrong, las imágenes de los astronautas en la superficie lunar y las fotografías de la Tierra vista desde el espacio se encuentran entre los iconos visuales del siglo XX.
La agencia ha sabido adaptar su comunicación a los tiempos. Además de sus canales de televisión y sus programas educativos, la NASA ofrece desde hace años servicios de transmisión en línea, incluido el servicio de contenido NASA+, que difunde en directo lanzamientos, ruedas de prensa, paseos espaciales y documentales. Sus cuentas en redes sociales y su vocación de publicar imágenes y datos en abierto han contribuido a que se la considere una de las agencias públicas más transparentes del mundo.
La NASA también ha tenido presencia constante en el cine, la televisión y la literatura. Desde la novela 2001: A Space Odyssey hasta producciones recientes, el imaginario de sus misiones ha servido de base para la ciencia ficción y para la divulgación científica. El público hispanohablante ha accedido a ese legado mediante doblajes y traducciones de documentales, películas y series, y mediante la cobertura en español que distintas cadenas latinoamericanas han hecho de cada gran misión, desde el Apolo 11 hasta la llegada del Perseverance a Marte o las primeras imágenes del telescopio James Webb.
9. Valoración contemporánea[editar]
La NASA sigue siendo, en el siglo XXI, una agencia de referencia mundial. Su capacidad para mantener operativa la Estación Espacial Internacional durante más de dos décadas, su colaboración con la industria privada y su papel en el desarrollo de telescopios como el James Webb son logros ampliamente reconocidos. Al mismo tiempo, la agencia enfrenta desafíos presupuestarios, retrasos en los programas de gran calado y competencia de nuevas potencias espaciales. El futuro del programa Artemisa, el sostenimiento de la EEI y la coordinación con actores comerciales determinarán buena parte de su relevancia en los próximos años.
Pese a esos retos, la posición institucional de la NASA permanece sólida. Su nombre es sinónimo de exploración espacial, y su acervo científico —desde el primer alunizaje hasta la observación de los confines del universo— constituye uno de los patrimonios técnicos más importantes del mundo contemporáneo.
El Sputnik 1 fue lanzado por la Unión Soviética el 4 de octubre de 1957. Su señal de radio, captada en todo el mundo, marcó el inicio de la era espacial y provocó en Estados Unidos la llamada «crisis del Sputnik», un debate público sobre el atraso tecnológico percibido respecto de la Unión Soviética. ↩︎
La cifra de empleados de la NASA no incluye a los contratistas, que pueden superar en número a la plantilla federal directa. La agencia colabora con universidades y empresas que emplean a miles de personas más en proyectos. ↩︎
El primer vuelo supersónico documentado del Bell X-1 tuvo lugar el 14 de octubre de 1947, con Chuck Yeager como piloto, en un proyecto conjunto de la NACA, la Fuerza Aérea y el fabricante Bell Aircraft. Ese vuelo, sin embargo, corresponde al avión experimental y no a un programa formal de la NASA, creada más tarde. ↩︎
La definición de «espacio» no es única. La Fuerza Aérea de Estados Unidos ha utilizado tradicionalmente la altitud de 80 kilómetros; la Federación Aeronáutica Internacional fija la línea de Kármán en 100 kilómetros. Por eso un mismo vuelo experimental puede considerarse espacial según un criterio y atmosférico según el otro. ↩︎
La transcripción exacta de la frase ha sido objeto de debate durante décadas. Armstrong sostuvo en ocasiones posteriores que dijo «un pequeño paso para un hombre», con el artículo «un» que a menudo se pierde en la transmisión de audio. La versión más citada en español, «un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad», difumina ese matiz. ↩︎
Las estimaciones del costo del programa Apolo varían según el método de actualización de la inflación. La cifra redonda de 200 000 millones de dólares actuales se cita con frecuencia en textos de historia contemporánea, pero debe leerse como magnitud aproximada, no como contabilidad precisa. ↩︎
Artemis II ha sido anunciada como la primera misión tripulada del programa Artemisa, con un sobrevuelo lunar sin descenso a la superficie. Las fechas de lanzamiento de las misiones Artemisa han sufrido varias reprogramaciones, de modo que cualquier fecha debe verificarse con la documentación vigente de la NASA. ↩︎
Aunque 24 400 millones de dólares suena a una cifra enorme, representa una parte pequeña del presupuesto federal de Estados Unidos. En el pico del programa Apolo, a mediados de los años sesenta, el presupuesto de la NASA era proporcionalmente mucho mayor respecto al PIB del país. ↩︎
La cifra de 166 misiones tripuladas es un recuento acumulado que depende de cómo se clasifiquen los vuelos del X-15 y de otros programas experimentales. Otros recuentos pueden inclinar ligeramente el número hacia arriba o hacia abajo. ↩︎