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Necrofilia

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Necrofilia
EspecialidadPsiquiatría, psicología y psicoterapia
Clasificación CIE-10F65.8
EtimologíaDel griego nekros (cadáver) y philia (amor o atracción)
TipoParafilia

1. Resumen[editar]

La necrofilia es una parafilia caracterizada por una atracción sexual hacia cadáveres. El término procede de las voces griegas νεκρός (nekros, 'cadáver' o 'muerto') y φιλία (philia, 'amor' o 'atracción'). En la clasificación internacional de enfermedades se la ubica dentro de los trastornos de la preferencia sexual, en el grupo de las parafilias no especificadas.

Desde una perspectiva clínica, la necrofilia supone un patrón persistente de excitación sexual en torno a cuerpos sin vida. En la mayoría de los ordenamientos jurídicos, cualquier acto sexual con un cadáver se considera socialmente inaceptable y suele perseguirse como profanación de cadáveres o figuras afines, con independencia de que exista un subtipo clínico diagnosticable. El estudio del fenómeno abarca tanto la psiquiatría y la psicología como el derecho, la antropología y la historia de las representaciones artísticas.

A lo largo del siglo XX y principios del XXI se han documentado casos individuales que adquirieron gran notoriedad en la prensa y en la literatura penal. Además de los casos forenses, la necrofilia aparece como motivo recurrente en la ficción literaria, el cine, la música y las leyendas antiguas. El presente artículo describe sus dimensiones clínicas, jurídicas, éticas y culturales, con especial atención a los ejemplos documentados y a su presencia en el mundo hispanohablante.

2. Etimología y origen del término[editar]

El étimo griego nekros significa 'cadáver' o 'muerto', mientras que philia remite al amor, la amistad o la atracción. La combinación, sin embargo, no se usó de forma técnica en la Antigüedad, sino que es una construcción moderna para describir una conducta que los tratados clásicos abordaban bajo otras categorías.

El origen del término como concepto clínico suele atribuirse a la obra Psychopathia Sexualis, publicada en 1886 por el psiquiatra alemán Richard von Krafft-Ebing.[1] En ese tratado, Krafft-Ebing agrupó y describió una serie de conductas sexuales que se apartaban de la norma, entre ellas la atracción por cadáveres y la profanación de tumbas con fines eróticos. La consagración del vocablo refleja el interés de la psiquiatría decimonónica por catalogar y nombrar las desviaciones sexuales, un proyecto que respondía tanto a preocupaciones médicas como a un contexto forense en expansión.

Aunque el término nació en el ámbito médico, su uso se extendió con el tiempo al lenguaje jurídico, a la crítica cultural y a la conversación pública. En español, la palabra se incorporó sin grandes adaptaciones desde los textos psiquiátricos europeos.

3. Caracterización clínica[editar]

Dentro de los manuales diagnósticos, la necrofilia no suele tener una categoría independiente, sino que se la codifica entre las parafilias residuales o no especificadas. En la Clasificación Internacional de Enfermedades, en su décima versión (CIE-10), aparece en el apartado F65.8, correspondiente a otros trastornos de la preferencia sexual. En el DSM, de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, se la menciona como una parafilia poco frecuente y no se le asigna un código específico, lo que obliga a ubicarla entre las parafilias no especificadas.[2]

La literatura clínica distingue entre la fantasía necrófila y el acto consumado. No toda persona con fantasías de este tipo comete delitos ni busca contacto real con cadáveres; el diagnóstico se reserva para casos en que el patrón causa malestar, deterioro funcional o conductas que afectan a terceros. Los estudios sistemáticos son escasos y gran parte del conocimiento disponible procede de informes forenses y de casos judicializados, lo que limita las generalizaciones.

Algunos autores han propuesto subtipos: la necrofilia como parafilia exclusiva o preferente, la necrofilia asociada a otros trastornos psicóticos o a trastornos de la personalidad, y la conducta necrófila oportunista en personas sin historia parafílica previa. Esta distinción tiene relevancia forense, pues no todos los actos de profanación sexual responden al mismo perfil clínico. En contextos penitenciarios y hospitalarios, la evaluación psiquiátrica suele centrarse en el riesgo de reincidencia y en la presencia de otras parafilias.

4. Situación jurídica[editar]

La mayoría de los sistemas penales sancionan la profanación de cadáveres, aunque no siempre tipifiquen de forma expresa el acto sexual con un cadáver. Con frecuencia se recurre a figuras como la violación de sepulturas, el abuso de cadáver o el ultraje a la memoria de los muertos.

El Código Penal de España aborda la conducta en su artículo 526. En la literalidad del precepto, se castiga a quien, faltando al respeto debido a la memoria de los muertos, violare los sepulcros o sepulturas, profanare un cadáver o sus cenizas o, con ánimo de ultraje, destruyere, alterare o dañare las urnas funerarias, panteones, lápidas o nichos. La pena prevista es de prisión de tres a cinco meses o multa de seis a diez meses.[3]

En Estados Unidos, la mayoría de los estados proscriben esta práctica, aunque frecuentemente la formulan con el eufemismo de «abuso sobre un cadáver». California careció hasta 2004 de una ley específica contra el acto sexual con cadáveres, pese a contar con normas contra la mutilación de cadáveres y la profanación de tumbas. El 10 de septiembre de 2004, el gobernador Arnold Schwarzenegger firmó un proyecto de ley que criminalizó tales actos, con una pena máxima de ocho años de prisión. La legislación californiana ilustra el proceso por el cual las conductas necrófilas pasaron de quedar absorbidas por figuras genéricas a recibir un tratamiento penal específico.

La dispersión normativa plantea problemas de lagunas legales. Algunos ordenamientos exigen que el cadáver se encuentre en un cementerio o en un contexto funerario para configurar el delito, lo que deja fuera supuestos como los que ocurren en depósitos de cadáveres, morgues o viviendas particulares. En América Latina, la conducta se persigue habitualmente bajo los tipos de profanación de cadáveres o ultraje a la memoria de los difuntos, aunque la redacción varía entre países.[4]

5. Casos documentados[editar]

Los casos que siguen han sido recogidos en la bibliografía histórica y en la prensa de su época. No son los únicos, pero sí los que alcanzaron mayor difusión.

5.1. Víctor Ardisson[editar]

Apodado «el vampiro de Muy», este necrófilo cometió más de cien casos en Francia, entre fines del siglo XIX y principios del XX. Su actividad consistió en la sustracción de cadáveres en cementerios de la región de Muy, en el sur de Francia, con fines necrófilos. Ardisson fue detenido y procesado, y su caso se convirtió en uno de los más citados por la literatura psiquiátrica posterior.[5]

5.2. Henri Blot[editar]

Henri Blot, conocido también como «el vampiro de Saint-Ouen», fue procesado por vandalismo en 1886, con 26 años de edad. Su delito consistió en introducirse a medianoche en el cementerio de Saint-Ouen, desenterrar el cadáver de una joven de 18 años y realizar el acto sexual con él. Tras el acto se durmió, huyendo a la mañana siguiente por temor a ser descubierto. Meses más tarde repitió lo mismo, pero fue encontrado nuevamente dormido junto al cuerpo.

Durante el juicio, en el que fue condenado a dos años de prisión, respondió al magistrado: «¿Qué quiere usted? Cada uno tiene sus pasiones, y la mía son los cadáveres».[6] La frase quedó como una de las citas más citadas en los estudios sobre la necrofilia y expresa, en palabras del propio procesado, la persistencia de una preferencia sexual no solicitada ni consentida.

5.3. Carl Tanzler[editar]

Carl Tanzler era un radiólogo de Key West (Florida) que desarrolló una obsesión mórbida por Elena Milagro Hoyos, una de sus pacientes que murió de tuberculosis en 1931 en un hospital local. Con el permiso de los padres, Tanzler mandó construir un mausoleo para evitar que el cuerpo se descompusiera bajo tierra. Visitó la tumba cada noche y, antes de 1933, llevó el cuerpo a su casa y lo metió en su cama.

Restauró el cuerpo como pudo y preparó un guardarropa para vestirlo.[7] El caso fue descubierto por la familia de la fallecida y dio lugar a un proceso judicial. La bibliografía popular sobre el «amor que desafía la muerte» contribuyó a difundir la figura de Tanzler como arquetipo del necrófilo romántico, más allá de la valoración clínica o penal de sus actos.

5.4. Asesinos en serie[editar]

La necrofilia también ha sido señalada como componente del comportamiento de algunos asesinos en serie. Entre los nombres que se asocian a esta conducta figuran Ed Gein, Richard Chase, Luis Alfredo Garavito, Tsutomu Miyazaki, Winston Moseley, John Reginald Halliday Christie, Jeffrey Dahmer y Ted Bundy.[8] En no pocos casos, la actividad sexual con el cadáver se producía como parte de una secuencia homicida más amplia, y no necesariamente como una parafilia exclusiva.

La relación entre homicidio y necrofilia ha interesado a la criminología. Algunos investigadores han propuesto que, en ciertos perpetradores, la muerte de la víctima no es un obstáculo sino una condición que incrementa el control y la excitación. Sin embargo, la muestra de casos es reducida y está sesgada por la notoriedad de los crímenes, por lo que no cabe extraer conclusiones generales con firmeza.

6. Debates sobre consentimiento[editar]

El acto sexual con cadáveres se considera socialmente inaceptable en la práctica totalidad de las sociedades humanas. Se presume que la persona no habría consentido ese acto cuando estaba viva, y que el cadáver no puede dar consentimiento alguno. El reproche moral y jurídico se asienta, en gran medida, en esa imposibilidad de consentimiento y en la falta de respeto simbólica hacia los muertos.

La cuestión se vuelve más compleja cuando se examinan casos límite. El llamado «caníbal de Rotemburgo», Armin Meiwes, recibió en 2001 el consentimiento de su víctima para ser mutilada y asesinada con el fin de ser ingerida por Meiwes. Aunque no se trata estrictamente de necrofilia, el caso se menciona a menudo en los debates sobre los límites del consentimiento y sobre si la voluntad de la víctima puede legitimar conductas que recaen sobre el cuerpo sin vida. En 2003, un tribunal alemán condenó a Meiwes por homicidio, y el posterior proceso reabrió la polémica sobre la validez de un consentimiento prestado en condiciones extremas.[9]

El debate sobre el consentimiento plantea interrogantes difíciles para el derecho y la bioética. Si el consentimiento previo de una persona adulta y capaz puede justificar la disposición del propio cuerpo tras la muerte, ¿podría hipotéticamente aplicarse a actos sexuales post mortem? La mayoría de los juristas y bioeticistas rechazan esa posibilidad, ya sea por razones de dignidad póstuma, por la imposibilidad de revocar el consentimiento o por la protección de valores colectivos. En todo caso, la discusión sigue abierta en ámbitos académicos.

7. Perspectivas psicoanalíticas y filosóficas[editar]

Más allá de la psiquiatría y el derecho, algunos autores han utilizado el término «necrofilia» en un sentido ampliado, no estrictamente sexual. El psicoanalista y filósofo social Erich Fromm desarrolló una lectura cultural de la necrofilia como opuesta a la biofilia. En su obra El corazón del hombre (1964), Fromm describe el gusto por la violencia y la destrucción, el deseo de matar y la atracción por el suicidio y el sadismo como manifestaciones de un carácter necrófilo.[10]

Para Fromm, la necrofilia no es la expresión de un instinto sexual derivado de la muerte, sino la consecuencia de llevar una vida sin estar realmente vivo. El necrófilo, en este sentido amplio, vive mecánicamente, convierte sentimientos, procesos y pensamientos en cosas y tiende a controlar la vida para hacerla predecible. Puesto que la única seguridad de la vida es la muerte, anhela la muerte y la adora.

Fromm considera que la necrofilia constituye, junto con la fijación simbiótica y el narcisismo, uno de los tres mayores males de la humanidad. En su análisis, la carencia de amor en la sociedad occidental conduce a la necrofilia. Según escribió en ¿Tener o ser? (1976), el carácter necrófilo se observa en las fachadas de hormigón y acero, en el armamento moderno y la carrera nuclear, en la idolatría hacia la tecnología de las grandes máquinas, en la pérdida de recursos con el consumismo y en el trato de las personas como cosas, por ejemplo a través de la burocracia.[11]

Esta lectura extrapola el concepto clínico al terreno de la crítica social y cultural. No debe confundirse con la definición psiquiátrica, pero forma parte del vocabulario de la filosofía social contemporánea y ha influido en ensayos críticos sobre la modernidad, la tecnología y la deshumanización.

Las relaciones entre amor y muerte constituyen un tema frecuente en el arte occidental. La necrofilia, entendida como deseo sexual o romántico hacia un cuerpo sin vida, aparece de forma explícita o velada en un número considerable de obras.

8.1. Literatura[editar]

En la leyenda griega de la Guerra de Troya, el héroe Aquiles mata a Pentesilea, reina de las amazonas. Al levantarle el casco y mirarla, Aquiles queda sobrecogido por su belleza y se pone de luto por su muerte. El soldado Tersites lo ridiculiza por ello y lo acusa abiertamente de necrofilia, por lo que Aquiles lo mata. En algunas versiones, la acusación de Tersites no es infundada: Aquiles habría quedado tan turbado por la belleza de Pentesilea que habría sido incapaz de contener su lujuria incluso después de la muerte.

En la mitología egipcia, Isis copula con el cadáver de Osiris y de este modo puede dar a luz a Horus. El mito asocia la regeneración de la vida con la unión sexual posterior a la muerte, en un sentido religioso y no patológico.

Dentro de la literatura moderna, Edgar Allan Poe describió la muerte de una mujer joven y hermosa como una de las imágenes más bellas. Su poema Annabel Lee incluye un motivo necrófilo al final, similar al que se insinúa en relatos como Ligeia, Morella y Berenice. También en el cuento de H. P. Lovecraft «Los amados muertos» (The Loved Dead), las acciones del protagonista giran en torno a sus sensaciones hacia personas muertas, empezando por su propio abuelo.

En el ámbito hispanoamericano, los autores colombianos Andrés Caicedo y Ricardo Abdahllah recurrieron a la necrofilia como argumento. Caicedo lo hizo en el cuento «Berenice», y Abdahllah en «Ilana». También la obra de Isabel Allende La casa de los espíritus muestra un episodio de necrofilia durante una improvisada autopsia en una cocina. La escritora francesa Gabrielle Wittkop publicó en 1972 su novela El Necrófilo, que relata en forma de diario los encuentros necrófilos de un anticuario.

La obra de teatro Salomé, de Oscar Wilde, recrea la historia de la princesa judía que bailó la danza de los siete velos para el tetrarca Herodes a cambio de la cabeza de Juan el Bautista. Cuando Salomé recibe la cabeza del profeta, recita un monólogo erótico cargado de insinuaciones necrófilas. Varias representaciones pictóricas, particularmente las de Gustave Moreau y Aubrey Beardsley, aluden a ese subtexto.

En Noches lúgubres, de José Cadalso, el protagonista desentierra el cuerpo de su amada para darle el último adiós besándola, ya que había sido enterrada antes de que el enamorado la viera. Se dice que este hecho ocurrió realmente en la vida de Cadalso, aunque la relación exacta entre biografía y ficción es discutida por los especialistas.

8.2. Cine y televisión[editar]

La cinematografía ha abordado el tema de la necrofilia con diversos grados de crudeza. La película de terror de culto Re-Animator, basada libremente en un cuento de H. P. Lovecraft, contiene un caso notable de «necrofilia inversa»: un cirujano decapitado es devuelto a la vida y posteriormente planea secuestrar y agredir sexualmente a la hija del decano de la escuela médica de la Universidad de Miskatonic. La controvertida película alemana Nekromantik ofrece una representación gráfica de necrofilia. La película canadiense de 1996 Kissed trata crudamente el mismo tema.

En el cortometraje español Aftermath, un funerario practica necrofilia con un cuerpo al que le efectúa una autopsia. En un episodio de The X-Files titulado «Irresistible», los agentes Mulder y Scully investigan a un maniaco con tendencias necrofílicas, en un capítulo sin trama paranormal. En la película española El cadáver de Anna Fritz, un camillero invita a sus dos amigos a tener relaciones sexuales con el cadáver de la bellísima modelo Anna Fritz.

8.3. Música[editar]

Numerosos artistas musicales han examinado la conexión romántica entre la muerte y el amor. A finales de los años sesenta, en el disco de The Velvet Underground White Light/White Heat, la canción I Heard Her Call My Name, de Lou Reed, hace clara referencia a una relación necrofílica. En los años setenta, el autor de heavy metal Alice Cooper compuso algunas canciones relacionadas con la necrofilia, entre ellas I Love the Dead y Cold Ethyl. En 1993, el videoclip de la canción Last Dance with Mary Jane, de Tom Petty, mostraba al cantante simulando diversas poses románticas con una mujer muerta, interpretada por Kim Basinger.

La banda estadounidense de horror punk Blitzkid incluyó en su canción «Teenage Necrophilian Love», del álbum Terrifying Tales, una mención explícita a la necrofilia; el coro declara que el protagonista «se encuentra enamorado de un cadáver que acaba de desenterrar». La banda alemana de metal industrial Rammstein aborda el tema en su canción Heirate Mich, que trata de un hombre en duelo por su esposa que visita el cementerio en varias ocasiones.

El tema es recurrente en el pornogrind y en otros subgéneros del metal extremo. Slayer ha dedicado canciones a Ed Gein, y grupos como Cannibal Corpse tienen varias composiciones sobre necrofilia, entre ellas «Stripped, Raped And Strangled», «Necropedophile», «I Cum Blood» y «Born in a Casket». La banda Avenged Sevenfold narra en la canción «A Little Piece of Heaven» el asesinato de una novia y los actos sexuales posteriores con su cadáver.

8.4. La vertiente hispanoamericana[editar]

El mundo hispanoamericano ha aportado ejemplos especialmente reconocibles en la música popular. Armando Palomas, cantautor mexicano, compuso «Necrofilia Enamorada», perteneciente a su disco Llamadas Perdidas (2005). El tema combina humor negro y ternura retorcida, en la línea del artista.

El cantante ecuatoriano Julio Jaramillo interpretó «Bodas Negras», un poema atribuido a dos poetas latinoamericanos distintos: el venezolano Carlos Borges y el colombiano Julio Flórez. La canción, en la voz de Jaramillo, es un recordatorio de que la canción popular puede exaltar el terror y el horror cuando el tema amoroso incursiona en el terreno oscuro de la melancolía y el dolor. La letra describe cómo el amante ata con cintas los desnudos huesos, corona de flores el yerto cráneo, llena de besos la horrible boca y cuenta sonriendo sus amores. El poema, más que una descripción clínica, expresa una visión romántica y macabra del amor más allá de la muerte.

9. Necrofilia en animales[editar]

La necrofilia no es exclusiva de los seres humanos. La zoología ha registrado varios casos confirmados de conductas de cópula o intento de cópula por parte de animales hacia congéneres muertos. El ejemplo más citado en la literatura científica y divulgativa es el del ánade real, a partir de una observación del biólogo Kees Moeliker en el Museo de Historia Natural de Róterdam.

En 2001, Moeliker escuchó el ruido de un pájaro que golpeaba la fachada de cristal del edificio. Al salir a inspeccionar, descubrió un ánade real muerto a unos dos metros. Junto a él había un segundo pato, vivo. Mientras observaba la escena, el pato vivo se subió al cadáver y empezó a copular con él. El acto necrófilo duró unos 75 minutos, durante los cuales el pato tomó dos pequeños descansos antes de proseguir con la actividad de cópula.[12] Moeliker conjeturó que, en el momento del choque con la ventana, los dos ánades reales estaban en medio de un comportamiento habitual en los patos llamado violación en vuelo. Según su relato: «Cuando uno de ellos murió, el otro simplemente fue a por él sin tener ninguna reacción negativa — bueno, no tuvo ninguna reacción».[13]

Este es el primer caso registrado de necrofilia homosexual en el ánade real, aunque no es el único de homosexualidad en aves. El episodio, además de su valor anecdótico, sirvió para recordar que la conducta necrófila animal obedece a mecanismos biológicos y etológicos distintos de los significados culturales y morales que el acto tiene en las sociedades humanas.

Referencias[editar]

El presente artículo se basa en la documentación disponible en fuentes históricas, clínicas y periodísticas citadas a lo largo del texto. Las referencias entre corchetes remiten a las siguientes notas:


  1. Krafft-Ebing, Richard von (1886). Psychopathia Sexualis. Existe traducción inglesa con ISBN 1-55970-425-X. ↩︎

  2. La ausencia de una categoría propia en el DSM ha sido señalada por diversos autores; suele citarse la categoría de «parafilia no especificada» como ubicación habitual. ↩︎

  3. Artículo 526 del Código Penal español, según la redacción recogida en la Ley Orgánica 10/1995. ↩︎

  4. La comparación detallada de los códigos penales latinoamericanos excede los límites de este documento; el dato aquí consignado resume una tendencia general. ↩︎

  5. El sobrenombre «el vampiro de Muy» aparece en crónicas francesas; el número «más de cien» se repite en fuentes divulgativas. ↩︎

  6. Véase la cobertura retrospectiva de RetroNews, hemeroteca de la Biblioteca Nacional de Francia: «Les horribles profanations du “vampire de Saint-Ouen”». ↩︎

  7. Ben, H. (2001). Undying Love: The True Story of a Passion that Defied Death. Nueva York: St. Martin's Paperbacks. ISBN 978-0-312-97802-0. ↩︎

  8. La inclusión de estos nombres responde a la literatura forense y a reportajes periodísticos. ↩︎

  9. «Las imágenes del ritual del 'Caníbal de Rotemburgo' se proyectan hoy en el juicio». El País, 8 de diciembre de 2003. ↩︎

  10. Fromm, E. (1964). El corazón del hombre: su potencia para el bien y para el mal. Fondo de Cultura Económica. ISBN 968-16-0334-6. ↩︎

  11. Fromm, E. (1976). ¿Tener o ser?. Fondo de Cultura Económica. ISBN 968-16-0171-8. ↩︎

  12. Moeliker, C. W. (2001). «The first case of homosexual necrophilia in the Anas platyrhynchos (Aves: Anatidae)». Deinsea – Annual of the Natural History Museum Rotterdam, 8, 243–247. ↩︎

  13. Donald MacLeod. «Necrophilia among ducks ruffles research feathers». The Guardian, 8 de marzo de 2005. ↩︎