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Nicodemo

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Nicodemo
TítulosMaestro de la ley, príncipe de los judíos
NacimientoJudea, siglo I a. C. o siglo I d. C.[sin verificar]
FallecimientoDesconocido
Venerado enIglesia católica, Iglesia copta
Festividad25 de julio (Iglesia copta); 3 de agosto (Iglesia católica, según el Martirologio Romano)
AtributosNo se le asignan atributos específicos en la iconografía tradicional

1. Resumen[editar]

Nicodemo es el nombre de un judío que aparece en el Nuevo Testamento, conocido sobre todo por ser el protagonista de un extenso diálogo con Jesucristo. Según el Evangelio de Juan, Nicodemo era un fariseo acaudalado, maestro en Israel y miembro del Sanedrín. El texto lo llama «principal entre los judíos».[1] Esta condición lo convierte en una figura apreciada por la tradición cristiana: al igual que Pablo de Tarso o José de Arimatea, Nicodemo representa al sabio judío versado en la Ley que reconoce en Jesús al Mesías y se hace su discípulo.

El personaje no aparece en los evangelios sinópticos. Solo el Evangelio de Juan lo menciona, y lo hace en tres momentos: la visita nocturna a Jesús, en la que se desarrolla el diálogo sobre el renacer espiritual; la defensa de Jesús ante el Sanedrín; y la sepultura del cuerpo de Jesús. Esta presencia transversal en el evangelio lo convierte en un testigo de la vida, la pasión y la muerte de Cristo desde una posición distinta a la de los demás discípulos.

Algunos eruditos judíos, entre ellos Schulim Ochser y Kaufmann Kohler en la Enciclopedia Judaica, y varios historiadores han sugerido que Nicodemo podría ser el mismo personaje que Nicodemo ben Gurion, un hombre santo, rico y popular mencionado en el Talmud. Otros estudiosos bíblicos rechazan esta identificación.[2]

Nicodemo es venerado como santo en la Iglesia católica y en la Iglesia copta. La fecha de su festividad no es unánime: la Iglesia copta lo celebra el 25 de julio, mientras que en el calendario católico se encuentra registrado el 31 de agosto o el 3 de agosto según las fuentes.[3]

2. Nicodemo en la Biblia[editar]

Nicodemo pertenece exclusivamente a la tradición joánica. No forma parte de los evangelios sinópticos y solo el apóstol Juan lo menciona. Le dedica más de la mitad del capítulo 3 de su evangelio, unos versículos del capítulo 7 y una mención última en el capítulo 19. Por ello suele decirse que es un personaje transversal: está siempre presente en los momentos decisivos, pero sin asumir un protagonismo narrativo completo.

2.1. La visita nocturna a Jesús[editar]

Nicodemo aparece por primera vez en el evangelio con motivo de la visita que hace a Jesús «de noche». Las indicaciones temporales del autor no son casuales: el momento en que se encontró con Jesús, la noche simbólica en que se encontraba Nicodemo y la otra noche, la de la traición de Judas, pueden leerse también en clave espiritual.[4] El propio evangelio recuerda más adelante a Nicodemo como «aquel que había venido a Jesús de noche» (Jn 19, 39).

Nicodemo se acerca intrigado por los milagros que Jesús realiza y le dice:

Sabemos que has venido como maestro de parte de Dios, pues nadie puede hacer los milagros que haces si Dios no está con él.
— Juan 3, 2

A continuación Jesús sostiene una conversación con él sobre el sentido del volver a nacer y menciona el «reino de los cielos», una expresión rara en los textos joánicos.[5] Jesús muestra sorpresa al ver que «un maestro en Israel» no entiende el discurso sobre el renacer en el espíritu.

2.2. La defensa ante el Sanedrín[editar]

El segundo momento en que aparece Nicodemo se sitúa en el consejo de «príncipes de los sacerdotes y fariseos». Cuando los guardias vuelven sin haber arrestado a Jesús, Nicodemo toma la palabra y defiende el derecho de Jesús a ser oído antes de un juicio definitivo:

¿Acaso nuestra ley juzga a un hombre sin haberle oído primero y sin saber lo que ha hecho?
— Juan 7, 51

La reacción de sus compañeros es una pregunta que puede entenderse como una ironía o como una alusión al origen galileo de Nicodemo:

¿También tú eres galileo? Investiga y verás que de Galilea no salen profetas.
— Juan 7, 52

El texto no aclara si Nicodemo era efectivamente galileo. La interrogación de sus colegas ha sido interpretada de ambas maneras.[6]

2.3. La sepultura de Jesús[editar]

La última mención de Nicodemo se produce a la hora de sepultar a Jesús. Junto con José de Arimatea, Nicodemo se presenta para colaborar generosamente con cien libras de mirra y áloe, es decir, más de treinta kilogramos de sustancias aromáticas, para el embalsamamiento según la costumbre judía.[7]

Estos son los únicos datos sobre Nicodemo que proporciona el canon bíblico.

3. Identidad histórica[editar]

La cuestión de si Nicodemo existió históricamente y si puede identificarse con algún personaje conocido del siglo I ha sido debatida por los estudiosos. Algunos investigadores judíos, como Schulim Ochser y Kaufmann Kohler en la Enciclopedia Judaica, y varios historiadores han propuesto que el Nicodemo del Evangelio de Juan podría ser el mismo Nicodemo ben Gurion mencionado en el Talmud, un hombre santo, rico y popular con fama de tener poderes milagrosos.[2:1] Esta hipótesis se apoya en la coincidencia de nombre, en la época y en la posición social elevada que ambos personajes compartirían.

Sin embargo, otros estudiosos bíblicos rechazan la identificación. Señalan que el nombre Nicodemo era relativamente común y que los datos que ofrece el Evangelio de Juan no son suficientes para establecer una equivalencia segura con el personaje talmúdico. La discusión permanece abierta en la literatura académica.

4. Evangelios apócrifos[editar]

Nicodemo es una figura destacada en algunas narraciones apócrifas. El texto más conocido es el llamado Evangelio de Nicodemo, que relata el proceso de Jesús desde el punto de vista de un fariseo. Se trata de un texto de carácter gnóstico egipcio que incluso fue considerado herético por algunos Padres de la Iglesia. En él se trata con bastante suavidad a Poncio Pilato, presentado como inocente y obligado por las circunstancias a condenar a Jesús «para cumplir las escrituras», mientras que toda la responsabilidad de la ejecución recae sobre los jerarcas judíos. Según este texto, Nicodemo habría sido el encargado de solicitar a Pilato el permiso para desclavar a Cristo del madero y proceder a su entierro.[8]

La existencia de este evangelio apócrifo muestra que la figura de Nicodemo generó desde temprano un interés narrativo y teológico que va más allá de los escasos datos del canon.

5. Comentario teológico al diálogo de Jesús con Nicodemo[editar]

El diálogo entre Jesús y Nicodemo es uno de los más comentados de todo el Evangelio de Juan. Su densidad teológica y su estructura dialogal lo han convertido en un texto central para la catequesis bautismal y para la reflexión sobre el nacimiento espiritual.

5.1. La ambientación[editar]

Jesús ya ha realizado varios milagros, probablemente cerca de donde vivía Nicodemo y, por tanto, en Jerusalén. Por ello algunos autores han sugerido que el lugar adecuado de esta narración habría sido después de la descripción de los milagros en Jerusalén, por ejemplo tras el capítulo 7. Mendner afirma que después de la discusión con los demás fariseos, Nicodemo se habría acercado a Jesús para interrogarlo. Taciano, en su concordancia conocida como Diatessaron, coloca el episodio en la Semana Santa.[9]

Sin embargo, no hay pruebas concluyentes de ninguna de estas propuestas. El relato tampoco parece fuera de contexto en su ubicación actual: entre quienes rechazan a Jesús y quienes tienen fe en él estarían los que poseen una fe parcial e insuficiente, y Nicodemo sería un representante de esa posición intermedia.

El hecho de que la expresión griega «nacer de nuevo» no exista con ese doble sentido en arameo, y el que se mencione al Hijo como ya ascendido al cielo, han llevado a buen número de estudiosos a pensar que se trata de un discurso muy elaborado por el evangelista.[10] Hay incluso quienes piensan que todo el relato es invención del evangelista.

5.2. Esquema del discurso[editar]

A las tres preguntas de Nicodemo —la del inicio sobre la condición de Maestro de Jesús, la del modo en que un hombre puede volver a nacer siendo ya viejo y la última sobre cómo puede alguien nacer del Espíritu— corresponden tres secciones que empiezan por «En verdad, en verdad te digo». Según Roustang y De la Potterie, en la primera respuesta se habla del Espíritu Santo, en la segunda se trata del rol del Hijo del Hombre y en la tercera de Dios Padre.[11]

El discurso es sencillo en su línea de fondo, y los malentendidos típicos de Juan colaboran a la mejor comprensión: si para nacer a la vida en la carne es necesario un padre, para la vida en el Reino de Dios es necesario ser generado por un Padre Celestial. La imagen es tan realista que el autor llega a hablar de un «semen» —semilla o germen— de Dios.

5.3. Comentario[editar]

El primer nivel de referencia es el de la comprensión por parte de Nicodemo. Las Escrituras anunciaban este Reino y esta generación por la paternidad divina; incluso hablaban de un tiempo escatológico en el que Dios infundiría su Espíritu. Pero no era un tema muy profundizado por los maestros de la ley de la época, y probablemente no resultaba familiar a los oídos de Nicodemo.

El segundo nivel es el de los posibles lectores. Es casi evidente que el tema del diálogo invita a profundizar en el bautismo o propicia una catequesis bautismal, aunque los estudiosos se dividen sobre la presencia original de la expresión «y del agua» en Juan 3, 5.

Otros elementos a tomar en cuenta son la mención a «subir al cielo» y el del «ser levantado». La expresión «subir al cielo» equivale a la de «ver a Dios»: los textos del Antiguo Testamento son concordes en afirmar que resulta imposible al hombre. Por tanto, el privilegio que reivindica Jesús ante Nicodemo es de divinidad.

El «ser levantado» es un tema recurrente en el Evangelio de Juan. Se refiere a la cruz. De ahí también la comparación con la serpiente en el asta. El verbo empleado y su equivalente en arameo no solo implican la crucifixión, sino también la resurrección y la ascensión. Según Raymond E. Brown, estas tres citas que hablan del ser levantado son el equivalente joánico de las tres predicciones de la Pasión que se encuentran en los sinópticos. La influencia parece venir del profeta Isaías: «He aquí mi siervo, tendrá éxito, será enaltecido» (Is 52, 13). La palabra empleada en la versión de los LXX para decir el «asta» donde se puso la serpiente es la misma que se usa para «signo».

6. Veneración y festividad[editar]

Nicodemo es venerado como santo en la Iglesia católica y en la Iglesia copta. En la Iglesia católica, el Martirologio Romano lo celebra el 3 de agosto según algunas ediciones; otras fuentes sitúan la festividad el 31 de agosto.[3:1] La discrepancia puede deberse a revisiones del calendario litúrgico o a la coexistencia de tradiciones locales distintas. La Iglesia copta, por su parte, celebra la fiesta del santo el 25 de julio.

San Agustín afirma que los restos de Nicodemo fueron encontrados junto a los del mártir San Esteban, lo cual sugiere que ya las primeras comunidades cristianas le habían concedido una veneración particular.[12]

7. Nicodemo en la literatura cristiana[editar]

7.1. En los comentarios al Evangelio[editar]

De entre los comentarios de los Padres de la Iglesia al Evangelio de Juan, el más conocido es el de san Agustín. En los tratados 11 y 12, dedicados al diálogo de Jesús con Nicodemo, se indica que este último buscaba sinceramente la verdad, pero lo hacía de noche, lo que no le permitía ver con la claridad necesaria y entender las palabras de Jesús. De hecho, la afirmación de Jesús acerca del nacer de nuevo requería toda la luz del evangelio:

No conocía más modo de nacer que el de Adán y Eva: no sabía todavía que se podía nacer de Dios y de la Iglesia; conocía solo a los padres que generan para la muerte y no todavía a los que generan para la vida; conocía solo a los padres que generan herederos y no todavía a los que viven para siempre y generan hijos que permanecen.
— San Agustín, In Ioann. Tract. XI 6

En el tratado 120 retoma la figura de Nicodemo con motivo de la sepultura de Jesús. Interpreta la expresión «al principio» como un inicio de visitas que habrían sido seguidas por muchas más, es decir, como un itinerario de fe progresivo.

En comentarios más recientes se suele profundizar en la experiencia de Nicodemo desde un punto de vista existencial. El sacerdote español José Luis Martín Descalzo parte de todos los elementos que podrían haber separado a Jesús de Nicodemo —su forma de ver la relación con Dios, su posición social, su edad— y muestra cómo quedaron inermes ante la sincera búsqueda de la verdad por parte de este maestro de Israel. Esa búsqueda, sin embargo, es al mismo tiempo cobarde o de una falsa prudencia, porque el evangelio dice que vino «por miedo a los judíos». Martín Descalzo nota también que el uso por parte de Jesús de la palabra griega πνεῦμα debió ser deliberado, dada la ambivalencia de sentido que tiene tanto en griego como en arameo: espíritu y viento. Sin embargo, lo más importante del diálogo, al menos para Nicodemo, es que en pocas líneas se le desvela el mensaje de todo el evangelio: Cristo ha bajado del cielo y se entregará a la muerte para la salvación de todos.[13]

Otro autor español, el exegeta José Antonio de Sobrino, afirma en cambio que la visita nocturna de Nicodemo no se debió a miedo o falsa prudencia, ya que Jesús todavía no era conocido ni odiado por el Sanedrín. En cuanto al diálogo, subraya un hecho recurrente en el Evangelio de Juan: los interlocutores de Jesús toman al pie de la letra sus comentarios y por eso se cierran, en un primer momento, a la verdadera comprensión de las palabras de Cristo. Esto puede ser un recurso pedagógico: por la incomprensión se hace posible una mejor explicación por parte de Jesucristo, pero también es necesario indicar las dificultades que los oyentes de aquel entonces encontraban ante la novedad del mensaje predicado por los cristianos.[14]

7.2. En la producción más literaria[editar]

En la literatura contemporánea, Nicodemo ha sido tratado con frecuencia. Las Cartas de Nicodemo, de Jan Dobraczyński, es un libro en el que el autor pone en boca del maestro de la ley diversas reflexiones y el relato de su experiencia de Cristo. El destinatario de las cartas es un amigo llamado Justo.

Por su parte, el escritor español Miguel de Unamuno escribió Nicodemo el fariseo. En esta obra Unamuno hace una reflexión sobre la virtud teologal de la fe:

¡Fe! ¡Qué poco se medita con el corazón y no con la cabeza tan solo, en lo que la fe sea e importe! No una mera adhesión del intelecto a un principio abstracto, a una fórmula sin contenido ya acaso; no la afirmación de principios metafísicos o teológicos; no, sino un acto de abandono y de entrega cordial de la voluntad, una serena confianza en que concurren a un fin mismo la naturaleza y el espíritu, en que naturalizando al espíritu lo sobreespiritualizamos y espiritualizando a la naturaleza la sobrenaturalizamos, una confianza firme en que habita la verdad dentro de nosotros, en que somos vaso de verdad y en que la verdad es consuelo.
— Miguel de Unamuno, Nicodemo el fariseo

8. Nicodemo en el arte[editar]

El tema del diálogo de Jesús con Nicodemo no ha sido representado por obras escultóricas o pictóricas que perduren con gran relevancia artística como escena autónoma. En cambio, Nicodemo suele aparecer en las representaciones de la crucifixión, del descendimiento de Cristo de la cruz, de su traslado al sepulcro y de su sepultura. En algunos casos aparece distante y pensativo en medio del dolor de las mujeres alrededor del cuerpo de Jesús, como en la Lamentación por Cristo muerto de Giotto. En otros se lo muestra ayudando a cargar o mover el cadáver, como en la Piedad florentina de Miguel Ángel, conservada en el Museo dell’Opera del Duomo de Florencia.[15]

Dentro de la escultura procesional de la Semana Santa, destaca la presencia constante de Nicodemo en grupos escultóricos que procesionan en España. Un ejemplo relevante es el Nicodemo del Traslado al Sepulcro de la Hermandad de la Piedad de Cabra, en la provincia de Córdoba, obra del escultor sevillano Fernando Aguado Hernández, que toma referencias faciales del estudioso de la Sábana Santa y escultor Juan Manuel Miñarro. Nicodemo también cobra especial protagonismo en el paso del Descendimiento de la Cruz de la Hermandad del mismo nombre en Medina de Rioseco, Valladolid.[16]

El cine también ha recogido la figura. Franco Zeffirelli, en su película Jesús de Nazaret, plasmó a un Nicodemo que durante la crucifixión, en vez de llorar o dolerse, repite en voz baja los textos del llamado Canto del Siervo de la profecía de Isaías.[17]

9. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

En el mundo hispanohablante, Nicodemo ha estado presente sobre todo a través de la predicación, la literatura espiritual y la Semana Santa. Su diálogo con Jesús es una de las lecturas catequéticas más utilizadas para explicar el sacramento del bautismo y la conversión personal.

En España, la figura escultórica de Nicodemo tiene un lugar destacado en la imaginería procesional, particularmente en los misterios que representan el descendimiento y el traslado al sepulcro. Los ejemplos de Cabra y Medina de Rioseco son representativos de esa tradición. En América Latina no se ha documentado una devoción popular específica a Nicodemo comparable a la de otros santos bíblicos; su presencia es más bien indirecta, a través de la lectura del Evangelio de Juan, de los ejercicios espirituales y de las representaciones de la Pasión en Semana Santa. En el ámbito literario hispanoamericano, su figura aparece ocasionalmente en ensayos y meditaciones, casi siempre como símbolo del buscador que se acerca a Cristo con preguntas sinceras.

10. Bibliografía[editar]

  • Dobraczyński, Jan. Cartas de Nicodemo. Barcelona: Herder, 1958.
  • Martín Descalzo, José Luis. Vida y misterio de Jesús de Nazaret. Salamanca: Sígueme, 1990.
  • Unamuno, Miguel de. Nicodemo el fariseo. Madrid: Ediciones Encuentro, 2007.
  • Brown, Raymond E. El Evangelio según Juan. Madrid: Ediciones Cristiandad, 2000.
  • De Sobrino, José Antonio. Así fue Jesús. Madrid: BAC, 1984.
  • Enciclopedia de la Biblia. Barcelona: Ediciones Garriga, 1965. Voz «Nicodemo».
  • Vignolo, Roberto. «Nicodemo». En Diccionario de los Santos, vol. II. Madrid: San Pablo, 2000.

  1. El original griego dice «αρχων των Ιουδαιων», que la Vulgata traduce como «princeps Iudaeorum». La raíz griega «arché» tiene el sentido de ‘principal’ o ‘primordial’. Da nombre a uno de los coros angélicos, los principados, y a sus mensajeros, los arcángeles. ↩︎

  2. La identificación con Nicodemo ben Gurion fue sugerida por Schulim Ochser y Kaufmann Kohler en la Enciclopedia Judaica y por historiadores como David Flusser y Zeev Safrai. Otros estudiosos, como D. A. Carson y Richard Bauckham, la han rechazado. ↩︎ ↩︎

  3. El Martirologio Romano recoge la fiesta el 3 de agosto según algunas ediciones; otras fuentes, incluida la ficha de presentación consultada, la sitúan el 31 de agosto. La discrepancia puede deberse a revisiones del calendario litúrgico. Conviene verificar cuál es la fecha vigente en la edición actual del Martirologio. ↩︎ ↩︎

  4. No son casuales las indicaciones temporales del autor del evangelio: el momento en que se encontró con Jesús, la noche simbólica en que se encontraba Nicodemo y la noche de la traición de Judas admiten una interpretación espiritual. ↩︎

  5. El sentido del verbo «ver el Reino» es el de experimentarlo o vivirlo, como se ve en otros usos del mismo evangelio: «ver la muerte» (Jn 8, 51) o «ver la vida» (Jn 3, 36). El uso de la expresión «Reino de Dios», típicamente sinóptica, ha sido interpretado como residuo de una tradición común asumida por el autor del evangelio. ↩︎

  6. La pregunta «¿También tú eres galileo?» puede dar a entender que Nicodemo era galileo o ser una ironía de sus compañeros. La Enciclopedia cattolica se inclina por la primera posibilidad. ↩︎

  7. Cien libras romanas equivalen a más de treinta kilogramos. La cantidad es notablemente abundante para un embalsamamiento, lo que subraya la generosidad del gesto. ↩︎

  8. La afirmación de que Nicodemo pidió a Pilato el permiso para desclavar el cuerpo procede del Evangelio de Nicodemo, pero carece de cita en la fuente original consultada. Conviene verificar la referencia exacta en el texto apócrifo. ↩︎

  9. Taciano fue un apologista griego del siglo II, discípulo de Justino Mártir. Su Diatessaron armoniza los cuatro evangelios canónicos en un solo relato continuo. ↩︎

  10. El griego «ἄνωθεν» significa «de lo alto» o «de nuevo», pero este doble sentido se da solo en griego; en hebreo y arameo no existe una palabra con el mismo equívoco. ↩︎

  11. Según Roustang y De la Potterie, la primera respuesta trata del Espíritu Santo, la segunda del Hijo del Hombre y la tercera de Dios Padre. Esta distribución requiere verificación en las obras de los autores citados. ↩︎

  12. San Agustín menciona el hallazgo de los restos de Nicodemo junto a los de san Esteban. Este dato permite datar el comentario, porque los restos de Esteban no se encontraron hasta fines del año 415. ↩︎

  13. José Luis Martín Descalzo desarrolla esta lectura en Vida y misterio de Jesús de Nazaret. La afirmación específica sobre la ambivalencia de «πνεῦμα» como espíritu y viento requiere verificación en la obra. ↩︎

  14. José Antonio de Sobrino sostiene que la visita nocturna no se debió a miedo, sino a la conveniencia de un encuentro privado. Su lectura sobre la incomprensión de los interlocutores de Jesús se encuentra en Así fue Jesús. ↩︎

  15. La Piedad florentina de Miguel Ángel se conserva en el Museo dell’Opera del Duomo de Florencia. La identificación de la figura que sostiene a Cristo con Nicodemo es tradicional, pero no unánime. ↩︎

  16. Los datos sobre la Hermandad de la Piedad de Cabra y la obra de Fernando Aguado Hernández proceden de la fuente consultada. Conviene verificar el nombre completo del escultor y la advocación exacta de la cofradía. ↩︎

  17. La escena descrita aparece en la película Jesús de Nazaret de Franco Zeffirelli. Conviene verificar si se trata de un parlamento literal o de una recreación visual con el texto bíblico de fondo. ↩︎