Nuevo Orden Mundial (conspiración)
| Denominación | Nuevo Orden Mundial, NOM |
|---|---|
| Tipo | Teoría de la conspiración |
| Idea central | Una élite secreta global coordinaría la creación de un gobierno único mundial |
| Origen del término | Uso político-diplomático, asociado a Woodrow Wilson y a los Catorce Puntos |
| Hitos de popularización | Los *Protocolos de los Sabios de Sion*, la derecha anticomunista estadounidense, el Club Bilderberg y los discursos de George H. W. Bush |
| Grupos y figuras mencionadas | Illuminati, masonería, banqueros internacionales, ONU, FMI, Banco Mundial, familias Rockefeller y Rothschild, entre otros |
| Consenso académico | No existe evidencia empírica que respalde la existencia de un gobierno único coordinado por una élite secreta |
| Delimitación | No debe confundirse con el concepto histórico-diplomático de *nuevo orden mundial* |
1. Resumen[editar]
La teoría de la conspiración del Nuevo Orden Mundial sostiene que existiría un plan deliberado para sustituir los Estados soberanos por un gobierno único de alcance planetario, burocrático y controlado por sectores elitistas o plutocráticos. Se trata de una de las macroteorías conspirativas más difundidas del mundo contemporáneo: su estructura flexible le permite absorber temores de distinto origen y reunirlos en una única narrativa de dominación global.[1]
No debe confundirse con el uso legítimo —histórico-político— de la expresión nuevo orden mundial, utilizada en diplomacia y relaciones internacionales para describir reordenamientos del poder entre Estados. La variante conspirativa, en cambio, presupone que detrás de ese reordenamiento no hay procesos abiertos ni negociaciones visibles, sino una dirección oculta.
El carácter abierto de la teoría es parte de su éxito: al no existir una doctrina oficial ni un grupo único de creyentes, cada promotor puede proponer listas distintas de conspiradores, medios y metas. Los estudiosos del conspiracionismo la describen como una teoría paraguas, porque incorpora desde el miedo al comunismo o al sionismo hasta el temor a organismos internacionales, bancos centrales, sociedades secretas e incluso inteligencias extraterrestres.[1:1]
Aunque algunos de sus divulgadores se presentan como libertarios o antiglobalistas, el consenso académico la considera una pseudoconspiración: una explicación que atribuye fenómenos sociales complejos a una intención centralizada y maligna, sin evidencia que la sustente.
2. Definición y alcance[editar]
El núcleo de la creencia no es una organización comprobada, sino un relato que organiza el mundo en dos polos: una minoría que conspira y una mayoría engañada. Los proponentes no coinciden en quién manda, qué medios utiliza ni cuándo se completará el proyecto. Para muchos, los conspiradores son simplemente «ellos», un grupo amorfo que incluye a todo individuo u organismo percibido como poderoso.[2]
La teoría cumple varias funciones narrativas. Por un lado, explica crisis económicas, guerras, pandemias o decisiones políticas como etapas de un plan. Por otro, convierte a instituciones reales —la ONU, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Unión Europea, los bancos centrales— en componentes de una maquinaria oculta. De este modo, hechos documentados y especulación se mezclan de manera difícil de separar para quien no tiene acceso a las fuentes originales.
Un rasgo característico es la inmunidad a la refutación: la falta de pruebas se interpreta como prueba del poder de los conspiradores; cualquier desmentido se convierte en confirmación de que la conspiración controla también a quienes la niegan. Michael Barkun llamó a esta lógica falacia furtiva y la vinculó con la fusión paranoica, es decir, la absorción de temores de cualquier procedencia dentro de una misma narrativa.[3]
Por su amplitud, el NOM funciona como un marco que conecta otras teorías: conspiraciones masónicas, iluministas, judeo-masónicas, anticomunistas, antiglobalistas, negacionistas del 11-S y, más recientemente, relatos sobre pandemias y vacunas. En ese sentido, no es una teoría única, sino una gramática común para interpretar el poder mundial.
3. Historia del término y primeros usos[editar]
La expresión nuevo orden mundial tiene una trayectoria previa a la conspiración. El primer uso ampliamente citado aparece en los Catorce Puntos del presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson, presentados el 8 de enero de 1918[sin verificar] ante el Congreso de Estados Unidos. Wilson planteaba, tras la Primera Guerra Mundial, un nuevo orden internacional basado en la cooperación y en la creación de la Sociedad de las Naciones, antecedente de la Organización de las Naciones Unidas.[4]
La frase se usó con cierta reserva al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando se describían los planes para la creación de las Naciones Unidas y los Acuerdos de Bretton Woods, en parte por la asociación negativa derivada del fracaso de la Sociedad de las Naciones. En ese contexto, nuevo orden aludía a una arquitectura multilateral, no a un gobierno planetario secreto.
El uso más reciente y divulgado proviene del final de la Guerra Fría. Los presidentes Mijaíl Gorbachov y George H. W. Bush emplearon el término en 1990[sin verificar] para describir la posguerra fría y el espíritu de cooperación entre las grandes potencias. Dichas declaraciones se dieron poco después de la caída del Telón de Acero y fueron presentadas por Washington como parte de una diplomacia orientada a una Pax Americana.[5]
Para los conspiracionistas, esos discursos no fueron lenguaje diplomático, sino una admisión involuntaria del plan. La coincidencia entre la retórica oficial y el nombre de la conspiración amplificó la popularidad del relato a comienzos de los años noventa.
4. Precursores: los Illuminati de Baviera[editar]
Los Illuminati —una sociedad secreta fundada en 1776 en Baviera por Adam Weishaupt— ocupan un lugar central en la prehistoria del mito. El grupo promovía ideas de la Ilustración y habría buscado reemplazar las monarquías absolutas y la preponderancia de la Iglesia por el «gobierno de la razón». Weishaupt pensaba, según el ensayista Francis Wheen, que los príncipes y las naciones desaparecerían de la Tierra, que la especie humana llegaría a ser una sola familia y que el mundo entero sería el hogar de los hombres razonables.[6]
El complot fue descubierto, el grupo fue prohibido por el gobierno bávaro en 1784 y, según la versión más citada, se disolvió en 1785.[7] Sin embargo, la publicación de los documentos relacionados con la conspiración dio al asunto una enorme publicidad. La nobleza y el clero europeos fueron alertados de la existencia de una sociedad secreta, y varios pensadores sugirieron que los Illuminati seguían activos y que su objetivo era derrocar a los gobiernos europeos.
Edmund Burke, en sus Reflexiones sobre la Revolución francesa (1790), dio alguna credibilidad a la idea de una conspiración, aunque sin identificar a un grupo responsable. Los polemistas Augustin Barruel y John Robison llegaron a proponer que los Illuminati estaban detrás de la Revolución francesa. Esa atribución fue rechazada por Jean-Joseph Mounier en su libro de 1801 Sobre la influencia atribuida a filósofos, francmasones e Illuminati respecto a la Revolución francesa.[8] Aun así, autores como Seth Payson afirmaban en 1802 que los Illuminati todavía existían.[9]
La figura de los Illuminati cumplió una función decisiva: transformó el miedo a una sociedad secreta ilustrada en un molde narrativo reutilizable. Cuando la teoría del NOM reapareció en el siglo XX, los Illuminati ya estaban disponibles como el nombre emblemático de una élite oculta que actuaría a lo largo de generaciones.
5. Los Protocolos de los Sabios de Sion[editar]
El segundo pilar del relato es Los Protocolos de los Sabios de Sion, un alegato antisemita falsificado aparecido por primera vez en 1903. La obra fue presentada como el plan secreto de supuestos sabios judíos para dominar el mundo, pero la investigación histórica la considera una fabricación de propaganda antirrevolucionaria.[10]
El texto incorpora argumentos tomados casi textualmente del Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, un ataque de 1864 del publicista Maurice Joly contra Napoleón III. Esa dependencia es uno de los principales indicios de su carácter falsificado. Pese a ello, los Protocolos tuvieron gran éxito comercial en las décadas de 1920 y 1930: se tradujeron a numerosos idiomas y circularon ampliamente en Europa, Estados Unidos, Inglaterra y los países árabes.[11]
En Alemania, después de la Primera Guerra Mundial, alcanzaron su mayor difusión. A partir de agosto de 1921, Adolf Hitler comenzó a incorporarlos en sus discursos, y tras la llegada de los nazis al poder se convirtieron en lectura obligatoria en las aulas alemanas. En plena Segunda Guerra Mundial, el ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels proclamó que los Protocolos eran tan actuales como el día en que se publicaron por primera vez. El historiador Norman Cohn afirmó que sirvieron a los nazis como «autorización del genocidio».[12]
La relevancia de los Protocolos para el NOM es doble. Aportaron la idea de un plan escrito de dominación mundial y fijaron el estereotipo de banqueros y poderes internacionales que manipulan gobiernos. Con el paso del tiempo, el agente del complot se fue secularizando y ampliando: dejó de ser únicamente «el judío internacional» para convertirse en una élite capitalista, comunista, globalista o tecnocrática, según el público al que se dirigiera cada variante.
6. De la Guerra Fría al globalismo: la derecha estadounidense[editar]
Durante el periodo del Peligro Rojo en Estados Unidos, los teóricos de la conspiración —tanto fundamentalistas cristianos como seculares antigubernamentales— promovieron la idea de que la masonería, el liberalismo y la «conspiración judeo-marxista» impulsaban el ateísmo estatal, el colectivismo burocrático y el comunismo internacional. En ese lenguaje, esos términos se dirigían respectivamente contra la separación Iglesia-Estado, la acción gubernamental en seguridad social y los organismos internacionales.[13]
A partir de la década de 1960, grupos como la John Birch Society y el Liberty Lobby dedicaron muchos de sus ataques a las Naciones Unidas como vehículo para crear «un gobierno mundial». En 1966, Mary M. Davison, en The Profound Revolution, trazó el origen de la supuesta conspiración hasta la creación del Sistema de Reserva Federal de Estados Unidos por un «grupo de banqueros internacionales» que, según ella, habría creado después el Council on Foreign Relations como «gobierno en la sombra». En aquel contexto, la expresión «banqueros internacionales» se entendía como referencia a figuras como David Rockefeller o la familia Rothschild.[14]
En la década de 1970, Gary Allen dio un paso más con obras como None Dare Call It Conspiracy (1971), Rockefeller: Campaigning for the New World Order (1974) y Say "No!" to the New World Order (1987). Para Allen, el término era utilizado por una élite internacional secreta dedicada a destruir todos los gobiernos independientes. El mayor peligro dejó de ser la conspiración cripto-comunista y pasó a ser una élite globalista, identificada a menudo con el atlantismo del Club Bilderberg.[15]
La trilogía satírica The Illuminatus! de Robert Anton Wilson y Robert Shea, publicada en 1975, desempeñó un papel ambivalente. Aunque era una parodia de la paranoia estadounidense y su autor negó que debiera tomarse en serio, el libro mezcló historia real con ficción de manera tan verosímil que alimentó involuntariamente el imaginario conspirativo.[16]
El punto de inflexión se produjo en 1990, cuando George H. W. Bush hizo varias referencias al Nuevo Orden Mundial. Aunque en el ámbito internacional se entendieron como una definición de la posguerra fría, muchos seguidores del relato las leyeron como la confirmación de que el plan estaba en marcha.[5:1]
7. Actores e instituciones señalados[editar]
La lista de supuestos participantes es abierta y a menudo contradictoria. Dependiendo del autor, incluye capitalistas, comunistas, judíos, Illuminati, nobleza, banqueros, magnates, plutócratas, masones, grupos infiltrados en la Iglesia católica, políticos, gobiernos, mafias, fuerzas armadas, medios de comunicación, la Casa Blanca, ecologistas, la ONU e incluso extraterrestres.[2:1]
Entre las familias más mencionadas figuran los Rothschild, los Rockefeller, los Morgan, los Kissinger y los DuPont, además de algunos monarcas europeos. Son señalados, según este relato, porque mantienen relaciones entre sí y con figuras de alto poder. Las instituciones más citadas como componentes del NOM son los bancos centrales, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Unión Europea y la ONU.
La masonería ocupa un lugar destacado en las variantes más antiguas. Émile Flourens, ministro de Asuntos Exteriores de Francia[sin verificar], denunció en un libro las premisas de la Sociedad de Naciones señalando influencias masónicas para crear un gobierno mundial.[17] Otros autores, como Gary H. Kah, sostienen que los masones son la fuerza detrás del plan de un gobierno único.[18]
Los presidentes y primeros ministros de numerosos países también son incluidos, sin pruebas, en la conspiración. William F. Jasper, miembro de la John Birch Society, denunció la supuesta pertenencia socialista o marxista de todos los secretarios generales de las Naciones Unidas, interpretándola como participación en una futura dictadura mundial.[19] Una idea similar fue promovida por John Coleman, quien planteó un «orden socialista mundial».
Según los divulgadores contemporáneos, los Illuminati originales seguirían existiendo y reuniéndose cada año en el Club Bilderberg, protegidos por la CIA, el FBI, el MI6 o la antigua KGB. En esos encuentros se situaba habitualmente a David Rockefeller, presentado como miembro de su comité de dirección[sin verificar], junto a la familia Rothschild, la reina de Noruega y presidentes de corporaciones como General Motors, Pepsi o Chrysler.[20]
En sectores protestantes estadounidenses, el telepredicador Pat Robertson popularizó en 1991 una versión religiosa: Wall Street, la Reserva Federal, el Council on Foreign Relations, el Club Bilderberg y la Comisión Trilateral estarían organizando la conspiración para ayudar al Anticristo.[21]
8. Planes atribuidos a los conspiradores[editar]
Más allá del aparente deseo de dominación mundial, no hay acuerdo sobre el objetivo final. Las propuestas van desde la implantación del reino del Anticristo según el Apocalipsis hasta la cosecha de energía de seres humanos, la ambición sin límites y el mantenimiento de la mayoría sometida y trabajando en provecho de los conspiradores. La película Zeitgeist difundió una versión de este relato en internet.[22]
Cualquiera que sea ese objetivo final, la creación de un gobierno mundial sería presentada como etapa imprescindible. El llamado proceso de globalización, iniciado a lo largo del siglo XX, sería una de las múltiples facetas del establecimiento progresivo del nuevo orden. Para lograrlo, los conspiradores mantendrían a la población en la ignorancia y dividida, fomentando disensiones y conflictos.[23]
En esa lógica, los atentados terroristas serían perpetrados o aprovechados para culpar a inocentes, crear división y facilitar medidas coercitivas. El movimiento por la verdad del 11-S y el documental Loose Change son ejemplos de esa lectura: los ataques del 11 de septiembre de 2001 habrían sido obra del propio poder para justificar guerras, vigilancia y recortes de libertades.[24]
También se afirma que los conspiradores utilizarían programas secretos de vigilancia masiva, control mental y sujetos «controlados» mediante técnicas de lavado de cerebro; investigarían armas capaces de alterar el clima y diseminarían enfermedades como el sida.[25] En 2021, durante la pandemia de COVID-19, una variante reciente vinculó el Nuevo Orden con la vacuna contra la COVID-19, alegando que contendría nanochips para conectar a la población a ordenadores y facilitar su control.[26]
La dispersión de metas es una característica estructural: cada época y cada audiencia añaden un nuevo temor, lo que mantiene la narrativa permanentemente actualizada.
9. Signos y supuestas pruebas[editar]
Los defensores de la teoría creen encontrar signos dispersos en lugares, marcas y símbolos. Uno de los más citados es el lema Novus ordo seclorum («Nuevo orden de los siglos»), que aparece en el reverso del Gran Sello de los Estados Unidos y en los billetes de un dólar desde 1935[sin verificar]. Para los conspiracionistas, no se trataría de una divisa ilustrada, sino de la confesión del plan.[27]
También se mencionan logotipos de la industria musical, de corporaciones y de organismos internacionales; los murales del Aeropuerto Internacional de Denver; supuestos pentagramas en los planos de Washington D. C.; y signos de la francmasonería en edificios de la capital estadounidense. El logotipo del Information Awareness Office, creado por la Defense Advanced Research Projects Agency, fue leído como un símbolo del «ojo que observa» y como prueba de la vigilancia total.[28]
Estas «pruebas» son esencialmente simbólicas: consisten en la interpretación de sellos, monedas, marcas y planes urbanos como mensajes ocultos. No establecen una relación causal entre los símbolos y la existencia de un gobierno secreto. Para los críticos, constituyen ejemplos de apofenia, la tendencia humana a encontrar patrones significativos en datos inconexos.
Con todo, los símbolos cumplen una función retórica importante: ofrecen al creyente la sensación de que el plan está a la vista de quien sabe mirar, y de que los conspiradores dejan pistas deliberadamente como muestra de poder.
10. Críticas y análisis académico[editar]
Los investigadores del conspiracionismo han descrito la teoría del NOM como una visión casi apocalíptica del mundo. Según Carl J. Jensen y Yvonne Hsieh, conceptualiza los problemas y sus soluciones en términos absolutos de bien y mal, fuerzas que avanzan hacia una confrontación final en la que los creyentes suelen atribuirse un papel decisivo.[29]
Michael Barkun señala dos errores característicos: la falacia furtiva —la creencia de que los hechos históricos son necesariamente siniestros y de que el ocultamiento prueba el poder— y la fusión paranoica, que absorbe temores de cualquier fuente. Ambos se combinan en una visión del mundo en la que todos los problemas son producto de conspiraciones antes que de fuerzas sociales, políticas y económicas que discuten y negocian abiertamente.[3:1]
El sociólogo G. William Domhoff, en There Are No Conspiracies, formula una crítica pragmática:
Hay varios aspectos de la visión general de las conspiraciones que no coinciden con lo que sabemos de las estructuras de poder. Primero, asume que un grupo reducido de individuos altamente educados y ricos desarrolla, de alguna manera, un deseo psicológico por el poder que los llevaría a hacer cosas que no corresponden con el papel que parecen tener. Por ejemplo, que capitalistas muy ricos ya no estarían interesados en obtener ganancias, sino dedicados a crear un gobierno mundial. (...) Dado que esas afirmaciones han resultado ser erróneas docenas de veces, tiene más sentido asumir que los líderes actúan por motivos comunes, como obtener ganancias, o por objetivos institucionales de los políticos.[30]
El editor Mark C. Partridge añadió un argumento basado en la evidencia histórica reciente: el nacionalismo ha estado en ascenso, Rusia y China han reafirmado su independencia y su poder, los intentos de avanzar hacia una gobernanza mundial han fracasado y las Naciones Unidas parecen incapaces de garantizar paz, progreso y estabilidad. Por ello se declaraba escéptico de que un ordenamiento común planetario pudiera concretarse antes de dos siglos.[31]
Chip Berlet advierte que estas teorías favorecen movimientos populistas de derecha, desvían la atención de crímenes reales y de sus causas institucionales, y pueden legitimar discriminación o violencia:
Los movimientos populistas de derecha pueden causar grave daño a una sociedad porque a menudo popularizan la xenofobia, el autoritarismo, la demonización o la culpabilización de las víctimas y el conspiracionismo. Pueden atraer a políticos moderados a adoptar esas ideas para atraer votantes, legitimando actos de discriminación —o incluso violencia— y abriendo la puerta para que grupos derechistas revolucionarios, como el fascismo, recluten desde movimientos populistas reformistas.[13:1]
Investigadores asociados al FBI han expresado temores similares y recomiendan aplicar una política de reducción de tensión en encuentros con grupos que se consideran «independientes» del gobierno.[32]
11. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
El relato del Nuevo Orden Mundial tiene una importante circulación editorial en español. En España, Santiago Camacho publicó La conspiración de los Illuminati (2005), y Paul H. Koch firmó varios libros sobre los Illuminati en la editorial Planeta.[33] En el ámbito hispano, el Club Bilderberg fue popularizado sobre todo por el divulgador Daniel Estulin, autor de La verdadera historia del Club Bilderberg (2005) y Los secretos del Club Bilderberg (2007), ambos publicados por Planeta.[34]
En América del Sur, el uruguayo Jorge Márquez publicó en Montevideo Gobierno Mundial y Fin del Mundo (2011) y The New World Order and the End Time (2012), vinculando el mito con escatología cristiana.[35] También en Montevideo, Sebastian Bestard Molina firmó Operación Cronos (2013) en la editorial Tradinco.[36]
En México circuló la idea de que el dólar, el dólar canadiense y el peso mexicano serían reemplazados por una supuesta moneda común llamada amero, presentada como etapa del NOM. La prensa mexicana se hizo eco del rumor, y algunos sitios de internet lo describieron como «la conspiración mundial de El Amero».[37] En Chile, un sitio de numismática analizó en 2009 lecturas conspirativas sobre los nuevos billetes, interpretados por algunos como portadores de símbolos del Nuevo Orden.[38]
En el Cono Sur, el mito del Plan Andinia —un supuesto proyecto de creación de un Estado judío en la Patagonia— ha funcionado como variante regional del relato de dominación y aparece con frecuencia en los listados de teorías afines al NOM.[39]
Buena parte de la difusión actual en español ocurre en internet, mediante foros, videos y redes sociales. Las versiones en español suelen combinar la matriz estadounidense con referencias locales: golpes de Estado, tratados de libre comercio, monedas regionales, organismos multilaterales y crisis económicas latinoamericanas.
12. Violencia y radicalización asociadas[editar]
Los analistas han advertido que estas teorías pueden estimular conductas violentas. La novela Los Diarios Turner, publicada en 1978, promueve abiertamente la revuelta contra el gobierno de Estados Unidos y una guerra racial destinada a eliminar a «todas las razas no blancas». Fue asociada a varios hechos violentos, el más notable el atentado de Oklahoma City de 1995.[40]
En Estados Unidos, enfrentamientos como los de Ruby Ridge (1992) y Waco (1993) mostraron cómo grupos que se consideraban al margen del gobierno podían interpretar acciones legales ordinarias como agresión del Nuevo Orden. La solicitud de permisos o incluso preguntar por qué un vehículo carece de matrícula llegó a derivar en asesinatos de policías por parte de quienes se consideran «independientes» del Estado.[32:1]
La preocupación se extiende a formas de terrorismo individual o semiorganizado: desde los ataques con carbunco en Estados Unidos en 2001 hasta el ataque aéreo de Austin en 2010, pasando por conspiraciones terroristas de supremacistas blancos en 2002 y de gas venenoso en 2003. Michael Barkun resumió el riesgo: el peligro reside menos en las creencias mismas que en las conductas que podrían estimular o justificar. Si los adeptos llegaran a creer que «el día profetizado» ha llegado, su conducta podría volverse difícil de predecir.[41]
13. Glosario de teorías relacionadas[editar]
Esta enumeración es referencial, no un conjunto de enlaces internos. La teoría del NOM se cruza con numerosas corrientes y motivos:
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- Nuevo Orden (nazismo): la reordenación de Europa y del mundo proyectada por el régimen nazi.
- Conspiración: concepto general de complot oculto.
- Globalismo / antiglobalismo: la globalización vista respectivamente como proyecto de integración o como fachada del NOM.
- Anticomunismo: matriz que identificó al enemigo como «comunismo internacional».
- Antimasonería: desconfianza hacia la masonería como estructura de poder.
- Antisemitismo: hostilidad que dio forma a los Protocolos y al mito del gobierno mundial judío.
- La Criatura de la Isla de Jekyll: ensayo sobre la Reserva Federal como supuesta criatura oculta.
- Criptarquía: idea de un gobierno secreto que actúa tras instituciones visibles.
- Gabinete en la sombra: órgano no elegido que dirigiría en secreto.
- Plan Andinia: mito sudamericano de un Estado judío en la Patagonia.
- Propaganda Due: logia masónica italiana utilizada como leyenda conspirativa.
- Proyecto Rayo Azul: supuesta manipulación mediante tecnologías de proyección y control mental.
- Sinarquía: doctrina de unión de élites contra la anarquía, vinculada a teorías de gobierno oculto.
- Conspiración del ocultamiento extraterrestre: ocultamiento oficial de vida extraterrestre.
- Terraplanismo: negación de la forma esférica de la Tierra, habitualmente inserta en relatos de engaño global.
- Teoría de la conspiración iluminista: los Illuminati como élite dirigente.
- Teorías de la conspiración masónica: la masonería como red de influencia.
- Teorías de la conspiración judía: los Protocolos y sus derivados.
- Teorías sobre George Soros y los globalistas: versión contemporánea del «financista oculto».
- Reptiloides: variante fantástica de la élite no humana.
- Teorías del 11-S: los atentados como autoataque o complot interno.
- Teorías sobre la muerte de Diana de Gales.
- Teorías de la conspiración sobre la Biblia.
14. Referencias[editar]
15. Bibliografía[editar]
[ Desplegar / Plegar ]
- Gary Allen, None Dare Call It Conspiracy (1971); Rockefeller: Campaigning for the New World Order (1974); Say "No!" to the New World Order (1987).
- Michael Barkun, A Culture of Conspiracy: Apocalyptic Visions in Contemporary America, University of California Press, 2003.
- Sebastian Bestard Molina, Operación Cronos, Tradinco, 2013.
- Esteban Cabal, Gobierno Mundial, Mandala Ediciones, 2012.
- Santiago Camacho, La conspiración de los Illuminati, La Esfera de los Libros, 2006.
- Barry Coward y Julian Swann, eds., Conspiracies and Conspiracy Theory in Early Modern Europe: From the Waldensians to the French Revolution, Ashgate, 2004.
- Daniel Estulin, La verdadera historia del Club Bilderberg, Planeta, 2005.
- Daniel Estulin, Los secretos del Club Bilderberg, Planeta, 2007.
- A. Ralph Epperson, New World Order, 1990.
- William F. Jasper, Global Tyranny... Step by Step, 1992.
- Gary H. Kah, En Route to Global Occupation, Huntington House, 1996.
- Paul H. Koch, Illuminati: Los secretos de la secta más temida por la Iglesia católica al descubierto, Planeta, 2005.
- Paul H. Koch, Illuminati: Los secretos y conspiraciones de los Illuminati al descubierto, Planeta, 2004.
- Jorge Márquez, Gobierno Mundial y Fin del Mundo, Pesur, Montevideo, 2011.
- Jorge Márquez, The New World Order and the End Time, Pesur, Montevideo, 2012.
- Jim Marrs, Rule by Secrecy, HarperCollins, 2001.
- Pat Robertson, The New World Order, W Publishing Group, 1992.
- William T. Still, New World Order: The Ancient Plan of Secret Societies, Huntington House, 1990.
- Antony Sutton, America's Secret Establishment: An Introduction to Skull and Bones, Trine Day, 2004.
Michael Barkun, A Culture of Conspiracy: Apocalyptic Visions in Contemporary America, University of California Press, 2003. Barkun describe el NOM como una «macroteoría» que integra múltiples temores. ↩︎ ↩︎
El carácter abierto de la lista fue señalado en la página de referencia; los partidarios no pueden determinar quién no forma parte del NOM, lo que vuelve la atribución infalsable. ↩︎ ↩︎
Michael Barkun, obra citada. Define la falacia furtiva y la fusión paranoica como los dos errores típicos del conspiracionismo. ↩︎ ↩︎
El uso en los Catorce Puntos es citado como primer uso documentado de la expresión, aunque la afirmación requiere verificación independiente. ↩︎
George H. W. Bush empleó la fórmula en 1990, tras la caída del Telón de Acero; el dato de los discursos debe verificarse con fuentes primarias. ↩︎ ↩︎
Según Francis Wheen, How Mumbo-jumbo Conquered the World, Harper Perennial, 2004, p. 148. ↩︎
A Bavarian Illuminati Primer, compilado por Trevor W. McKeown. El grupo fue prohibido por Baviera en 1784 y se disolvió hacia 1785. ↩︎
Jean-Joseph Mounier, On the Influence Attributed to Philosophers, Free-Masons, and to the Illuminati on the Revolution of France, 1801. La obra rechaza la atribución iluminista de la Revolución francesa. ↩︎
Seth Payson, Proof of the Illuminati, publicado por primera vez en 1802. ↩︎
Santiago Camacho Hidalgo, Veinte grandes fraudes de la historia, Madrid, Edaf, 2008, pp. 57-71; Joseph Pérez, Los judíos en España, Madrid, Marcial Pons, 2005, pp. 258-259. ↩︎
Nora Levin, The Holocaust: The Destruction of European Jewry 1933-1945; citado en la página de referencia. ↩︎
Norman Cohn, citado en la página de referencia, sostiene que los Protocolos sirvieron a los nazis como «autorización del genocidio». ↩︎
Chip Berlet, Dances with Devils: How Apocalyptic and Millennialist Themes Influence Right Wing Scapegoating and Conspiracism, 1998, revisado en 1999. ↩︎ ↩︎
Mary M. Davison, The Profound Revolution, 1966. La obra sitúa el origen del NOM en la Reserva Federal y en el Council on Foreign Relations. ↩︎
Gary Allen, None Dare Call It Conspiracy (1971), Rockefeller: Campaigning for the New World Order (1974) y Say "No!" to the New World Order (1987). ↩︎
Robert Anton Wilson y Robert Shea, The Illuminatus! Trilogy, 1975. Wilson sostuvo en varias ocasiones que no pretendía que la parodia fuera tomada en serio. ↩︎
Émile Flourens, Un fiasco maçonnique à l'aurore du vingtième siècle de l'ère chrétienne, 1912. ↩︎
Gary H. Kah, En Route to Global Occupation, Huntington House Publishers, 1996. ↩︎
William F. Jasper, Global Tyranny... Step by Step: The United Nations and the Emerging New World Order, 1992. ↩︎
La pertenencia de David Rockefeller al comité de dirección del Club Bilderberg se menciona en la fuente de referencia; conviene verificarla con fuentes del propio Club o con biografías autorizadas. ↩︎
Pat Robertson, The New World Order, Word Publishing, 1991. Robertson presenta Wall Street, la Reserva Federal, el CFR, el Club Bilderberg y la Comisión Trilateral como instrumentos del Anticristo. ↩︎
La película Zeitgeist, citada en la página de referencia, difunde una versión del relato centrada en el control financiero y la manipulación. ↩︎
La idea de que los conspiradores mantienen dividida a la población aparece en fuentes conspirativas recopiladas en la página de referencia. ↩︎
El movimiento por la verdad del 11-S y el documental Loose Change proponen que los atentados de 2001 fueron ejecutados o aprovechados por el propio poder. ↩︎
Joost Meerloo, The Rape of the Mind; Cathy O'Brien, Trance Formation of America (1995); Milton William Cooper, archivos citados en la página de referencia. ↩︎
Marcos Pastor-Galán, «El gran apagón», Tribuna Grupo, 27 de junio de 2021. ↩︎
El reverso del Gran Sello incluye el lema Novus ordo seclorum. La fecha de aparición en el billete de un dólar requiere verificación directa con la Casa de Moneda de Estados Unidos. ↩︎
El logotipo del Information Awareness Office, creado por la DARPA, fue objeto de lecturas conspirativas por su símbolo de ojo y pirámide. ↩︎
Carl J. Jensen y Yvonne Hsieh, Law Enforcement and the Millennialist Vision: A Behavioral Approach, FBI Law Enforcement Bulletin, septiembre de 1999. ↩︎
G. William Domhoff, There Are No Conspiracies, 2005. ↩︎
Mark C. Partridge, One World Government: Conspiracy Theory or Inevitable Future?, Diplomatic Courier. ↩︎
Jensen y Hsieh, obra citada. Recomiendan una aproximación de reducción de tensión con grupos que se consideran independientes del gobierno. ↩︎ ↩︎
Santiago Camacho, La conspiración de los Illuminati, La Esfera de los Libros, 2005; Paul H. Koch, Illuminati: Los secretos y conspiraciones de los Illuminati al descubierto, Planeta, 2004. ↩︎
Daniel Estulin, La verdadera historia del Club Bilderberg, Planeta, 2005, y Los secretos del Club Bilderberg, Planeta, 2007. ↩︎
Jorge Márquez, Gobierno Mundial y Fin del Mundo, Pesur, Montevideo, 2011. ↩︎
Sebastian Bestard Molina, Operación Cronos, Tradinco, 2013. ↩︎
La denominación amero y el rumor de la moneda única se difundieron en sitios mexicanos y en la prensa; su existencia como proyecto oficial no está documentada. ↩︎
«¿Conspiración mundial en los nuevos billetes de Chile?», noticiasnumismaticas.com, 2009, citado en la página de referencia. ↩︎
El Plan Andinia aparece entre las teorías emparentadas en la página de referencia; su origen y su difusión sudamericana requieren verificación con fuentes regionales. ↩︎
La novela fue asociada al atentado de Oklahoma City por varios análisis; véase Ward Harkavy, «The Nazi on the Bestseller List», The Village Voice, 15 de noviembre de 2000. ↩︎
Michael Barkun, obra citada. La cita sobre el riesgo de que los adeptos crean llegado el día profetizado procede de esta obra. ↩︎