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Pablo de Tarso

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Pablo de Tarso
Otros nombresSaulo de Tarso, Saulo Pablo, san Pablo
Nacimientoca. 5–10 d. C., Tarso, Cilicia, Imperio romano
Fallecimientoca. 67 d. C. (tradicional) / ca. 58–64 d. C. (historiografía moderna), Roma, Imperio romano
TítuloApóstol de los gentiles y mártir
Venerado enIglesia católica, Iglesia ortodoxa, Comunión anglicana y algunas iglesias protestantes
Festividad29 de junio, 25 de enero, 10 de febrero, 18 de noviembre
AtributosEspada, carta o libro
PatronazgoRoma, Grecia, Malta, Écija, Manta (Ecuador), Meoqui, San Pablo (Norte de Santander), teólogos y prensa católica
Santuario principalBasílica de San Pablo Extramuros, Roma

1. Resumen[editar]

Pablo de Tarso, de nombre semítico Saulo de Tarso o Saulo Pablo y más conocido como san Pablo, nació en Tarso, en la provincia romana de Cilicia, en un punto que los estudiosos sitúan entre los años 5 y 10 d. C., y murió en Roma conforme a la tradición. Es llamado el «Apóstol de los gentiles», el «Apóstol de las naciones» o simplemente «el Apóstol». Fundador y organizador de comunidades cristianas, evangelizador en centros urbanos del Imperio romano como Antioquía, Corinto, Éfeso y Roma, y redactor de algunos de los primeros escritos canónicos cristianos —incluida la Primera epístola a los tesalonicenses, considerada el escrito más antiguo del Nuevo Testamento—, Pablo es una personalidad de primer orden del cristianismo primitivo y una de las figuras más influyentes de toda la historia del cristianismo.

En su persona se combinaron tres herencias que él supo poner al servicio de su misión: sus raíces judías, la influencia de la cultura helenística y, según el libro de los Hechos de los Apóstoles, la ciudadanía romana. Sin haber pertenecido al círculo inicial de los Doce Apóstoles, y afrontando un camino marcado por incomprensiones, viajes difíciles y conflictos, se convirtió en artífice central de la expansión del cristianismo en el Imperio romano. Su pensamiento dio forma al llamado «cristianismo paulino», una de las corrientes básicas del cristianismo primitivo que terminaron por integrar el canon bíblico.[1]

De las epístolas atribuidas a Pablo, la Epístola a los romanos, la Primera y la Segunda epístola a los corintios, la Epístola a los gálatas, la Epístola a los filipenses, la Primera epístola a los tesalonicenses y la Epístola a Filemón tienen en Pablo su autor prácticamente indiscutido. Ellas, junto con los Hechos de los Apóstoles, son las fuentes primarias que permiten reconstruir algunas fechas de su vida y una semblanza relativamente acabada de su personalidad. Sus escritos fueron aceptados unánimemente por las Iglesias cristianas y, desde época temprana, han sido fuente ineludible de doctrina y espiritualidad. Su figura ha inspirado la arquitectura, la escultura, la pintura, la literatura y la cinematografía.

2. Nombre[editar]

Pablo no cambió su nombre al abrazar la fe en Jesucristo como Mesías de Israel y salvador de los gentiles. Como era frecuente entre los judíos de la diáspora helenística, contaba con un doble nombre: uno semítico, Saulo, y otro griego o romano, Paulos. En sus cartas escritas en griego koiné, el Apóstol se llama a sí mismo Παῦλος (Paulos). El libro de los Hechos lo llama con las formas griegas Σαούλ (Saoul) o Σαῦλος (Saulos) en los relatos previos a su actividad misionera, y a partir de Hechos 13, 9 usa la expresión «Saulo, también llamado Pablo». El nombre hebreo corresponde al del primer rey del antiguo Israel, un benjaminita como Pablo, y significa «invocado», «llamado» o «pedido».[2]

Paulus es la forma griega del cognomen romano Paulus, utilizado por la gens Emilia, y suele traducirse por «pequeño» o «poco». No hay evidencia de que el nombre se relacionara con su estatura o con su temperamento. Según una línea interpretativa expuesta por el filósofo Giorgio Agamben, el paso de «Saulo» a «Paulo» reflejaría un cambio de estado: en la práctica romana, el nombre nuevo se añadía al antiguo mediante la fórmula qui et («el cual también se llama»), cuyo equivalente griego es ο και (o kai), el giro que usa Hechos. Agamben propone que Pablo se consideró a sí mismo siervo de Dios o de su Mesías, y que «paulus», pequeño, expresaría esa condición de instrumento humano escogido para una misión.[3] Agustín de Hipona, en su comentario al Salmo 72, juega con la misma idea: Paulum […] minimum est.

3. Fuentes[editar]

El conocimiento histórico sobre Pablo de Tarso descansa en dos tipos de documentación.

Las cartas auténticas[editar]

Las siete cartas de autoría paulina prácticamente indiscutida son, en un posible orden cronológico, la Primera epístola a los tesalonicenses, la Primera epístola a los corintios, la Epístola a los gálatas, la Epístola a Filemón, la Epístola a los filipenses, la Segunda epístola a los corintios y la Epístola a los romanos. Fueron compuestas probablemente en la década del año 50, y se consideran la fuente más útil para acercarse a la personalidad humana, literaria y teológica de Pablo. No obstante, la crítica histórica ha identificado en algunas de ellas pasajes que podrían ser interpolaciones posteriores.

Copias muy antiguas de estas cartas han llegado hasta el presente. Entre ellas destaca el Papiro 46, datado entre los años 175 y 225, que contiene varias epístolas paulinas y es uno de los testimonios manuscritos más tempranos del Nuevo Testamento.

Los Hechos de los Apóstoles[editar]

La segunda fuente principal son los Hechos de los Apóstoles, atribuidos por algunos estudiosos a Lucas el Evangelista. A partir del capítulo 13, el relato se concentra de modo prácticamente exclusivo en la actividad de Pablo, desde su conversión en el camino a Damasco hasta su llegada a Roma como prisionero. La valoración histórica de esta obra es, sin embargo, controvertida. Los especialistas señalan omisiones y discordancias con las cartas paulinas: los Hechos no mencionan, por ejemplo, la tormentosa relación de Pablo con la comunidad de Corinto, y las cartas auténticas no recogen el llamado decreto apostólico de Hechos 15, 24-29, una concesión al judaísmo sobre la prohibición de determinados alimentos. También hay diferencias teológicas, como el silencio de los Hechos sobre la típica doctrina paulina de la justificación por la fe sin las obras de la ley, tan marcada en la Epístola a los romanos.[4]

Por ello, los biógrafos de Pablo suelen dar preferencia a las cartas auténticas y aceptan los datos de los Hechos que no contradicen lo que el propio Apóstol dice de sí mismo. Con todo, existen demasiadas coincidencias entre los Hechos y las notas autobiográficas de las epístolas como para descartar sin más la información de aquel libro.[5]

Las epístolas deuteropaulinas[editar]

Existen además las llamadas epístolas pseudoepigráficas o deuteropaulinas, escritas en nombre de Pablo quizá por discípulos suyos después de su muerte. Incluyen la Segunda epístola a los tesalonicenses, la Epístola a los colosenses, la Epístola a los efesios y las tres cartas pastorales: Primera y Segunda epístola a Timoteo y Epístola a Tito. Desde el siglo XIX, distintos autores han negado la paternidad paulina directa de estos escritos por razones estilísticas, teológicas y de encuadre histórico. Una minoría de estudiosos sigue defendiendo la autoría paulina de algunas de ellas, en particular de Colosenses, argumentando que las variaciones de estilo y de temas se pueden explicar por el cambio del marco histórico en que fueron redactadas.[6]

4. Primeros años y formación[editar]

Fecha y lugar de nacimiento[editar]

Pablo nació posiblemente entre los años 5 y 10 d. C. en Tarso, en la costa sur de Asia Menor, en la actual Turquía. El dato se apoya en un conjunto de indicios convergentes. En la Epístola a Filemón, escrita estando preso, Pablo se declara ya anciano (presbytés). Dado que en aquella época la ancianidad solía situarse en torno a los cincuenta o sesenta años, se estima que nació a comienzos del siglo I, hacia el año 10 d. C.[7] Fue, por tanto, contemporáneo de Jesús de Nazaret, a quien no llegó a conocer en vida.

Tarso era entonces una ciudad próspera y de cierta importancia cultural. Capital de la provincia romana de Cilicia desde el año 64 a. C., estaba situada a los pies de los montes Tauro y a orillas del río Cidno, cuya desembocadura le servía de puerto. Formaba parte de la ruta que unía Siria y Anatolia, lo que le daba relevancia comercial. Era además centro de una escuela de filosofía estoica y gozaba de reputación como ciudad de cultura y enseñanza. Según los Hechos, el propio Pablo habría dicho con orgullo que era «ciudadano de una ciudad nada desconocida» (Hechos 21, 39).[8]

La tradición de que Pablo era oriundo de Tarso es generalmente aceptada. Concuerda con el hecho de que su lengua materna fuera el griego, sin que se observen semitismos en sus epístolas, y con su uso de la Septuaginta, la traducción griega de las Escrituras empleada por las comunidades judías fuera de Judea. Todo coincide con el perfil de un judío de la diáspora nacido en una ciudad helenística. No existen tradiciones alternativas sólidas sobre su lugar de nacimiento, salvo una noticia tardía de Jerónimo de Estridón, que consigna el rumor de que la familia de Pablo procedía de Giscala, ciudad de Galilea. Esa noticia es considerada en general carente de respaldo, aunque Jerome Murphy-O’Connor la ha defendido y la compatibiliza con el recuerdo de Tarso en la infancia: según este especialista, los padres de Pablo habrían sido víctimas de las expediciones romanas en Siria, vendidos como esclavos y conducidos finalmente a Tarso.[9]

Ciudadanía romana[editar]

La ciudadanía romana de Pablo solo aparece en los Hechos de los Apóstoles y no encuentra paralelo directo en sus cartas, por lo que ha sido motivo de debate. Quienes dudan de ella señalan que un ciudadano romano no habría sido apaleado, como Pablo afirma que le ocurrió en 2 Corintios 11, 24-25, porque ese castigo estaba legalmente prohibido en tales casos. Quienes la defienden subrayan que el nombre Paulus es romano y que, si Pablo no hubiera sido ciudadano, difícilmente habría sido trasladado a Roma tras su detención en Jerusalén. Hay, sin embargo, excepciones documentadas a ambos supuestos.[10]

Peter van Minnen defendió enérgicamente la historicidad de la ciudadanía romana de Pablo, sosteniendo que era descendiente de uno o más libertos de quienes habría heredado esa condición. La ciudad de Tarso tenía concedida la ciudadanía romana por nacimiento, lo que podría explicar que Pablo fuera ciudadano romano pese a ser hijo de judíos.

Educación[editar]

La educación de Pablo ha sido objeto de numerosas especulaciones. La opinión mayoritaria de los especialistas señala que recibió la educación inicial en la misma Tarso, ciudad con excelentes escuelas y reputación de culta. Allí pudo adquirir formación esencial en escritura, retórica y dialéctica. Su griego correcto, el dominio de técnicas básicas de la retórica helenística y su conocimiento de libros bíblicos compuestos o conservados en griego apoyan esa idea.[11]

El libro de los Hechos añade que Pablo se educó en Jerusalén «a los pies de Gamaliel», instruido por el célebre rabino Gamaliel el Viejo, y que era fariseo. Algunos estudiosos mantienen gran reserva ante estos datos: objetan, por ejemplo, que Gálatas 1, 17 sitúa a Pablo en Damasco por primera vez al contacto con el movimiento cristiano, y que Gálatas 1, 22-23 afirma que las comunidades de Judea no lo conocían. Otros consideran que no hay razón suficiente para descartar la noticia de Hechos 22, 3 y la ven como un indicio de su preparación para ser rabino. Andrie B. du Toit ha propuesto superar la dicotomía Tarso–Jerusalén: la persona de Pablo fue un punto de encuentro e integración de influencias diversas.[12]

Fariseo[editar]

Que Pablo fuera fariseo se apoya en el pasaje autobiográfico de la Epístola a los filipenses, donde escribe: «circuncidado el octavo día; del linaje de Israel; de la tribu de Benjamín; hebreo e hijo de hebreos; en cuanto a la Ley, fariseo; en cuanto al celo, perseguidor de la Iglesia; en cuanto a la justicia de la Ley, intachable» (Filipenses 3, 5-6). Algunos autores, como Hyam Maccoby, han cuestionado el dato al no observar rasgos rabínicos en las cartas paulinas. Otros lo aceptan sin reticencias, y los Hechos ponen en boca del Apóstol una declaración semejante (Hechos 26, 4-5). En general, se lo describe como un judío de profundas convicciones y estricto seguidor de la Ley mosaica.

Estado civil[editar]

El estado civil de Pablo no tiene constancia clara. En 1 Corintios 7, 8 se refiere a «los solteros y las viudas» y dice que les conviene quedarse como él, lo que sugiere que en la primera mitad de la década del año 50 no estaba casado, pero no aclara si nunca se había casado, si se había divorciado o si había enviudado. Las posiciones mayoritarias de los investigadores son dos: que permaneció célibe toda su vida, sin que la razón sea necesariamente religiosa, o que estuvo casado y luego enviudó. Esta segunda postura, defendida por Joachim Jeremias y seguida por autores como Simon Légasse, supone que Pablo debía estar casado porque era preceptivo en el caso de los rabinos. Cuando escribe «bueno es que se queden como yo estoy», Pablo podría contarse entre los viudos, no entre los solteros. Romano Penna y Rinaldo Fabris señalan además una tercera posibilidad: que Pablo y su presunta mujer se hubieran separado, lo que se vincularía con el llamado privilegio paulino, el derecho a romper el vínculo matrimonial cuando la parte no creyente no acepta la convivencia pacífica.[13]

5. Perseguidor de los primeros cristianos[editar]

Estancia en Jerusalén[editar]

Se ha especulado sobre si Saulo Pablo, que habría estado en Jerusalén «a los pies de Gamaliel», pudo conocer personalmente a Jesús de Nazaret durante su predicación o en el momento de su muerte. Las posiciones de los estudiosos son diversas, pero en general se presume que no fue así, porque no hay mención alguna en sus epístolas. Si Pablo hubiera tenido un encuentro semejante, resultaría razonable que lo hubiera consignado por escrito.[14]

A partir de Hechos 26, 4-5, Raymond E. Brown sugiere que Pablo era fariseo desde su juventud. Dado que resultaba infrecuente la presencia de maestros fariseos fuera de Palestina y que Pablo conocía, además del griego, el hebreo, el arameo o ambos, la suma de esos datos da pie a pensar que, a comienzos de los años 30, Saulo Pablo se trasladó a Jerusalén con el fin de estudiar más profundamente la Torá. Las cartas no sugieren, sin embargo, que hubiera visto a Jesús durante su vida pública o en la crucifixión, lo que arroja dudas sobre una presencia continua en Jerusalén en aquellos años.[15]

Martirio de Esteban y primera persecución[editar]

Según los Hechos de los Apóstoles, el primer contacto fidedigno de Pablo con los seguidores de Jesús tuvo lugar en Jerusalén, en torno al grupo judío-helenístico de Esteban y sus compañeros. Saulo Pablo aprobó la lapidación de Esteban, el protomártir, ejecución que se suele datar en la primera mitad de la década del año 30. La cronología tradicional la sitúa hacia el año 36, mientras que la Escuela bíblica de Jerusalén la ubica hacia el 34, y la postura revisionista entre los años 30 y 34.[16]

Algunos estudiosos limitan la participación de Pablo en aquel suceso. Vidal García sostiene que la noticia de su presencia en la lapidación no pertenecería a la tradición original usada por Hechos, y que Pablo aparece como una figura estática que aprueba pero no actúa. Bornkamm, por su parte, argumenta que Gálatas 1, 22 afirma que Pablo era un desconocido para las comunidades de Judea, lo que hace difícil imaginar que hubiera desempeñado el papel decisivo que Lucas le atribuye. Martin Hengel estima que Pablo pudo tener en ese momento unos 25 años.[17]

Otros autores —Brown, Fitzmyer, Penna, Murphy-O’Connor— no encuentran razones suficientes para dudar de la presencia de Pablo en el martirio de Esteban. Hechos 7, 58 dice que los testigos pusieron sus vestidos a los pies de un «joven Saulo». El capítulo 8 describe la dispersión de la comunidad de Jerusalén y presenta a Saulo como el alma de la persecución: entraba por las casas, se llevaba por la fuerza a hombres y mujeres y los metía en la cárcel. En discursos posteriores, el propio Pablo recuerda que anduvo por las sinagogas encarcelando y azotando a los que creían en Jesús de Nazaret, y Hechos 9, 1 indica que sus intenciones llegaban a amedrentar de muerte a los fieles.

Vidal García y Bornkamm desconfían de los alcances reales de esa persecución, tanto geográficos como de grado de violencia. Sostienen que no se trató de una persecución general de los grupos cristianos de Jerusalén y Judea, sino más bien de un conflicto de carácter local, en particular entre la colonia judía de Damasco y el grupo cristiano surgido en esa ciudad. Barbaglio observa que los Hechos presentan a Pablo «no como el perseguidor sino como la persecución personificada», por lo que no pueden leerse como crónica neutra. La persecución debió consistir en las penas corporales previstas en el código disciplinario de las sinagogas para los transgresores, las mismas que Pablo sufrió más tarde como apóstol: «Cinco veces he recibido de los judíos los cuarenta latigazos menos uno» (2 Corintios 11, 24). Ed Parish Sanders, en cambio, atribuye aquella persecución al celo de Saulo, no a su condición de fariseo.[18]

6. Conversión y vocación[editar]

Según el libro de los Hechos, la conversión de Pablo tuvo lugar en el camino de Damasco, cuando se dirigía a esa ciudad con intención de detener a los seguidores de Jesús. El relato, narrado tres veces en los Hechos, presenta a Saulo envuelto por una luz y escuchando una voz que le dice: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». Tras el episodio queda ciego, entra en Damasco y, después de unos días, el discípulo Ananías le devuelve la vista y le comunica la misión que Dios le ha encomendado. A continuación Pablo se bautiza y comienza a anunciar a Jesús.

En sus cartas, Pablo no ofrece un relato tan detallado, pero sí habla del acontecimiento como de una revelación. En Gálatas 1, 15-16 afirma que Dios «se dignó revelar a su Hijo en mí» para anunciarlo entre los gentiles. Esa formulación, de tono vocacional y profético, es coherente con su autocomprensión como apóstol: él no fue enviado por los hombres, sino por una llamada directa de Dios. Las diferencias entre el relato de Hechos y la confesión de Pablo han dado lugar a amplios debates, pero un punto común es claro: Pablo consideró siempre que su misión entre los pueblos no cristianos no era fruto de una decisión personal, sino de una vocación recibida.

La cronología del episodio está vinculada a la de la muerte de Esteban. La cronología paulina más tradicional sitúa la conversión hacia el año 36, aunque algunos estudiosos la ubican entre 30 y 34.[19] Tras la experiencia, Pablo pasó un tiempo en Arabia, regresó a Damasco y solo tres años después subió a Jerusalén para visitar a Pedro (Gálatas 1, 17-18). Ese dato, expresamente aportado por Pablo, es una de las anclas cronológicas más firmes de su biografía.

7. Viajes misioneros[editar]

La actividad misionera de Pablo se concentró en el arco oriental del Mediterráneo, desde Siria y Arabia hasta Roma. El libro de los Hechos organiza esa actividad en una serie de viajes; las cartas paulinas confirman los grandes centros —Antioquía, Corinto, Éfeso, Jerusalén— y permiten corregir o matizar algunos detalles.

Primer viaje y concilio de Jerusalén[editar]

Pablo inició su actividad estable en la comunidad de Antioquía de Siria, donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de cristianos. Junto con Bernabé, partió hacia Chipre y las regiones de Panfilia, Pisidia y Licaonia, en Asia Menor. Predicó en las sinagogas de Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra y Derbe. Este primer viaje se suele fechar hacia los años 46–48 d. C., aunque la datación es orientativa.

El ingreso masivo de gentiles a la fe cristiana planteó una cuestión decisiva: si los convertidos debían circuncidarse y observar la Ley mosaica. El conflicto llevó a la llamada asamblea o concilio de Jerusalén, celebrado hacia el año 49 o 50. Allí se acordó que los gentiles no estaban obligados a la circuncisión, y Pablo y Bernabé fueron reconocidos en su misión entre los no judíos. En Gálatas 2, Pablo ofrece su propia versión del encuentro, en la que destaca el acuerdo con Pedro, Santiago y Juan, aunque también recuerda un episodio de tensión con Pedro en Antioquía.

Segundo viaje misionero[editar]

En el segundo viaje, Pablo partió con Silas por las regiones de Siria y Cilicia, cruzó Asia Menor y pasó a Macedonia. En Filipos, Tesalónica y Berea fundó o consolidó comunidades. Tras un paso por Atenas y su discurso en el Areópago, se estableció en Corinto, donde permaneció un tiempo prolongado, trabajando como artesano de tiendas junto con Priscila y Áquila. Tradicionalmente se data este viaje entre los años 49 y 52 d. C., con la estancia corintia en torno a un año y medio. Durante este período se compuso probablemente la Primera epístola a los tesalonicenses, el escrito cristiano más antiguo conservado.

Tercer viaje misionero[editar]

El tercer viaje tuvo su centro en Éfeso, donde Pablo desarrolló una intensa actividad evangelizadora y pastoral. La estancia efesina se suele estimar en unos tres años, en la primera mitad de la década del año 50. Desde Éfeso escribió algunas de sus cartas más importantes y mantuvo contacto con las comunidades de Corinto, Galacia y Filipos. La Primera y Segunda epístola a los corintios, la Epístola a los gálatas, la Epístola a los filipenses y quizá la Epístola a Filemón se asocian a este período, cuya datación precisa varía según los autores. La Epístola a los romanos fue escrita hacia el final del viaje, probablemente desde Corinto, antes de su retorno a Jerusalén, hacia los años 56–58 d. C.

Al concluir este período, Pablo se dirigió a Jerusalén llevando una colecta para los pobres de la comunidad madre, gesto al que concedía una importancia teológica y simbólica enorme.

Arresto y viaje a Roma[editar]

En Jerusalén, Pablo fue arrestado por las autoridades romanas tras un tumulto en el templo. Fue trasladado a Cesarea Marítima, donde permaneció detenido durante un período que se suele situar en torno a dos años, bajo los procuradores Félix y Festo. Como ciudadano romano apeló al emperador, lo que determinó su traslado a Roma. El viaje, narrado en los Hechos, incluyó un naufragio y una estancia en la isla de Malta. Llegó a Roma probablemente a comienzos de la década del año 60, donde permaneció bajo custodia en una residencia vigilada. Los Hechos terminan con esa situación, sin describir el desenlace.

8. Epístolas y pensamiento[editar]

Las cartas de Pablo son escritos ocasionales, dirigidos a comunidades o a personas concretas, y en su mayoría no son tratados teológicos sistemáticos. Sin embargo, contienen el núcleo más antiguo de reflexión cristiana sobre la fe, la salvación, la comunidad y la ética.

[ Desplegar / Plegar: epístolas paulinas ]

Cartas consideradas de autoría prácticamente indiscutida:

  • Primera epístola a los tesalonicenses
  • Primera epístola a los corintios
  • Segunda epístola a los corintios
  • Epístola a los gálatas
  • Epístola a los filipenses
  • Epístola a Filemón
  • Epístola a los romanos

Cartas deuteropaulinas, de autoría discutida:

  • Segunda epístola a los tesalonicenses
  • Epístola a los colosenses
  • Epístola a los efesios
  • Primera epístola a Timoteo
  • Segunda epístola a Timoteo
  • Epístola a Tito

Principales temas teológicos[editar]

El pensamiento de Pablo gira en torno a la acción salvadora de Dios en Cristo. La cruz y la resurrección son el centro de su predicación. Ante la cuestión de cómo se llega a estar en relación correcta con Dios, Pablo responde con la doctrina de la justificación: el ser humano no se salva por las obras de la Ley, sino por la fe en Jesucristo. Esa convicción, desarrollada sobre todo en Gálatas y Romanos, fue decisiva para la apertura del cristianismo a los gentiles y para la relación entre Israel y los nuevos creyentes no judíos.

Pablo insiste en la vida comunitaria como cuerpo de Cristo, en la necesidad de superar las divisiones internas, en la esperanza de la resurrección futura y en la exigencia ética derivada de la fe. Su cristología no se reduce a una doctrina abstracta: presenta a Cristo como Señor, crucificado y resucitado, y como clave de la historia de Dios con la humanidad. Su experiencia personal de perseguidor reconciliado con Dios atraviesa sus cartas y da fuerza a su concepto de gracia.

Influencia posterior[editar]

Las cartas paulinas fueron aceptadas tempranamente por las comunidades cristianas y, una vez incorporadas al canon, han influido de manera permanente en la teología occidental y oriental. Grandes controversias de la historia del cristianismo —desde la interpretación de la ley y la gracia hasta debates modernos sobre la justificación— se han desarrollado en diálogo, a veces conflictivo, con textos de Pablo. Su figura ha sido reivindicada por tradiciones muy diversas, desde la teología católica hasta las reformas protestantes, y su vocabulario conceptual —gracia, fe, justicia, libertad, carne, espíritu— forma parte del lenguaje religioso y filosófico de Occidente.

9. Últimos años y muerte[editar]

Las fuentes no ofrecen una narración concluyente de los últimos años de Pablo. La tradición cristiana sostiene que murió mártir en Roma, bajo el emperador Nerón. La fecha tradicional de su muerte es el año 67 d. C.; la historiografía moderna suele situarla entre los años 58 y 64 d. C. La variación se debe a la incertidumbre sobre la cronología de los procuradores de Judea y sobre el desarrollo de la primera persecución neroniana.

La tradición eclesiástica asocia su martirio con la persecución desatada tras el incendio de Roma, en julio del año 64, aunque no existe una confirmación documental antigua e inequívoca que fije la fecha exacta. Se transmitió que, por ser ciudadano romano, fue decapitado y no crucificado. Su muerte suele vincularse a la de Pedro en Roma, y la memoria conjunta de ambos se celebra el 29 de junio.

Su sepultura se venera tradicionalmente en la Basílica de San Pablo Extramuros, en Roma, construida sobre un lugar de culto cristiano muy antiguo. Los estudios arqueológicos y litúrgicos han confirmado la existencia de un sepulcro venerado en ese sitio desde época temprana, aunque la identificación material de los restos sigue siendo objeto de cautela histórica.

10. Veneración y legado[editar]

Pablo de Tarso es venerado como santo en la Iglesia católica, la Iglesia ortodoxa, la Comunión anglicana y algunas iglesias protestantes. Su culto es inmemorial, es decir, anterior a los procesos formales de canonización de la Iglesia católica.

Festividades[editar]

A lo largo del año litúrgico se lo conmemora en varias fechas: el 29 de junio, martirio, junto a san Pedro; el 25 de enero, conversión de san Pablo; el 10 de febrero, naufragio en la isla de Malta; y el 18 de noviembre, dedicación de la Basílica de San Pablo Extramuros. La conversión y la fiesta del martirio son las celebraciones más difundidas en el mundo hispanohablante.

Atributos y patronazgo[editar]

Sus atributos iconográficos más comunes son la espada, que alude a su martirio, y la carta o el libro, que remiten a sus epístolas y a su condición de maestro. Es patrono de Roma, Grecia y Malta, y de ciudades y localidades como Écija, en España; Manta, en Ecuador; Meoqui, en México; y San Pablo, en Norte de Santander, Colombia. También es considerado patrono de los teólogos y de la prensa católica, en consonancia con su dimensión de escritor y evangelizador.

Influencia en las artes y el pensamiento[editar]

La figura de Pablo ha sido representada innumerables veces en la pintura, la escultura, la arquitectura y el cine. Obras como el San Pablo de El Greco, conservado en el Museo de Arte de San Luis, muestran la persistencia de su imagen como hombre de letras y mártir. La iglesia y la teología occidentales no se entienden sin sus escritos, y su conversión ha sido leída durante siglos como modelo de transformación espiritual. Su pensamiento influyó en autores como Agustín de Hipona, Tomás de Aquino, Martín Lutero, Juan Calvino y, más cercanamente, en corrientes filosóficas y teológicas contemporáneas que discuten la herencia paulina sobre la ley, la gracia y la libertad.

11. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

En el mundo hispanohablante, la figura de Pablo de Tarso tiene una presencia vasta y variada. Su nombre bautiza ciudades, barrios, escuelas, hospitales y catedrales en América Latina y España. El patronazgo reconocido incluye localidades como Manta, en Ecuador, y San Pablo, en Norte de Santander, así como Écija, en España, lo que refleja la difusión de su culto desde los tiempos de la colonización. En el calendario litúrgico de las Iglesias hispanoamericanas, la conversión de san Pablo y la solemnidad de san Pedro y san Pablo son celebraciones comunes, y las lecturas de sus cartas ocupan un lugar central en la liturgia dominical y en la catequesis.

En el ámbito cultural, la la persona de Pablo ha aparecido en la literatura, el teatro y el cine en lengua española, a menudo como símbolo de conversión y de pasión misionera. Las ediciones y comentarios de sus cartas son numerosos en español, y muchas instituciones educativas y religiosas llevan su nombre. Su efigie con la espada y el libro forma parte del imaginario religioso popular, y la Basílica de San Pablo Extramuros es un hito tradicional del peregrinaje romano para los fieles hispanohablantes.


  1. Gerd Theissen caracteriza el cristianismo primitivo con cuatro corrientes básicas: el judeocristianismo, representado por Santiago el Justo y Simón Pedro; el cristianismo sinóptico; el cristianismo joánico; y el cristianismo paulino. Theissen, Gerd (2002), La religión de los primeros cristianos. ↩︎

  2. La transición de «Saulo» a «Pablo» en Hechos 13, 9 se expresa con la fórmula griega Σαυλος, ο και Παυλος, «Saulo, también llamado Pablo». No implica un cambio de nombre, sino el uso de un doble nombre, como era frecuente en la diáspora hebrea. ↩︎

  3. Agamben, Giorgio (2006), El tiempo que resta: un comentario a la Carta a los romanos, Madrid, Editorial Trotta. ↩︎

  4. Penna, Romano (2000), Pablo. El autor indica que los Hechos pasan por alto el punto fuerte de la justificación por la fe sin las obras de la Ley, y que sus datos son corregidos con las cartas. ↩︎

  5. Crossan, John Dominique y Reed, Jonathan L. (2006), En busca de Pablo. Los autores de esta postura recogen la idea de que existen demasiadas correspondencias entre Hechos y las epístolas como para descartar aquel relato por completo. ↩︎

  6. La Escuela bíblica de Jerusalén mantiene una posición abierta en cuanto a Colosenses, al señalar que las variaciones de estilo y tema podrían explicarse por el cambio de encuadre histórico. ↩︎

  7. La estimación se apoya en varios autores: Vidal García, Becker, Bornkamm y Fitzmyer sitúan el nacimiento hacia el año 10 d. C., y la Escuela bíblica de Jerusalén indica una horquilla de 5 a 10 d. C. ↩︎

  8. Tarso era capital de Cilicia desde el año 64 a. C. y contaba con una floreciente escuela estoica. Estrabón alaba sus escuelas, y la ciudad recibió la visita de Cicerón, Julio César y Augusto. ↩︎

  9. Murphy-O’Connor, Jerome (2008), Pablo, su historia, Madrid, San Pablo. Su hipótesis sostiene que Pablo era galileo de nacimiento, aunque la tradición antigua no sea fidedigna. ↩︎

  10. La discusión entre Vidal García, Bornkamm, Becker y otros reproduce los argumentos a favor y en contra. Becker recuerda que hay casos de judíos a los que la ciudadanía romana no libró de la flagelación y la crucifixión, y que personas no romanas podían ser trasladadas a Roma en ciertos procesos. ↩︎

  11. Brown, Raymond E. (2002), Introducción al Nuevo Testamento, II. Tarso tenía reputación de ciudad culta, y los jóvenes judíos podían acceder a una formación esencial en retórica y dialéctica. ↩︎

  12. Du Toit, Andrie B. (2000), «A Tale of Two Cities: “Tarsus or Jerusalem” Revisited», New Testament Studies 46. Propone que Pablo integró influencias de Tarso y de Jerusalén. ↩︎

  13. La cuestión del estado civil de Pablo es discutida. El canon de la Edad Media no ofrece respuesta, y las posiciones se concentran en celibato perpetuo, viudez o separación. En 1 Corintios 7, 8, Pablo no da explicación de su situación. ↩︎

  14. Fitzmyer y Penna, entre otros, coinciden en que no hay indicios de que Pablo conociera a Jesús en vida. Una «sana exégesis» de 2 Corintios 5, 16 no obliga a concluir un encuentro personal. ↩︎

  15. Brown, Introducción al Nuevo Testamento, II, pp. 562-563. Observa que Pablo era fariseo desde su juventud y que, hacia los años 30, pudo viajar a Jerusalén para estudiar la Ley. ↩︎

  16. La cronología tradicional de la lapidación de Esteban y la conversión de Pablo es el año 36; la Escuela bíblica de Jerusalén sitúa la muerte de Esteban hacia el 34; la postura revisionista, entre 30 y 34. ↩︎

  17. Hengel, Martin y Deines, Roland (1992), Il Paolo precristiano, Brescia, Paideia. Sostienen que Pablo tendría unos 25 años al momento del martirio de Esteban. ↩︎

  18. La discusión sobre la extensión y la violencia de la persecución se apoya en Vidal García, Bornkamm, Barbaglio y Sanders. Barbaglio subraya que los Hechos no constituyen una crónica neutra sobre aquel período. ↩︎

  19. La horquilla 30–36 d. C. depende de la datación de la muerte de Esteban y del cambio de prefectos en Judea. La cifra de 36 es la más tradicional, pero no unánime. ↩︎