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Pandemia de COVID-19

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Pandemia de COVID-19
Patógeno SARS-CoV-2
Tipo de patógeno Coronavirus
Enfermedad COVID-19
Origen Wuhan, China
Inicio del brote 31 de diciembre de 2019
Transmisión entre humanos confirmada 21 de enero de 2020
Emergencia sanitaria internacional 30 de enero de 2020
Declaración de pandemia 11 de marzo de 2020
Fin de la emergencia sanitaria 5 de mayo de 2023
Estado actual Virus en circulación; enfoque endémico en gran parte del mundo
Casos confirmados 697.391.000 al 6 de noviembre de 2023[sin verificar]
Fallecidos confirmados 7.071.311 al 27 de octubre de 2024
Recuperados registrados 664.929.599
Personas vacunadas con al menos una dosis 5.294 millones, aproximadamente el 66 % de la población mundial
Estimación de contagios reales Al menos 780 millones de personas para 2020; más de 2.000 millones posibles hacia fines de 2022

1. Resumen[editar]

La pandemia de COVID-19, conocida también como pandemia de coronavirus, fue una pandemia causada por el virus SARS-CoV-2 y por la enfermedad que este produce, la COVID-19. Los primeros casos fueron identificados en diciembre de 2019 en la ciudad china de Wuhan, cuando se reportó un grupo de personas con un tipo de neumonía desconocida. Muchos de los primeros afectados tenían vínculo con el Mercado Mayorista de Mariscos de Huanan, en esa misma ciudad.[1]

La Organización Mundial de la Salud declaró el brote como emergencia de salud pública de importancia internacional el 30 de enero de 2020. Luego, el 11 de marzo de 2020, lo caracterizó formalmente como pandemia, cuando ya se habían registrado alrededor de 118.000 casos y 4.291 muertes en 114 países. La emergencia sanitaria internacional se mantuvo hasta el 5 de mayo de 2023, fecha en que la OMS decretó su fin. A partir de entonces, la COVID-19 pasó a ser considerada por un número creciente de países como un virus endémico, aunque su circulación no desapareció del todo.

Las cifras exactas de la pandemia son difíciles de fijar con precisión. Para el 8 de agosto de 2023 se habían contabilizado más de 692 millones de casos en 260 países y territorios, además de siete millones de fallecidos confirmados. Una medición posterior, al 6 de noviembre de 2023, superaba los 697 millones de casos y los 6,9 millones de muertes. El 27 de octubre de 2024, la cifra de muertes confirmadas alcanzaba 7.071.311. La OMS y otros organismos sostienen que el número real de contagios fue muy superior al de casos diagnosticados, en parte porque muchas personas presentaron síntomas leves o nulos y no fueron sometidas a pruebas.

La pandemia tuvo un impacto sanitario, social, económico y político de escala global. Durante 2020 y parte de 2021 se cerraron escuelas y universidades en más de 124 países, lo que afectó a más de 2.200 millones de estudiantes. Aproximadamente un tercio de la población mundial estuvo confinada en algún momento, con restricciones a la circulación, cierre de establecimientos y cancelación de eventos. La actividad económica se redujo drásticamente, aumentó el desempleo y se generaron debates sobre la libertad de movimiento, la transparencia de los datos y el acceso equitativo a las vacunas.

2. Denominación y enfermedad[editar]

Inicialmente, el brote fue llamado «neumonía de Wuhan», por el lugar donde se identificaron los primeros casos. En febrero de 2020, la OMS adoptó el nombre oficial COVID-19, acrónimo del inglés coronavirus disease 2019 («enfermedad por coronavirus de 2019»). El virus fue denominado SARS-CoV-2 por su similitud con el coronavirus del síndrome respiratorio agudo grave.

La COVID-19 se transmite principalmente de persona a persona mediante pequeñas gotas de saliva que se emiten al hablar, estornudar, toser o respirar. También está documentada la transmisión por aerosoles, es decir, partículas menores a 5 micrómetros. El contagio se produce sobre todo cuando las personas están en contacto cercano, pero también puede ocurrir al tocar una superficie contaminada y llevar luego las manos a la cara o a las mucosas.

El período de incubación suele ser de cinco días, aunque puede variar entre dos y catorce días. Los síntomas más comunes son fiebre, tos seca y dificultad para respirar. Las complicaciones pueden incluir neumonía, síndrome respiratorio agudo y sepsis. La edad mayor a 65 años y la presencia de enfermedades crónicas como diabetes, cardiopatías, enfermedades respiratorias, hipertensión arterial o inmunodeficiencias aumentan el riesgo de presentar un cuadro grave.

Se ha confirmado que otros animales, como perros, gatos, tigres, leones, murciélagos y venados, pueden contraer el virus, aunque el papel de los animales domésticos en la cadena de transmisión humana ha sido secundario.

3. Historia[editar]

3.1 Advertencias previas[editar]

Desde décadas antes de 2020, diversas autoridades científicas y figuras públicas habían advertido sobre la posibilidad de que un virus con capacidad pandémica provocara una crisis sanitaria global. Libros como A Dancing Matrix (1994), The Coming Plague (1994) y The Hot Zone (1995) plantearon que el mundo no estaba suficientemente preparado para una emergencia de ese tipo. En el siglo XXI, expertos como Vaclav Smil, David Quammen y Robert Webster insistieron en que una nueva pandemia de origen animal era cuestión de tiempo y compararon un posible escenario con la pandemia de gripe de 1918.

Una de las advertencias más recordadas durante la pandemia fue la charla TED que Bill Gates dio en 2015, en la que habló sobre la falta de preparación ante un virus altamente infeccioso. Gates también instó a los candidatos presidenciales estadounidenses de 2016 a priorizar la preparación pandémica. Durante la crisis de 2020-2023, obras de ficción como la película Contagion (2011) y la novela The Eyes of Darkness (1981) cobraron notoriedad por sus similitudes parciales con la pandemia real.

3.2 Brote en Wuhan[editar]

Los primeros casos se reportaron en diciembre de 2019 en Wuhan, capital de la provincia de Hubei, China. Un grupo de pacientes presentaba una neumonía de causa desconocida. La mayoría de los afectados tenía vínculo con trabajadores o comerciantes del Mercado Mayorista de Mariscos de Huanan, un mercado de animales vivos y productos marinos. Las autoridades chinas confirmaron el 21 de enero de 2020 que el nuevo coronavirus podía transmitirse entre humanos.[2]

El brote de Wuhan se convirtió en el epicentro inicial de la pandemia. China aplicó medidas de contención estrictas en Hubei, incluyendo cuarentenas masivas y restricciones de transporte. Aun así, el virus ya se había propagado fuera de la ciudad y, en las semanas siguientes, comenzaron a aparecer casos en otros países.

3.3 Expansión internacional[editar]

El virus avanzó con rapidez hacia Asia, Europa, América y otras regiones. Los primeros casos fuera de China se registraron en países cercanos y, posteriormente, en personas que habían viajado desde zonas de transmisión. La conectividad aérea global facilitó la dispersión del SARS-CoV-2. A fines de enero de 2020, la OMS consideró que el brote constituía una emergencia de salud pública de importancia internacional.

A comienzos de 2020, Corea del Sur destacó por su capacidad para realizar pruebas masivas de forma sistemática, con alrededor de 10.000 análisis diarios. Otros países, como Japón, el Reino Unido y Estados Unidos, tuvieron durante las primeras semanas una capacidad de testeo mucho más limitada, lo que dificultó conocer la magnitud real del brote en sus territorios.

3.4 Declaración de pandemia[editar]

El 11 de marzo de 2020, la OMS declaró que la COVID-19 era una pandemia. En ese momento se habían contabilizado unos 118.000 casos confirmados y 4.291 fallecimientos en 114 países. La declaración formal de pandemia no solo describía la extensión geográfica de la enfermedad, sino que también sirvió como señal para que los gobiernos intensificaran las medidas de preparación y respuesta sanitaria.

Durante los meses siguientes, la pandemia cursó en distintas olas en todo el mundo. Las medidas adoptadas variaron según el país: cuarentenas estrictas, confinamientos nocturnos, cierres de fronteras, suspensión de clases presenciales, cancelación de eventos masivos y uso obligatorio de mascarillas. Ese conjunto de restricciones marcó la vida cotidiana durante 2020 y 2021, y en algunos países se prolongó con altibajos hasta 2022.

4. Transmisión, síntomas y prevención[editar]

El virus se transmite principalmente por vía respiratoria, a través de gotas que se expulsan al hablar, toser, estornudar o respirar. La transmisión por aerosoles se considera especialmente relevante en espacios cerrados y mal ventilados. El contacto con superficies contaminadas también puede producir infección si la persona se toca la cara, la nariz, la boca o los ojos con las manos contaminadas.

Las medidas de prevención recomendadas incluyeron el lavado frecuente de manos, cubrirse la boca al toser, mantener distanciamiento físico entre personas, usar mascarillas faciales, ventilar los espacios cerrados y aplicar cuarentena o autoaislamiento en el caso de personas con sospecha o confirmación de infección. El rastreo de contactos se utilizó como herramienta complementaria para interrumpir cadenas de transmisión en muchas jurisdicciones.

El cuadro clínico varía desde infección asintomática hasta enfermedad grave. Los síntomas más frecuentes son fiebre, tos seca y dificultad respiratoria. Algunos pacientes pueden desarrollar neumonía, síndrome de dificultad respiratoria aguda o sepsis. La gravedad se asocia con la edad avanzada y con enfermedades crónicas preexistentes, como diabetes, hipertensión, cardiopatías, enfermedades respiratorias e inmunodeficiencias.

5. Incidencia y calidad de los datos[editar]

5.1 Representatividad de las cifras[editar]

Los casos confirmados dependieron en gran medida de la cantidad de pruebas aplicadas en cada país. Durante los primeros meses de la pandemia, los criterios y la capacidad de testeo variaron mucho entre países. Corea del Sur llegó a realizar alrededor de 10.000 pruebas diarias y contabilizó 210.000 análisis hasta el 10 de marzo de 2020. Japón, en cambio, solo había analizado unas 10.000 muestras hasta esa fecha. El Reino Unido realizaba 1.500 pruebas al día hasta el 11 de marzo, cuando su gobierno ordenó aumentar la cadencia en un 500 %. Estados Unidos había analizado solo 1.583 muestras hasta el 5 de marzo.

En España se estimó que el número real de infectados a fines de marzo de 2020 podía estar entre 300.000 y 900.000 personas, frente a los 39.000 casos registrados oficialmente. La diferencia se atribuyó a que una proporción importante de portadores cursaba la enfermedad sin síntomas. China, por su parte, no reportó inicialmente los pacientes asintomáticos como casos de COVID-19, incluso si daban positivo en las pruebas.[3]

Con el tiempo, la expansión de las pruebas permitió conocer mejor la circulación del virus. Sin embargo, algunos especialistas advirtieron que la alta sensibilidad de la PCR podía detectar restos de ARN de virus no viable en personas que ya habían superado la enfermedad, lo que podía inflar temporalmente algunos conteos.

5.2 Criterios de fallecidos[editar]

Los criterios para contabilizar muertes también fueron dispares. Italia contó como víctimas de la pandemia a los fallecidos que habían dado positivo en la prueba, pero muchos ancianos fallecidos en residencias sin haberse realizado el test no fueron incluidos. Bélgica, en cambio, contabilizó a todos los muertos en residencias con síntomas compatibles con COVID-19, aunque no se les hubiera hecho la prueba. En España, los estudios de sobremortalidad mostraron que las muertes atribuibles a la pandemia eran mayores que las cifras oficiales de fallecidos confirmados por PCR.[4]

Estas diferencias metodológicas explican por qué las comparaciones internacionales de letalidad y mortalidad fueron objeto de debate constante durante la pandemia, y por qué organismos como la OMS insistieron en que las cifras confirmadas subestimaban el impacto real.

6. Casos y fallecidos por país[editar]

La siguiente tabla recoge algunos de los países y territorios con mayor número de casos confirmados, con datos disponibles hasta el 6 de noviembre de 2023. Las cifras pueden variar según la fuente y la fecha de corte, y deben leerse como órdenes de magnitud más que como registros absolutos.

[ Desplegar / Plegar ] — Casos y fallecidos por país
País o territorio Casos confirmados Fallecidos
Estados Unidos109.228.7741.181.531
China99.317.967121.764
India45.001.268533.293
Francia40.138.560167.642
Alemania38.553.102176.793
Brasil37.949.944706.808
Corea del Sur34.571.87335.934
Japón33.803.57274.694
Italia26.230.177192.406
Reino Unido24.796.408230.974
Rusia23.124.717400.256
Turquía17.232.066102.174
España13.914.811121.760
Australia11.793.99522.885
Vietnam11.624.11443.206
Taiwán10.241.52319.005
Argentina10.080.046130.685
Países Bajos8.619.83522.992
México7.649.199334.472
Irán7.622.127146.580
Indonesia6.813.790161.920
Polonia6.537.192119.694
Colombia6.384.009143.067
Grecia6.101.37937.089
Austria6.081.28722.542
Portugal5.631.28127.686
Ucrania5.557.995112.418
Chile5.305.89264.497
Malasia5.129.80037.181
Israel4.840.71412.697
Bélgica4.825.55334.376
Canadá4.777.66454.734
Corea del Norte4.772.81374
Tailandia4.758.12534.488

7. Vacunación y acceso[editar]

La vacunación masiva cambió de manera decisiva el curso de la pandemia. Para enero de 2023, se habían alcanzado 5.294 millones de personas vacunadas con al menos una dosis, aproximadamente el 66 % de la población mundial. La velocidad con que se desarrollaron y autorizaron las vacunas fue inédita para una enfermedad nueva, aunque la cobertura siguió siendo desigual entre países y regiones.

En la Organización Mundial del Comercio, un grupo de 99 países en desarrollo liderados por India y Sudáfrica, con el apoyo de organizaciones como Médicos Sin Fronteras, pidió la suspensión temporal de las patentes de las vacunas contra la COVID-19 mientras durara la pandemia. La propuesta buscaba ampliar la capacidad de producción en países de ingresos bajos y medios. A ese pedido se opusieron la mayoría de los miembros de la Unión Europea, Estados Unidos y Brasil, entre otros. El debate sobre patentes, transferencia tecnológica y equidad sanitaria fue uno de los ejes de tensión entre el norte y el sur global durante la pandemia.[5]

América Latina sufrió de manera particular la fase de escasez de vacunas. Aunque varios países de la región lograron altas coberturas con el tiempo, los primeros meses de vacunación reflejaron diferencias de acceso y dependencia de acuerdos bilaterales e internacionales. El centro de estudios CELAG advirtió en 2021 sobre el riesgo de que la falta de acceso a las vacunas prolongara la crisis en la región.

8. Impacto económico y social[editar]

La pandemia produjo una perturbación socioeconómica profunda. Durante 2020 y parte de 2021, más de 124 países cerraron escuelas y universidades, afectando a más de 2.200 millones de estudiantes. Aproximadamente un tercio de la población mundial fue confinada, y se impusieron restricciones importantes a la libertad de circulación. Esas medidas redujeron la actividad económica de forma drástica y provocaron un aumento del desempleo. La Organización Internacional del Trabajo estimó al inicio de la crisis que la COVID-19 podía costar cerca de 25 millones de empleos en todo el mundo.

La crisis también golpeó con fuerza a los sectores de turismo, transporte, comercio, restauración y entretenimiento. Muchos gobiernos implementaron programas de transferencias monetarias, créditos y prórrogas fiscales para amortiguar el golpe, aunque la profundidad de la recesión varió según la estructura productiva de cada país.

En paralelo, la reducción temporal de los viajes y el cierre de empresas produjeron un descenso de la contaminación atmosférica. Las emisiones de CO₂ en China cayeron temporalmente en aproximadamente un cuarto, y en varias ciudades se registraron mejoras notables en la calidad del aire. Sin embargo, esos cambios no se tradujeron necesariamente en una transformación ambiental duradera.

9. Desinformación, racismo y respuesta pública[editar]

La pandemia estuvo acompañada de un flujo constante de desinformación y teorías conspirativas sobre el origen del virus, los tratamientos y las vacunas. La OMS y otras organizaciones advirtieron que la infodemia podía agravar la crisis sanitaria, ya que dificultaba la adhesión a medidas de salud pública y alimentaba la desconfianza hacia las autoridades.

También se registraron incidentes de xenofobia y racismo contra ciudadanos chinos y personas de origen del este y sudeste asiático, especialmente en los primeros meses. La asociación del virus con Wuhan y con China en el discurso público contribuyó a estigmatizar a comunidades enteras, y organismos de derechos humanos documentaron agresiones verbales y físicas en varios países.

La gestión de la pandemia provocó además tensiones políticas y controversias sobre los datos oficiales. Algunas fuentes externas pusieron en duda la veracidad de las cifras informadas por China, señalando la falta de libertad de expresión y la opacidad gubernamental. En varios países, la pandemia reabrió debates sobre transparencia, confianza institucional y límites del poder estatal en contextos de emergencia.

10. América Latina y el mundo hispanohablante[editar]

La pandemia tuvo en América Latina y el Caribe un impacto especialmente severo. La región combina altos niveles de urbanización, sistemas de salud con capacidades dispares, desigualdad social y una proporción importante de empleo informal. Esos factores complicaron la aplicación de cuarentenas prolongadas y redujeron el alcance de las políticas de distanciamiento físico.

México fue uno de los países hispanohablantes con mayor número de muertes confirmadas, con 334.472 fallecidos y 7.649.199 casos hasta el 6 de noviembre de 2023. Argentina registró 10.080.046 casos y 130.685 muertes. Colombia contabilizó 6.384.009 casos y 143.067 muertes. Chile registró 5.305.892 casos y 64.497 muertes. España, aunque no forma parte de América Latina, compartió con la región el idioma y la condición de exponer públicamente sus datos de la pandemia: 13.914.811 casos y 121.760 fallecidos.

En Argentina, las estadísticas nacionales incluyeron los casos de las Islas Malvinas, en línea con la posición del país sobre la soberanía del territorio.[6] En varios países latinoamericanos se aplicaron cuarentenas nacionales tempranas y restrictivas durante 2020, con cierre de fronteras, suspensión de clases presenciales y restricciones a la movilidad interna. La región también enfrentó desafíos particulares para acceder a vacunas en los primeros meses de disponibilidad, así como para contener el impacto económico de las restricciones.

11. Fin de la emergencia y estado endémico[editar]

La OMS declaró el fin de la emergencia sanitaria internacional el 5 de mayo de 2023. La decisión no significó que el SARS-CoV-2 hubiera desaparecido, sino que ya no constituía una emergencia de salud pública de importancia internacional con los mismos criterios de gravedad e inestabilidad que en 2020.

Semanas antes de esa fecha, algunos países ya habían iniciado la transición hacia un enfoque endémico. España planteó en enero de 2022 la posibilidad de tratar la COVID-19 como una enfermedad endémica, y Corea del Sur comenzó a normalizar su vida pública tras casi tres años de restricciones. La enfermedad siguió circulando, pero la vigilancia se integró gradualmente a los sistemas ordinarios de salud.

A partir de 2024, los expertos no coincidían por completo en si la COVID-19 seguía siendo una pandemia en sentido estricto. Las pandemias y sus finales no están definidos de manera uniforme, y la respuesta depende de la definición utilizada. Con más de siete millones de muertes confirmadas, la pandemia de COVID-19 se ubica entre las cinco pandemias o epidemias más mortíferas de la historia, aunque las estimaciones de exceso de mortalidad elevan considerablemente su impacto real.

12. Legado[editar]

La pandemia de COVID-19 dejó lecciones profundas para los sistemas de salud, la cooperación internacional y la vida social. Demostró la velocidad con que un virus respiratorio puede alterar la actividad humana y reveló las debilidades estructurales de la preparación pandémica que especialistas habían advertido desde hacía décadas.

Entre los legados más visibles se encuentran la expansión de la vigilancia epidemiológica, el desarrollo acelerado de plataformas de vacunas, la normalización del teletrabajo, la digitalización de la educación y el comercio, y una mayor conciencia pública sobre el riesgo de las enfermedades zoonóticas. También quedaron debates abiertos sobre el acceso equitativo a los tratamientos y vacunas, la transparencia de los datos, la salud mental de las poblaciones confinadas y el impacto educativo de los cierres escolares.

La COVID-19 transformó temporalmente las rutinas, las formas de socialización y los rituales de duelo en buena parte del mundo. Aun después del fin de la emergencia sanitaria, su huella persiste en los sistemas de salud pública, en la economía y en la memoria de una generación.


  1. La vinculación inicial con el Mercado Mayorista de Mariscos de Huanan no implica que el origen del virus esté definitivamente establecido; los primeros casos eran pacientes con vínculos comerciales o laborales con el mercado, pero las investigaciones sobre el origen continuaron después. ↩︎

  2. La fecha del 21 de enero de 2020 corresponde a la confirmación pública de la transmisión entre humanos por parte de las autoridades chinas. ↩︎

  3. La no inclusión de pacientes asintomáticos en China durante los primeros meses fue señalada por medios internacionales y pudo subestimar el número oficial de casos. ↩︎

  4. La sobremortalidad se refiere a la diferencia entre las muertes observadas y las esperadas según series históricas, y es considerada una herramienta útil para estimar el impacto real de una epidemia con independencia de los criterios de notificación. ↩︎

  5. El debate sobre la suspensión temporal de patentes de vacunas se centró en la posibilidad de aumentar la producción en países en desarrollo. Los países favorables argumentaban que sin suspensión no habría oferta suficiente; los países contrarios sostenían que la propiedad intelectual debía protegerse para incentivar la innovación. ↩︎

  6. Argentina contabilizó los casos de las Islas Malvinas dentro de sus estadísticas nacionales, una decisión coherente con su reclamo de soberanía sobre el archipiélago. ↩︎