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Pentecostés

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Pentecostés
TipoFestividad cristiana
Celebrada porCristianismo
Fecha50 días después de la Pascua; fecha variable según el cómputo eclesial
SignificadoVenida del Espíritu Santo e inicio de la actividad de la Iglesia
DuraciónUna solemnidad; en varias tradiciones, su octava o el lunes posterior es feriado

Pentecostés (del griego antiguo πεντηκοστή, pentēkostḗ, que significa “quincuagésimo”) es la fiesta cristiana del quincuagésimo día del tiempo pascual. Durante Pentecostés se celebra la venida del Espíritu Santo y el inicio de las actividades de la Iglesia. Por ello también se le conoce como la celebración del Espíritu Santo. En la liturgia católica es la fiesta más importante después de la Pascua y la Navidad.[1] La liturgia incluye una secuencia medieval, el Veni, Sancte Spiritus.

En las Iglesias ortodoxas se celebra además en esta ocasión la fiesta de las «Tres Divinas Personas» o de la Santísima Trinidad. Las Iglesias occidentales, en cambio, celebran desde el siglo XIV su propia fiesta de la Santísima Trinidad, Trinitatis, una semana después de Pentecostés.[2]

En las narraciones sobre Pentecostés de los Hechos de los Apóstoles se atribuyen al Espíritu Santo características milagrosas llamadas carismas: ofrece valentía y libertad, posibilita la comprensión —la llamada glosolalia o don de lenguas— y fortifica una comunidad universal. Pentecostés es considerado por la Iglesia católica la tercera festividad más importante, por detrás del Domingo de Resurrección y de la Natividad.

1. Resumen[editar]

Pentecostés no es un simple apéndice de la Pascua, sino su culminación solemne: cierra el tiempo pascual y configura su coronación.[3] Según la tradición cristiana, en ese día se cumplió la promesa de Cristo de enviar el Espíritu Santo sobre sus discípulos. El relato central, contenido en el capítulo 2 de los Hechos de los Apóstoles, sitúa el acontecimiento durante la celebración de la fiesta judía de Pentecostés en Jerusalén, cuando un viento impetuoso y unas lenguas como de fuego se posaron sobre los reunidos, que comenzaron a hablar en otras lenguas.

La fiesta tiene una doble raíz. Por un lado, es una herencia directa de la fiesta judía de las Semanas o Shavuot, una de las tres peregrinaciones del antiguo Israel; por otro, se convierte en una celebración específicamente cristiana a partir del acontecimiento narrado en el Nuevo Testamento. En la práctica litúrgica, su fecha móvil depende del calendario pascual, por lo que oscila entre mayo y junio.

Además de su importancia teológica, Pentecostés ha dejado huella en la nomenclatura de movimientos religiosos, en el calendario civil de numerosos países y en celebraciones locales del mundo hispanohablante, especialmente en España y en algunos lugares de América Latina.

2. Etimología[editar]

El término «Pentecostés» proviene del griego koiné πεντηκοστή, pentēkostē, que significa «quincuagésimo». Uno de los usos de la palabra en la Septuaginta, la traducción griega de la Biblia hebrea, se refiere a la festividad de Shavuot, una de las tres fiestas de peregrinación, que se celebra cincuenta días después de la Pascua según Deuteronomio 16:10. En Éxodo 34:22 se la denomina «Fiesta de las Semanas».[4]

La Septuaginta emplea el término Pentēkostē en este contexto también en el Libro de Tobías y en 2 Macabeos. En el mundo helenístico, la palabra que designaba una medida de tiempo —el día quincuagésimo— pasó a convertirse en el nombre propio de la fiesta que cerraba ese período de cincuenta días. La tradición cristiana conservó el nombre griego aun en las lenguas que ya tenían denominaciones propias para las fiestas religiosas.

3. Antecedentes judíos[editar]

En el judaísmo, Shavuot es una fiesta de la cosecha que se celebra siete semanas y un día después del primer día de la Pascua judía según Deuteronomio 16:9, o siete semanas y un día después del sábado según Levítico 23:16.[5] La mención concreta de cincuenta días procede de Levítico 23:16. La Fiesta de las Semanas se conoce también como Fiesta de la Cosecha en Éxodo 23:16 y como Día de las Primicias en Números 28:26. En Éxodo 34:22 se la llama «las primicias de la cosecha de trigo».

La discusión sobre la fecha exacta aparece en la Mishná y en el Talmud de Babilonia, en el quinto tratado, llamado Arakhín. La disputa convertía a la fiesta en un punto de referencia para distintos calendarios sectarios del judaísmo antiguo.[6]

En algún momento del período helenístico, la antigua fiesta agrícola también se convirtió en un día para renovar el pacto de Noé, descrito en Génesis 9:17, un pacto establecido entre Dios y «toda carne que está sobre la tierra». Después de la destrucción del Templo en el año 70 d. C., al no poder llevarse ofrendas al Templo de Jerusalén, el foco de la festividad pasó de la agricultura a la recepción de la Torá por los israelitas.

Para entonces, algunos judíos ya vivían en la diáspora. Según Hechos 2:5-11, en Jerusalén había judíos de «todas las naciones bajo el cielo», posiblemente peregrinos llegados para Pentecostés. Esta circunstancia tiene una función clave en el relato cristiano: la multitud reunida podía oír el mensaje de los apóstoles en muchas lenguas.

4. Pentecostés en el Antiguo Testamento[editar]

El trasfondo histórico de la celebración se basa en la fiesta judía de Shavuot, o fiesta de las semanas, durante la cual se celebra el quincuagésimo día de la aparición de Dios en el monte Sinaí. Por lo tanto, en el día de Pentecostés también se conmemora la entrega de la Ley, los Diez Mandamientos, al pueblo de Israel.

Pentecostés era una de las tres grandes fiestas judías. Para celebrarla, gran número de judíos subía a Jerusalén para dar gracias a Dios y adorarle en el Templo. A los cincuenta días de la Pascua, los judíos celebraban la «Fiesta de las siete semanas» o «Fiesta de las semanas», que en sus orígenes tenía carácter agrícola. Se trataba de la festividad de la siega, día de regocijo y acción de gracias, en que se ofrecían las primicias de lo producido por la tierra.

La regla bíblica prescribía:

«Contaréis siete semanas enteras a partir del día siguiente al sábado, desde el día en que habréis llevado la gavilla de la ofrenda mecida, hasta el día siguiente al séptimo sábado, contaréis cincuenta días…» (Levítico 23, 15-16).

Se trataba, por tanto, de una fiesta móvil dependiente del ritmo agrícola. La fijación del inicio de la cuenta admitía varias interpretaciones según el sentido dado a la palabra «sábado». Si se entendía como día festivo, es decir, el día de la Pascua, la cuenta empezaba al día siguiente; Filón de Alejandría y Flavio Josefo interpretaban la ley de esa forma. Si, en cambio, por «sábado» se entendía el séptimo día de la semana, la cuenta empezaba el domingo siguiente a la Pascua; los fariseos y una tradición samaritana la interpretaban de esta otra manera.

Más tarde, esta celebración agrícola se convirtió en recuerdo y conmemoración de la Alianza del Sinaí, realizada unos cincuenta días después de la salida de Egipto. Por designio divino, según la lectura cristiana, la fiesta que los judíos celebraban con alegría se convirtió en la fiesta de la Nueva Alianza, la de la venida del Espíritu Santo con todos sus dones y frutos.

5. Pentecostés en el Nuevo Testamento[editar]

Las primeras alusiones a su celebración cristiana se encuentran en escritos de san Ireneo, Tertuliano y Orígenes, a fines del siglo II y principios del siglo III. Ya en el siglo IV hay testimonios de que en las grandes iglesias de Constantinopla, Roma y Milán, así como en la península ibérica, se festejaba el último día de la cincuentena pascual. La cincuentena quedó así íntimamente unida a la memoria de Pentecostés.

La narración de Hechos 2 incluye numerosas referencias a relatos bíblicos anteriores, como la torre de Babel, el diluvio y la creación del Génesis. También contiene referencias a ciertas teofanías, con énfasis en la aparición de Dios en el monte Sinaí cuando se presentaron los Diez Mandamientos a Moisés. El teólogo Stephen Wilson describió el relato como «excepcionalmente oscuro», y persisten varios puntos de desacuerdo entre los estudiosos de la Biblia.

5.1 El relato de Hechos 2[editar]

Los acontecimientos del capítulo 2 de los Hechos se desarrollan con el trasfondo de la fiesta de Pentecostés en Jerusalén. El autor comienza señalando que los discípulos de Jesús estaban «todos juntos en un mismo lugar» el «día de Pentecostés» (Hechos 2:1). El verbo utilizado para indicar la llegada del día tiene una connotación de cumplimiento.

Aparece entonces un «soplo de viento impetuoso», símbolo común del Espíritu Santo, y aparecen «lenguas como de fuego». Los discípulos reunidos «se llenaron del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba habilidad». Algunos estudiosos han interpretado el pasaje como una referencia a la multitud de idiomas que hablaban los discípulos reunidos, mientras que otros han interpretado las «lenguas» como discurso extático.[7]

No hay pruebas literarias que confirmen con certeza la ubicación del oikos u «casa» que se da como lugar de los acontecimientos en Hechos 2:2. Algunos detalles semánticos sugieren que la «casa» podría ser el «cenáculo» mencionado en Hechos 1:12-26, pero no existen pruebas textuales que lo confirmen. La ubicación sigue siendo objeto de debate entre los comentaristas bíblicos.

En la tradición cristiana, este acontecimiento representa el cumplimiento de la promesa de que Cristo bautizará a sus seguidores con el Espíritu Santo. De los cuatro evangelios, la distinción entre el bautismo con agua y el bautismo de Cristo con «Espíritu Santo y fuego» se encuentra solo en Mateo y Lucas. El relato evoca el simbolismo del bautismo de Jesús en el río Jordán y el inicio de su ministerio, al conectar explícitamente la profecía anterior de Juan el Bautista con el bautismo de los discípulos en Pentecostés.

El momento en que se sitúa la narración, durante la fiesta en que se entregaba la ley, simboliza tanto la continuidad con la entrega de la ley como el papel central del Espíritu Santo para la Iglesia primitiva. El papel central de Cristo en la fe cristiana significaba una separación teológica fundamental de la fe judía tradicional, que se basaba en la Torá y la ley mosaica.

6. Significado teológico del Pentecostés cristiano[editar]

En el cristianismo, Pentecostés es el fruto de la obra realizada por Cristo, el resultado de sus merecimientos. Según los escritos del Nuevo Testamento, el Espíritu Santo es llamado a veces «Espíritu de Cristo», «Espíritu de Jesús», «Espíritu de Jesucristo», «Espíritu del Señor» o «Espíritu de su Hijo».

Fue Simón Pedro el primero en explicitar el significado del acontecimiento en su discurso pronunciado ese mismo día. Era el comienzo de la efusión del Espíritu Santo que Dios había prometido para la «plenitud de los tiempos». Esos últimos tiempos, anunciados en el Libro de Joel y en el Libro de Ezequiel, empezaron con la muerte y resurrección de Jesucristo, cuya señal fue la de hacer hablar a los apóstoles como verdaderos profetas mediante la efusión del Espíritu Santo.

6.1 El Espíritu Santo en Jesús[editar]

En el Nuevo Testamento, el Espíritu Santo aparece moviendo a Jesús durante toda su vida. Fue el Espíritu Santo quien cubrió el seno materno de María antes de que Jesús naciera. Más tarde descendió de forma visible en el momento del bautismo de Jesús y posteriormente lo condujo al desierto, para devolverlo luego a Galilea.

El primer sermón de Cristo comienza con estas palabras: «El Espíritu del Señor está sobre mí». De allí que el Espíritu Santo aparezca en la Biblia operando en la misma línea que Jesús. Ireneo de Lyon lo resumió en una frase célebre: «El Padre se complace y ordena, el Hijo obra y forma, el Espíritu nutre e incrementa».[8]

La función del Espíritu no sería, según la teología clásica, traer noticias nuevas, sino profundizar la doctrina ya dada por Cristo:

«Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os enseñará toda la verdad» (Juan 16:13).

Hasta la muerte de Jesús, el Espíritu Santo parecía estar circunscrito a los límites normales de su individualidad humana y de su radio de acción. Pero al morir, Jesús entregó su espíritu a Dios. Los exégetas suelen interpretar que esa entrega se derrama de inmediato sobre la Iglesia, por lo cual en el Evangelio de Juan aparece Jesús dando el Espíritu Santo a sus discípulos en el mismo día de su resurrección:

«Jesús les dijo otra vez: “La paz esté con vosotros. Como el Padre me envió, yo también los envío a vosotros.” Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo.”» (Juan 20, 19-22).

6.2 El Espíritu Santo en la Iglesia[editar]

En la Iglesia, la venida del Espíritu Santo en Pentecostés no fue un hecho aislado, sino que la santifica continuamente, también a cada alma a través de sus inspiraciones. Según san Francisco de Sales, esas inspiraciones son:

«(...) todos los atractivos, movimientos, reproches y remordimientos interiores, luces y conocimientos que Dios obra en nosotros, previniendo nuestro corazón con sus bendiciones, por su cuidado y amor paternal, a fin de despertarnos, movernos, empujarnos y atraernos a las santas virtudes, al amor celestial, a las buenas resoluciones; en una palabra, a todo cuanto nos encamina a la vida eterna.»

Pentecostés es la confirmación de la promesa de Jesús: «Dentro de pocos días seréis bautizados en el Espíritu Santo». Esta confirmación pone de manifiesto varios aspectos:

  • la unidad espiritual de todos los que recibieron el Espíritu de Jesús, expresada en Efesios 4, 4-6: «Un solo Cuerpo y un solo Espíritu […] un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos»;
  • la constitución de una comunidad abierta a todos los pueblos, simbolizada por el llamado milagro de Pentecostés: todos oían hablar a los apóstoles en su propio idioma;
  • la restauración de la unidad perdida en Babel: en la torre de Babel se confundieron las lenguas y nadie podía comprender al otro; en Pentecostés, la diversidad de lenguas no impide la comprensión del mensaje;
  • la continuidad entre Jesús y sus seguidores: quien tiene el Espíritu de Jesús realiza los mismos gestos de Jesús —anuncia su palabra, repite su oración, perpetúa la fracción del pan y vive unido con los demás creyentes—.

7. Mariología[editar]

Una iconografía secular, tanto en las Iglesias occidentales como en las orientales, refleja la creencia en la presencia de la Santísima Virgen María el día de Pentecostés y su papel central en la concesión divina del don del Espíritu Santo a los apóstoles. Hechos 1:14 confirma la presencia de la madre de Jesús con los Doce en una comunión espiritual de oración diaria. Es la única referencia a ella después de que Jesús la confiara al apóstol Juan durante la crucifixión.

De acuerdo con esa tradición icónica, la encíclica latina Mystici Corporis Christi declaró oficialmente:

«Fue ella quien, con sus poderosas oraciones, obtuvo que el espíritu de nuestro Divino Redentor, ya entregado en la Cruz, fuera concedido, acompañado de dones milagrosos, a la Iglesia recién fundada en Pentecostés; y finalmente, soportando con valentía y confianza la tremenda carga de sus dolores y desolación, ella, verdaderamente la Reina de los Mártires, más que todos los fieles, “completó lo que faltaba de los sufrimientos de Cristo por su Cuerpo, que es la Iglesia”; y sigue teniendo por el Cuerpo Místico de Cristo, nacido del Corazón traspasado del Salvador, el mismo cuidado maternal y el mismo amor ardiente con que acunó y alimentó al Niño Jesús en el pesebre.» — papa Pío XII, Mystici Corporis Christi, 2 de marzo de 1943.

El papa Juan Pablo II, en una audiencia general celebrada en el Vaticano el 28 de mayo de 1997, afirmó que la primera comunidad es el preludio del nacimiento de la Iglesia y que la presencia de la Virgen María contribuye a esbozar sus rasgos definitivos, fruto del don de Pentecostés. Añadió que, consciente de la promesa de Jesús, María espera Pentecostés e implora una multiplicidad de dones para todos, según la personalidad y la misión de cada uno.

La relación especial de María con el Espíritu Santo y su presencia en Pentecostés dieron lugar a que uno de sus títulos devocionales fuera «Madre de la Iglesia». En 2018, el papa Francisco designó el lunes después de Pentecostés de cada año como la fiesta de María, Madre de la Iglesia.

8. Calendario[editar]

La solemnidad de Pentecostés es una fiesta móvil: no se fija con relación al calendario civil, sino que se celebra en fecha variable según el año y el rito. En el rito romano se celebra cincuenta días después del Domingo de Resurrección. En las Iglesias ortodoxas, que siguen el calendario juliano para el ciclo pascual, la fecha puede no coincidir con la occidental.

El período de cincuenta días se cuenta gráficamente de la siguiente manera: el Domingo de Resurrección es el día 1; el día 40 corresponde a la Ascensión del Señor o, según las conferencias episcopales que la trasladan, al séptimo domingo de Pascua; y el día 50 es Pentecostés.

Las fechas de la fiesta entre 2002 y 2027 son las siguientes:

[ Desplegar / Plegar: fechas de Pentecostés, 2002-2027 ]
AñoIglesia católicaIglesia ortodoxa
200219 de mayo23 de junio
20038 de junio15 de junio
200430 de mayo
200515 de mayo19 de junio
20064 de junio11 de junio
200727 de mayo
200811 de mayo15 de junio
200931 de mayo7 de junio
201023 de mayo
201112 de junio
201227 de mayo3 de junio
201319 de mayo23 de junio
20148 de junio
201524 de mayo30 de mayo
201615 de mayo19 de junio
20174 de junio
201820 de mayo27 de mayo
20199 de junio16 de junio
202031 de mayo7 de junio
202123 de mayo20 de junio
20225 de junio17 de junio
202328 de mayo4 de junio
202419 de mayo23 de junio
20258 de junio
202624 de mayo31 de mayo
202716 de mayo20 de junio

En el calendario romano general, la solemnidad de Pentecostés se celebra en domingo. El lunes posterior es día feriado en varios países y tradiciones, y en el calendario litúrgico del rito romano puede celebrarse como fiesta de María, Madre de la Iglesia, desde 2018.

9. Celebraciones litúrgicas[editar]

La liturgia de Pentecostés se distingue por su solemnidad. En el rito romano se proclama la secuencia Veni, Sancte Spiritus, una de las pocas secuencias medievales conservadas tras la reforma litúrgica tridentina. El color litúrgico es el rojo, el mismo de los apóstoles y mártires, y no un color impuesto por una autoridad civil sino por la práctica eclesiástica.

En las Iglesias orientales se celebra la fiesta de la Santísima Trinidad en el mismo día de Pentecostés. En las Iglesias occidentales, en cambio, la fiesta de Trinitatis se celebra una semana después.

9.1 Días feriados civiles[editar]

El lunes después de Pentecostés es día de fiesta o feriado en numerosos países, entre ellos Alemania, Argentina, Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia, Hungría, Islandia, Noruega, Países Bajos, Rumania, Suiza y Ucrania. También es feriado en algunos lugares de España, como Barcelona, Ciudad Real y Zamora.

La coincidencia de este feriado civil con una solemnidad religiosa produce, en varios países europeos, un fin de semana largo cuya actividad turística y cultural rivaliza con la de la primavera tardía. En América Latina, en cambio, la recepción civil de la fecha es menos uniforme y depende de cada legislación nacional.

10. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

Pentecostés ha dejado celebraciones populares, romerías y feriados civiles en distintos puntos del mundo hispanohablante.

En España, la romería de la Virgen del Rocío, en Almonte, provincia de Huelva, Andalucía, congrega hermandades de todas partes del país en torno a Pentecostés. La «Blanca Paloma» es una de las manifestaciones marianas más multitudinarias de la península ibérica.

En Miranda de Ebro, provincia de Burgos, Castilla y León, se celebran las fiestas de San Juan del Monte. Fueron declaradas fiesta de interés turístico de Castilla y León desde 1996 y Fiesta de Interés Turístico Nacional desde 2015.[9]

En Atienza, provincia de Guadalajara, Castilla-La Mancha, se celebra desde 1162 la fiesta de La Caballada, declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional.

En Santander, Cantabria, se celebra la Fiesta de la Virgen del Mar. En Ciudad Real se celebra la romería de Santa María de Alarcos, y en Dos Torres, provincia de Córdoba, la festividad de Nuestra Señora de Guía.

En México, la ciudad de Guadalajara, Jalisco, celebra la Virgen del Divino Amor. La devoción también está presente en Roma, capital italiana, desde donde se ha difundido a otros países.

En Argentina, el lunes posterior a Pentecostés forma parte del calendario de feriados de la empresa pública administradora de ciertos descansos laborales en varias provincias, aunque su carácter nacional varía según la normativa vigente en cada año.

11. Legado y denominación[editar]

El nombre de Pentecostés ha trascendido el ámbito litúrgico. En el siglo XX dio nombre al pentecostalismo, movimiento cristiano que enfatiza la experiencia del bautismo en el Espíritu Santo y la continuidad de los carismas narrados en Hechos 2. Aunque el pentecostalismo no es una confesión única sino una familia de iglesias, toma su nombre precisamente del acontecimiento de Pentecostés como modelo de renovación espiritual.

En la lengua común, la palabra también funciona como referencia culta para designar una reunión o manifestación en la que las diferencias de idioma no impiden la comprensión, evocando el milagro de las lenguas. El arte cristiano, desde los mosaicos bizantinos hasta la pintura de El Greco, ha representado la escena con las lenguas de fuego y la Virgen en el centro del grupo apostólico, lo que contribuye a mantener viva su iconografía.

En la península ibérica, los testimonios del siglo IV ya muestran una celebración estable del último día de la cincuentena pascual. Desde entonces, Pentecostés cierra el ciclo alegre iniciado en la Noche de Resurrección y abre, según la orientación de cada tradición, la memoria de la acción permanente del Espíritu Santo en la Iglesia.


  1. En la liturgia católica, Pentecostés es la fiesta más importante después de la Pascua y la Navidad. La tercera festividad más importante es Domingo de Resurrección, Natividad y Pentecostés, en ese orden. ↩︎

  2. La fiesta occidental de la Santísima Trinidad se denomina Trinitatis en latín y se celebra una semana después de Pentecostés desde el siglo XIV. ↩︎

  3. José Manuel Bernal, Iniciación al año litúrgico, Ediciones Cristiandad, Madrid, 1984, p. 137: «Pentecostés no es, en ningún caso, un apéndice de la Pascua, sino su culminación solemne». ↩︎

  4. La Septuaginta utiliza la palabra griega Pentēkostē en Tobías 2:1 y 2 Macabeos 12:32. ↩︎

  5. La diferencia entre contar desde el primer día de la Pascua o desde el sábado siguiente generó disputas de calendario en el judaísmo antiguo; los fariseos adoptaban una postura distinta a la de los saduceos. ↩︎

  6. En la Mishná, tratado Arakhín 7, se discute el cómputo de las semanas y el día quincuagésimo. ↩︎

  7. La interpretación de «lenguas» como idiomas o como discurso extático sigue siendo debatida por los exégetas. Hechos 2:6-11 enumera países y lenguas, pero 1 Corintios 14 asocia el hablar en lenguas al carisma. ↩︎

  8. Ireneo de Lyon, Adversus haereses 4,38. ↩︎

  9. Las fiestas de San Juan del Monte, en Miranda de Ebro, fueron declaradas de interés turístico regional en 1996 y nacional en 2015. ↩︎