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Peste negra

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Peste negra
Otros nombresMuerte negra, Gran Mortandad, Pestilencia, epidemia de la peste
TipoPandemia
EnfermedadPeste bubónica (hipótesis predominante)
Agente infecciosoYersinia pestis (identificación mayoritaria)
Origen probableAsia Central, montañas Tian Shan (según estudio de 2022)
FechasPunto máximo entre 1347 y 1353
Zonas afectadasEurasia y norte de África
Mortalidad estimada80 a 200 millones en Eurasia; 30% a 60% de la población de Europa
Primer foco documentadoCaffa (actual Feodosia, Crimea), con salida marítima en octubre de 1347

La peste negra, también llamada muerte negra, epidemia de la peste o, por antonomasia, la Pestilencia o la Gran Mortandad, fue la pandemia de peste bubónica más devastadora de la historia de la humanidad. Afectó a Eurasia y el norte de África en el siglo XIV y alcanzó su punto máximo entre 1347 y 1353. Los modelos contemporáneos calculan que provocó la muerte de entre 80 y 200 millones de personas en Eurasia, lo que significó la muerte de entre el 30% y el 60% de la población de Europa. La teoría más aceptada atribuye el brote a una variante de la bacteria Yersinia pestis, transmitida fundamentalmente por pulgas de ratas. La palabra «peste» suele usarse como sinónimo de «muerte negra», aunque aquella deriva del latín pestis, es decir, «enfermedad» o «epidemia», y no del agente patógeno.

1. Antecedentes[editar]

La peste negra no cuenta con antecedentes directos debido a su carácter multicontinental. Griegos y romanos habían relatado numerosas pestilencias, algunas de gran mortalidad, como la que debió asolar el norte de África hacia el año 125 a. C., pero se trató de epidemias localizadas en una ciudad o región concretas. La pandemia del siglo XIV fue distinta por su alcance geográfico y por la velocidad de su propagación.[1]

1.1. Situación política[editar]

La situación política encontrada por el agente infeccioso era de relativa estabilidad en comparación con los siglos anteriores en Europa y en buena parte de Asia. Las grandes migraciones con sus saqueos y ataques se habían detenido, y pueblos como los vikingos, vándalos, húngaros o árabes se habían asentado en distintos territorios de forma más o menos definitiva. En Asia, el Imperio mongol se había dividido en dos reinos enfrentados entre sí, lo que indicaba poca cohesión interna. La costa mediterránea de África ya no sufría los embates de los cristianos en forma de Cruzadas ni las invasiones provenientes de la península arábiga, porque Bagdad había perdido poder político tras los ataques mongoles. Con todo, el ambiente político en Europa y Asia distaba de ser estable y pacífico: la guerra de los Cien Años se solaparía con la epidemia, y en el desmembrado Imperio mongol los conflictos terminarían arrasando Bagdad, la capital abasí.

1.2. Situación demográfica[editar]

La situación demográfica también aparentaba cierta prosperidad. Tras varios años de clima benigno y buenas cosechas, la población del Viejo Continente había aumentado hasta los 80 millones de habitantes aproximadamente. A ello contribuyeron nuevas técnicas y artes agrarias, entre ellas el empleo de caballos en lugar de bueyes, la utilización del arado con reja de hierro y la división de la tierra en tres cultivos en lugar de dos, lo que se denomina cultivo de alternancia trienal.[2] Sin embargo, esta situación benigna cambió en torno al año 1300. Autores como Jacques Le Goff señalan que el modelo comenzó a presentar signos de agotamiento por la necesidad de más tierras y más caballos para alimentar a toda la población, con lo que el cultivo trienal no lograba regenerar totalmente los campos. Tampoco el ganado tenía pastos suficientes, por lo que continuó la deforestación y con ella la reducción de lugares de caza, con la consiguiente reacción de la nobleza. Estos problemas convergieron o fueron causados por la conocida como Pequeña Edad de Hielo, que debió comenzar hacia 1300 y produjo una disminución de las cosechas, con el consiguiente incremento de hambrunas o malnutrición. La epidemia encontró, por tanto, a dos o más generaciones debilitadas desde la infancia por estos sucesos.

Francia era el país más poblado y poderoso de Europa en la Edad Media. En vísperas de la peste negra tenía entre 16 y 17 millones de habitantes, unos 20 millones dentro de las fronteras actuales, con diferencia la población más grande de cualquier país europeo, aproximadamente tres veces la de Inglaterra.

1.3. Situación económica[editar]

La economía había recibido cierto empuje gracias a las buenas producciones agrarias, a la reanudación constante de las caravanas comerciales por la Ruta de la Seda —favorecida por el control territorial de los mongoles— y, dato de gran importancia para la propagación de la enfermedad, a la mejora de las técnicas de navegación y construcción de navíos, con las que se podían transportar cargamentos de gran tamaño desde puertos del mar Negro o del Mediterráneo hasta Barcelona, Marsella o las ciudades italianas. Ese aumento de la riqueza se puede constatar en las construcciones de importantes catedrales europeas, cada vez más grandes y más altas.

1.4. Situación social[editar]

En el aspecto social, la llamada época del gótico trajo el crecimiento de las ciudades respecto del campo, así como el progresivo desprecio a las personas que no vivían en ellas, como los buhoneros, los pastores trashumantes y los gitanos, que aparecen por primera vez en la historia de Occidente. Otro cambio importante fue la costumbre de diferenciar a los grupos sociales por la indumentaria: la casada, la soltera y la barragana pasaron a vestir de forma diferente, y también se diferenció a los cristianos de los judíos, para desgracia de estos últimos.

1.5. Ciencia[editar]

La ciencia, tal como se entiende hoy, no existía como tal. La medicina poseía cierta independencia de la filosofía en cuanto disciplina impartida en las universidades, pero era más empírica que científica y seguía influida en buena medida por los conocimientos aportados por autores griegos y latinos, como Galeno de Pérgamo. El supuesto desarrollo se realizaba de forma reflexiva, partiendo de los textos clásicos, y no científica, basada en la experimentación metodológica.

1.6. Religión[editar]

La religión seguía unificando a Europa bajo la Iglesia católica, si bien existía cierta desafección debida al traslado de la corte papal a la ciudad francesa de Aviñón y al consentimiento de Clemente VI a la hora de perder autonomía en aras de la seguridad brindada por el rey Felipe VI de Francia, como lo habían hecho los tres pontífices anteriores en el Papado de Aviñón. Por otra parte, muchos clérigos, obispos e incluso los propios papas eran dados a los placeres mundanos, como poseer y pasearse con concubinas o aceptar la simonía.

2. La enfermedad[editar]

La peste negra atacó el norte de África, Asia, Oriente Medio y Europa, excepto Islandia y Finlandia, con una mortalidad no alcanzada después por las más graves epidemias, como la viruela, diezmadora en América, o la pandemia de gripe de 1918. No hay acuerdo total entre historiadores, médicos y biólogos sobre qué agente infeccioso causó la enfermedad; por tanto, no hay consenso sobre si fue o no una variedad de peste bubónica u otra enfermedad distinta, como el carbunco. En aquel tiempo, la medicina no estaba preparada ni para tratar la enfermedad ni siquiera para investigarla, pese a los esfuerzos y sacrificios de personas como Juan Tomás Porcell. No obstante, la mayoría de las variedades de Yersinia pestis se han encontrado en China, lo que sugiere que la epidemia podría haberse originado en esa región.

En 2022, un estudio dirigido por Philip Slavin, del que se hizo eco la revista Nature, dio a conocer que los investigadores habían hallado restos de la bacteria Yersinia pestis en cadáveres de un cementerio en Kirguistán enterrados entre 1338 y 1339. Al confirmarse que la cepa encontrada coincidía con la que originó el comienzo de la pandemia, se pudo constatar que el origen de la misma se sitúa en la región de las montañas Tian Shan, en Asia Central.

La peor plaga de la historia de la humanidad le llevaría a Europa unos 200 años para recuperar su población al nivel anterior a la peste negra.

2.1. Síntomas y mortalidad[editar]

Varios cronistas de la época señalan la brusquedad con la que aparecían los síntomas. Una persona podía estar sana por la mañana y tener fiebre alta por la tarde, para morir al llegar la noche. Según la literatura médica y de otra índole, los afectados padecían todos o varios de los siguientes síntomas, tal como se desprende de lo escrito por Giovanni Boccaccio y otros autores:

  • Fiebre alta, incluso superando los 40 grados.
  • Tos y esputos sanguinolentos.
  • Sangrado por la nariz y otros orificios.
  • Sed aguda.
  • Manchas en la piel de color azul o negro debidas a pequeñas hemorragias cutáneas.
  • Gangrena en la punta de las extremidades.
  • Aparición de bubones negros en ingle, cuello, axilas, brazos, piernas o detrás de las orejas, a causa de la inflamación de los ganglios linfáticos.
  • Rotura de los bubones, supurando líquido con un olor pestilente.

Boccaccio y otros autores describen un tipo de peste casi asintomático que provocaba la muerte en unas 14 horas aproximadamente. El calificativo de «negra» se debe a las manchas, a los bubones y al aspecto producido por la gangrena en los dedos de manos y pies. La connotación de mal olor que posee la palabra «peste» la dieron los hedores emanados al romperse los bubones, ganglios linfáticos inflamados. Según varios testimonios, el surgimiento de dichos bubones y de las manchas negras terminaba con la muerte del paciente en la inmensa mayoría de los casos. Desde la aparición de los primeros síntomas hasta la defunción pasaban habitualmente cinco días.

Por medio del ensayo y el error, las autoridades de distintas ciudades llegaron a la conclusión de que la enfermedad tardaba no más de 39 días en aparecer, y que quienes lograban sobrevivir no volvían a contagiarse. Esto se infiere de los cuarenta días que pasaban confinados viajeros y navegantes cuando llegaban a algunas ciudades italianas.[3] Científicos del siglo XXI indican que la enfermedad podía tener un periodo de incubación no contagioso de unos diez a doce días. A este seguía un periodo de latencia asintomático pero contagioso de unos veinte a veintidós días. Posteriormente aparecían los síntomas y la enfermedad mataba en cuatro o cinco días más. De ser así, este periodo de incubación y latencia tan largo sería una de las causas que permitió su rápida propagación.[4]

Las fuentes disponibles sobre la población existente y, por tanto, sobre el porcentaje de afectados y de muertos son poco precisas. Los documentos más fiables son censos con fines recaudatorios que no tienen en cuenta a la población exenta de impuestos por distintos motivos. Pese a todo, se ha indicado que la peste negra pudo presentar una mortalidad del 80%, extrapolando datos de la epidemia padecida en Cantón hacia 1894.[5]

2.2. El agente infeccioso[editar]

Hasta el siglo XIX no hubo una propuesta sólida sobre qué organismo habría causado tal mortalidad sin comparación. Sin embargo, ese consenso se rompió en la década de 1980 y en el siglo XXI aún perduran las discrepancias por distintos motivos. A principios del siglo XXI no existía consenso sobre si la peste negra fue una enfermedad emergente o reemergente.

2.2.1. La Yersinia pestis

En 1894 el gobierno francés envió a Alexandre Yersin y al japonés Kitasato Shibasaburō hasta la colonia británica de Hong Kong para enfrentar una epidemia que había llegado a la provincia de Cantón ese año y causaba un 80% de mortalidad entre los afectados. Una epidemia así alertó a las naciones occidentales por la disminución del comercio y el peligro de que la plaga llegase a las metrópolis, por lo que se destinaron grandes recursos a indagarla. Al examinar a los afectados, ambos científicos comprobaron que desarrollaban un bubón de color oscuro, parecido a las representaciones de San Roque. Yersin escribió a su familia en Gran Bretaña mostrando su satisfacción por haber encontrado la enfermedad causante de la Gran Muerte. Sus informaciones fueron publicadas en una revista científica con el título de La peste bubonique a Hong-Kong. El doctor Yersin indicó como posible vehículo de transmisión del mal a las ratas.

Cuando la epidemia llegó a la India en 1905, las autoridades coloniales crearon la Comisión de la India para la investigación de la peste con algunos de sus mejores especialistas, entre ellos el entomólogo William Glen Liston, quien llevaba años estudiando las pulgas. Según las comprobaciones de Liston, la bacteria mataba a las ratas negras,[6] anfitrión natural de las pulgas Xenopsylla cheopis. Estas, al quedar privadas de su anfitrión, se veían obligadas a buscar otro del que alimentarse, como los seres humanos. Al hacerlo, inoculaban el patógeno. Cuando el humano moría, la colonia de parásitos que se había criado alimentándose de su sangre podía infectar a otros humanos u otras ratas.

Además del bubón, los datos que avalan el contagio por pulgas de la rata negra eran:

  • Las profesiones en contacto con las ratas se veían más afectadas, como es el caso de carniceros, molineros o panaderos.
  • En Asia suelen aparecer cientos o miles de ratas muertas antes de comenzar la infección. Los asiáticos lo saben y toman medidas.
  • Las profesiones que repelían a las pulgas se veían menos afectadas, por ejemplo, toneleros, pastores o aceiteros.
  • La peste actual también puede contagiarse de persona a persona, pero necesita previamente la infección de las ratas para producir la variante pulmonar.
  • Pese al parecido entre la peste y el carbunco, las diferencias también son muy grandes, por lo que no representa una explicación válida.
  • En 2011, un equipo de científicos de Canadá, Reino Unido y Alemania logró localizar bacterias en los restos exhumados de un cementerio inglés y, en diciembre del mismo año, consiguió secuenciar el ADN de la bacteria, encontrando que se trataba de la Yersinia pestis.

La teoría de las ratas y la Yersinia pestis cuenta con el mayor número de partidarios, tanto entre profesionales sanitarios —como Luis Enjuanes o Rafael Nájera— como entre historiadores —como María Jesús Fuentes, Enrique Gonzálves Cravioto u Ole J. Benedictow—.

2.2.2. Otro u otros patógenos

El biólogo, zoólogo y experto en ratas Graham Twigg publicó que la peste bubónica no pudo ser la causante de la peste negra por razones como las siguientes:

  • La peste bubónica de Asia y otras posteriores se desplazan a unos 20 km por año, mientras que la peste negra lo hizo entre 2 y 8 km por día.
  • Las fuentes literarias y de archivos no mencionan, o lo hacen pocas veces, el hecho de aparecer ratas muertas en los lugares afectados por la peste; además, la especie o subespecie de rata que transmite la enfermedad era poco abundante, sobre todo en regiones como Bretaña o Dinamarca.
  • La peste bubónica es una enfermedad casi tropical que requiere temperaturas no inferiores a los 20 grados Celsius durante varios meses consecutivos para desarrollarse, por lo que no habría podido hacerlo en los inviernos europeos, especialmente teniendo en cuenta que a mediados del siglo XIV se atravesaba una de las etapas más frías de la Pequeña Edad de Hielo; sin embargo, la enfermedad sí se propagó en invierno e incluso afectó a Rusia y el norte de la península Escandinava.
  • La peste bubónica tiene un índice de contagio del 1% y la peste negra lo tuvo como mínimo de un 10%, cuando no de un 78%.
  • La peste bubónica no es contagiosa de los enfermos a los sanos, mientras que los testimonios medievales informan que la peste negra era muy contagiosa.
  • Solo un síntoma, el bubón, es lo que tienen en común ambas enfermedades. Según escribió Boccaccio en el prólogo del Decamerón, la peste negra desarrollaba varios bubones y pústulas, en tanto que la enfermedad asiática solo producía uno y a veces dos, en un porcentaje no superior al 5% de los casos mortales. Asimismo, dichos bubones aparecieron en la ingle en un 60 o 70% de los casos, cuando la plaga europea los producía también en piernas, brazos y detrás de las orejas.
  • La variedad pulmonar de la peste bubónica posee muy poco alcance porque desarrolla los síntomas en unas 48 horas, por lo que se la puede atajar con cierta rapidez.
  • Uno de los grupos más afectados fueron los comerciantes de telas, pero es muy baja la posibilidad de que una pulga de rata alimentándose de sangre humana pueda contagiar a otro ser humano.[7]

Esta hipótesis la defienden, entre otros, el propio Twigg, Samuel Cohn y Christopher Duncan.

3. Expansión de la enfermedad[editar]

En ocasiones calificado como el «peor desastre biológico de la historia de la Humanidad», el origen de la peste negra es desconocido. En India y China no hay datos de una epidemia especialmente relevante hacia el siglo XIV; en China, la referencia más antigua data del siglo VII, pero como descripción sintomática, no epidémica, y la gran Enciclopedia de China no la menciona hasta la década de 1640. Por tanto, solo existen hipótesis sobre si apareció en el desierto de Gobi o en su llamada «patria ancestral», es decir, los actuales Yemen, Kenia y Uganda. Los árabes dan referencias de primera mano, en especial Abu Halfs Umar Ibn al-Wardi, quien indica que la epidemia surgió en la «Tierra Oscura», pero sin precisar la ubicación de dicha región. El también musulmán Muhammad al-Maqrizi es más detallado al señalar su aparición en Kanato a lo largo del año 742 de la Hégira (1341-1342 d. C.).

3.1. Caffa y la guerra biológica[editar]

Es Gabriele de Mussis quien da un lugar exacto para constatar la propagación de la plaga, al nombrar la ciudad de Caffa como el primer foco y contar la historia según la cual los ejércitos mongoles que asediaban el enclave genovés lanzaron cadáveres infectados con catapultas dentro de la ciudad para propagar la enfermedad y acelerar su caída. Sí se tiene constancia de que la enfermedad salió en barco en octubre de 1347 de dicha colonia genovesa en la península de Crimea y llegó a Mesina a finales de ese año.

3.2. Llegada a Europa[editar]

Algunos barcos no llevaban a nadie vivo cuando alcanzaban las costas. En 1347 estalló una guerra entre el reino húngaro y el napolitano porque el rey Luis I de Hungría reclamaba el trono tras el asesinato de su hermano Andrés, muerto por su propia esposa, la reina Juana I de Nápoles. Luis condujo una campaña militar que coincidió con la aparición de la peste negra. Ante tanta muerte por la enfermedad, la campaña tuvo que ser suspendida pronto y los húngaros regresaron a casa, llevándose consigo varios de ellos la enfermedad, que cobró vidas como la de la propia esposa del rey húngaro.

3.3. Propagación por el continente[editar]

La peste se extendió desde Italia por Europa afectando territorios de las actuales Francia, España, Inglaterra (en junio de 1348), Bretaña, Alemania, Hungría, Escandinavia y, finalmente, el noroeste de Rusia. Se considera que fue la causa de la muerte del entonces rey de Castilla Alfonso XI durante el sitio a Gibraltar en 1350.

En Florencia solamente sobrevivió un quinto de sus pobladores. En el territorio actual de Alemania se estima que uno de cada diez habitantes perdió la vida a causa de la peste negra. Hamburgo, Colonia y Bremen fueron las ciudades en donde murió la mayor proporción de la población. En cambio, el número de muertes en el este de Alemania fue mucho menor. Mientras que algunas áreas quedaron despobladas, otras estuvieron libres de la enfermedad o solo fueron ligeramente afectadas.

4. Consecuencias[editar]

La información sobre la mortalidad varía ampliamente entre las fuentes, pero se estima que entre el 30% y el 60% de la población de Europa murió desde el comienzo del brote a mediados del siglo XIV. Según el historiador medieval Philip Daileader, es probable que en cuatro años entre el 45% y el 50% de la población europea muriera de peste. Aproximadamente entre 25 y 30 millones de muertes tuvieron lugar solo en el continente europeo entre 1347 y 1352, y otros 40 a 60 millones en África y Asia. Algunas localidades fueron totalmente despobladas y los pocos supervivientes huyeron, propagando la enfermedad aún más lejos.

La gran pérdida de población trajo cambios económicos basados en el incremento de la movilidad social, según la despoblación erosionaba las obligaciones —ya debilitadas— de los campesinos de permanecer en sus tierras tradicionales. La peste provocó una contracción del área cultivada en Europa, lo que hizo descender profundamente la producción agraria. Esa caída llegó a ser de un 40% en la zona septentrional de Italia, en el periodo comprendido entre 1340 y 1370.

La repentina escasez de mano de obra barata proporcionó un gran incentivo para la innovación que ayudó a que finalizara la Edad Media. Algunos argumentan que dio pie al Renacimiento, a pesar de que el Renacimiento ocurrió en algunas zonas —tales como Italia— antes que en otras. A causa de la despoblación, los europeos supervivientes llegaron a ser los mayores consumidores de carne para una civilización anterior a la agricultura industrial.

La peste negra acabó con un tercio de la población de Europa y se repitió en sucesivas oleadas hasta 1490, llegando finalmente a matar a unas 200 millones de personas. Ninguno de los brotes posteriores alcanzó la gravedad de la epidemia de 1348.

4.1. Persecución de los judíos[editar]

Según las opiniones de la época, la peste se trataba de «un acto de Dios». Una de las consecuencias sociales de la muerte negra fue que rápidamente se acusó a los judíos como los causantes de la epidemia por medio de la intoxicación y el envenenamiento de pozos. Por ende, en muchos lugares de Europa se iniciaron pogromos judíos y la extinción local de comunidades judías. Aun cuando los líderes espirituales o seculares trataron de impedir esta situación, la falta de autoridad a causa de la agitación social —que a su vez era consecuencia de la gravedad de la epidemia— no les permitía generalmente tener éxito.

4.2. Consecuencias religiosas y culturales[editar]

El terror y la agitación social desatados por la epidemia inspiraron obras artísticas medievales y posteriores, como El triunfo de la Muerte de Pieter Brueghel el Viejo, conservado en el Museo del Prado. El fenómeno de la Danza de la Muerte, la flagelación pública y una intensa búsqueda de explicaciones religiosas se multiplicaron en las décadas siguientes a la pandemia.

5. Interpretación histórica[editar]

Al margen del análisis de sus causas obvias, tales como la presencia del bacilo Yersinia pestis, los historiadores han buscado, desde diversas perspectivas, el significado de este gran acontecimiento. Corrientes herederas del marxismo y estudiosos como el francés Guy Bois atribuyen a esta epidemia el papel de demostración de la crisis del sistema feudal. Sin embargo, también murieron muchísimos representantes de la nobleza. Reyes como Alfonso XI de Castilla, Juana II de Navarra o Felipe VI de Francia murieron de peste negra, así como Margarita de Luxemburgo, la reina consorte húngara esposa de Luis I, y Felipa de Lancaster, la reina consorte portuguesa de Juan I de Portugal. Esto contradice la teoría de Guy Bois, ya que no era la pobreza el lugar exclusivo donde atacaba la peste, sino que nadie estaba a salvo.

El gran crecimiento demográfico que el mundo feudal había vivido durante la Plena Edad Media había puesto en cultivo tierras cada vez de menor calidad y de bajo rendimiento, lo que provocó una paulatina caída de la productividad y una creciente malnutrición. En ese contexto llegó un bacilo que en otra situación habría sido recibido con fuertes defensas fisiológicas y no habría provocado gran mortandad, pero que esta vez encontró un sistema inmunitario debilitado.

El principal medio de contagio de la peste eran las picaduras de las pulgas, que campaban a sus anchas en una sociedad con tan poca higiene como la medieval. Pese a que es difícil constatarlo con una enfermedad que afectó a tantas personas de todo tipo y condición, sí parece que determinadas ocupaciones estaban más expuestas a padecer peste que otras, siendo más peligroso ser comerciante de paños —las pulgas se esconden entre los tejidos— que, por ejemplo, herrero. De hecho, los trabajadores se dieron cuenta pronto del peligro de las vestiduras, y entre las primeras medidas que se emplearon en Europa para evitar el contagio estuvo quemar la ropa de los infectados o prohibir la entrada de cargamentos de tejidos en las ciudades. Incluso en algunas ciudades se permitía la entrada al viajero solo después de haberse deshecho de las ropas que traía puestas, cambiadas por otras «seguras» prestadas por la propia ciudad.

6. Brotes posteriores[editar]

La peste negra no fue un episodio aislado. Tras la gran oleada de 1347-1353, la enfermedad reapareció en sucesivas oleadas hasta finales del siglo XV, y en los siglos siguientes se produjeron brotes regionales de gran gravedad. Según el historiador Geoffrey Parker, solo en Francia se calcula que al menos dos millones de personas murieron a causa de la enfermedad entre 1600 y 1670, de las cuales nada menos que 750.000 —casi el cinco por ciento de la población del reino— fallecieron durante la grave epidemia de 1628-1632. Las áreas más afectadas fueron el sur y las zonas con rutas de comunicación con Italia. La causa más importante de la mortalidad de esa epidemia fue que estaba en curso la guerra de los Treinta Años, pues muchos animales domésticos murieron durante ella y los movimientos de tropas y refugiados empeoraron la situación. La primera epidemia reapareció en Alsacia entre 1624 y 1625 y se extendió a través de Metz hacia Francia, probablemente mediante los refugiados, donde su impacto se vio agravado por la desnutrición. La mala cosecha de 1627 provocó la primera escasez grave de alimentos en Francia desde la década de 1590, y el impacto se agravó con otra mala cosecha en 1629. París y el norte se salvaron en gran medida de la epidemia, que se extendió al sur con los movimientos de tropas durante el último levantamiento hugonote.

En la primera mitad del siglo XVII, una peste mató a unos 1,7 millones de personas en Italia. Más de 1,25 millones de muertes resultaron de la extrema incidencia de la peste en la España del siglo XVII.

7. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]

La peste negra golpeó con dureza a los reinos cristianos de la península ibérica. El rey Alfonso XI de Castilla murió en 1350 durante el sitio a Gibraltar, convirtiéndose en la víctima más notable de la epidemia en el ámbito hispano. La documentación de los reinos de Castilla, Aragón y Navarra registra despoblaciones locales y una fuerte agitación social, aunque las cifras de mortalidad por regiones son menos precisas que en Italia o Francia.

Entre los brotes posteriores en territorios de habla hispana destaca la llamada gran peste de Sevilla, que en 1649 diezmó a la ciudad andaluza, así como la peste de San Cristóbal de La Laguna de 1582, en Tenerife, en las islas Canarias. La epidemia de 1596-1602, conocida en la historiografía como peste atlántica, afectó también a puertos de la fachada cantábrica y atlántica de la península ibérica. En la época colonial, la irrupción de la peste no se limitó al Viejo Mundo: la circulación de naves entre Europa y América obligó a las autoridades portuarias hispanoamericanas a adoptar medidas de cuarentena e inspección de navíos, aunque la peste bubónica no alcanzó el impacto de la viruela o el sarampión en las poblaciones indígenas americanas.

8. Véase también[editar]

[ Desplegar / Plegar ]
  • Cronología de epidemias
  • Plaga de Londres de 1563
  • Plaga de Londres de 1592-1593
  • Gran plaga de Londres (1665-1666)
  • Gran peste de Sevilla (1649)
  • Plaga italiana (1629-1631)
  • Peste de Nápoles de 1656
  • Peste atlántica (1596 y 1602)
  • Gran peste de Viena
  • Gran peste de Marsella (1720)
  • Peste rusa de 1770-1772
  • Epidemia de peste en la Gran Guerra del Norte
  • Epidemia de peste otomana de 1812-1819
  • Peste de San Cristóbal de La Laguna (1582)
  • Epidemia de peste en China de 1633-1644
  • Peste de Hong Kong de 1894
  • Epidemia de peste en Bombay
  • Decamerón
  • Flagelación
  • Pogromo
  • Danza de la Muerte
  • Crisis del siglo XIV

Notas[editar]


  1. Debido a su tamaño y población, debió ser Asia el continente más afectado por la plaga, pero la numerosa documentación elaborada en las distintas dinastías chinas, así como en la India, no hace mención a una epidemia de parecidas características, solo a brotes esporádicos. Ha sido Europa la que ha capitalizado el mayor número de referencias a la misma, tanto literarias como de archivo. Desgraciadamente, dichas referencias son muy dispares, al no haber sido realizadas con fines demográficos, sino tributarios, y estar en gran cantidad en lenguas distintas. ↩︎

  2. En lugar de arar la mitad del terreno y dejar la otra mitad en barbecho, se plantaba en un tercio un cereal de verano como el trigo, en el otro uno de invierno como el centeno y la última tercera parte se dejaba en barbecho. Los tercios iban rotando todos los años. ↩︎

  3. De ahí proviene la palabra «cuarentena» para referirse a cualquier periodo de aislamiento y vigilancia médica. ↩︎

  4. En comparación con otras epidemias, la peste negra las supera por el doble o más. La viruela posee un periodo de contagio asintomático comprendido entre los cuatro y los ocho días. El SARS, por su parte, comienza a mostrar sus síntomas a los ocho días aproximadamente. ↩︎

  5. De ser correcta la extrapolación, la peste negra dejaría muy atrás a la variedad variola major de la viruela, con su 30% de mortalidad, y al SARS, que posee un índice de mortalidad en torno al 10%. ↩︎

  6. También conocida como rata doméstica o rata de barco por su especial capacidad para vivir junto a los seres humanos y junto al grano. ↩︎

  7. Benedictow hace hincapié en el dato de la Comisión India para investigación de la peste, según la cual cada centímetro cúbico necesita 10.000 bacterias como mínimo para causar la infección, y esa cantidad solo apareció en un 14% de los casos. ↩︎