Physalia physalis
| Physalia physalis | |
|---|---|
| Nombre científico | Physalia physalis (Linnaeus, 1758) |
| Nombres comunes | Carabela portuguesa, fragata portuguesa, agua mala, botella azul, falsa medusa |
| Reino | Animalia |
| Filo | Cnidaria |
| Clase | Hydrozoa |
| Orden | Siphonophora |
| Familia | Physaliidae |
| Género y especie | Physalia · P. physalis |
| Qué es | No es una medusa: es un organismo colonial formado por individuos especializados —zooides— que no pueden vivir por separado |
| Tamaño del flotador | De 15 a 30 cm |
| Longitud de los tentáculos | Unos 10 metros habitualmente; hasta 50 metros en los ejemplares mayores |
| Distribución | Aguas cálidas de todos los océanos: regiones tropicales y subtropicales del Pacífico y el Índico, y la corriente del Golfo en el Atlántico |
| Desplazamiento | No nada: se deja arrastrar por el viento, las mareas y las corrientes |
| Peligro para el ser humano | Picadura muy dolorosa, con efectos neurotóxicos, citotóxicos y cardiotóxicos; hay muertes documentadas |
1. Resumen[editar]
Physalia physalis, conocida en español como carabela portuguesa, fragata portuguesa, agua mala o botella azul según el país, es un organismo marino del filo Cnidaria cuya presencia en las playas del Atlántico, el Mediterráneo, el Caribe y el Pacífico americano provoca cada verano cierres de arenales y avisos sanitarios.
Su rasgo más notable no es el veneno sino la biología: no es una medusa. Aunque flote, tenga tentáculos y pique, la carabela portuguesa es un sifonóforo, es decir, una colonia de individuos llamados zooides que nacen por gemación de un solo huevo fecundado, se especializan en funciones distintas y quedan tan integrados que ninguno puede sobrevivir separado del resto. Lo que un bañista percibe como un animal es, en rigor, un colectivo de organismos que funciona como uno solo.
Su nombre común procede del flotador de color azulado o violáceo que sobresale del agua, de 15 a 30 centímetros, y que la tradición marinera comparó con el velamen de una carabela. Ese flotador lleno de gas es también su motor: la carabela no nada, se deja llevar por el viento y las corrientes, y por eso aparece en las playas en episodios masivos cuando el viento sopla hacia tierra durante días.
De él cuelgan los tentáculos, que miden habitualmente en torno a diez metros y pueden alcanzar los cincuenta en los ejemplares mayores. Están cubiertos de células urticantes cuya descarga produce en el ser humano un dolor intenso e inmediato, con efectos neurotóxicos, citotóxicos y cardiotóxicos, y hay muertes documentadas, aunque son menos frecuentes que las causadas por las avispas de mar.
2. Qué es exactamente: una colonia, no un individuo[editar]
La confusión entre la carabela portuguesa y una medusa es comprensible y prácticamente universal, pero se trata de dos cosas biológicamente distintas.
Una medusa es un individuo: un solo organismo con su umbrela, su boca y sus tentáculos. Un sifonóforo como la carabela es una colonia de zooides, cada uno de los cuales es formalmente un individuo derivado del mismo cigoto, especializado hasta el punto de no poder existir por su cuenta. La carabela portuguesa está formada por cuatro tipos de zooides:
| Zooide | Función |
|---|---|
| Neumatóforo | El flotador lleno de gas. Es el que mantiene la colonia en superficie y el que permite su desplazamiento |
| Gastrozoides | Se encargan de la digestión: envuelven a la presa y la degradan |
| Dactilozoides | Detectan y capturan a las presas y ejercen la defensa. Son los tentáculos urticantes |
| Gonozoides | Se ocupan de la reproducción |
Esa división del trabajo es lo que convierte a los sifonóforos en uno de los grupos más citados en biología cuando se discute dónde termina un individuo y dónde empieza una sociedad: los zooides son demasiado interdependientes para llamarlos organismos separados, y demasiado diferenciados para llamarlos simples órganos.
3. Cómo vive[editar]
3.1 A merced del viento[editar]
El neumatóforo está lleno de gas y funciona como una vela. La carabela carece por completo de capacidad de natación: su posición depende del viento, de las mareas y de las corrientes oceánicas. Esa es la explicación de los episodios de llegada masiva a las costas, que no responden a ninguna migración sino a una combinación meteorológica —vientos sostenidos hacia tierra— que empuja a miles de ejemplares simultáneamente.
Es también el motivo por el que una carabela varada sigue siendo peligrosa. El animal muere en la arena, pero las células urticantes de los tentáculos conservan su capacidad de descarga durante horas o días, incluso en fragmentos sueltos y desecados. La mayoría de los accidentes en playa se producen por pisar restos de tentáculo, no por un encuentro en el agua.
3.2 La caza[editar]
Los dactilozoides cuelgan en la columna de agua y funcionan como una red de deriva. Están recubiertos de cnidocitos, las células urticantes características del filo, que contienen unas cápsulas llamadas nematocistos: en su interior hay un filamento hueco enrollado en espiral que, al contacto, se dispara y se clava en la presa inyectando toxinas proteicas que la paralizan. Después, los tentáculos contraen la presa hacia los gastrozoides, que la digieren.
Su dieta se compone sobre todo de larvas de peces, pequeños peces y crustáceos.
3.3 Depredadores[editar]
Pese a su armamento, la carabela tiene enemigos naturales bien identificados:
- Tortugas marinas, en especial la boba y la carey, cuya piel gruesa resiste la descarga.
- El glauco o dragón azul (Glaucus atlanticus), una babosa marina que se alimenta de ella y que almacena los nematocistos sin disparar en sus propios apéndices para usarlos después en su defensa, lo que la convierte, pese a su tamaño diminuto, en un animal urticante.
- El caracol violeta (Janthina janthina).
- El pulpo manta, inmune a su veneno; los ejemplares jóvenes llegan a arrancar tentáculos de carabela y llevarlos consigo como arma.
- El pez luna (Mola).
4. La picadura[editar]
4.1 Qué produce[editar]
El contacto con los tentáculos provoca dolor intenso e inmediato, con marcas lineales características en la piel, seguido de inflamación. El veneno tiene componentes neurotóxicos, citotóxicos y cardiotóxicos, y las reacciones descritas incluyen vómitos, fiebre, parálisis y, en los casos graves, shock anafiláctico. Existen muertes documentadas, si bien son menos frecuentes que las causadas por las avispas de mar.
La gravedad depende de la superficie de piel afectada, de la sensibilidad individual y de la edad y el peso de la persona, lo que hace que los niños estén especialmente expuestos.
4.2 Qué hacer[editar]
El protocolo correcto tiene tres pasos:
- Retirar los restos de tentáculo que hayan quedado adheridos, sin tocarlos con la piel desnuda —con unas pinzas, un objeto rígido o guantes.
- Lavar con agua de mar o suero salino, nunca con agua dulce. Éste es el punto crítico: el agua dulce provoca por diferencia de salinidad la rotura de los nematocistos que aún no se habían disparado, de modo que enjuagar la herida en la ducha de la playa multiplica la dosis de veneno recibida.
- Aplicar calor, entre 40 y 45 °C durante 15 a 20 minutos, o bien frío, para mitigar el dolor.
4.3 Qué no hacer[editar]
Tres remedios muy difundidos son ineficaces en el caso concreto de la carabela portuguesa: el vinagre, el amoníaco y la orina.
El caso del vinagre merece una explicación, porque es la fuente de una confusión extendida y potencialmente peligrosa. El vinagre sí está indicado para las picaduras de determinadas medusas —señaladamente los cubozoos del Indopacífico—, y de ahí que figure en los botiquines de socorrismo y en incontables consejos veraniegos. Pero la carabela portuguesa no es una medusa, sus nematocistos responden de otro modo, y aplicarle vinagre no ayuda. Ese es el motivo por el que identificar correctamente al animal importa: el tratamiento correcto para uno puede ser el equivocado para el otro.
En cuanto a la orina, es un remedio popular sin ningún fundamento: su composición es variable, en general está más cerca del agua dulce que del agua de mar y, por tanto, puede empeorar la situación por el mismo mecanismo descrito arriba.
En todos los casos, si el dolor es intenso, la superficie afectada es grande, hay síntomas generales —dificultad respiratoria, mareo, alteración del ritmo cardíaco— o la persona afectada es un niño, corresponde acudir a un servicio médico.
5. Distribución y presencia en las costas hispanohablantes[editar]
La especie habita las aguas cálidas de todos los océanos, con presencia especialmente marcada en las regiones tropicales y subtropicales del Pacífico y el Índico y, en el Atlántico, asociada a la corriente del Golfo.
Eso la convierte en un visitante habitual de buena parte del litoral hispanohablante. En el Caribe —
Cuba,
República Dominicana,
Puerto Rico, las costas de
Venezuela y
Colombia— es una presencia estacional conocida y con nombre local propio; en la costa atlántica de
México y en el golfo aparece con regularidad; y en el Pacífico americano, de
Chile a Centroamérica, se registra igualmente.
En
España, las apariciones en las playas de Canarias, del golfo de Cádiz, del Cantábrico y, de forma más episódica, del Mediterráneo son motivo recurrente de noticia veraniega y de izado de bandera roja. La gestión de esos episodios —vigilancia, retirada de ejemplares, información al bañista— forma parte del protocolo ordinario de los servicios de salvamento de las playas con bandera azul.
6. Notas sobre el nombre[editar]
El nombre carabela portuguesa alude al aspecto del flotador, que recordó a los marinos la vela de una carabela; la variante fragata portuguesa funciona igual. En inglés se la llama Portuguese man o' war, «buque de guerra portugués», con la misma imagen náutica.
En Hispanoamérica conviven varias denominaciones populares. Agua mala o aguamala se usa en amplias zonas del Caribe y de México, aunque con un problema de precisión: el término se aplica también a medusas verdaderas, de modo que dos personas pueden estar hablando de animales distintos —y con tratamientos distintos— usando la misma palabra. Botella azul traduce el inglés bluebottle, empleado sobre todo en Australia. Y la etiqueta genérica de falsa medusa, aunque poco elegante, es la más exacta de todas: describe exactamente lo que es, un organismo que parece una medusa y no lo es.