Pío XII
| Pío XII | |
|---|---|
| Nombre secular | Eugenio Maria Giuseppe Giovanni Pacelli |
| Nacimiento | 2 de marzo de 1876 Roma, Reino de Italia |
| Fallecimiento | 9 de octubre de 1958 Castel Gandolfo, Lacio, Italia |
| Inicio del pontificado | 2 de marzo de 1939 |
| Fin del pontificado | 9 de octubre de 1958 |
| Predecesor | Pío XI |
| Sucesor | Juan XXIII |
| Ordenación sacerdotal | 2 de abril de 1899 |
| Ordenación episcopal | 13 de mayo de 1917 |
| Cardenalato | 16 de diciembre de 1929 |
| Lema | Opus iustitiae pax «La paz, obra de la justicia» |
| Estudios | Pontificia Universidad Gregoriana; Pontificio Ateneo de San Apolinar |
| Causa de santidad | Abierta en 1965; declarado venerable en 2009 |
1. Resumen[editar]
Pío XII, nacido como Eugenio Maria Giuseppe Giovanni Pacelli en Roma el 2 de marzo de 1876 y fallecido en Castel Gandolfo el 9 de octubre de 1958, fue el 260.º papa de la Iglesia católica y el segundo soberano de la Ciudad del Vaticano. Gobernó desde el 2 de marzo de 1939 hasta su muerte, un pontificado de casi veinte años que abarcó la Segunda Guerra Mundial, la reconstrucción europea de posguerra y los primeros años de la Guerra Fría.
Antes de ser elegido papa, Pacelli desarrolló una larga carrera en la diplomacia vaticana. Fue secretario de la Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios, nuncio apostólico en Baviera y, desde 1930, cardenal secretario de Estado. Desde ese cargo promovió concordatos con varios Estados europeos y tuvo un papel decisivo en la redacción de la encíclica de Pío XI Mit brennender Sorge, que condenó con dureza al régimen nazi en 1937.
Su figura es una de las más estudiadas y debatidas del catolicismo contemporáneo. Para sus admiradores, fue un pontífice ascético, diplomático y comprometido con salvar vidas perseguidas durante la guerra; para sus críticos, su «silencio público» frente al genocidio judío resultó insuficiente y estuvo marcado por la ambigüedad diplomática. El proceso de canonización de Pío XII fue abierto por Pablo VI en 1965, Juan Pablo II lo declaró siervo de Dios en 1990 y Benedicto XVI lo proclamó venerable el 19 de diciembre de 2009.
2. Primeros años y formación[editar]
Origen familiar[editar]
Eugenio Pacelli nació en Roma el 2 de marzo de 1876, dentro de una familia aristocrática vinculada históricamente al papado y perteneciente a la llamada nobleza negra.[1] Tercero de los cuatro hijos de Filippo Pacelli y Virginia Graziosi, creció en un ambiente profundamente ligado a la administración pontificia.
Su abuelo paterno, Marcantonio Pacelli, fue secretario segundo en el Ministerio de Finanzas de los Estados Pontificios y más tarde secretario de Interior durante el pontificado de Pío IX, a quien acompañó en el exilio de Gaeta. Fundó en 1861 el periódico vaticano L'Osservatore Romano. El primo Ernesto Pacelli fue un consultor financiero relevante en tiempos de León XIII. Su padre, Filippo Pacelli, llegó a ser decano de la Rota Romana. Su hermano Francesco Pacelli, abogado especializado en derecho canónico, participó en las negociaciones de los Pactos de Letrán firmados en 1929 y fue nombrado marqués por Pío XI.
Estudios y ordenación[editar]
A los doce años, Eugenio Pacelli anunció su intención de ingresar al seminario en lugar de seguir la carrera de abogado. Buena parte de la información disponible sobre su infancia procede de los trabajos de la hermana Margherita Marchione, autora de varias biografías apologéticas del pontífice.
Cursó estudios primarios en una escuela católica privada y luego los secundarios clásicos en el liceo Ennio Quirino Visconti de Roma, una institución descrita por sus biógrafos como de ambiente anticlerical. En 1894, a los dieciocho años, ingresó al Colegio Capránica, aunque por problemas de salud recibió dispensa para vivir en su casa familiar.
En la Pontificia Universidad Gregoriana obtuvo doctorados en Filosofía y en Sagrada Teología. Ya como papa, recordó con emoción a uno de sus profesores, el cardenal Louis Billot. Fue ordenado sacerdote el 2 de abril de 1899, Domingo de Resurrección, por el obispo Francesco di Paola Cassetta, vicerrector de Roma y amigo de la familia. Recibió su primera asignación pastoral en Chiesa Nuova, donde había servido como acólito.
Entre sus primeras ocupaciones sacerdotales estuvieron la atención del confesionario, la enseñanza del catecismo y la asistencia espiritual a enfermos y moribundos. Compaginó esa labor con estudios jurídicos en el Pontificio Ateneo de San Apolinar, en el que obtuvo los doctorados en Derecho civil y Derecho canónico, alcanzando el título de doctor in utroque iure. Para entonces ya hablaba con fluidez francés, inglés y alemán y, según algunas fuentes, llegó a dominar también italiano, español y latín.[2]
3. Carrera diplomática y eclesiástica[editar]
Primeros cargos en la Curia[editar]
En 1901 ingresó a la Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios, una sección de la Secretaría de Estado vaticana, por recomendación del cardenal Vannutelli. Fue nombrado chambelán en 1904 y prelado doméstico de Su Santidad en 1905. Entre 1904 y 1916 colaboró con el cardenal Pietro Gasparri en la codificación del derecho canónico.
En 1901 fue elegido por León XIII para entregar, en nombre de la Santa Sede, las condolencias al rey Eduardo VII del Reino Unido por la muerte de su madre, la reina Victoria. En 1908 sirvió como representante del Vaticano en el Congreso Eucarístico Internacional de Londres, donde conoció a Winston Churchill. En 1911 representó a la Santa Sede en la coronación del rey Jorge V.
En 1911 se convirtió en subsecretario y, al año siguiente, en secretario adjunto de la Secretaría de Estado, posición que mantuvo durante el papado de Benedicto XV. En 1914 fue designado secretario del Departamento de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios como sucesor de Gasparri. Poco antes del estallido de la Primera Guerra Mundial concluyó un concordato con Serbia, firmado cuatro días antes del asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo. Durante la guerra llevó el registro vaticano de prisioneros y viajó a Viena en 1915 para asistir al nuncio en las negociaciones sobre Italia con el emperador Francisco José I.
Nuncio en Alemania[editar]
El 23 de abril de 1917, Benedicto XV lo nombró nuncio apostólico en Baviera, lo consagró obispo titular de Sardes y lo elevó de inmediato a arzobispo el 13 de mayo de ese año. Como en aquel momento no había nuncio en Prusia, Pacelli actuó en la práctica como nuncio para todo el Imperio alemán, con una ampliación oficial de su misión en 1920 y de nuevo en 1925. En Múnich conoció a la religiosa Pascalina Lehnert, quien lo acompañó durante más de cuarenta años como asistente y ama de llaves.
Cardenal secretario de Estado[editar]
El 16 de diciembre de 1929, Pío XI lo creó cardenal presbítero con el título de los Santos Juan y Pablo. El 7 de febrero de 1930 sustituyó a Gasparri como cardenal secretario de Estado, cargo en el que se convirtió en el principal colaborador del papa y en un experto reconocido en política alemana.
Desde la Secretaría de Estado negoció y firmó concordatos con Baden (1932), Austria (1933) y Yugoslavia (1935). El más relevante fue el Reichskonkordat, firmado en 1933 con la Alemania nacionalsocialista, con el apoyo de los dirigentes católicos alemanes Franz von Papen y Ludwig Kaas. El concordato, que todavía sigue vigente en Alemania, ha sido objeto de interpretaciones encontradas: para unos buscó preservar la autonomía de la Iglesia católica frente al Estado nazi; para otros dio legitimidad temprana al régimen.[3]
También fue determinante en la preparación de la encíclica Mit brennender Sorge, difundida el 21 de marzo de 1937 en todas las iglesias de Alemania. El texto, redactado en su forma definitiva por Pacelli a partir de un borrador impulsado por el cardenal Michael von Faulhaber, condenó severamente la ideología y las políticas del régimen de Adolf Hitler y provocó la ira del aparato propagandístico nazi dirigido por Joseph Goebbels. Según algunas versiones, en la presentación de la encíclica Pacelli comparó al Führer con el diablo y advirtió del peligro de una «guerra de exterminio».[4]
A la Secretaría de Estado sumó los cargos de arcipreste de la basílica patriarcal vaticana (1930), gran canciller del Pontificio Instituto de Arqueología Cristiana (1932) y camarlengo de la Iglesia católica (1935). Un año antes de su elección papal, en 1938, ofició el bautizo del infante Juan Carlos, futuro rey Juan Carlos I de España, en el Palacio Magistral de la Orden de Malta.
4. Pontificado[editar]
Elección[editar]
A la muerte de Pío XI en febrero de 1939, Pacelli, en su condición de camarlengo, organizó la sede vacante y era considerado el candidato más firme. El cónclave duró solo dos días y en la tercera votación fue elegido papa el 2 de marzo de 1939. Escogió el nombre de Pío XII en homenaje a su predecesor. Fue coronado el 12 de marzo de 1939 por el cardenal protodiácono Camilo Caccia-Dominioni.
Antes de la coronación redactó ante notario una carta de renuncia que habría de usarse en caso de que fuera hecho prisionero por los nazis, en un intento de evitar que se repitiera una situación como la del apresamiento de Pío VII por Napoleón.
La Segunda Guerra Mundial[editar]
El pontificado de Pío XII comenzó pocos meses antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial. El 11 de enero de 1940 convocó al representante británico ante la Santa Sede, Francis D'Arcy Osborne, para informarle de que un grupo de generales alemanes deseaba derrocar a Hitler y negociar un acuerdo de paz, aunque el gobierno de Londres decidió no participar en aquella fase.[5]
Su reacción pública ante la persecución y el genocidio es el punto más debatido de su papado. Sus defensores sostienen que utilizó una diplomacia prudente porque una condena abierta podía empeorar las represalias contra católicos y judíos; sus críticos consideran que esa prudencia fue, en la práctica, un silencio inadecuado frente a la magnitud de los crímenes. En la Navidad de 1941, el New York Times elogió a Pío XII por oponerse al hitlerismo y por no dejar dudas sobre la incompatibilidad entre la doctrina cristiana de la paz y los objetivos nazis.
Varios testimonios posteriores recogen acciones concretas de auxilio. El historiador judío Joseph Lichten documentó que, durante la ocupación alemana de Italia, iglesias, conventos y residencias vaticanas escondieron y alimentaron a miles de judíos siguiendo instrucciones del papa. El diplomático israelí Pinchas Lapide calculó que Pacelli fue personalmente responsable de salvar al menos 700.000 judíos, una cifra que muchos historiadores consideran exagerada o difícil de acreditar documentalmente.[6]
El radiomensaje navideño Benignitas et humanitas de diciembre de 1944 dio un impulso relevante a la corriente democristiana, al tratar de forma favorable la forma democrática de gobierno y los derechos de participación política y de libertad de expresión. Terminada la guerra, en 1945 recibió muestras públicas de gratitud del Congreso Judío Mundial, del gran rabino de Israel Yitzhak Herzog y de dirigentes de la Unión de Comunidades Judías Italianas. El ex gran rabino de Roma, Israel Zolli, se convirtió al catolicismo y tomó el nombre de Eugenio en honor del papa.
En 1950, dentro de las excavaciones mandadas realizar bajo la basílica de San Pedro, Pío XII reconoció el hallazgo de una tumba con inscripciones vinculadas al apóstol Pedro, aunque admitió que los restos óseos no podían atribuírsele con total certeza. La identificación definitiva fue sostenida después por Pablo VI y Benedicto XVI.
Guerra Fría y posguerra[editar]
Concluida la guerra, Pío XII se convirtió en un firme adversario del comunismo. En 1948 declaró que cualquier católico italiano que apoyara a los candidatos comunistas en las elecciones parlamentarias de ese año incurriría en excomunión e instó a la Acción Católica a apoyar a la Democracia Cristiana. En 1949 autorizó a la Congregación para la Doctrina de la Fe a excomulgar a los católicos que militaran o apoyaran al Partido Comunista. Condenó públicamente la Revolución húngara de 1956.
Durante la Guerra Fría buscó una aproximación a Estados Unidos, fortalecida por su amistad personal con Francis J. Spellman, arzobispo de Nueva York, a quien creó cardenal en 1946. En Europa se posicionó como interlocutor de los proyectos democristianos, aunque en Italia llegó a tensar la relación con el líder democristiano Alcide De Gasperi, sobre todo cuando este se mostró abierto a acuerdos de gobernabilidad con la izquierda.
En el ámbito hispanoamericano, Pío XII firmó un concordato con la España de Francisco Franco en 1953 y otro con la República Dominicana de Rafael Leónidas Trujillo en 1954. En 1955 excomulgó a Juan Domingo Perón por la detención de sacerdotes en Argentina. En América Latina, su figura quedó asociada tanto al anticomunismo católico como a las relaciones entre la Iglesia y diversos regímenes autoritarios de la época.[7]
Magisterio y documentos[editar]
El magisterio de Pío XII incluye 41 encíclicas. Entre las más estudiadas se cuentan:
- Mystici Corporis Christi (1943), sobre la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo.
- Mediator Dei (1947), sobre la liturgia y su reforma.
- Humani generis (1950), en la que advirtió contra ciertas corrientes teológicas consideradas peligrosas por Roma y admitió que la evolución biológica podía discutirse dentro de límites definidos, siempre que se mantuviera la fe en la creación del alma por Dios.
El 1 de noviembre de 1950, mediante la constitución apostólica Munificentissimus Deus, proclamó el dogma de la Asunción de la Virgen María. Fue el primer papa que invocó solemnemente la infalibilidad pontificia ex cathedra después de la definición de esta doctrina en el Concilio Vaticano I.[8] Este es, hasta el presente, el dogma más reciente definido por la Iglesia católica.
También promulgó la constitución apostólica Provida Mater Ecclesia (1947), sobre los institutos seculares, y la exhortación apostólica Menti nostrae (1950), sobre la santidad y las responsabilidades del clero. En 1957, la encíclica Fidei donum llamó a revitalizar la misión, especialmente en África.
Últimos años, muerte y funeral[editar]
Los últimos años del pontificado estuvieron marcados por una larga enfermedad iniciada hacia finales de 1954. Pío XII redujo progresivamente las ceremonias largas, las canonizaciones y los consistorios, y demoró numerosos nombramientos en la curia. Aun así, ordenó obispos relativamente jóvenes, como Julius Döpfner, con 35 años, y Karol Wojtyła, con 38, en 1958.
Se opuso con firmeza a experimentos pastorales como el de los «sacerdotes obreros», que trabajaban a tiempo completo en fábricas y se vinculaban a partidos y sindicatos, y defendió la teología tomista frente a corrientes como la fenomenología o el existencialismo.
Pío XII falleció el 9 de octubre de 1958 en el Palacio de Castel Gandolfo, a los 82 años, a causa de una insuficiencia cardíaca aguda derivada de un infarto de miocardio. Su médico afirmó después que el pontífice no murió de una enfermedad específica, sino que estaba completamente agotado por el exceso de trabajo.
El embalsamamiento de su cuerpo resultó fallido. Su médico personal, Ricardo Galeazzi-Lisi, utilizó un método poco convencional presentado como capaz de conservar el cuerpo indefinidamente, pero el calor de Castel Gandolfo impidió una preservación adecuada y debió recurrirse a una máscara de cera para el velatorio.[9] El cortejo fúnebre congregó a una multitud excepcional en Roma, donde Pío XII era recordado como papa nacido en la ciudad y como figura de tiempos de guerra. Fue sepultado en las grutas vaticanas.
5. Controversia sobre la actuación durante el Holocausto[editar]
La historiografía sobre Pío XII y la Shoá suele dividirse en tres etapas. Entre 1945 y 1963 predominó una imagen positiva, sostenida por numerosas declaraciones de gratitud de personalidades judías. Desde 1963 y hasta bien entrado el siglo XXI se instaló con fuerza una mirada crítica que lo presentaba como aliado tácito del nazismo, impulsada por autores como Rolf Hochhuth, Daniel Goldhagen, John Cornwell y Sergio Minerbi. Posteriormente, historiadores como Martin Gilbert, Ronald J. Rychlak y David Dalin han defendido una visión más favorable.
El punto de inflexión crítico fue la obra teatral El vicario de Rolf Hochhuth, publicada en 1962 y representada en los años siguientes. La obra acusó al papa de no alzar la voz ante el genocidio. Algunos autores católicos sostienen que la documentación usada por Hochhuth fue fraguada por los servicios soviéticos con el objetivo de desprestigiar al Vaticano; esta interpretación es rechazada por otros investigadores, que subrayan la existencia de debates históricos documentados independientemente de esa pieza.
Los defensores de Pío XII recuerdan que el editorial del New York Times del 25 de diciembre de 1942 lo calificó como «la única voz en el silencio y la oscuridad» que envolvía a Europa y que Albert Einstein, en declaraciones reproducidas por la revista Time el 23 de diciembre de 1940, expresó admiración por el papel de la Iglesia frente al régimen nazi.[10] La comunidad judía de Roma dejó constancia de su agradecimiento en una placa conservada en el Museo Histórico de la Liberación de Roma.
El memorial del Yad Vashem mantiene una posición crítica. Su texto, en el que se recoge que Pío XII archivó una carta contra el racismo preparada por su predecesor, no firmó la declaración aliada de diciembre de 1942 y no protestó públicamente cuando los judíos fueron deportados de Roma a Auschwitz, presenta ese silencio como una omisión grave. Por otra parte, fuentes surgidas de los archivos vaticanos han señalado que Pío XII habría recibido desde 1942 informaciones sobre el asesinato sistemático de judíos, aunque existen debates sobre la valoración que la Santa Sede hizo de aquellos informes en tiempo real.[11]
6. Proceso de santidad[editar]
La causa de canonización de Pío XII fue abierta el 18 de noviembre de 1965 por Pablo VI, durante la última etapa del Concilio Vaticano II. En 1990, Juan Pablo II lo declaró siervo de Dios. El 19 de diciembre de 2009, Benedicto XVI proclamó a Pío XII venerable, paso anterior a la beatificación, al reconocer sus virtudes heroicas. El siguiente paso requeriría la confirmación de un milagro atribuido a su intercesión.
La causa avanza con lentitud y está condicionada tanto por la complejidad histórica de su pontificado como por las tensiones con organizaciones judías que consideran que la beatificación apresurada resultaría problemática mientras no se concluya el análisis de los archivos vaticanos del periodo.[12]
7. Presencia en el mundo hispanohablante[editar]
Pío XII mantuvo vínculos intensos con el mundo hispanoamericano y con España. Ya como cardenal secretario de Estado, en 1934 viajó a Argentina y se reunió con el presidente Agustín Pedro Justo. Durante su papado, su política hacia los regímenes hispanoamericanos combinó la firme defensa de los derechos de la Iglesia, el anticomunismo y los concordatos con Estados de signo autoritario.
En España, el concordato de 1953 consolidó jurídicamente el lugar de la Iglesia católica dentro del franquismo, consagró ventajas considerables para la institución eclesiástica y dio base al llamado nacional-catolicismo. En América Latina, la excomunión de Perón en 1955 resonó como un episodio mayor de la relación entre la Iglesia y el peronismo. La firma del concordato con la República Dominicana de Trujillo en 1954 vinculó a la Santa Sede con uno de los regímenes más represivos del Caribe.
En el plano cultural, la encíclica Humani generis tuvo amplia difusión en los seminarios y universidades católicas del mundo hispánico, sobre todo por su posición respecto a la evolución y por las cautelas frente a corrientes teológicas consideradas modernizantes. La definición del dogma de la Asunción fue celebrada con particular intensidad en numerosas diócesis hispanoamericanas, donde la devoción mariana ya era un eje de la religiosidad popular.
El proceso de beatificación ha despertado interés en la prensa hispana, tanto por el debate histórico sobre Pío XII como por las implicaciones de su figura durante la Segunda Guerra Mundial.
8. Legado[editar]
El legado de Pío XII es doble. Por un lado, dejó una impronta doctrinal y jurídica duradera: centralizó en el papado decisiones que configuraron la vida católica de mediados del siglo XX, definió el último dogma mariano, reformó la liturgia, reordenó el Colegio Cardenalicio con un rostro menos italiano y sentó condiciones para el posterior Concilio Vaticano II. Por otro, su recuerdo quedó ligado de forma irreversible al debate sobre la responsabilidad de la Santa Sede frente al Holocausto.
Roma, su ciudad natal, y el Vaticano conservan numerosos testimonios de su pontificado. Las grutas vaticanas albergan su tumba, a la que se añadió posteriormente una imagen de la Virgen con el Niño. Las investigaciones históricas sobre su papado continúan ampliándose con la apertura progresiva de los archivos vaticanos, en un proceso que promete matizar, sin clausurarlo, el debate sobre su figura.
La «nobleza negra» fue el nombre dado a las familias aristocráticas romanas que mantuvieron lealtad al papa y rechazaron reconocer la anexión de los Estados Pontificios al Reino de Italia, permaneciendo al margen de la corte de la Casa de Saboya. ↩︎
Seis idiomas según la síntesis difundida por el diario ABC: italiano, francés, inglés, alemán, español y latín. El dominio del español está documentado en distintos encuentros oficiales con autoridades hispanoamericanas, aunque el grado exacto de fluidez es difícil de determinar. ↩︎
El Reichskonkordat firmado en 1933 sigue siendo, en buena medida, la base de las relaciones entre la Iglesia católica y el Estado alemán. Su interpretación ha generado una extensa bibliografía: algunos lo consideran una garantía frente a la persecución; otros, una concesión temprana que otorgó reconocimiento internacional al régimen nazi. ↩︎
La comparación de Hitler con el diablo que Pacelli habría hecho al presentar la encíclica se cita en varias biografías, aunque su fórmula exacta está poco documentada fuera del ámbito testimonial. ↩︎
La negativa británica a sumarse a la apertura de 1940 corresponde a un momento en que el Foreign Office y el gabinete de guerra desconfiaban de los contactos de la resistencia alemana, divididos entre el ala conservadora prusiana y los grupos vinculados a la Abwehr. ↩︎
La cifra de 700.000 judíos salvados, divulgada por Lapide, se basa en estimaciones indirectas y no en un censo documental. Numerosos historiadores, tanto críticos como favorables a Pío XII, la reciben con reserva. ↩︎
En varios países de América Latina, la excomunión de Perón tuvo lecturas políticas contrapuestas: para unos fue una defensa de la libertad de la Iglesia; para otros, una injerencia vaticana en asuntos internos. ↩︎
Algunos autores católicos precisan que la definición de la Asunción fue la primera y única proclamación ex cathedra posterior a 1870, aunque la fórmula exacta de Munificentissimus Deus ha sido objeto de discusión académica. ↩︎
El episodio desprestigió fuertemente a Galeazzi-Lisi, quien ya había realizado indiscreciones durante el pontificado. Las fotografías del moribundo tomadas sin autorización fueron vendidas y generaron indignación pública. ↩︎
La cita de Einstein se reproduce ampliamente en literatura favorable a Pío XII. Su autenticidad se apoya en la publicación de Time, aunque el contexto completo de las declaraciones ha sido menos discutido que la frase célebre. ↩︎
La apertura de los archivos vaticanos del pontificado de Pío XII permitió avanzar en el estudio de cuándo llegó a Roma información fiable sobre el exterminio. El debate se centra en la valoración de aquella información y en las razones por las que no derivó en una denuncia explícita e inmediata. ↩︎
El papa Francisco autorizó en 2019 la apertura de los archivos, subrayando que la Iglesia no teme la verdad histórica. La decisión fue valorada por estudiosos de orientaciones muy distintas como un paso necesario para el esclarecimiento del período. ↩︎